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4. Memoria y atención Modesta Pousada y Javier de la Fuente Memoria y atención forman parte de lo que denominamos cognición, es de- cir, forman parte del conjunto de procesos mentales que nos permiten elabo- rar la información que recibimos del entorno y utilizarla para dar respuesta a nuestras necesidades. Habitualmente, los psicólogos cognitivos estudian los procesos mentales considerándolos de forma independiente y en un individuo sano y adulto. Sin embargo, más allá de esta diferenciación y de esta reducción, que suelen obe- decer a razones prácticas y de control metodológico, las actividades de nues- tra vida cotidiana nos muestran, por un lado, que estos procesos están en constante interacción mutua y, por otro, que se dan en el seno de un individuo que se transforma y que va cambiando a lo largo de su vida. Estas relaciones mutuas son particularmente estrechas entre la memoria y la atención o, mejor, entre el conjunto de sistemas y procesos a los que remite la memoria y el conjunto funciones atencionales. En las próximas páginas vamos a tratar de dar respuesta a algunos de los interrogantes que habitualmente nos formulamos cuando pensamos en cómo funcionan la memoria y la atención y, en particular, en cómo lo hacen en los mayores. ¿Atienden y recuerdan los mayores igual que los jóvenes? Si existen diferencias, ¿a qué se deben? ¿Qué puede influir en que cuando seamos ma- yores muestra memoria funcione mejor o peor? Y si ya somos mayores, ¿po- demos hacer algo para mejorarla? Veremos que desde la psicología cognitiva hay un creciente interés en las últimas décadas por indagar las respuestas a estos interrogantes y que tene- mos algunos datos relevantes al respecto pero, también, que muchas cuestio- nes permanecen todavía abiertas y que es preciso seguir investigando para obtener un dibujo más ajustado acerca de cómo funcionan estos procesos cognitivos en los mayores y, sobre todo, cómo podemos explicar los cambios que se producen y, de este modo, intervenir sobre ellos para mejorar la cali- dad de vida de la población anciana. Sin embargo, antes de centrarnos en estas cuestiones, vamos a abordar al- gunos aspectos generales sobre la memoria y la atención que resultarán rele- vantes para la exposición posterior. 1. La memoria y la atención: qué son y para qué nos sirven Como acabamos de señalar, memoria y atención son conceptos que nos remi- ten a distintos sistemas y procesos cognitivos cuya finalidad última y general es contribuir a la adaptación del organismo a su entorno. Dicho de otra ma- nera, dotar al organismo vivo de capacidad de respuesta adecuada ante las va- riaciones que el entorno presenta continuamente y, en relación con esto, pro- porcionar cierta capacidad de predicción sobre su variabilidad para poder elaborar anticipada y eficazmente una respuesta conductual. El mecanismo más básico y primitivo de «memoria» que cumple esta fun- ción adaptativa está inscrito en nuestro código genético. Las conductas instinti- vas nos permiten desarrollar toda una diversa gama de respuestas conductuales ante determinadas situaciones internas y externas que desarrollamos sin nece- sidad de haberlas aprendido anteriormente. La ventaja de estas conductas-ins- critas genéticamente es que se desarrollan de manera indefectible, pero su in- conveniente es la rigidez con la que suelen producirse. Es decir, necesitan que se den determinadas condiciones para desencadenarse y son poco flexibles ante variaciones no precodificadas. Esta memoria genética, que en los organis- mos más simples es quizá su elemento fundamental de adaptación, en el ser hu- mano pierde gran parte del protagonismo ante la importancia que toman los procesos de aprendizaje. La posibilidad de aprender añade flexibilidad a la ca- _pacidad del ser humano de adaptarse-a su medio, que es tan complejo y variable. De la complejidad y variabilidad del entorno humano se deriva que esos procesos cognitivos que llamamos memoria y atención, y que posibilitan los procesos del aprendizaje humano, no puedan ser consideradas facultades simples sino que hoy en día los entendamos como una compleja interacción entre distintos sistemas, en el curso de la cual se pueden desarrollar una in- mensa variedad de procesos. Además de su complejidad, otra característica esencial del entorno humano es que está configurado