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Werther: héroe romántico, Monografías, Ensayos de Literatura

Werther como héroe romántico cuyo final es determinado por su mirada sentimentalista e idealista del mundo y las lecturas que realiza.

Tipo: Monografías, Ensayos

2017/2018
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florencia1997
florencia1997 🇦🇷

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Werther: la autodestrucción de un héroe romántico
Introducción
Publicada en 1774 y reeditada ocho años después, Las penas del joven Werther hizo que
Johann Wolfgang von Goethe fuera públicamente reconocido y podría considerarse
como el primer best-seller. Está compuesta mayormente por una serie de cartas que
Werther, un joven artista, envía a su amigo Guillermo, luego de mudarse al pueblo
ficticio de Wahlheim donde se enamora de Carlota. Se trata justamente de una novela
epistolar narrada desde la voz de un héroe privado y burgués característico del género.
Estas cartas monologadas expresan la visión del mundo de su protagonista, permitiendo
un acercamiento enorme a la subjetividad del joven. Solo podemos acceder al mundo de
la obra a través de los ojos de Werther y de lo que él elije mostrarnos del mismo, lo cual
le confiere una gran importancia a la figura del Editor omnisciente que Goethe agrega al
reeditar el libro ocho años después.
La introducción del Editor probablemente constituya un llamado de atención a
los lectores contemporáneos de la obra. En el momento de su publicación la novela
sufrió de una gran banalización y simplificación debido a su popularidad, ayudadas
también por su carácter ciertamente autobiográfico que oscureció los límites entre la
ficción y la realidad. Años más tarde, en su Poesía y verdad Goethe se lamenta que un
libro que escribió para aliviar su alma haya sido considerado como pernicioso por sus
lectores, que incluso llegaron a imitar al protagonista en una ola de suicidios. (Goethe
1811: 646)
Los lectores tampoco tuvieron en cuenta la subjetividad de la narración de
Werther: es un narrador no fiable debido a su condición de sentimentalista (lo cual
claramente lo distancia de su autor). Es esta suerte de contradicción satírica que se
produce en el personaje, que asimila todos los rasgos de un sentimentalismo exacerbado
a una subjetividad que cree única e irrepetible, lo que me interesa analizar en la novela.
Mi intención es demostrar cómo la psicología del personaje de Werther, alguien que
contempla la realidad a través de imágenes sesgadas por su imaginación e ideales
estéticos y que se decepciona constantemente gracias a aquel idealismo, es lo que lo
lleva a su fin trágico e inescapable, a través de las categorías estéticas de lo bello y lo
sublime.
Alemania ilustrada y el Sturm und Drang
Para lograr comprender en su totalidad a las implicancias de la novela de Goethe es
imprescindible ahondar primero en el contexto histórico, ideológico y social que la
Es sabido que durante su estadía en Wetzlar Goethe estuvo enamorado de Charlotte Buff, comprometida
con un amigo suyo, Kestner. En esa misma ciudad ocurrió también el suicidio de Karl Wilhelm
Jerusalem, debido a un aparente fracaso amoroso. Fragmentos de una carta narrando lo sucedido fueron
transcriptos por Goethe con escasas alteraciones en la novela.
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Werther: la autodestrucción de un héroe romántico Introducción Publicada en 1774 y reeditada ocho años después, Las penas del joven Werther hizo que Johann Wolfgang von Goethe fuera públicamente reconocido y podría considerarse como el primer best-seller. Está compuesta mayormente por una serie de cartas que Werther, un joven artista, envía a su amigo Guillermo, luego de mudarse al pueblo ficticio de Wahlheim donde se enamora de Carlota. Se trata justamente de una novela epistolar narrada desde la voz de un héroe privado y burgués característico del género. Estas cartas monologadas expresan la visión del mundo de su protagonista, permitiendo un acercamiento enorme a la subjetividad del joven. Solo podemos acceder al mundo de la obra a través de los ojos de Werther y de lo que él elije mostrarnos del mismo, lo cual le confiere una gran importancia a la figura del Editor omnisciente que Goethe agrega al reeditar el libro ocho años después. La introducción del Editor probablemente constituya un llamado de atención a los lectores contemporáneos de la obra. En el momento de su publicación la novela sufrió de una gran banalización y simplificación debido a su popularidad, ayudadas también por su carácter ciertamente autobiográfico que oscureció los límites entre la ficción y la realidad. Años más tarde, en su Poesía y verdad Goethe se lamenta que un libro que escribió para aliviar su alma haya sido considerado como pernicioso por sus lectores, que incluso llegaron a imitar al protagonista en una ola de suicidios. (Goethe 1811: 646) Los lectores tampoco tuvieron en cuenta la subjetividad de la narración de Werther: es un narrador no fiable debido a su condición de sentimentalista (lo cual claramente lo distancia de su autor). Es esta suerte de contradicción satírica que se produce en el personaje, que asimila todos los rasgos de un sentimentalismo exacerbado a una subjetividad que cree única e irrepetible, lo que me interesa analizar en la novela. Mi intención es demostrar cómo la psicología del personaje de Werther, alguien que contempla la realidad a través de imágenes sesgadas por su imaginación e ideales estéticos y que se decepciona constantemente gracias a aquel idealismo, es lo que lo lleva a su fin trágico e inescapable, a través de las categorías estéticas de lo bello y lo sublime. Alemania ilustrada y el Sturm und Drang Para lograr comprender en su totalidad a las implicancias de la novela de Goethe es imprescindible ahondar primero en el contexto histórico, ideológico y social que la

