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Asignatura: Opinion Publica, Profesor: Jose Antonio Ruiz San Roman, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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Cuando planteamos la idea de una teoría general, no preten- demos encontrar la teoría definitiva, explicadora de todo. Se trata, más bien, de un modo de mirar, de una perspectiva, un ángulo dis- tinto para contemplar los fenómenos de opinión pública. Buscamos una visión lo suficientemente distante como para ver los estudios de (^) la opinión pública en el marco de todos los demás conoci- mientos del hombre; y lo suficientemente cercana como para dis- tinguir todos los campos desde los que es posible acercarse.
Los autores estudiados abordan gran cantidad de cuestiones de interés. Sin embargo, difícilmente se puede hablar de intentos satisfactorios de reunir y ordenar el corpus de conocimientos que, con los años, se han ido adhiriendo a la disciplina universitaria que se imparte en las facultades de Ciencias de la Información bajo el título de «Opinión Pública». Hemos encontrado, eso sí, estudios que pretendían una teoría general. A esos intentos acu- dimos con frecuencia en búsqueda de auxilios para completar un. acercamiento omnicomprensivo. Aquellos autores a los que hemos tenido acceso, aunque, en ocasiones, tratan de hacer una teoría omnicomprensiva de la opi- nión pública, no culminan su objetivo. Se quedan en estudios par- ciales, con seguridad valiosos y que han contribuido con magní-
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ficas aportaciones a nuestra disciplina. Pero que suelen conside- rar una única perspectiva y centrar en ella su atención. Hasta el momento han aparecido dos tipos de estudios que pueden confundirse con intentos de acercamiento general:
A) Aplicaciones de teorías sociológicas a los estudios de los fenómenos de opinión pública. B) Recopilaciones de estudios en tomo a la opinión pública.
En cuanto a los intentos de dar una explicación general del fenómeno de la opinión pública desde la teoría sociológica, cabe criticar, en primer lugar, que ordinariamente confunden la opi- nión pública con el espacio público e incluso con la entera comu- nicación política, de manera que, siendo generalmente adecuadas sus explicaciones, no explican la opinión pública sino fenómenos adyacentes indudablemente relacionados, pero distintos. Suelen ser estudios deudores de grandes teorías sociológicas y, generalmente, las reflexiones que se hacen en tomo a la opi- nión pública pretenden ser una prueba más de la solidez de la teo- ría sociológica general en la que nacen. Adolecen, por tanto, de sociologismo, y prescinden de la distinción entre comunicación política y opinión pública. Es más, el principal problema es que no han llegado a percibir que la comunicación política -incluso la comunicación pública- es el marco en el que debe hacerse la aproximación omnicomprensiva de la opinión públi- ca. Hemos recogido más adelante lo que denominamos «materias que forman el entorno de la disciplina académica Opinión Pública>>, donde se desarrollan estas ideas.
En cuanto a los libros que se han esforzado por hacer una recopilación de estudios diversos, de manera que, a fuerza de acu-
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pueden ser más clarificadores porque no confunden al lector lle- vándole a pensar que está ante una explicación omnicomprensi- va del fenómeno y, además, pueden alentar las investigaciones sobre el problema de buscar una teoría general. Pero, el plante- amiento de estas recopilaciones no es unificador, aunque en oca- siones tratan de no dejar nada fuera. Estos trabajos más bien pretenden una superposición de relatos ordenados con ciertos criterios, sin excesiva preocupación por posibles repeticiones o ausencias. Las recopilaciones son propias de disciplinas emergentes, en las que no está clara la «columna vertebral» y los autores se limi- tan a exponer lo que van sabiendo de las distintas partes de la dis- ciplina sin detenerse en si el orden en que lo hacen es adecuado, si están dejando fuera elementos de importancia o, por el contra- rio, están dedicándose en exceso en minucias de poco interés.
