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Este documento analiza la relación entre ciudad, movimientos sociales y luchas urbanas en Colombia desde el Frente Nacional hasta la Constitución del 91. Examina la organización y acción de los movimientos, y la sistematización de experiencias como investigación crítica. Aborda conceptos clave como sujeto histórico/político, praxis, espacio de experiencia y horizonte de expectativa, ofreciendo una visión profunda de la dinámica social y política. Destaca la memoria colectiva y la educación popular en la construcción de conocimiento, analizando movimientos progresistas y conservadores. Explora la influencia neoliberal y sus efectos en las clases subalternas, así como la consolidación del sistema político de la Constitución del 91.
Tipologia: Provas
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- Introducción.................................................................................................................................... Introducción En la última década los movimientos sociales en Colombia han experimentado un incremento en su capacidad de visibilización de las luchas sociales que promueven. Este repunte de la presencia de los movimientos sociales se debe a la profundización del modelo económico neoliberal y sus efectos sociales en la clases subalternas, y de la consolidación del sistema político de la Constitución del 91. Así las cosas, A mediados de los ochenta, Colombia se unió a la economía neoliberal de dos maneras importantes: (1) implementando una “democracia de baja intensidad” compuesta por reformas que pretendían institucionalizar las protestas sociales como una respuesta a la crisis de gobernabilidad y promover la seguridad de las inversiones, y (2) intercambiando un modelo económico de proteccionismo industrial por uno neoliberal y extractivista. La nueva legislación progresista creó instituciones inclusivas y reconoció el multiculturalismo y los derechos políticos y sociales, pero estos mismos derechos son denegados por la economía neoliberal, que favorece al gran capital transnacional y ejerce la coerción legal y física que requiere dicho modelo. Estos dos elementos esenciales del neoliberalismo (la gobernabilidad y la economía) son incompatibles a nivel pragmático. La clase dominante ha favorecido los intereses de poderosas elites internacionales y empleado vías tanto legales como militares. Como consecuencia, 30 años después, los movimientos sociales sólo han sido parcial y temporalmente institucionalizados. Las organizaciones sociales se han apropiado el concepto de los derechos humanos y lo han adaptado a su proyecto social: la construcción de una economía campesina opuesta a la neoliberal. Siete años después del comienzo de una ola global de movimientos en 2011, el panorama político y social se ve muy diferente de las esperanzas democráticas que movilizaron a millones. Por el contrario, presenciamos un fortalecimiento de la represión, el autoritarismo y el conservadurismo. En este contexto, ¿sigue siendo válida la afirmación de Alain Touraine de que "los movimientos sociales producen sociedad"? Consideramos que sigue siendo muy relevante, siempre que el análisis de los movimientos sociales evite dos sesgos epistemológicos. Primero, los movimientos sociales nunca deberían reducirse a su impacto en las elecciones y la política institucional, ni a las protestas y. En segundo lugar, además de los actores progresistas, los estudios sobre los movimientos sociales deben integrar mejor los análisis de los movimientos conservadores y de los "movimientos desde arriba" que imponen el modelo dominante. Los conflictos entre estos tres sectores de movimientos están produciendo nuestras sociedades. Queda por ver quién de los actores que promueven la democracia o aquellos que la reducen prevalecerán. La apuesta metodológica La sistematización de experiencias es una modalidad investigativa de producción de conocimiento arraigada, con sus particularidades, en varios movimientos sociales. bien sea privilegiando la oralidad, lo escrito, las artes o los medios audiovisuales, los movimientos sociales tienden a significar la memoria colectiva de sus propias experiencias como estrategia de educación popular. Sin embargo, la sistematización de experiencias como enfoque de investigación
conocimiento de forma reflexiva y colectiva sobre varios temas relacionados con el campo educativo, entre ellos, la sistematización de experiencias de enseñanza de las ciencias sociales, relacionando las experiencias personales y grupales de los actores sociales con el entorno escolar, y el análisis de los conflictos sociales que subyacen en dicha relación (Inciarte, Camacho y Casilla, 2017; Villamizar y Barbosa-Chacón, 2017; Barbosa-Chacón y Villamizar, 2017; Guarnizo, Velázquez, Jiménez y Álzate, 2018; Lara Hernández, María de Lourdes et al., 2019). Para tal efecto, las investigaciones hacen uso de categorías como sistematización y formación. Asimismo, utilizan conceptos como cambio de actitud, política educativa, emprendimiento y prácticas educativas. Por su parte, las sistematizaciones de lo comunitario centran su atención en la recuperación del saber, la organización y comunicación de las experiencias, la teorización y construcción de conocimiento social a partir de los procesos organizativos comunitarios, la evaluación e interpretación crítica de las prácticas sociales que se