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Vejez Cap1, Apuntes de Psicología

Asignatura: Adolescencia, madurez y senectud, Profesor: Celdran Castro, Montserrat, Carrera: Psicologia, Universidad: UB

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 15/06/2014

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bj_gallagher 🇪🇸

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1. La psicología del envejecimiento: conceptos, teorías y métodos Carme Triadó y Feliciano Villar El objetivo de este primer capítulo es presentar las temáticas, los desafíos y algunos de los principales conceptos con los que trabajan los investigadores y profesionales interesados en la psicología del envejecimiento. A partir de este interés, se han ido desarrollando teorías y modelos explicativos que preten- den describir. explicar y predecir los cambios psicológicos que experimenta la persona en la segunda mitad de la vida. En este capítulo expondremos los principales, acabando con los métodos de investigación que más se han utili- zado en este ámbito de estudio. 1. La relevancia social del envejecimiento Frecuentemente se alude alos cambios demográficos como un factor que ex- plica el gran crecimiento de los estudios realizados sobre el envejecimiento y las personas mayores en las últimas décadas, crecimiento que se observa des- de prácticamente todas las disciplinas científicas. Aunque quizá no es el único factor que explica el interés por la vejez, lo que sí es indudable es que el envejecimiento de la población es una de las lon- dencias demográficas más sólidas cn nuestras sociedades. Por ejemplo, en el año 2000, el porcentaje de personas de 65 años representaba el 16,7 % de la población española (uno 6,6 millones de personas; véase figura 1.1), un por- centaje similar al de los países de nuestro entorno (la media de la Unión Eu- topea se sitúa en 16,2 %). Cuando examinamos las proyecciones, vemos que Figura 1.1. Evolución de la población mayor española 1900-2000 y proyección hasta el 2050 1.400 AA 2200) pe g 800 = 600 400- 200 0 1 1 1 Dose2e228 2 5283228 2282823282858 2828828 35338235258 958%332888%8 3Sa22222-2 2 RANAS Año estos porcentajes tienden ser ada vez mayores. En el año 2050, un 19,8 % de la población española tendrá 65 años o más, lo que supone 7.8 millones de personas mayores. En la Unión Europea (contando sólo los 15 países que la formaban en el año 2000) el porcentaje promedio será del 20,2%. Esta tendencia es incluso mayor si nos fijamos en datos de la población mundial. En cl año 2000, aproximadamente El 10 % de la población mundial era mayor de 60 años. Este porecntaje s6 estima que será del 22 % en el 2050 (HelpAge Internacional. 2002). La esperanza de vida, definida como el número promedio de años que es- tadísticamente se espera que una persona viva a partir de cierto momento, se ha incrementado enormemente en nuestro país. Este factor es, junto con el descenso de la natalidad, lo que explica el crecimiento de los mayores tanto en números absolutos como en peso relativo dentro de la población. Así, en 1996 la esperanza de vida al nacer era de 78,3 años como promedio, aunque en mujeres es más alta que en los hombres (81.9 frente a 74,7). Esta diferen- cia hace que a medida que avanza la edad el número de mujeres supera cada vez más al de hombres. Si hasta los 60 años el número de hombres es casi igual al de mujeres, entre las personas de 75 años la proporción es de 1,52 la favor de las mujeres y entre los de 90. de más de 2,5 a 1. Esta diferencia entre hombres y mujeres se refleja también en formas de vida diferentes. Asi, por ejemplo, mientras el 80,9 % de los hombres mayores de 65 años están casados y viven con su pareja, esta situación sólo describe la forma de vida del 46,8 % de las mujeres, debido principalmente a que en cllas la viudedad es un fenómeno mucho más frecuente (Imserso, 2002). De esta _ manera. la soledad es un fenómeno que afecta mucho más a ellas que a ellos. Entre las mujeres mayores también los niveles de pobreza son mayores y la frecuencia con la que ejercen de cuidadores de su pareja-os-también mucho ps petidencia: aunque quizá si un mento del riesgo a cea asocia edad. Dentro de este último grupo, los niveles de funcionamiento físico y psi- cológico, así como la actividad social, se mantienen en niveles clevados e in- cluso, en algunos sentidos, pueden mejorar: es el denominado envejecimiento salisfactorio, que contradice los estereotipos tradicionales asociados a las personas mayores y la vejez (véase cuadro de texto). Su ¡estudio no solamente prucba la presencia de modos sanos de envejecer al alcance de una mayoría de personas, sino también nos puede permitir conocer cuáles son los factores que determinan este éxito y que evitan que la persona se deslice prematura- mente hacia un env ejecimiento patológico. Al abordar el envejecimiento