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J.k. Galbraith acuña el término de tecnoestructura para referirse al conjunto de profesionales que rigen las grandes empresas modernas, como economistas, ingenieros, juristas y especialistas en marketing. Galbraith describe el capitalismo de las grandes corporaciones como una excrecencia del mundo neoclásico del monopolio y oligopolio. La tecnología y las inversiones cada vez mayores han cambiado el papel del propietario del capital a favor de este grupo colegiado de decisiones. La tecnoestructura modifica considerablemente las reglas del juego capitalista, buscando el crecimiento de la empresa en lugar del máximo beneficio y atenuando el papel del mercado.
Tipo: Apuntes
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Concepto acuñado por J. K. Galbraith para designar el conjunto de técnicos o profesionales: economistas, ingenieros, juristas, especialistas en mar-keting, etcétera, que dirigen las grandes empresas. En su obra El nuevo estado industrial, Galbraith describe el capitalismo de las grandes corporaciones empresariales como una excrecencia del mundo neoclásico del monopolio y oligopolio. Las grandes empresas no pueden ser dirigidas por una sola persona, sino de forma colegiada. En ellas los accionistas tienen un poder despreciable y quienes realmente las gobiernan son los managers o ejecutivos. El fenómeno de la pasividad o absentismo de los accionistas y el correlativo incremento del poder de decisión de los ejecutivos en las empresas que rebasan un cierto tamaño, fue advertido ya por A. A. Berle y G. C. Means en su obra La empresa moderna y la propiedad privada (1932) y por J. Burham en su obra La revolución de los directores (1941).
Término de J. K. Galbraith para designar el aparato de poder ejecutivo que surge en las modernas sociedades industriales, con la influencia de las grandes empresas dominadas por gerentes profesionales. Technostructure.
1 Al analizar el desarrollo reciente del capitalismo en los Estados Unidos, el economista norteamericano John Kenneth Galbraith pone de manifiesto el creciente papel de la tecnología en la vida económica y los obstáculos que supone para la empresa: inversiones cada vez mayores, prolongación de los plazos de producción, obligación de programar y planificar, y especialización creciente de las tareas y del personal. Esta evolución implica un cambio fundamental: el poder de decisión ya no corresponde al propietario del capital, como ocurría en el pasado; ahora lo ejercita el grupo de técnicos que constituye la verdadera cabeza de 1a gran empresa moderna. Galbraith pro pone denominar tecnoestructura a este aparato colegiado de decisión. Para Galbraith, el comportamiento de esta tecnoestructura modifica considerablemente las reglas del juego capitalista. En realidad, no tiene como objetivo principal la obtención del máximo beneficio sino, principalmente, el crecimiento de la firma. El papel del mercado, relevado por la planificación, se atenúa. Actualmente, es la firma la que determina las necesidades del consumidor (creándolas mediante el empleo de la publicidad). Segregada por la tecnología, la tecnoestructura es prisionera de sus orígenes. De ahí la tendencia a investigar el progreso técnico por sí mismo, independientemente de las necesidades reales del público, por lo que algunas, como la vivienda o los transportes urbanos, son sistemáticamente sacrificadas. El surgimiento de la tecnoestructura también ha transformado, al reducirlas, las relaciones de la gran empresa con el Estado. Éste deja en manos del sector privado parte de las responsabilidades que progresivamente había tomado a su cargo. Al mismo tiempo, asume cierta cantidad de gastos nuevos (sobre todo en materia de investigación) cuyo beneficio recogen los grupos privados. Esta simbiosis creciente refuerza la potencialidad de la tecnoestructura, cuyos intereses se confunden paulatinamente con los del Estado. Estas tesis, desarrolladas en 1967 en "El Nuevo Estado industrial" originaron un considerable alboroto en Estados Unido s (en donde las grandes sociedad es representan el 40% del PNB) y también en Europa. Desde liberales hasta marxistas, los críticos no han dejado de leer la obra de Galbraith. Se le reprocha, sobre todo, hacer uso de una simplificación excesiva de la realidad económica (subestimación de la potencia real de las tecnoes-tructuras y subestimación del rol que conserva el mercado) y de ignorar sistemáticamente el sector menos organizado de la economía (agricultura, servicios, etc.). Por último, para los marxistas este nuevo curso del capitalismo no modifica su naturaleza ni su lógica interna que es la del beneficio. Según algunos autores, el concepto de tecnoestructura -elaborado por Galbraith— explica gran parte de la evolución reciente de las sociedades socialistas europeas. Detentador tradicional del poder, el aparato del Partido se vería amenazado por la formación y desarrollo de un grupo de tecnócratas. Más que divergencias ideológicas (liberales contra conservadores), las oscilaciones políticas de los últimos años reflejarían las fases sucesivas de aquello que sería, esencialmente, una lucha por el poder.