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Es un tipo de erotismo que supone el sometimiento absoluto del amante, como si se tratase de una relación feudal o vasallática.
Tipo: Apuntes
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AMOR CORTÉS (características): (1) Es un tipo de erotismo que supone el sometimiento absoluto del amante, como si se tratase de una relación feudal o vasallática. (2) La mujer es idealizada hasta el extremo y pasa a ser la midons de la poesía occitana, la senhor de la poesía gallego-portuguesa y la señor o señora de la poesía castellana. En el tránsito del siglo XIII al siglo XIV, los estilnovistas llevarán esa idealización por nuevos derroteros, esta vez de tipo espiritual y trascendental (es “l'amor che muove il sole e l'altre stelle"). (3) La relación es tortuosa, pues la dama es dura y rechaza con frecuencia la corte amorosa del poeta. La partida de la dama, su desprecio y otros momentos dolorosos brindan los temas de más frecuencia dentro de esta corriente poética. Así las cosas, el poeta se duele sobremanera y está al borde de la muerte. En su desarrollo lírico-narrativo, se nos muestra en lugares tenebrosos, cárceles de amor e infiernos de amor, en sueños que son pesadillas y en espacios que son, muy reveladoramente, desiertos. Es la otra cara del hortus clausus o conclusus , esto es, del jardín de amor, que no falta, sino todo lo contrario, en esta tradición. (4) Ciertamente, no todo es dolor y frustración: también cabe el placer y hasta unas relaciones amorosas plenas. Cuando esto último ocurre, se nos informa de ello de forma tamizada y por medio de eufemismos. Muy distinto es el caso de la poesía burlesca, como las cantigas de escarnio y maldecir gallego-portuguesas, las pullas en gallego o castellano de Alfonso Álvarez de Villasandino o el tardío Cancionero de obras de burlas provocantes a risa (1519). En cualquier caso, hemos de tener presente que el trovador pretendía hacerse no sólo con el cor (corazón) sino con el cors (cuerpo) de la mujer, lo que da lugar a un ingenioso binomio a modo de paronomasia. (5) Dentro de los modelos provenzales abundan los amores de tipo adulterino, que no son precisamente los característicos de la tradición gallega o castellana; con todo, no parece que ello se deba a la moralidad característica de la literatura española que algunos han señalado tras Menéndez Pidal en su ensayo Los españoles en la literatura (1949). (6) Como quiera que sea, si el amante pretende algo o lo ha logrado, debe mantener el más profundo silencio; de hecho, su ruptura traerá el rechazo de la amada cuando no la tragedia, como se desprende de varios ejemplos de la novela sentimental (que comparte este código amoroso con la poesía de cancionero) y, particularmente, como vemos en la más famosa de todas ellas: la Cárcel de Amor de Diego de San Pedro. (7) La manera de comunicarse con la dama ha de ser a través de señales: prendas, motivos, colores, motes poéticos…; de todo ello, hay una hiperabundancia en los cancioneros y en los romans o novelas medievales. (8) El amor es una auténtica enfermedad, recogida como tal en los manuales de medicina (como en el Lilium Medicinae [Montpellier, ca. 1300] de Bernardo de Gordonio, que dedica un capítulo a la enfermedad de amor “hereos”); en este punto, la poesía trovadoresca y el roman coinciden con la medicina oficial. Tampoco olvidemos que la enfermedad de amor es un motivo literario que hunde sus raíces en la noche de los tiempos. (9) En último término, el amor es una de las claves de la sociedad medieval y, en las cortes de la época, uno de los principales pasatiempos; de todos muchos, con mucha frecuencia es sólo un juego (como vemos en los poemas galantes, a la manera del escrito por el Marqués de Santillana en loor de la Condesa de Foix). Al respecto, conviene repasar la declaración de Juan Alfonso de Baena en el prólogo a su Cancionero , donde dice que el poeta debe estar enamorado o fingirse enamorado, y la burla que Pero García Burgalés hace de Roi Queimado por el hecho de que en sus versos siempre está muriendo de amor;
de él dicen los versos del primero que siempre está muriendo, pero que luego resucita y vuelve a lo mismo (considérese la parodia del texto del Credo, que habla de un Descensus Christi ad Inferos ): Roi Queimado morreu com amor em seus cantares, par Santa Maria, por uma dona que gran bem queria, e por se meter por mais trobador. Porque lh' ela non quiso bem fazer, feze-s' el em seus cantares morrer, mais resurgiu depois, ao tercer dia. (10) El amor de oídas o amor de lonh podría cerrar la relación previa, aunque sólo es un motivo recurrente en las poesías del trovador Jaufré Rudel. De la pervivencia del enamoramiento de oídas hay un ejemplo tardío: el del juez Roy Bean (interpretado por un genial Walter Brennan) en The Westerner (película de William Wyler de 1940 que en España conocemos como El forastero ), que quedó prendado de la bella Lillie Langtry al verla en un cartel. Del modo en que el trovador Jaufré Rudel (mediados del siglo XII) cayó enamorado de lonh (“de lejos” o “a distancia”) de una dama a la que nunca había visto nos informa la escueta nota biográfica de un comentarista medieval: Jaufres Rudels de Blaia si fou mout gentils hom, princes de Blaia, et enamoretse de la comtessa de Tripoli ses vezer, per lo ben qu’el n’auzi dire als pelerins que vengen d’Antiocha. [Jaufré Rudel de Blaya fue muy gentil hombre, Príncipe de Blaya, y se enamoró de la Condesa de Trípoli sin verla, por lo bien que oyó hablar de ella a los peregrinos que venían de Antioquía.] Como digo, enamorarse de oídas es un ingrediente que nos aguarda donde menos se espera, como en El collar de la paloma de Ibn Hazm de Córdoba, obra hispano-árabe del siglo XI. Por supuesto, más frecuente resulta en la literatura europea, incluida la española; en ésta, aparece en la Razón de Amor (texto anónimo de la primera mitad del siglo XIII) y en el capítulo noveno del Quijote de 1615, donde don Quijote, arrinconado por Sancho, acaba reconociendo que no ha visto nunca a Dulcinea: Tú me harás desesperar, Sancho – dijo don Quijote–. Ven acá, hereje: ¿no te he dicho mil veces que en todos los días de mi vida no he visto a la sin par Dulcinea, ni jamás atravesé los umbrales de su palacio, y que sólo estoy enamorado de oídas y de la gran fama que tiene de hermosa y discreta? Dispongo de más ejemplos de este motivo, estudiado hace años por mi maestro Domingo Ynduráin, pero basta con los enumerados.