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Tema de Historia Medieval, Apuntes de Historia Europea

Tema de Historia Medieval buen resumidos.

Tipo: Apuntes

2020/2021

Subido el 18/12/2021

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Tema 4
NACIMIENTO Y EXPANSIÓN DEL ISLAM
Introducción.
Fuentes.
1. Los primeros tiempos del Islam.
1.1. La Península Arábiga antes del Islam.
1.2. Los estados preislámicos: Himyaríes. Gassaníes y Lajmíes.
1.3. Mahoma y el nacimiento del Islam. La doctrina islámica.
2. La sucesión de Mahoma: los califas ortodoxos (632-661).
3. El califato de Damasco (661-750).
3.1. La dinastía Omeya.
3.2. La organización social de un Estado multiétnico.
3.3. La administración del califato omeya.
4. Características de la expansión islámica (632-750).
4.1. Primera expansión (623-656).
4.2. Segunda expansión (661-683).
4.3. Tercera expansión (692-718).
4.4. Cuarta expansión (720-740).
INTRODUCCIÓN
Pocos sucesos han transformado la fisonomía de una gran parte del globo tan rápida y decisivamente como la expansión del
Islam. Es necesario conocer el estado en que se encontraba la Península Arábiga en vísperas del nacimiento de esta religión, ya que
la conducta de Mahoma no puede ser comprendida, tanto si aprueba ciertas costumbres como si condena otras, sin un
conocimiento previo de la situación existente en aquel momento.
FUENTES
El mayor problema para reconstruir el nacimiento del Islam a través de fuentes coetáneas es la tardía formación de la tradición
literaria en árabe, que se remonta, según las zonas, a hasta dos siglos después de las conquistas islámicas. Ello obliga a recurrir a
fuentes en otras lenguas y procedentes de otras culturas: papiros escritos en griego, crónicas siríacas, fuentes latinas occidentales,
en forma de crónicas o apocalipsis.
En cuanto a la documentación, la más temprana (610-730) aparece en forma de epigrafía (la estela más antigua conservada es
de 692), monedas, o escrita en papiros en Egipto y Palestina, que tratan de recaudación de impuestos, registros del ejército y
construcción de obras públicas, en los que se aprecia el cambio progresivo de griego a árabe. Otro tipo de documentación estatal
como tratados, correspondencia, arengas o sermones se conserva a través de crónicas posteriores. El más temprano es la
denominada “constitución de Medina’’, firmada por Mahoma con los habitantes de dicha ciudad, aunque la forma original del
documento no es segura. También aparecen pronto listados de los participantes en las batallas del Profeta, para garantizar los
repartos de botín y tierras. Además, contamos con una interesante producción poética preislámica.
En una etapa posterior (730-830), los géneros históricos se diversifican. Aunque el Corán se ha intentado utilizar como fuente
histórica para la vida del Profeta, su misión y los primeros tiempos del Islam, en realidad es la sunna o tradiciones correspondientes
a la vida de Mahoma la que más datos aporta. Sin embargo, esta tradición, narrada oralmente en forma de hadices, relatos o
noticias breves autentificados con una cadena de nombres que hacía remontar la fuente a los compañeros directos de Mahoma
(isnad), se desarrolla y compila como género escrito a partir del siglo IX. Para los sunníes existen varias colecciones canónicas de
hadices del Profeta, las más prestigiosas son las de al-Bujari. Muslim ibn al-Hayyay, Abu Da'ud. y al-Tirmidhi. Los chiles tienen sus
propias colecciones. Su contenido es sobre todo legal y moral, sobre los aspectos a practicar los seguidores del Islam. Dos rasgos
condicionan el empleo de estas fuentes: su cronología tardía y su carácter sagrado, que impide hasta cierto punto su estudio
crítico.
Las biografías de Mahoma interesaron desde muy temprano a los musulmanes. Uno de los primeros en escribirla fue al-Zuhri
(m. 742), cuyo trabajo original no se conserva. La más citada es la Sira de Ibn Ishaq (m. 761), a través de la recensión de Ibn Hisham
(m. 835), que comienza con una genealogía del Profeta, para seguir con una narración cronológica en la que las leyendas y hechos
milagrosos se reducen lo más posible, para dar mayor relevancia al tema de la misión profética como transmisor del Corán. El otro
género histórico temprano son las colecciones de noticias (jabar, plur, ajhar), entre las cuales destacan las de Zubayr b. Bakkar,
también del s. IX, o la de al-Tanuji (s. X). Cada noticia (jabar) es completa en sí misma y no guarda relación con las demás de la
colección, y van avanzando sin intervalos precisos de tiempo. Es fundamental la presentación de acción y diálogo, más que la
exactitud histórica, pues son para ser narradas, y contenían numerosas citas poéticas. Para la Península Ibérica, la Colección de
noticias (Ajhar Mayniuá), que narra la conquista de al-Andalus, se retrasa al s. X. Estas colecciones contenían material más
variopinto, como narraciones de batallas, historias, aforismos, poesía, y tenía un público más amplio, pues buscaban el
entretenimiento tanto como la memoria colectiva o la educación de los primeros musulmanes. Su orden no es cronológico ni
temático, pues refleja el estilo de los recitadores públicos de historias.
La cronografía o anales (ta'rij) fue otro de esta primera etapa. Las informaciones se organizaban en epígrafes que seguían el
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Tema 4