por otras personas y que, por tanto, adaptarse a la conducta humana y a sus especificidades (p. ej. el lenguaje) va a ser una necesidad fundamental. Como vamos a hablar de sistemas y de procesos debemos definirlos aun- que sea de manera muy informal. Por sistema de memoria entendemos aque- Cognición y procesar la información que necesitamos en cada momento para ejecutar la tarea o tareas que estemos desarrollando. Por tanto, su función no-es-única- mente la de almacenar (cuado nos referimos a esta función solemos hablar de «memoria a corto plazo», o MCP), sino también la de manipular de forma ac- tiva (procesar) la información que recibe tanto del exterior como de la memo- ria a largo plazo (MLP) para desarrollar las tareas en que estamos implicados en cada momento (cuando nos referimos a esta función hablamos preferente- mente de «memoria de trabajo»). Aunque son varios los modelos que se han elaborado sobre la memoria de trabajo, probablemente uno de los más conocidos sea el desarrollado por Baddeley y Hitch (1974). En este modelo, la memoria de trabajo se conside- ra, a su vez, formada por tres subsistemas diferentes: dos de ellos se encargan de almacenar temporalmente la información verbal y la información visual y espacial (son el bucle articulatorio y la agenda visoespacial, respectivamen- (e); y el tercero, que es el componente principal, 'se denomina ejecutivo cen- tral y actúa como un sistema de control atencional, regulando el flujo de in- formación entre los diversos sistemas, coordinando las diversas tareas que habitualmente ejecutamos de manera simultánea y distribuyendo los recursos de procesamiento, que siempre son limitados, entre ellas. Así pues, hoy en día entendemos la atención, más que como una facultad unitaria, como un con- junto de procesos desarrollados por el ejecutivo central de la memoria de tra- _bajo, Es por ello por lo que nos referiremos a los cambios que experimentan las funciones atencionales cuando nos detengamos en el funcionamiento de la memoria de trabajo y su evolución con la edad. En ocasiones, la información presente en la memoria de trabajo pasa a un almacén de capacidad y persistencia virtualmente ilimitadas, la MLP. En este sistema se representa nuestro conocimiento del mundo y de nuestro pasado. La información de la memoria a largo plazo permanece habitualmente «desactivada» hasta que es «activada» por los requerimientos de una tarea o situación determinadas. Decir que una información en memoria a largo plazo se-activa-es-lo- mismo que decir que pasa a la memoria de trabajo. Por tanto, esta última actúa como una central operativa que recibe información del exte- rior y del interior del sistema y que la procesa, es decir, que realiza las opera- ciones necesarias en función de los objetivos del organismo. La memoria a largo plazo está, a su vez, constituida por dos grandes sub- sistemas: la memoria declarativa y la memoria no declarativa. La memoria declarativa es el sistema cuyos.contenidos son inspecciona- bles conscientemente y fácilmente trasladables a términos ingúísticos faun- que también a imágenes:-caras, localizaciones, trazados espaciales, etc.). En contraposición, la memoria no declarativa es el sistema cuyos contenidos no son inspeccionables conscientemente-y su representación se halla muy aleja- da de lo lingúístico (habilidades.motoras como el montar en bicicleta o atar- noslos cordones de los zapatos, habilidades perceptuales, condicionamiento pavloviano, etc.). mí 4. Memoria y atención A su vez, la memoria declarativa se divide en dos subsistemas: lamemo- +ia.episódica y la semántica. La primera se refiere a los recuerdos de objetos, personas y episodios concretos de los que hemos tenido experiencia a lo largo de nuestra vida (el recuerdo de mi lugar de trabajo, de mi novia, de lo que su- cedió en las últimas vacaciones. ..); lamemoria-semántica, en cambio, se re- fiere a la representación de los significados de las palabras, de los conceptos, de las situaciones estereotipadas y, en general, de todo el conocimiento des- contextualizado (qué es un trabajo o una novia, qué se hace en una excursión, cuál es la capital de Francia...). Como vemos, hoy en día se entiende la memoria como un sistema multi- dimensional, en constante interacción con los procesos perceptivos, la com- prensión y expresión verbal, el desarrollo de habilidades motrices, las funcio- nes atencionales (que corresponderían a procesos desarrollados por el ejecutivo central de la memoria de trabajo) y, en general, el conjunto de pro- cesos cognitivos. Entendiendo la memoria de esta forma, resulta más com- prensible que aunque, en general, los resultados psicométricos y experimen- tales muestren que con el paso de los años nuestra capacidad para recordar sufre un cierto deterioro, no todos los tipos de memoria siguen la misma pau- ta evolutiva. A continuación veremos cómo se ven afectados los distintos sis- temas y subsistemas por el envejecimiento. 