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Historia del Tifus Exantemático en Ecuador: Descubrimiento hasta la Era Quimioterapia, Monografías, Ensayos de Investigación Cualitativa

Una reseña histórica sobre el descubrimiento y la evolución de la comprensión sobre el tifus exantemático en el ecuador. Comienza en 1892, cuando netter y thoinot sugirieron que el piojo podía transmitir la enfermedad. Posteriormente, en 1915, se reportó la primera defunción por tifus exantemático en quito. El documento también detalla las contribuciones importantes de autores como nicolle, conor, comte y conseil, ricketts, prowazek, y da rocha lima, y la importancia de la reacción de weil-felix. Además, se discute la polémica sobre la existencia de la enfermedad en el ecuador en 1915 y la importancia de la vacunación antitifoidea. Finalmente, se describe el papel del servicio sanitario en la lucha contra el tifus exantemático a partir de 1940.

Tipo: Monografías, Ensayos

2022/2023

Subido el 28/12/2023

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¡Descarga Historia del Tifus Exantemático en Ecuador: Descubrimiento hasta la Era Quimioterapia y más Monografías, Ensayos en PDF de Investigación Cualitativa solo en Docsity!

Dr. LUIS A. LEON, Profesor P rincipal de M edicina T ropical

\ i

Relacion C ronologica del Tifus

  • refr - ..

Exantematico en el Ecuador ( i )

, La ihistoria de esta peste en el Ecuador, ha sido inexacta, y superficialm ente tratada, y la gran deficiencia en el conocim ien- to de su pasado ha dado lugar a que hasta hace veinte anos se dude y aun se niegue su existencia en el pais, quiza, o'lvidando que ha sido desde epocas inm em oriabies el azote de nuestros pueblos serraniegos. Se ha discutido mucho acerca de la p a te rn id a d de este fla - gelo: unos le han considerado como autoctona de A m erica, otrqs, como orig in a ria de Europa, y otros, como oriunda del lejano O riente. En Espana se le ha venido conociendola con el nombre de tabardiflo desde 1577, con m otivo del gran brote epidemico que azoto a toda la Peninsula, y que fue objeto de estudio por los mas destacados medicos de Espana y de los demas paises de Eu ropa. Luis del Toro publico en 1574 las primeras observaciones, con el titu lo de De febri epidemiea st novore quce Ictine punticu- lis, yulgo fabardillo et pintas dicitur, nature conditios, et medela,

1574 , y en dicho estudio sostenia que desde 1490 bubo casos y

brotes epidemicos a consecuencia de haberla im portado los sol- dados que volvian de Chipre, despues de la toma de Granada por los Reyes Catolicos. ( I I ).

( I ) El T ifu s Exantematico constituyo tem a o fic ia l de las Terceras J o rn a - das M edicos Nacionales. Un extracto de este trab a jo fue presentado y lefdo en dichas Jornadas. , ( I I) L. A lbaladejo. T ifu s E xantem atico y otras 'Rickettsiosis E x a n te m a ti- cas, pag. 16. M ad rid. M C M X L I.

V illa lb a en su Epidemio'logfa Espano'la, afirm aba que por el ano de 1606 el ta b a rd illo hacfa tales estragos en Espana, que per- petuaron la m em oria de aquel desgraciado ano con el mote v u l gar de ano de los tabardillos. Segun el Dr. Nicasio M a rica l, la pa- la'bra ta b a rd illo tiene una etim alogla em inentemente c ie n tffic a : para el " la palabra tabardil'lo, es h ija y sinonima de febris tabi- fica de los antiguos, viene de tabes ardens, fiebre pestilente, ar- dorosa, que causa corrupcion, de donde vino el verbo taberc, em- ponzonar, corrom per". Los term inos tabardillo y tabardete fueron introducidos a la Am erica por los conquistadores; pues, desde fines del siglo X V I, en todas las colonias de habla espariola se venfan aplicando di- chos term inos al tifCf5“ exantem atico; una ojeada de la historia de esta enfermedad en M exico, Guatem ala, Peru y Chile, nos ha- ra convencer de su vieja existencia en A m erica y, opreciar su ac- cion d0vastadora, especialmente entre los aborigenes y chape- tones.