Por nuestra parte, y con el solo propósito de mostrar un posi- ble punto de partida, hemos condensado en una frase algunas de las reflexiones sobre qué es la opinión pública. Trataremos de aunar la «visión de la calle» con los planteamientos científicos, tanto los de los estudios teóricos como los de las investigaciones empíricas y dejar, al final, un concepto sencillo: opinión pública es la opinión de todos, (mejor, del pueblo activo, del público par- ticipante) sobre los asuntos que a todos afectan. O de otro modo: la opinión del pueblo sobre lo público. Insistiendo en que el pue- blo que genera la opinión pública es un pueblo activo, partici- pante, que se aleja del pueblo-masa, un pueblo al que se viene denominando «público». Aunque sin dedicar la atención que podría prestarse a des- granar el concepto-base que acabamos de enunciar, pasamos a desarrollar unas breves reflexiones sobre las explicaciones que históricamente se han dado a los elementos que componen esta descripción. Vayamos por partes:
42 LA TRADICIÓN CLÁSICA DE LA^ OPINIÓN^ PÚBLICA
ya explicados. La opinión no se entiende, en esta perspectiva, como un modo deficiente de conocimiento. Este sentido del tér- mino se centra en la idea de aprobación Q c~nsura so ~_ ial: «opi- nión como una manera de condonar o condenar» (PRICE, 1994: 20). La opinión, bajo esta luz, es generalmente perjudicial y no racional, relacionada con el sentimiento como opuesto a la razón (cfr. ÜZOUF, 1988).
B) EL PUEBLO Y EL PÚBLICO
En la definición de opinión pública la doctrina ha sedimen- tado el concepto de «público», distinto de otros agregados socia- les, como el de «multitud» (LE BON 1859) y, sobre todo, por con- traste con la «masa». Por su rotundidad, y como ejemplo ilustrativo, resulta de inte- rés atender a lo expuesto por Wright MILLS (1956: 286) cuando
«En el público: +-~~6-c:. cl.(...s. »a) Hay virtualmente tantas personas que expresan opinio- nes cuantas son las que reciben el impacto de las opiniones de los otros. »b) Las comunicaciones públicas están organizadas de tal modo que es posible responder inmediata y eficazmente a cual- quier opinión expresada en público.. »C) La opinión formada en dicha discusión desemboca inme- diatamente en una acción eficaz, si es necesario incluso en con- tra de la autoridad. »á) Las instituciones del ejecutivo no penetran en el público, el cual, por tanto, actúa de manera más o menos autónoma. »Cuando se dan estas condiciones se tiene un modelo efi- ciente de comunidad basada en el público, y este modelo se adap- ta a los diversos presupuestos de las teorías clásicas de la demo- cracia. »En la masa: »a) Aquellos que expresan una opinión son mucho menos numerosos que los que la reciben, por lo cual la comunidad se
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reduce a una burda cantidad de individuos sujetos pasivamente a los medios de información. »b) La comunicación de noticias y opiniones está organiza- da de tal manera que al individuo le resulta difícil o imposible contrastarla de inmediato y con eficacia. » c) El paso de la opinión a la acción está controlado por las autoridades, que se preocupan de canalizar la misma acción. »á) La masa no es todavía autónoma respecto de las institu- ciones; más bien penetran en ella los agentes de la autoridad, redu- ciendo irremediablemente las posibilidades de los individuos de formarse autónomamente una opinión a través de la discusión.» t· f -.a "t. ~, to t'v~ RovrGATTI (1981) con u j ~ , añade maticesap recia- bles: «supongamos qae realizamos una encuesta sobre la siguien- te pregunta: ¿en las paredes internas de la casa prefiere la pintu- ra o el papel tapiz~ Supongamos que el resultado indica una neta preferencia por la na o por la otra de las dos posibilidades o reve- la posiciones sust ncialmente equiliti atlas. ¿Se podría hablar en