desarrollan en el espacio comunitario, la participación de sectores subalternos como las mujeres y los jóvenes (Barragán Cordero y Torres Carrillo, 2017; López-Bolaños, Campos-Rivera y Villanueva-Borbolla, 2018; Nicolás Morales, Wendy, 2018). Estas sistematizaciones utilizaron en su mayoría técnicas cualitativas optando por aquellas con un fuerte énfasis en el elemento participativo. Así las cosas, las investigaciones referenciadas evidencian que las herramientas escogidas para sistematizar los procesos comunitarios tienen el variado propósito de recoger información de carácter cualitativo acerca de procesos comunitarios de los movimientos sociales urbanos, fortalecer el proceso mismo por medio de la cualificación de actores sociales y reflexionar en términos históricos a una organización comunitaria concreta, etc., (Barragán Cordero, Disney; Torres Carrillo, 2017). A partir de todo lo dicho, es pertinente interrogarse acerca de ¿Cuál fue el espacio de experiencia del movimiento juvenil en Bosa en el período comprendido entre 1974- 1991?, ¿Cuáles fueron las metodologías de acción política, organización y educación desarrolladas por el movimiento juvenil de Bosa?, y ¿De qué manera el movimiento juvenil se articuló a las luchas sociales urbanas de Bogotá en el período 1974-1991? Para tal efecto, el primer capítulo caracteriza el campo problemático de la investigación en torno a la historia social de la ciudad, los movimientos sociales y su articulación con las luchas urbanas de la ciudad de Bogotá por medio de tres ejes narrativos articuladores: el contexto histórico de los movimientos sociales en los barrios populares de Bogotá; el crecimiento urbano, los nuevos pobladores y sus luchas por el derecho a la ciudad. El segundo capítulo reflexiona desde la Teoría Crítica acerca del sujeto de la historia, la forma en que este participa en el devenir histórico a través de la praxis, el papel que cumple el espacio de experiencia y el horizonte de expectativa en el proceso de praxis y cómo ocurre la acumulación histórica de la experiencia ; al final, el capítulo aborda la cuestión humanista del proyecto ético-político de los movimientos sociales. A modo de primera tesis, la clase trabajadora, entendida como sujeto histórico , desarrolla una serie de acciones colectivas y establece organizaciones populares y
movimientos sociales con el fin de incidir en la realidad social y transformarla total o parcialmente. Su capacidad de incidencia política es producto del espacio de experiencia [ experiencia vivida, socializada y transformada ] que ella va acumulando históricamente a través de sus prácticas, creencias, valores [ economía moral popular ] y que se socializan por medio de acciones educativas al interior de las organizaciones y redes de apoyo mutuo con el objetivo de transmitir a las nuevas generaciones de miembros los saberes aprendidos en la lucha social [ experiencia transformada ]. En el tercer capítulo se aborda, el espacio de experiencia del movimiento social en la localidad de Bosa (1974-1991). Para tal efecto, en el primer apartado se describe la configuración socio-espacial de la localidad y el contexto en el que se desarrollaron las luchas sociales de Bosa durante las décadas de los setenta hasta principios de los noventa. Posteriormente, se plantea el interrogante, ¿Cuál ha sido la experiencia vivida de las organizaciones juveniles de Bosa en torno a sus acciones colectivas de organización, las relaciones construidas con el resto de los movimientos sociales y con las instituciones del Estado?, ¿Qué características adquirió la economía moral popular dentro de las organizaciones juveniles de Bosa?, y ¿De qué manera se articuló históricamente la experiencia con el horizonte de expectativa de las organizaciones juveniles de la localidad? La tesis que se sostiene consiste en que la economía moral popular de las organizaciones juveniles y culturales de la localidad son producto de la acumulación histórica de su particular espacio de experiencia; dicha acumulación histórica se constituye en un acervo de prácticas sociales, valores, mecanismos de autorregulación, mecanismos de participación en la vida cívica del territorio, metodologías de trabajo, educación popular e incidencia política; que si bien no han provocado un cruce entre experiencia de lucha y expectativa que les permitiera acercarse al cambio social, si significó un aporte sustancial a la configuración de la política local. En el cuarto capítulo se interpreta la manera en que se articuló la economía moral popular elaborada por las organizaciones juveniles con su experiencia de educación popular dentro y fuera de la ciudad. En el primer apartado se interpretan las prácticas de formación y en el segundo, las acciones educativas dentro de las organizaciones y las redes locales construidas por ellas para tal fin. Finalmente, en el quinto capítulo se aborda la acumulación histórica de la experiencia, es decir, la experiencia transformada de las organizaciones estudiadas, particularmente, el proceso de construcción de la conciencia popular como eje articulador de las acciones colectivas y de la economía moral popular. En dicho capítulo se plantea la pregunta ¿De qué manera las organizaciones juveniles construyeron históricamente una conciencia popular?, y ¿De qué manera dicha conciencia popular se articuló históricamente con las acciones colectivas de organización, educación y protesta social?