satisfactorio desde una perspectiva psicoló- gica, una de las primeras cuestiones a aclarar es cuáles son los £riterio cadores-quettilizamos al etiquetar como «satisfactorios» ciertos -rtos modos de envejecer. Su concreción permitirá avanzar en la definición de este concepto y, al mismo tiempo, PES a diferenciar estos modos «mejores» de enveje- cer y que, por lo tanto, se han de potenciar y promover, de otros modos que podrían considcrarse «peore omucho menos descables./ [Pese a la importan= cia de la cuestión, diferentes autores han propuesto distintos criterios que ca- racterizarían el envejecimiento con éxito. En concreta, tradicionalmente se ha recurrido a criterios de dos tipos: An AE | —Unos criterios-objetivos) que hacen referencia a características clara- mente medibl e, en una medida u otra, comparan a las personas en una escala de rendimiento o de funcionalidad; Por ejemplo, la ma- yoría de los indicadores de.salud física; de estado ) cognitivo o de acti- vidades:que es capaz de realizar la persona serían yde este tipo. — Unos criterios subjetivos, que implican lalopinión y los valores de la propia persona. Estos criterios a veces puoden incluir aspectos de tipo cualitativo, y más que representar un rendimiento o capacidad hacen referencia a aspectos emocionales o evaluativos tal y como son expo- rimentados por uno mismo. La felicidad, la satisfacción vital o cl sen- tido de control personal serían buenos ejemplos de este tipo de indica- dores. Por ejemplo, Rowe y ! Kahn (1987), los investigadoros que propusieron el concepto de envejecimiento to satisfactorio, .Jo definen utilizando criterios de tipo Óbjctivo. Para ellos, envejecer satisfactoriamente implica tres elementos: una haja probabilidad de padecerlenfermedades y discapacidades asociadas a ellas (es decir. presencia de salud fisica), una capacidad funcional alta, tanto desde un punto de vista físico como cognitivo. (es decir, capacidad para reali- zar las actividades cotidianas necesarias para el autocuidado y la vida autó- noma), y una implicación activa con la vida, pr LOS ESTERFOTIPOS DE LAS PERSONAS MAYORES Y LA VEJEZ Los estereotipos son representaciones mentales genéricas, simplificadas y am- pliamente compartidas sobre determinado objeto o categoría social. Con respecto a la vejez y las personas mayores, tradicionalmente se ha asumido que las caracte- rísticas estereotípicas que les asociamos son negativas, exagerando aspectos que o bien son propios sólo de una minoría de personas mayores o bien tienen poca o ninguna base en los hechos. Por ejemplo, algunas de estas características frecuen= temente atribuidas a las personas mayores son que todas son muy parecidas, que están enfermas y dependen de otras personas, que presentan algún tipo de deterio- ro cognitivo, que son incapaces de aprender cosas nuevas, que se vuelven rígidas y difíciles de tratar, que son conservadoras y cerradas al cambio, que están social- mente aisladas o que lo que desean es sobre todo descansar tras años de duro tra- bajo (Branco y Williamson, 1982, APA, 1998). Estos cstercotipos negativos de las personas mayores parecen estar amplia- mente extendidos (Kite y Wagner, 2001; Hummert y cols. 2002) y se han encon- trado además en grupos de edad muy diversa, desde niños (Falchikov, 1990) hasta las propias personas mayores (Chaspcen, Schwarz y Park, 2002). S Los estereotipos negativos de las personas mayores son peligrosos porque pue- den funcionar como una profecía que se cumple a sí misma: si esperamos incapaz cidad y dependencia, es probable que nos comportemos de manera que la fomen- temos, reduciendo -las oportunidades para que los mayores se comporten de manera diferente a muestros prejuicios sobre ellos. Si los propios mayores asumen estos estereotipos negativos de la vejez como ciertos, su funcionamiento cogniti- vo, su salud o incluso su deseo de vivir en ciertas situaciones pueden verse afecta- dos (Levy, 2003). En ocasiones, los estereotipos también derivan en prácticas dis- criminatorias contra los mayores, como por ejemplo el uso con ellos por defecto de un habla infantil, la menor atención a sus problemas de salud, el acceso limita- do a tratamientos y terapias o las menores posibilidades de ser elegidos para cier- tos cargos o posiciones de liderazgo debido a su edad. Este conjunto de prejuicios y comportamiento discriminatorio ha sido llamado edadismo (Palmore, 1999; Montoro, 1998). Algunos autores argumentan que, más que un único estereotipo negativo de los mayores. existirian varios estercotipos. algunos (la mayoría quizá) negativos, pero también otros positivos (Hummert, 1999). Por ejemplo, entre estos estereotipos po- sitivos aparece el que califican como «edad de oro»: sería una imagen de persona mayor activa, sana, sociable, independiente, bien informada, productiva, viajera y orientada al ocio. Una imagen, como