2. Cambios que experimentan la memoria y la atención durante el envejecimiento 2.1. Estudios transversales Como acabamos de ver, la psicología del procesamiento de la información entiende que lo que habitualmente llamamos memoria o atención correspon- den, en realidad, a un conjunto de sistemas distintos que desarrollan procesos de naturaleza muy diversa. Por tanto, responder a la pregunta de si cambian o no nuestra memoria y nuestra atención cuando envejecemos no puede ser simple y deberemos ob- servar qué pasa con estos distintos sistemas y procesos. Vamos a empezar repasando algunos de los datos más relevantes que la investigación experimental está aportando sobre el funcionamiento cognitivo en las personas mayores utilizando estudios de carácter transversal, es decir, a través de pruebas que realizan grupos de diversas edades en un único momen- to temporal. Lo haremos de un modo resumido, pues un análisis más detalla- do puede encontrarse en Pousada y De la Fuente (2005). Posteriormente, nos detendremos en las conclusiones que aportan los es- tudios longitudinales, que, desde una perspectiva metodológica diferente, complementan los datos obtenidos de estudios transversales. 78 El control del flujo de información y del orden de los procesos que se eje- cutan sobre ella es responsabilidad de la memoria de trabajo mediante los lla- mados procesos ejecutivos. Aunque no existe un consenso absoluto sobre el abanico de potenciales procesos ejecutivos (Salthouse, Atkinson y Berish, 2003), vamos a referirnos a aquellos procesos que cuentan con mayor acepta- ción entre los investigadores. El primero-es el proceso deámhibición: Cuando hablamos de inhibición, nos referimos al proceso que permite: a) evitar que Z información irrelevante para el objetivo de procesamiento actual entre en la ;emoria de trabajo; b) |prevenirrespuestas fuertes, es decir, sobreaprendidas, cuando éstas no son las adecuadas. Los procesos inhibitorios son probable- mente los elementos del control ejecutivo de la cognición que más se han es- tudiado tanto desde la neuropsicología (asociados habitualmente al estudio de las lesiones frontales), como desde una perspectiva estrictamente psicoló- gica. Desde esta perspectiva, además, han sido también un factor habitual- mente postulado a la hora de explicar el deterioro cognitivo asociado a la edad. Otros procesos ejecutivos tienen que ver con la evaluación y actualiza- ción de la información contenida en la memoria de trabajo. Estos procesos se encargarían de reevaluar continuamente la información contenida en el espa- cio de almacenamiento limitado de la memoria de trabajo e irían desechando aquella información que ya no es relevante para el sujeto en un momento de- terminado. Por último, otro de los procesos de control ejecutivo de la memoria de tra- bajo tiene que ver con la activación o recuperación, a partir de la MLP, de información relevante para el curso actual del procesamiento. La efectividad de este proceso puede ser medida a través de la ejecución de una tarea de flui- dez verbal. En este tipo de tareas se pide al sujeto que recupere de su MLP tanta información como pueda y que satisfaga un determinado criterio tan rá- pidamente como le sea posible. Por ejemplo, podemos pedir al sujeto que du- rante un minuto diga tantas palabras como pueda que empiecen por la letra T. Lo más probable es que el sujeto no haya desarrollado esta tarea nunca y, por tanto, careciendo de información preactivada, tenga que elaborar en su me- moria de trabajo índices de búsqueda que le permitan activar la mayor canti- dad de información posible en poco tiempo. La actuación conjunta y coordinada de estos (y probablemente otros) pro- cesos ejecutivos constituye, como venimos señalando, un auténtico sistema de control atencional, regulando el flujo de información entre los diferentes sistemas, coordinando las diversas tareas en que estamos implicados y las di- ferentes informaciones que recibimos en cada momento y distribuyendo nuestros recursos entre ellas. De este modo, este conjunto de procesos liga- dos al ejecutivo central hacen posible las diferentes funciones que tradicio- nalmente se han asociado a la atención: la atención dividida, la alternancia atencional, la atención selectiva y la atención sostenida. 