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Tema 3 libro economia 1 derecho
Tipo: Apuntes
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CIVITAS
Este PDF contiene
3
I. Introducción II. Racionalidad, objetivos y restricciones III. La elección de consumo, función de demanda y curva de demanda IV. El excedente del consumidor V. Elasticidad – precio, elasticidad cruzada y elasticidad – renta A. Elasticidad – precio B. Elasticidad cruzada C. Elasticidad – renta VI. Efecto renta, efecto sustitución y los bienes anormales VII. La elección entre ocio y esfuerzo laboral y la obtención de la oferta de trabajo VIII. La decisión entre consumo y ahorro y entre distintas formas de ahorro A. Consumo presente y consumo futuro B. La materialización del ahorro Resumen Ejercicios
Introducción a la economía. 1ª ed., enero 2017
El comportamiento de las economías domésticas
Sumario:
En este tema nos centramos en el comportamiento de las economías domésticas, que denominaremos simplemente consumidores. Ya se ha dicho que son los propietarios de los recursos, los ofrecen en el mercado (somos oferentes de recursos) y recibimos una remuneración a cambio, ya sea el sueldo o salario por nuestro trabajo, los beneficios por participar en la propiedad de la empresa, los intereses si es que hemos prestado nuestro ahorro a otros o los alquileres y rentas de la tierra si han sido edificios o tierras de labor lo que hemos puesto en el mercado. La suma de esos ingresos es la renta.
Gracias a nuestra renta podemos comprar los distintos bienes y servicios en los mercados correspondientes; allí somos demandantes de bienes y a cambio pagamos un precio. Naturalmente, no gastamos en bienes y servicios todos los ingresos que hemos recibido, la parte que no dedicamos al consumo es el ahorro, que podemos materializar de modos muy distintos, en forma de dinero (activos líquidos), títulos (activos financieros) o bienes duraderos como propiedades inmuebles (un piso para alquilar) o muebles (oro, joyas, obras de arte).
Vamos a explicar cómo cree el economista que los individuos toman sus decisiones en cuanto al consumo de los distintos bienes, en cuanto a las horas de trabajo que van a ofrecer en el mercado o en cuanto al volumen de ahorro y el modo en que lo van a materializar. En todos los casos, se parte de la base de una idea de racionalidad, pero debe considerarse que este punto de vista del economista es seguramente solo una faceta del complejo proceso de decisión de las personas, en el que el aspecto económico no es siempre el más relevante. También en todos los casos consideramos, como datos, los precios de los productos, el salario que se cobra en el trabajo o el tipo de interés al que se presta o con el que se endeuda. Ningún consumidor tiene capacidad para modificarlos por sí mismo. Se suele decir que las economías domésticas son precio – aceptantes.
La manera en que el economista concibe el comportamiento individual no puede separarse de los orígenes de la disciplina que hemos ligado a la aparición de la obra de Adam Smith, The Wealth of Nations , en 1776. Responde a una idea de ser humano capaz de dominar a la naturaleza y que entre distintas alternativas elige, guiado por su conocimiento y razón, la mejor de las opciones posibles. Se piensa que el ser humano busca la felicidad y elige el mejor modo de conseguirla a partir de los medios con los que cuenta, pretende lograr la máxima satisfacción usando los menores recursos posibles.
La Declaración de Independencia, de 4 de julio de 1776, de los Estados Unidos de América dice textualmente: «Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad». Sin duda es tentador comprobar la coincidencia del año con el de aparición de la obra de Smith.
Este particular modo de ver la racionalidad ha dado lugar a la aparición de un sujeto específico, el homo oeconomicus que toma sus decisiones buscando el beneficio o satisfacción individual. Esa satisfacción se identificó muy pronto con la noción de utilidad , y se llegó incluso a pensar que se podía medir como cualquier otra magnitud, en este caso en utilas , aunque esa idea se ha abandonado hace tiempo, por innecesaria. Sí se puede afirmar, en cambio, que algunos principios que inspiran esa noción se han conservado íntegramente. Por ejemplo, que el consumidor siempre extrae satisfacción del consumo de bienes, por muchos que tenga ( principio de no saciedad ), que esa satisfacción, aunque positiva, crece a un ritmo cada vez menor (principio de la utilidad marginal decreciente ) o que se pueden ordenar de
consumidor (algo que comparte con otros economistas de su época como Edgeworth, Menger o Walras) o del empleo del análisis marginal, sino que también se pueden citar numerosas aportaciones en otros campos, que hoy gozan de plena actualidad. Así, debe citarse The Coal Question (1865) donde estudia el problema de los recursos no renovables y plantea la posibilidad de que al hacerse más eficiente el uso de una fuente de energía su consumo aumente en lugar de disminuir, lo que se conoce como la Paradoja de Jevons , y que se explica por la expansión de la industria al tener costes más bajos. Igualmente merece la pena mencionar su aportación en el campo del comercio internacional, en el que publica en 1875 Money and the Mechanism of Exchange. Puede señalarse, como curiosidad, que Jevons atribuía las crisis económicas cíclicas a las manchas solares, considerando que éstas influían en las producciones agrarias, que, en su época, suponían una parte considerable de la actividad económica.
