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Asignatura: historia antigua, Profesor: , Carrera: Historia del Arte, Universidad: UCM
Tipo: Ejercicios
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Materiales de la asignatura “Historia Antigua”
1º curso, Grado en Historia del Arte – Curso 2017-
Realizado por: Prof. Fernando Echeverría
Basado en:
Pérez Largacha, A. 2007, Historia Antigua de Egipto y Próximo Oriente , Madrid, Akal.
Kuhrt, A. 2001, El Oriente Próximo en la Antigüedad , 2 vols., Barcelona, Crítica.
Índice
2.1. El Protodinástico o Época Sumeria (2900-2350) 5 2.2. El Imperio Acadio (2334-2154) 7 2.3. La III Dinastía de Ur (2113-2004) 9
3.1. Las dinastías de Isín y Larsa (2004-1735) 11 3.2. El Reino Antiguo Asirio ( ca. 1950-1750) 11 3.3. El Imperio Paleo-babilónico (1894-1595) 12 3.4. El Reino Antiguo Hitita ( ca. 1700-1500) 14
4.1. El reino de Mitanni ( ca. 1500-1300) 16 4.2. El Reino Medio Asirio (1391-1076) 17 4.3. El Reino Medio Babilonio, la Babilonia casita (1592-1155) 18 4.4. El Reino Nuevo Hitita ( ca. 1430-1178) 19 4.5. La crisis del 1200 22
5.1. Anatolia y el Levante post-hitita 23 5.2. El Imperio Neoasirio (934-605) 24 5.3. El Imperio Neo-babilónico (626-539) 26 5.4. El Imperio Persa (550-330) 27
Bajo el término “Próximo Oriente” abarcamos la península Anatólica, Siria, las llanuras regadas por el Tigris y el Eufrates, el mundo de la meseta de Irán, el desierto de Arabia, las regiones montañosas del Tauro y los Zagros y las regiones del golfo Pérsico, todas ellas con unas condiciones geográficas muy diferentes en las que a su vez existen áreas de transición en las que desarrollaron su actividad diferentes grupos. Nos hallamos ante una variedad de ecosistemas, con una llanura aluvial en la que la vegetación era escasa con la excepción de las ciudades situadas en las proximidades de los ríos, las colinas quebradas del norte de Irak y Siria, junto a los pies de monte del Tauro y los Zagros, donde domina una vegetación de estepa, las altas montañas y valles de los Zagros y Tauro con una vegetación boscosa, las elevadas llanuras de Anatolia e Irán o las llanuras costeras del Mediterráneo, el mar Caspio y el golfo Pérsico y, finalmente, extensas regiones desérticas.
Es una geografía en la que dominan el Éufrates y el Tigris , unos ríos que constituían la base de la actividad agrícola. El Éufrates ( Buranun en sumerio y Purattum en acadio), presenta importantes contrastes a lo largo de sus cerca de 3.000 km. Tras nacer en las montañas de Armenia desciende rápidamente hacia el oeste y el Mediterráneo para después cambiar su curso hacia el sur y entrar en la Alta Mesopotamia, donde discurre bastante encajonado y donde la pluviosidad apenas alcanza los 200 mm anuales, lo que explica que los asentamientos sean escasos y los que allí existan, como Mari, alcanzaran su prosperidad por actuar de puente de comunicación entre la Alta y la Baja Mesopotamia, no por su riqueza agrícola, debiendo sus reyes emprender importantes obras de canalización. En las cercanías de Babilonia, la entrada a la Baja Mesopotarnia, ambos ríos aproximan sus cursos para volver a separarse, siendo en esta región en la que en torno al Éufrates se desarrollan importantes ciudades desde el IV milenio, cuando tuvo lugar una «explosión» urbana. En esta región, y debido a la nula inclinación del suelo, el Éufrates se divide en diferentes brazos al tiempo que va depositando sus sedimentos, mientras que con el curso del tiempo su curso principal irá trasladándose hacia el oeste, lo que explica el abandono y prosperidad de algunas ciudades en función de estas modificaciones, siendo el mejor ejemplo de ello la ciudad de Nippur, que en un primer momento se benefició de su posición central en la llanura aluvial perdiéndola con posterioridad, aunque recupera parte de su antiguo esplendor en tiempos casitas (segunda mitad del II milenio), cuando el Éufrates volvió a discurrir en sus proximidades. Por otra parte, la continua sedimentación obliga a limpiar los canales y brazos del río, razón por la que la limpieza y conservación de los canales será una de las actividades más mencionadas por los reyes, que las presentan como una «construcción», al tiempo que la realización de canales por parte de una ciudad podía afectar a las ciudades situadas más al sur, siendo origen de conflictos ya en el III milenio e incluso antes.