Es sabido que durante su estadía en Wetzlar Goethe estuvo enamorado de Charlotte Buff, comprometida con un amigo suyo, Kestner. En esa misma ciudad ocurrió también el suicidio de Karl Wilhelm Jerusalem, debido a un aparente fracaso amoroso. Fragmentos de una carta narrando lo sucedido fueron transcriptos por Goethe con escasas alteraciones en la novela.

impulsó. Werther surge como parte del movimiento artístico conocido como Sturm und Drang , precursor del Romanticismo, que se desarrolla en Alemania durante la segunda mitad del siglo XVIII. El nombre de este movimiento proviene de la pieza teatral de Friedrich Klinger, figura no tan reconocida frente a otros exponentes como Goethe, Schiller, Herder y su precursor Hamann. Se trata de un grupo de jóvenes burgueses que proclaman el lema de la libertad absoluta y se caracterizan por un sentimiento de añoranza ante la pérdida de un contacto vivo con la naturaleza y lo nacional, productos de la alienación respecto a la sociedad en la que vivían: esta es una Alemania sumida en la Ilustración, escuela política e intelectual que pregonaba la hegemonía de la razón cartesiana y el énfasis del método científico. Asimismo, se encuentra dominada por principados que se alían con la nobleza creando un nuevo proceso de aristocratización de los espacios públicos y culturales que desplaza a la burguesía a un espacio renegado, dentro de un sistema prácticamente feudal. La burguesía, por lo tanto, se encontraba completamente excluida del gobierno del país y de toda actividad política, lo que produjo en sus individuos una pasividad que se extendió a toda la vida cultural. Los jóvenes idolatran a Shakespeare como prototipo del genio original que no se apoya en reglas preestablecidas, siendo que ellos mismos se rebelan frente a las normas neoclásicas que no logran capturar la verdadera condición humana. Su otro antecedente más importante fue Rousseau, el primero en exaltar el sentimiento de forma intransitiva. Buscan proteger lo individual dentro de la obra poética, algo a lo que Goethe adhiere claramente en su rechazo a las teorías generalizadoras que reducen a la naturaleza múltiple humana. Toda la obra del Sturm und Drang se encuentra atravesada por la búsqueda de aquel vitalismo (logrado por Shakespeare) de mostrar la vida y al ser humano tal cual es, en su completa subjetividad que pugna entre el bien y el mal. La religión personal del autor El vitalismo es un aspecto esencial dentro de la cosmovisión goetheana y la base para la construcción de Werther, explicando también su progresiva autodestrucción en la novela. Surge del interés de Goethe en su juventud por la filosofía emanantista, es decir, aquella doctrina neoplatónica que plantea que los elementos singulares e inferiores del mundo son producidos como una emanación de lo divino y perfecto que les concede una función en la totalidad. Se trata de una filosofía que en Goethe puede enmarcarse dentro del panteísmo y que explica la importancia que éste otorga a la naturaleza como lugar de consistencia y quietud, donde además se conectan los polos de fuerzas contrarias que organizan al universo: lo celestial y lo terreno, identificados respectivamente con las categorías de expansión y concentración. De esta forma, a

