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1.C. Tarteso, Apuntes de Historia de España

Asignatura: Historia de la Península Ibérica en la antigüedad, Profesor: Encarnación Castro Paez, Carrera: Historia, Universidad: UMA

Tipo: Apuntes

2016/2017

Subido el 23/02/2017

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1.C. TARTESO
Un enigma historiográfico.
Tarteso, sin duda, ha sido uno de los temas más recurrentes de la investigación histórica
española.
Una interpretación arbitraria de las fuentes le otorgó no sólo el carácter de primera
cultura urbana de Occidente, sino el de la civilización más rica y cultura más elevada de
toda la protohistoria europea.
El nacionalismo andaluz usará Tarteso para legitimar sus reivindicaciones históricas.
Frente a la idea de atraso se antepone la imagen idílica de un reino muy próspero y
desarrollado. Blas Infante, en su obra el Ideal andaluz (1915), vinculará Tarteso
directamente con la actual Andalucía:
“La obra capital de la escultura ibérica, la celebrada Dama de Elche, ha sido encontrada
cerca de la frontera tartesa (...), ejecutada dentro de la Tartesia o bajo la influencia
directa y próxima de los artistas tartesios, dada la existencia en esta nación del foco de
la civilización peninsular”.
El auge de la cuestión tartésica se debe a Adolph Schulten, quien imaginó una antigua y
espléndida civilización en el suroeste de la Península Ibérica. Intentando emular a
Schliemann, el descubridor de las ruinas de Troya, Schulten se obsesionó con el
descubrimiento de lo que imaginaba como la primera civilización del Occidente, en el
suroeste de la Península Ibérica.
En 1924 publicó Tartessos, libro en el que se desarrolla la imagen de una espléndida
civilización equiparable a las del Antiguo Oriente en términos de antigüedad,
conocimientos y progreso. Se extendía desde el sur de Portugal hasta Murcia y su
capital habría sido arrasada por los cartagineses hacia el 500 a. n. e.
La obra de Schulten es un relato muy atractivo para los aficionados a la historia antigua,
pero desde un punto de vista científico es un producto deleznable, que hay que entender
en el ambiente intelectual de la Europa de entreguerras.
Trató de hallar las ruinas de Tarteso bajo las dunas del Coto de Doñana, donde realizó
infructuosas excavaciones. Tras él, la cuestión de la localización de la ciudad siguió
despertando interés, siendo Huelva y Sevilla los lugares más habituales para ubicar la
antigua ciudad de Tarteso. El hallazgo del tesoro de
El Carambolo (Camas) en 1958 contribuyó a alimentar la idea de que cerca se pudo
encontrar la capital del mítico reino de Argantonio.
El concepto de Tarteso
¿Qué es Tarteso para los griegos? La zona más allá de las Columnas de Heracles, un
lugar idealizado donde ubicaron lugares y personajes de su universo mitológico.
Primeras menciones a finales del siglo VII y siglo VI a. n. e.:
-Anacreonte, Estesícoro, Hecateo. En estos autores Tarteso es mencionado como un río
o como un lugar célebre por la extrema longevidad de sus monarcas.
Estamos por tanto ante un concepto puramente geográfico.
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1.C. TARTESO

Un enigma historiográfico. Tarteso, sin duda, ha sido uno de los temas más recurrentes de la investigación histórica española. Una interpretación arbitraria de las fuentes le otorgó no sólo el carácter de primera cultura urbana de Occidente, sino el de la civilización más rica y cultura más elevada de toda la protohistoria europea. El nacionalismo andaluz usará Tarteso para legitimar sus reivindicaciones históricas. Frente a la idea de atraso se antepone la imagen idílica de un reino muy próspero y desarrollado. Blas Infante, en su obra el Ideal andaluz (1915), vinculará Tarteso directamente con la actual Andalucía: “La obra capital de la escultura ibérica, la celebrada Dama de Elche , ha sido encontrada cerca de la frontera tartesa (...), ejecutada dentro de la Tartesia o bajo la influencia directa y próxima de los artistas tartesios, dada la existencia en esta nación del foco de la civilización peninsular”.

El auge de la cuestión tartésica se debe a Adolph Schulten, quien imaginó una antigua y espléndida civilización en el suroeste de la Península Ibérica. Intentando emular a Schliemann, el descubridor de las ruinas de Troya, Schulten se obsesionó con el descubrimiento de lo que imaginaba como la primera civilización del Occidente, en el suroeste de la Península Ibérica.

En 1924 publicó Tartessos , libro en el que se desarrolla la imagen de una espléndida civilización equiparable a las del Antiguo Oriente en términos de antigüedad, conocimientos y progreso. Se extendía desde el sur de Portugal hasta Murcia y su capital habría sido arrasada por los cartagineses hacia el 500 a. n. e.