LAS PESTILENCIAS EN LA EPOCA PRECOLOMBINA

El ilustre indio Phelippe Gusman Poma de Ayala (1, pag. 6 2 ), al a nalizar el gobierno del Im perio de Tahuantinsuyo d u rante la tercera edad de los Hamados Purun-runa, que se m u lti- plicaron de unari-uiracocha-runa, se presento — dice—- una pes- tile n cia que acabo con mucha gente. Los filosofos indios, llam a- dos camasca amanta runa (hombre sabio y o rdenad or), anun- ciaron por medio de los quipos, que habian de sucederles los re- yes de otras naciones del mundo, y ademas hambre, sed, muerte de gente, guerras, pestilencias. (Pag, 7 2 ). Segun dicho autor, en tiem po de los "y n g a s " el Dios los ccistigaba con erupciones vol- canicas y con pestilencias. Durante el reynado de giiayna capac ynga se presento pestilencia de "s a ra n p io n " y "b irg u e la s ", con 'las que m urieron mucha gente; este historiador y sociologo indio anade: "e l ynga dizen quese avfa m etido en una cueva depiedra de m iedo de la pestilencia y de la muerte y alii dentro se murio". (Pag. 2 8 6 ) ". 1530.— Acerca de esta gran epidem ia, el doctor La- voreria, da esta version: " A principios del siglo X V I, durdnte el rei.nado de Huaynacapac estallo una form idable y m ortffera epi demia exantem atica, m uriendo el propio monarca en Tomebom- ba (E cuador), e!l general M ihacnacam ayta, otros muchos capi-

Hqcer la historia de los piojos, es hacer la historia del tifu s epidemico. A n to n io de Herrera ( I I I ) al hablar de los pormenores de la conquista de M exico y de la prision de M ontezum a, nos re- fiere que "e n tra n d o Alonso de Ojeda, por ciertos apocentos hallo en uno muchos costblejos de codo llenos, y bien atados: tom o uno y sacole fuera, y abriendolo delante de algunos de sus compane- ros, ha llo que estaba lleno de piojos: y afirm ando que era verdad, le ataron de presto; y espantados de aquello extraneza contaron- lo a Cortes, el que pregunto a M a rin a , y a A g u ila r, lo que querfa decir cosa ta n nueva. Respondieron que era tan grande la sumi- sion, que al Rey hacfan todos, que el que de muy pobre, o enter- m o no podfa trib u ta r, estaba obligado a espulgarse cada dla, y guardar los piojos, para tributarlos, en serial de vasallage; y co- m o habfa gran numero de Gente men'uda, asf habfa muchos Cos- talejos de piojos". Cienza de Leon (IV ) nos relata tam bien que cuando visito la v illa de Pasto, los indios de este sector "a si ellos como todos los demas que se han pasado son tan poco asquero- sos, que cuando se espulgan’ se comen los piojos como si fueran pinones". De los indios de la Isla Espanola ( H a iti); Fray Barto- lome de las Casas (V) se expresaba: "Los vecinos naturales in dios desta islq criaban en las hamacas sus camas, y tam bien en la cabeza hartos piojos". Refiriendose a estos mismos indios, el Cronista M ayor de las Indias, A n to n io de Herrera, nos inform a: "E n mudhas provincias de estas Indias no usa'ban Peines, y don- de no los tenian echaban los piojos en el suelo, o en el fuego, a donde se lim piaban de ellos con la m ano, que los hacian las M u - jeres a otras, porque raras veces espulgaban el Hombre a, nadie, y tam bien se los echaban en la boca, ho porque tuviesen gusto de ta l suciedad, sino porque trayendo todos tan .grandes cabellos, es d ificultoso tom arlos y teniendo la una mano ocupada en ir siguiendo, y abriendo el cabello, sin levantarla con la otra se se echaban el Piojo en la boca y cuando el Inca mando a los Pas- tos, que pagasen trib u to de Piojos, -porque dijeron que no tenian hacienda, no fue para comerlos, sino por el reconocim iento de

( l | l ) A ntonio de H errera. H istoria General de los Hechos de los Caste^ llanos en las Islas y T ierra Firme del M a r Oceano, escrita en 1554. Editorial G uarania. Tom o III. p<5g. 2 5 2. Asuncion. (IV ) Pedro C ieza de Leon. La Cronica del Peru. Escrita en 1553. Ed. Calpe, Pag. 110. (V ) Fray Bartolom e de las C asas. H istoria de las Indias. Tomo III. A pen- dice cap. X IX , pag. 469. M a d rid. 1927, '

V a s a lla je ". Tam bien Gonzalo Fernandez de Oviedo (V I) al ha- b la r sobre la aparicion de los piojos en algunos ninos, hijos de espanoles, que n adan en las Indias, se expresaba en estos te rm i- nos: "p e ro los1indios si y .muchos en los cuerpos y en las cabe- zas". Pedro M a rtir de Anglerfa (V II) en sus Decadas del Nuevo M undo nos indica que los indios de Cumana "Se comen sin as- co las aranas, las ranas y cualquier gusano, hasta los piojos, si bien en los demas son m elindrosos". He aqui las condiciones en las que vivian nuestros aborlge- nes y el angustioso panorama sanitario, que con relacion al tifu s , encontraron los conquistadores. A su llegada, el tifus*, llam ado tabardillo, tabardefe, chovalongo, y en quichua accelasta, tomo caracteres alarm antes y de cuya difusion y m alignidad nos han hablado Monardes, el Padre Cobo, Juan de Cardenas, Fray Agus- tin F arfan, A n to n io de Calancha, A n to n io de Herrera y muchos otros religiosos y cronistas de la epoca.

