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es el texto de Galbraith (cap V y IV) pasado a World
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En junio de 1928, el mercado retrocedió una o dos parasangas: en realidad, las pérdidas durante las tres primeras semanas fueron casi tan grandes como las ganancias de marzo. El día 12, triste por sus retrocesos particularmente importantes, fue decisivo. Durante un año o más, algunos hombres de certera visión habían estado diciendo que vendría el día en el que se contratarían cinco millones de títulos en la Bolsa de Nueva York. En un principio, semejante afirmación no pasó de ser una extravagante finta dialógica, pero después aparecieron síntomas de que la realidad superaría dicha cifra. El 12 de marzo el volumen de contratación ascendió a 3.875.910, la más alta hasta entonces; al finalizar el mes ya era perfectamente corriente. El 27 se contrataron 4.790.270 títulos. El 12 de junio cambiaron de manos 5.052.790. El mismo ticker* se retrasó casi dos horas con respecto al mercado. Radio retrocedió 23 puntos, y un periódico de Nueva York comenzó su referencia de los acontecimientos del día de este modo: «El mercado alcista de Wall Street se desplomó ayer con un estruendo que fue oído en todo el mundo.» El anuncio del fallecimiento del mercado alcista fue prematuro como ningún otro desde el de Mark Twain. En julio hubo una pequeña ganancia neta y en agosto un nuevo salto hacia adelante. A partir de entonces, ni la proximidad de las elecciones dio lugar a ulteriores dudas. La gente se quedó imperturbable cuando, el 17 de septiembre, Roger W. Babson declaró en Wellesley, Massachusetts, que «si Smith resulta elegido y cuenta con un Congreso demócrata, tendremos casi con seguridad una consiguiente depresión económica en 1929». Añadió, asimismo, que «la elección de Hoover y un Congreso republicano significarían la continuación de la prosperidad durante 1929», y pudo
ocurrir que la opinión pública intuyese esto. En cualquier caso, una autoridad todavía más alta vino durante ese mes a reafirmar la confianza general. Andrew W Mellon, en efecto, dijo en aquellas fechas: «No hay motivo alguno para preocuparse. La alta marea de la prosperidad continuará.» El señor Mellon no tenía ni la menor idea de lo que decía. Como tampoco ninguna de las personalidades de público relieve que entonces, y desde entonces, hicieron declaraciones similares, a las que no se puede considerar como pronósticos. No es correcto conferir a los hombres que las hacen una particular penetración para prever el futuro, mayor que la de los demás. El señor Mellon se limitó, en realidad, a participar en ese rito que, en nuestra sociedad, se considera de gran valor para influenciar la coyuntura económica. Se cree a menudo que con sólo afirmar, solemnemente, que la prosperidad continuará, ya se garantiza que efectivamente continuará. Entre los hombres de negocios, especialmente, la fe en la eficacia de tales encantamientos es muy grande. VI Hoover resultó elegido por una mayoría abrumadora, hecho que habría provocado una grave deterioración del mercado si los especuladores hubiesen conocido el pensamiento íntimo del nuevo presidente. En sus memorias, el señor Hoover dice que ya en 1925 comenzó a preocuparse por la «creciente marea especulativa». Durante los meses y años que siguieron esta preocupación se convirtió gradualmente en alarma, y finalmente en un sentimiento ligeramente inferior al temor de un desastre total. «Hay crímenes —dijo el señor Hoover, refiriéndose a la especulación—muchos peores que el asesinato y por los cuales los hombres deberían ser amonestados y castigados.» Como secretario de comercio no habría intentado otra cosa que poner el mercado bajo estrecho control. La actitud del señor Hoover hacia el mercado, sin embargo, constituyó un secreto excepcionalmente bien guardado. El pueblo norteamericano no tuvo conocimiento de sus esfuerzos, sistemáticamente frustrados por Coolidge y el Consejo de la Reserva Federal, por traducir sus pensamientos en acción. La noticia de su elección, lejos de ocasionar el pánico, supuso el mayor incremento jamás registrado en la contratación de valores. El 7 de noviembre, un día después de la elección la Bolsa
celebró el «auge de la victoria», y los valores más eminentes se auparon entre 5 y 15 enteros. El volumen total de títulos vendidos alcanzó 4.894.670, cifra ligeramente inferior al record del 12 de junio, el mayor (global) hasta aquella fecha. El 16 de noviembre una nueva ola alcista sacudió el mercado. Cambió de mano la asombrosa masa de 6.641.250 títulos, superando en mucho el anterior record del 12 de junio. El índice industrial del limes señaló una ganancia neta de 4,5 puntos al cierre de la sesión, considerada entonces, incluso, como impresionante. Aparte los derivados de la elección, no existía ningún motivo particular que justificase este entusiasmo. Los titulares de los órganos de información de ese día hablaban únicamente del hundimiento del vapor Vestris y de los épicos esfuerzos de oficiales y tripulación cargando sobre sus hombros mujeres y niños y salvando sus propias vidas. El 20 de noviembre también fue un gran día. La contratación —6.503.230 títulos— fue sólo ligeramente inferior a la del 16; pero, como se reconoce unánimemente, fue mucho más frenética. A la mañana siguiente, el Times observó que «la violencia ciclónica de la sesión bursátil de ayer no ha sido superada jamás en la historia de Wall Street». El mes de diciembre no fue muy propicio, pues durante los primeros días el mercado experimentó serios trastornos; el día 8 Radio sufrió la espantosa pérdida de 72 enteros al cierre. Empero, el mercado se mantuvo y luego se recuperó. El índice industrial del Times referido a todo el año indicaba un aumento de 86 puntos, esto es, de 245 a 331. A lo largo de este año Radio subió de 85 a 420 (no pagó dividendos en ningún momento); Du Pont de 310 a 525; Montgomery Ward de 117 a 440; Wright Aeronautic de 69 a 289." Asimismo, el volumen alcanzado en la contratación de valores alcanzó la cifra de 920.550.032 (Bolsa de Nueva York), superior al ya asombroso record de 1927: 576.990.875.18 Pero hubo otro síntoma aún más significativo de lo que estaba sucediendo en el mercado. Me refiero al fenomenal incremento de las operaciones a plazo con fianza.