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Este documento analiza el papel central del mercado y la división social del trabajo en el pensamiento económico, explorando el proceso de proletarización y la evolución de los mercados de trabajo durante la revolución industrial. El texto aborda temas como la elección entre diferentes modos de producción, la proletarización de la fuerza de trabajo, la composición de la fuerza de trabajo, la gestión del trabajo y la regulación de los mercados de trabajo.
Tipo: Guías, Proyectos, Investigaciones
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Capítulo I El capitalismo liberal: Fundamentos y resultados
A lo largo del siglo XIX, en Europa, America del Norte y Japón, se produjeron cambios políticos, culturales y económicos que posibilitaron un modelo de sociedad a medida de los propietarios del capital.
En lo político destacó la toma del poder de la burguesía en la Revolución Francesa. En cuanto a lo cultural se produjo un cambio en los valores dominantes; ahora destacan el utilitarismo, el progreso científico, etc. En lo económico, el mercado y la división social del trabajo se sitúan en el centro del pensamiento económico.
Para que estas ideas arraigaran en estos países y no en otros influyeron la estructura social, el capital social y las creencias. También, y más decisivo, fue el hecho de que los dueños del capital tuvieran la posibilidad de subordinar a los otros dueños de los factores productivos y que el estado regulara en beneficio del capitalismo, (garantizando el derecho de propiedad, suprimiendo fronteras interiores, homogeneizando los pesos, etc.).
Si el capital eligió la competencia industrial-comercial y no la guerra es porque se estaban generando importantes expectativas de negocio: en primer lugar, el aumento de la población, especialmente la europea (paso de 180 a 423 millones de habitantes) y americana (de 6 a 81 millones). Esto no significa que hubiera una correlación mecánica como demuestra el caso ruso. Además hicieron falta otros requisitos, como la concentración de la población en ciudades, y esto fue posible por el aumento paralelo de la productividad agraria. Sin embargo, a lo largo del XIX la comercialización de los productos agrarios y rentas agrarias continuaron siendo la fuente principal de riqueza. Poco a poco la industria fue mejorando las expectativas de negocio.
Muchos historiadores piensan que la innovación tecnológica fue el principal motor del crecimiento económico. Esta afirmación es congruente con la teoría que señala que la innovación tecnológica contribuye a recuperar la tasa de ganancia, por tres vías: 1) ofrece durante un tiempo una posición monopolística hasta que acudan los imitadores, 2) genera empleo y consumo y 3) aumenta la productividad de los factores, especialmente el trabajo. Sin embargo la innovación tecnológica no fue por sí sola garantía de
éxito y durante largos periodos la industria convivió con pequeñas unidades artesanales e industrias domiciliarias.
El proceso de salarización o proletarización de la fuerza del trabajo constituye el factor clave para explicar el éxito económico del siglo XIX. El aprovisionamiento de mano de obra constituye un elemento central en la explicación de la economía capitalista de este siglo.
Capítulo II La oferta de mano de obra en el siglo XIX: Modelos de proletarización
Durante el siglo XIX convivieron los distintos modos de producción: la esclavitud, la servidumbre, el auto-empleo y el trabajo asalariado. Aunque se terminó por imponer el trabajo asalariado por eficiencia, rentabilidad y coherencia con las ideas liberales. La elección depende, en última instancia, de la dimensión relativa de los factores de capital, tierra y trabajo. Donde abunda el trabajo y escasea el capital y la tierra, la relación dominante fue la proletarización.
El incremento de la fuerza de trabajo asalariada se produjo por cuatro grandes vías:
El trabajo infantil no surge con la revolución industrial puesto que con anterioridad se utilizaba a los niños en tareas agrícolas o manufactureras. Era algo asumido. La ley británica de 1833 fijaba la jornada de 48 horas para niños de entre diez y doce años. La eclosión del trabajo infantil es explicada desde el punto de vista de la oferta, puesto que el crecimiento demográfico provocó un aumento de la población infantil que no podía ser mantenida por sus progenitores. También desde el punto de vista de la demanda, en la medida que mujeres y niños facilitaban la viabilidad de nuevas industrias como consecuencia de los altos salarios que se pagaba a los hombres adultos en la agricultura y las obras civiles. La utilización de niños fue desigual según lugares y sectores económicos. Los niños siguieron trabajando especialmente en la agricultura y la manufactura y en menor medida en la factoría. Disminuyó el trabajo de niños fruto de la leyes que limitaban el trabajo infantil, aunque estas no eran definitivas debido a que eran escasísimos los inspectores de trabajo y a que el trabajo de niños se trasladaba a sectores informales de la economía. También por la utilización de tecnología que necesitaban de mano de obra especializada y adulta. En cualquier caso los niños dejaron de trabajar cuando sus padres se lo pudieron permitir.