EL TABARD ILLO EN LA EPOCA DE LA COLON IA

1582.— El prim er dato de la presencia del ta b ardillo en el Ecuador, nos ha dejado en 1582, el C orregidor y Justicia M ayor del partido de Otavalo, Sancho de Paz Ponce de Leon. A l an a li- za r las causas de la extinsion de los indios de dicho corregim ien- to nos dice: "H anse acabado estos indios con las guerras que tu - vieron con el Ingua cuando los conquisto, y despues con la con- quista de los espanoles y a la postre con ciertas pestilencias, que en estas partes ha habido de sarampion, viruelas y tabarde- te ". (5 ). 1587-1588.— Diego Rodriguez Docampo, en su interesante Relacion del Estado Eclesiastico del Obispado de San Francisco de Q uito, nos da cuenta que el gran te m b lo r que se registro en Q uito y sus provincias en el ano de 1 5 8 2 " fue pronostico de tfa peste general que hubo en estas provincias, de ta bardillo, virue- ■las y sarampion, ta n grande que duro desde el mes de Juljo de 1587 hasta m arzo de 588. M u rio — nos dice— innum erable gen- te, criollos, hombres y mujeres, ninos e indios, en tan gran nu-

(V I) G onzalo Fernandez de Oviedo y V aldez. H isto ria General y N g tu ra l de las Indias. Publicada en 1 5 3 5 -1 5 5 7. Ed. G uarania. Tom o III. Pag. 172. V I I ) Pedro M a rtir de A ngleria. Decadas del Nuevo M undo. Escrita en

  1. Ed. Bajel. Pag. 6 0 7. Buenos Aires.

que le tributasen canutos de p io jo s " (9, T. I. pag. 7 1 ). M endi- buru en su D iccionario Historic© Biografico del Peru (Tomb T. pag. 386 y Gonzalez Suarez en su H istoria General de la Repu- b lica del Ecuador (Tomo I, pag. 218) nos hablan tam bien de es te saludable trib u to que imponia dicho Emperador y que en A m e rica viene a ser la prim era medida p ro fila ctica contra el tifus. Sin olvidar el problema de la pediculosis del pais en aque-

V lias epocas, continuemos conociendo los estragos del tabardillo.

1611.— En el Apunte Cronologico del doctor Pablo Herrera, se resume el acta del mes de noviembre de 161 1 con estas pala- bras: "E l dia 10 de este mes, se dispuso en el Cabildo que se su- p lica ra al Obispo, Dean y C abildo Eclesiastico, asi como a los Conventos de religiosos, que hiciesen plegarias y procesiones por el ta b a rd illo y sarampion que habia atacado a la. ciudad y moria mucha g&nte". (9, T. I. pags., 7 3 -7 4 ). 1614.— En la ■misma obra a n te rio r encontramos el resumen del;acta de sesion de'I mes de ju n io de 1614, que dice: "E l dia 28 de este mes, d ijo el C orregidor que se debia im plorar la m iseri- cordia divina por medio de oracion y de la intercesion de algun santo, que el Cabildo elija pbr suerte, para que desaparezca la enferm edad o epidemia llamada tabardete que a flijia esta pro- vincia el espacio de mas dfe ve in ticu a tro anos agravandose cada ano y arrebatando al sepulcro una gran parte de la poblacion". (9, T. I. pags. 7 6 -7 7 ). 1614.— Phelipe Guoman Poma de A yala, que durante 30 anos estudio a conciencia el Im perio de Tahuantinsuyo, para es- c rib ir su m aravilldsa obra que la term ino, aproxim adam ente, por el ano 1614, y en la que encontramos descripciones de las ciuda- des de Quito, Riobam'ba, Cuenca, Loja, Portoviejo, y Guayaquil y de las costumbres de sus habitantes, nos troe esta interesante reflexion que hace un zapatero a un religioso: " la camisa oor ser cerca del cuerpo m ortal questando lim p io d e anim a y de con- sencia y muy lim pia cam isacria suciedades y pioxerias comeso- nes prosedia sarna y pestilencia" (1. pag. 6 0 5 ). A que pestilen- cia se referia ei artesano? Si procedia a las piojerias, es logico que sospechemos en el tabardillo. Este concepto se esclarecio solo en 1892 a 1893: cuando N e tte r y Thoinot, al estudiar la epidem ia de tifu s que se presento en aquellos anos, senalaron la posibilidad de propdgarse esta enferm edad por el piojo, idea que Carlos M. Cortezo la sostuvo categoricam ente en 1903, en la Conferencia Sanitaria Internacional de Paris, en la que expuso

que e! piojo era el parasito interm ediario del m icrobio productor ‘ del tifu s exantematico, y que de conform idad con esta manera de pensar habla com batido con exito una grave epidem ia desarro- llada en M adrid, en aquel ano ( V I I I ). Guaman Poma de A ya la , en el calendario que trazo, fija n - do la epoca de las cosechas, las variaciones del tiem po, la apa- ricion de las enfermedades, etc., nos senala que en el mes de Setiembre se presentan las pestilencias y la reuma. De acuerdo con la curva1epidem iologica del tifu s en la Am erica M e ridional, sa'bemos que en el mes de Setiembre suelen registrarse brotes epidemicos de esta enferm edad.

