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Asignatura: lengua, Profesor: rebeca quintans, Carrera: Bellas Artes, Universidad: URJC
Tipo: Apuntes
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Javier Hernández Gil. Profesor de Lengua castellana y Litertura
Índice
Introducción.......................................................................................... 2 El andaluz............................................................................................. 2 El murciano........................................................................................... 17
Conclusión ........................................................................................... 24
Bibliografía ............................................................................................ 25
En este trabajo vamos a tratar de analizar y describir las influencias, puntos de confluencia y rasgos compartidos entre dos hablas dialectales meridionales: el andaluz y el murciano. Para esto, vamos a describir con detalle el andaluz, y con esta aproximación, pasaremos a analizar los principales rasgos del murciano y su influencia andaluza, en caso de que así sea.
EL ANDALUZ
Obviando la historia de la zona geográfica que hoy conocemos por Andalucía, observamos que la variedad lingüística andaluza, caracterizada por su dinamismo innovador en su aspecto fonético, queda configurada como tal en el siglo XVI.
Sin embargo, no podemos hablar de modalidad andaluza o dialecto andaluz hasta los siglos XVII y XVIII, fechas en que se documentan sus principales rasgos fonéticos. Desde entonces hasta nuestros días apenas se ha visto alterada.
Con el nombre de hablas andaluzas se recogen las diversidades posibles dentro de Andalucía, donde hay diferentes zonas:
o bien:
En el origen de estos rasgos peculiares que caracterizan a este dialecto, no debemos olvidar el proceso de formación de estas hablas, donde la repoblación desempeña un importante papel, con las zonas que fueron habitadas del leonés o de Cantabria, normalmente zona occidental, presenta rasgos distintos a la zona repoblada con gentes de origen aragonés, sobre todo situada en la parte oriental, y además muchos pobladores procedían de otras zonas de Andalucía, ya que el proceso de repoblación se sucedió durante varios siglos.
Así Granada, que fue la última reconquista, fue repoblada por andaluces, no así otras zonas de anterior reconquista.
También hay que subrayar el esplendor de Sevilla en estos siglos, y el prestigio de su norma, que hace que no se imite la norma toledana, lo que repercutirá en toda la zona de Andalucía, avanzando hacia el Norte, y llegando incluso hasta Madrid, donde ya se hablaba de meridionalismos, como las distintas realizaciones de la 's', y se cuestionaban si eran rasgos andaluces o del español general, hecho éste que le restaría individualidad al andaluz.
Veremos que aunque hay unos rasgos generales de las hablas andaluzas, se distinguen el habla occidental y el habla oriental.
Sobre el consonantismo , en el andaluz oriental tiene un carácter más antiguo que el vocalismo, ya que empieza a configurarse desde la Baja Edad Media. Debemos hablar en primer lugar de la aspiración: no hay una aspiración única en el conjunto de las hablas andaluzas, ni tiene un sólo origen. Podemos hablar de tres grandes grupos:
En primer lugar, la aspiración procedente de una f- inicial latina, de naturaleza castellana medieval que se llevó al sur peninsular. Hoy todavía tiene vigencia en el ámbito rural, menos en Jaén, en algunas zonas de Granada y Almería. Duraría hasta el s. XV.
En segundo lugar, desde el s. XVI hablamos de una aspiración típica andaluza, que se empieza a implantar en esa zona aspirada donde estaba la prepalatal fricativa sorda, en español /š/ (x) --> j, pero en andaluz no se establece 'j', sino una aspiración que ocupa el lugar que en español tiene la 'j'; por lo tanto es inexacto que afirmar que los andaluces aspiran la 'j' porque ocurre algo diferente, es decir, en Andalucía nunca hubo 'j', salvo en Jaén y zonas de Granada y Almería. Fonológicamente, el correlato andaluz de la 'j' es la aspiración de /h/, que trataremos ahora.
En tercer lugar, la aspiración de la 's', que trataremos posteriormente.
La aspiración de la f- inicial latina o la articulación aspirada de la h procedente de f- inicial latina, para ser exactos, como podemos ver en humo < fumun, hambre < famine, hembra < femina, hartar < fartare, hacer < facere, hierro < ferrum, haba < fabam, etc. Se trata, como es bien sabido, de un rasgo arcaizante (conservación de una antigua pronunciación) muy particular y restringido dentro de nuestro territorio, pero no exclusivo pues se documenta también en otras zonas peninsulares.