El trabajo remunerado de la mujer no era una novedad en el siglo XIX puesto que ocupo un importante papel en el trabajo agrícola y manufacturero igual que el trabajo infantil. La proletarización de la mujer fue u fenómeno desigual. En los sectores en los que tradicionalmente eran mujeres y se produjo un transito de los procedimientos antiguos a otros mas modernos de manera lenta y progresiva el trabajo de la mujer ocupo un papel. El trabajo remunerado de la mujer continúo dependiendo de la edad y el número de hijos y su edad. Es por esto que la mayoría de las asalariadas eran jóvenes y solteras. En las ciudades, su principal destino era el servicio domestico seguido del taller de confección que ocupaba a un buen número de trabajadoras. Por el contrario el trabajo febril no tuvo una especial relevancia.
La participación femenina en la fuerza de trabajo comenzó a declinar para dejar al varón como principal sostén de la familia. La cuota del adulto en la
renta familiar aumenta desde el 55 por ciento hasta el 81 por ciento en Gran Bretaña hacia 1865. Tres grupos de causas lo explican: La influencia ejercida por las innovaciones tecnológicas y organizativas en las empresas: los empresarios consideraban que solo los hombres avezados podían operar eficientemente las nuevas tecnologías. Por otro lado los hombres tenían una ventaja sobre las mujeres y era que ejercían un control más efectivo sobre aprendices y subordinados. Algunas especialistas opinan que la sustitución de mujeres por hombres se debe a barreras levantadas por el varón adulto que se justificaban en la naturaleza temporal del trabajo de la mujer, el límite de la maternidad, la falta de formación, etc… pero estas barreras fueron convertidas en naturales y protegidas por la legislación. Finalmente, un tercer conjunto que es conocido como el efecto renta. A medida que progresaba el salario masculino, el salario femenino se convertía en residual y se desincentivaba el trabajo asalariado de la mujer.
Definimos mercado de trabajo libre como aquel en el que el precio del trabajo se establece en función de la dimensión y de la urgencia de la oferta y de la demanda, donde empresarios y trabajadores poseen idéntica información sobre las posibilidades de optimizar ganancias, y tienen la voluntad de obrar libremente sin someterse a ninguna regulación o presión interpuesta Los mercados de trabajo en occidente son el paradigma teórico y fueron denominados como mercados de trabajo “manchesterianos”. Ahora bién, las investigaciones históricas afirman que incluso en occidente los mercados de trabajo libres terminaron siendo un mito.
Los nuevos estilos empresariales. Los orígenes de organización científica del trabajo
A finales del XIX y principios del XX existían unas pocas empresas que aglutinaban grandes cantidades de trabajadores y de cuota de mercado y una multitud de pequeñas empresas que optaban a lo que quedaba. En las pequeñas la autonomía funcional del artesano persistía, mientras en las grandes se confiaba en la dureza de capataces, maestros y listeros.
La “ruptura industrial” que estaban provocando las innovaciones tecnológicas vino acompañada por nuevas maneras de gestión de la mano de obra. El aumento de la población, las mayores tasas de salarización y el impulso del comercio internacional posibilitaron la introducción de maquinaria y con esta, el capital, dejaba de ser dependiente del saber-hacer del artesano. Concentración de capitales, oligopolización de los mercados y nueva gestión de la producción fueron las características del capitalismo durante la Belle époque. Este sistema se impuso en las nuevas industrias y después se extendió al resto de los sectores. Una de sus consecuencias fue la multiplicación del número de obreros por fábrica, lo que supuso cambios en la gestón de la mano de obra y un aumento de la burocratización en dicha gestión. Así nacieron los departamentos de personal.
En la pequeña empresa se optaba por una política salarial basada en la flexibilidad y el empirismo donde el pago por piezas, horas o días era lo habitual. En las empresas grandes, la caída de precios y beneficios de los años ochenta hizo aumentar el interes de los empresarios por la contabilidad de costes y en especial el laboral.