1645. — El Padre Juan de Velasco, que sapo enriquecer su

H istoria con varios datos de interes medico, no dejo de re la ta r la te rrib le epidemia que asolo a la ciudad de Q uito en 1645. "H a - lldbase — dice— aquel ano a flig id a con terremotos participados de la provincia de Riobamba, distante cerca de 40 leguas, desde donde ^Hegaron sus repetidas y violentas convulsiones. Crecio ia consternacion comun con la circunstancia, de encenderse al m is mo tiem po una te rrib le epidem ia a la cual dieron los nombres de a lfo m b rilla y g a rro tillo y con la que m urieron dentro de la ciudad cerca de 11.000 personas, segun los registros citados a l 4 ° de es te lib ro " (10, T. H I, pag. 68'). Este mismo ilustj-e discfpulo de Lo yola, en su obra "H is to ria M oderna del Reyno de Q uito y Croni- , ca de la Provincia de la Companfa de Jesus del m ism o Reyno” nos da mayores detalles de esta deva^tadora peste; despues de hablar sobre el "Espantoso T errem oto en la Provincia de Riobam ba y sus Estragos" nos ofrece esta relacion: "P a rticip a ro n de los estragos varias otras provincias mas rgtiradas; y aun la capital de Q uito, hasta donde llegaron las violentas convulsiones. C re cio oquf la afliccion comun por la circunstancia de encenderse a! mismo tiem po una epidem ia o peste form al, que fue bautizada con los nombres de alfombrilla y garrotillo, de la cual fue rarisi- ma la persona que se libro, y con la cual m urieron muchos m illa - res. De noventa colegiales de S. Luis, solo se Ijbraron tres de la epidemia y m urieron varios. N o se vefan por las calles y plazas, sino cadaveres y ruinas, ni se ofan sino tristes alaridos y lam en- tos. consternada la ciudad con el doblado azote de !la divina jus-

V I U ) J. Estelles S alarich. La Lucha contra el T ifu s Exantem atico. Pag. 2 9. Barcelona. 1944.

vemos a encontrar a la alfombrilla como una de las pestes m a lig nas, ademas de la vfauela, del sarampion y del garrotillo (d ifte - r ia ). En patologfa no existe una entidad nosologica, que cientf- fica o vulgarm ente se Home a lfo m b rilla. Pero tenemos en nuestro lexico este term ino, que segun L. Cardenal y la Academia de la Lengua se apJica a una "E rupcion cutanea y febril parecida al' sarampion” , es decir que con este nombre se conoce a cualquier infeccion exantem dtica, que en nuestro caso es sumamente con tagiosa y grave, que ataca principalm ente a los indios y a la gen- te pobre y desaseada, sin distingos de edad. Por consiguiente, no podia ser otra entidad que el tifu s exantem atico o petequial.

1748. — A n to n io de Ulloa y Jorge Juan al considerar las e r-

fermedades mas frecuentes de nuestros indios expresan que "T am bien son propensos al Bicho, o M ai del V a lle; pero de este — dicen— que curan brevemente. Suelen acometerles a veces, aunque ,raras Fiebre malignas o Tabardillo; cuya curacion es asi- mismo, entre ellos breve y especial: reduce a arrim ar cerca del fuego al enferm o con aquellas dos zaleas, que les sirve de cam a; y ponerle inm ediata una b o tija de chicha; con el calor de la Fie bre y del fuego, que lo aum enta. Se alteran ta n to que cada ins- tante beben: esto les hace prorrum pir, y al dfa siguiente suelen estar buenos o empeorar, para m o rir mas breve" (13, T. II, pag. 5 6 4 ). Estos dos cientfficos espanoles, en el capftulo correspon- diente a las enfermedades reinantes en Q uito, se expresan en es tos term inos: "A u n q u e no se entiende a llf en su propio sentido el nombre de Contagio, ni el de Peste, porque nunca se ha experi- mentado en lo que se entiende aquella A m erica, suele hab'er a l- gunas enfermedades, que lo parecen, y que son muy comunes con el disfraz de Fiebres Malignas o Tabardillo y Pleuresia, o Costa- dos; accidentes que en ocasioneS causan mucha m ortandad " (1 3, T. I, pag. 3 8 5 ).