Con respecto a la historia de los movimientos sociales en los barrios populares, estos se han estudiado desde dos perspectivas. La primera hace referencia al barrio popular como “ territorio popular urbano ” en el que las clases subalternas históricamente se asentaron al margen de la oferta formal del suelo, pero inscritas en la lógica espacial de exclusión social propia de un capitalismo de asimetrías (Torres, 2013). Desde dicha línea de análisis, los barrios periféricos de la ciudad se empezaron a analizar a partir de la década de los sesenta con el clásico estudio de Camilo Torres Retrepo (1958) “La proletarización de Bogotá”, el cual se constituyó en un icono para el paradigma socio crítico que estudia lo urbano. En la década de los setenta toman fuerza los estudios de ciudad con temas que hablan acerca de la problemática urbana, los movimientos sociales urbanos y las luchas sociales urbanas. Este interés se debió a la realización del primer Paro Cívico Nacional en 1977 y sus efectos en los posteriores repertorios de protesta social desarrollados por los movimientos sociales colombianos y se extendió hasta la década de los ochenta con investigaciones que privilegiaron los factores objetivos y coyunturales de la protesta social urbana, con estudios monográficos sobre la lucha por la vivienda y el suelo (Arango, 1981; Mosquera, 1982, y Sáenz, 1985), o sobre la construcción de conocimiento social en los barrios populares (Zamudio Clavijo, 1983; Vargas, 1985; Janssen, 1984; Torres, 2013) Después de la década de los noventa hubo un inusitado interés por el estudio de los pobladores urbanos, sus historias, luchas y sus prácticas socioculturales por parte de la antropología y la geografía urbana a través de tesis monográficas, investigaciones realizadas por el CINEP y Foro por Colombia, entre otros (Torres, 1999, 2006 y 2013; Archila, 2006 y Torres y Castillo, 2009). La segunda perspectiva tiene que ver con la interpretación del barrio popular periférico como “ asentamiento urbano informal ”, la cual comprende los procesos de urbanización y configuración social del espacio barrial informal como lo excluido e ilegal, múltiple y con oportunidad de construcción del espacio urbano basado en la integración, inclusión y diversidad de interacciones entre personas, instituciones y espacios públicos, donde los movimientos sociales urbanos juegan un papel fundamental en el proceso democratizador de la ciudad (Torres y Castillo, 2009; Hernández, 2011).
En el marco de la crisis del socialismo realmente existente y la internacionalización de la economía capitalista es importante depurar lo que hasta hace poco era una sólida construcción teórica de las izquierdas en su vertiente neomarxista^2. Para ello, se presenta el debate a través de algunos neomarxistas que proponen elementos de análisis para la comprensión del sujeto^3. 1.1. La era Stalin y el marxismo mecánico. A partir de la muerte de Lenin en 1924 Stalin queda al frente del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) aunque desde 1922 asumía cada vez más responsabilidades de dirección. Durante este período consolidó su poder frente a otras posturas políticas al interior del PCUS y del Estado Soviético. Allí el debate se centró básicamente en dos tesis sobre el futuro de la revolución. Por un lado, Stalin defendía la idea de la revolución socialista en un solo país ; en otras palabras, proponía la necesidad de desarrollar una revolución de carácter nacional como punto de partida a una revolución mundial debido a la hostilidad de las potencias europeas y de Estados Unidos a la revolución soviética y las pocas perspectivas que se avizoraban de una revolución en otro país, específicamente en Alemania. De lo que se trataba, según Stalin, era la de constituir un campo de poder político a nivel mundial que tuviera como epicentro a la naciente revolución y se extendiera al resto del mundo en contraste con el centro de poder capitalista liderado por las potencias hostiles; así, la revolución proletaria en la Unión Soviética no dependería de su capacidad de concentrar la solidaridad del proletariado mundial por medio de revoluciones en otras partes del mundo, sino a través de su propio desarrollo económico. (^2) La posturas a las que se hace mención son aquellas procedentes de interpretaciones a los textos de Marx que surgen desde finales del siglo XIX, entre otros, con Plejanov, Lenin, Stalin y Louis Althusser, quienes hablan acerca de las bases filosóficas sobre las que el movimiento obrero transforma la realidad material (objetiva) de la sociedad, aunque dejaron de lado como proyecto inconcluso, tanto de forma teórica como práctica, la cuestión subjetiva del hombre y de las colectividades. (^3) Entendemos por neomarxismos aquellas grandes corrientes filosóficas que se inscriben como herederas de la concepción materialista de la historia fundada por Carlos Marx y Federico Engels. Algunos historiadores del marxismo