to juzgamos que no se puede hablar de opinión pública si se da el caso de que, au cuando exista una opinión idéntica comparti- da por una gran cantidad de indivi<duos, cada uno de ellos sigue siendo un individuo "privado", si llegar a formar un "público" como unidad psicológi » ffi,GVÍGATTI, 1981: 83-84). Además destaca cómo «el concepto de público cambia con el tiempo». Aunque se atreve a señalar que «con referencia a la opinión pública, podemos tipi icar, con cierta aproximación, tres
- - »a)u n púbTico relativamente pequeño, más bien orgánico, dotáé:lo de cíerla cultura, competente o al menos suficientemente informado, interesado (o, de todos modos, no extraño) en las vici- situdes políticas, económicas y culturales [... ]; corresponde a la clase burguesa que ha dominado la vida política de las democra- cias liberales del siglo XIX, o al menos a la parte más responsable de ella. »b) Al ampliarse la instrucción obligatoria y la participación popular en la vida democrática, también se amplía uñ cierto públi- co ; se forma una cierta sociedad de masa, más bien desintegrada,
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con intereses no definidos explícitamente, organizados o expre- sos. Este público, según MrLLS, "consiste en la masa neutral e inde- finida en un mundo determinado por intereses muy definidos". »c) Un nuevo tipo de público, que potencialmente (pero no siempre) coincide con la masa o con toda la población es el que domina el siglo XX, al menos después de la primera guerra mun- dial. La idea de masa como agregado desorganizado, polimorfo y más bien inerte, cede el puesto a la imagen de una masa super- organizada por la acción política, dominada por la industria cul- tural y por la publicidad comercial o política, en la que empero el público de la opinión pública está cuantitativamente en aumen- to» (ROVIGATII, 1981: 131-132). Prácticamente todos los autores se detienen en consideracio- nes en tomo al público, en tanto que sujeto de los fenómenos de opinión pública; la variedad de sus planteamientos excenden nues- tros obejetivos.
tes [ ... ]pero, de nuevo aquí, _podemos señala ~os,J en particular, que merecen destacarse. La palafüa latina public s fue, con mucha probabilidad, un derivado de poblicus o populus, que quería decir "el pueblo". Pero había, al menos, dos sentidos diferentes de "el pueblo" presentes en los primeros usos de la palabra público. »En un primer sentido, el término hacía referencia al acceso común (por ejemplo: "lugar gúblico'} Según HABERMAS (1962), la res publica era cualquier propiedad generalmente/abierta a la población, y en los tiempos feudales ciertos espaci efs comunes se consideraban públicos porque proporcionaban a5le s0 abierto a la fuente y a la plaza del mercado. El concepto fandamental es de apertura o accesibilidad J, n su gran mayoría esta noción conti- nua en uso en la actualidad, cuando, por ejemplo, empleamos la expresión "hacer público" para referimos al proceso de hacer algo ampliamente accesible» (PRICE, 1994: 20-21). - Tal vez haya tenido mayor predominio un ~undo sentido. del término «público» en referencia a cuestiones de mtgrés general y,
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mas específicamente, a asuntos relacionados con la administra-
que ver con el mero «acceso de todos, acceso común». Se refiere más füen, al interés común o bien común. OzoUF (198 8)destaéa que, antes de 1830, los diccionarios franceses oponían «público» no a privé (privado) sino a particulier (particular, individual). Con un acertado ejemplo PRICE explica los dos sentidos: «Un " edificio gubernamental puede considerarse público, incluso si no está permitido el acceso a nadie» (PRICE, 1994: 21). Cabe, a partir de aquí, hacer un prolijo estudio sobre lo que ha venido considerándose como «lo público», «la cosa pública», etc ., en toda la tradición jurídico-política. Se trata de una vía para el desarrollo de la disciplina. No obstante, DADER (1992: 140 ss.), entre los estudiosos espa- ñoles, realiza un esfuerzo de sistematización que merece ser rese- ñado. Se trata de «concebir desde ahora el territorio social con una imagen de tres anillos concéntricos (frente a la dualidad clá- sica microgrupo-macrogrupo)» (DADER, 1992: 145): «lo priva- do», «lo público» y «lo social». Los • ~ -A. ÚlO ";) _