1759. — A lejandro de H u m b o ld t en su disertacion sobre el

matlazahuatt que asolo el im perio azteca en los anos de 1545 y 1562, y en la que los enfermos vom itaban sangre por boca y na- rices, refiere que estos sfntomas "td m b ie n se han o'bservado en la enfermedad epidem ica que en 1759 corrio por toda la A m e ri ca M eridional, desde Potosi y U ruro hasta Quito y Popoyan, y que segun la description incom pleta de Ulloa, era cierto typhus propio de las regiohes a lta s " (14, T. IV, Libro V, pags. 1 5 6 -1 5 7 ),

1764.— -El senor Alcides A nrlquez nos hace conocer el si- guiente extracto de las actas y comunicpciones del A yuntam iento de Quito, correspondientes al 3 de Octubre de 1764: "E l senor A lferez Real, don Francisco de Borja, puso en conocimiento del Cabildo que como Diputado de dicha Corporacion para asistir a la autopsia de los cadaveres de los que han m uerto a consecuen- cia de la peste reinante en la ciudad y puedfln dar los medicos con la causa y recetar los rem edios", El Cabildo Reunido el 18 del mismo mes acordo: "S in embargo de ser hoy de la fedha fe- riada, atendiendo el lam entable confclicto en que se h all a la c iu dad con el estrago que ha ocasionaao la peste, que ha sobreve- nido hacierido sangrienta carnicerla en innumerables personas que subitamente han muerto, asf en la ciudad como en los luga- res circunveeinos, sin que se haya podido encontrar medicamen- tos que la exterm ine, ni causa die que provenga, aun habiendo hedho la A n atom Ia para su conocim iento; de suerte que no en- contrando otro a rb itro ni recurso que el de im plorar el patrocinio de Ntiestra Reyna y Senora M arfa Santfsima del Quinche, Patro- na especiallsima de Ip peste, para aplacar el azote de la justicia d ivin a que la hp introducido, dispusieron los senores del A yunto- m iento qu,e se haga un novenario solemne con la rogativa acos- tum brada en esta Santa Iglesia C a te d rp l... " (9, T. II., pags. 4 3 6 -4 3 8 ). Que clase de peste era esta? El verdadero medico y sanita- rio de entonees y que le evocamos con veneracion, X avier Euge nio de Santa Cruz y Espejo, nos ha proporcionado de e!la estos valiosos detalles: "En esta provincia — -nos dice— se vio en ano pasado de 1764 por este m ismo tiem po, lo que se llamo mal de manchas o peste de los indios; cuya descripcion hice y tengo aun entre mis manuscritos, y no era sino una de esas fiebres in fla m a - torias, pestflentes, que !habiendose encendido en un co rtijo o ha cienda de los Regulares del nombre de Jesus, ya extinguidos, lla - madd Tanltigua, se extendio por algunos lugares o pueblos de es te d istrito infestando tan solam’ente a los.indios y a algunos mes tizos que perecieron sin consuelo por la im pericia de los que eh- tonces se llam aban tem erariam ente profesores de M e d icin a ". (15, T. II., pags. 3 8 7 -3 8 8 ). Los antecedentes epi^em iologicos que acompanaron al bro- te y los slntomas de la enferm edad, nos !hacen ver claramente que este mal de manchas o peste de los indios, no era sino el ti- fus exantem atico, que en form a epidem ica, de cuando en cuan-

ganizaban para alcanzar la independencia, vinieron tam bien a despertar los brotes de ta b a rd illo , que comenzo a hacer sus estra- gos en ambos ejercitos. Las campanas que se desarrollaron, sobre todo en la Sierra, sufrieron de parte y parte las consecuencias de este flagelo. Rub'ricadas las actas de la independencia no tardaron en anexarse a Colombia, Guayaquil;, Q uito y Cuenca. Con la estabi- lidad de las tropas y la pacificacion de nuestros pueblos, el ta b a rd illo tendio a dism inufr, pero no a desaparecer, segun la do cum entation que existe al respecto, aunque muy escasa.

1826. — Oigamos la voz muy autorizada del eminente m e

dico frances, doctor Abel V ic to rin o Brandin, que estuvo en Q u i to en 1826, y, que conocfa las enfermedades del V iejo y del N ue vo Continente; al tra ta r del clim a de Q uito dice: “ hay fiebres m alignas, tabardillos y pleuresias o costados que en ocasiones causan mortandad1". (1 9 ).