Como los grandes intelectuales del siglo XIX sus intereses no se limitaban al campo de una única ciencia. Jevons contribuyó también al desarrollo de la Lógica, de la Teoría de la Probabilidad e incluso de la Criptografía. A Jevons se debe también la construcción del Logic Piano una especie de ordenador mecánico que anticipa, en un sentido no literal del término, los modernos ordenadores.
El economista inglés Francis Ysidro Edgeworth (1845-1926) pensaba que su ciencia le llevaba a ocuparse de los sentimientos más bajos del ser humano (la codicia, el egoísmo). Muchos años más tarde, otro economista, Fritz Machlup (1902-1983) defenderá que al lado del homo oeconomicus encontramos a otros sujetos mucho más relevantes para explicar decisiones aun con contenido económico, como el homo alcoholicus , el homo amorosus , o el homo cholericus.
Para obtener la demanda de un producto, partimos de la idea de que el consumidor obtiene felicidad (utilidad) del consumo de distintas cantidades de bienes, (A, B, C,), que indicaremos como QA, QB, QC, etc. Es decir, definimos la utilidad (U) como:
y ya sabemos que esta expresión se lee diciendo que la utilidad es una función de las distintas cantidades de bienes que se adquieren. También sabemos, por lo dicho en el apartado anterior, que la Utilidad crece, pero a un ritmo decreciente, al aumentar el consumo de cada bien, es decir:
Naturalmente, el consumidor se ve limitado por una restricción importante, y es que la suma de su gasto en todos estos bienes no puede superar sus ingresos. Ya se ha dicho que los ingresos son denominados la renta del sujeto, y que lo indicamos por Y. En cuanto al gasto del consumidor en el producto A es simplemente el resultado de multiplicar la cantidad que va a comprar (QA) por su precio (PA), esto es, PA· QA. Del mismo modo, el gasto en el producto B será, PB· QB; en el producto C, PC· QC y así sucesivamente. Por tanto, podemos definir esta limitación de los deseos del consumidor, conocida como restricción presupuestaria, como:
PA • QA + PB • QB + PC • QC + ••• + PZ • QZ ≤ Y
El proceso de decisión del consumidor se convierte, entonces, en un problema de optimización que se resuelve de forma matemática, con detalles en los que no es menester entrar. Para nuestros propósitos, baste con indicar que de la solución se desprende que el consumidor desea comprar determinadas cantidades de los diferentes bienes, en función de los precios y la renta que son los elementos que le limitan. Esto es, para cualquier bien, X se obtiene que
Leemos la expresión, que llamamos función de demanda , diciendo, que la Demanda (D) del bien X depende de su propio precio (PX), del precio de los demás bienes (PAPZ) y de los ingresos del consumidor (Y). En cuanto a los gustos del individuo, son los que determinan qué forma tiene esa función. Recordemos, en todo caso, que estamos hablando de un solo individuo, y que si queremos reflejar la demanda total del producto X en el mercado, deberíamos sumar las demandas individuales. Por último, y como ya se ha dicho en un tema anterior, el signo que aparece debajo de cada variable indica que tipo de efecto produce sobre la demanda del producto. En tal sentido, podemos señalar lo siguiente:
El precio del producto genera un efecto negativo sobre la demanda del producto. Si el precio aumenta, la demanda disminuye. A esta relación se la conoce como ley general de la demanda , la mayor parte de los productos la cumplen y, por ello, se denominan productos normales. Sin embargo, como tendremos ocasión de estudiar más adelante, no siempre podemos garantizar que se cumple esta ley general de la demanda, y de hecho existen productos, que se conocen como bienes anormales , en los que al aumentar el precio, la cantidad demandada también se incrementa, y, por tanto, el signo que figura debajo de esta variable debería ser positivo en esos casos.