vemos, muy vinculada al envejecimiento sa- tisfactorio. graves, tisfactoriamente no solamente es estar libre de enfermedades ¡quiera disponer también de un buen funcionamiento físico y men- tal que permita a la persona realizar sin problemas y de manera autónoma las E | dl [ mientos ceptos, teorías y métodos Esta complementaricdad de los dÉpecos objetivos y subjetivos ha llevado a la mayoría de los investigadores a reconocer que el envejecimiento satisfac- torio es un concepto cuyo estudio necesita de un enfoque que integre ambos tipos de criterios. Por otra parte, autores como Baltes (Baltes, Lindenberger y Staudinger, 1998) destacan también como ingrediente fundamental del en- vejecimiento satisfactorio la capacidad de la persona para poner en marcha procesos destinados a conseguir o mantener en el tiempo los diferentes crite- rios y cualidades del buen envejecer que hemos comentado. Obviamente, alo largo de la vida las condiciones y las circunstancias que experimentamos son cambiantes y, en el caso de las últimas décadas de la vida, tarde o temprano la persona ha de afrontar la presencia de cicrtas pérdidas o limitaciones, ante las que se responde con csfucrzos destinados a sostener las condiciones objeti- vas y subjelivas que se juzgan esenciales. Esta capacidad adaptativa de las personas, esencial para ajustarse a los entornos dinámicos en los que desarro- llamos nuestra vida, sería otro ingrediente a la hora de definir qué es enveje- * cer bien. 1.2. La vejez avanzada o cuarta edad Si el concepto de envejecimiento satisfactorio subraya la idea de que la activi- dad, la productividad, el mantenimiento de niveles óptimos de bienestar o in- cluso la adquisición de nuevas ganancias son posibles en la vejez, el concepto de vejez avanzada o cuarta edad subraya, en contraste, la idea de que hay un en el optimismo y de lid: able y dominante. La vejez avanzada no es simplemente la continuación de la vejez, unos años extra de los que podemos disfrutar gracias a los avan- ces médicos, sino un periodo con características diferentes mucho menos be- névolas. En cuanto a la definición de la cuarta edad, como todo concepto que remi- te a una idea de etapa, situar su inicio cronológico es una tarea ambigua y compleja, que puede estar sujeta a variaciones culturales (probablemente la edad de inicio sea diferente cn los países industrializados que en los países pobres) o históricas (quizá cl inicio de esta cuarta etapa se esté retrasando en los paises avanzados). Baltes y Smith (2003), por ejemplo, proponen un crite- _rio demográfico para situar ese inicio: el momento. en el que la mitad delas personas de la misma generación que han llegado a mayores (por ejemplo, a los 60 años) ya ha fallecido. Tomando este criterio, en los países desarrolla- dos esta cuarta edad comenzaría entre losi80 y los 85 años. Obviamente, este criterio poblacional esconde mucha variabilidad, y los mismos autores afir- man que, desde un punto de vista puramenie individual, la vejez avanzada co- nie wando los cambios biológicos asociados al envejecimiento implican un aumento de la fragilidad del anciano y un riesgo de discapacidad, cuando no una discapacidad clara. En algunas personas la vejez avanzada puede co- BEE 20 Otros es más progresivo, a medida que aparecen o se gravas! una o varias en- fermedades crónicas. Así, el criterio de fragilidad, entendida como la aparición de discapacidad (o riesgo alto de di capas 1) y la disminución drástica de la capacidad de recuperación en caso de pérdida, cs un criterio importante en la definición de esta cuarta edad. Aun así, tampoco todos los autores definen la fragilidad de la misma manera. Smith y Baltes (1997), por ejemplo, encuentran que aproximadamente el 80 % de las personas mayores de 85 años presenta pérdi- das significativas en al menos tres de las seis áreas funcionales que analizan en su estudio (visión, oido, fuerza, actividades necesarias para vivir de mano- ra autónoma, enfermedades físicas crónicas y capacidades mentales). De ma- nera similar, en Estados Unidos se estima que aproximadamente un tercio de las personas mayores de 85 todavía son lo suficientemente sanas para vivir autónomamente en la comunidad, un tercio necesita algún tipo de ayuda para desarrollar una vida cotidiana autónoma y el tercio restante son personas dis- capacitadas y con grado muy elevado de dependencia. Según diversos estu- dios, la prevalencia de la demencia y otras enfermedades neurodegenerativas afecta aproximadamente a una de cada tres personas mayores de 85 años (Ebly, Parha, Hogan y Fung, 1994: Helmchen y cols., 1999). Como es bien sabido, éstas son enfermedades que afectan de manera radical la calidad de vida y autonomía de la persona. Por otra parte, y como ya hemos comentado. desde un punto demográfico la vejez avanzada o cuarta edad va a tener un peso cada vez más relevante. Sin