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TRABAJO SIRIA, Ejercicios de Ciencia Política

Asignatura: Ciencia Politica y Relaciones Internacionales, Profesor: maria josefa, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM

Tipo: Ejercicios

2017/2018

Subido el 22/03/2018

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Revista CIDOB d’Afers Internacionals
n.109, p. 157-176
ISSN:1133-6595
E-ISSN:2013-035X
www.cidob.org
Resumen: La revuelta en Siria no ha propicia-
do un cambio político, sino un reforzamiento
del autoritarismo. En un principio, el presiden-
te Bashar al-Asad adoptó diversas reformas
cosméticas (ley de partidos y referéndum
constitucional), concebidas más como una es-
trategia de supervivencia que como un verda-
dero proceso de liberalización política. En sus
primeros cuatro años, la crisis siria ha pasado
de una revuelta popular antiautoritaria a una
guerra por delegación con una activa presen-
cia de Arabia Saudí, Irán, Qatar y Turquía. El
control del aparato estatal por parte de la mi-
noría alauí ha sido instrumentalizado por los
grupos salafistas y yihadistas para intensificar
el sectarismo y reclamar la instauración de un
Estado islámico
Palabras clave: Siria, Bashar al-Asad, Pri-
mavera Árabe, Hermanos Musulmanes,
ISIS
Abstract: Instead of hastening political
change, the Syrian uprising has led to
greater authoritarianism. At first, president
Bashar al-Assad adopted various cosmetic
reforms (a party law and constitutional ref-
erendum), which were designed more as
a survival strategy than a genuine process
of political liberalisation. In its first four
years, the Syrian crisis has gone from be-
ing an anti-authoritarian popular uprising
to a proxy war with the active presence
of Saudi Arabia, Iran, Qatar and Turkey.
Control of the state apparatus on the part
of the Alawite minority has been instrumen-
talised by the Salafist and jihadist groups
to intensify sectarianism and claim the es-
tablishment of an Islamic State.
Key words: Syria, Bashar al-Assad, Arab
Spring, Muslim Brotherhood, IS
El enroque autoritario del
régimen sirio: de la revuelta
popular a la guerra civil
The authoritarian castling of the Syrian
regime: from popular uprising to civil
war
Ignacio Álvarez-Ossorio Alvariño
Profesor titular del Área de Estudios Árabes e Islámicos, Universidad de Alicante. Coordinador
de Oriente Medio y el Magreb, Observatorio de Política Exterior (OPEX), Fundación Alternativas
Esta investigación se enmarca dentro del proyecto I+D financiado por el Ministerio de Economía y
Competitividad: «Las revueltas árabes: actores políticos y reconfiguración de la escena pública en el Norte
de África y Oriente Medio» (CSO2012-37779).
Fecha de recepción: 15.09.14
Fecha de aceptación: 23.01.15
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Revista CIDOB d’Afers Internacionals n.109, p. 157- ISSN:1133- E-ISSN:2013-035X www.cidob.org Resumen: La revuelta en Siria no ha propicia- do un cambio político, sino un reforzamiento del autoritarismo. En un principio, el presiden- te Bashar al-Asad adoptó diversas reformas cosméticas (ley de partidos y referéndum constitucional), concebidas más como una es- trategia de supervivencia que como un verda- dero proceso de liberalización política. En sus primeros cuatro años, la crisis siria ha pasado de una revuelta popular antiautoritaria a una guerra por delegación con una activa presen- cia de Arabia Saudí, Irán, Qatar y Turquía. El control del aparato estatal por parte de la mi- noría alauí ha sido instrumentalizado por los grupos salafistas y yihadistas para intensificar el sectarismo y reclamar la instauración de un Estado islámico Palabras clave: Siria, Bashar al-Asad, Pri- mavera Árabe, Hermanos Musulmanes, ISIS Abstract: Instead of hastening political change, the Syrian uprising has led to greater authoritarianism. At first, president Bashar al-Assad adopted various cosmetic reforms (a party law and constitutional ref- erendum), which were designed more as a survival strategy than a genuine process of political liberalisation. In its first four years, the Syrian crisis has gone from be- ing an anti-authoritarian popular uprising to a proxy war with the active presence of Saudi Arabia, Iran, Qatar and Turkey. Control of the state apparatus on the part of the Alawite minority has been instrumen- talised by the Salafist and jihadist groups to intensify sectarianism and claim the es- tablishment of an Islamic State. Key words : Syria, Bashar al-Assad, Arab Spring, Muslim Brotherhood, IS

El enroque autoritario del

régimen sirio: de la revuelta

popular a la guerra civil

The authoritarian castling of the Syrian

regime: from popular uprising to civil

war

Ignacio Álvarez-Ossorio Alvariño Profesor titular del Área de Estudios Árabes e Islámicos, Universidad de Alicante. Coordinador de Oriente Medio y el Magreb, Observatorio de Política Exterior (OPEX), Fundación Alternativas [email protected] Esta investigación se enmarca dentro del proyecto I+D financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad: «Las revueltas árabes: actores políticos y reconfiguración de la escena pública en el Norte de África y Oriente Medio» (CSO2012-37779). Fecha de recepción: 15.09. Fecha de aceptación: 23.01.