yuxtaponen en las expresiones lingüísticas que usa Werther para describirla, haciendo énfasis también en su incapacidad de describir realmente dicha inmensidad. Esto puede apreciarse claramente en su carta del 10 de mayo, situada al comienzo de la obra, cuando Werther llega a Wahlheim y cree ver en la naturaleza toda esa felicidad que él experimenta. En la misma se mezclan imágenes contradictorias de lo bello y lo sublime, como puede verse claramente en la frase “flotando en un océano de eternas delicias” (p. 9), y en la idea emanantista planteada de la naturaleza como un reflejo de Dios y el anhelo del protagonista de poder lograr lo mismo a través del arte. Sin embargo, al avanzar la obra vemos cómo se siente cada vez más incapaz de transponer la belleza de la naturaleza y los sentimientos de su alma en la pintura. Este fracaso surge de un diletantismo que se manifiesta en toda su psicología: el personaje entusiasta posee una capacidad receptiva exacerbada pero, asimismo, carece de la fuerza creadora que le permita expresarla. Werther cree que las sensaciones que la naturaleza produce en él deberían ser suficientes para producir la obra de arte, aunque en la práctica se vuelva consciente de su improductividad. En este sentido Werther es un descendiente directo de Hamlet: son hombres para quienes su “yo” se disuelve en la oscilación, en la pasividad y la melancolía de un pensamiento que no fecunda la acción, sino que destruye la vitalidad y al hombre mismo. Werther posee incluso algunos momentos en los que es consciente de esto: “¿Por qué no he de confesar mi angustia en este momento en que mi ser duda y fluctúa entre ser y no ser?” (15 de noviembre 1772:89). Siendo el joven artista incapaz de observar la realidad sin reducirla a estereotipos estéticos y a una cristalización idealista, se vuelve también incapaz de representarla artísticamente, sucediendo lo mismo con el retrato de Carlota: mientras más grande es su idealización de ella, menos capaz se vuelve de recordar y representar sus rasgos. De esta forma la intención de Werther de volverse uno con la divinidad, de expandirse hacia lo celestial a través de la conexión con la naturaleza se ve cada vez más frustrada, culminando con la inundación del 12 de diciembre donde lo sublime termina por dominarlo todo y se clarifica lo inevitable del desenlace en las palabras del protagonista: “Un extraño temblor y una tentación inexplicable se apoderaron de mí. Me encontraba con los brazos estirados hacia el abismo, acariciando la idea de arrojarme hacia él.” (p. 102) La naturaleza aparece también en contraposición con la ciudad, a la que Werther desprecia junto con la artificiosidad de las jerarquías y costumbres sociales. Cuando el protagonista, atormentado por su situación frente al compromiso de Carlota y Alberto y consumiéndose en su inacción frente a los eventos, decide aceptar un trabajo en la corte