embargo, pese a esta importancia, es un periodo de la vida al que tradicional- mente se le ha prestado poca atención, especialmente si nos referimos a perso- nas muy mayores que viven en la comunidad y no a aquellas que están institu- cionalizadas. En la mayoría de los estudios en los que participan personas mayores, éstas se suelen definir como «de 65 años en adelante», sin mayor di- Terenciación. Según algunos autores (Coleman y O” Hanlon, 2004) este relativo olvido también se debo a que es un periodo de la vida difícil de estudiar, en el que la situación de las personas muchas veces les impide participar en estudios y, cuando lo hacen, son aquellos con una salud física y psicológica especial- mente buena, lo que quizá puede contribuir a ofrecer una visión demasiado op- timista de este periodo. Por otra parte, hemos visto como la actividad, la auto- nomía, la salud, la productividad o la implicación con la vida, aspectos que tradicionalmente han sido patrimonio de la juventud, se intentan promover también en la vejez a partir del concepto de envejecimiento satisfactorio, Esto, quizá, puede contribuir a dejar de lado a los más mayores, a aquellos que, más tarde o más temprano, difícilmente van a superar los criterios (especialmente los objetivos) para ser considerados personas que envejecen satisfactoriamente. Claramente, la cuarta edad va a suscitar cada vez más interés con el paso del tiempo. Los desafíos que plantea desde múltiples puntos de vista son muy serios. Es un periodo de la vida en el que las necesidades de todo tipo se mul- Esta relativa tardanza en configurarse como ámbito de estudio propio dentro de la Psicología Evolutiva estriba, al menos en parte, en el dominio de un concepto de desarrollo que dejaba escaso margen al interés por la vejez. El concepto tradicional de desarrollo supone, en lineas generales, aplicar el modelo biológico de crecimiento al cambio de las estructuras y funciones psi- cológicas del individuo. Es decir, al igual que se produce un aumento eviden- te en las potencialidades biológicas de la persona durante las primeras déc das de la vida, sus estructuras y funciones psicológicas también experimentan este crecimiento, y es precisamente eso lo que tiene que describir y explicar la Psicología Evolutiva. Así, desde este concepto de desarrollo interesan única- mente los cambios que tienen las siguientes características: — Cambios de carácter unilateralmente positivo, es decir, sólo se entien- de por desarrollo aquellos cambios que suponen una ganancia para el organismo, incrementando su capacidad de adaptarse al medio y ca- pacidad de supervivencia. — Cambios en las estructuras y funciones del individuo que se dan co- relacionados con la edad y paralelos al crecimiento y maduración biológica. De esta manera, el desarrollo es un proceso ordenado en cl que cada uno de los pasos supone un requisito para poder dar el si- guiente que, en todo caso, supondrá una optimización en compara- ción con los anteriores. — Cambios que suponen el progreso de todas las dimensiones del indi- viduo, existiendo ciertas normas a hitos que todas las personas alcan- zan a aproximadamente las mismas edades. En suma, el desarrollo se contempla como un desplicgue de las potencia- lidades de la persona que culmina en un momento de progresión máxima, tí- picamente al final de la adolescencia o en la adultez, momento en el que la persona presenta unos parámetros de funcionamiento óptimos. Esta meta a alcanzar es el punto de comparación que permite conncer si el sentido de do- terminado cambio evolutivo es o no «desarrollo»: sólo lo será sipermite acér- carse a ese momento de funcionamiento óptimo. Como comenta Flavell (1970), este modelo de desarrollo sc ajusta de ma- nera óptima a los cambios que tienen lugar en la infancia, pero es muy difícil de aplicar a aquellos cambios que se dan más allá de la adolescencia. Desde este modelo, el desarrollo se entiende que es propio de unas ciertas fases del ciclo vital y no de otras. La consecuencia es la restricción del desarrollo psi- cológico del individuo a aquellas etapas en las que se da maduración o creci- miento físico, es decir, a la infancia y adolescencia, y el relativo olvido del es- tudio de las fases vitales posteriores desde la Psicología Evolutiva. Esta concepción maduracionista del desarrollo que hemos venido comen- tando provoca que cuando se estudia el envejecimiento desde la psicología se haga, al menos hasta los años 70, desde un punto de vista también madura- cionista asimilándolo a deterioro y declive. El propio carácter del concepto tradicional de desarrollo, paralelo al crecimiento físico-biológico, favorece la tendencia a conservar el paralelismo al estudiar las últimas etapas de la vida. Así, mientras el desarrollo implica maduración y progreso, el envejecimien- to, siguiendo la misma lógica, debería