Al oeste del Éufrates se extiende el desierto, siendo hacia el este donde se concentran los asentamientos y la explotación agrícola hasta llegar a la orilla derecha del Tigris, siendo ésta la región que recibió la denominación de Mesopotamia, «tierra entre ríos». En líneas generales el Éufrates es menos violento que el Tigris al tener un caudal menor y perder parte del mismo en su tránsito por Siria, lo que facilitaba su control y aprovechamiento, recibiendo aportaciones de afluentes como el Habur y el Balikh, ríos que nacen en las montañas que forman la frontera entre Siria y Turquía. El Tigris, Idiglat , tanto en sumerio como en acadio, nace en el monte Ararat, en Anatolia, es mucho más caudaloso y violento, recibiendo importantes aportaciones de ríos como el Diyala, el Pequeño y Gran Zab que tienen sus fuentes en los Zagros, la barrera natural entre Mesopotamia y Elam, siendo su pendiente mayor que la del Éufrates en la Baja Mesopotamia, lo que no impide que su curso también se divida en varios brazos.
Ambos ríos, por tanto, presentan en sus tramos finales una ramificación importante de sus cursos, creando unas áreas pantanosas que en determinados momentos históricos constituyeron el núcleo de las llamadas «Dinastías del Mar». También fueron áreas en las que encontraban refugio fugitivos y que eran desde donde se lanzaban los ataques contra los imperios que dominaban
Respecto a la Alta Mesopotamia , la Djeziré (isla), es una región en contacto hacia el este con el Tigris medio y al oeste con la Mesopotamia occidental y la Alta Siria. Compuesta por grandes mesetas en las que los ríos discurren encajonados, estables e inmutables, existen en sus entornos terrenos semiáridos que dependen de unas precipitaciones que en líneas generales son escasas, mejorando la explotación de estas tierras cuando se introduzcan los avances técnicos que permitirán elevar el agua, lo que sucederá en tiempos neoasirios. Aunque los niveles de pluviosidad sí permitían la práctica de una agricultura, ciudades como Mari debieron desarrollar una importante política hidráulica para asegurar el abastecimiento de su población, ya que su importancia radicaba en su localización en el Éufrates medio sirviendo de puente entre el norte y el sur mesopotámico.
Una situación muy diferente es la del norte de esta Djeziré, al pie de las montañas y cuya pluviosidad sí permite una agricultura sin depender de la irrigación artificial. Esta cercanía a las montañas explica que esta región tenga estrechos contactos con las poblaciones nómadas allí existentes estableciendo mecanismos de colaboración y que, en diferentes momentos históricos, intentaron asentarse. Por el contrario, el mundo en que se desarrolló Asiria era totalmente dependiente de la lluvia, estando desprovista de unas fronteras naturales lo que favoreció que viviera procesos de expansión y encogimiento a lo largo de toda su historia. Es una región variada en el relieve, recibiendo las montañas al norte y este de Asiria una precipitación mínima de 200- 300 mm anuales y a partir de Jebel Sinjar se extiende una llanura semiárida conocida como la Jezirah (en árabe) que puede ser explotada por grupos pastoriles pero no por asentamientos permanentes, una región dividida así entre el lado occidental dominado por el Éufrates y sus afluentes y la parte oriental con el Tigris.