Los departamentos de personal se convirtieron en laboratorios donde se experimentaba con los salarios, los niveles de consumo de los trabajadores, la distribución de los salarios por categorías, etc… La dirección de personal consultaba salarios y contrastaba con empresas de la competencia. Estudiaba los salarios de subsistencia para ajustarse a este. Establecieron jerarquías obreras y salariales eliminando las antiguas del oficio y así destruir el poder de sus sindicatos. Estas nuevas jerarquías dependían de la formación, el rendimiento, la obediencia, o la antigüedad. Se instauraron salarios “objetivos” como el destajo, que posteriormente fueron depurados para “ajustar máximos rendimiento y bajos salarios” o el Bedaux. Cabe destacar el sistema que diseño Ford: aumento la paga a cinco dolares, salario superior al de la competencia con el convencimiento de que lo compensaría con aumentos de productividad.
A finales del XIX la capacidad productiva había sufrido un importante avance en la capacidad productiva. Para esto fue necesario, entre otras cosas, que los trabajadores abandonaran sus tradiciones y se adaptaran a los nuevos principios de menores costes y mayores rendimiento y asumieran otras formas de entender la organización del trabajo. Estas nuevas formas se impusieron, en ocasiones de manera más tosca, en otras con métodos más sofisticados, como los de la OCT.
Como en el pasado, las religiones continuaron jugando un papel relevante a los hora de justificar el orden social, si bien en el siglo XX perdió parte de esa influencia. Igualmente la patria condiciono la voluntad de los trabajadores y si no estaban los capataces que se multiplicaron en las nuevas empresas. Ahora bien, las formas despóticas generaban antídotos por parte de los trabajadores: grupos informales de resistencia en las fábricas, el sindicalismo como organización y el socialismo como ideologia. ón y el socialismo como ideologia.
Se consolidaron los nuevos sistemas de gestión del trabajo y los sistemas burocráticos, entre los que se hayan los sistemas de retribución salarial, o las prácticas paternalistas y de bienestar industrial.
La división del trabajo se convirtió en la clave. Las tareas complejas se fragmentaron en otras más simples y rutinarias que podían ser ejecutadas
La oposición de muchos empresarios a utilizar el método tailorista se fundamentaron en distintos argumentos: de orden cultural, solo eran eficaces si se aplicaban a procesos repetitivos y solo era rentable si se encontraban grandes mercados que justificasen la producción a gran escala. Por otro lado el establecimiento de este sistema precisaba de una mano de obra abundante y poco cualificada donde no existiese conflicto entre capital y trabajo.
Capítulo XIX LOS MERCADOS DE TRABAJO COMO INSTITUCIONES PERMANENTES
La aceleración del proceso de proletarización de amplios sectores del campesinado y el artesanado ya ha sido descrita. Este proceso si dio con distintos ritmos de manera que cuando este proceso se desarrollaba en algunos lugares, en otros los mercados de trabajo ya institucionalizados tendieron hacia un mayor grado de integración geográfica y homogeneación profesional y normativa. El proceso de homogenización regional estuvo influenciado por la integración de los mercados de mercancías, y por la modernización de los sistemas de comunicación y transporte. La perdida de privilegios de los artesanos basados en la costumbre y, el proceso de descalificación de los oficios, unido al proceso de especialización de los nuevos trabajadores, así como el abandono de barreras de acceso al oficio permitieron homogeneizar a los trabajadores de distintos sectores. Los maestros y artesanos dejaron de tener el monopolio de la formación, ahora las grandes empresas formaban, ellas mismas los trabajadores que necesitaban con conocimientos específicos de su empresa. Es necesario tener en cuenta que este proceso se dio fundamentalmente en los modernos sectores y en las zonas industrialmente avanzadas.
A medida que se generalizaron los mercados de trabajo, también se generalizo la incertidumbre tanto de empleadores como de los trabajadores. La gran industria eliminaba la competencia mediante la absorción y fusión de empresas y de idéntica manera retiraron del mercado a trabajadores que, esperaban que cambiasen menor salario por estabilidad y posibilidades de promoción. Proporcionando, por otro lado formación especifica en lugar de generalista sobre el oficio. Se crearon así los mercados internos de trabajo. Los empresarios ensayaron formulas diversas para combatir el absentismo, la rotación y la baja productividad: la recompensa de la fidelidad, incrementos de salario (Ford)… También muchos trabajadores evitaron la competencia con otros y consiguieron una posición y estabilidad que no tenían los no-internos.