NACIMIENTO Y EXPANSIÓN DEL ISLAM

Introducción. Fuentes.

  1. Los primeros tiempos del Islam. 1.1. La Península Arábiga antes del Islam. 1.2. Los estados preislámicos: Himyaríes. Gassaníes y Lajmíes. 1.3. Mahoma y el nacimiento del Islam. La doctrina islámica.
  2. La sucesión de Mahoma: los califas ortodoxos (632-661).
  3. El califato de Damasco (661-750). 3.1. La dinastía Omeya. 3.2. La organización social de un Estado multiétnico. 3.3. La administración del califato omeya.
  4. Características de la expansión islámica (632-750). 4.1. Primera expansión (623-656). 4.2. Segunda expansión (661-683). 4.3. Tercera expansión (692-718). 4.4. Cuarta expansión (720-740). INTRODUCCIÓN Pocos sucesos han transformado la fisonomía de una gran parte del globo tan rápida y decisivamente como la expansión del Islam. Es necesario conocer el estado en que se encontraba la Península Arábiga en vísperas del nacimiento de esta religión, ya que la conducta de Mahoma no puede ser comprendida, tanto si aprueba ciertas costumbres como si condena otras, sin un conocimiento previo de la situación existente en aquel momento. FUENTES El mayor problema para reconstruir el nacimiento del Islam a través de fuentes coetáneas es la tardía formación de la tradición literaria en árabe, que se remonta, según las zonas, a hasta dos siglos después de las conquistas islámicas. Ello obliga a recurrir a fuentes en otras lenguas y procedentes de otras culturas: papiros escritos en griego, crónicas siríacas, fuentes latinas occidentales, en forma de crónicas o apocalipsis. En cuanto a la documentación, la más temprana (610-730) aparece en forma de epigrafía (la estela más antigua conservada es de 692), monedas, o escrita en papiros en Egipto y Palestina, que tratan de recaudación de impuestos, registros del ejército y construcción de obras públicas, en los que se aprecia el cambio progresivo de griego a árabe. Otro tipo de documentación estatal como tratados, correspondencia, arengas o sermones se conserva a través de crónicas posteriores. El más temprano es la denominada “constitución de Medina’’, firmada por Mahoma con los habitantes de dicha ciudad, aunque la forma original del documento no es segura. También aparecen pronto listados de los participantes en las batallas del Profeta, para garantizar los repartos de botín y tierras. Además, contamos con una interesante producción poética preislámica. En una etapa posterior (730-830), los géneros históricos se diversifican. Aunque el Corán se ha intentado utilizar como fuente histórica para la vida del Profeta, su misión y los primeros tiempos del Islam, en realidad es la sunna o tradiciones correspondientes a la vida de Mahoma la que más datos aporta. Sin embargo, esta tradición, narrada oralmente en forma de hadices, relatos o noticias breves autentificados con una cadena de nombres que hacía remontar la fuente a los compañeros directos de Mahoma (isnad), se desarrolla y compila como género escrito a partir del siglo IX. Para los sunníes existen varias colecciones canónicas de hadices del Profeta, las más prestigiosas son las de al-Bujari. Muslim ibn al-Hayyay, Abu Da'ud. y al-Tirmidhi. Los chiles tienen sus propias colecciones. Su contenido es sobre todo legal y moral, sobre los aspectos a practicar los seguidores del Islam. Dos rasgos condicionan el empleo de estas fuentes: su cronología tardía y su carácter sagrado, que impide hasta cierto punto su estudio crítico. Las biografías de Mahoma interesaron desde muy temprano a los musulmanes. Uno de los primeros en escribirla fue al-Zuhri (m. 742), cuyo trabajo original no se conserva. La más citada es la Sira de Ibn Ishaq (m. 761), a través de la recensión de Ibn Hisham (m. 835), que comienza con una genealogía del Profeta, para seguir con una narración cronológica en la que las leyendas y hechos milagrosos se reducen lo más posible, para dar mayor relevancia al tema de la misión profética como transmisor del Corán. El otro género histórico temprano son las colecciones de noticias (jabar, plur, ajhar), entre las cuales destacan las de Zubayr b. Bakkar, también del s. IX, o la de al-Tanuji (s. X). Cada noticia (jabar) es completa en sí misma y no guarda relación con las demás de la colección, y van avanzando sin intervalos precisos de tiempo. Es fundamental la presentación de acción y diálogo, más que la exactitud histórica, pues son para ser narradas, y contenían numerosas citas poéticas. Para la Península Ibérica, la Colección de noticias (Ajhar Mayniuá), que narra la conquista de al-Andalus, se retrasa al s. X. Estas colecciones contenían material más variopinto, como narraciones de batallas, historias, aforismos, poesía, y tenía un público más amplio, pues buscaban el entretenimiento tanto como la memoria colectiva o la educación de los primeros musulmanes. Su orden no es cronológico ni temático, pues refleja el estilo de los recitadores públicos de historias. La cronografía o anales (ta'rij) fue otro de esta primera etapa. Las informaciones se organizaban en epígrafes que seguían el