El enroque autoritario del régimen sirio: de la revuelta popular a la guerra civil Revista CIDOB d’Afers Internacionals, n.109, p. 157-176. Abril 2015 ISSN:1133-6595 – E-ISSN:2013-035X – www.cidob.org En Siria, al contrario que en otros países árabes como Túnez, Libia o Egip- to, la revuelta antiautoritaria iniciada en marzo de 2011 no ha provocado hasta el momento la caída del presidente Bashar al-Asad. Tras cuatro años de enfrentamientos armados entre el régimen sirio y los rebeldes, el país se en- cuentra profundamente dividido entre las zonas leales a al-Asad y las contro- ladas por la heterogénea oposición, compuesta por fuerzas seculares e islamis- tas. El vacío de poder resultante ha sido aprovechado por grupos de tendencia salafista y yihadista para asentarse en buena parte del territorio y reclamar la instauración de un Estado islámico regido por la sharia. La denominada Pri- mavera Árabe en Siria no se ha traducido, por lo tanto, en un cambio político ni en una apertura democrática. Ha ocurrido más bien lo contrario, puesto que el régimen ha optado por enrocarse en su autoritarismo e intensificar la represión. El «conmigo o contra mí» se ha convertido en la máxima que guía la vida política siria. El mantenimiento de Bashar en el poder evidencia que todavía sigue conservando importantes bolsas de apoyo, sobre todo entre sus aliados tradicionales: las Fuerzas Armadas, el partido Baaz, la oligarquía da- mascena, las clases medias urbanas y las minorías confesionales. Todos ellos recelan de los llamamientos a favor de un Estado islámico por parte del Fren- te Islámico de Siria (FIS), el Estado Islámico en Irak y Siria (ISIS) y el Frente al-Nusra. En este artículo abordaremos las transformaciones sociales, económicas y, so- bre todo, políticas registradas en Siria desde marzo de 2011, momento en el que arrancan las movilizaciones populares que demandan la caída del régimen^1. En primer lugar, nos detendremos en la situación demográfica, económica, social y política, lo que nos permitirá comprender la naturaleza de la revuelta. En segundo lugar, estudiaremos las protestas como elemento de quiebra del régi- men autoritario y como eventual desencadenante de los cambios políticos. En tercer lugar, evaluaremos el papel de los actores internacionales en la crisis siria, poniendo especial énfasis en la posición de las potencias regionales (Irán y Ara- bia Saudí) y en la guerra por delegación ( war by proxi ) que libran en territorio sirio. En cuarto lugar, tocaremos las transformaciones registradas en el sistema de partidos y las plataformas de la oposición. Por último, estudiaremos el con- tenido de las reformas constitucionales emprendidas y los procesos electorales celebrados en Siria en 2012 y 2014, y nos preguntaremos si suponen un paso hacia la democratización del régimen o, por el contrario, forman parte de una estrategia de supervivencia.

  1. Para ello hemos seguido el marco establecido por Szmolka, 2012.

El enroque autoritario del régimen sirio: de la revuelta popular a la guerra civil Revista CIDOB d’Afers Internacionals, n.109, p. 157-176. Abril 2015 ISSN:1133-6595 – E-ISSN:2013-035X – www.cidob.org en 1982 provocó que sus dirigentes abandonaran el país y se refugiaran en el mun- do árabe o el continente europeo, puesto que la Ley 49/1980 establecía que «todo aquel que pertenezca a los Hermanos Musulmanes será considerado un criminal y recibirá como castigo la pena de muerte». Desde entonces se les ha impedido desa- rrollar actividades en el interior del país, por lo que su capacidad de movilización a escala doméstica ha quedado seriamente erosionada (Álvarez-Ossorio y Ramírez, 2013: 121-149). No obstante, los Hermanos Musulmanes han aprovechado la re- vuelta antiautoritaria para tratar de recuperar posiciones, sobre todo en las dos prin- cipales plataformas opositoras radicadas en el exterior –el Consejo Nacional Sirio (CNS) y la Coalición Nacional de las Fuerzas de la Revolución y la Oposición Siria (CNFROS)–, de las que hablaremos en el apartado cuarto de este artículo. Por lo que respecta a los kurdos, se trata de una minoría que cuenta con una lar- ga historia de persecuciones y de ostracismo político, social y económico, debido a que es la comunidad no árabe más co- hesionada del país y la única que po- dría representar una amenaza para el proyecto panarabista baazista (Gam- bill, 2004; Galié y Yildiz, 2005). El ascenso al poder de Bashar al-Asad en 2000 despertó grandes expectativas, pero las esperanzas de una naturaliza- ción de los kurdos denominados «extranjeros» y «no registrados» (entre 250.000 y 400.000 personas) no se materializaron hasta el estallido de la revuelta popular en 2011, cuando se aprobó la Ley 49/2011 por la que se concedía la ciudadanía a los denominados «extranjeros» de la provincia del Hasake. En los últimos meses, los kurdos han superado sus diferencias y han unificado sus filas aprovechando el vacío de poder para instaurar una amplia autonomía y reivindicar el establecimiento de un Estado federal en el Acuerdo de Erbil del 26 de julio de 2012. A diferencia de lo ocurrido en otros países, la revuelta antiautoritaria siria tuvo una dimensión eminentemente rural, ya que irrumpió en zonas especialmente azo- tadas por una pertinaz sequía, entre ellas Deraa, Homs o Hama, que se sentían abandonadas por el poder central. Debe tenerse en cuenta que, tras su llegada a la presidencia, Bashar auspició un ambicioso programa de reformas liberalizadoras definido como un proceso de transformación desde «el estatismo a la economía de mercado» (Perthes, 2004: 5) o como un paso hacia «la economía social de mercado» (Donati, 2009: 225). Los principales beneficiados de dicho proceso de liberali- zación económica fueron los empresarios próximos a la familia gobernante y, de manera particular, su primo Rami Majluf, la principal fortuna del país (Leverett, 2005: 83-84). De hecho, tras el estallido de la revuelta popular, Majluf se convirtió en uno de los principales sustentos del régimen. A diferencia de lo ocurrido en otros países, la revuelta antiautoritaria siria tuvo una dimensión eminentemente rural, ya que irrumpió en zonas especialmente azota- das por una pertinaz sequía que se sentían abandonadas por el poder central.