La segunda variable que afecta a la demanda es el precio de otros bienes que tengan algún tipo de relación con el bien X. En este caso, tenemos dos posibles situaciones. Puede suceder que los dos bienes se consuman conjuntamente, y en tal caso estamos ante los denominados
bienes complementarios en los que el aumento en el precio de uno conduce a la disminución en el consumo de ambos, y el signo, por tanto será negativo. Pero también puede ocurrir, que ambos bienes sean dos alternativas para satisfacer la misma necesidad, y en ese supuesto se les denomina bienes sustitutivos , el aumento en el precio de uno conduce a un aumento en el consumo del otro, y el signo, entonces, será positivo. Ejemplo de bienes complementarios serían el café y el azúcar; el ron y la Coca-cola, el coche y la gasolina. Bienes sustitutivos son en cambio el té y el café, el azúcar y la sacarina, el ron y la ginebra, la Coca-cola y la Pepsi-cola.
A partir de la función de demanda, que acabamos de describir, podemos definir la curva de demanda cuando solo consideramos los efectos del precio del producto en la cantidad demandada, suponiendo que todas las demás variables permanecen constantes.
lo que se indica con la barra horizontal que aparece en las variables distintas del precio y asimismo considerando más bien la cantidad (Q) demandada (d) del bien X. A estas variables que permanecen constantes las denominamos parámetros y condición caeteris paribus al hecho de que solo consideramos cambios en el precio del propio producto, manteniendo todo lo demás constante. En la Figura 3.1 representamos gráficamente la curva de demanda, suponiendo que se trata de un bien normal, que cumple la ley general de la demanda.
Figura 3.1. La curva de demanda
Podemos leer la curva de demanda de dos modos distintos. Por un lado, nos dice la cantidad máxima que los consumidores están dispuestos a adquirir a cada posible precio, y así para un precio P0, el punto A nos indica que las familias compraran un máximo de Q0 unidades, y el
punto B que si el precio fuera de P1, los consumidores adquirirían Q1. Esta interpretación se suele denominar walrasiana , en recuerdo de
León Walras, economista suizo al que dedicamos un espacio más adelante. En el caso de la curva de demanda, se podría escribir:
QXD^ = f(PX) por ejemplo, QXD^ = 500-2Px
Por otro lado, podemos ver la curva de demanda de un modo inverso, de manera que nos informa de cuál es el máximo precio que las familias están dispuestas a pagar por una determinada cantidad de producto. Así visto, el punto A nos diría que si queremos que las economías domésticas compren Q0 unidades del bien X, el precio máximo que podemos cobrarles es P0. Este modo de ver la curva de
demanda se denomina marshalliano , pues fue el economista británico Alfred Marshall quien lo propuso. Y en tal caso, deberíamos escribir:
PXD^ = f(QX) y en nuestro ejemplo, sería PXD^ = 250-0,5QX
Factores que influyen en la demanda
Una disminución en el precio del bien aumenta la cantidad demandada
Un aumento del precio del bien reduce la cantidad demandada
Una disminución en el precio de un bien complementario
Un aumento en el precio de un bien sustitutivo Aumentan
Un aumento en la renta si el bien es superior la demanda
Una disminución de la renta si el bien es inferior
Un aumento en el número de consumidores
Un aumento en el precio de un bien complementario
Una disminución en el precio de un bien sustitutivoReducen
Una disminución en la renta si el bien es superior la demanda
Un aumento de la renta si el bien es inferior
Una disminución en el número de consumidores
Podemos definir el excedente del consumidor como la diferencia existente entre el precio máximo que estaría dispuesto a pagar el consumidor por cada unidad de producto ( precio de reserva ) y el precio que efectivamente está pagando. Para entender en qué consiste este concepto, supongamos (Figura 3.4) que, inicialmente, el consumidor está demandando 50 unidades a un precio de 10 euros. Sin embargo, si consideramos cada unidad aisladamente comprobamos que el ciudadano estaría dispuesto a pagar una cifra mayor por cada una de ellas. Así, por la primera unidad, pagaría 25. De esta forma, decimos que, por la primera unidad, el consumidor obtiene un excedente de 25–10 = 15
. Gráficamente, este excedente, el que corresponde a la primera unidad, vendría dado por la distancia entre el precio máximo (25) y el precio efectivamente pagado (10), es decir, la zona situada entre la línea del precio, 10, y la curva de demanda.