lidad.iie cada sujeto social; en él se incluyen también sus inte-
racciones microgrupales como son las familiares, y las relacio- nes familiares y afectivas que incluyen un pequeño círculo. Este ámbito de lo particular ha constituido siempre el objeto material de estudio -desde diferentes ópticas- de la psicología, la ética, el derecho privado, etc. El anillo exterior ha sido siempre el ámbi- to social, donde el individuo trasciende sus pequeños círculos , familiares,-laborales o interpersonales de cualquier tipo para pasar a interactuar en colectividades más o menos numerosas, más o
nalmente el objeto material de estudio de las ciencias sociales más propiamente dichas, como la Sociología, la Ética Social y la Ciencia Política, todo el Derecho público y parte del privado, etc. »Pero también siempre ha existido, aunque casi nurn;: a se haya distinguido y ninguna ciencia social autónoma se haya ocupado específicamente de ello, un ámbito o anillo intermedio, ajeno a
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La visión sistémico-estructural de la opinión pública (en realidad del espacio público) de Otto Baumhauer
«Para lograr una diferenciación terminológica entre el siste- ma [de la opinión pública] y su output, llamamos al primero "clima de opinión" y su output, "opinión pública"» (BAUMHAUER, 1979: 11). Esta clarificadora distinción ha orientado trabajos posteriores. Permite explicar que el estudio citado se centra sobre todo en el sistema de la opinión pública o clima de opinión, no tanto en la opinión pública misma. Tiende a dejar sentada la premisa de que «la opinión pública es el producto del proceso transformativo de información introducida en el sistema abierto de clima de opi- nión» (BAUMHAUER, 1979:11). La visión de Otto BAUMHAUER es un interesante esfuerzo por encajar los fenómenos en una teoría de sistemas. Sin embargo, su explicación-señala DADER (1990: 192)- «no es capaz devalo- rar el papel real de cada elemento en contraposición con algún paradigma de relaciones; no es capaz de explicar por sí sola las implicaciones institucionales, culturales, etc., que rodean a cada elemento dentro de marcos sociales o momentos culturales con- cretos; y menos aún sirve para explicar el porqué de las vincula- ciones entre opinión pública y Estado liberal de Derecho».
La teoría de la «estructura temática de la comunicación pública» de Luhmann es una teoría sobre el espacio público
Lo que LUHMANN (1970) define como «estructura temática de la comunicación pública» no es exactamente la opinión públi- ca, sino más bien una aproximación afortunada al «espacio públi- co». Es un buen modo de explicar que la opinión pública se enmar- ca en la comunicación pública pero no acierta cuando señala que opinión pública es la «estructura temática de la comunicación pública», porque estructura temática son los temas sobre los que recaen opiniones. Pero la opinión pública no son, sin más, una serie de temas que conformarían la agenda de la comunicación pública, sino que son, precisamente, las opiniones (<<opiniones
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del público») sobre los temas objeto de comunicación pública («sobre lo público»). Opiniones diversas, porcentualizables en un momento y sobre un aspecto dado, más o menos estructuradas, etc. Por otra parte, las reflexiones de Luhmann describen como las decisiones públicas precisan de un proceso de simplificación que se da a través, en buena medida, de los medios de comuni- cación. Son los medios de comunicación los que establecen la estructura temática de la comunicación pública. En ese contexto está su visión de la opinión pública como «estructura temática de la comunicación pública». Perspectiva afortunada con las obser- vaciones expuestas. Estas dos teorías, tanto la de BAUMHAUER (1979) como la de LUHMANN (1970), están elaboradas desde el concepto de sistema de la Sociología y consideran al espacio público como subsiste- ma del sistema político. Sirven al desarrollo de la disciplina de la «Opinión Pública», pero ni la definen ni delimitan su contenido.