La realización articulatoria de esta aspirada es fundamentalmente faríngea sorda ya que la estrechez en que se produce el roce característico de la aspiración ocurre en una amplia zona que comprende toda la faringe bucal, desde la epiglotis hasta el velo del paladar. Esta estrechez se forma al acercarse entre sí las paredes de la cavidad faríngea y, a la vez, aproximarse la raíz de la lengua a su pared posterior. Pero esta pronunciación aspirada no se extiende a toda h- inicial que presentan hoy las palabras españolas, sólo a aquellas cuyo étimo latino tenía f-. Así por ejemplo, no se da esta aspiración en otros vocablos que hoy conservan hache no procedente de f- latina: huevo, haber, hombre. No se aspira la h de hombre, que proviene de homo. La no aspiración de hoja o hijo, a pesar de proceder de palabras latinas que comienzan por efe (folia, filiu) tiene su explicación lógica: evitar sonidos semejantes muy cercanos (jijo, joja). Por otra parte, conviene saber que la aspiración a veces se produce en voces castellanas en las que la f- inicial latina se ha mantenido por diversas razones (bien por influencia culta o bien por su tardía incorporación a nuestra lengua), casi siempre estando en contacto este sonido con el diptongo ue: fontem (latín) > fuente (castellano) / huente (andaluz).
Otro fenómeno de aspiración es el de la jota , que ya habíamos iniciado. El fonema velar fricativo sordo /x/ (correspondiente a las grafías ge, gi, j) puede presentar en español diversas realizaciones fonéticas. Dos de las más importantes son las siguientes:
a) Velar sorda [x]: se articula con el postdorso de la lengua contra el velo del paladar, dejando circular el aire fonador por un canal muy estrecho. Se documenta, además de en Hispanoamérica, en gran parte de la Península, desde la zona central hasta el Norte. Ejs.: jiraja [xiráfa], jefe [xéfe].
b) Aspirada [h]: puede ser faríngea (cuando se articula con el postdorso o la raíz de la lengua contra la pared faríngea) o laríngea (articulación realizada por medio de un estrechamiento producido por las mismas cuerdas vocales): ojo [óho], jugo [húgo], caja [káha]. Esta realización aspirada se diferencia de la anterior esencialmente en la amplitud de la abertura entre el postdorso y el velo del paladar, circunstancia que se refleja en una mayor o menor perceptibilidad de la fricación.
En Andalucía suele pronunciarse una suave aspiración faríngea, generalmente sorda [h], aunque también puede articularse como sonora [h] e incluso con matices intermedios entre un sonido fricativo velar y una aspiración velar.
La aspirada faríngea sonora es más abierta y relajada, produciéndose fundamentalmente entre vocales: tijeras [tihéras]. Desaparece en gran parte del territorio andaluz la realización velar, con lo que el trío de fonemas velares del español queda reducido a dos (/g/ y /k/). Los sonidos resultantes son los siguientes:
Otro rasgo característico de este dialecto es la aspiración de la –s implosiva , consiste en la aspiración y pérdida que sufre la consonante /s/, especialmente cuando ocupa posición implosiva (bien en posición final de sílaba ante otra consonante o bien como final absoluta).
Particularmente en el occidente y en la zona meridional de Andalucía, se realiza como aspiración sonora, sobre todo cuando se trata de una aspiración de una -s final convertida en intervocálica por fonética sintáctica (loh-ómbre) y de la aspiración de la -s y -θ finales absolutas (loh-ómbreh).
Las varias soluciones fonéticas que esta 's' implosiva puede llegar a tener nos muestran un claro caso de polimorfismo lingüístico. Estas serían las siguientes:
a) mantenimiento, b) aspiración, c) asimilación de la aspirada a la consonante siguiente, lo cual termina con la fusión de ambas consonantes en un sólo sonido, d) geminación, y
Los procesos fonéticos que se producen en torno a este grupo son más compli- cados y diversos:
a) Mantenimiento de la aspiración: desván [dehbán]. b) Reduplicación o geminación: desván [debbán] c) La aspirada modifica el punto de articulación de la consonante explosiva, apareciendo al final del proceso asimilatorio un nuevo sonido (-sb- > f; -sd- > -z; -sg- > j ) .
