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Orientación Universidad
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tema 1 personalidad, Apuntes de Psicología de la Personalidad

Asignatura: psicologia de la personalidad y la diversidad humana, Profesor: , Carrera: Psicología, Universidad: US

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 02/12/2014

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INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO DE LA PERSONALIDAD: Run CAPÍTULO 1 UNIDADES DE ANÁLISIS Ana María Pérez-García y José Bermúdez . Introducción . Concepto de personalidad . La psicología de la personalidad como disciplina . Modelos teóricos 4.1. Modelo Internalista 4.1.1. Planteamientos procesuales 4.1.2. Planteamientos estructurales 4.1.3. Planteamientos biológicos 4.2. Modelo Situacionista 4.3. Modelo Interaccionista 25 1. INTRODUCCIÓN El término personalidad procede etimológicamente de la palabra latina persona que se refería a las máscaras que los actores utilizaban en las repre- sentaciones teatrales. Cada máscara se asociaba con un tipo de carácter, por lo que el público ya se iba preparando para el papel que cada personaje iba a representar. Algo parecido se mantiene en el teatro de guiñol o de marione- tas, donde los niños, nada más ver aparecer a un personaje, pueden anticipar si es bueno o malo, si se van a reír o a asustar. De alguna manera, estos tipos permiten mantener ese valor adaptativo de la conducta (en este caso, las reacciones emocionales de los niños). Hasta la Edad Media, en que la pala- bra persona adquiere su significado actual de identidad propia, lo que hoy entendemos por personalidad quedaba recogido en conceptos como razón, psique, o ser humano. Si buscamos actualmente el significado de la palabra personalidad en el diccionario de la Real Academia Española (http://buscon.rae.es/) encontra- mos las 8 acepciones que recogemos a continuación: 1, Diferencia individual que constituye a cada persona y la distingue de otra. 2. Conjunto de características o cualidades originales que destacan en algu- nas personas. Ej.: Andrés es un escritor con personalidad. 3. Persona de relieve, que destaca en una actividad o en un ambiente social. Ej.: Al acto asistieron el gobernador y otras personalidades. 4. Inclinación o aversión que se tiene a una persona, con preferencia o exclusión de las demás. 5. Dicho o escrito que se contrae a determinadas personas, en ofensa o per- juicio de las mismas. 27 INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO DE LA PERSONALIDAD: UNIDADES DE ANÁLISIS o por un extravertido? ¿y si el puesto fuera de operario en una cadena de montaje, donde la distracción puede acarrear graves consecuencias? Aunque no hayamos estudiado estos temas en profundidad, seguro que, por nuestro conocimiento o experiencia personal, pensamos que una persona extraver- tida sería más adecuada para el primer puesto y una introvertida para el segundo. De esta forma, parece que todos actuamos como psicólogos de la perso- nalidad: observamos a las personas, desarrollamos teorías tratando de expli- car por qué las personas se comportan como lo hacen y por qué se diferen- cian unas de otras, y hacemos predicciones sobre la conducta que se manifestará en una determinada situación a partir de estas observaciones y teorías. Lo que hace diferente al psicólogo de la personalidad profesional del amateur es que el primero, como científico, debe proponer modelos teóricos basados en evidencias sistemáticas y científicamente contrastadas, que par- tan de una definición clara y operativa de los términos que utiliza; mientras que el amateur puede aceptar en su vida diaria teorías y supuestos poco cla- ros, que le permiten reinterpretar los hechos si éstos no se ajustan a sus creencias previas (Pervin, 1993). 