La obra de Schulten es un relato muy atractivo para los aficionados a la historia antigua, pero desde un punto de vista científico es un producto deleznable, que hay que entender en el ambiente intelectual de la Europa de entreguerras.

Trató de hallar las ruinas de Tarteso bajo las dunas del Coto de Doñana, donde realizó infructuosas excavaciones. Tras él, la cuestión de la localización de la ciudad siguió despertando interés, siendo Huelva y Sevilla los lugares más habituales para ubicar la antigua ciudad de Tarteso. El hallazgo del tesoro de

El Carambolo (Camas) en 1958 contribuyó a alimentar la idea de que cerca se pudo encontrar la capital del mítico reino de Argantonio.

El concepto de Tarteso

¿Qué es Tarteso para los griegos? La zona más allá de las Columnas de Heracles, un lugar idealizado donde ubicaron lugares y personajes de su universo mitológico.

Primeras menciones a finales del siglo VII y siglo VI a. n. e.:

-Anacreonte, Estesícoro, Hecateo. En estos autores Tarteso es mencionado como un río o como un lugar célebre por la extrema longevidad de sus monarcas.

Estamos por tanto ante un concepto puramente geográfico.

Según Schulten, Tarteso había sido una colonia fundada en la desembocadura del Guadalquivir en torno al 1200 a. n. e. por un pueblo de estirpe helena proveniente de Creta que tras progresar rápidamente merced al comercio, dio lugar a un reino floreciente. Este rico y pacífico estado fue objeto de la codicia de los fenicios, quienes fundan Gadir con el objetivo de comerciar con Tarteso.

Schulten consideraba inconcebible la posibilidad de que los protagonistas de tan formidable fenómeno civilizatorio fuesen gentes indígenas, peninsulares. Y, aunque baraja la posibilidad, tampoco puede asumir que tan espléndida civilización estuviese vinculada con los fenicios debido a sus profundos prejuicios antisemitas. Plantea, en cambio, una colonización de pueblos orientales, pero de origen egeo —griegos, en suma —, como núcleo étnico y clase dirigente de un imperio territorial que llegaría a extenderse por toda Andalucía.

El concepto de Tarteso

Durante el franquismo triunfa la visión de Schulten, pero se busca a la vez “españolizar” Tarteso.

“¿Qué nos dirán los textos tartesios cuando puedan hablar o, mejor, cuando podamos entenderlos nosotros? ¿Qué nombres de españoles, qué reyes, qué dioses, qué ciudades nos darán a conocer? No lo sé, pero sí estoy seguro de que nos darán un cuadro de una sociedad perfectamente española”.

Luis Pericot, Las raíces de España (1952)

Años 50 y 60. Maluquer defenderá origen indígena de Tarteso. Tarteso hunde sus raíces en la Prehistoria local y bebe de influjos mediterráneos. Evolución in situ.

Años 70. Se habla de un Tarteso pre-colonial. El desarrollo de Tarteso está marcado por dos etapas diferentes que tienen como división la colonización fenicia.

Años 80 en adelante. Valoración del elemento fenicio como parte constituyente del fenómeno tartésico. Yscimintos: El Carambolo, Huelva, Setefilla.

El quid de la cuestión es llegar a conocer si los fenicios son CAUSA o CONSECUENCIA.

Revalorización de la cuestión Gadir = Tarteso. No sería una confusión erudita romana.

El concepto de Tarteso: DEFINICIÓN ACTUAL >>>>

Tarteso es la cultura del suroeste peninsular, confluyente con la presencia estable de los fenicios, hechos que eclosionan en la brillantez y riqueza a las que aluden las fuentes literarias griegas con el nombre de Tarteso y, tal vez, alguna mención en las bíblicas a través del topónimo Tarsis, cuya identificación con Tarteso no es segura.

Los testimonios arqueológicos dan cuenta de una gran diversidad demográfica en la citada confluencia: centros o asentamientos de directa creación fenicia, a los que se incorporan contingentes autóctonos; o centros preexistentes a los que se incorpo- ran los

conocimientos y modos de vida de procedencia oriental, dando forma al llamado “Orientalizante” (finales del VIII-VI a. n. e.).

La Arqueología va a servir para aportar datos a los dos problemas históricos que mayor trascedencia tienen en relación con Tarteso:

  • Continuidad/discontinuidad cultural de Tarteso con las poblaciones previas del sur peninsular.
  • Alcance de la influencia de la implantación fenicia sobre la población autóctona.

EL IMPACTO DE LA PRESENCIA FENICIA: EL ORIENTALIZANTE (750-600 a. n. e.)

