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Asignatura: Historia de la Península Ibérica en la antigüedad, Profesor: Encarnación Castro Paez, Carrera: Historia, Universidad: UMA
Tipo: Apuntes
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TIPO DE HABITAT: poblados en altura, dispersos, ubicados en lugares fácilmente defendibles y compuestos de viviendas circulares de piedra, los castros, es el rasgo más característico de los pueblos del noroeste de la península a partir del Hierro II.
EXTENSIÓN: Esta “cultura castreña” abarcaba un amplio territorio.
Comprendía Galicia, el norte de Portugal y el occidente de Asturias, León y Zamora, tierras sobre todo de galaicos, pero también de lusitanos y astures.
ROMANIZACIÓN: Dicho territorio es romanizado antes que la zona cántabroastur. De hecho, la misma Roma impulsará y fomentará el desarrollo propio de la cultura castreña, hasta el punto que acaba reconociéndola como una realidad política más, lo que permite que termine constituyéndose como provincia romana.
ECONOMÍA: Las bases económicas de la cultura castreña eran la ganadería, con una cabaña compuesta de cabras, ovejas, bóvidos y cerdos, y la agricultura, tanto cerealista como horticultora, de carácter intensivo.
Asimismo, un importante desarrollo debió tener la minería. En este sentido, es posible que los excedentes agropecuarios y mineros, sobre todo estaño y plomo, alimentaran los intercambios con el exterior.
La cultura castreña
Se cuentan por millares los castros catalogados, en emplazamientos tanto costeros como interiores. Se prefieren generalmente las alturas medias, con una distribución geográfica muy irregular. Durante los años que siguieron a la conquista romana se produjeron cambios importantes en la organización territorial de esta cultura. Algunos castros se abandonaron, al tiempo que surgieron otros poblados nuevos situados en puntos estratégicos. De dimensiones variadas, destacan entre los de mayor entidad los de Briterios, Baroña o Santa Tecla (siglo I de n. e.). Característica de la cultura castreña es también la ausencia de necrópolis. Sólo en época romana se introduce la costumbre de enterrar los cadáveres en cementerios situados fuera del recinto habitado.
“Las raíces tintóreas abundan; el olivo, la vid, la higuera y otras plantas semejantes crecen cuantiosas en las costas ibéricas que bordean nuestro mar, y también en las del exterior. En cambio, las costas septentrionales ribereñas del Océano carecen de ellas a causa del frío; en el resto del litoral faltan, más que por negligencia de los hombres, que viven sin preocupaciones, porque dejan transcurrir su vida sin más apetencia que lo imprescindible y la satisfacción de sus instintos brutales. Si no se quiere interpretar como un régimen confortable de vida el que se laven con los orines guardados durante algún tiempo en cisternas, y que tanto los hombres como las mujeres de estos pueblos se froten los dientes con ellos, como hacen, según dicen, los cántabros y sus vecinos. Esto,
y el dormir en el suelo, en común, es propio de los iberos y los celtas. Según ciertos autores, los galaicos son ateos; mas no así los celtíberos y los otros pueblos que lindan con ellos por el Norte, todos los cuales tienen cierta divinidad innominada a la que, en la noches de luna llena, las familias rinden culto danzando, hasta el amanecer, ante las puertas de sus casas”.
Stb. III.4.
MONUMENTOS CON HORNO
En relación con el entorno castreño, tienen cierta importancia unas edificaciones que se conocen como “monumentos con horno”. Instalados en la parte baja de los castros, su carácter aún enigmático, ha sido interpretado como monumentos funerarios, baños termales o medicinales o incluso hornos con funcionalidad específica: pan, cerámica, metales, etc.
ORGANIZACIÓN SOCIAL: CASTELLA
Las comunidades de la cultura castreña funcionan en unidades territoriales, a diferencia del área cántabro-astur, organizada en unidades gentilicias.
La epigrafía romana documenta una serie de unidades socio-políticas indígenas que deben ser entendidas como pervivencias de las formas de organización extendidas entre los pueblos del norte peninsular en época prerromana. Su mantenimiento bajo dominación romana significa que estos grupos, sin duda de carácter gentilicio, debieron tener un claro protagonismo en la vida de las comunidades indígenas. Las fórmulas latinas que aluden a estas unidades son gens, gentilitas y cognatio, que acompañan a los nombres personales con indicación de pertenencia a un grupo social determinado.