2. CONCEPTO DE PERSONALIDAD La frase de Burham (recogida en Pervin 1990a, pág. 12) «todo el mundo sabe lo que es personalidad, pero nadie puede expresarlo con palabras», resume uno de los primeros problemas que nos encontramos cuando inten- tamos dar una definición científica de personalidad: hay casi tantas defini- ciones como autores han escrito sobre la misma. No vamos a traer aquí las distintas definiciones utilizadas sino que nos vamos a centrar en aquellos aspectos que entendemos deben estar presentes en un adecuado entendi- miento de la personalidad (pueden consultarse al respecto los trabajos de Pinillos, 1975; Bermúdez, 1985a; o Pérez-García y Bermúdez, 2003). Sólo con una lectura de estos elementos de tan enorme relevancia para predecir, explicar y entender la conducta, nos es fácil imaginar el enorme reto que los psicólogos de la personalidad deben afrontar y que de alguna manera justi- ficaría los numerosos modelos teóricos y la ingente investigación que este campo ha generado en sus aproximadamente 75 años de existencia formal. Estos elementos serían: 29 PSICOLOGÍA DE La PERSONALIDAD La personalidad es un constructo hipotético, inferido de la observación de la conducta, no siendo una entidad en sí misma. La utilización del término personalidad, no implica connotaciones de valor sobre la persona caracterizada. La personalidad incluye una serie de elementos (rasgos o disposicio- nes internas), relativamente estables a lo largo del tiempo, y consis- tentes de unas situaciones a otras, que explican el estilo de respuesta de los individuos. Estas características de la personalidad de naturaleza estable y consistente, permiten que podamos predecir la conducta de los individuos. La personalidad también incluye otros elementos (cogniciones, moti- vaciones, estados afectivos) que influyen en la determinación de la conducta y que pueden explicar la falta de consistencia y de estabili- dad de la misma en determinadas circunstancias. . La personalidad abarcará, pues, tanto la conducta manifiesta como la experiencia privada, es decir, incluye la totalidad de las funciones y manifestaciones conductuales. La conducta será fruto tanto de los elementos más estables (ya sean psicológicos o biológicos) como de los aspectos más determinados por las influencias personales (percepción de la situación, experiencias previas), sociales o culturales. La personalidad es algo distintivo y propio de cada individuo a partir de la estructuración peculiar de sus características y elementos. El individuo buscará adaptar su conducta a las características del entorno en que se desenvuelve, teniendo en cuenta que su percep- ción del mismo va a estar guiada por sus propias características per- sonales (sobre lo que es importante o no, estresante, positivo, etc.). Uniendo estas características, Bermúdez (1985a) propone la siguiente definición de personalidad que integra gran parte de los aspectos señalados como necesarios para el entendimiento de qué es la personalidad: 30 Organización relativamente estable de aquellas características estructu- rales y funcionales, innatas y adquiridas bajo las especiales condiciones de su desarrollo, que conforman el equipo peculiar y definitorio de conducta con que cada individuo afronta las distintas situaciones (pág. 38). PSICOLOGÍA DE La PERSONALIDAD A partir de estos elementos, representan un modelo de la personalidad (ver Figura 1.1) donde las tendencias básicas incluirían las disposiciones personales, innatas o adquiridas, que pueden ser o no cambiables o modifi- cables con la experiencia a lo largo del ciclo vital, como los rasgos (extra- versión, tesón, neuroticismo...), la orientación sexual, la inteligencia, o las habilidades artísticas. Alo largo del desarrollo, estas tendencias interactúan con las influencias externas dando lugar a adaptaciones características, como los hábitos de vida, las creencias, los intereses, las actitudes, o los proyectos personales, así como las relaciones y los roles sociales, que serían adaptaciones interpersonales. El autoconcepto o la identidad personal es la visión que tiene el individuo de cómo es. Los procesos dinámicos, por su parte, son los mecanismos que relacionan los distintos elementos del modelo. Desde el planteamiento de Costa y McCrae, las tendencias básicas y las influencias externas serían consideradas como las fuentes últimas de expli- cación de la conducta, entendiéndose como las unidades básicas de la per- sonalidad. Otros teóricos, sin embargo, otorgarían un mayor peso a los otros ele- mentos, como veremos en la propuesta de Caprara y Cervone (2000). Según estos autores, la psicología de la personalidad debe ir más allá de la identi- ficación de las tendencias de nivel superficial, como ellos denominan, para analizar los mecanismos afectivos y cognitivos que contribuyen de forma causal al funcionamiento de la personalidad. La personalidad debe entenderse «como un sistema complejo y dinámico de elementos psicológicos que inter- actúan recíprocamente los unos con los otros» (pág. 3), se refieren «a la com- plejidad de los sistemas psicológicos que contribuyen a la unidad y conti- nuidad en la conducta y experiencia del individuo, incluyendo tanto cómo se expresa la conducta, cuanto la forma en que dicha conducta es percibida por el propio individuo y por los demás» (pág. 10). Pervin (1998) ofrece la siguiente definición: La personalidad es una organización compleja de cogniciones, emociones y conductas que da orientaciones y pautas (coherencia) a la vida de una per- sona. Como el cuerpo, la personalidad está integrada tanto por estructuras como por procesos y refleja tanto la naturaleza (genes) como el aprendizaje (experiencia). Además, la personalidad engloba los efectos del pasado, inclu- 32 INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO DE LA PERSONALIDAD: UNIDADES DE ANÁLISIS yendo los recuerdos del pasado, así como construcciones del presente y del futuro (pág. 444). A partir de esta definición pueden extraerse los siguientes aspectos: (1) el estudio de las diferencias individuales sería sólo una parte del campo de la personalidad, siendo su verdadero objetivo el análisis de la organización de las partes de la persona en un sistema de funcionamiento total; (2) se enfatiza el estudio de la cognición, las emociones y la conducta (lo que pen- samos, sentimos y hacemos), siendo central para la personalidad la organi- zación (interrelaciones) de estos elementos; (3) es necesario incluir una dimensión temporal, ya que aunque la personalidad sólo pueda operar en el presente, el pasado ejerce una influencia en el momento actual a través de los recuerdos y de las estructuras resultantes de la propia evolución, y el futuro ejerce su influencia en el presente a través de las expectativas y las metas que se plantea alcanzar el individuo. Uno de los aspectos importantes considerados al definir la personali- dad es que incluye características y estilos relativamente estables. Visto des- de fuera, todos preferimos que las personas con las que nos relacionamos tengan un comportamiento relativamente estable a lo largo del tiempo y de las situaciones, porque nos permite predecir sus reacciones y adaptar nues- tra propia conducta. Y visto desde dentro, todos deseamos tener cierto sen- tido de coherencia con respecto a nosotros mismos. Así, hay muchas razones para asumir que un determinado nivel de estabilidad en la personalidad, no sólo es inevitable, sino bastante deseable (Heatherton y Nichols, 1994). Por otra parte, a lo largo de nuestras vidas nos encontramos con contex- tos sociales y etapas propias del desarrollo que podrían afectar a nuestra per- sonalidad. Se hace necesaria, entonces, la posibilidad de cambio, ya que favorece la adaptación a las demandas situacionales y culturales, y en defi- nitiva, un adecuado funcionamiento psicológico. De ahí que deseemos que la personalidad cambie cuando la misma tiene efectos negativos para las rela- ciones interpersonales, la salud física o psicológica, o para el funciona- miento de la sociedad. En palabras de Pervin (1998): Creo que debemos desarrollar una teoría de la personalidad que reco- nozca tanto la estabilidad (consistencia) como la variabilidad (especifici- dad situacional) del funcionamiento de la personalidad. En otras palabras, creo que debemos reconocer lo que yo he denominado la estática y el flujo de la conducta humana —que las personas tienen pautas generales de funcio- 33 INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO DE LA PERSONALIDAD: UNIDADES DE ANÁLISIS hoy tenemos en la cultura occidental. Sirva como ejemplo el modelo de Hipócrates que ofreció una aproximación bastante sistemática al estudio de las causas que explicaban las diferencias individuales, introduciendo el con- cepto de temperamento. Señalaba la existencia de cuatro humores (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra) que, solos o en combinación, determina- ban el temperamento psicológico predominante en la persona (sanguíneo, flemático, colérico, o melancólico, respectivamente), relacionando de esta manera la constitución física con las disposiciones conductuales. En las dos primeras décadas del siglo xx, los psicólogos desarrollaron «tests mentales» para selección y diagnóstico, intentando demostrar su uti- lidad a la hora de resolver problemas prácticos urgentes asociados con la inmigración, las organizaciones laborales, o la educación, así como la movi- lización general que se produjo con la