La crisis inmediatamente posterior a la guerra mundial obligó a los gobiernos a preocuparse de este problema. La OIT ligada a la sociedad de Naciones convocaron dos conferencias para abordar el tema (1924 y 1931) y debatieron sobre: el efecto pernicioso de los subsidios de desempleo, las barreras de intercambio mercantiles o el nivel de los salarios. Se generalizo la idea, especialmente entre los conservadores de que cualquier intervención pública a favor de los parados era perniciosa porque desmotivaba a los trabajadores de trabajar. Estos argumentos olvidaban que la tasa de cobertura de los subsidios era escasísima y que la mayoría de los subsidiados eran obreros no cualificado, que no desplazarían a otros por muy bajos que estuviesen dispuestos a trabajar. Otras lineas argumentales vinculaban las barreras al liberalismo con desempleo. El analisis deductivo se centró en la relación entre salarios, precios y desempleo. Según la teoría donde los salarios reales subían, o no bajaban hasta el nivel de los precios crecía el desempleo. Este extremo no siempre ha sido corroborado por la realidad, como demuestra el caso Alemán, japones, ingles o EEUU. Otra aportación teorica es la que relaciona las variables, salario, precios y desempleo, con el nivel de oferta de dinero en el mercado, de manera que la escasez de dinero genera subidas en los precios y en el desempleo. Una aportación historiográfica es la que ha relacionado el desempleo con la dimensión del mercado de mano de obra. Las guerras, el acceso de la mujer, o su expulsión del mercado de trabajo, el aumento de la productividad condicionan las tasas de paro. El desempleo afecto más a las zonas urbanas e industriales por la dependencia de los salarios y la menor movilidad en el trabajo. Igualmente relevante se ha mostrado la relación entre desempleo y tejido productivo puesto que los mas modernos sufrían tasas inferiores a los más viejos.
Dinamarca y Suecia fueron los primeros paises donde la negociación colectiva tuvo un carácter nacional. En la inmediata posguerra la negociación colectiva tendió a convertirse en instituciones habituales fruto de la creación de la OIT, la Revolución Rusa y el corporativismo nacional. Sin embargo sufrió un reflujo en los años 20 debido a el contexto de debilidad sindical y los empresarios utilizaron formulas paternalista y “sindicatos amarillos” para evitar verdaderas negociaciones
Los sindicatos emergentes de principios del XX eran generales, es decir, confluian todo tipo de trabajadores: trabajadores cualificados, no cualificados y semicualificados. Esta generalidad fue favorecida por procesos de articulación de las viejas estructuras y el paso lo local a lo nacional por la creación de estructuras permanentes dirigidas por profesionales. Con esta burocratización se convierten en interlocutores permanentes y abrazan las reformas en oposición a la revolución. La decidida vocación política es otra caracteristica del sindicalismo como muestra la estrecha colaboración entre estos y los partidos. En ocasiones los sindicatos eran creados por los partidos y a la inversa.
Capítulo X
Bloque III
EL TRABAJO EN LAS DÉCADAS CENTRALES DEL SIGLO XX
Capítulo XI LAS “DÉCADAS DE ORO” DEL DESARROLLO ECONÓMICO Y SOCIAL: 1945-
Tras la segunda guerra mundial los indicadores que miden el bienestar y el progreso experimentaron rápidas y considerables mejorias: El PIB durante el periodo 1950-1973 se incremento de los 16 países mas ricos a una tasa media del 4,9%, también creció el PIB per capita en los paises industrializados aunque de manera desigual. Se produjo un proceso de acercamiento de EEUU, Japón y Europa en cuanto a niveles de bienestar fruto de: capacidad de ahorro, transferencias de capital, de técnologia, imitación de los procedimientos más exitosos, formación, etc… El crecimiento económico también se manifestó en los paises menos desarrollados que crecieron, a veces, con tasas superiores a las de los paises industrializados. No ocurrió lo mismo con el PIB percápita. También los paises inmersos en sistemas de económia planificada crecieron a igual o superior ritmo. Los salarios reales crecieron, las tasas de desempleo bajaron y la inflación estuvo controlada. A su vez el gasto público en los países desarrollados paso del 17,8 del PIB en 1929 al 37% en 1973. Pero esto no tradujo en una disminución de los beneficios empresariales gracias a los significativos aumentos de la productividad.
Las movilizaciones obreras y estudiantiles de finales de los 70 eran una prueba de que el ciclo económico caracterizado por: beneficios, inversión , incremento de la productividad y los salarios para obtener nuevos beneficios se estaba terminando. El crecimiento del PIB se redujo considerablemente en los países industrializados y llego a caer en algunos del tercer mundo. Los beneficios cayeron y con ellos la inversión, también la inversión en I+D y la productividad, aumento el desempleo y se disparo la inflación. A este periodo se le ha conocido como la “crisis del petróleo” pero el aumento del precio del petróleo y las materias primas no explica la intensidad de la depresión. Los liberales culparon al crecimiento de los salarios, a la fuerza de los sindicatos y a las dificultades para ajustar las plantillas a la demanda. Lo cierto es que había un desajuste entre un aparato productivo intacto y una demanda insuficiente. Por otro lado, las preferencias de los consumidores ahora, caminaban hacia la variedad lo que chocaba con un aparato productivo especializado en producción masiva de mercancías homogéneas.