implicar involución-y deterioro. El re- sultado de esta importación del concepto biológico de envejecimiento (y, en general, de la visión biológica del ciclo vital) al estudio de las funciones y es- tructuras psicológicas cs un modelo de ciclo vital humano con forma de U in- vertida (Lavouvie-Vief, 1982), con tros fases bien diferenciadas: — Una primera fase, desde el nacimiento hasta el final de la adolescen- cia, caracterizada por la aparición, mejora-y progresión general en to- das las funciones y estructuras psicológicas del individuo. Estos cam- bios positivos se etiquetarían comoédesarrollo». — Una fase intermedia, mal definida. con límites relativamente difusos, en la que esas estructuras y funciones-se-mantendrían cn un nivel ópti- _mo y más o menos estable, sin cambios demasiado significativos. — Una última fase, que comprendería las décadas finales de la vida, con un punto final claro (la muerte), pero sin un punto de inicio demasia- do concreto, cn la que experimentaría un declive de todas-esas estruc- turas y funciones que habían aparecido y progresado en las primeras fases, declive que se acentuaría con el paso de los años. Estos cam- bios negativos se etiquctarían como «envejecimiento». Esta perspectiva, que asocia envejecimiento únicamente a déficit, parece ajustarse razonablemente bien a la comprensión de algunos ámbitos del enveje- cimiento humano, especialmente los relacionados con el envejecimiento cogni- tivo (véanse capítulos 4 y 5). Por otra parte, considerar el envejecimiento psico- lógico como un proceso de declive paralelo al envejecimiento biológico (y, quizá provocado por ¿l) ha configurado la psicología del envejecimiento como un ámbito de estudio multidisciplinar, en el que se tienen muy en cuenta los pro- cesos biológicos subyacentes. Por otra parte, también ha potenciado su perfil aplicado, prestando un especial interés a los problemas que rodean el envejeci- miento y cómo mitigarlos o eliminarlos. Sin duda estas características son parte de las razones que han impulsado la importancia que tienen en este ámbito de estudio las perspectivas psicobiológicas, psicopatológicas y de evaluación. Sin embargo, pensar de que el envejecimiento equivale únicamente a de- clive es una simplificación, cuando no una reproducción de algunos de los prejuicios comentados en apartados amteriores (véase cuadro). En los últimos años de la década de los 70 una seric de autores estadounidenses (Schaie, Nesselroade) y europeos (Baltes, Thomae) manifestaron desde el ámbito de la Psicología Evolutiva su insatisfacción con los presupuestos del concepto clásico de desarrollo, proponiendo una nueva perspectiva que tuviera en cuenta la cvolución de la persona a lo largo de todo el ciclo vital. nétodos estudio de los recursos adaplalivos de los seres humanos, la capacidad para superar o compensar ciertas pérdidas asociadas a la cdad e incluso la posibili- dad de experimentar ciertas ganancias hasta edades muy avanzadas. 2.2. La multiplicidad teórica de la psicología del envejecimiento Una teoría es un conjunto de conceptos y relaciones entre conceptos que pre- tende describir, explicar y predecir cierta parcela de la realidad. Por una parte, las teorías integran y explican fenómenos y datos que de otra manera no ten- drian sentido. Por otra, son capaces de predecir nuevas relaciones entre fenó- menos y actúan como guía para plantearse nuevos interrogantes susceptibles de ser respondidos a partir de la realización de estudios científicos. Por ello no es extraño que, en gran medida, la madurez de una disciplina o árca de e: tudio se juzgue a partir de la presencia en ella de teorías coherentes y siste- máticas. Sin embargo, la psicología en general y la Psicología Evolutiva en particu- lar, se caracterizan por no poseer un marco conceptual unificado que permita describir, explicar y predecir el comportamiento humano y su cambio a lo lar- go de la vida. Esta situación, lógicamente, se ve reflejada también en las teo- rías sobre el envejecimiento psicológico: más que una teoría, disponemos de múltiples teorías fragmentarias que presentan diferentes niveles de generali- dad (las hay más globales, con la pretensión de dar cuenta de numerosos fenó- menos, mientras otras presentan un ámbito de aplicación mucho menor) y también cierta especialización que las hace aplicables a determinado dominio evolutivo y no a otro. Así, por ejemplo, disponemos de teorías que pretenden explicar el cambio cognitivo en la segunda mitad de la vida, mientras otras se centran en el ámbito de la personalidad o en los cambios psicosociales. Con independencia de ello, algunas teorías proporcionan una visión del en- vejecimiento como un proceso continuo, sin sobresaltos, en el que es dificil si- luar el inicio de los cambios en estructuras y funciones, ya que aparecen como evolución de estructuras y funciones