Primera Guerra Mundial (1914-1917). Tras ella, se necesitaban medidas de personalidad que ayudaran a mejorar la predicción sobre el rendimiento escolar, laboral o militar. A pesar de este énfasis en el desarrollo de tests, el estudio de la persona- lidad no se formalizó, como una rama de la psicología, hasta finales de la década de los 30. Tres manuales, y sus correspondientes autores, contribu- yeron a su consideración de disciplina científica. Nos referimos a Allport (1937, Personality: A Psychological Interpretation), Murray (1938, Explorations in Personality) y Stagner (1937, Psychology of Personality). Estas obras per- miten cifrar en torno a los 75 años la antigúiedad de esta disciplina de la psi- cología!. Mientras que la psicología americana de aquellos años tendía al estudio de elementos o procesos de forma aislada (por ejemplo, la psicología del apren- dizaje estudiaba la relaciones entre estímulos externos y respuestas pública- mente observables en animales) y generalizada (la psicología experimental, por ejemplo, buscaba leyes generales de funcionamiento aplicables a todos los individuos), la psicología de la personalidad consideró como unidad principal de análisis a la «persona total» y analizó conductas privadas, no pública- mente observables, como la motivación, así como las diferencias (más que las similitudes) en la aplicación de las leyes de funcionamiento. 1 Si el lector está interesado en hacer un repaso histórico de la asignatura puede consultar los tra- bajos de Pervin (1990a, págs. 3-18; 1998), Caprara y van Heck (1992, págs. 3-26), McAdams (1997, págs. 3-39), Winter y Barenhaum (1999, págs. 3-27), Caprara y Cervone (2000, págs. 24-57), o un resumen del mismo en Pérez-García y Bermúdez (2003, págs. 40-48). 35 PSICOLOGÍA DE La PERSONALIDAD Si la primera guerra mundial se asoció con el desarrollo de tests estan- darizados, la segunda influyó en la psicología de la personalidad a través del desarrollo de intervenciones clínicas para readaptar a los soldados, sus fami- liares, y población en general para superar los problemas originados por los desastres bélicos. Y, por otra parte, como consecuencia de los fenómenos acaecidos durante la guerra, llamó la atención sobre las conductas asociadas con determinados estilos cognitivos de personalidad (autoritarismo, dog- matismo...) y sus repercusiones sociales y culturales (Adorno, Frenkel-Brus- wik, Levinson y Sanford, 1950: The Authoritarian Personality). Este dato puede servir para ilustrar cómo los psicólogos de la personalidad han ido adaptándose en cada momento a las condiciones sociales imperantes en el momento en que han llevado a cabo su trabajo, considerando además que sus hallazgos muchas veces han tenido y tienen implicaciones de carácter político (Caprara y van Heck, 1992). Así pues, desde su origen, la psicología de la personalidad ha estado vin- culada a la búsqueda de soluciones de los problemas encontrados en la práctica clínica o en la necesidad de seleccionar personas para distintos fines, lo que hizo que desarrollara un carácter eminentemente funcional. Esta funcionalidad tuvo sus pros y sus contras en el curso del desarrollo y adquisición de los conocimientos sobre personalidad. Entre los factores positivos podemos señalar que la psicología de la per- sonalidad diera un peso importante a los procesos motivacionales, como cla- ve fundamental para el entendimiento de la conducta humana; sobre todo, si tenemos en cuenta que los psicólogos del primer cuarto del siglo xx (época del conductismo más radical) intentaban relegar al mínimo el papel de los determinantes internos (Hall y Lindzey, 1957). Los psicólogos de la persona- lidad mantenían, como hoy en día ya es ampliamente asumido, que la única forma de comprender la conducta era analizando al individuo total (Caprara y Cervone, 2000). Siguiendo este objetivo, la psicología de la personalidad emprendió la tarea de formular teorías que integraran los aspectos aislados que otras disciplinas de la psicología iban comprobando en sus investigacio- nes; adquiriendo, de esta forma, un papel eminentemente integrador. La psi- cología de la personalidad «debe ser una disciplina integradora que incluya tanto el estudio de los determinantes y dinámica del funcionamiento de la personalidad como el desarrollo del potencial humano» (Caprara y Cervone, 2000, pág. 6). El punto de partida para un análisis holístico o integrador del funcionamiento