Figura 3.4. Demanda de un producto y excedente del consumidor
Si procedemos de igual forma con cada una de las unidades entre la número 1 y la número 50, observamos que el excedente asociado a cada unidad va siendo cada vez menor, hasta llegar a cero en la unidad 50, la última adquirida, donde el precio máximo coincide con el que el ciudadano paga efectivamente. De esta manera, el excedente total para el consumidor cuando el precio es 10 y la cantidad 50 es el área representada por el triángulo EC. Como es lógico, si el precio del producto aumenta, el excedente del consumidor se va haciendo cada vez más pequeño.
A modo de ejemplo consideremos la demanda ( walrasiana )
QXD^ = 500-2Px
y ya sabemos que podemos transformarla en su equivalente marshalliana
PXD^ = 250-0,5Qx
Si queremos calcular el excedente del consumidor lo primero que necesitamos es saber cuál es el precio a partir del cual la cantidad adquirida por los consumidores es cero. Ese dato nos informa del punto de intersección de la demanda con el eje vertical (véase la Figura 3.5) Usando la demanda marshalliana, si sustituimos una cantidad de 0, nos da que el precio es 250. Si deseamos saber cuál es el excedente del consumidor, cuando el precio es 150, usaremos la demanda walrasiana para averiguar qué cantidad de producto comprarán los demandantes:
QXD^ = 500-2Px = 500- 2 150 = 500-300 = 200
El excedente del consumidor es el triángulo A y, como es bien sabido, su área es la mitad de la base (200) por la altura (100). Por tanto el excedente del consumidor es :
El lector debería ser capaz de obtener los datos y comprobar que, cuando el precio es 50, el excedente del consumidor es 40.000.
Figura 3.5. Cálculo del excedente del consumidor
Cantidad inicial: QX0 = 1.000 unidades·
Precio inicial: PX0 = 120
Cambio en el precio: ΔPX0 = – 70 (ha disminuido de 120 a 50)
Cambio en la cantidad: ΔQX0 = + 400 (ha aumentado de 1.000 a 1.400)
Aplicando la fórmula, obtenemos que:
Figura 3.6. Cálculo de la elasticidad – precio de la demanda
Lo que nos dice que la demanda es de un bien normal (cosa que ya era obvia porque hemos dibujado una demanda que cumple su ley general) y que además es una demanda inelástica porque su valor absoluto, que suele indicarse como |EPX|, es 0,69 (sin tener en cuenta el
signo) menor que uno.
El problema que se plantea, inmediatamente, es que el valor de la elasticidad cambia si en lugar de estudiar lo que sucede cuando se pasa de A a B, analizamos lo que ocurre al ir de B a A. En efecto, en tal caso los datos serían los siguientes:
Cantidad inicial: QX0 = 1.400 unidades·
Precio inicial: PX0 = 50
Cambio en el precio: ΔPX0 = + 70 (ha aumentado de 50 a 120)
Cambio en la cantidad: ΔQX0 = – 400 (ha disminuido de 1.400 a 1.000)
Aplicando la fórmula, obtenemos que:
La demanda sigue siendo normal y sigue siendo inelástica, pero el valor numérico ha cambiado. Ello tiene una sencilla explicación que se observa si ponemos ambos cálculos juntos
En ambos casos, la primera fracción es idéntica, con un numerador de 400 y un denominador de 70. Es cierto que en el primer caso el numerador es positivo y el denominador negativo, y en el segundo caso los signos están al revés, pero eso no altera el valor de la fracción que es el mismo – 5,71. La diferencia está en la segunda fracción. Pues cuando hemos ido de A a B, hemos tomado como precio inicial 120 y como cantidad inicial 1000, mientras que al ir de B a A, el precio inicial era 50 y la cantidad inicial 1.400. Por tanto las diferencias en el valor de la elasticidad entre dos puntos de la demanda se originan por la elección del punto de partida. Un modo muy sencillo de resolver esta dificultad es los que se denomina elasticidad – precio arco que consiste en tomar como precio inicial la media de los precios entre los dos que tenemos, y como cantidad inicial la media de las cantidades. Ese valor medio es el mismo vayamos de A a B o de B a A y, de esta manera, conseguimos una cifra constante para la elasticidad entre dos puntos de la demanda. Es decir, tendremos los siguientes datos:
Cantidad inicial: QX0 = 1.200 unidades· (la media entre 1.400 y 1.000)
Precio inicial: PX0 = 85 (la media entre 120 y 50)
Cambio en el precio: ΔPX0 = + 70 (ha cambiado de 50 a 120)
Cambio en la cantidad: ΔQX0 = – 400 (ha cambiado de 1.400 a 1.000).