muy parecidas que existian con anteriori- dad. Otras, conciben el envejecimiento como una sucesión de cambios más o menos abruptos, como una secuencia de saltos cualitativos que suponen la apa- rición o pérdida de nuevas propiedades, de nuevas estructuras o funciones. De; de el primer punto de vista es dificil distinguir etapas o momentos diferencia- dos dentro del envejecimiento. Desde el segundo. el envejecimiento se puede describir como una secuencia de etapas cualitativamente diferentes entre sí, Una última dimensión importante a la hora de caracterizar una teoría evo- Tutiva es la medida cn la que concibe el cambio como algo provocado por fuerzas internas al individuo o por fuerzas externas a él. Entro las teorías que han optado por una explicación de los cambios de dentro a fuera se encuen- tran, obviamente, las innatistas y orientadas biológicamente. Para ellas, el cambio es un despliegue de potencialidades que ya se encuentran programa- A] 3500 das de alguna manera desde el nacimiento. En el otro polo se encuentran aquellas teorías y modelos que conciben los cambios evolutivos motivados por fuerzas externas al individuo, fruto de influencias ambientalos, sociales o culturales del contexto en el que esc individuo se sitúa. “Teniendo en cuenta todos estos aspectos que permiten posicionar unas teorías y modelos respecto a los otros, vamos a describir brevemente algunos de los que más impacto han tenido y tienen cn la psicología del envejecimien- to. Escogeremos cuatro: el enfoque del procesamiento de la información, la epistemología genética, la teoría de Erikson (y otras relacionadas, basadas to- das en los acontecimientos vitales) y la perspectiva del ciclo vital. 2.3. El enfoque del procesamiento de la información La perspectiva del procesamiento de la información es, desde los años 80, uno de los modelos dominantes en cl estudio del envejecimiento cognitivo. Aunque también existen aplicaciones del modelo fuera de este ámbito y, so- bre todo. aunque el uso de un lenguaje computacional, que procede de este modelo, ha invadido ámbitos no estrictamente cognitivos (en los dominios afectivo, social y de la personalidad), la importancia de cstas derivaciones no cognitivas es, comparativamente, mucho menor. Desde el procesamiento de la información se concibe la mente humana como un sistema que se comporta de manera similar a como lo hacen los or- denadores: un sistema que dispone de clementos que recogen información del medio, que es capaz de operar con ella, de transformarla e integrar en es- tas operaciones información que ya estaba almacenada en el propio sistema. previamente, y que finalmente licne medios para tomar decisiones y emitir respuestas. En la elaboración de modelos que simulan el funcionamiento de la mente humana, desde el procesamiento de la información se utilizan con- ceptos como los siguientes: — El concepto de información como representación simbólica sobre la que opera el sistema cognitivo. Estas represontaciones pueden ser de muy diferente naturaleza (espaciales o proposicionales, implícitas o explicitas, declarativas O procedimentales, cto.). — El conceplo defoperación o proceso. Desde esta perspectiva, el sisto- _maactúa a partir de la agregación de una serie de unidades básicas de operación que actúan de manera organizada sobre las representacio- nes: csta actividad cognitiva es el procesamiento de la información. De esta manera, un objetivo de la investigación prioritario desde este enfoque es la determinación de los procesos específicos que intervie- nen en la resolución de determinada tarea, problema, o situación, y cómo se organizan esos procesos para producir determinado compot- tamiento, respuesta o rendimiento observable, mayores, los resultados obtenidos sugieren que estas personas no sólo en ge- neral tienen más dificultades de las previstas para resolver tareas correspon- dientes a los estadios superiores, sino que las dificultades parecían aumentar a medida que eran más mayores. Este efecto aparece, por ejemplo, en tareas de conservación, de adopción de perspectivas o de clasificación (Blackburn y Papalia, 1992). La explicación que se da a cstos hallazgos y que intenta uni carlos es la llamada hipótesis de regresión, scgún la cual existiría un declive asociado a la-edad y la secuencia de este declive sería inversa a la mostrada enel desarrollo cognitivo infantil. Es decir, a medida que envejecemos su per- «derían antes aquellas capacidades adquiridas más tardíamente y que son tam- bién las más avanzadas. mientras que aquellas de más lemprana adquisición, más básicas y sencillas. perdurarían hasta edades más avanzadas. La hipótesis de regresión dista mucho de tener pruebas empíricas inequí- vocas y de sera ptada por la totalidad de los investigadores que se dedican al tema, así como tampoco presenta soporte teórico alguno desde la teoría de