individual radica en que la persona funciona como una tota- 36 PSICOLOGÍA DE La PERSONALIDAD conscientes e inconscientes, que interactúan con la situación. En los últimos veinticinco años, han investigado cómo funciona psicológicamente la per- sona, analizando los procesos mediadores que subyacen a las diferencias entre los individuos en la conducta que manifiestan ante una misma situa- ción, al tiempo que dan sentido a la variabilidad del propio individuo a lo largo de las distintas situaciones y momentos temporales (por ejemplo, Ban- dura, 1986; Mischel, 1990). Así pues, se centran en la interacción entre el sis- tema de procesamiento social-cognitivo-emocional del individuo y la situa- ción específica. En resumen, la psicología de la personalidad, tradicionalmente, ha pues- to su énfasis en el estudio de la persona total, la dinámica de la motivación humana, y la identificación y medida de las diferencias individuales entre las personas. En este momento, podemos resumir en tres puntos los principales acuerdos existentes en el campo (ver McAdams, 1997 para una revisión) y que pueden evitar la repetición de errores o la reiteración en los logros ya alcanzados, al tiempo que guiarían el futuro de esta disciplina: 1. Se han hecho muchos esfuerzos para llegar a una conceptualización (los Cinco Grandes Factores) ampliamente aceptada por los investi- gadores de las diferencias individuales. 2. Se ha producido un progreso muy significativo en la conceptualiza- ción de la motivación humana, pasando de teorías basadas en la reducción del drive o impulso al surgimiento de aproximaciones cog- nitivo-afectivas, muy especializadas, para entender la dinámica de la conducta y la interacción social (por ejemplo, Mischel y Shoda, 1995, 1998). 3. Finalmente, donde se ha progresado menos es en la conceptualización de la persona total. Aunque ha resurgido el interés por el estudio del self, aún no se ha aportado una conceptualización realmente integra- dora para comprender a la persona total. Las comunicaciones electrónicas e Internet han favorecido el intercambio de planteamientos teóricos, de resultados de investigación, e incluso de recogidas de datos para estudios longitudinales que auguran un futuro cier- tamente interesante para el estudio de la personalidad, así como su estabili- dad y cambio a lo largo del ciclo vital y de las diferentes influencias socio- culturales, como veremos en posteriores capítulos. 38 INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO DE LA PERSONALIDAD: UNIDADES DE ANÁLISIS 4. MODELOS TEÓRICOS Las distintas teorías formuladas para describir y explicar la personalidad pueden organizarse en torno a tres modelos teóricos (Bermúdez, 1980, 1985b): internalista, situacionista e interaccionista; que se diferencian, fun- damentalmente, en la respuesta que dan a la cuestión sobre los determi- nantes de la conducta individual (ver Figura 1.2). El modelo internalista entiende que la conducta está fundamentalmente determinada por factores personales o definitorios del individuo. El modelo situacionista, por su par- te, entiende que la conducta está principalmente determinada por las carac- terísticas del ambiente o situación en que ésta tiene lugar. El modelo inter- Modelo intemalista p + S tt ( Modelo situacionista P + S ( — a] E E Modelo interaccionista > Figura 1.2. Representación gráfica de los modelos teóricos en psicología de la personalidad, analizando las relaciones y peso entre variables personales (P), variables situacionales (S) y conducta (C). 39 INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO DE LA PERSONALIDAD: UNIDADES DE ANÁLISIS portamentales de los individuos dependen de sus características personales, no afectando apenas la situación, se esperará que, en la medida en que dichas características son relativamente duraderas y consistentes, la con- ducta a que dan lugar reúna, también, estas condiciones. Por otra parte, si la conducta es función, principalmente, de las variables personales; conocidas éstas, podrán hacerse predicciones válidas del com- portamiento de los individuos. Para llevar a cabo este análisis de las variables personales, se utiliza, generalmente, metodología clínica y/o correlacional. Finalmente, mientras el modelo mecanicista (o situacionista) que vere- mos más adelante, ha guiado la investigación hacia los elementos básicos de la personalidad, el internalista u organísmico ha moderado ese