Se trata de unos mundos en los que el agua era un bien buscado, valorado y deseado, desarrollando diferentes sistemas para su aprovechamiento, como en el caso de los qanat iraníes en el I milenio, que permitían la utilización de las aguas subterráneas mediante un sistema de galerías horizontales y la excavación de pozos verticales. Por ello no resulta extraño que el agua, tanto de los ríos como del mundo subterráneo sobre el que flotaba la tierra, aparezca en la mentalidad mesopotámica como algo benéfico pero también temido. Las aguas primordiales, el Apsu , están constituidas por un gran lago de agua dulce sobre el que flota la tierra y alimenta a los ríos, siendo el dios Enki, o Ea, el que reina este mundo. Un medio geográfico en el que no es extraño que fueran populares los relatos relativos a un diluvio, con ríos que cambian de curso y sin obstáculos naturales que impidan sus desbordamientos.
Por tanto una variedad geográfica que implica también una distribución desigual de los recursos, al tiempo que éstos también dependían de las variaciones climáticas que pudieran producirse, ya que un leve cambio afectaba al conjunto. Como veremos, en opinión de H. Nissen, el asentamiento en la Baja Mesopotamia pudo verse favorecido por un descenso en el nivel del mar y en el caudal de los ríos, posibilitando el asentamiento de grupos procedentes del norte; mismo pudo ocurrir a finales del III milenio, lo que ayudaría a entender el desplazamiento de los amorreos, y en torno a 1300, un siglo antes de que hicieran su aparición en el Próximo Oriente los llamados Pueblos del Mar, cuando se detecta el abandono de ciertas regiones a causa de sequías prolongadas.
Anatolia , la actual Turquía y centro de diferentes reinos, entre ellos el de los hititas, presenta importantes variaciones geográficas, al tiempo que a lo largo de toda la Antigüedad fueron penetrando en la misma diferentes pueblos, desde los indoeuropeo s a los cimerios en el siglo VII. Bordeada por cuatro mares, el mar Negro, el Egeo, el Mediterráneo y el Caspio, por lo general sus costas son escarpadas, existiendo en ocasiones pequeñas llanuras litorales asociadas a valles fluviales que posibilitan la comunicación hacia el interior, en especial en el oeste de Anatolia, una región donde la población será mayoritariamente luvita, uno de los grupos indoeuropeos que penetraron en Anatolia a finales del III milenio. En su parte central es una extensa llanura elevada rodeada por grandes cadenas montañosas como el Tauro y el Cáucaso, existiendo al sur de la llanura anatólica pasos que permiten el acceso a Siria, como las llamadas Puertas Cilicias.
EL III MILENIO a.C.
2.1. El Protodinástico o Época Sumeria (2900-2350)
Los sumerios son la primera gran cultura que existió en el Próximo Oriente. Este periodo recibe el nombre de Protodinástico, y se divide en tres fases:
Protodinástico I: 2900-
Protodinástico II: 2750-
Protodinástico III: 2600-
La población sumeria fue dominante especialmente en los centros del sur de la Baja Mesopotamia, región que los textos identificarán con Sumer, pero coexistió con una población semita que tenía sus principales centros en el norte de la Baja Mesopotamia, en ciudades como Kish, región conocida como Akkad. Durante estos siglos, diferentes ciudades-Estado se alternarían como poderes dirigentes en la región, aumentando los conflictos entre las ciudades en el Protodinástico II-III que terminarían con Lugalzagesi ( ca. 2340-2316), que llegó a unificar la Baja Mesopotamia.
Fuentes. Gran parte de nuestra información procede de tablillas administrativas halladas en ciudades como Uruk, Ur, Shurrupak o Lagash, siendo a partir del Protodinástico III cuando comienzan a ser más frecuentes las inscripciones reales, coincidiendo con la importancia que adquieren los palacios ( é-gal ), siendo hasta entonces el templo la institución más importante.