Solo tenemos que recordar que si hemos usado signo + para el cambio en el precio, tendremos que usar signo – para la cantidad, dado que estamos trabajando con una demanda normal.
Aplicando la fórmula, obtenemos que:
La demanda de un producto tiende a ser inelástica
Un segundo problema que se plantea en las demandas que son líneas rectas es que el valor de la elasticidad no es el mismo en los distintos puntos de la curva de demanda. Para comprobarlo, usaremos la misma demanda que utilizamos para el excedente del consumidor, a partir de la cual se obtiene fácilmente la tabla siguiente:
Estimar correctamente la elasticidad – precio de la demanda es esencial para el vendedor de un bien o un servicio. Supongamos que el rector de la universidad está preocupado por las dificultades financieras que sufre su institución. Y que con la finalidad de obtener más ingresos decide aumentar los precios de sus títulos de Grado y de Master en un 10%. Naturalmente, el rector debería saber que si sube el precio de sus títulos, eso reducirá el número de alumnos que se matricularán (disminuirá la cantidad demandada), la clave es en cuánto se reducirá, Si las demandas tienen una elasticidad – precio menor que uno (son inelásticas) la reducción en la cantidad será menor del 10%, pues recordemos que hemos definido elasticidad como variación porcentual en la cantidad demandada dividida por variación porcentual en el precio. En este caso, la subida de precios le compensará, porque lo que gana con el aumento de tasas no se pierde con la reducción de la cantidad de alumnos. Pero si se equivoca, si la elasticidad – precio es mayor que uno, entonces la caída en la cantidad será mayor que el 10% y los ingresos extras que el rector pensaba obtener subiendo el precio de los Grados y Másters no se consiguen, porque la pérdida de alumnos es muy grande. Saber en qué parte de la demanda nos encontramos no es solo una cuestión puramente teórica, tiene implicaciones muy prácticas.
Definimos la elasticidad cruzada de la demanda de un producto como la relación que existe entre la variación porcentual en la cantidad demandada de ese bien y el cambio porcentual en el precio de otros bienes, cuando el resto de las variables permanecen constantes. Formalmente sería:
La expresión EX;A se lee como elasticidad cruzada del bien X en relación con el precio del bien A, pues debe tenerse en cuenta que no hay ningún motivo para suponer que se cumpla que EX;A = EA;X. Tal cosa es, además, muy improbable. La elasticidad cruzada también nos da dos datos importantes. Por un lado, el signo, que puede ser positivo (si son X y A son bienes sustitutivos ) o negativo (si son complementarios ). Por otro, el valor absoluto nos dice hasta qué punto son buenos sustitutivos o complementarios, cuanto mayor sea el valor absoluto, mejores, naturalmente. En el caso de que le valor de la elasticidad cruzada nos dé próximo al cero, podremos suponer que entre X y A no existe ninguna relación de consumo. En cuanto al cálculo y representación gráfica correspondientes, lo más sencillo, como
siempre, es utilizar un ejemplo y trabajar a partir de él.
Ejemplo: El mercado de transporte intergaláctico es uno de los más importantes en el planeta Naboo, dada su gran actividad comercial. La demanda de estos servicios depende de tres variables: el precio del transporte, el nivel de renta de los habitantes, Y, y el precio de otro producto que llamaremos Z. Conocemos la función de demanda que responde a la ecuación siguiente:
QTD^ = 600 2,5 PT + 2 Y 5 PZ
Lo primero que comprobamos en esta ecuación es que se trata de una demanda walrasiana, dado que figura la cantidad demandada de transporte intergaláctico (QTD) como una magnitud que se explica a partir de PT, Y y PZ. Para calcular la elasticidad cruzada tenemos que mantener constantes las demás variables, y ello exige dar valores iniciales a PT y a Y. Consideremos que ponemos que Y es 1000 y PT es 100. SI sustituimos esos dos valores en la ecuación tenemos:
Ahora podemos obtener distintas cantidades demandadas de viajes intergalácticos para precios distintos del bien Z. Naturalmente, basta con dos valores, pongamos 200 y 250. En el primer caso la cantidad sería 1.350; en el segundo, 1.100. Podemos resumirlos en la tabla siguiente:
Tabla 3.2. Precio de Z; Cantidad de T
Precio de Z Cantidad de T
200 1. 250 1.