Capítulo XII LA OFERTA Y LA DEMANDA DE MANO DE OBRA EN LAS DÉCADAS CENTRALES DEL SIGLO XX
El aumento de la fuerza de trabajo disponible se debió a factores interno y externos. Entre los factores internos se encuentran el incremento natural de población que es conocido por el Baby boom y que empezo después de la guerra y duró hasta mediados de los 60. La incorporación de la mujer al mercado de trabajo, especialmente la mujer casada. Los ejércitos de reserva de parados, especialmente en la post-guerra y la salarización de sectores ocupados anteriormente en economias familiares. Entre los factores externos encontramos los procesos migratorios
Por los mismos motivos que en periodos anteriores y tras las restricciones que los paises habian impuesto llegaron a los paises desarrollados millones de trabajadore. En Europa la mayoría optaron por Francia y la Alemania Federal, Canada y EEUU acogieron a inmigrante Mexicano, caribeños, puertorriqueños.
El desarrollo capitalista no solo contó con abundante mano de obra, también era mano de obra más cualificada. En plena guerra fría surgió la teoria del capital humano (Schultz y Becker) esta teoria vino a establecer una estrecha relación entre la formación de los individuos y la posición que ocupaban en la sociedad. Hacia 1965 los gobiernos de los países desarrollados y en vías de desarrollo gastaban un 16% del PIB en educación. Se ha estimado que la multiplicación de la inversión por diez generaba una productividad seis veces mayor. Por supuesto , la aplicación concreta de dicho gasto influyo en el resultado final, como demostró la concreción de los países del tercer mundo: donde se destino mas esfuerzos a la enseñanza de las élite que a la educación secundaria.
Las décadas que siguieron a la segunda guerra mundial generalizaron la actividad industrial y equipararon esta al bienestar de las sociedades. Una de las características de las sociedades atrasadas era la estrechez de la población industrial. Cuando la población activa industrial comenzó a estabilizarse e incluso a retroceder en términos relativos , el sector servicios absorbió parte de esta mano de obra, especialmente la femenina, que ocupo gran parte del empleo a tiempo parcial en tareas administrativas.
empresa japonesa basaba su éxito en la cooperación horizontal de los equipos de trabajo en lugar del control jerárquico y la responsabilidad individual.
Capitulo XIII
REGULACIÓN DE LOS MERCADOS DE TRABAJO EN LAS DÉCADAS CENTRALES DEL SIGLO xx
En los países desarrollados el pleno empleo se convirtió en un objetivo prioritario, máxime cuando los regímenes fascistas y comunistas lo habían conseguido
El modelo de acumulación que siguió a la guerra identifico los objetivos empresariales con la optimización de la capacidad productiva, esta con la suficiente demanda agregada para consumir las mercancías puestas en el mercado, y estas, a su vez, con el poder de compra que los trabajadores obtendrían gracias al pleno empleo y a la mejora de los salarios. A finales de los 50, cuando la iniciativa privada no era capaz los gobiernos tomaron medidas complementarias llamadas “políticas activas de mano de obra”. Trataron de incentivar la movilidad de los trabajadores de las zonas de paro a otras en las que la mano de obra era escasa. Crearon servicios como la Agencia Nacional para el Empleo en Francia en 1962. Se potenciaron políticas de formación profesional destinadas a cualificar trabajadore. Se promocionaron y subvencionaron iniciativas públicas o privadas, así como incestivos fiscales, creditos blandos, protección arancelaria y compras por el estado destinadas a mantener los empleos. Conseguido el pleno empleo era necesario contener los precios y esto se hizo manteniendo los salarios en niveles razonables y utilizando estrategias para mantener la productividad, con acuerdos con los sindicatos. El paradigma de la curva de Phillips que relaciona inflación, tasa de paro y balanzas de pago e introduce mecanismos correctores para las tres variables perdió toda su influencia explicativa en los 70. Desde 1968, a raiz de las tesis de Friedman, se vuelve a la idea liberal de que la inflación y el desempleo son fruto de la rigidez de los mercados y de la presión de los sindicatos para que no bajen los salarios. La solución al problema del desempleo a mediados de siglo a de acotarse a los paises industrializados.
Dudo entre poner a los otros dueños o a los otros factores de trabajo.