Piaget. En su teoría no se contemplan en modo alguno «regresiones» genera- lizadas. Cada etapa supone una reestructuración total del sistema cognitivo (la consecución de un nuevo equilibrio), lo que es ciertamente incompatible con «marchas atrás». Pero aun cuando los datos empíricos sobre rendimiento de los mayores resultaran indiscutiblemente menores que los de otras edades, todavía se podrían encontrar buenas razones para poner en duda que esos da- tos pudiesen ser interpretados como «regresiones» y mucho menos como muestra de pórdidas irreversibles de carácter biológico (McDonald y Stuart- Tamilton, 2002). Los factores de tipo generacional son sin duda los más ob- vios en este sentido: al haber sido extraídos de estudios transversales, los da- tos aportados no garantizan que no estén reflejando en realidad diferencias respecto a niveles educativos, de salud, etc., entre jóvenes y mayores. Por otra parte, a-partir-de este tipo de estudios-no podemos saber si los mayores han perdido capacidades cognitivas que antes tenían o, por el contrario, demues- tran una Lalta de capacidades que nunca tuvieron. Sin embargo, la aplicación de las ideas de Piaget al desarrollo más allá de la adolescencia no se limita sólo a la hipótesis de regresión. En los años 80, una scric de investigadores propusieron un nuevo estadio de desa- rrollo que caracterizaría el tipo de pensamiento que muestran los adultos: el pensamiento postformal. A diferencia del pensamiento operatorio formal y ¿su énfasis en la abstracción y la lógica como elementos que caracterizan el análisis de problemas cerrados y con variables claramente identificadas, los pensadores postformales serían especialmente hábiles en la solución de los ambiguos problemas dela vida cotidiana, unos problemas extremadamente "complejos en los que estarian implicados factores emocionales y sociales di- Hícilmentc reducibles a entidades abstractas con las que operar de manera ex- clusivamente lógica. Como veremos en el capítulo 5, este estadio postformal se caracterizaria por el relativismo; la aplicación de un pensamiento dialécti- co, una habilidad para extraer de situaciones ambiguas aquellos aspectos clave que definen el problema y por una mayor int cognición. El pensamiento postformal es una manera de extender más allá de la ado- lescencia y el fin de la maduración biológica la idea clásica de desarrollo como sólo ganancia. No obstante, a pesar de su relevancia para el estudio del pensamiento adulto, es más dudoso que lo sea cuando lo que interesa es el aprendiz mayor. Desde esta perspectiva ni se contemplan diferencias cvoluti- vas dentro de la adultez ni metas evolutivas ajenas al progreso y la ganancia. Esto, cuando tenemos en cuenta a las personas mayores y el proceso de enve- Jecimiento, donde la probabilidad de experimentar ciertas pérdidas aumenta (o al menos lo hace la probabilidad de no experimentar ganancias claras), li- mita su utilidad como marco de referencia para comprender el aprendizaje en las últimas décadas de la vida. 2.5. Erikson y las tareas evolutivas La teoría de Erikson destaca por ser una de las primeras que afronta el dosa- rrollo desde una perspectiva que incluye todo el ciclo vital humano. Aunque Erikson se encuadra dentro de la corriente psicoanalítica, su teo- ría se aleja bastante de la propuesta original de Freud. Según Wrightsman (1994) sus diferencias con la ortodoxia freudiana se centran básicamente en dos puntos: — Mientras Freud se centra sobre todo en la dinámica del inconsciente, Erikson lo hace en el yo.como entidad unificadora que asegura la co- herencia del comportamiento de la persona. Para él, la función del yo no es tanto la de evitar ansiedades, sino asegurar el mantenimiento de un comportamiento efectivo, y su teoría es una propuesta de cómo el yo evaluciona y adquiere cada vez más competencias a lo largo de la vida. — Eriksonrechaza-sHénfasis enlos impulsos sexuales y las-fuerzas bio- lógicas como determinantes del comportemiento, Para él, es la socie- dad la que funciona como guía en las clecciones del individuo. Su leoría es fundamentalmente una teoría de la relación del yo con el ontexto social que le circunda y sus demandas. Erikson (1982) entiende el desarrollo como una secuencia de ocho ctapas normativas predeterminadas. Cada una de esas etapas confronta al individuo con una Crisis o dilema de carácter psicosocial. Si el individuo supera con éxi- to esa crisis, agrega una nueva cualidad a su yo que le fortalece y le pone en disposición de afrontar nuevas crisis. Si, por el contrario, la crisis no es bien resuelta, dejará residuos neuróticos en la persona y, de alguna manera, difi- cultará cl afrontamiento de nuevas crisis y la incorporación de las nuevas cua- 20 conceptos, teorías y métodos estima de la persona dentro de su comunidad y. por otra, sirve corno prepara: dl ción para a afrontar