1826 - 1828. — El doctor Jose M arfa A studillo, en su valiosa

y desconocida tesis doctoral "E l T ifus en el Ecuador" tiene este interesante pa rra fo en el capftulo de !la historia de la enferm e dad, en las provincias australes: "L a im portacion de 1a enferm e dad, desde las otras secciones de la Republica, a las comarcas de alliende el Azuay, data probablemente del ano 1825 al 1828, como se desprende de la siguiente re fe re n d a : Don Franctsco Eu genio Tam ariz, Gobemador, Comandante Generai de la Plaza de Cuenca, en vista del te rrib le flagelo que amenazara la ciudad, ante la invasion de una enferm edad contagiosa, que se introdu- cfa por la via N aranjal (dl occidente con direccion a Guayaquil) opto como heroica m edida contra el mal, por ordenar la incine- racion de todos los mesones del Tambo de Quinocrs, que hubie- ron dado alojam iento a tales enfermos; y, que luego se consti- tuyera una comision en ese lugar, con el objeto de im pedir el ingreso de sospechosos, portadores del m al; mas, a despecho de tales medidas, la enferm edad no tardo en hacer su aparicion, sembrando el panico al aviso del te rrib le Tabardillo, c a lific a tiv o cuyo autor se ignora; pero que probablemente debio ser dado por algun medico del enton'ces". (2 0 ,'p a g. 3 ).

EL TABARDILLO EN LA EPOCA DE LA REPUBLICA

A l cabo de ocho anos de haberse anexado a la Gran Colom bia, el Ecuador se constituyo en Estado independiente, y empren-

di6 en el arreglo de todos sus problemas politicos y eConomicos, descuidando el aspecto sanitario, lo cual m otivo la recrudescen- cia de las enfermedades pestilenciales; mientras en la Sierra se- gufa el ta b a rd illo haciendo su agosto, especialmente entre la gente cam pesinah vuelve a aparecer en Guayaquil la fiebre ama- ri I la y despues la disenterfa bacilar, que diezm aron su poblaci6n. Se desencadenan las ambiciones al poder y los odios politicos, que conducen a la guerra fra tricid a , y a la propagacion de sus pestes. En el norte de la Republica, los terremotos, la plaga de las langostas, la sequfa, provocan e!l hambre, la m uerte y la de- solacion, y dan auge a las enfermedades, sobre todo a las virue- las y al tifus, que atacaron con sana y ocasionaron gran m ortan- dad, especialmente en las parcialida'des indlgenas. A fines del siglo pasado, los estudios bacteriologicos de las dotienenterias 'llevados a cabo en Europa con ta n to exito, suges- tionaron tam bien' la mente de nuestros medicos: pues, desde en- tonces, los facultativos ecuatorianos, comenzaron a ver tifoidea en todos los procesos pireticos y petequiales,,olvidandose cada vez mas del viejo y apocaliptico tabardillo, no porque este se ha- ya extinguido, sino porque somos, segun la conveniencia, fa c il- mente i:mpresionables, o completamente escepticos, y porque no disponemos de los medios de diagnostico seguros y convincentes, aun para« las respectivas comprobaciones. \ ■ Sin em bargo en algunos medicos, subsistio de la enferm e- dad el te rrib le recuerdo del pasado, y frente a un enferm o pire- tico, estupuroso y con gran exantema, no dejaban de pensar en i el tifus.

1888. — El doctor Lino Cardenas, por ejemplo, al exam inar

las pesimas condiciones higienicas de la ciudad de Q uito y de sus moradores, tiene estas frases: ,fquien sabe que sinnum ero de microbios ofensivos a la salud tengan aquf su origeri, contribu- yendo de esta manera al desarrollo y m antencion de las epide- i mias, asf se explica la existencia de la tifoidea y el tifu s, cuyo origen se encuentra perfectam ente dem ostrado" (21 ). Como po- demos ver, este d istinguid o profesor universitario, hace un claro distingo entre tifo id e a y tifu s ; por consiguiente estuvo en la con- ciencia de algunos medicos de aquella epoca la existencia de es ta enfermedad. El doctor Angel R. Saenz, en su interesante estudio “ Breves Consideraciones acerca del clim a de la ciudad de Q uito con re- Iqcion a algunas enferm edades", publicado en 1905, nos da a

EL TIFUS EN EL SIGLO X X

1912.— En el cuadro de m ortalidad p o r enfermedades infecto- contagiosas de G uayaquil, el doctor Leon Becerra, D irector Ge neral de Sanidad, en su Inform e Anual, correspondiente al ano de 1912, hace fig u ra r cuatro defunciones por tifu s , senalando, ademas, \ el num ero de defunciones registradas por tifo id e a y otras enfermedades transm isibles (2 4 ). Se deduce, pues, que al senalar asi en un inform e sanitario la m axim a autoridad del Ra- mo, se acepta oficialm ente la-existencia del tifu s exantem atico en el pals. N o esta por flemas indicar que ei doctor Leon Becerra, co mo sanitario y especialista en enfermedades infecto-contagiosas, fue una gloria nacional, y que sus informes merecen por lo mis- mo la aceptacion unanime y nuestra adm iracion por la veraci- dad y firm eza de sus conceptos epidemiologicos.

