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textos julio cortazar, Apuntes de Periodismo

Asignatura: Redaccion Periodistica: Generos narrativos y dialogicos, Profesor: Sorela Pedro, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2015/2016

Subido el 16/12/2016

beatriz_lopez_castanares
beatriz_lopez_castanares 🇪🇸

3.3

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JULIO CORTÁZAR
EL CANTO DE LOS CRONOPIOS
Cuando los cronopios cantan sus canciones preferidas, se entusiasman de tal manera que con
frecuencia se dejan atropellar por camiones y ciclistas, se caen por la ventana, y pierden lo que
llevaban en los bolsillos y hasta la cuenta de los días.
Cuando un cronopio canta, las esperanzas y las famas acuden a escucharlo aunque no
comprenden mucho su arrebato y en general se muestran algo escandalizados. En medio del
corro el cronopio levanta sus bracitos como si sostuviera el sol, como si el cielo fuera una
bandeja y el sol la cabeza del Bautista, de modo que la canción del cronopio es Salomé desnuda
danzando para los famas y las esperanzas que están ahí boquiabiertos y preguntándose si el
señor cura, si las conveniencias. Pero como en el fondo son buenos (los famas son buenos y las
esperanzas bobas), acaban aplaudiendo al cronopio, que se recobra sobresaltado, mira en torno
y se pone también a aplaudir, pobrecito.
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JULIO CORTÁZAR

EL CANTO DE LOS CRONOPIOS

Cuando los cronopios cantan sus canciones preferidas, se entusiasman de tal manera que con frecuencia se dejan atropellar por camiones y ciclistas, se caen por la ventana, y pierden lo que llevaban en los bolsillos y hasta la cuenta de los días.

Cuando un cronopio canta, las esperanzas y las famas acuden a escucharlo aunque no comprenden mucho su arrebato y en general se muestran algo escandalizados. En medio del corro el cronopio levanta sus bracitos como si sostuviera el sol, como si el cielo fuera una bandeja y el sol la cabeza del Bautista, de modo que la canción del cronopio es Salomé desnuda danzando para los famas y las esperanzas que están ahí boquiabiertos y preguntándose si el señor cura, si las conveniencias. Pero como en el fondo son buenos (los famas son buenos y las esperanzas bobas), acaban aplaudiendo al cronopio, que se recobra sobresaltado, mira en torno y se pone también a aplaudir, pobrecito.

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CONTINUIDAD DE LOS PARQUES

INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA AL RELOJ

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan - no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj. Instrucciones para dar cuerda al reloj Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan. ¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

ALGUIEN QUE ANDA POR AHÍ