· Grupo –sb-: (grafias sb, sv, tanto en interior de palabra como entre palabras): Cuando la aspirada sorda va en contacto con la b como en resbalar, los vasos, las botas, podemos oír una gran variedad de soluciones: -sb-: hb - bb - fv (con labiodental) – ff. hb: aspiración + consonante bilabial sonora. bb: asimilación de la aspirada a la consonante sonora surgiendo un sonido gemeninado. fv: labiodentalización. ff: ensordecimiento.
resbalar > rehbalá - rebbalá - refvalá - reffalá los vasos > lohbáso - lo bbáso - lo fváso - loffáso las botas > lah bóta - lab bóta- lafvóta- laffóta
· Grupo -sd-: Lo habitual es escuchar una aspiración muy relajada, dentalizada y sonorizada, y una fricativa sonora interdental o dentointerdental. Se realiza frecuentemente como -d- o -z- desde > dehde- deθe.
· Grupo -sg-: En esta secuencia la aspirada faríngea sorda se asimila a la consonante siguiente, dando como resultado una realización articulatoria intermedia entre velar fricativo sonora y aspirada sorda:
rasgo: ráhgo - rájo - ráho (asimilación total) nos gustó: nohúhto - nogúhto (disimilación por la presencia dentro de la palabra de otra aspirada).
La aspirada sorda suele ensordecer a la consonante velar, también se asimila la aspirada y también se pierde: musgo: múhgo -mujo - muho (ensordecimiento velar).
a) Mantenimiento de aspirada: raramente. b) Asimilación total de la aspirada a estas palatales: los llevo [loyébo]
En el caso de la «ch» la aspiración refuerza la fricatización de /c/: más chico [mášíko].
Aquí la aspirada, que tiende a adquirir cierta resonancia nasal que contagia a la consonante siguiente, no suele desaparecer: mismo [míhmo], las máquinas [lahmákina], las niñas [lahní+na], asno [áhnno]. Se da también la geminación de la consonante nasal con presencia de la aspirada: [míhmmo]; y con menor frecuencia sin aspirada: [mímmo].
Por último veremos la aspiración de -s implosiva en posición final absoluta: puede suceder una aspiración, pérdida y abertura de la vocal precedente:
a) Mantenimiento como [-s]: cuatro botas [bótas]. b) Aspiración de la ese: se venden pisos [písoh]. c) Eliminación total. No olvidemos que en el oriente andaluz, cuando esta aspiración desaparece, se modifica la vocal precedente: once niños [ní?o]/[ní??]. Raramente se conserva la -s/-z finales.
Pero, sin duda alguna, el seseo es el fenómeno más comentado y analizado entre los dialectólogos. Junto con la modificación de las vocales finales como consecuencia de la aspiración de s, se presenta como uno de los rasgos más identificativos en cuanto a la caracterización de las hablas andaluzas, lo cual sirvió en su momento para trazar la frontera lingüística del andaluz. Su importancia viene dada tanto por su probada antigüedad histórica como por su extensa repartición geográfica y social. En 1933 Tomás Navarro Tomás fue quien en su estudio , «La frontera del andaluz», señaló no sólo la extensión geográfica de las zonas distinguidoras y no distinguidoras (seseantes o ceceantes), sino que también analizó por vez primera los diferentes tipos de /s/y /θ/ del andaluz. Hoy día, básicamente son tres los modelos lingüísticos posibles en las manifestaciones orales de los andaluces:
Tanto en el hablante seseante como en el ceceante se produce una desfonologización (en los dos fenómenos se produce la «desfonologización», «igualación fonológica» o «reducción» de la oposición s/θ, dando lugar a un monofonema /s/ realizado como [s] -seseo- o como [θ] -ceceo-), es decir: en ambos casos, independientemente del resultado final, la oposición fonológica entre los fonemas
provincia de Jaén, nordeste de Granada y el extremo norte de Almería y casi la mitad norte de Córdoba.