No obstante, en el ámbito concreto de la cultura castreña, entre los galaicos y los astures occidentales, estas unidades organizativas son de claro carácter territorial y se expresan en la epigrafía bajo la forma de una “C” invertida o del término latino castellum (p. castella) seguidos del topónimo, como aposición al nombre personal. De esta peculiaridad puede deducirse en el área castreña una vinculación al territorio y, en concreto, a un castro determinado. Es decir, la estructura socio-política es territorial y no parental (no relaciones de parentesco). Posteriormente, esta estructura será utilizada por la administración romana para servir como base de las nuevas comunidades políticas de carácter romano, las ciuitas. Así, la identidad del individuo será ya con la ciuitas y no con el castellum.
LOS PUEBLOS DEL NORTE Y LA CORNISA CANTÁBRICA:
ASTURES Y CÁNTABROS
CARACTERÍSTICAS GENERALES: Los rasgos de los pueblos de la cornisa cantábrica, cántabros y astures, son muy mal conocidos, sobre todo para fechas anteriores al siglo I a. n. e. Sólo muy tarde, en el último tercio del siglo I a. n. e., cuando se produce su inclusión en el mundo romano tras una feroz guerra de exterminio, afloran cántabros y Astures en las fuentes literarias. Presentan datos muy estereotipados,
enseguida en los grandes festines familiares. En lugar de aceite usan manteca. Comen sentados sobre bancos construidos alrededor de las paredes, alineándose en ellos según edades y dignidades; los alimentos se hacen circular de mano e n mano; mientras beben, danzan los hombres al son de flautas y trompetas, saltando en alto y cayendo en genuflexión... En el interior en lugar de moneda practican el intercambio de especies o dan pequeñas láminas de plata recortadas. A los criminales se les despeña, a los parricidas se les lapida, sacándolos fuera de los límites de la patria o ciudad. Los enfermos, como se hacía en la Antigüedad entre los asirios, se exponen en los caminos para ser curados por los que han sufrido la misma enfermedad. Antes de la llegada de Brutono tenían más que barcas de cuero para navegar por los estuarios y lagunas del país... Así viven estos montañeses, que, como dije, son los que habitan el lado septentrional de Iberia; es decir, los galaicos, astures y cántabros, hasta los vascones y el Pirineo, todos los cuales tienen la misma forma de vivir, Podría hacer la lista de pueblos más larga, pero renuncio a una descripción aburrida, pues a nadie le agradaría oir hablar de los pleatauros, bardietas, alotrigos, y otros nombres menos bellos y más ignorados”.
Stb. III.3.
CONQUISTA ROMANA (último tercio del siglo I a. n. e.)
La zona cántabro-astur fue la zona de la península que los romanos conquistaron más tarde. Tras las guerras celtíbero-lusitanas el proceso de conquista quedó paralizado por los problemas internos de la propia Roma y no se retomaría hasta la década de los años veinte del siglo I a.C., cuando finalizan las guerras civiles que habían sacudido Roma. En el año 27 a. n. e. las legiones romanas, al mando del propio Augusto, comenzarían la ofensiva definitiva que se desarrolló hasta el 25 a. n. e. En el 24 y el 22 a. n. e. hubo nuevos levantamientos, hasta que finalmente acudió Marco Vipsanio Agripa, yerno de Augusto, quien acabó con la resistencia en el 19 a. n. e.
La ausencia de centros de coordinación política y de asentamientos jerarquizados no impide la firmeza de estos pueblos frente a Roma, pues es el carácter de las propias comunidades cántabro-astures (pequeñas y dispersas) lo que permite que opongan una gran resistencia, casi heroica, a los romanos. Aún así, este pequeño potencial de población no es equiparable en medida alguna al desarrollo de la ciudad en el mundo celtíbero. Ya en época romana se crean varios centros político-administrativos, aunque el carácter fragmentario de la zona se sigue manteniendo, lo que permite la pervivencia de los componentes y estructuras indígenas hasta bien entrado el siglo II de n. e.
La decisión de someter a estos pueblos del norte peninsular, tomada por el propio emperador Augusto, no sólo obedecía a razones de prestigio personal, pues los romanos también buscaban hacerse con el control de las minas de hierro y oro de la zona. Asimismo, de igual modo debieron influir las frecuentes incursiones de estos pueblos en el llano en busca de recursos con los que sobrevivir.