han propuesto hacer referencia a “teoría marxiana” cuando se señala la producción teórica de Marx y Engels y marxismo a la producción posterior a ellos. Para efectos del presente libro se realizó un balance historiográfico, en el que encontramos seis grandes posturas teóricas dentro del marxismo: el marxismo Soviético con Plejanov, Kautsky , Lenin, Stalin, entre otros; la escuela de Frankfurt con Max Horkheimer, Theodor Adorno y Herbert Marcuse, Erich Fromm, etc.; la escuela marxista inglesa con Maurice Dobb, Rodney Hilton, Christopher Hill, Eric Hobsbawm y Edward Palmer Thompson; la filosofía de Antonio Gramsci a la que él mismo denominó filosofía de la praxis ; el marxismo estructuralista de Louis Althusser y Marta Harnecker; y por último, aunque no se puede aglutinar dentro de una misma categoría, el marxismo latinoamericano representado por Carlos Mariátegui, Adolfo Sánchez, Atilio Borón, Néstor Cohan, Renán Vega Cantor, entre otros. Para más información. Mills Wright C. (1976). Los marxistas. (ed.), México: Editorial Era.
Contrario a Stalin, Trotski consideraba que la revolución en Rusia no lograría sobrevivir sino era apoyada por movimientos proletarios en otras partes del mundo y que, para tal efecto, se hacía necesario condicionar la política interna y externa a facilitar el estallido de nuevas revoluciones (revolución permanente). Finalmente, la postura de Stalin se impuso al interior del Partido, logrando de paso la expulsión y castigo a sus opositores, entre otros al propio Trotski. Con la consolidación del estalinismo se inicia una nueva etapa en el desarrollo de la URSS. En el campo político se estructuró un régimen basado en la figura de Stalin y un centro burocrático que concentró todo el poder; el poder de los soviets se trasladó a una estructura burocrática dentro del PCUS, el Ejército Rojo y el resto del Estado Soviético. En el campo económico, desde 1928 se implementaron ambiciosos programas de industrialización y colectivización de la agricultura por medio de planes quinquenales fijados por el Estado, lo que supuso mayor control por parte de éste a la producción y el consumo y, sobre todo, la ruptura y desmonte paulatino de la NEP implementada por Lenin. Aun así, los planes quinquenales significaron importantes avances en materia productiva que no se pueden desdeñar. Gracias a los planes quinquenales la Unión Soviética logró crear las condiciones de producir sus propios medios de producción (plantas generadoras de petróleo, electrificación, industrias automotriz, aeronáutica, construcción de máquinas herramientas, desarrollos en la química y otras fuerzas productivas), la educación (alfabetización, creación de centros de enseñanza técnica y superior), urbanización, colectivización agrícola a través de haciendas cooperativas y estatales. De todas formas, los avances económicos se realizaron sin tener en cuenta las recomendaciones que Lenin hizo sobre la importancia de respetar las voluntades de los campesinos, sino por el contrario, la colectivización condujo a graves arbitrariedades, represalias e imposiciones sociales que provocaron sublevaciones por parte de los campesinos con pequeñas y medianas propiedades, y a su vez, dio lugar a la aparición de los primeros campos de trabajo forzado. Sumado a lo anterior, Stalin acumuló todo el poder central, tanto del PCUS como del Estado Soviético rodeándose de personas afines e incondicionales. Desde la década de 1930 Stalin en la práctica propició el abandono de los principios democráticos que Lenin había expuesto^4 (dirección colectiva) aunque formalmente estableció la Constitución de 1936; se atribuyó características personales de infalibilidad, desató una dura purga a los antiguos líderes bolcheviques acusados de traición y ser enemigos del pueblo. Finalmente, para justificar la política interna y externa de la URSS Stalin acudió a la tesis según la cual, en la medida en que se profundizaba en el socialismo se fortalecía la lucha de clases, sobre todo en los sectores intelectuales más propensos a la crítica. (^4) Un ejemplo de lo anterior es que el XIX Congreso del PCUS se celebró hasta 1952, trece años después del anterior, así como la sustitución en 1946 del Consejo de Comisarios del Pueblo por el Consejo de ministros, el cual no fue más que el ejecutor de las decisiones tomadas por Stalin. Para más información ver Eric Hobsbawm (1999). Historia del Siglo XX. Ed. Crítica, Grijalbo y Mondadori. Buenos Aires