1913. — El doctor A ntonio C. Perez, que fa llecio prem aturd-

mente y cuya m uerte fue una verda^era perdida para el pais, en sus rnuy im portantes "Observaciones C lfn ica s" (2 5 ), nos hace la descripcion de algu.nas form as de tifoidea que corresponden exactamente al tifu s clasico; pues, senala la facies filo so fa l, hi- pocratica, la m irada fija , vaga y es+upida, la congestion conjun- tiva l, los porpados entreabiertos y pesados, el "sig n o palm o-plan- ta r" , la enorme postracion de los enfermos, la frecuencia de las com plicaciones broncopulmonares y otros datos clfnicos que co- rnentem ente se encuentran en el tifus.

1914 - 1915. — El doctor Leon Becerra, en el Inform e que en

1916 presento como D irector de Sanidad Publica al M in is tro de lo In te rio r y Sanidad, en form a categoric’a hace fig u ra r en el cua- de m o rta lid a d de Guayaquil, las siguientes defunciones por tifu s exantem dtico: 2 en el ano de 1914, y 4 en 191 5 (26, pag. X X ). Como en su Inform e del ano de 1912, senala tam bien las d e fu n ciones habidas por tifoidea; establece un paralelo entre la m o r ta lid a d p o r enfermedades infecto-contagiosas de los anos de 1914 y 1915, e indica que en este ultim o ha aum entado la m o r ta lid a d por Fiebre T ifoidea, T ifo exantem atico, Paludismo, etc., Y en sU parte expositiva dice: "E l T ifo Exantem atico es raro en- tre nosotros; se presento esporadieamente, sin que hasta hoy ha ya ocurrido casos repetidos de esta p ire x ia ". (24, pa^. 1 6 ). 'El doctor Becerra estaba en lo justo, en lo que respecta a Guaya q u il, pero no podfa expresgr lo mismo en cuanto a la Sierra, en

  • prim er lugar, porque el tenfa que haoerse eco de los inform es elevados p or sus subalternos, que se resistfan a incorporar esta

. entidad en nuestra patologfa, y en segundo lugar, porque el doc tor'Leon Becerra no habfa actuado en la ,Sierra, desgraciadameh- te, ta n de cerca para poder formarse un crite rio epidem iologico y clfnico, por lo menos aproxim ado. Sin embargo, en 1915, en una publicacion oficia l se hace constar por prim era vez en el cuadro de m ortalidad de la ciudad de Quito, una defuncion por tifus exantematico. (2 7 ). 1917.— El doctor Luis Espinoza Tamayo, en su tesis docto ral presentada a la Universidad de Laussana, estudia al tifu s co mo entidad nacional,v en la siguiente form a: "Typhus exanthe- matique (T ifo e x a n te m a tic o ). (T a b a rd illo ).— Cette m aladie est tres rara a observer, on ne signale que deux deces pendant I'an- nee 1915 dans la v ille de G uayaquil. On n'en a jamais observe d'epidem ies" (28, pag. 6 5 ). Este cientffico guayaquileno, en su m agnffico trabajo, hace una descripcion de los piojos, senalan- do los cambios de color que sufren dichos parasitos en nuestro medio etnico, segun el color de la piel de sus huespedes, adapta- cion m im etica que habfa sido ya observada por M array. Se preo- cupa, ademas, del grave problema de la pediculosis en los indios y en los escolares y sobre la necesidad de realizar, ta n to en unos como en otros, un tra ta m ie n to a n tiparasita rio obligatorio y ener- gico. Es conveniente —-dice— lla m a r la atenci6n en el sentido de que los piojos no son solo parasitos desagradabfes, sino tam bien huespedes interm ediaries de los germenes del tifu s e xa n te m a ti co y de las fiebres recurrentes. Surgiere tam bien la eonveniencia de luchar contra la abom inable costumbre de los indios de mas- tic a r los piojos que se cogen de I,a cabeza. (28. pags. 3 6 -3 7 ). En este mismb ano de 1917, las salas de clfnica interna del Hospital “ San Juan de D ios" de esta ciudad, como de costumbre, esta'ban llenas principalm ente con pacientes que presentaban un cuadro tifo id e o bastante grave, con el que sucumbfan muchos enfermos; por entonces en dicho hospital se encontraba tra b a - jando su tesis de grado el doctor Francisco Pervan, medico ser- vio, m uy conocedor del tifu s exatem atico, ya que su p a tria habfa sido a m enudo azotada por este flagelo; Pervan diagnostico y sostuvo que dichos pacientes adolecian de tifus exantematico clasico, c rite rio que le reforzo al re a liza r algunos protocolos dfe de autopsia. Sin embargo nuestros medicos, a excepcion de m uy