Los documentos, cada vez más detallados, se centran en la realización de campañas militares y en la actividad constructora, principalmente de templos, de los reyes, al ser éstas sus principales «obligaciones». Paralelamente al ascenso de los gobernantes, aparecen los primeros textos legales, que exponen las medidas adoptadas por los reyes para mantener el orden y el bienestar de la sociedad (ejemplo: Reformas de Urakagina, un gobernante de la ciudad de Lagash). Tales documentos, legales o no, solían ofrecerse a los dioses, queriendo expresar así los reyes que habían procedido correctamente, al determinar los dioses el destino de ciudades y gobernantes; surge así de forma paralela una ideología real, una propaganda.
La fuente más importante es la llamada Lista Real Sumeria , redactada en tiempos de la I Dinastía de Isin (2000-1800); sus reyes se presentaron como continuadores de una secuencia real que habían establecido los dioses. En la misma se mencionan las dinastías que habían existido, comenzando con unas dinastías míticas anteriores al diluvio, la primera de ellas en la ciudad de Eridu; «la realeza descendió del cielo» y se fue trasladando de una ciudad a otra, siguiendo la voluntad de los dioses. Durante las llamadas dinastías prediluvianas los reyes disfrutaron de fabulosos reinados que llegaban a miles de años, siendo uno de ellos Dumuzi que, con posterioridad, será el protagonista junto a la diosa Inanna del «matrimonio sagrado», un ritual que simbolizaba el ciclo agrícola y la fertilidad de los campos.
Después de la V Dinastía se produjo un diluvio que «lo igualó todo», iniciándose las dinastías humanas, «descendiendo» en primer lugar la realeza en la ciudad de Kish (lo que daría a esta ciudad un mayor estatus frente a las demás). Con posterioridad, la realeza fue trasladándose a otras ciudades, cambios que siempre se mencionan con la expresión de que la ciudad fue derrotada por las armas y la realeza trasladada a otra ciudad. La historicidad de estas dinastías es muy difícil de constatar, aunque en ocasiones se ha querido identificar a las dinastías prediluvianas con el Protodinástico I; la división en dinastías no implica en modo alguno que existiera un dominio territorial, político, sobre toda la región por parte de la ciudad o dinastía correspondiente, coexistiendo en el tiempo muchas de ellas. Igualmente, la Lista real sumeria ignora a reyes tan importantes como Mesilim de Kish y a ciudades como Lagash, que en tiempos de Eannatum llegó a desempeñar un papel trascendental en la región.
Otra fuente de información son los llamados Himnos sumerios del templo , 42 en total y referidos a 35 ciudades, al existir más de un templo en las ciudades, que fueron redactados en época
2.2. El Imperio Acadio (2334-2154)
El periodo Protodinástico, con la convivencia de diferentes ciudades independientes, concluyó con la figura de Lugalzagesi ( ca. 2340-2315), que durante un breve periodo de tiempo llegó a gobernar toda la Baja Mesopotamia, pero sus logros se desvanecieron rápidamente debido a la irrupción de Sargón de Akkad, fundador del que ha sido considerado el primer imperio mesopotámico, el acadio (2335-2154). Representa un salto cualitativo en la historia de Mesopotamia, estableciéndose por primera vez un dominio y una administración sobre extensos y lejanos territorios gobernados desde Akkad, la capital. La expansión ocasionó la aparición de unas necesidades y de unas realidades completamente nuevas, que convierten a Sargón y a su sucesor más importante, Naram-Sin, en protagonistas de numerosos textos que recogían tradiciones y recuerdos de sus acciones de gobierno; Sargón aparecería como un gran conquistador, el modelo en el que debían reflejarse todos aquellos que quisieran ser grandes reyes, mientras que de Naram-Sin se conserva la imagen opuesta. Por desgracia las fuentes disponibles son escasas al no haber sido identificada arqueológicamente la capital del Imperio, procediendo la misma de archivos provinciales o de las tradiciones posteriores.
