Article students foreign, Lecture notes of Spanish

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Typology: Lecture notes

2024/2025

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Récord de alumnado extranjero:
oportunidad y reto para la escuela
El número de estudiantes foráneos se eleva a 944.992 tras crecer un 37%
en seis años. Su llegada está amortiguando el impacto en los colegios del
desplome de la natalidad, pero los expertos reclaman recursos específicos
para paliar su desventaja de partida
Desde la izquierda, Rida y Ghita Ouahmane, junto a sus padres, Zinba
Hamzaoui, y Moha Ouahmane, frente al colegio público de El Algar,
Murcia, donde estudia la niña.
EL PAIS, Ignacio Zafra, SEP603, 2023
Ghita tiene 10 años, llegó a España desde Marruecos, saca buenas notas, es
portera en el equipo de fútbol de su pueblo, y le gustaría ser cardióloga. El
aterrizaje, hace dos años, con el curso empezado, no fue fácil, cuenta su
madre, Zinba Hamzaoui. “Todo el mundo hablaba español, y ella entendía
muy pocas palabras. Pero se adaptó rápidamente, es muy activa y sociable,
y en un año aprendió la lengua. Tengo una hija muy lista”, dice Hamzaoui,
empleada en hostelería, desde El Algar, Murcia, donde vive con su marido,
trabajador agrícola, Ghita y su otro hijo, que está acabando la ESO.
Los hijos de Hamzaoui son6dos de los 944.992 alumnos extranjeros6que el
curso pasado estudiaron enseñanzas de régimen general ―infantil,
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Récord de alumnado extranjero:

oportunidad y reto para la escuela

El número de estudiantes foráneos se eleva a 944.992 tras crecer un 37% en seis años. Su llegada está amortiguando el impacto en los colegios del desplome de la natalidad, pero los expertos reclaman recursos específicos para paliar su desventaja de partida Desde la izquierda, Rida y Ghita Ouahmane, junto a sus padres, Zinba Hamzaoui, y Moha Ouahmane, frente al colegio público de El Algar, Murcia, donde estudia la niña. EL PAIS, Ignacio Zafra, SEP 03, 2023 Ghita tiene 10 años, llegó a España desde Marruecos, saca buenas notas, es portera en el equipo de fútbol de su pueblo, y le gustaría ser cardióloga. El aterrizaje, hace dos años, con el curso empezado, no fue fácil, cuenta su madre, Zinba Hamzaoui. “Todo el mundo hablaba español, y ella entendía muy pocas palabras. Pero se adaptó rápidamente, es muy activa y sociable, y en un año aprendió la lengua. Tengo una hija muy lista”, dice Hamzaoui, empleada en hostelería, desde El Algar, Murcia, donde vive con su marido, trabajador agrícola, Ghita y su otro hijo, que está acabando la ESO. Los hijos de Hamzaoui son dos de los 944.992 alumnos extranjeros que el curso pasado estudiaron enseñanzas de régimen general ―infantil,

primaria, bachillerato y formación profesional― en España. Se trata de la mayor cifra registrada, después de haber aumentado en 257.218 (un crecimiento del 37%) en seis años. Su peso en el conjunto de los estudiantes también es el más elevado hasta la fecha: suponen un 11,4% del total, con grandes diferencias territoriales. En cinco comunidades autónomas, casi todas del Mediterráneo, representan más de 15% del alumnado (en Baleares rozan el 18%). Mientras en Extremadura se sitúan en el 3,8%, y en Galicia y Asturias no alcanzan el 6%. Su presencia es mayor en las etapas obligatorias, sobre todo en primaria (13,7% del total) y en la FP Básica (16,1%), una vía dirigida a que el alumnado en riesgo de abandono acabe la ESO. Y se reduce en las enseñanzas postobligatorias, especialmente en bachillerato (7%). Desde la izquierda, Léa, Ína, Cosette Reyes e Issaid Mendoza, en Valencia, donde llegaron hace dos años desde México. Docentes, directores y sociólogos de la educación afirman que la llegada de alumnado extranjero es positiva para el sistema, porque enriquece su diversidad, amortigua el rápido descenso de estudiantes por la caída de la natalidad (solo en primaria se han incorporado en seis años 115.909 niños extranjeros en los últimos seis años, sin los cuales la etapa habría perdido en dicho periodo 273.666), y reduce el número de escuelas que cierran por falta de alumnos. Al mismo tiempo, advierten, también supone un reto para los centros educativos, sobre todo para los públicos, que los acogen de