Es importante que tengamos en cuenta, a la hora de la representación gráfica que si dibujamos la demanda del bien T, un cambio en el precio de Z supone un desplazamiento de la demanda y no un cambio a lo largo de la demanda. Así lo hemos hecho en la Figura 3.8, donde hemos tenido en cuenta que el precio de T es 100.
En el gráfico hemos dibujado dos demandas, una viene especificada para una renta de 1.000 y un precio de Z de 200; la otra para el mismo nivel de renta pero un precio de Z más alto, de 250. Los puntos α y β en las curvas de demanda que acabamos de citar corresponden a un precio de 100. Es decir, lo único que puede explicar el paso de una cantidad de 1.350 a otra de 1.100 es el cambio en el precio de Z, y por tanto podemos aplicar la fórmula de la elasticidad cruzada con los datos siguientes:
Cantidad inicial de T: 1.
Precio inicial de Z: 200
Cambio en la cantidad de T: – 250 (disminuye de 1.350 a 1.100)
Cambio en el precio de Z: + 50 (aumenta de 200 a 250)
Por el signo negativo podemos considerar que el bien Z es un complementario del transporte intergaláctico, pero por su valor absoluto, que es menor que uno se trata de un complementario no muy cercano.
Figura 3.8. Efectos sobre la demanda de transporte de un cambio en el PZ
al cálculo y representación gráfica correspondientes, haremos uso del mismo ejemplo del apartado anterior, pero ahora debemos tener en cuenta que queremos modificar la renta, manteniendo constantes el precio de T y el de Z. Para ello, supongamos que el precio de T es 100 y el de Z es 200. Usando estos datos, la función de demanda se convierte en:
es decir:
Ahora podemos obtener distintas cantidades demandadas de viajes intergalácticos para distintos niveles de renta. Naturalmente, basta con dos valores, pongamos 1.500 y 2.000. En el primer caso la cantidad sería 2.350; en el segundo, 3.350. Podemos resumirlos en la tabla siguiente
Tabla 3.3. Nivel de renta, Y; Cantidad de T
Renta, Y Cantidad de T
1.500 2. 2.000 3.
Es importante que, de nuevo, tengamos en cuenta, a la hora de la representación gráfica que si dibujamos la demanda del bien T, un cambio en la renta, Y, supone un desplazamiento de la demanda y no un cambio a lo largo de la demanda. Así lo hemos hecho en la Figura 3.9, donde hemos tenido en cuenta que el precio de T es 100.
Figura 3.9. Efectos sobre la demanda de transporte de un cambio en Y
En el gráfico hemos vuelto a dibujar dos demandas, una viene especificada para una renta de 1.500 y un precio de Z de 200; la otra para el mismo precio de Z, pero un nivel de renta más alto, de 2.000. Los puntos a y b en las curvas de demanda que acabamos de citar corresponden a un precio de T igual a 100. Es decir, lo único que puede explicar el paso de una cantidad de 2.350 a otra de 3.350 es el cambio en el volumen de ingresos, y por tanto podemos aplicar la fórmula de la elasticidad renta con los datos siguientes:
Cantidad inicial de T: 2.
Renta inicial: 1.
Cambio en la cantidad de T: + 1.000 (pues aumenta de 2.350 a 3.350)
Cambio en la renta: + 500 (pues aumenta de 1.500 a 2.000)
Los datos de la elasticidad – renta de los viajes intergalácticos, nos dicen que hacer recorridos de ese tipo es un bien superior, y que, además,
está bastante vinculado al nivel de renta de los ciudadanos. El lector debería haber sospechado ya que, una vez más, nos encontraremos con el problema de que el valor de la elasticidad renta cambia si en vez de pasar desde el punto a al b , hiciéramos el recorrido contrario y debería ser capaz de calcular, asimismo, que la elasticidad – renta en ese caso sería + 1,19. Tampoco debería resultarse particularmente difícil imaginar que la solución es, una vez más, obtener la elasticidad – renta arco y que si toma los valores medios como hemos hecho en otras ocasiones, el valor sería + 1,23.