calendario de la Hégira. Las historias de los califas se organizaban por reinados, marcados por la entronización del califa y terminados con la fecha de su muerte. Las listas de califas existían ya a comienzos del s. VIII. Gran parte de la historiografía sobre los Omeyas fue escrita en época abbasí, con un matiz claramente hostil: se les trata de manipuladores, se les acusa de imponer la sucesión hereditaria en vez de mediante asamblea, de evitar la conversión de los no musulmanes para seguir cobrando sus tributos, e incluso se creó un género que enumeraba los crímenes de los Omeyas. De estas obras posteriores, las más importantes son las Historias de al-Ya’qubi (m. 897) y al-Tabari (m. 923): las biografías de personajes importantes como los Ansah al-ashraf de Baladhuri (m. 892), los Tabaqat de Ibn Sa'd o la Historia de la ciudad de Damasco de Ibn ‘Asakir (m. 1176). Existe una biografía de ‘Umar II escrita por Ibn ‘Abd al-Hakam (m. 870). Las conquistas árabes fueron descritas en un género denominado así. y especialmente cultivado en el s. IX, de forma general, como las de Baladhuri o Ibn A’tham al-Kufi, o por regiones, como la Conquista de Egipto del mismo Ibn ‘Abd al-Hakam, o la anónima Conquista de al-Andalus.