reduccionis- mo, manteniendo como objeto de estudio la persona como todo integrado y los aspectos subjetivos, o no directamente observables, de la personalidad. Aunque las características mencionadas (importancia de los factores personales, consistencia de la conducta, predicción del comportamiento a partir de las variables personales, y la utilización de metodología clínica y/o correlacional) son compartidas, en mayor o menor medida, por todos los planteamientos incluidos en este modelo internalista, pueden establecerse, sin embargo, diferencias entre ellos en función, principalmente, de la natu- raleza de las características personales. En este sentido, pueden distinguirse tres tipos de planteamientos teóricos: procesuales, estructurales (ambos otorgando a las variables personales una naturaleza psicológica) y biológicos. 4.1.1. Planteamientos procesuales Las teorías procesuales, o también llamadas «de estado», consideran que las variables personales que determinan la conducta y que posibilitan su predicción son de naturaleza dinámica, como estados y mecanismos afectivos y/o cognitivos, existentes en el individuo. Este tipo de planteamientos ha estado estrechamente vinculado a la práctica clínica y, en muchos casos, sólo pretendían dar respuesta a los problemas observados entre los pacientes o clientes que asistían a la con- sulta. Se utiliza, en la mayoría de los casos, metodología clínica, lo que implica el estudio del individuo total, con su peculiar y definitoria organiza- ción de los estados o procesos internos estudiados a partir de la recogida de 41 PSICOLOGÍA DE La PERSONALIDAD datos basados en las observaciones de la conducta, generalmente, en con- textos terapéuticos. Las afirmaciones realizadas a partir de los datos obser- vados en las sesiones clínicas, se extrapolan a contextos no clínicos, propo- niéndose como teorías generales de la conducta. Entre estos planteamientos podemos incluir las teorías psicodinámicas (Freud, Jung, Adler...), las teorías fenomenológicas (Rogers, Maslow...), o la teoría de los constructos personales de Kelly (1955). Estas teorías comparten los supuestos generales del modelo internalista, y los particulares de las teorías procesuales; pero a su vez, existen entre ellas diferencias en la natu- raleza concreta de las variables personales analizadas en cada caso; las téc- nicas de medida, investigación y terapia empleadas; la importancia conce- dida a los procesos inconscientes; o el peso dado al papel del desarrollo evolutivo en la determinación de la conducta adulta. El planteamiento psi- coanalítico se ha visto enriquecido en los últimos años al haberse realizado importantes investigaciones empíricas, como las recogidas en un número monográfico de la revista Journal of Personality en torno a los mecanismos de defensa (Cramer y Davidson, 1998) o a las aportaciones de autores como Westen (1998). El modelo humanista, uno de cuyos representantes es Kelly ha ejercido un papel fundamental en los nuevos modelos socio-cognitivos (además de por los contenidos de la teoría de los constructos de Kelly, es interesante señalar que el propio Mischel, uno de los principales teóricos de este modelo fue alumno suyo). 4.1.2. Planteamientos estructurales En este tipo de planteamientos se considera que las variables personales son de naturaleza «estructural», denominándolas como rasgos o disposicio- nes estables de conducta, cuya organización y estructuración peculiar confi- gura la personalidad de un individuo. Allport (1937) define el rasgo como algo que tiene una existencia real, en los siguientes términos: «sistema neu- ropsíquico generalizado y focalizado, dotado de la capacidad de convertir muchos estímulos en funcionalmente equivalentes, y de iniciar y guiar for- mas coherentes de comportamiento adaptativo y expresivo» (pág. 312). Defi- niciones en términos de constructo, más aceptadas en el contexto de la psi- cología de la personalidad, han sido dadas por Cattell (1950, 1957) o Guilford (1959), como disposiciones relativamente estables y duraderas que ejercen 42 PSICOLOGÍA DE La PERSONALIDAD No obstante, en los últimos años, se habla de un modelo de seis factores de personalidad, que denominan HEXACO (Ashton y Lee, 2007). Las dimen- siones que contiene serían Honestidad-Humildad (con adjetivos que van desde sincero y honesto hasta codicioso y pretencioso), Emocionalidad (sen- timental y sensible versus valiente y seguro de sí