Dinámica imperialista mesopotámica. El Imperio Acadio es una estructura política de rápida formación pero breve duración (apenas dos siglos); ello supone el inicio de una dinámica que estaría presente en la formación, pervivencia y derrumbe de reinos e imperios posteriores: los imperios nacen bajo el liderazgo de un gran rey y deben administrar unos territorios muy heterogéneos en todos los aspectos (étnico, lingüístico, económico...) y con diferentes condicionantes geográficos y tradiciones culturales; por ello, estos imperios sólo pervivían hasta que se producía el agotamiento de sus estructuras y recursos, ocasionada por una actividad militar constante debido a las continuas sublevaciones que se producían en los territorios anexionados o por la existencia de luchas internas por el poder que debilitaban al imperio; en ese contexto, poblaciones marginales, no urbanas, descritas en los textos como bárbaras, aprovecharían cualquier signo de debilidad, o tal vez antiguas entidades locales tratarían de recuperar un protagonismo perdido. Todo ello además acompañado de la incapacidad política de algunos de los reyes que sucedieron al fundador del reino, siendo uno de estos factores, o la conjunción de todos, la explicación para el final de reinos e imperios, iniciándose un periodo de fragmentación política hasta que surgía otro gran rey que ponía las bases de un nuevo imperio. Los conquistadores deben afrontar continuas rebeliones, así como una oposición constante hacia la administración imperial. Por ello, mantener el control de unas regiones lejanas requería de unos recursos ingentes, tanto económicos como humanos, cuya utilización terminaban por debilitar a su propia administración y su capacidad militar, poniéndose las bases para el colapso del reino o imperio que, en el mejor de los casos, retornaría a sus límites geográficos, cuando no desaparecería o terminaba integrado en otro reino o imperio.
Historia. El fundador de este Imperio acadio fue un «hombre nuevo», Sargón de Akkad (2334- 2279), Sharru-kin, «el rey es legítimo» en acadio, cuya personalidad se nos ha transmitido envuelta en el misterio y la leyenda: depositado al nacer en una cesta de mimbre en el río, sería rescatado del agua y educado por el jardinero Aqqi, y llegaría por sus cualidades a desempeñar un cargo que refleja su cercanía al poder, copero del rey de Kish (en concreto Ur-Zababa, rey de la IV Dinastía de Kish); la diosa Isthar se enamoraría de él mientras trabajaba como jardinero, lo que le permitiría posteriormente alcanzar el trono y crear el primer imperio mesopotámico. La Lista real sumeria, en cambio, expresa que el ascenso de Sargón tuvo lugar de la siguiente manera: «Uruk fue derrotada (y) su soberanía paso a Agade. En Agade, Sargón, cuyo padre era jardinero, el copero de Ur-Zababa, el rey de Agade que construyó Agade, gobernó 56 años como rey».
Después de convertirse en rey de Kish, Sargón venció a Lugalzagesi, a quién el propio rey de Kish, Ur-Zababa, pudo solicitar ayuda según algunas tradiciones, haciéndole prisionero y, según una inscripción de la primera mitad del II milenio hallada en Nippur, el propio Sargón relata cómo lo llevó con una «argolla al cuello hasta la puerta del templo de Enlil en Nippur», procediendo con posterioridad a derribar las murallas de Uruk. La victoria sobre Lugalzagesi abrió a Sargón el resto de ciudades de la llanura aluvial, declarando que derrotó a 50 ensi y que procedió a «lavar
sus armas» en el mar Inferior (el golfo Pérsico), símbolo con el que se expresaba que se habían alcanzado los límites del mundo, un logro al alcance de muy pocos.