las experiencias de Ch. N icolle, Conor, Comte y Conseil sobre la trasm ision del tifu s exantem atico a los monos, sobre las inocula- ciones al cobqyo y el papel del Pediculis vestimenti como trasrni- sor del tifu s ; nos i lustra tam bien sobre Ia im portancia de la reac- cion de W e il-F e lix y sobre los descubrimientos del agente por Ricketts, Prowazek y Da Rocha Lima. Finalm ente, el doctor M a lo Crespo llega a estas conclusiones: 1?— En la Provincia del A zuay no existe el TIFUS EXAN TE M A T IC O. 2?— Las form as infecciosas estudiados, son, en la mayorfa de los casos, FORMAS ANORM ALES DE FIEBRE TIFO ID E A , va- riedad exantem atica; y> en su m inorta, PARATIFICAS, debidas al p aratffico A o B " (29). El analisis de este tra'bajo, nos hace entrever que muchos de los casos estudiados bacteriologicam ente por el doctor M a lo eran form as asociadas de tifu s exantem atico y tifoidea, que no son raras en las regiones amagadas por estas dos enfermedades endemo-epidemicas,' y por los caracteres c li- nicos y la evolucion de la enfermedad, podemos tam bien conje- tu ra r que la m ayoria de los casos, estudiados solo sem iologica- mente, correspondfan a tifu s. Las conclusiones a las que habtan llegado los medicos de Cuenca y Guayaquil^ no convencieron a todos 'los facultativos, como vamos a ver a continuacion. Casi a rafz de esta gran polemica, el doctor A ugusto A g u i lera C. (30) presento a la Facultad de M edicina de Cuenca su tesis doctoral, que verso sobre "T ifu s E xantem atico", en la cual epidem iologica y clinicam ente sostuvo la existencia de dicha en ferm edad en la provincia del Azuay. 1921.— En el mes de ju n io de 1921, el doctor Jose M a ria A studillo, a su vez, presento a la Facultad de M edicina de Q ui to su tesis doctoral que verso tam bien sobre "E l T ifu s en el Ecua- do". (20) En la h is to ria de la enferm edad que nos ocupa, este trabajo, como el anterior, tienen enorme im portancia por cuan- to dichos autores llegan a sostener categoricamente la existencia del tifu s exantem atico en la provincia del Azuay; el doctor A s tu d illo que habia cursado sus estudios medicos en la ciudad de Cuenca "b a jo el austero control del antiguo profesor de Clinica Interna, doctor don Nicolas Sojos", en la introduccion de su tesis nos relata que "D fjose que en la capital se habia constatado fo r mas o modalidades clm icas de tifus, que podfan referirse al de- nom inado exantematico; pero la observacion atenta, y la dism i-

nucion de la m o rta lid a d senalada por las estadfsticas, a raiz del tra ta m ie n to por la vacunacion a n titffic a , preparada por el Pro- fesor, doctor Francisco Cousin, en tiem po de epidem ia, c o n fir- maron que se tra ta b a de la dotienenteria: la Fiebre T ifo id e a ". Como veremos despues, este concepto no se podia a p lica r a to- dos los brote's epidemicos, ya que algunos de ellos debran ser de tifu s , que con relativa frecuencia se han presentado y siguen aun presentandose en Quito. El desarrollo de la tesis lo hace el autor.en los 11 capftulos siguientes, que por tratarse de un tra b a jo inedito y por lo mismo, mUy poco conocido, voy a considerar Ips puntos de m ayor interes de cada uno de ellos.

1? Historia. — Despues de in fo rm a r sc^bre el perfodo de apa- ricion del tabardillo, en el Azuay, considera el perfodo de diag- nostico clfnico, con la interrogante de T ifus exantem atico?, en el que analiza un brote que se presento por el ano de 1896, a cuya enferm edad los indfgenas le dieron el c a lific a tiv o de Tispug hun- guig, o mal de la oruga, probablemente — dice— por el sfmil que presenta el exantem a de la enfermedad, con el que produce la picadura de la oruga. Luego analiza el perfodo de duda, hacien- do. un discrim en de las observaciones realizadas en los febrici- tantes que llenan 'las salas del hospital por los meses de Octubre, N oviem bre y D iciem bre (tiempos de sequia por esos lu g a re s ). Expresa que en dichos enfermos vefan: "c a ra congestionada; ojos b rilla n te s y locos; un esbozo de rash en las espaldas, pecho y miembros. D octor Sojos referfamos haber observado desde epo ca inm em orial, segun le habfan hablado sus maestros, esta espe cia l epidem ia, que recrudece en los meses citados, y presenta identicos caracteres clfnicos. Dieronse en llaimarle T ifu s exante m atico, atendiendo unica-mente al sintoma exantem a, y al esta do delirante del paciente". A continuacion dice, que al re a liza r las autopsias, en busca de las lesiones anatom o-patologicas, dos de sus condiscfpulos fueron presas de la afeccion, presentando los sfntomas alarm antes y la evolucion que se observa en el tifus.

2? Etiologia. — Despues de a c e p ta re l contagio directo, in d i- ca que "e l contagio indirecto se ve rifica por interm edio de vesti- dos u objetos infectados por el uso del enferm o y en donde pulu - Ian in fin id a d de piojos y liendres, parasitos que son los agefttes de trasm ision de la in feccion". Se refiere luego a los conceptos