1. LOS PRIMEROS TIEMPOS DEL ISLAM

1.1. La Península Arábiga antes del Islam

La Península Arábiga se divide en dos zonas principales: el norte y el centro, dominados por un paisaje desértico y un clima duro, que condicionó el desarrollo de las sociedades, y la denominada Arabia Feliz, que comprendía las fértiles tierras costeras del oeste y el sur, en Hadramaut, el Yemen, y el Hiyaz, que se dedicaban además a un activo comercio marítimo e interior. La ausencia de fronteras naturales y la capacidad de los nómadas para atravesar el desierto hicieron que fueran siempre muy permeables a las influencias de los grandes imperios colindantes. Las sociedades preislámicas de Arabia se caracterizaban por dos estructuras fundamentales: la organización en grupos tribales o familiares que fomentaban los lazos de solidaridad mutua, y una tendencia contraria, a formar grandes unidades que aglutinaban a gran cantidad de personas mediante lazos religiosos, culturales y comerciales en núcleos urbanizados. Según la época, se puede decir que una u otra tendencia predominaba. Los nómadas beduinos se dedicaban esencialmente al pastoreo y a las caravanas. Durante el verano acampaban cerca de los oasis para dedicarse al comercio. Sus familias patriarcales, formadas por un padre, sus hijos y sus familias respectivas, se agrupaban en clanes, que luchaban y emigraban juntos, y poseían tierras en común. Aun así, en algunos lugares predominaban los vínculos matrilineales. Los santuarios favorecían un ideal religioso común. La tríada de dioses más importante agrupaba a Al-Lal, diosa del sol; a Uzza, estrella matutina, y a Manat, diosa de la felicidad; todas sometidas a una divinidad superior, Allah, que pronto habría de eliminarlas a todas para convertirse en dios único. Los grupos tribales daban gran importancia a su genealogía, como vínculo de cohesión. El sistema onomástico árabe se compone de cinco partes. Primero, el nombre propio, originado en la tradición religiosa bíblica y, más tarde, coránica (p. ej., Sulayman, Harun, Hasan o Ahmad). A veces llevaba antepuesto un apelativo o kunya, que era una fórmula de respeto. Solía estar encabezado por la palabra Ahu (padre), que indicaba que un hombre era padre, y había llegado a la madurez. Detrás del iba el apellido o indicación de la filiación, establecido mediante la palabra ibn (hijo de) o him (hija de). Esta parte puede alargarse de forma indefinida añadiendo los nombres de todos los antepasados por línea masculina. El cuarto elemento se refiere al nombre de la tribu, o bien la ciudad o región de la que procedía, y va precedido del artículo al (p. ej., al-Qurashi, de la tribu de Quraysh, o al-Shatibi, de Játiva). Finalmente el sobrenombre, que podía referirse a una cualidad física, al cargo que desempeñaba o un título honorífico para personajes importantes (al-Mansur, el Victorioso, castellanizado como Almanzor). Cualquiera de estas partes puede servir para designar a una persona, para evitar la mención del nombre completo. La mayoría de los habitantes de la Península Arábiga hablaba los diversos dialectos de la lengua árabe, perteneciente al grupo de las lenguas semíticas. Coexistían con otras lenguas como el arameo, en los territorios dominados por Bizancio, el copio en Egipto o el persa en las zonas dominadas por el Imperio Sasánida.

1.2. Los estados preislámicos: Himyaríes, Gas sanies y Lajmíes

Hacia el s. VI los imperios sasánida y bizantino se repartían la influencia y el territorio de los grupos más pequeños de la Península Arábiga a través de una serie de poderes locales: los Ghassaníes y los Lajmíes, antiguas tribus yemeníes emigradas hacia el norte de Arabia, y los Himyaríes, al sur. La lucha entre ambos imperios por el control de las rutas comerciales árabes, y la necesidad de los persas de una salida al mar, hicieron que se aproximaran a estos grupos tribales. Su control se basaba en la presencia de bases comerciales en Arabia, en la existencia de comerciantes, de predicadores itinerantes y de soldados que servían como mercenarios en los ejércitos imperiales. Los Lajmíes se situaban junto al Golfo Pérsico (actuales Iraq-Kuwait). Su capital era al-Hira. Debían su trono a la designación de los Sasánidas. que los habían establecido como un estado vasallo que sirviera de oposición frente a Bizancio. En el s. VI se convirtieron al cristianismo nestoriano. Sus diferencias con los sasánidas llevaron a su conquista