b) [s] coronal plana. Es ya una de las típicas del andaluz, de pronunciación más adelantada que las anteriores y de timbre más agudo. Su articulación se produce entre los incisivos superiores y los alvéolos, con la lengua en posición plana o levemente convexa y el ápice algo inclinado hacia abajo. Ocupa gran parte del área de seseo, se concentran en Córdoba y algunas localidades seseantes de Huelva, con algunos focos en Granada, Jaén y Sevilla.
c) [s] predorsal: Este tipo de ese es la más característica de la pronunciación andaluza y también la más pujante en estos momentos. Se articula elevando el predorso de la lengua contra las encías y alvéolos, adoptando la lengua una curvatura plenamente convexa y descendiendo el ápice hasta apoyarse en los incisivos inferiores y la zona alveolar. El acercamiento del predorso lingual hacia la cara posterior de los dientes puede llegar a originar una fricación interdental semejante, e incluso a veces igual, a la de la «c, z» (/θ/) castellana. Se observa pues que la proximidad entre esta articulación y la que corresponde a la interdental es muy escasa. Es la variedad más típicamente andaluza a la vista de su gran fuerza expansiva. El área de esta s ocupa prácticamente todo el dominio del ceceo, se introduce también en la zona del seseo, incluso llega al de la distinción, ganando progresivamente terreno al resto de realizaciones. Aparece en los núcleos urbanos más importantes (como Sevilla, Granada y Málaga). Se da asimismo en el centro y sur de Sevilla y por entero en las provincias de Cádiz y Málaga, con penetraciones en las de Córdoba y Granada.
Otro fenómeno característico de la fonética andaluza es el tratamiento de -r/-l , aunque no exclusivo de esta zona, como veremos cuando analicemos el murciano. Este fenómeno consiste en la pérdida del carácter distintivo de la oposición fonológica entre la vibrante alveolar /r/ y la lateral alveolar /l/. Este fenómeno es consecuencia de la
relajación que sufren las consonantes al final de sílaba, como hemos visto antes con la 's', tendencia propia del español, por medio de la cual se intenta reorganizar la estructura silábica del español transformando las sílabas trabadas en sílabas abiertas. El sonido procedente de esta indiferenciación suele ser el de una articulación relajada realizada, la mayoría de la veces, como [r], pero también como [l] o sencillamente como una aspirada [h]. De este modo, las formas resultantes de este proceso pueden ser bien [sordáo] soldado, [árto] alto, [arkárde] alcalde, [bórsa] bolsa, [árma] alma, bien [kwélpo] cuerpo, {kwélda] cuerda, [balba] barba o bien [káhne] carne, [káhlo] Carlos.
Para Amado Alonso las distintas formas de alteración articulatoria de –r y -l, su pérdida, su igualación y fusión fonológica, son todas manifestaciones de un mismo hecho: la degradación o relajación de las consonantes en final de sílaba. La fusión de estos dos fonemas en una sola realización, ya sea r, ya l, fonéticamente mixto, su vocalización y su aspiración se produce como consecuencia de una ley fonológica del español mediante la cual todas las consonantes españolas abandonan en la distensión silábica algún rasgo componente que en la tensión era constitutivo de esta manera r y I pierden dialectalmente en fin de sílaba su dualidad y oposición.
Otro rasgo cuya extensión rebasa los límites geográficos de Andalucía es el yeísmo. Consiste en la desfonologización de la oposición (es decir: fusión de dos fonemas en uno solo) entre el fonema /Î/ (grafía «ll») y el fonema /y/ (grafía «y») por deslateralización de la /Î/. En consecuencia el primer fonema se pronuncia como /y/. Se trata de un fenómeno puramente fonológico que tiene lugar al despojarse la /Î/ de su característica fricacion lateral, lo cual provoca su transformación en /y/. En distintas zonas de Andalucía no se llega a establecer la diferenciación entre estos dos fonemas. Ejs.: cabayo, caye, Seviya.
En realidad, esta desfonologización no afecta en gran medida al sistema pues viene a ser una oposición (central/palatal) con escaso rendimiento funcional al diferenciar un muy reducido grupo de términos (p.e.: pollo/poyo). Además, las posibles confusiones que pudieran surgir se resuelven lingüísticamente recurriendo al cambio de uno de los lexemas afectado por la reducción: cast. poyo/pollo / and. poyete/poyo.