Se trata de un fenómeno positivo y a la vez complejo de gestionar, afirma Antoni Morante, que hasta hace unas semanas fue director general de Planificación, Ordenación y Centros del Gobierno balear. “Por un lado, este alumnado tiende a concentrarse en determinados centros, generalmente públicos. Su rendimiento suele ser inferior a la media, pero los análisis que hicimos muestran que son estudiantes que en dos o tres años recuperan bastante el desnivel de partida, aunque a base de invertir recursos en programas de apoyo. Por otro lado, nosotros consideramos que la diversidad que aportan es un valor, y nos ayudan a mantener aulas y centros abiertos. En Baleares no hemos tenido que cerrar prácticamente ninguna escuela, ni tenemos el problema de falta de estudiantes de otras zonas de España”. El porcentaje de alumnado extranjero no es un factor que cuente en la financiación que las comunidades autónomas reciben del Estado, pero Morante señala que los programas puestos en marcha en los últimos años por el Ministerio de Educación, como Proa+, van dirigidos especialmente a apoyar a los centros con altas tasas de alumnado vulnerable, que con frecuencia son inmigrantes. “La diversidad de todo tipo, y la lingüística en particular, es un reto”, señala Miquel Àngel Alegre, “y no solo de cara al trabajo de la competencia

lingüística en sí misma, sino a partir de ella del resto”. Las tasas de repetición del alumnado extranjero y de abandono escolar temprano son más del doble que las de los autóctonos, y su rendimiento académico es en promedio menor. Se trata, en buena parte, de una cuestión de clase social, pero no solo. “En evaluaciones internacionales como PISA, cuando controlamos los resultados por estatus socioeconómico, es decir, cuando comparamos autóctonos y extranjeros de la misma clase social, la diferencia cae, pero todavía es significativa. Y cuando a ello le añadimos otro filtro, que unos y otros tengan la misma lengua materna, la diferencia vuelve a bajar, pero sigue quedando un pequeño reducto, que viene explicado por el hecho de ser inmigrante y tener un entorno de inmigración”, añade Alegre. Un análisis publicado por el profesor de la Universidad de Barcelona Jorge Calero con los resultados de PISA 2018 reflejan que, en el caso de matemáticas, la diferencia entre los estudiantes autóctonos y los foráneos es de 47 puntos, y en ciencias, de 41. Suele aceptarse que 40 puntos en PISA equivalen a un curso escolar. El análisis de Calero muestra que, una vez descontando el estatus socioeconómico y cultural, la distancia en Ciencias es de 28 puntos (en este caso, con datos de PISA 2015), una distancia parecida a la que el mismo cálculo ofrece para el conjunto de países de la OCDE (31 puntos).

La red educativa pública acoge a más estudiantes extranjeros y en general a más chavales vulnerables de los que le corresponderían por su peso en el conjunto del sistema. El porcentaje de alumnado foráneo en la escuela pública ha caído, sin embargo, al nivel más bajo desde 1999. A finales del curso pasado, se situaba en el 76,6% (en la red pública están matriculados el 66,9% de todos los estudiantes), seis puntos menos que en 2008, cuando se alcanzó el pico de segregación. Xavier Bonal, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona y director del grupo de investigación Globalización, Educación y Políticas Sociales, cree que en ello pueden haber influido, hasta cierto punto, las políticas antisegregación aplicadas en los últimos años en algunas comunidades autónomas, como Cataluña o, recientemente, en Euskadi, y que la actual ley de Educación refuerza. Bonal cree, sin embargo, que la reducción del desequilibrio se debe sobre todo a la fuerte caída de la natalidad. “Eso ha hecho cambiar la actitud de la concertada hacia el alumnado inmigrante. Digamos que ahora compiten por alumnos en general, no solo por los de determinada clase

social. He visto en reuniones una predisposición de la concertada hacia la matrícula viva (estudiantes, generalmente extranjeros, que se incorporan a la escuela con el curso empezado) mucho más positiva que antes”. Las familias extranjeras se instalan en España con sus hijos en edad escolar sobre todo por motivos laborales y económicos. Pero hay otras razones. Como consecuencia de la invasión rusa, por ejemplo, 29.354 niños ucranios