futuras nuevas tareas. Featherman, Smith y Peterson (1990) identifican tres componentes en el concepto original de tarea evolutiva. En primer lugar, para poder completar con éxito una determinada tarea la persona tiene que haber alcanzado previa- mente un cierto nivel de madurez biológica, fisica y psicológica. En segundo lugar, las tareas son impuestas por una sociedad y cultura, secuenciándolas por edades y niveles madurativos. Por último, a través de un continuo proceso de socialización, el cumplimiento de las diferentes tareas tiende a convertirse cn una aspiración del propio individuo, en sus metas vitales a lo largo de la vida. Al igual que Erikson, Havighurst (1972) divide la vida en una serie de pe- riodos y asigna a cada uno de ellos una serie de tareas evolutivas. Estas ela- pas, con sus logros asociados (y en comparación con las de Erikson) podemos observarlas en la tabla 1.1. De esta manera, las tarcas evolutivas implican una — estructuración-a priori del ciclo vital que-explica-el parecido enebdesarrollo —evolutivo de las personas (incluso en el desarrollo más allá de la adolescen- cia) que pertenecen a la misma cultura. Obviamente, debido a la determina- Tabla 1.1. Etapas de Erikson y las tareas evolutivas de Havighurst en la segunda mitad de la vida Edad Erikson Havighurst Favorecer la asunción de responsabilidades y bienestar de los hijos. Generatividad frente. Lograr una responsabilidad civica adulta. aestancamiento. — Alcanzar y mantenerse en unas colas 30-60 años profesionales satisfactorias. Cualidad resultante: Desarrollar actividades de ocio adultas. Cuidado. Relacionarse con la pareja en tanto persona. Aceptar y ajustarse a los cambios fisiológicos de la mediana edad. Adaptarse al envejecimiento de los padres. Adaptarso a una fuerza física y salud en declive. “otegridad frente Adaptarse a la jubilación y redireccionar la adesesperanza. — energía hacia nuevos roles y actividades. *. Más de 60 años Desarrollar un punto de vista sobre Cualidad resultante: — la muerte y adaptarse a la muerte Sabiduría de la pareja y viudedad. Ajustar y establecer un hábitat físico de vida ) ¡sfactorio. ción psicosocial de las larcas evolutivas, es plausible no sólo que scan dife- rentes de una comunidad a otra, sino que dentro de una misma comunidad existan cambios históricos en el tipo de demandas y retos que ha de afrontar la persona en determinadas edades. Por ello, es probable que las tareas pro- puestas por Havighurst en los años 70 no sean exactamente las mismas que las que se plantean en las sociedades actuales en edades similares. 2.6. El enfoque del ciclo vital El enfogue del ciclo vital es uno de los marcos de comprens Ón del envejeci- miento más importantes en la actualidad y que más investigación genera. Más que ser una teoría, el enfoque del ciclo vital es un conjunto de principios ge- nerales sobre el desarrolto--lo largo de la vida que pueden ser aplicados en la elaboración de modelos más concretos que den cuenta del cambio en perio- —dos vitales y/o ámbitos evolutivos más específicos ( Villar, 2005). El objetivo principal que motivó la aparición de esta perspectiva es la críti- ca de la visión clásica del desarrollo, que como hemos visto anteriormente, se asocia sólo a ganancia y se limita a las primeras décadas de la vida. En su lugar se propone un concepto de desarrollo más complejo y diverso en el que se pue- da incluir el cambio a lo largo de toda la vida. En cpígrafes anterioros hemos vislo como desde el ciclo vital esto se lleva a cabo enfatizando aspectos como la multidireccionalidad, las diferencias individuales y la concurrencia de pér- didas y ganancias en todos los momentos de la vida. Para Baltes (Baltes, Lin- denberger, Staudinger, 1998). el desarrollo incluye tres aspectos o metas: — El erccimiento, que supondría la visión tradicional del desarrollo como ganancia y consecución de niveles de funcionamiento cada vez más eficientes o complejos. — El mantenimiento, entendido bien como los intentos destinados a,sos- tener el nivel de funcionamiento acmual en situaciones de riesgo o bien como el retorno a niveles previos de funcionamiento tras haber expe- rimentado una pérdida, La regulación de la pérdida, entendida como la reorganización del funcionamiento en niveles inferiores tras una pérdida que hace impo- “sible el mantenimiento de niveles anteriores. Aunque los tros aspectos están presentes a lo largo de toda la vida, la energía y los recursos que la persona emplea en cada meta del desarrollo cambian a lo largo de los años. Así, el desarrollo es básicamente crecimiento en los primeros años de la vida. Poco a poco, el mantenimiento y la regula- ción de la pérdida van ganando peso hasta que en las últimas décadas acapa- ran la mayoría de los recursos, aunque siempre hay posibilidad de que la ga- nancia esté también presente (véase figura 1.2).