inicio de toda discusión teórica para que sea posible pensar al sujeto de forma crítica^6 , en cuanto en el debate sobre el humanismo se centra la cuestión de si existe o no posibilidades de que el sujeto sea pensado como creador de su realidad concreta. 1.2. Luis Althusser y el estructuralismo francés. Hay una discusión teórica de los marxistas latinoamericanos con respecto a Althusser que se debe abordar a la hora de pensar la experiencia de los movimientos sociales del continente. Dicha discusión es pertinente por dos razones; por un lado, debido a la fuerte influencia del filósofo francés en el marxismo latinoamericano en cabeza de Marta Harnecker, y por otro, el contexto histórico en el que se desarrolló dicho debate permite comprender la configuración política y discursiva de los movimientos sociales en América Latina, particularmente, el movimiento juvenil de Bosa. Para Luis Althusser el campo ideológico en el que surge el debate acerca del posible humanismo en Karl Marx se centra cuando en el XX Congreso del PCUS realizado en febrero de 1956, se abordan políticamente los problemas del socialismo y la crítica al culto a la personalidad. Para ese momento la “euforia roja” se había expandido sorpresivamente y la URSS a pesar de los daños causados por la II Guerra Mundial se erigía como la segunda potencia en el mundo, declarando que las condiciones objetivas para la consolidación del comunismo en el país estaban dadas, es decir, que la URSS pasaba del socialismo desarrollado al comunismo, y en el que se hacía necesario abordar el tema de la alienación del hombre y por ende del humanismo socialista, y dejando como superada la lucha de clases por cuanto “el Estado no era ya un Estado de clase, sino un Estado del pueblo entero”. La crítica que hace Althusser comienza al denunciar que dentro del mencionado XX Congreso no se clarificaron los problemas fundamentales de la construcción del socialismo; ni se rompió con la memoria oficial creada por décadas para el pueblo soviético, sino por el contrario, se denunciaban los hechos pero no se investigaban las causas que, equivocadamente para Althusser, han denominado “culto a la personalidad” y se intenta llenar con malas interpretaciones a los textos de Marx de cierto humanismo socialista. Así las cosas, para Althusser (1971) la posibilidad de comprender la experiencia socialista en la URSS se debe partir de las condiciones materiales en las que surgen prácticas políticas ajenas al marxismo en el periodo estalinista. Justamente para el filósofo francés, el debate planteado en estos términos permite superar el dogmatismo preexistente, y no se limita a incursionar en lo que él denomina “charlatanerías filosóficas marxistas sobre el hombre”. Sin embargo, él no niega que el objetivo de la concepción materialista de la (^6) Inicialmente cuando hacemos referencia a Crítica, entendemos por ello el cuestionamiento, depuración y superación de toda praxis. El concepto de Crítica en Marx alude a un análisis sistemático, que permita la comprensión y superación de la realidad, “un ir más allá de…”.
historia es la realización humana, lo que ocurre es que Marx y Engels hacen una ruptura teórica con la filosofía humanista existente, en cuanto para ellos, la categoría de hombre no cumple un papel fundamental en la comprensión de la sociedad. Así pues, para Althusser el humanismo filosófico que centra su atención en el hombre como centro de la comprensión filosófica no es esencial para la filosofía de Marx. En esa perspectiva, Althusser (1971) divide cronológicamente la producción teórica de Marx en tres periodos, diferenciando la producción teórica del joven Marx (hegeliana) a la concepción materialista de la historia: a) Antes de 1842, en el que el joven hegeliano está influido por el humanismo racionalista liberal desde Kant hasta Hegel. Marx es designado redactor en jefe de la Rheinische Zeitung, órgano de oposición de la burguesía renana radical en la ciudad de Colonia, en el que a través de sus artículos críticos al gobierno prusiano combate la censura a la prensa, las leyes feudales renanas, fundando cierta filosofía de la historia sobre la base de una filosofía del hombre. b) de 1842 a 1845, su filosofía es dominada por el humanismo comunitario de Feuerbach: “el Estado ha quedado sordo a la razón”, y c) De 1845 hasta 1883, en el que rompe epistemológicamente con toda filosofía humanista que parta de la esencia del hombre. Así las cosas, a partir de dicha cronología, Althusser planteará que existe un corte o ruptura epistemológica en Marx con respecto a Hegel y a toda filosofía anterior, en cuanto a la concepción histórica se refiere, ya que la filosofía de Marx no debe ser considerada como una concepción historicista sino económica porque en sus textos [de madurez] insiste en el carácter determinista del ámbito socio-económico con respecto a las estructuras políticas e ideológicas, sobre todo al hacer hincapié en la “ determinación en última instancia ” y en el uso de las categorías que son la médula del pensamiento de Marx para comprender la realidad social, tales como modo de producción y formación socio-económica; en segundo lugar, existe en Marx una crítica demoledora a toda pretensión teórica del humanismo, en cuanto para Althusser, Marx define al humanismo como ideología. Así pues, en esta interpretación, Marx no pudo haber llegado a la concepción materialista de la historia sino solamente realizando una