Ignacio Álvarez-Ossorio Alvariño Revista CIDOB d’Afers Internacionals, n.109, p. 157-176. Abril 2015 ISSN:1133-6595 – E-ISSN:2013-035X – www.cidob.org No por casualidad, el informe de Transparencia Internacional de 2013 si- tuaba a Siria como el décimo país más corrupto del mundo. La corrupción es precisamente el principal condicionante de la economía y el factor que garantiza la estabilidad del sistema, basada en el intercambio de prebendas pero que, a la par, entorpece cualquier proceso de reforma. En este sentido, el elemento fundamental de la relación entre el régimen de los al-Asad y determinadas élites económicas del interior se basa en un acuerdo tácito de simbiosis: el poder apor- ta cobertura legal y política a las oligarquías afines y estas aseguran un respaldo financiero y empresarial que, en el seno de la comunidad suní, tenía el elemento añadido de contrarrestar posibles tendencias opositoras que amenazaran la esta- bilidad del régimen (Álvarez-Ossorio y Gutiérrez de Terán, 2013: 192). Como consecuencia de la liberalización económica, el contrato social que el régimen baazista mantenía con su población desde décadas atrás se rompió y el Estado dejó de cubrir sus necesidades más elementales (Ruiz de Elvira y Zintl, 2014: 329-349). La descarga estatal provocó la privatización parcial de los servicios sociales y la extensión de la pobreza. En el período 2000-2010, el porcentaje de población que vivía en situación pobreza pasó del 22% al 34%. Los grandes perjudicados fueron las clases medias, que vieron deteriorarse su posición de manera acelerada. El alza del coste de la vida, el boom inmobiliario, la elevada inflación y el aumento de las desigualdades fueron algunos de los re- sultados de esta política. Los jóvenes fueron otras de las víctimas colaterales, lo que explica su activa implicación en las movilizaciones populares contra Bashar al-Asad. Debe tenerse en cuenta que un 65% de los sirios tienen menos de 35 años y un 40% menos de 15 años. El exiguo crecimiento económico (un 2,4% anual de media en la dé- cada pasada) fue insuficiente para absorber a las 300.000 personas que cada año trataban de incorporarse al mercado laboral. Esta situación provocó altas tasas de desempleo (cercanas al 20%), mayores entre los jóvenes. Por otro lado, las opor- tunidades laborales no dejaban de ser precarias y cientos de miles de ciudadanos se vieron empujados hacia la economía sumergida y el sector de trabajo informal (cercano al 40%), lo que generó una gran precariedad y que un gran número de trabajadores quedaran sin cobertura social (Wieland, 2012: 118-133). Dicho empobrecimiento incrementó la dependencia de la población de las asociaciones caritativas, que se convirtieron en los últimos años en importantes proveedores de asistencia social (Ruiz de Elvira, 2010). Esta situación generó el caldo de cultivo de las movilizaciones de mediados de marzo de 2011, cuando decenas de miles de sirios salieron a las calles para deman- dar una profunda reforma de las estructuras de poder y, sobre todo, una transición hacia la democracia. El muro del miedo que tantas décadas había costado erigir se resquebrajó de la noche a la mañana.