El pacto de los Zoelas (152 de n. e.)
En relación con el mundo cántabro-astur existe una rica epigrafía que hace alusión a las estructuras sociales, las cuales se fundamentan principalmente en el parentesco. En este sentido, es de vital importancia el Pacto de los Zoelas.
Este documento epigráfico encontrado cerca de Astorga es una modificación de un pacto de hospitalidad. Como es lógico entre los miembros de las unidades organizativas existían lazos de cohesión y solidaridad que implicaban la posibilidad de establecer relaciones y pactos con otras semejantes, que implicaran a todos sus miembros. Así, los pactos de hospitalidad (hospitium) establecían entre un individuo y una colectividad, o entre dos entidades indígenas, mediante fórmulas de relación jurídica, el otorgamiento voluntario de derechos y deberes mutuos e igualitarios, de transmisión hereditaria. Tal es el caso del Pacto de los Zoelas.
En dicho pacto se reconocen dos gentilidades de la gens de los Zoelas que firman la renovación de un antiguo pacto de hospitalidad. La cronología de este nuevo pacto es del 152 de n. e., aunque para mayor claridad también se incluye el texto de una renovación anterior del pacto, realizada en el 27 de n. e. Tengamos en cuenta que aunque es una inscripción romana con cronología consular el hecho que expone es claramente indígena. Debido a la falta de derecho internacional que regule las relaciones, es un pacto que afecta a toda la comunidad. Los Zoelas estaban asentados aproximadamente en la actual provincia de León y en la parte oriental de Galicia (Lugo, Ourense).
27 n.e.
En el consulado de Marco Licinio Craso y Lucio Calpurnio Pisón el 28 de abril, la gentilitas de los Desoncos, de la gens de los Zoelas y la gentilitas de los Tridiavos de la misma gens de los Zoelas renovaron un pacto de hospitalidad muy antiguo y todos ellos se recibieron mutuamente bajo su protección y clientela y la de sus hijos y descendientes. Lo llevaron a cabo Arausa (hijo) de Blecaeno y Turaio (hijo) de Clouto, Docio (hijo) de Elaeso, Magilo (hijo) de Cluto, Bodecio (hijo) de Burralo, Elaeso (hijo) de Clutamo, por medio de Abieno (hijo) de Pentilo, magistrado de los Zoelas. Hecho en Curunda.
152 n.e.
En el consulado de Glabrión y de Homullo, cinco días antes de julio, la misma gentilitas de los Desoncos y la gentilitas de los Tridiavos recibieron en la misma clientela y en los mismos pactos, de las gens de los Avolgigos a Sempronio Perpetuo Orniaco y de la gens de los Visaligos a Antonio Arquio y de lagens de los Cabruagénigos a Flavio Frontón (ambos) Zoelas. Lo realizaron Lucio Silón y Lucio Flavio Severo. En la ciudad de Asturica Augusta.
El pacto de los Zoelas (152 de n. e.)
Gens y gentilitas serían términos que cuentan con un significado político
Aunque la lengua no es un fenómeno suficiente para definir por sí sola una unidad étnico-cultural, se trata de uno de los elementos culturales más carácterísticos de la etnia vascona.
En esta zona (a ambos lados de los Pirineos) hallamos una lengua primitiva relacionada con el actual euskera, pero no se sabe ni su antigüedad ni su origen.
Es una lengua distinta a la que viene con las penetraciones indoeuropeas, pero en el territorio atribuido a los vascones también se dieron otras dos lenguas, como el ibérico y el celtíbero.
Las fuertes diferencias étnico-culturales hacen que sea poco probable que gentes de culturas tan diversas formaran en época paleohispánica una etnia global. Fueron los romanos los que dieron el impulso decisivo en la configuración de la etnia vascona, uniendo comunidades culturalmente diversas.
La zona sur fue la única donde la ciuitas tuvo implantación real.
La zona norte, el saltus Vasconum, no tuvo nunca mucha importancia para Roma. Se organiza tardíamente, tras la conquista definitiva de la Galia, en torno al cambio de era.
Por razones geopolíticas, Roma situó en los Pirineos el límite entre vascones y aquitanos, separando administrativamente dos pueblos con rasgos comunes y misma lengua. También se dividió a los vascones de caristios y várdulos, semejantes en muchos aspectos, adscribiéndolos a conventus jurídicos distintos.