En esta fase tiene lugar la concreción del concepto histórico de Tarteso. Es ahora cuando, coincidiendo con el desarrollo de las factorías fenicas de la costa, se va a producir el espectacular desarrollo de la sociedad peninsular, a la que se puede denominar ya claramente como “sociedad tartésica”.

Es la propia presencia de colonizadores fenicios desde comienzos del siglo VIII a. n. e. (en algunos caso IX a. n. e.) y las relaciones comerciales que establecen con las comunidades indígenas lo que se considera como impulso del desarrollo durante este período. El temprano contacto de los colonos con la población indígena iniciaría un proceso de asimilación de los aspectos materiales, socio-económicos y culturales fenicios, responsables del fenómeno “orientalizante”.

Entre las novedades cabe citarse el desarrollo urbano, el torno, la generalización de la metalurgia, la implantación del asno y la gallina y el desarrollo del lujo, basado en la diferenciación económica de las clases aristocráticas. Este lujo se expresaba en un principio mediante la importación de objetos orientales (joyas, cerámicas, marfiles, muebles taraceados), lo que más tarde dio lugar a reinterpretaciones locales.

IMPORTANTE TENER EN CUENTA > Los rasgos orientalizantes no alcanzan a toda la población indígena o no en la misma medida. El impacto de la colonización repercute muy desigualmente en los distintos grupos sociales. Vemos procesos culturales más complejos que un simple proceso de aculturación.

Frente a la recepción pasiva y unilateral de conocimientos e ideas procedentes del exterior por parte del mundo indígena, se reconoce a la sociedad tartésica la capacidad para reelaborar las influencias externas e incorporarlas a sus propias tradiciones. Además, la incuestionable existencia de grupos de colonos orientales en estrecha convivencia con los indígenas, con los que posiblemente compartían ciudades y cementerios, se acomoda más a un intercambio mutuo que a un préstamo unilateral.

Al hablar del papel de los fenicios en la génesis de Tarteso hay que mencionar la necrópolis de Cruz del Negro (Carmona). Aquí aparecen sepulturas genuinamente fenicias.

Algunas preguntas abiertas:

¿Implantación fenicia más allá de la costa? Parece que sí. Lo defienden J. Alvar y C. G. Wagner.

Si mismo espacio sacro, ¿también mismo espacio político? ¿Fundaciones mixtas? Huelva es más bien un emporio fenicio y no una ciudad tartésica, o no puramente tartésica. Es un enclave multicultural de población fenicia, autóctona e incluso griega.

En el Orientalizante los poblados desarrollaron una auténtica arquitectura con al construcción de viviendas de planta rectangular, con paredes de adobe y zócalos de piedra, enlucidas interiormente de arcilla coloreada. No obstante, esto no implica la desaparición de las chozas ovales de rama, que aún se situarán en la periferia.

Algunos poblados se amurallan.

Uno de esos poblados es el de Tejada la Vieja, que controla un paso natural hacia la región de Río Tinto. Fue circundado por una muralla de mampuestos, ataludada y jalonada por torres semicirculares, que alcanza una longitud de más de 1,5 km. Probablemente fue un centro de almacenamiento y redistribución de la minería procedente de la zona de Aznalcóllar, foco minero al que prestaba protección.

LAS NECRÓPOLIS: UNA SOCIEDAD JERARQUIZADA

Durante Orientalizante de Tarteso destacan algunas novedades interesantes en el campo de las costumbres funerarias.

Está claro que el cambio que supone la adopción de ritos funerarios tan ajenos a los que parecen haber sido las tradiciones de estas poblaciones es consecuencia del contacto con los fenicios. Ahora bien, hablar de un intenso proceso de aculturación en cuanto a las creencias resulta excesivo. La adopción de nuevos ritos y nuevos objetos no implica la adopción de los componentes ideológicos. El sistema religioso de las culturas es muy reacio al cambio, además desconocemos cualquier aspecto de la religión de los indígenas, del modo que no es fácil asegurar qué tomaron prestado y qué era propio. Las necrópolis orientalizantes se han considerado el exponente más claro de la aculturación religiosa, pero en ellas sólo recibieron sepulturas algunos sectores de la sociedad. Por tanto, además de tener un alcance social muy parcial, la aculturación religiosa sólo afecto al sistema de los rituales y no al de las creencias.

La principal características de las necrópolis tartésicas es su diversidad: la incineración se alterna con la inhumación. Tradicionalmente se considera que las élites indígenas practicaban la inhumación (rito pre-orientalizante) para diferenciarse de los demás grupos sociales que practicaba la incineración por influencia fenicia.

Las necrópolis orientalizantes mejor estudiadas (La Joya, Setefilla) muestran la aparición, a partir de comienzos del siglo VII a.C., de unas tumbas, cuyos ricos ajuares y su potente estructura permite calificarlas como “tumbas principescas” son escasas.