Desde el concepto-base de opinión pública y establecidos los marcos sucesivos en los que se sitúan los distintos estudios publi- cados sobre «Comunicación Pública», «Espacio Público», «Comunicación Política», «Opinión Pública», quedan fijados los grandes compartimentos en los que situar cualquier aproxima- ción científica a la opinión pública. A continuación se detalla el esquema propuesto para ahon- dar en las investigaciones sobre la opinión pública:
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DOS ACLARACIONES NECESARIAS: LA OPINIÓN PÚBLICA NO ES SÓLO LA OPINIÓN PÚBLICA POLÍTICA Y LA OPINIÓN PÚBLICA ES DIVISIBLE Y, DE HECHO, SUELE APARECER DIVIDIDA
Por un lado, distinguimos las teorías generales sobre el espa- cio pÓblico de las teorías generales sobre l~ ?pini?nyública. Y, por otro, dentro de la teoría general de la opm~o~pub?c~, trata- mos de no confundir una teoría general de la op1mon publica con una teoría de los efectos de los medios de comunicación en la for- mación de la opinión pública u otras teorías parciales. Aclarado esto destacamos dos notas distintivas de la opinión pública:
opinión pública es divisible y, por tanto, porcentuahzable.
Es frecuente, tanto en el lenguaje común como en el cien~í fico referirse a la parte de la opinión pública que el prop HAB'ERMAS (1987; v o., 1981) denomina «opinión pública políti- ca». No debe extrañamos porque, aun cuando se esté convenci- do de la importancia de la opinión pública en asuntos «no-políti- cos», al tiempo habrá que convenir que las dife:encias en.tre la opinión pública política y la «no-política» per~ten estudiarlas por separado, aunque siempre atentos a sus relac10nes.
Resulta imprescindible indicar que la opinión pública sobre un determinado aspecto no es habitualmente única. Al contrario, la opinión del público suele estar dividida. Sin embargo, pese a la división, podemos hablar de la opinión pública porque la enten- demos como una opinión divisible en tendencias. Precisamente, partiendo del hecho de la división se establecen los desarrollos doctrinales sobre las corrientes de opinión.
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En una publicación posterior el profesor MONZÓN se refiere a la «manifestación y medida de la opinión pública» (MONZÓN, 1990: 176 ss.). A partir del cuadro que propone, nos parecen nece- sarias algunas observaciones para hacer ver que, pese a lo que allí se explica, los modos de «conocer» y «medir» la opinión públi- ca son, hoy por hoy, reducibles a los ya señalados:
las escalas de actitud «se encuentran entre las técnicas que miden la opinión pública a un nivel más profundo» (MONZÓN, 1990: 180).
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sidades de interés; y d) está sujeta a comprobaciones y controles de fiabilidad y validez» (MONZÓN 1990: 184). Es evidentemente una parte de la cuádruple clasificación.
Puede resultar desconcertante que en la descripción de los modos de conocer y medir la opinión pública no aparezcan los medios de comunicación. La explicación es sencilla: los medios no tienen como finalidad dar a conocer la opinión pública. Explica MONZÓN ( 1990: 177) que «las personas interesadas en los temas de opinión, como los gobernantes y pensadores sociales, hasta que surgen las nuevas técnicas de investigación del siglo XX, no tienen otras vías para llegar a la opinión pública que la expe- riencia personal o el seguimiento de la prensa, especialmente los editoriales y los artículos de opinión. Las opiniones son de los públi- cos, pero su publicidad está en los medios, de aquí que siga oyén- dose en la actualidad que la opinión pública es lo que dicen los medios de comunicación. Sin embargo, nada más incorrecto y ale- jado de la realidad, porque [cita a KEY, 1962: 293] "los puntos de vista de los editoriales de periódicos pueden estar en completo desa- cuerdo con los puntos de vista predominantes del electorado".» Los medios son interlocutores en el espacio público que pre- tenden esencialmente dos cosas:
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se influir sólo como una perniciosa actividad de minorías con- troladoras sino también como la saludable misión democrática de «suministrar vigilancia social al entorno».