1 E Cognición 2.1.3. Estudios sobre atención dividida La atención dividida remite a aquellas situaciones en las que los sujetos de- ben controlar la realización simultánea de dos o más tareas, o atender a dos o más fuentes de información a la vez. Cuando en estas situaciones se compara la ejecución de personas mayores con la de jóvenes, se suele observar, en ge- neral, que el rendimiento de los mayores es inferior. Algunos investigadores consideran, de hecho, que ésta es una de las acti- vidades mentales en que las diferencias ligadas a la edad se muestran de una manera más clara y consistente. 2.1.4. Estudios sobre la alternancia atencional La alternancia atencional se refiere al proceso de ir alternando el control so- bre dos o más fuentes de información. De este modo, en una tarea expéerimen- tal que analice alternancia atencional el sujeto se ve obligado a ir modifican- do su foco de atención. Por ejemplo, en una tarea de este tipo se podría instar al sujeto a atender en algunos ensayos a la letra del centro en una combina- ción de cinco letras, mientras en otros ensayos se le pide que atienda a la tota- lidad de la pantalla para detectar un estímulo periférico. Los primeros datos aportados por diferentes investigaciones que han utili- zado estímulos visuales muestran qué no hay una disminución del rendimiento en este tipo de tareas con la edad. Ello resulta sorprendente cuando los datos comportamentales sobre los mayores incluyen referencias a su rigidez y perse- veración y cuando se disponen de datos que muestran la existencia de diferen- cias si la alternancia afecta a estímulos auditivos. Estudios recientes sí mues- tran un claro déficit en las personas mayores en cuanto a la rapidez con la que ejecutan este tipo de tareas de alternancia atencional, pero no en cuanto al nú- mero de errores que cometen (De la Fuente, Pousada y Gómez-Zúñiga, 2005). 2.1.5. Estudios sobre la atención selectiva Atender de manera selectiva a aquella información que es relevante e ignorar la que no lo es se considera un requisito previo para desarrollar una conducta realmente adaptada y efectiva. Utilizando diferentes procedimientos experi- mentales y distinto tipo de estímulos, se ha observado generalmente un rendi- miento peor de los mayores en este tipo tareas de atención selectiva. 2.1.6. Estudios sobre la atención sostenida La atención sostenida remite al mantenimiento de la atención durante perio- dos largos de tiempo. Un ejemplo del tipo de tareas que deben realizar los su- LEN Cogni 1] minado control! de la realidad. En general, se ha encontrado que las dif — rencias entre grupos de edad son escasas, aunque determina en los ancianos una mayor probabilidad de relatar varias veces los eventos que les han suce- dido, pensando que es la primera vez que lo hacen (Koriat, Ben-Zur y Shef- fer, 1988). 2.1.8. Memoria semántica Tradicionalmente se venía considerando que los recuerdos episódicos eran sensibles al envejecimiento, pero que no sucedía lo mismo con la informa- ción semántica, Así, los resultados obtenidos clásicamente a través de la investigación vendrían indicando que: — Elnivel de vocabulario de los mayores no disminuye, sino que en al- gunos casos aumenta a lo largo del ciclo vital. Además, igualando el nivel educativo de jóvenes y mayores, estos últimos suelen tener pun- tuaciones superiores a la escala de vocabulario del WAIS. — Tampoco existirían diferencias en el conocimiento fáctico general que muestran jóvenes y mayores, ni en cuanto a su nivel de compren- sión general, es decir, a la activación de información de memoria se- | mántica para realizar inferencias. Sin embargo, en trabajos más recientes han comenzado a detectarse dife- rencias ligadas a la edad en algunas tareas de memoria semántica. Básicamente, los problemas parecen encontrarse en el acceso al léxico, coneretados por ejemplo en problemas para encontrar la palabra adecuada al