Tesoro de Aliseda (Cáceres). Descubierto en 1920. 10 piezas de oro encontradas en un tumba femenina bajo túmulo. Siglo VII a. n. e.

argentum. De acuerdo con esto, el nombre de Argantonio significaría algo así como “señor de la plata”.

Aún así estos planteamientos son dudosos y muy discutibles. La historicidad de Argantonio queda en entredicho por la existencia del mismo nombre en las montañas de Cilicia, en el Ponto Euxino. Teniendo en cuenta que buena parte de la tradición literaria sobre la península y el Extremo Occidente es de origen focense del Ponto, la posibilidad de que el nombre de Argantonio fuera una traslación es al menos considerable. De hecho, en el Caúcaso también existe una Iberia. Asimismo, no podemos olvidar que los primeros viajes (antes del VI a. n. e.) hacia el Extremo Occidente estuvieron protagonizados por samios y focenses.

Arqueológicamente no hay la menor prueba de un poder unitario.

Todo parece indicar que Tarteso, en su período de esplendor (750-550 a. n. e.) es un territorio articulado en unidades políticas independientes al modo de ciudades-estado. No podemos identificar con certeza esas ciudades, pero se podrían sugerir de oeste a este Onoba (Huelva), Ilipla (Niebla), Spal (Sevilla), Asta Regia, Carmo (Carmona) y, quizá, más al este Corduba (Córdoba) o Ategua. Este espacio coincide con lo que tradicionalmente se ha considerado el Tarteso nuclear. La vieja idea de un territorio político unificado desde el Algarve hasta Cartagena, apoyada en algún discutido texto literario y en la autoridad de Schulten, actualmente está desechada.

Esta estructura se proyecta por los territorios colindantes, dando lugar a nuevas unidades políticas que culturalmente algunos autores consideran asimismo partícipes de la Tartéside, como Conistorgis (tal vez Medellín) o Kastolon (Cástulo). Pero esto no significa que hubiera una unidad política y territorial de todos los espacios en los que aparece escritura, toponimia o materiales de origen tartésico. Al frente de esas unidades políticas hay un jerarca que se podría ejemplificar con el Argantonio de Heródoto.

El carácter urbano de esta sociedad implica la existencia de aristócratas, como se aprecia de manera espectacular en la necrópolis onubense de La Joya. La presen cia fenicia ofrece a esas aristocracias un nuevo lenguaje estético e ideológico que se engloba bajo la etiqueta de lo orientalizante, en coincidencia con los fenómenos similares y contemporáneos documentados en otras áreas, como Etruria, el Lacio, Grecia, Tracia y otras culturas en las que aparece contemporáneamente la ciudad como centro político regido por una clase aristocrática.

La explotación de los recursos naturales, agrícolas, ganaderos y mineros, se realiza a partir de las relaciones sociales gentilicias que caracterizan la estructura social, aunque progresivamente la especialización laboral (ceramistas, metalúrgicos, canteros) irá disolviendo las relaciones de parentesco para favorecer el desarrollo de una sociedad organizada por las relaciones derivadas de la producción. Es probable que la desaparición de la cultura tartésica tuviera lugar antes de que ese proceso de transformación social quedara culminado.

EL COLAPSO DE TARTESO

Las circunstancias en las que se produce la desaparición de la cultura tartésica no son claras. Ya no se acepta la tesis de que Cartago fuera la causante de su destrucción, a pesar de que algunos estudiosos aceptan situaciones de conflicto bélico en relación con el final de esta cultura.

El hecho establecido es que a mediados del siglo VI a. n. e., se constata una disminu ción de la presencia griega en el suroeste y un cambio de agentes comerciales en Onoba. Aunque Gadir continúa su existencia, muchos de los enclaves fenicios se abandonan. Al mismo tiempo, se aprecia la concentración demográfica en menos núcleos que se configuran como grandes centros: Gadir, Malaka, Sexi, Abdera y Baria.

Mientras aumenta la población en los ámbitos periféricos, en la Tartéside nuclear se observa un decrecimiento demográfico unido a la consolidación de las estructuras urbanas hecho que permite aceptar la convención de que entonces da comienzo la “cultura turdetana” (término también ambiguo y problemático).

FACTORES INTERNOS DE ÍNDOLE SOCIO-ECONÓMICA:

  • Descenso en la explotación minera (¿agotamiento de los filones conocidos? ¿Dificultad tecnológica para segir extrayendo mineral?)
  • Reorientación de actividades económicas: explotación de recursos marins y agropecuarios.
  • Cambios comerciales provocan cambios en la aristocracia. Ve su poder mermado. ¿crisis social? > CANCHO ROANO se destruye intencionadamente en el siglo V a. n. e.