Ignacio Álvarez-Ossorio Alvariño Revista CIDOB d’Afers Internacionals, n.109, p. 157-176. Abril 2015 ISSN:1133-6595 – E-ISSN:2013-035X – www.cidob.org Tras el estallido de la revuelta, el presidente al-Asad apostó por una solu- ción militar al percibir que su propia supervivencia estaba en juego. La brutal represión de los manifestantes con fuego real provocó centenares de víctimas y convenció a la oposición de la necesidad de recurrir a las armas para defender a la población, lo que a su vez condujo a la militarización de la revuelta. Una de las primeras voces a favor de esta opción fue la del exiliado político Ashraf Miqdad, presidente de la Declaración de Damasco, quien manifestó el 6 de septiembre de 2011 al diario al-Sharq al-Awsat : «El régimen sirio nunca detendrá la represión y los asesinatos, por lo que solo hay dos opciones: una intervención extranjera o armar a los revolucionarios». Ante la presión de la calle, el presidente al-Asad decidió atrincherarse en el poder. En su comparecencia ante el Parlamento el 30 de marzo de 2011, dejó claro que las reformas no serían resultado de la presión popular: «Nos acusan de prometer reformas y no realizarlas, pero nos hemos visto obligados a modificar nuestras prioridades a causa de las reiteradas crisis regionales y de cuatro años de sequía». Además, al-Asad denunció que las movilizaciones eran el resultado de una conspiración ( mu´amara ) destinada a provocar una guerra sectaria ( fitna ) y acabar con el último bastión del arabismo para obligarle a deponer su resistencia frente a Israel. En su discurso, Bashar al-Asad cifró como sus máximas prioridades «la estabilidad y la mejora de las condiciones económicas». Poco después aumentó el sueldo de los funcionarios. También remplazó al primer ministro Muhammad Nayi Otri por Adel Safar, hasta entonces titular de Agricultura. En los meses posteriores derogó las leyes de emergencia y aprobó una nueva ley de partidos que ponía fin al monopolio político del Baaz. Ante la propagación de las protestas, Bashar al-Asad estableció un gabinete de crisis dirigido por el ministro y el exministro de Defensa, Dawud Abdallah Rayiha y Hasan Turkmani. En dicha célula también participaban el ministro de Interior y los jefes de las principales agencias de seguridad y las unidades militares. En ella tenían un papel central tres personas del entorno familiar de Bashar: su hermano Maher al-Asad (responsable de la Guardia Republicana y la iv División Armada), su cuñado Asef Shawkat (viceministro de Defensa) y su primo Hafez Majluf (director de la Inteligencia Militar de Damasco). Esta célula de crisis sufrió un golpe mortal con el atentado contra la sede de la Seguridad Nacional del 18 de julio de 2012, en el que murieron los ministros de Interior y Defensa, así como el propio Shawkat. A la hora de abordar las razones por las cuales el presidente Bashar al-Asad ha conseguido mantenerse en el poder es ineludible hacer referencia a la solidez de sus apoyos. Nos hallamos ante un régimen granítico en el que sus élites inter- pretan que están librando una batalla a vida y muerte que acabará con un solo vencedor. Las diferentes estrategias de supervivencia puestas en marcha por el

El enroque autoritario del régimen sirio: de la revuelta popular a la guerra civil Revista CIDOB d’Afers Internacionals, n.109, p. 157-176. Abril 2015 ISSN:1133-6595 – E-ISSN:2013-035X – www.cidob.org régimen han tenido éxito, aunque a costa de asumir un enorme desgaste puesto que la «solución militar» provocó hasta marzo de 2014, según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), 4 millones de refugiados y 7 millones de desplazados internos^2. En los cuatro primeros años de conflicto, un total de 220.000 personas perdieron la vida según la ONU. De esta manera, como de- nunció el opositor Michel Kilo (2011b), el régimen intentaba dar «una solución securitaria a un problema no securitario». Ante la gravedad de la situación, el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas denunció «las sistemáticas y graves violaciones de los derechos humanos cometidas de forma continuada por las autoridades sirias como ejecuciones arbitrarias, uso excesivo de la fuerza y la muerte y persecución de manifestantes y defensores de los derechos humanos», y aconsejó que sus responsables fueran juzgados ante tribunales internaciona- les^3. Gradualmente el peso detentado por los Comités de Coordinación Locales^4 (CCL), que en un principio habían dirigido la movilización ciudadana, se fue desplazando al Ejército Sirio Libre (ESL), integrado por desertores y rebeldes. A medida que la revuelta popular se militarizó, el régimen recurrió a su artillería pesada atacando pueblos y ciudades enteras. Las matanzas contra poblaciones indefensas se extendieron, al igual que el empleo de armamento de guerra (in- cluidos misiles Scud o cazas Mig-21) contra barrios y zonas controlados por los rebeldes, lo que tuvo un altísimo coste en términos humanos e intensificó el éxodo de la población. La guerra civil siria también adquirió un carácter sectario. Debe tenerse en cuenta que la mayor parte de los grupos armados insurgentes están integrados por suníes procedentes de zonas agrícolas o de suburbios urbanos especialmente golpeados por las reformas económicas emprendidas por Bashar al-Asad, mien- tras que los barrios de clases medias de las principales ciudades han permane- cido relativamente fieles al régimen (Lund, 2012b: 10). A partir de 2012 se registraron atentados con coches bomba contra el barrio cristiano de Bab Tuma, el santuario chií de Saida Zainab o la zona drusa de Yaramana (todos ellos en Damasco), así como matanzas en zonas alauíes (el 20 de diciembre de 2012