ruptura epistemológica con todo aquello que le sirvió de fundamento en sus años de juventud, especialmente, al plantear que el hombre desaparece como concepto teórico, en la medida en que “ lo que determina en última instancia a una formación social y nos hace conocerla no es el fantasma de la esencia o naturaleza humana, no es el hombre, ni incluso los hombres, sino una relación, la relación de producción, que forma la base, la infraestructura ” (Harnecker, 1995). Es valido parcialmente el análisis que hace Althusser en el que, con Marx se entiende a una «formación social o socioeconómica» como un tipo histórico de sociedad que se basa en determinado modo de producción que a su vez refleja determinadas tendencias en las relaciones de producción y el desarrollo de las fuerzas productivas. Asimismo, la categoría de formación social permite diferenciar los períodos de la historia de la humanidad a partir de las tendencias que tiene el comportamiento económico, social, político e ideológico. Ello ofrece la posibilidad de agrupar los regímenes de los diferentes países que se encuentran en un mismo grado de desarrollo de la producción y descubrir lo
1.3. El sujeto histórico en Marx y Engels. Otra interpretación posible a la obra de Marx acerca del sujeto, esta vez por la escuela marxista inglesa, reivindica el carácter humanista del marxismo, planteando que lo que se ha llegado a denominar como “culto a la personalidad” es el producto de una ideología concreta, la cual estuvo ligada al fenómeno de burocratización que experimentó la Revolución Rusa y el PCUS durante el periodo de Stalin. Así pues, para Edward Thompson (1981) dicha burocratización se puede considerar como el resultado de la correlación de fuerzas en la cúspide de la guerra fría, ya que, tanto en el ámbito nacional como internacional la URSS tuvo que centrar sus esfuerzos en la protección ideológica y política de la revolución; lo cual provoco cierta inmovilidad ideológica que tendía a la polarización. Fue en ese contexto en el que el estalinismo le ofrece a la sociedad soviética una simplificación conceptual del marxismo, la cual presenta con una terminología muy distinta a él, un vocabulario que parte de lo abstracto y una idéntica deificación del proceso, lo cual le proporcionó características extrahumanas a las relaciones sociales, es decir, “la transformación de seres humanos en cosas que no se comportan en una forma humana sino de acuerdo con las leyes del mundo de las cosas”. En ese sentido, E. P. Thompson llama la atención sobre la forma en que para Althusser, así como para el estalinismo, la superestructura queda reducida a confirmar o legitimar una determinada base. Esta «base» -escribió Stalin en 1950- «es la estructura económica de la sociedad en un determinado estadio de su desarrollo», y la superestructura consiste en las concepciones políticas, jurídicas, religiosas, artísticas y filosóficas de la sociedad, y en las instituciones políticas, jurídicas, entre otras. Es decir, al estructuralismo hay que insertarle la noción de sujeto para rescatarlo del determinismo mecánico en el que cae. Y no podría ser de otro modo, la acción humana concreta es quien construye las relaciones sociales dentro de una formación social históricamente determinada, y extirpar al sujeto del método de análisis de Marx y Engels significa que los hombres [en su sentido genérico] estarían indefectiblemente atados a la estructura que ellos mismos han creado, de manera consciente o no, y la acción política transformadora no tendría cabida. Al respecto, nos recuerda Armando Hart (2005) que Engels alertó sobre el peligro de dogmatizar y reducir la riqueza de la concepción materialista de la historia; por ejemplo, en carta a Wagner Sombart, Engels dice: “toda la concepción de Marx no es una doctrina, sino puntos de partida para la ulterior investigación y el método para dicha investigación. Por consiguiente, aquí habrá que realizar todavía cierto trabajo que Marx en su primer esbozo, no ha llegado hasta el fin” (p. 64). Así, para Hart el énfasis del trabajo de Engels luego de la muerte de Marx fue luchar contra tergiversaciones de izquierda y de derecha y, sobre todo, contra las simplificaciones de la producción teórica marxista. En últimas, tenía un interés particular por situar al hombre en su verdadera dimensión, como sujeto de la trama histórica de las