A continuación Sargón emprendió sus campañas militares en el norte, citando los textos la conquista de ciudades como Tuttul, Mari y Ebla, aunque existe un debate sobre si estas conquistas, en especial la de Ebla, fueron realizadas por Sargón o por su nieto, Naram-Sin, que sería quien implantaría definitivamente el control acadio sobre la Alta Mesopotamia. Las conquistas revelan la aspiración de controlar directamente, sin intermediarios, las rutas comerciales que desde la llanura aluvial penetraban en la Alta Mesopotamia y se extendían por Siria, Anatolia o los Zagros, siendo posiblemente la razón por la que Sargón también dirigió sus ejércitos contra Elam y la dinastía allí existente, la de Awan, llegando a conquistar Susa y de ese modo asegurarse el acceso a una de las rutas comerciales más importantes para el mundo mesopotámico, el interior de Irán. Según las tradiciones posteriores, Sargón llegó a alcanzar los bosques de cedro del Líbano, la montaña de plata (el Taurus) o conquistar el país de Alashiya (Chipre), unos mundos lejanos y que fueron entrando lentamente en contacto con el mundo mesopotámico, pero que en tiempos acadios no fueron realmente integrados; Sargón aparece así como un personaje/héroe civilizador e integrador de pueblos y tradiciones. Las conquistas vinieron seguidas de una serie de continuas rebeliones. Especialmente importante fue la que aconteció en los últimos años de su reinado en el sur mesopotámico, interpretada como un reflejo del rechazo que las ciudades sumerias manifestaron hacia la dominación externa.
Sargón fue sucedido por su hijo Rimush (2278-2270) que debió iniciar su reinado realizando una gran campaña militar, debido tanto al deseo como a la necesidad del nuevo rey de hacer ver a sus posibles enemigos, internos y externos, que nada había cambiado y de reafirmar el control sobre unos territorios que habían sido anexionados. Rimush tuvo que sofocar una sublevación de la llanura aluvial que estuvo encabezada por las ciudades de Ur, Urnrna y Lagash, y que contó con el apoyo de Elam, contra la que dirigió posteriormente sus ejércitos. Rimush logró mantener los límites del imperio, pero su reinado fue breve: murió asesinado, otro de los males endémicos que dominaron la vida en las cortes próximo orientales, las conspiraciones y luchas por el poder.
Fue sucedido por su hermano Manishtusu (2269-2255), que pudo participar en la conspiración contra Rimush y tuvo que enfrentarse al mismo problema que su hermano al acceder al trono, aunque esta vez la sublevación estuvo limitada al Elam. De su reinado se conserva el relato de una expedición marítima al mar Inferior, el golfo Pérsico, donde dice derrotar a una coalición de 32 ciudades, matando a todos sus príncipes y regresando con todo tipo de tesoros. Su destino fue análogo al de su hermano, morir asesinado.
Es así como llega al trono Naram-Sin (2254-2218), con quién el Imperio acadio alcanzaría su máximo apogeo, aunque fuera a costa de tener que desplegar una actividad militar constante, tanto para sofocar las continuas rebeliones como para conquistar nuevos territorios. Nada más acceder al trono hubo de hacer frente a una rebelión generalizada en la que, según sus propias palabras, «los cuatro confines del mundo se rebelaron contra mí». Especial importancia tiene la que estuvo encabezada por los reyes de Kish (Iphur-Kish) y de Uruk (Amar-girid), que agrupaban a otras ciudades. Una vez sofocadas las rebeliones, las campañas de Naram-Sin se dirigieron al norte, conquistando toda la Alta Mesopotamia y alcanzando el Mediterráneo, campañas que pudieron causar la destrucción de la poderosa ciudad de Ebla. También procedió a extender las fronteras hacia el Elam, constatándose en su reinado la existencia de un gobernador acadio en la ciudad de Susa. Los textos exaltan la capacidad militar de Naram-Sin, expresando que conquistó el país de Subartu (término que hacía referencia al norte e incluía Asiria) y una campaña contra Magan, proclamándose “rey de las Cuatro Regiones”, un título que transmitía su dominio sobre mundo conocido, sobre los territorios comprendidos entre el mar Inferior y el mar Superior.