  1. Véase http://data.unhcr.org/syrianrefugees/regional.php
  2. Report of the United Nations High Commissioner for Human Rights on the Situation of Human Rights in the Syrian Arab Republic, 15 de septiembre de 2011 (en línea) http://www.lcil.cam.ac.uk/ sites/default/files/LCIL/documents/arabspring/syria/Syria_24_Report_UNHCHR.pdf
  3. Los CCL fueron establecidos por jóvenes activistas en numerosas ciudades, pueblos y aldeas. En un primer momento fueron los encargados de convocar manifestaciones de protesta contra el régimen y de preparar la logística necesaria para su celebración. Se mostraron contrarios a la militarización de la revuelta y partidarios del empleo de la resistencia civil.

El enroque autoritario del régimen sirio: de la revuelta popular a la guerra civil Revista CIDOB d’Afers Internacionals, n.109, p. 157-176. Abril 2015 ISSN:1133-6595 – E-ISSN:2013-035X – www.cidob.org el Plan Annan del 16 de marzo de 2012. Este plan de seis puntos se basaba en la iniciativa de la Liga Árabe antes mencionada y pretendía reducir la violencia y facilitar un diálogo entre el régimen y la oposición para establecer un Gobierno transitorio. Dicho plan preveía la retirada de las tropas de las calles, la liberación de los presos políticos, el libre acceso de las organizaciones humanitarias y el des- pliegue de observadores internacionales para verificar el cumplimiento del alto el fuego por las partes. Esta propuesta apenas tuvo recorrido ante las resistencias del régimen sirio. La espiral de violencia desatada en Siria tomó a Estados Unidos con el pie cambiado, puesto que buena parte de sus esfuerzos iban encaminados a distan- ciarse de Oriente Medio tras los fiascos de Afganistán e Irak. La Administración de Obama se inclinó por la estrategia de la contención intentando evitar que la guerra desestabilizase al conjunto de la región. Debe tenerse en cuenta que Siria es un régimen hermético con escasos vínculos con los países occidentales, con lo cual la deriva siria no representaba en principio una amenaza directa para los intereses norteamericanos. Además, las relaciones entre Washington y Damas- co eran prácticamente nulas desde la aprobación de la Ley de Responsabilidad Siria y de Restauración de la Soberanía Libanesa en 2003, por la que Estados Unidos acusó al régimen sirio de respaldar el terrorismo internacional y dispo- ner de armas de destrucción masiva^5. Mientras Siria se ha ido deslizando hacia el abismo, los países occidentales han mantenido un doble discurso. Por una parte apoyaban diplomáticamente a la oposición, pero por otro lado se nega- ban a proporcionarle armamento sofisticado por temor a que cayese en manos de grupos radicales. El Grupo de Amigos de Siria trató de resolver este dilema pronunciándose, en las cumbres celebradas en Túnez y Estambul, a favor de una solución negociada. El 30 de junio de 2012 se celebró la i Cumbre de Ginebra sobre Siria con la presencia de Estados Unidos y Rusia. En ella se aprobó un plan de transición que preveía la formación de un Gobierno de unidad con figuras de la oposición e integrantes del actual Gobierno, la convocatoria de elecciones legislativas y la elaboración de una nueva Constitución que diera plenos poderes al primer ministro. Las potencias apostaron por la «ambigüedad constructiva», ya que no especificaron si la salida de Bashar al-Asad era una condición para su aplicación. La ii Conferencia de Ginebra tuvo lugar del 22 al 24 de enero de 2014 y fue la

  1. Congreso de los Estados Unidos, «Syria Accountability and Lebanese Sovereignty Restoration Act» (en línea) http://www.usip.org/sites/default/files/file/resources/collections/peace_agreements/syria_ accountability.pdf

Ignacio Álvarez-Ossorio Alvariño Revista CIDOB d’Afers Internacionals, n.109, p. 157-176. Abril 2015 ISSN:1133-6595 – E-ISSN:2013-035X – www.cidob.org primera ocasión en la que el régimen y la oposición se sentaron en la misma mesa de negociaciones para hablar del futuro de Siria. Demasiado tiempo si tenemos en cuenta el nivel de destrucción y la magnitud de la catástrofe humanitaria. El acuerdo de mínimos alcanzado entre Estados Unidos y la Federación Rusa para convocar Ginebra ii teóricamente obligaba a las partes a suscribir el marco de negociación establecido en Ginebra i. No obstante, el régimen torpedeó una vez más las negociaciones y la cumbre se cerró sin avances reseñables. El fracaso de estas iniciativas internacionales dejó un importante vacío que fue llenado por las potencias regionales y, en particular, por Irán y Arabia Saudí, los dos países con más peso específico de la región, aunque también Turquía y Qatar trataron de influir en los acontecimientos. Algunos autores no dudan en describir esta bipolarización irano-saudí como «una nueva guerra fría» que ha provocado un creciente sectarismo en todo Oriente Medio. Como señala Dazi-Héni (2013: 23-