sociedades, ello significaba potenciarlo para la acción revolucionaria; no como sujeto per se sino como sujeto histórico. Asimismo, Engels observó la relación dialéctica entre estructura y superestructura. Esta relación constituye para él una contradicción en el seno de una unidad y quienes no comprenden de esta manera la dialéctica, no lograrán comprender el materialismo de Marx. En otras palabras, “la esencia del enfoque materialista de Engels se halla en la relación entre causa y efecto, y en su infinita multiplicidad de interrelaciones”. En ese sentido, se entiende a la capacidad humana para transformar la realidad social en una determinada dirección^7 como la posibilidad de que las clases subalternas, en el sentido gramsciano, se constituya en bloque histórico. Lo anterior no es más que la voluntad de transformación de millones de personas en dirección a un proyecto de sujeto y sociedad. El factor humano no es un elemento anexo al análisis de la realidad social, sino por el contrario, es el centro del pensar filosófico. Dicho pensar filosófico asume que los seres humanos deben tener cubiertas sus necesidades materiales de vida, para luego hacer vida espiritual; sin embargo, los valores espirituales e intelectuales le dan significado objetivo a la vida humana, es decir, humanizan la existencia de los seres humanos. Ahora bien, el trabajo humano es el medio en el que los seres humanos generan la vida espiritual, haciendo que la cultura tenga un peso histórico importante, la conciencia. Al respecto, Thompson (1981) propone comprender los fenómenos de la conciencia a través de una concepción materialista no sólo de la historia, sino de la cultura. Lo anterior se hace necesario, en la medida en que es allí donde radica la importancia que Marx le da a la práctica humana, convirtiéndola en la médula de su pensamiento filosófico, en textos como Tesis sobre Feuerbach y Crítica a la filosofía del derecho de Hegel, por ejemplo. Así, la raíz de la existencia humana se halla en los fundamentos materialistas de la vida espiritual, atribuyéndole a la práctica humana el elemento medular de su pensamiento filosófico. Asimismo, en la práctica humana nace la vida espiritual y ésta adquiere una categoría social de enorme peso histórico. Pero, para Thompson, durante largo tiempo se ignoró que la concepción filosófica de Marx encerraba una noción ética y una valoración de la voluntad en los procesos históricos y económicos. Éste divorcio entre lo objetivo y lo subjetivo, provocó la reducción del papel de la práctica humana y social en la comprensión de los procesos sociales. Así las cosas, se le dio un papel determinante a lo objetivo, lo que dejó de lado la ética como centro del debate entre los explotados y los explotadores. En palabras de Hart, “precisamente el error de la llamada izquierda del siglo XX, estuvo en no considerar a la cultura como fuerza indispensable para la liberación humana, se provocó incluso el rechazo a la misma” (Pág.75). Ahora bien, Hart señala que toda civilización que se proponga transitar hacia el socialismo debe romper, por medio de la cultura, con la vieja dicotomía entre lo material y lo espiritual. Ambas dimensiones están dialécticamente relacionadas en una unidad, donde la base material de la sociedad no tiene existencia real sin una superestructura que la legitime. Si Engels, anota Hart, caracterizó a (^7) Ella se podría ubicar como el proyecto político de emancipación de la clase dominada en un determinado momento histórico
pensamiento de Marx desde sus textos de juventud hasta su clásica obra El Capital, la cual hereda de la filosofía alemana de Kant y Hegel, haciéndose evidente incluso en los títulos de sus obras. Aquello es sumamente importante en cuanto mis hipótesis parten de una crítica a la periodización que hace Althusser de la obra de Marx, en el que el filosofo francés hace una división epistemológica de la producción de la praxis, en antes de la Ideología Alemana y después de ella, sin evidenciar en qué aspectos Marx toma distancia epistemológica de la filosofía hegeliana y en cuales asume una postura similar. Para Marx (1983), los alemanes habían realizado la historia moderna y la habían superado en la filosofía de manera abstracta en las ideas, sin embargo, en la práctica real de la vida Alemania aún no había podido realizarla, haciéndose necesario un balance de la crítica filosófica alemana. Así pues, Marx en términos filosóficos comprende que el desarrollo de la filosofía tiene un doble movimiento: uno interno, donde la filosofía, en un sentido amplio, se cierra sobre sí misma e intenta expresar en grandes principios y categorías abstractas el sentido y el ideal de las sociedades, encontrando que la filosofía y la realidad tienen un punto de entronque, en el que la crítica influye en la realidad material de la sociedad y es a la vez influida por ella; y otro externo donde el sistema de pensamiento se acaba materializando en las conciencias subjetivas de sus miembros por medio de la praxis revolucionaria. La realidad empieza a convertirse en teoría crítica (como razón) y la teoría crítica transforma el mundo, es decir, se realiza la praxis. Así, entendemos al igual que Marx que el ser humano produce bienes materiales y simbólicos que le dan sentido a su ser, en la medida en que humaniza el producto de su trabajo. Él es el único ser vivo con la capacidad no sólo de producir cosas que suplen sus necesidades primarias, sino además, tiene la potencialidad de pensar con anticipación objetos y