Otro rasgo que presenta el andaluz es la fricatización del fonema /c/ (correspondiente a la grafía ch). Este peculiar fenómeno, que se encuentra emparentado fonéticamente con el yeísmo, consiste en la articulación relajada del fonema africado, convirtiéndose así en fricativa normalmente sin labialización (realización próxima a la sh inglesa o ch francesa actuales). En Andalucía, como es sabido, la pronunciación de esta consonante palatal presenta dos son variantes articulatorias:
a) Articulación africada: consta de un momento oclusivo seguido inmediatamente de otro fricativo. En el primero se produce una oclusión en la salida del aire espirado provocado por la cerrazón completa que realiza el predorso de la lengua contra la zona prepalatal; en el segundo, tiene lugar un estrechamiento del canal bucal entre esos mismos órganos articulatorios, originando un roce o fricción de la corriente del aire fonador.
participios penetra hasta los niveles más cultos, no ocurre lo mismo en los demás contextos. Socialmente esta caída es considerada como vulgarismo, y por tanto no se aconseja en registros idiomáticos cultos, quedando relegada al habla familiar y coloquial. Los hablantes cultos tienden a consevar una -d- más o menos relajada. Ahora bien, los participios terminados en -ao hoy por hoy se van extendiendo tanto entre las capas más elevadas del español común, que a nadie le resulta vulgar escuchar, entre otros, a políticos, profesores universitarios y periodistas pronunciaciones como cansao, dorao, pasao, etc. Por ello la Real Academia tolera la relajación y pérdida de la -d- en los participios en -ado.
· Tratamiento de la -g- intervocálica. También la -g- intervocálica es otra de las consonantes que se ve afectada por esta tendencia a la relajación, si bien en menor medida que la anterior. Ejs.: mijita (migajita), en este caso la /g/ intervocálica y su núcleo silábico, miaja, migaja, mijita, migajita, mijiya, migajilla, juar (jugar). En estos casos parece haber un proceso de disimilacion eliminatoria, ya que en todos ellos encontramos siempre la vecindad de una /x/ fricativa.
· Tratamiento de la -b- intervocálica. La pérdida de -b- se produce en todas las hablas populares, aunque con una frecuencia muchísimo menor que en los casos de -d- y -g-. En Andalucía hay algunos casos esporádicos como toíyo (tobillo).
· Tratamiento de la -r- intervocálica. También la -r- desaparece con gran frecuencia. Así ocurre en ciertas formas verbales como «mirar» «parecer», «querer» (mía tú- mjá tú), (me puese), (kjé tú) y en algunos casos por fonética sintáctica: (poaí) «por ahí». Las formas (pae, mae) «padre, madre» son indudables ejemplos de pérdida de -r- intervocálica.
· Tratamiento de la -n- intervocálica. Tiene menor incidencia que las restantes consonantes y se produce con unidades linguísticas como tjéh por «tienes».
nasal pertenece a una sílaba átona como en virgen > virge. En caso de formar parte de una sílaba tónica el proceso permanecería en la primera etapa: nasal velarizada. Por otro lado, la distinción en la conjugación verbal entre la tercera persona del singular y la tercera del singular puede realizarse ahora mediante la nasalización de la vocal final: español estándar ama aman; andaluz ama amã.
La distribución en Andalucía de estas distintas soluciones expuestas, podemos sintetizarlas de la siguiente forma:
Silaba tónica: consonante + vocal + nasal a) Nasal velarizada: solución mayoritaria. b) Nasal alveolar: solución esporádica. c) Nasal absorbida en la vocal precedente: solución esporádica.
Silaba átona: consonante + vocal + nasal a) Consonante absorbida en la vocal anterior, a la que nasaliza: predominio en la Andalucía occidental. b) Nasal velarizada: predominio en la Andalucía oriental.
Hasta ahora, hemos visto el componente fonético del dialecto andaluz. A continuación vamos a comentar brevemente la MORFOSINTAXIS.