  1. «durante las revueltas árabes estos dos países lucharon en realidad por la influencia en la región con dinero, armas, ideología e influencia sectaria en la política interna de sus vecinos» convirtiendo «la rivalidad que surge de la lucha geopolítica entre los dos estados en el Golfo Pérsico en el factor internacional más importante en Oriente Medio» por delante incluso del conflicto palestino-israelí. Lejos de formar parte de un enfrentamiento religioso entre sunismo y chiísmo, «las actuales divisiones sectarias entre Arabia Saudí e Irán parecen estar mucho más relacionadas con el enfrentamiento geopolítico y el antagonismo ideológico en su búsqueda por el predominio en Oriente Medio» (ibídem: 23). El apoyo de Irán ha sido vital para mantener a flote al régimen. Siria es consi- derado un aliado vital para Irán y un actor esencial para mantener su influencia sobre el Líbano a través de Hezbolá. Desde el inicio de la revuelta, el régimen sirio ha contado con la inestimable ayuda de estas milicias chiíes libanesas que se han inmerso de lleno en la guerra aun a riesgo de desestabilizar el Líbano, país que se ha adentrado en una peligrosa dinámica de atentados entre los partidarios y con- trarios a Bashar al-Asad. En opinión de Dazi-Héni (ibídem: 30), «para Teherán, Siria es un frente importante en su conflicto geoestratégico con Estados Unidos, es una guerra fría con Arabia Saudí y es una guerra contra los salafíes y los grupos asociados a Al Qaeda, cuyo odio por los chiíes es bien conocido. Teherán percibe el colapso del régimen de al-Asad como un movimiento adverso que podría termi- nar con Hezbolá y la República Islámica». Esta alianza ha azuzado el sectarismo, puesto que sirve para movilizar a los yihadistas internacionales que acuden a Siria a hacer su particular yihad contra un régimen al que tachan de apóstata. El apoyo de Irán ha sido vital para man- tener a flote al régimen. Siria es conside- rado un aliado vital para Irán y un actor esencial para mantener su influencia so- bre el Líbano a través de Hezbolá.

Ignacio Álvarez-Ossorio Alvariño Revista CIDOB d’Afers Internacionals, n.109, p. 157-176. Abril 2015 ISSN:1133-6595 – E-ISSN:2013-035X – www.cidob.org el Partido de Desarrollo Nacional, el Partido Ansar, el Partido de la Vanguardia Democrática, la Juventud Nacional para la Justicia y el Desarrollo, el Partido de la Patria y el Partido del Pueblo. De todas ellas, solo el trotskista Partido de la Voluntad del Pueblo logró obtener representación parlamentaria en las elec- ciones legislativas celebradas el 7 de mayo de 2012, colocando a dos de sus miembros en el nuevo Parlamento. Junto a estos cambios de carácter cosmético que apenas han afectado la natu- raleza autoritaria del régimen, las novedades más relevantes han tenido lugar en el exterior, donde han surgido varias plataformas de oposición. El CNS nació en Estambul el 23 de agosto de 2011 con el objetivo de respaldar las movilizaciones populares. Este Consejo trató de respetar la heterogeneidad de la sociedad siria respecto a su diversidad confesional, étnica y, sobre todo, ideológica, integrando a los Hermanos Musulmanes, los CCL, la Declaración de Damasco, el Bloque Nacional, el Bloque Kurdo y la Organización Democrática Asiria, así como a figuras independientes y a dirigentes tribales (Álvarez-Ossorio, 2012: 55-67). Su primer presidente fue el intelectual Burhan Ghalioun. El hecho de no militar en ninguna formación fue considerado inicialmente como una ventaja, pero a la larga se convirtió en una tara ya que su acción se vio condicionada por los Hermanos Musulmanes, la principal fuerza del CNS, que de hecho vetaron su intento de acercamiento al Comité Nacional para la Coordinación del Cam- bio Democrático (CNCCD) en diciembre de 2011. Dicho grupo tiene cierto apoyo en el interior del país y está integrado por 13 formaciones de izquierdas, encabezadas por el Reagrupamiento Nacional Democrático de Hassan Abd al- Azim; además, es partidario del diálogo con el Gobierno sirio y contrario a una intervención internacional. El 17 y 18 de diciembre de 2011 el CNS aprobó su programa político, que llamó al establecimiento de un Estado democrático, civil y pluripartidista con una plena división de poderes, el gobierno de la ley y el respeto de las mino- rías. Asimismo se comprometió a preservar los derechos humanos y las liberta- des fundamentales. Según el texto, todos los ciudadanos tendrían los mismos derechos y deberes sin distinguir entre su etnia, religión o sexo. También se comprometió a que la futura Constitución reconociera los derechos nacionales de los pueblos kurdo y asirio y resolviese su encaje en el marco de la unidad territorial siria. Insistió además en la necesidad de mantener el carácter pacífico de la revuelta, unificar los esfuerzos de la oposición en el exterior y los activis- tas del interior, movilizar a la comunidad internacional, proteger a los civiles y cooperar con el resto de fuerzas opositoras. El CNS fue reconocido por la comunidad internacional como representante legítimo del pueblo sirio en la i Conferencia de Amigos de Siria, celebrada en febrero de 2012 en Túnez y en la que participaron más de 70 países.