En los medios de titularidad pública, excluido el afán de lucro, sólo queda el propósito de influir. En definitiva, sostenemos que los medios no tienen como razón de ser «medir la opinión pública o reflejarla». La misión de los medios no es ser eco de la opinión pública; sin embargo, los medios de comunicación son «cierto reflejo de la opinión pública», del mismo modo que la vegetación no tiene como misión indicar la presencia de agua en una zona, aunque la vegetación es un cierto reflejo de la presencia del agua en esas tierras. Veamos qué queremos decir. Por una parte hay que insistir en que los medios de comuni- cación no están para ser reflejo de la opinión pública sino para hacer dinero e «influir». Para lograr este doble objetivo trabajan constantemente con opiniones (valores, ideas, etc.) y las hacen llegar al público. Estas opiniones que los medios de comunica- ción hacen llegar al público no son la opinión pública, sino opi- niones de los medios. Entonces, ¿por qué decimos que los medios de comunicación son cierto reflejo de la opinión pública? La respuesta es doble: los medios de comunicación son cier- to reflejo de la opinión pública precisamente por su doble finali- dad:
A) son cierto reflejo de la opinión pública porque tratan de ganar dinero, y B) son cierto reflejo de la opinión pública porque procu- ran «influir».
A) Los medios de comunicación son cierto reflejo de la opi- nión pública porque tratan de ganar dinero. Cuando un medio quiere ganar dinero, con las actuales estruc- turas de mercado, su objetivo debe ser aumentar el número de lec- tores y con ello la cantidad y calidad de la publicidad. Para ello debe contentar a su audiencia con opiniones cercanas a su públi- co potencial. Por tanto, podemos sostener de modo genérico que
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una publicación que busque ganar dinero se esfuerza por coinci- dir con las opiniones de «SU» público. En esa medida se esforza- rá por ser cierto reflejo de la opinión pública.
B) Los medios de comunicación son cierto reflejo de la opi- nión pública porque tratan de influir. Los medios de comunicación que tratan de influir también ·son cierto reflejo de la opinión pública ya que reflejan alguna de las tendencias en las que la opinión pública se divide en un momen- to dado. Al tiempo, tratan de influir en la configuración de la opi- nión pública futura.
C) En cualquier caso, la opinión pública no es lo mismo que la opinión publicada. Así las cosas, del mismo modo que se ha denunciado la «disolución psicosociológica de la opinión pública », parece oportuno alertar frente a los que tratan de ver en los medios de comunicación una exacta manifestación de la opinión pública, cuando su fin es bien distinto: hacer dinero e influir. No soste- nemos que este papel de los medios sea pernicioso, cuestión en la que no se entra en este momento, sencillamente «ése» es el papel que desempeñan hoy los medios de comunicación en el diálogo público. Cosa distinta es que para estudiar la opinión pública en un determinado momento se pueda, e incluso sea aconsejable, aten- der a los medios de comunicación, no como medida, sino como uno de los elementos de creación. E incluso como cierto reflejo de la opinión pública. Queda así, en un punto de equilibrio el papel de los medios de comunicación en el espacio público. Sería engañoso decir que pretenden ser mero reflejo o un modo de medir la opinión públi- ca cuando, en realidad, son creadores de opinión, que es un paso previo y de naturaleza distinta. Si consideráramos que los medios son exacto reflejo de la opinión pública tendríamos que dar por probado en las investi- gaciones sobre influencia de los medios en la política algo absur- do: todo intento de los medios por cambiar la opinión pública de una sociedad consigue los resultados que busca. La realidad es