El componente morfosintáctico del andaluz es el mismo que el del español general. Las divergencias existentes son mínimas e inciden fundamentalmente en el terreno morfológico, como consecuencia de ciertos fenómenos de tipo fonético. Es lo que viene a suceder, por ejemplo, con la pérdida de la -s implosiva, que al tratarse de un fonema de extraordinario rendimiento funcional en el español, altera de manera significativa la estructura del nombre y del verbo. Aparte de este hecho, también encontramos algunas otras notas distintivas en el uso del sistema pronominal: así, el conservadurismo en el valor etimológico de los pronombres átonos le, lo, la o la sustitución del pronombre personal de confianza vosotros por el de respeto ustedes.
Para Ramón Jiménez, lo más destacable en la flexión nominal son las modificaciones que ocasionan la aspiración y pérdida de la [-s] final en la formación del plural. No obstante, la oposición singular-plural no se ve afectada ya que el andaluz ha arbitrado una serie de procedimientos alternativos para reemplazar la marca morfemática de plural -s. En efecto, entre aquellos hablantes andaluces que no pronuncian la s final aparecen varias soluciones lingüísticas:
a) Aspiración de la [-s] de plural. b) Pérdida de la aspiración de la [-s]. c) Abertura o alargamiento de la vocal final.
El morfema de plural -s puede ser sustituido bien por un aspiración o bien por la abertura de la vocal final. Más complicación pudiera representar quizás la segunda solución, toda vez que aparentemente nos quedamos sin el signo morfemático de pluralidad; sin embargo, en tales casos será el contexto el que nos evite cualquier posible confusión, sobre todo, mediante el uso de distintos determinantes y adyacentes del nombre, como los artículos y adjetivos. En Andalucía, cuando la -s queda final
Y no podemos finalizar este apartado sin referirnos al comportamiento funcional de las formas pronominales átonas de tercera persona (le, la, lo). Como sabemos, a diferencia de lo que sucede en otras zonas de la geografía peninsular, entre los hablantes andaluces sigue perviviendo su valor etimológico, esto es: lo, la, acusativo; le, les, dativo. Por ello, se dice que las hablas andaluzas forman una fuerza de empuje conservadora que frena de manera importante la propagación de ciertos fenómenos de carácter innovador, como el leísmo o laísmo, procedentes de tierras castellanas.
Por último, comentaremos el componente léxico del andaluz.
El léxico utilizado por los andaluces es el mismo que el empleado y conocido en otras áreas lingüísticas del español común. No existe pues un léxico específicamente andaluz.
Por otro lado, es habitual, siempre que se habla del léxico andaluz, referirse a la ya aludida división entre dos Andalucías, una occidental y otra oriental. Ciertamente, la existencia de esta caracterización diferencial entre dos variedades léxicas dentro de este territorio tiene su explicación, como en otras ocasiones, en la reconquista y repoblación de nuestra tierra. Reducir el estudio del léxico andaluz tan sólo a estas dos Andalucías, no reflejaría realmente la enorme complejidad existente en el reparto del vocabulario, que aquí no podemos comentar detenidamente, puesto que Andalucía, como afirma Ramón Jiménez, en nada resulta ser homogénea ni uniforme desde el punto de vista léxico. Muy al contrario: la existencia de distintas zonas confirman la compleja realidad léxica del andaluz. La vasta herencia histórica (pueblos, culturas, razas, lenguas, etc.) recibida secularmente en este trozo de la Península Ibérica ha ido configurado nuestra singular fisonomía léxica. Nuestro repertorio léxico no es otra cosa que la herencia procedente del romance que trajeron los cristianos del norte y del centro que reconquistan y repueblan el Occidente, Sevilla y las tierras del medio y bajo valle del Guadalquivir.
El MURCIANO
Una vez comentado el andaluz con el suficiente detalle para la finalidad de este trabajo, pasaremos a comentar el murciano, otro dialecto meridional, fronterizo, y por consiguiente, influyente e influido de aquel otro dialecto meridional.
Desde la pura perspectiva de la dialectología contemporánea, es «un dialecto de transición» , y ello es válido tanto para sus orígenes y desarrollo inicial, como para lo que en la actualidad queda de auténtico, al margen de inventos y otros referencias más o menos en tono humorístico.