El enroque autoritario del régimen sirio: de la revuelta popular a la guerra civil Revista CIDOB d’Afers Internacionals, n.109, p. 157-176. Abril 2015 ISSN:1133-6595 – E-ISSN:2013-035X – www.cidob.org La frágil cohesión interna, la carencia de recursos y la dependencia de sus pa- trocinadores lastraron la labor del CNS, que tras Burhan Ghalioun fue presidido por el académico kurdo Abdel Basit Sayda y el opositor cristiano George Sabra. En respuesta a las presiones del Grupo de Amigos de Siria, el CNS se comprometió a través del Pacto Nacional para una Nueva Siria a unificar las filas opositoras. Como resultado de este compromiso nació en Doha, el 11 de noviembre de 2012, la CNFROS liderada en un principio por Moaz al-Jatib, antiguo imán de la mez- quita de los Omeyas, y posteriormente por Ahmad Yarba, miembro de la podero- sa tribu de los Shammar, originaria de la península Arábiga. Muchos consideran la elección de Yarba como el retorno al neopatrimonialismo en detrimento de la ideología nacionalista-religiosa defendida por sus predecesores. La CNFROS fue reconocida como representante legítima del pueblo sirio por el Consejo de Cooperación del Golfo, la Liga Árabe y el Grupo de Amigos de Siria. Junto al CNS y la CNFROS, las principales novedades procedieron de las zonas kurdas. El 26 de octubre de 2011, 15 formaciones kurdas establecieron un Consejo Nacional Kurdo (CNK) que se alió con el CNS. En él no tomó parte el influyente PYD, la rama siria del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que a su vez se integró en el CNCCD. Mientras que el CNS se ha mostrado favorable a otorgar a la minoría kurda derechos nacionales, no parece excesivamente inclinado a aceptar un Estado federal (Lund, 2012a: 117). Hassan Saleh, miembro del parti- do Yekiti y del CNS, defendía «un Estado federal como la mejor vía para alcanzar una coexistencia pacífica interna, ya que permite a todos los pueblos y minorías disfrutar de sus derechos y preservar su identidad y su existencia. El federalismo es una manera de garantizar la unidad del Estado» (Saleh, 2012). Tras intensas presiones por parte del CNK, el CNS se vio obligado a clarificar su posición ante la cuestión kurda. El 3 de abril de 2012, el CNS hizo pública una Carta Nacional sobre la Cuestión Kurda que señalaba: 1) el reconocimiento constitucional de la identidad nacional del pueblo kurdo y de sus derechos nacionales en el marco de la unidad territorial siria; 2) la abolición de todas las políticas, decretos y medidas discriminatorias adoptadas contra los kurdos y el compromiso a compensarles por ellas; 3) Siria será un Estado civil, democrático y plural basado en el principio de igualdad ante la ley de todos sus ciudadanos y en «un Gobierno local ampliado y empoderado»; 4) no habrá discriminación en función de la etnia, origen, religión y género de la población y se respetarán las leyes internacionales y los derechos humanos, y 5) el compromiso a combatir la pobreza, especialmente en aquellas zonas que han padecido políticas discriminatorias, y también para mejorar las con- diciones de vida mediante una mejor repartición de la riqueza nacional. A pesar de estos buenos propósitos, la división entre las fuerzas opositoras ára- bes y kurdas no dejó de crecer. De hecho, los partidos kurdos aprovecharon la coyuntura para crear una autonomía de facto en el Kurdistán sirio. El 26 de julio

El enroque autoritario del régimen sirio: de la revuelta popular a la guerra civil Revista CIDOB d’Afers Internacionals, n.109, p. 157-176. Abril 2015 ISSN:1133-6595 – E-ISSN:2013-035X – www.cidob.org La nueva Constitución enmendaba el artículo 8, que consideraba al Baaz como «líder del Estado y la sociedad», para señalar en su parágrafo 1 que «el sistema político está basado en el principio del pluralismo político y el gobierno es úni- camente ejercido y obtenido a través de las elecciones democráticas». Además, el artículo 88 fijaba un máximo de dos mandatos presidenciales de siete años a par- tir de ese momento, de tal manera que al-Asad podría prolongar su presidencia hasta el año 2028. Además del poder ejecutivo, el presidente tenía la capacidad de vetar leyes aprobadas por el Parlamento (art. 98), disolver el Parlamento (art.