  • La oración cinco veces al día, a las horas estipuladas. Tras unas abluciones rituales, se orienta hacia La Meca y realiza una serie de postraciones mientras repite s azoras del Corán. El viernes hay oración común en la mezquita.
  • La entrega de limosnas, medio de purificación y de distribuir la riqueza entre los miembros menos afortunados de la comunidad.
  • El ayuno durante el mes del Ramadán. Desde el amanecer hasta el anochecer está prohibido comer, beber, fumar y tener relaciones sexuales.
  • La peregrinación a La Meca, al menos una vez en la vida, durante el último mes del año musulmán. Otras tradiciones, algunas vinculadas a los linajes de La Meca, y otras tomadas del judaismo, se incorporaron a la nueva religión, como la guerra contra los paganos y politeístas (primera acepción del controvertido término yihad), la circuncisión, las normas alimenticias, la poligamia y la endogamia (el matrimonio dentro de la familia extensa, signo de nobleza). De la misma manera, costumbres tribales como la organización del ejército, se incorporaron al nuevo Estado. A partir de la sumisión de las tribus del Hiyaz (630), los clanes del resto de Arabia mandaron legaciones al profeta y aceptaron convertirse al Islam, a cambio de garantías de no agresión y defensa mutua. A la vez, remitían una limosna regular a la comunidad. Antes de su muerte, Mahoma realizó la llamada “Peregrinación del adiós" a La Meca, en la que estableció los ritos de este precepto, que seguirían después todos los musulmanes. Falleció en Medina en junio del 632.

2. LA SUCESIÓN DE MAHOMA: LOS CALIFAS ORTODOXOS (632-661)

El principal problema al que se enfrentó la comunidad islámica a la muerte del profeta fue la transmisión del poder, al no nombrar sucesor. Ni siquiera existía una comunidad de intereses entre los grupos que habían apoyado a Mahoma en un primer momento (los que huyeron con él de La Meca, los medineses, los qurayshíes y las demás tribus árabes). Una solución de compromiso, eficaz en un principio, fue el recurso a los primeros musulmanes, compañeros del profeta y unidos por lazos matrimoniales a la familia de Mahoma. El primero fue Abu Bakr (632-634), padre de Aisha, esposa favorita de Mahoma, quien obtuvo el juramento de los que se habían reunido para deliberar, iniciando el periodo de los llamados califas ortodoxos o perfectos (rashidun). Tampoco quedaba claro el tipo de autoridad que los sucesores debían ejercer, pues su título de vicario o lugarteniente de Dios (jalifat-Allah) tenía capacidades políticas y religiosas, lo que ha llevado a considerar al Islam como una verdadera teocracia. Abu Bakr hizo frente a un intento de las tribus de desvincularse de los pactos establecidos, buscando sus propios cabecillas. Las luchas que siguieron, conocidas como guerras de apostasía a pesar de la todavía escasa penetración del Islam en las tribus colindantes, restablecieron el caudillaje del califa. Acto seguido. Comenzó la llamada expansión islámica, al dirigir a las tropas hacia las fronteras sirias con Bizancio. Esta política fue continuada con gran éxito por su sucesor, Umar (634-644). Durante su reinado, caracterizado por la adquisición de nuevos territorios para el Islam, los linajes qurayshíes y medineses ostentaron la dirección del Estado y las conquistas, mientras que los clanes coaligados con Medina ocuparon la élite de las guarniciones en las zonas conquistadas. Se creó una secretaría o registro para documentar los nombres de los participantes en las campañas y su retribución, proporcional a la fecha de su conversión y de su incorporación al ejército. Esta visión islámica del califato se oponía a los intereses de los hasta entonces poderosos linajes de La Meca. Asesinado Umar por un esclavo (644), se barajó la sucesión de dos candidatos: Alí, primo de Mahoma casado con su hija Fátima, apoyado por los medineses, y Utmán (644-656), elegido entre los aristócratas del clan Omeya, una rama de los Quraysh. El califato de Utmán es recordado por la compilación del Corán y las acusaciones de nepotismo contra el califa. A la muerte de Mahoma todavía no existía una redacción completa del Corán, aunque se piensa que podían existir fragmentos copiados. La muerte de sus compañeros, que lo habían aprendido de él. y la recitación de versiones distintas en Siria, Iraq y Persia hizo necesaria la fijación del texto por escrito. Fue Utmán quien ordenó realizar la versión canónica y eliminar las versiones discordantes. El califa encomendó el gobierno de las provincias a miembros de su propia familia con sus comitivas, y practicó una política que favorecía los intereses de las tribus de La Meca. Las guarniciones de Cufa y Basora, en Iraq, y las de Egipto se rebelaron contra tal imposición. También se resistieron a su participación en las rentas de las tierras que habían pertenecido a los emperadores sasánidas, lo que originó nuevas medidas fiscales por parte del califa para contentar a los recién llegados. Todo llevó a la ruptura y posterior asesinato de Utmán. La situación dejaba el camino libre al otro candidato, Alí (656-661), proclamado inmediatamente califa. Los qurayshíes, que no esperaban su apoyo, se agruparon en torno a Aisha, viuda de Mahoma, y se dirigieron a Basora a buscar refuerzo, mientras Alí hacía lo propio en Cufa. El enfrentamiento en la Batalla del Camello (656) se saldó con la

derrota de los qurayshíes, el retiro definitivo de Aisha y el triunfo de Alí, que pudo nombrar gobernadores para Basora y Egipto. A partir de entonces, el califato se guió por una autoridad más carismática y el reconocimiento de la igualdad de todos los creyentes, unos postulados que ninguna de las élites estaba dispuesta a aceptar. En Siria, el gobernador Muawiya, de la tribu Omeya, primo del califa Utmán, reclamaba venganza por su muerte y se proclamó líder de la oposición. Ambos grupos se enfrentaron en la primera guerra civil del Islam, que culminó en la Batalla de Siffín (657). Aunque se luchó encarnizadamente, los partidarios de Muawiya enarbolaron páginas del Corán en sus lanzas y, asustado por violar el texto sagrado, Alí se vio obligado a aceptar un arbitraje. Lo que se discutía no era su derecho al califato, sino su posible implicación en la muerte de Utmán y la legitimidad de las quejas de los Omeyas. Se eligió un representante de cada bando para dirimir la cuestión y se les dio un año; tiempo suficiente para que el partido de Alí se dividiera. Los jariyíes (“los que se han salido”) -que rechazaban la posibilidad de llegar a un consenso con Muawiya y opinaban que el arbitraje se había aceptado con pocas contrapartidas a cambio, cuando la batalla se estaba ganando- se enfrentaron a Alí, en un intento de conservar sus prerrogativas como primeros conquistadores. Más adelante formarían un movimiento religioso radical. Uno de sus miembros fue el encargado de asesinar a Alí.

3. EL CALIFATO DE DAMASCO (661-750)

3.1. La dinastía Omeya (661-750)

A la muerte de Alí. la cuestión del califato volvió a quedar en suspenso, pues seguía sin haber acuerdo sobre quién debía ostentar la dignidad de califa. Hasta entonces se había elegido por medio de una asamblea (shura) con predominio de miembros de las grandes tribus, y luego era confirmado por la comunidad de creyentes. Había partidarios de que fuese un miembro de la familia de Mahoma, considerada un verdadero linaje sagrado, pero aun dentro de ella había numerosas posibilidades: los hijos de Alí y Fátima o su descendencia; hijos de Alt con otras mujeres, u otros miembros de la tribu Quraysh. Muawiya reclamó sus derechos, basando su legitimidad en que procedía de un miembro de la estirpe de los Quraysh. Fue proclamado califa en Jerusalem y eligió Damasco como capital. Dos fueron las ramas de la familia omeya que ostentaron el poder sucesivamente: los sufyaníes (tres califas) y los marwaníes (once califas). Durante su dominio se puso fin a las grandes conquistas del Islam y se inició la organización interna del califato, tomando como modelos a los imperios bizantino y sasánida y la administración de cada uno de los territorios que se iban conquistando. Muawiya introdujo la innovación más importante en cuanto al sistema sucesorio: la sucesión hereditaria del hijo o del hermano del califa, mediante la confirmación de los jefes de las tribus, que debían prestar juramento de fidelidad al heredero, en vida de su antecesor, para evitar peligrosos momentos de transición. Esta medida fue muy criticada por la mayoría de la sociedad, acostumbrada al antiguo sistema tribal de sucesión, que permitía mayor flexibilidad. Dos fueron los principales grupos de peligrosos opositores que consideraban a Muawiya un usurpador, ambos nacidos en el entorno de Alí. A partir de entonces tomaron las armas cada vez que la sucesión planteaba un problema:

  • La familia de Alí y su entorno más cercano se agruparon en la secta conocida como la Slu'a o Chiísmo. Uno de los hijos de Alí, Hasán, renunció a sus derechos y aceptó al nuevo califa, pero Husayn encabezó una rebelión y fue ajusticiado, y considerado mártir por sus seguidores.
  • El otro grupo, formado por los jariyíes, desarrolló una teoría política según la cual el califato no tenía por qué ser ejercido por un miembro de la tribu qurayshí. sino por el musulmán mejor cualificado. Fueron grandes opositores del califato omeya, localizados sobre todo en el Golfo Pérsico y el Norte de África. Por oposición, los partidarios de Muawiya y de la sucesión dentro de la tribu de los Quraysh se llamaron sunníes. Con la muerte del nieto de Muawiya se terminó la rama sufyaní de los Omeyas. Durante un breve tiempo hubo dos califas, nombrados por diferentes facciones: Marwan. que restableció el gobierno omeya fundando la rama marwaní de la familia, e Ibn al-Zubayr. hijo de uno de los compañeros de Mahoma. Ambos se enfrentaron en la segunda guerra civil. Las tribus árabes habían sufrido para entonces un proceso de reagrupación mediante alianzas. que comportó en la división del Estado en dos grandes confederaciones o grupos. Los qaysíes (del norte) y los yemeníes (del sur), quedaron agrupados en el ejército y en la sociedad, por medio de vínculos de familia, reales o ficticios, y su apoyo a uno u otro califa condicionó el gobierno de la dinastía a partir de entonces. Los qaysíes, que apoyaban a Ibn al-Zubayr, fueron vencidos en la batalla de Mary Rahit (684) por los yemeníes partidarios de Marwan, que estableció así la segunda rama de la familia omeya. A la vez, se sofocó una revuelta chiíta en Cuta, en torno a uno de los hijos de Alí. Abd al-Malik (685-705) se benefició de los éxitos militares de su padre Marwan, y su califato fue uno de los más prósperos del periodo. La cuestión sucesoria se consolidó con la sucesión de varios hijos suyos, las conquistas

(Córdoba). A la cabeza de la administración provincial figuraban una autoridad militar, normalmente árabe, y una fiscal, normalmente un cliente de alto rango vinculado a la población indígena. La gran provincia administrativa de Siria, dependiente directamente de los omeyas y corazón del califato, quedó dividida en cuatro provincias militares (yund, plural aynad): Emesa, Damasco, Jordania y Palestina. a las que se unió durante el gobierno de Yazid I, Qinnisrin (Shalkis). Su localización iba de norte a sur por la costa, y cada una disponía de sus puertos, favoreciendo la defensa contra los bizantinos. En torno al califa un aparato administrativo se ocupaba de la centralización progresiva del gobierno. Abd al-Malik, obligó a usar el árabe como lengua de la administración central del Estado-los registros hasta entonces en griego y pahlaví según las zonas-, reformó la moneda, abandonando los tipos bizantinos y persas, y convirtió Jerusalén en un gran centro religioso paralelo a La Meca y Medina.

4. CARACTERÍSTICAS DE LA EXPANSIÓN ISLÁMICA (632-750)

Los factores que impulsaron una migración de tal magnitud y dinamismo, apoyada por las armas, fueron de lo más diversos. Se ha hablado de superpoblación y cambio climático en la Península Arábiga, y de un ardor religioso extremo. Sin embargo, la coyuntura política y social contribuye a explicar su triunfo. Los sasánidas habían sido derrotados por el emperador bizantino, Heraclio, dejando libre a los musulmanes la Arabia oriental y meridional, y los reinos tapón entre ambos poderes habían desaparecido, acabando con las fronteras militares de la zona. Por otra parte, se apoyaron en la colaboración de la población autóctona, agobiada por los altos impuestos de bizantinos y persas, y las diferencias religiosas que enfrentaban a monofisitas y ortodoxos. Contribuyó a ello la flexibilidad del estatuto de protegidos (dinimíes), otorgado a cristianos y judíos, que les permitía mantener su religión y sus tierras a cambio del pago de impuestos especiales: el territorial (jai ay) y una capitación ( yizya). La superioridad militar de los invasores quedó demostrada por su buena organización bajo los jefes militares qurayshíes y medineses, a pesar de su número moderado. El registro creado por Umar facilitó su distribución, que seguramente no respetó del todo la división tribal, para evitar un exceso de concentración de poder en manos de jefes locales. Su gran movilidad, apoyada en el dominio de las antiguas rutas caravaneras, les permitía colocar campamentos (anisar) en puntos estratégicos, donde se acuartelaban las tropas y se procedía al reparto del botín. La expansión del Islam por la cuenca mediterránea y Asia, durante su primer siglo, puede dividirse en cuatro periodos, frenados por una serie de etapas de conflicto interno, la última de las cuales fue definitiva.

4.1. Primera expansión (623-656)

Desde la creación del Estado de Medina por Mahoma hasta el fin del poder de los califas ortodoxos. Se consiguieron Arabia. Siria, Iraq, Egipto y algunos territorios en Irán gracias a la migración de algunas tribus y a las campañas anuales desde las bases militares. Durante el reinado de Umar se fundaron las tres principales ciudades de acantonamiento de tropas, que serían el punto de partida de la siguiente expansión: Basora, Cuta y Fustal (El Cairo). La principal conquista fue Jerusalén (635-637), que se convirtió en lugar santo de peregrinación para los musulmanes. Terminó con la primera guerra civil (656-661) entre Alí y Muawiya, durante la cual tuvo que firmarse una tregua con Bizancio.

4.2. Segunda expansión (661-683)

Tiene lugar bajo los primeros omeyas, que impulsaron una política imperialista de conquistas de mucho más amplio espectro que la anterior. Se conquistó la mayor parte de Túnez y el Jurasán, aunque Túnez se volvió a perder durante unos años. Se acuñaron monedas en los nuevos territorios, y los ejércitos sirios fueron utilizados como colonizadores de los nuevos territorios. Fue detenida por la segunda guerra civil (683-692) entre Marwan e Ibn al- Zubayr, firmándose una nueva tregua con Bizancio.

4.3. Tercera expansión (692-718)

Durante el califato de los marwaníes se produjo una nueva oleada de conquistas en el Magreb, la Península Ibérica, Transoxiana y el Sind (India), que se detuvieron por la terrible derrota ante los muros de Constantinopla en 717-718. Los conflictos sociales entre antiguos y nuevos musulmanes dificultaron la integración de todas estas zonas en el califato. Hasta el año 720, el califa Umar II ordenó el completo cese de hostilidades, una medida sin precedentes, para intentar reorganizar política y socialmente la nueva amplitud de sus posesiones.

4.4. Cuarta expansión (720-740)

El intento de ampliar los límites del califato omeya mientras se desarrollaban las luchas por la sucesión al trono no tuvo efectos territoriales importantes, pero sí era necesario desde el punto de vista de la propaganda de la dinastía. Se avanzó por el Norte de África, el Cáucaso y Transoxiana, pero hubo dificultades desde los primeros ataques. La revuelta de los bereberes norteafricanos (740) demostró la imposibilidad de mantener la política de conquistas, y los disturbios que precedieron a la caída de los omeyas concluyeron la expansión islámica. Después de la conquista, se planteó la emigración de población musulmana a las nuevas zonas; primero se procuró que se desplazaran los beduinos, pero más adelante los árabes se establecieron como una élite militar, que dirigió la creación de campamentos fijos para las tropas beduinas, en los nuevos dominios. Los árabes establecieron también cordiales relaciones con las élites locales, a veces mediante pactos y matrimonios, y se procuró que la población autóctona sufriera pocas molestias. Mientras tanto, se adaptaba la economía de cada región a las nuevas necesidades, por ejemplo, se secaron pantanos o se irrigaron zonas cerca de las grandes ciudades de nueva fundación para que su aprovechamiento agrícola proporcionara alimentos a los habitantes.