podemos ver cómo también es incapaz de establecer vínculos sociales y su incompatibilidad a la hora de desarrollar una profesión burguesa. Estos aparecen como consecuencias de su sentimentalismo: por un lado, Werther se considera como un hombre distinto a todos los demás, las clases sociales no le interesan debido a que la posesión de un espíritu idealista hace que se sienta posicionado por encima de ellos y de sus vanos intereses materiales. Sin embargo, encontramos que esta constante peregrinación que el personaje realiza sin sentirse cómodo en ningún lugar es terriblemente angustiante para él. La determinación de la huida, motivo sumamente importante en la obra, aparece como la única solución ante sus ojos y como una metáfora cada vez más explícita sobre su inminente suicidio. El único contacto real que el protagonista logra establecer con sus pares es a través de los momentos de ocio y aun así nos recuerda que dicha conexión es un mero artificio que pone en escena para auto- convencerse de su propia felicidad, sabiendo en su interior que la verdadera empatía es inalcanzable para alguien cómo él. Esto lo explicita en la carta muy poética del 27 de octubre de 1772: “Nadie puede comunicarme esas sensaciones de amor, de felicidad, gozo y delicia que yo no poseo naturalmente; y, aunque mi corazón arda con el más vivo afecto, no podría generar felicidad en quien ese mismo calor no es inherente.” (p. 87). Werther piensa en sí mismo como un hombre extraordinario, incompatible con la mediocridad de la ciudad y la corte que alienan su potencial. Demuestra esto en su desprecio hacia el embajador y su meticulosidad que lo retrasan, y solo comienza a apreciarlo cuando recibe de éste una carta personal donde expresa admiración por él e intenta moderarlo en su sentimentalismo, mostrando cuán importante es para el joven la visión que los demás tienen de él. Werther utiliza su inteligencia y subjetividad para sentirse moralmente superior de aquellos que lo exceden en clase, pero cuando alguien como la Señorita B. lo rechaza por su condición de burgués, aun cuando tenían un vínculo que él consideraba espiritual, Werther expresa el deseo de terminar con su vida. El personaje de Alberto, un hombre burgués, exitoso y moderado, aparece como la más clara oposición al sentimentalista y representa prosopopéyicamente a la Ilustración de la razón. Viéndose incapaz de ser superior a Alberto a través del éxito profesional, Werther intenta convencerse de que él es un mejor hombre para Carlota debido a su profundidad espiritual y afectiva, que acusa a Alberto de no poseer. La incompatibilidad que representan ambos personajes alcanza su punto más evidente en la carta del 12 de agosto, donde Werther narra una discusión que mantuvieron en torno a la problemática del suicidio. Alberto, hombre de razón y prerrogativas absolutas, dice a Werther “el que

matrimonio de Carlota, el joven comienza a dejarse carcomer con mayor intensidad por la pesadumbre de su alma y lo sublime, lo cual podemos observar en el cambio de las lecturas. En Ossian, cuyos versos fueron importantísimos en la gestación del Romanticismo gracias a su carácter popular y la expresión pura de los sentimientos, Werther encuentra un poeta cuyo retrato de una naturaleza consistentemente sublime refleja el interior de su propio espíritu atormentado y lo inscribe en el mundo exterior. En contraposición con el mundo bello y aquietado de Homero, Ossian produce en el joven un anhelo por vivir en un mundo épico y sublime y un deseo de “sacar la espada y librar a mi príncipe de las penas de una vida que es una agonía lenta, hiriéndome después a mí mismo, para enviar mi ser en seguimiento del alma del héroe liberado” (p.85). Las lecturas que el protagonista realiza de sus traducciones de Ossian hacia el final de la obra constituyen el epítome de la dominación de lo sublime en su carácter y se presentan paralelamente a su propia historia como encaminada a la destrucción, no solo ya de él mismo, sino también a la de Carlota y Alberto. La idealización de Carlota Las lecturas realizadas por el protagonista también sirven para esclarecer la figura casi inaccesible de Carlota. En ningún otro aspecto de su realidad Werther peca tanto del amor de vanidad como con la mujer amada, quien desde que se nos presenta en la obra aparece rodeada de un halo de divinidad e idealización que no nos permite nunca saber quién es Carlota en realidad. Podemos ver cómo el protagonista realiza una cristalización de Carlota en las mujeres protagonistas de sus autores predilectos: en un primer momento, durante las épocas en las que Werther es feliz, es identificada con la Penélope de Ulises, hermosa y agraciada, paciente, sumisa, fiel, una figura virginal que es a la vez digna de ser esposa y madre (lo cual se refleja en su relación con sus hermanos). Luego de que Werther expresa su preferencia hacia Ossian, el modelo de femineidad representado en Penélope se transpone a Daura, quien está condenada a padecer la muerte de su amante, su hermano y de ella misma por el dolor que esto le produce, en un ambiente cargado de lo sublime, de pasión y violencia. Mientras que Penélope es, podría decirse, recompensada por su fidelidad con el retorno de su esposo, la fidelidad de Daura solo trae muerte y dolor, de forma paralela a lo que sucede en la historia que nos compete. Hay una fuerte impronta profética en esta lectura que anticipa el final de la obra y cómo Werther cree que en su aventura amorosa uno de los tres debe morir para que los que quedan sean felices, aunque quizás pueda interpretarse que el protagonista tenga deseos vengativos sobre Carlota y Alberto al concretar su suicidio. 2