situaciones que aún no existen, construir sueños, crear nuevas condiciones de vida que trascienden las condiciones originarias que la naturaleza le impone, seleccionar e interpretar las percepciones sensibles, entre otras cosas. En otras palabras, el hombre es un ser creativo. Dicha capacidad creadora no se presenta de forma asocial, sino por el contrario, el producto del hombre, sin importar su grado de desarrollo, es una construcción social porque no hay hombre que haya logrado desembarazarse de las relaciones societarias que produciendo bienes materiales y simbólicos sin una función social. Esto se hace evidente en Marx cuando observa que el hombre está inmerso en una serie de relaciones sociales que históricamente lo condicionan. A dicha actividad creadora del hombre la denominamos praxis. Ahora bien, contrario a lo que plantea Althusser, p ara Marx la mayor expresión de humanidad es la intervención de los seres humanos concretos en la historia, haciéndolos sujetos históricos. El Marx joven ve como hecho relevante el surgimiento de una nueva subjetividad socializada por el capitalismo en las particularidades de la lucha política de un nuevo actor, el cual durante su confrontación con la clase dominante se configura como sujeto histórico. lo anterior se sustenta cuando Marx (1983a) en La Ideología Alemana dice: “ Los hombres hacen su propia historia , pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado ” así como, “la premisa de toda historia humana es, naturalmente, la
existencia de individuos humanos vivientes”, y finalmente, “ toda historiografía tiene necesariamente que partir de estos fundamentos naturales (geográficos, físicos y corpóreos del individuo) y de la modificación que experimentan en el curso de la historia por la acción de los hombres ” (Pág.12). Si bien es cierto lo que plantea Althusser cuando dice que son las relaciones sociales el centro de atención de Marx desde la Ide ología Alemana hasta El Capital , deja de lado que el sujeto histórico en el ámbito del capitalismo es el hombre concretizado en una serie de relaciones sociales que el mismo produce a la vez, en las que sobresalen las relaciones que están enmarcadas en la producción material de bienes; no son las relaciones a secas, sino concretadas en la explotación industrial^8. De esta manera, se constituyen dos clases sociales particulares, las cuales se ubican a cada extremo de la sociedad capitalista: Burgueses y Proletarios se intitula el segundo capítulo del Manifiesto. Así, para Marx la clase burguesa, en su momento revolucionario en contra del régimen feudal, contiene dos características que les fueron inherentes en su relación con los medios de producción: la primera fue la capacidad de sepultar las viejas relaciones de producción feudales, sintetizando las contradicciones de clase; la segunda, es su capacidad de renovar constantemente las fuerzas productivas en función de un incremento de la tasa de ganancia. Sin embargo, la burguesía también ha desatado fuerzas que no tiene la capacidad de controlar, tales como la liberación del pensamiento a dogmas religiosos y potestades divinas, el advenimiento de un sujeto histórico en constante desarrollo cuantitativo y cualitativo, el cual desarrolla su propia conciencia de sí por medio de la confrontación política con el capital. De esta manera, junto con la clase burguesa, en el capitalismo ha surgido un nuevo sujeto histórico llamado a la transformación de la realidad, así como una nueva subjetividad que parte de clase para sí a clase en sí. En definitiva, para Marx y siguiendo la línea gramsciana, el sujeto histórico es la clase social, que junto con otras clases subalternas, se va configurando como Bloque hegemónico de poder alternativo a la clase dominante, y al interior del bloque histórico la clase obrera (organizada en forma de partido revolucionario) desarrolla sus capacidades de conducción política a través de su habilidad de persuadir intelectualmente al conjunto del bloque histórico. Así las cosas , si bien el sujeto histórico (el proletariado) está inmerso en la lucha de clases, su comprensión no es reductible a la categoría clase social como categoría meramente económica, en parte porque, si bien las relaciones sociales tienen su origen en la condición material del ser humano y es legitimada por la cultura y la ideología, también es cierto que la cultura y las construcciones ideológicas permean y condicionan la base material de vida de hombres y mujeres, permitiéndonos evitar de esta manera caer en cierto determinismo económico en la comprensión de las sociedades. En ese sentido, no puede dejarse de lado la correspondencia epistolar entre Marx y Engels y entre ellos y sus editores, donde se observa de manera clara sus objeciones al (^8) No hay que olvidar que Engels en su obra “La situación obrera en Inglaterra” y junto con Marx en el Manifiesto del Partido Comunista denuncian la explotación descarnada en el capitalismo.