EI habla de Murcia presenta hoy un marcado carácter oriental, sobre todo en el léxico. Y, por otra parte -como ocurre en Extremadura-, el andaluz acecha en sus fronteras meridionales, aunque -esto es bien cierto- murciano hablan los partidos de Orcera (Jaén), Huéscar (Granada) y Vélez-Rubio (Almería).
Por lo que a la historia se refiere, no es sino el resultado del acrisolamiento de elementos castellanos, catalanes y aragoneses, sobre una base latina meridional, fuertemente modificada por el árabe y el mozárabe. Todo ello hasta 1305, fecha en la que el reino de Murcia queda definitivamente unido a Castilla, y pasa a formar parte de ese gran grupo de variantes diatópicas del castellano, poco o nada influyentes a la hora de constituirse lo que hoy conocemos y usamos como español.
Algunos movimientos migratorios intrapeninsulares, así como el carácter fronterizo de algunas de sus comarcas, han hecho posible que no haya perdido nunca su carácter de encrucijada, a veces fuertemente dispares.
En efecto, a partir del siglo XIV, las relaciones sociopolíticas y económicas con Andalucía (tanto oriental como occidental), así como la progresiva castellanización de algunas de las comarcas meridionales del dominio lingüístico catalán, colindantes con Murcia, han prolongado hasta hoy la situación inicial, aunque las circunstancias fuesen a veces cambiantes.
Las causas históricas de estos hechos son suficientemente conocidas: Alfonso X el Sabio conquistó Murcia en 1241, y Mula, Lorca y Cartagena en 1244; sin embargo, en 1261, los moros de Murcia se rebelaron, y Jaime I de Aragón -suegro del Rey Sabio- los volvió a someter en 1266, y generosamente entregó la región al rey castellano, no sin haber hecho un reparto en el que participaron catalanes y aragoneses.
La Crónica de Alfonso X habla de que, por falta de castellanos, fueron a la región «muchos catalanes de los que eran venidos a poblar el reino de Valencia». En tiempo de Jaime II Murcia volvió a sufrir la influencia aragonesa, con la ocupación de 1296 a 1305. Menéndez Pidal ha aportado pruebas donde afirma que «la lengua escrita por estos catalanes debió ser más bien el aragonés...; aragonesa era al menos, en más o menos grado, la lengua que generalmente se escribió en Murcia durante los primeros años de la reconquista del reino... Y ya, a pesar de la agregación
de explicar la disparidad de opiniones vertidas sobre el habla de Cartagena, sólo superable por la síntesis que se pueda realizar a partir de estudios parciales. En todo caso, hay una nota de valoración sociolingüística que singulariza al núcleo urbano de Cartagena: los resultados de la pérdida de /-s/; el grado cero consonántico, e incluso una ligera aspiración localizable en algunos puntos cercanos a la ciudad, es considerado como «normal»; menor aceptación tiene el que se vea afectado por esta pérdida el sonido consonántico contiguo, al tiempo que se rechazan de plano las repercusiones generalizadas y los fenómenos compensatorios. Las razones para esta triple valoración parece que puedan ser dos: 1) los diversos orígenes geográficos de los colectivos militar e industrial, tan importantes en la ciudad; 2) el deseo de desvincularse lingüísticamente de la capital de la región.
La zona del Altiplano nos ofrece también una gran variabilidad de lengua; así, junto a una pequeña franja oriental de habla valenciana modernamente importada, se sitúa allí el limite septentrional de las hablas murcianas: pérdida de la /-sl, en posición final, pero no en los casos de implosiva interior, ausencia de fenómenos com- pensatorios de esta pérdida, condiciones bien distintas a las registrables en otras comarcas. En el aspecto léxico tampoco es menor la disparidad de tendencias, ya que junto a abundantes orientalismos, tramucero, calandraca, etc., podemos observar voces más generalizadas en el ámbito del español peninsular: mojete, salsear...
La comarca del marquesado de Villena es otro enclave castellano en zona política valenciana. Las razones históricas han dado como resultado un «murciano seseante», muy parecido al de Orihuela, con el aditamento de la aspiración de la /x/ castellana, mucho más intenso que en el resto del ámbito dialectal, y con mayor incidencia en la ciudad que en cualquier otra parte de la comarca.