Cuadro resumen de las elasticidades Fórmula Signo Valor absoluto
- + > 1 < 1
Elasticidad precio
EP = ∆%QX/∆%PX EP = ∆QX/∆PX • PX0/QX
Normal Anormal Elástico
Inelástico o rígido
Elasticidad cruzada
EX;A = ∆%QX/∆ %PA EX;A = ∆QX/∆PA • PA0/QX
Complementarios Sustitu iv os Elástico
Inelástico o rígido
Elasticidad renta
EYX = ∆%QX/∆%Y EYX = ∆QX/∆Y • Y 0 /QX
Inferior Superior Elástico
Inelástico o rígido
Hemos dicho antes que los bienes anormales son los que no cumplen la ley general de la demanda, pues al subir su precio se demanda mayor cantidad del producto. Para explicar por qué se da esta situación, debemos tener en cuenta que la subida del precio de un bien produce dos efectos diferentes. De un lado, el llamado efecto sustitución , es decir tendemos a buscar una alternativa para el producto cuyo precio ha aumentado y reducir el consumo de éste. El efecto sustitución tiene un signo definido, tiende a reducir la cantidad demandada. Pero, de otro lado, se genera un efecto renta , pues al subir el precio de uno de los productos que compra, el consumidor nota que dispone de menos ingresos para otras adquisiciones, su renta real ha disminuido. El efecto renta no tiene un signo definido, pues, como ya sabemos, la caída en la renta hace aumentar el consumo de los bienes inferiores y disminuir el de los bienes superiores. En estas circunstancias, podemos resumir del siguiente modo los efectos de un aumento en el precio del bien X (Tabla 3.4):
Tabla 3.4. Efecto renta y efecto sustitución en distintos tipos de bienes
Tipo de bien Efecto sustitución Efecto renta Efecto conjunto Superior (^) QD^ disminuye QD^ disminuye QD^ disminuye
Inferior (^) QD^ disminuye QD^ disminuye QD^ disminuye
Con estos datos, comprobamos que un bien anormal tiene que ser forzosamente un bien inferior, y tiene que suceder además que el efecto renta sea mayor que el efecto sustitución. Es decir, tenemos que pensar en un producto muy importante en la economía familiar (con mucho peso en el presupuesto) y que no pueda sustituirse fácilmente. Por ello se ha identificado este producto con el pan (Alfred Marshall) o la patata en Irlanda (lord Giffen). Productos que constituían la base (barata) de la alimentación de buena parte de los consumidores, que suponían gran parte del gasto familiar en comida, y que no tenían sustitutos igual de baratos.
Bienes anormales, bienes Giffen
Se atribuye a Lord Robert Giffen (1837-1910) la observación de que los irlandeses reaccionaban consumiendo más patatas cuando el precio de éstas aumentaba. La explicación era que durante toda la semana los irlandeses comían fundamentalmente este tubérculo y que los domingos, como extra, se permitían poner algo de carne en el menú. Al aumentar el precio de la patata, y no disponer de sustitutivos de precio igual de bajo, tenían que seguir comprándolas para su alimentación semanal, pero, al ser más caras, ya no les quedaban ingresos para adquirir la carne el domingo, y se veían obligados a comprar más patatas para tener qué comer ese día. Alfred Marshall (1842-1924) atribuye a Giffen esta observación, pero la relaciona con el pan y no con la patata. Por supuesto, eso no cambia mucho la cuestión, el razonamiento es el mismo.