(^2) En una de sus últimas cartas previas a su suicidio Werther escribe tanto a Carlota como a Alberto hablando de los favores que esta le otorgo de una forma ambigua que podría poner en duda la fidelidad de la esposa: “He saboreado ese pecado en sus delicias, en su éxtasis inmenso. He aspirado el bálsamo de la vida y con él he fortalecido mi alma. Desde aquel instante eres mía.” (p.120)

Lo cierto es que la autodestrucción de Werther está íntimamente conectada con su visión cristalizada e idealizada de Carlota, llevada hasta un extremo religioso. Dicha religiosidad puede explicarse teniendo en cuenta el contexto de creación de la novela: Werther representa al hombre moderno de una sociedad cada vez más secular, un hombre que intenta llegar a Dios a través de su conexión con la naturaleza y la mujer amada, pero que no recibe respuesta. Es también una sociedad que experimenta la transición del catolicismo al individualismo protestante, donde el sentimiento de culpa debe ser lidiado en lo personal y no tiene acceso a los sacramentos, especialmente la absolución que concede la confesión. Este es un tema que preocupa a Goethe en su Poesía y verdad , donde narra cómo en su juventud la falta del sacramento de la confesión hacia un sacerdote que representara la divinidad en la tierra hacía que la culpa lo atormentase y complicase la unión entre la vida interior y exterior religiosa. (1811:320) Podemos analizar desde este sentido al personaje de Werther: su alma atormentada sueña con fundirse con la divinidad de Dios, lo cual es propio de su cualidad de personaje expansivo, por lo que termina encontrando en Carlota una figura celestial mediadora entre él y una divinidad que no responde, adoptando casi el papel de un sacerdote en su vida. Los simbolismos que remiten a esto son varios en la obra: en un primer lugar, la escena en donde Werther ve por primera vez a Carlota y ella está repartiéndoles a sus hermanos pan, aclarando que no lo recibirían de nadie más. Esta escena puede leerse como a Carlota dándoles a sus hermanos la eucaristía católica, lo cual causa una gran impresión en Werther y luego, avanzada la novela, es él quien realiza esta acción mientras les cuenta a los niños una misma historia. En segundo lugar, la escena durante el baile en la cual, luego de que una tormenta espantara a los invitados, Carlota propone un juego para que recuperen el valor que consiste en darles una cachetada si se equivocan. Esta escena evoca el sacramento de la confirmación donde los confirmados se convierten en “soldados de Dios” que deben estar preparados para enfrentar las adversidades en su nombre, y para recordarles ello el sacerdote les da una bofetada suave en el cachete. Encontramos también una escena, narrada en la carta del 6 de julio, donde hay una alusión al sacramento del bautismo: Werther en un ataque de excesos besa a la hermana de Carlota quien, para calmar a la niña que queda perturbada, la lleva hasta una fuente para que se lave. Un par de cartas después, en la del 11 de julio, hay incluso una confesión: la señora M., una mujer que es atendida por Carlota, al enterarse que está a punto de morir solicita que ella esté presente cuando le confiesa a su marido que ha robado de los ahorros familiares para poder mantener la

Goethe, Johann W. (2016), Las desventuras del joven Werther. Barcelona: Ediciones Brontes S. L. (1999), Poesía y verdad. España: Alba Editorial.

Stendhal. (1973), Del amor. Madrid: Editorial Alianza, pp. 97-107.