La zona noroccidental murciana presenta alguna peculiaridad destacable, en relación con el resto de las hablas: la mezcla de murcianismos, principalmente meridionalismos, ya que está alejada y no bien comunicada con la capital, con rasgos castellanos y mozárabes, debido a su dependencia de las Órdenes Militares; nos ofrece un tipo de lengua muy similar al de algunas localidades albaceteñas de la sierra de Alcaraz; de este modo, se puede decir que es la comarca en la que menos se pierde la /s/ implosiva, y que menos arcaísmos morfológicos presenta. Por otra parte, no se puede descartar la presencia de algunos aragonesismos, prueba inequívoca de colonización de este origen.
El Valle del Guadalentín presenta también una fuerte influencia andaluza, región con la que es fronteriza, pero con la particularidad de que el intercambio de rasgos lingüísticos, singularmente fonéticos, es mutuo; yeísmo, pérdida de /s/ implosiva e incluso aspiraciones de /h-/ y /x-/, frente a la ya conocida presencia de la /s/ castellana en buena parte de Andalucía Oriental. La proximidad de este valle al del río Almanzora, y la pertenencia de este último al marquesado de los Vélez, han dado como resultado un tipo de lengua con notables similitudes.
Por último, la comarca de Hellín presenta un tipo de habla encuadrable junto a algunas murcianas, tales como las del Altiplano o el noroeste, menos vinculadas a los rasgos más estrictamente murcianos y muy centropeninsulares, sin olvidar algunos aragonesismos, como el caso de fardacho.
Si reunimos este conjunto de características, nos podemos hacer una pequeña nómina de rasgos, prácticamente comunes a todas las hablas murcianas; ello no implica, como se ha podido comprobar, ni que sean generales, ni que aparezcan siempre con la misma intensidad.
En lo que se refiere al vocalismo , estas notas resumirían sus características:
El carácter no exclusivo de sus variaciones, respecto de la norma común, al ser compartidas por todas las hablas meridionales.
La baja consideración sociolingüística de quienes las usan.
La conservación alternante de la –o final: falluto – fallute, canuto-canute.
La conservación de diptongos decrecientes en algunos topónimos (Alferraida) y la conservación del diptongo 'ue' en topónimos como Nonduermas.
Los vulgarismos son la causa inmediata de la vacilación de las vocales átonas. Estos vulgarismos pueden explicarse a partir de dos supuestos: a) aquellos que se han formado porque se eligió una de las evoluciones posibles que se llevaron a cabo antes de que se fijara una de ellas. Es el caso de tiniente , cimiento es igual que 'tiniente' , pero no se rechazó y pasó a la norma; b) otra explicación del vulgarismo sería la de las voces cultas que se han introducido en el habla popular mediante un proceso de adaptación bastante irregular: decumento, estrumento, analís, pinicilina.
Debido a la influencia andaluza sobre las vocales, el murciano cuenta con una 'e' más abierta y otra normal, y con una 'o' abierta y otra normal. La 'a' sufre también alguna modificación con pronunciaciones más palatalizadas y velarizadas. Por lo tanto, el sistema vocálico es de ocho a diez variantes, como en el andaluz. Este com- portamiento se muestra más claramente en el conjunto vocálico, pues la pérdida de la 's' final origina la abertura vocálica, a voces también acompañada de una pequeña aspiración. No suceden en el murciano todos los fenómenos que aparecen en andaluz, porque no hay armonización vocálica o metafonía vocálica por la pérdida de la 's' final. Este rasgo, conocido como vocalismo cartagenero , coincide con el andaluz oriental en cuanto a la oposición fonológica de las vocales (cierre para el singular, abertura para el plural) y palatalización de la -a final procedente de –as.
Las consonantes presentan el mismo inventario de fonemas que el español meridional, y con las mismas relaciones entre ellos, aunque las realizaciones fónicas varíen; uno de los puntos de mayor interés, no comprobado totalmente hoy, podría ser el de la posible existencia antigua de una pronunciación bilabial de la /f-/, según parece desprenderse de formas como barchilla , de parcella , o fresquilla , del aragonés presquilla.
Pero es más interesante observar el comportamiento consonántico en función del momento articulatorio, es decir, estudiar si se trata de consonantes explosivas o implosivas, porque fonológicamente el murciano se caracteriza por una articulación