No hay muchas diferencias en el planteamiento en esta decisión. Solo tenemos que modificar las variables sobre las que decide el consumidor en este caso y la restricción a la que se enfrenta. La clave es que todos disponemos de un recurso (nuestro esfuerzo laboral, N) que podemos entregar en el mercado a cambio de un salario (w, por wage ), gracias a ello obtenemos nuestra renta Y, que nos permite acceder al consumo. Algo que ya sabemos que produce satisfacción (utilidad). Ahora bien, también disfrutar del ocio genera utilidad. Tanto es así que para el mundo romano clásico, el otium era la forma de vida de la clase senatorial que, disfrutando de otros ingresos, podían dedicar su tiempo a la lectura, la reflexión, o la política. Indicaremos el ocio con la l ( leisure en inglés). Y en ese caso la función de utilidad sería:
U= U(Y;l)
y, desde luego, se cumple que:
Economistas famosos: Carl Menger (1840-1921)
Menger nació en Novi Sacz, hoy perteneciente a Polonia pero entonces parte del Imperio Austrohúngaro. Su padre, abogado, y pertenecía a la baja nobleza, su madre procedía de una familia de comerciantes. Estudió Derecho en las universidades de Praga y Viena, se doctoró en la Universidad Jagiellonia de Cracovia. Su vida profesional estuvo ligada inicialmente al periodismo, pero en 1872 se incorporó a la Facultad de Derecho de la Universidad de Viena para enseñar Hacienda y Política Económica. En 1873, obtiene la cátedra de Teoría Económica de esa universidad y en 1878 la cátedra de Economía Política. Mantuvo una estrecha relación con la familia imperial, pues fue tutor del príncipe heredero, Rodolfo, desde 1876 a 1878, lo que creó una amistad que duró hasta el suicidio de éste en 1889. En 1900 fue nombrado por el emperador para la Herrenhaus, la cámara alta del parlamento de Cisleithania, dentro del Imperio Austro-Húngaro.
Sus aportaciones fueron muy variadas y de un gran calado. En primer término es preciso citar que la publicación en 1871 de sus Principios de Economía ( Grundsätze der Volkswirtschaftslehre ) que suponen una crítica a los planteamientos de la Escuela Clásica sobre el cálculo del valor basado en el coste. Para Menger , el valor de los recursos depende del valor (utilidad) de los bienes que producen. Esta idea se mantiene hoy en día aunque bajo el concepto de demanda derivada. También debe atribuírsele el concepto de coste de oportunidad. En 1883 publica sus Investigaciones sobre el método de la ciencia social y especialmente de la economía polític a ( Untersuchungen über die Methoden der Sozialwissenschaften und der politischen Ökonomie insbesondere ) que causan la reacción de los economistas alemanes pertenecientes a la Escuela Histórica, quienes lo califican como fundador de una Escuela Austriaca de Economía, que estaría aislada del resto de los economistas, una denominación que sus sucesores actuales mantienen con orgullo. Su respuesta a estos ataques fue la publicación en 1884 de su panfleto Errores del Historicismo en la Economía Alemana( Irrthumer des Historismus in der deutschen Nationalokonomie ) lo que alimentó el famoso debate conocido como Discusión sobre los Métodos ( Methodensteit ).
Deben señalarse igualmente, sus contribuciones a la explicación de cómo aparecen instituciones como la moneda o el lenguaje. En todas ellas ve la necesidad de facilitar intercambios entre personas que asignan valores diferentes a los distintos bienes, pues son valores subjetivos. Por ello, en el intercambio, ambos salen ganando y quien lo facilita, poniéndolos en conexión, cumple una finalidad esencial en el sistema económico. Sobre esta idea, por ejemplo, elaborará Israel Kirzner (1930 - ) su visión del empresario como emprendedor.
Figura 3.10. Cambios a lo largo de la oferta y desplazamientos de la oferta
Factores que influyen en la oferta de trabajo
Una disminución en el salario disminuye la cantidad ofrecida
Un aumento en el salario aumenta la cantidad ofrecida
Una disminución en el rendimiento de la riqueza del trabajador
Una disminución de la riqueza del trabajador Aumentan
Una disminución de los ingresos de transferenciasla oferta
Un aumento en el número de trabajadores
Un aumento en el rendimiento de la riqueza del trabajador
Un aumento de la riqueza del trabajador Reducen
Un aumento de los ingresos de transferencias la oferta
Una disminución en el número de trabajadores
También la curva de oferta se puede leer de dos modos distintos. Por un lado, nos dice la cantidad máxima de horas que el trabajador está dispuesto a ofrecer a cada posible salario (una interpretación que llamaríamos walrasiana), O, por otro, y de modo inverso, nos dice cuál es el salario mínimo que se debe ofrecer para que el trabajador ofrezca un determinado número de horas de trabajo, una forma marshalliana de ver la cuestión. Como ejemplos tendríamos: