Vista previa parcial del texto
¡Descarga Texto 6 (Trabajo) y más Guías, Proyectos, Investigaciones en PDF de Lingüística solo en Docsity!
Amparo Tusón Valls Análisis de la Conversación (5) Editorial Ariel, S.A. Barcelona “Anal Vicente Morales Diseño cubicr Título oxiginal: i de la conversa Versión en español + de la propia autora 1.“edictón: mayo 1997 ro Tusón Valls 0.1997: Am] Dé 's exclusivos de edición en cspañal reservados para fodo cl mundo; O 1997: Editorial Ariel, S, A, Córcega, 270 - 08008 Rarcelona ISBN: 84-344-2804-0 Depósito legal: B. 19.634 - 1997 impreso cn España 1997. — Talleres LIRBERDÚPLEX, $. L. Constitución, 19 - 08014 Barcelona Ninguea pate de esta publicación, incluido el disofió. ¿37 de la cubierta, pueda ser repradincida, alowcenada o friisini gust mi por singún medio, yu aca ciéchio 7 químico, mecúnico, óptico, de grabación o de Folotópia, sin permiso previo del exitor. | A mi madre, Ascensión Valls, que me ha enseñado a reír con las palabras y «a respetar los silencios. modalidades; con especial énfasis en la oral, vamos a dedicar las próximas páginas. 1.1. Hablar y escribir en el individuo y en la especie humana Quienes usamos de forma habitual el código escri to (para leer, estudiar, hacer resúmenes O informes, tomar notas, etc.) tendemos u considerar que sería imposible vivir en un mundo en el que no existiera la escritura, tenemos ura isnagen «gralocéntrica» de la. vida. Para Lratar de evitar, o de poner en su lugar, ese grafocenlrismo, propongo que echemos una rápida inirada hacia el lugar que han ocupado el habla y la escritura en la historia de la especie humana y el que ocupan en la historia individual de las personas. Se considera que la especie humana «habla» desde hace más o menos un millón de años (De Mauro, 1980), o, si se quiere poner en términos de generaciones, han pasado 50.000 generaciones (Halliday, 1985) desde que la especie humana empezó a hablar. La escritura (logo: grálica) aparece hacia el año 3300 antes de nuestra era en Mesopotamia (J. Tusón, 1996) y el primer alfabe- * ta data del segundo milenio antes de nuestra cra. Así pues, podemos decir que la humanidad, durante un 99,5 % de su historia, Únicamente ha utilizado la moda- Bidad oral del lenguaje (Halliday, ibéden). Por otro lado, es fundamental tener en cuenta que en todas las culluras existe la modalidad oral de la len- gua, mientras que no todas las culturas poseen un códi- go escrito (un caso especial lo constituyen las llamadas «lenguas muertas», que Snicamente «sobreviven» g7a- cias al código escrito, código que, por otra parte, es ini- maginable sin los usos orales que en su momento hicie- ron posible una escritura). Hasta la aparición de la imprenta en el siglo xv, sólo una pequeñísima minoría utilizaba la escritura, y hace veinte años un 40 % de la 18 al E 8 E Z población mundial cra analfabeta, porcentaje al que Lay que añadir un 25 % más que apenas dominaba cl código escrito o que prácticamente no lo usaba (De Mauro, 1980). Además, actualmente, existen cunicia- res de lenguas que no tienen un sistema de escritura pero que, lógicamente, son usadas por sus hablantes para hacer - hablando— todo aquello que necesitan y que exige el uso de la palabra. Respecto a la historia individual, todos sabemos que cualquier persona, si no tiene una deficiencia física o psíquica que se lo impida, aprende a hablar durante los primeros años de su vida por el simple hecho de vivir rodeada de gente que habla. De hecho, sia los cin- co años una persona no habla, eso sc considera un sín- toma de aleún problema físico o psíquico. Pasada esa edad resulta extremadamente difícil —casi imposiblo— aprender a hablar. Una triste prueba de lo que estamos diciendo son los casos de los llamados «niños lobax, niños que han sido abandonados en el hosque o en la selva, que han sobrevivido entre animales y que han sido encontrados al cabo de unos cuantos años. Esas personas no hablan, resulta muy dificil que aprcadan y nunca llegan a hablar como lo haría otra persona que hubíera crecido en un grupo humano (recordemos, sabre este Lera, la bella película de Trulfau Lenfart Savage). La escritura, por su parte, es un código que 10 se aprende de forma espontánea, sino que requicro un aprendizaje formal. Incluso existe una institución so- cial —la Escuela— que tiene como uno de sus objetivos primeros la enseñanza y el aprendizaje del código escrito (la lectura y la escritura). Y no lodo el mundo lco y escribe (sobre todo no todo el mundo escribe), Si miramos a nuestro alrededor con un poco de atención, descubriremos a bastantes personas que pueden pasar días y días sin escribir y leyendo muy poco. 12. Elablar y escribir. Algunas diferencias importantes Vamos a tomar como puntos de referencia la con- versación ordinaria, de un lado, y la prosa expositiva, de otro, como las manifestaciones más habinales y típicas, respectivamente, de la oralidad y de la escritura. ABLAR La conversación cara a cára siempre tiene higar en un tiempo y en un espacio determinados, que son comunes a las personas que hablan, quienes, a su vez; para poder comunicarse tienen gue comparlir un cierto conjunto de sus conocimientos. Esas personas (a quic- nes podemos llamar hablantes, interlocutores, actores, corwversadores o participantes) presentan en esa situa- ción unas características específicas (físicas, sociorul- turales, psicológicas, lingitísticas, etc,). Los interlocuto- res tienen que actuar de manera coordinada en diferen- tes niveles. Puesto que el habla consiste en una serie de sonidos emitidos en una secuencia temporal, la pro- ducción sonora tiene que tener un ritino que haga posi- ble la percepción auditiva. Se han realizado estudios que demuestran que somos capaces tanto de producir como de percibir un proraedio de 150 palabras por minuto. Quien está haciendo uso de la palabra tiene que asegurarse de que lo que está diciendo es oído y entendido por su audiencia; para ello ha de prestar atención a sus gestos, a sus vocalizaciones y tendrá que repetir o parafrasear lo que está diciendo si ve que no le entienden. Á su vez quien escucha tiene que emitir señales que vayan guiando a quien habla e, incluso, puede pedir que vaya más despacio o que repita lo que ha dicho. Al hablar no se puede tachar y volver a empe- zar, la única manera de «corregir» es seguir hablando (todos tenemos la experiencia de alguna ocasión en la 20 que hubiéramos agradecido mucho poder «borrar» lo que acabábamos de decir). En el uso oral de la len gua os habitual que abunden las repeticiones, las pará- frasis que contribuyen a asegurar, a través de la redun- dancia, que la información se procesa adecuadamente. Por compartir el mismo contexto espacial y tempo- ral y por estar presentes, cara a cara, los interlocutores no tienen que hacer uma referencia léxica explícita al tiempo y al lugar en los que están hablando y que toman como punto de referencia. Fso explica la abun- dancia de delcticos (o señalizadores) que aparecen en la conversación espontánea, Deícticos personales: yo, tú, élella...; defeticos espaciales: aquí, allí, aht...: defeti cos temporales: hoy, ahora, mañana, después... Piezas lingúísticas «ligadas al momento de la cuunciación» (Blecua, 1982) cuyo significado depende de quién lo dice, dónde lo dice y cudndo lo dice. Los participantes, para poder conversar, parten de un cierto conocimion- to cuinpartido, lo que les permite utilizar palabras con. poco contenido léxico como eso, cosa, hecho, problema, etcétera. Repeliciones, parálrasis, defeticos, hiperóni- 1nos o comodines contribuyen a configurar algo espe- cialmente característico del uso oral: la baja densidad léxica (Perera, 1984). Un aspecto fundamental de la modalidad oral es la prosodía. La entonación, las pausas entre gripos meló- dicos y el acento de intensidad nos sirven para diferen- ciar estructuras o palabras. Gracias a la entonación dis- tinguimos las oraciones enunciafivas de las interro- gativas; por ejemplo, distinguimos entre Juan vendrá merñana, dicho con entonación descendente, y ¿Juan vendrá mañana?, dicho con entonación ascendente, Ob- servemos el siguiente caso de dos enunciados a) y h) cuya diferencia radica en la realización de una pausa tras el adverbio no: a) No hace falta: que estudiéis más. b) No. Hace falta que estudiéis más. 21 interacción que pueden ayudar a identificar una cierta actitud en quien la adopta (timidez, atrevimiento, segu- ridad, sumisión, agresividad, solidaridad...). La distan- cin que establecemos con el resto de los parlicipantes en la interacción