  1. y asumir el poder legislativo si la Cámara no estaba en período de sesiones (art. 111). El referéndum constitucional fue celebrado el 26 de febrero de 2012. Según los datos oficiales, la Constitución fue secundada por un 89,4% de los votantes, pero solo se registró una participación del 57,4%, cifra poco verosímil si tenemos en cuenta que buena parte del país no estaba bajo el control del ré- gimen (sobre todo las provincias de Homs, Hama, Daraa, Idlib y Raqqa) y que el referéndum fue boicoteado por todos los partidos de la oposi- ción y las fuerzas rebeldes. En el marco de las medidas cos- méticas adoptadas por el régimen también se convocaron elecciones legislativas y presidenciales. El 7 de mayo de 2012 tuvieron lugar las elecciones al Parlamento con casi un año de retraso respecto al calendario inicialmente fija- do. Según los datos oficiales, los comicios contaron con una participación de un 51,26% del censo. Aunque se permitió la entrada en el Parlamento de nuevas for- maciones políticas, el oficialista Frente Nacional Progresista^7 logró 168 de los 250 escaños en juego, 134 de los cuales fueron para el partido Baaz que, por lo tanto, retenía más de la mitad de los 250 escaños de la Asamblea. El Frente Popular para el Cambio y la Liberación, integrado por el Partido Social Nacionalista Sirio y el Partido de la Voluntad del Pueblo, tan solo logró seis parlamentarios. Los otros 77 fueron a parar a independientes, todos ellos próximos al poder. Tras las elecciones se formó un nuevo Gobierno presidido por Riyad Hiyab. La principal novedad residió en la incorporación de varias figuras de la oposición, entre ellas
  1. El Frente Progresista Nacional obtuvo 168 escaños distribuidos de la siguiente manera: Partido Socialista Árabe Baaz, 134; Socialistas Unionistas, 18; Partido Comunista Sirio-Facción de Jaled Bakdash, 8; Partido Comunista Sirio-Facción de Yusuf Faisal, 3; Movimiento Nacional del Voto, 3, y Unión Árabe Socialista, 2. Las revueltas populares iniciadas en marzo de 2011 en Siria no solo no han provocado un cambio político, sino que además han intensificado el autoritarismo de un régimen que desde un primer momento ha apostado por la solución militar.

Ignacio Álvarez-Ossorio Alvariño Revista CIDOB d’Afers Internacionals, n.109, p. 157-176. Abril 2015 ISSN:1133-6595 – E-ISSN:2013-035X – www.cidob.org Qadri Yamil, líder del Partido de la Voluntad del Pueblo, que fue nombrado viceprimer ministro para asuntos económicos. Las elecciones presidenciales se desarrollaron el 3 de junio de 2014. De acuer- do con la nueva Constitución, y por primera vez desde la conquista del poder por el Baaz, se admitió la presentación de más de un candidato. El texto cons- titucional establecía que el presidente debería ser musulmán, recabar el apoyo de 35 diputados, tener al menos 40 años de edad, haber vivido en Siria en los últimos diez años, haber nacido en Siria o de padres sirios y no haber contraído matrimonio con una extranjera. De los 24 candidatos que presentaron su candi- datura, la Corte Suprema tan solo aceptó la participación de tres: el presidente al-Asad, el ex primer ministro Hassan al-Nuri y Maher Hajjar, ex miembro del Partido de la Voluntad del Pueblo. Bashar al-Asad se impuso por una abrumado- ra mayoría con el 88,7% de los votos. Sus rivales, Hassan al-Nouri y Maher Haj- jar, apenas sumaron el 7,5% de los votos (un 4,3% y un 3,2%, respectivamente). La participación, según fuentes oficiales, fue del 73,42% del censo. Como en anteriores comicios, los partidos de la oposición boicotearon las elecciones y no se registraron votaciones en las zonas en manos de los rebeldes.

Conclusiones

Las revueltas populares iniciadas en marzo de 2011 en Siria no solo no han provocado un cambio político, sino que además han intensificado el autoritaris- mo de un régimen que desde un primer momento ha apostado por la solución militar para conservar el poder y mantener su posición privilegiada. Durante los primeros meses de la revuelta, el presidente Bashar al-Asad emprendió reformas cosméticas, concebidas más como una estrategia de supervivencia que como un verdadero proceso de liberación política destinado a modificar la naturaleza autoritaria del régimen. En el curso de 2011 se aprobaron una serie de decretos encaminados a derogar las leyes de emergencia, acabar con el sistema de parti- do único o enmendar la Constitución que no implicaron ni más pluralismo ni mayor competencia política. Las reformas introducidas a cuentagotas parecían demostrar más bien que el régimen es incapaz de reformarse a sí mismo y no tiene la voluntad de pilotar una transición hacia la democracia. Como máximo está dispuesto a adoptar ciertas reformas menores, siempre que no pongan en tela de juicio la actual repartición de poder. En sus cuatro años de vida, la crisis siria ha modificado su carácter, pasan- do de una revuelta antiautoritaria a una guerra por delegación con una activa presencia de potencias y actores regionales. El control del aparato estatal por

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