mismo), eXtraversión (sociable y expresivo versus tímido y callado), Afabilidad (paciente y tole- rante versus enojadizo y mal encarado), Responsabilidad (C de Conscien- tiousness) (organizado y disciplinado versus negligente y vago), y Apertura a la Experiencia (O de Openness) (intelectual y creativo versus superficial y poco imaginativo). Este modelo, tiene similitudes con el de los cinco en tres de los factores: Extraversión, Responsabilidad y Apertura, pero intro- duce algunos cambios con respecto a las facetas incluidas en los otros dos factores (por ejemplo, la Emocionalidad del HEXACO no incluye la ira que sí contenía el Neuroticismo del modelo de los cinco, pasando esos aspectos a la dimensión de Afabilidad, que en el modelo de los seis enfatiza la paciencia y la tolerancia frente a la ira). Además, incorpora un sexto factor, Honestidad- Humildad con alguno de los contenidos que están recogidos en la Afabilidad de los cinco, pero que según los autores constituyen un factor independien- te y que puede ser relevante para el estudio de las relaciones sociales (Sibley, Harding, Perry, Asbrock y Duckitt, 2010). 4.1.3. Planteamientos biológicos En las formulaciones incluidas bajo este epígrafe, se atribuye a los fac- tores causales de la conducta, que siguen estando en el individuo como en los planteamientos anteriores, una naturaleza no psicológica. En este senti- do, podemos hablar de teorías que consideran que la conducta manifestada por un individuo está determinada por su peculiar configuración anatómica, estableciendo a partir de la observación sistemática de distintas constitu- ciones corporales y de los comportamientos asociados con ellas, tipologías constitucionales que han sido utilizadas, en mayor medida, en contextos clí- nicos y en el estudio de la conducta delictiva, como las tipologías de Krets- chmer o de Sheldon. Dentro de este mismo contexto, y con una mayor significación teórica e investigadora, podemos incluir las concepciones que explican la conducta a partir del funcionamiento del sistema nervioso (como en la psicología pro- 44 INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO DE LA PERSONALIDAD: UNIDADES DE ANÁLISIS cedente de la antigua unión soviética —Pavlov, Teplov, Nebylitsyn...— o en la psicología occidental —Eysenck, Zuckerman, Gray...—) o del sistema endo- crino (Pende, Marañón...). 4.2. Modelo Situacionista Los supuestos principales del modelo situacionista o mecanicista parten de la idea de que las causas que ponen en marcha y dirigen la conducta de las personas están fuera de ellas, lo que las hace ser más reactivas que acti- vas, como veíamos en el modelo anterior. De esta forma, el conocimiento de los factores o condiciones externas permite establecer predicciones exactas de lo que ocurrirá en posteriores evaluaciones o momentos; y establecer, pues, secuencias causales. Los planteamientos integrados en el modelo situacionista se caracterizan, con respecto al modelo internalista, por un cambio en la consideración de los factores determinantes de la conducta. Mientras en el modelo anterior, el mayor peso explicativo del comportamiento recaía sobre variables persona- les (rasgos o procesos afectivos y/o cogn deja recaer dicha determinación sobre factores ajenos o externos al individuo, es decir, sobre las condiciones estimulares que configuran la situación en que se desarrolla la conducta. os); en el modelo situacionista se Esta característica general se traduce en dos supuestos principales (Pervin, 1970; Mischel, 1976; Bermúdez, 1985b): la consideración de que la conducta es aprendida, y el énfasis en el estudio de la conducta como unidad de análisis. En relación con el primer supuesto, se considera que la casi totalidad de la conducta es producto del aprendizaje; por ello, deben estudiarse los pro- cesos de aprendizaje por los que adquirimos nuevas conductas. Este estudio se realiza mediante la utilización de metodología experimental, donde las hipótesis deben estar claramente definidas y deben poder verificarse a través de la manipulación de variables objetivas, externas al organismo, en un ambiente controlado (fundamentalmente, de laboratorio). El procedimiento consistiría en manipular las variables del medio y observar las consecuencias de esta manipulación sobre la conducta. En este tipo de planteamientos, se llega a hacer equivalente personalidad con conducta, considerando a ésta como unidad fundamental de análisis 45