En estas campañas, los acadios comienzan a enfrentarse con unos grupos que irán adquiriendo un paulatino protagonismo, como los martu (denominación sumeria de los amorreos, llamados así en acadio); los guti, los illubi y los hurritas, poblaciones que van apareciendo como consecuencia de las modificaciones climáticas que comenzaban a sentirse en sus regiones de origen y que también influirían en el final del Imperio acadio. Naram-Sin recurrió también a la diplomacia,
reinado duró apenas siete años según la Lista real sumeria, siendo derrotado por Ur-Nammu, que hasta entonces había sido un gobernador militar ( shagin ) de la ciudad de Ur al servicio de Utukhegal, instaurando la que sería la última gran dinastía de lo que durante mucho tiempo se ha conocido como mundo sumerio: la III Dinastía de Ur.
La III Dinastía de Ur (2113-2004). El fundador de esta dinastía fue Ur-Nammu (2112-2095), que comenzó su reinado conquistando Lagash para extender después su dominio a toda la Baja Mesopotamia, proclamándose rey de Súmer y Akkad. Durante su reinado se restableció el intercambio comercial que tradicionalmente había existido entre la ciudad de Ur y el golfo Pérsico, se restauraron los templos que se habían «arruinado» en los años anteriores y se reformó la red de canales que, supuestamente, los guti habían llevado al abandono, provocando la devastación de los campos. Inició la construcción del primer zigurat, dedicado al dios lunar Nannar en Ur, así como el dedicado a la diosa Inanna en Uruk. Pero su figura es especialmente conocida por su Código de leyes que constituye un intento por restablecer un marco legal y social que se había perdido, aunque también se ha atribuido a su sucesor, Shulgi.
Los textos reflejan una preocupación especial hacia los martu, los amorreos, unas poblaciones que se describen como bárbaras y que no respetaban ni conocían las normas de una sociedad civilizada. Los reyes de la III Dinastía de Ur convivieron con un mundo fragmentado del que desconfiaban, debiendo recurrir al matrimonio con hijas de las familias más poderosas para fortalecer su poder, una política que pudo iniciar Ur-Nammu casando a un hijo suyo con una princesa de Mari, ciudad donde existía un gobernador independiente.
Ur-Nammu pudo morir en el curso de una batalla contra los guti, siendo sucedido por Shulgi (2094-2047), que en sus primeros años de reinado se concentró en la política interior, adoptando también el título de rey de las Cuatro Regiones, lo que revela un cambio respecto a su padre. De su reinado también destaca la reforma y unificación del sistema de pesos y medidas, algo que era fundamental para el buen funcionamiento de la administración y el control sobre todas las actividades económicas o agrícolas. También procedió a reformar el ejército y puso las propiedades del templo bajo la autoridad de los gobernadores, al tiempo que recuperó la costumbre de distribuir tierras entre sus seguidores. En el exterior, continuó con la práctica de los matrimonios diplomáticos, llegando Shulgi a tener nueve esposas, junto a una intensa actividad militar en la segunda mitad de su reinado; fortaleció además las defensas contra los lullubi en torno al Khabur, unas campañas en las que también se constata la presencia de grupos hurritas. Shilgi creó una unidad de lanceros con ciudadanos procedentes de Ur, la primera mención que se conoce a la creación de un cuerpo específico dentro del ejército.
Sus hijos y herederos, Amar-Sin y Shu-Sin, tuvieron que hacer frente a la presión cada vez mayor de las poblaciones amorreas; en tiempos de este último se construyó el muro de los martu, en la región donde el Tigris y el Éufrates están más próximos, que protegía la Baja Mesopotamia, pero que dejaban aisladas y desprotegidas a ciudades como Mari o Assur. El último rey de esta dinastía fue Ibbi-Sin y, aunque llegó a reinar durante 25 años, la extensión y control de sus posesiones fue reduciéndose hasta quedar finalmente relegado a los límites de la propia ciudad de Ur.
Poco sabemos de las causas que ocasionaron el final de esta III Dinastía de Ur. Un factor sería la continua presión que ejercían los martu, o los gutium y simashki, originarios de los Zagros, y que acabaría por socavar las estructuras del Estado. Otro factor sería la presión por parte de Elam, pues fueron los elamitas los que conquistaron y saquearon la ciudad de Ur en 2004, siendo Ibbi- Sin trasladado a Susa. Los textos mencionan también una serie de calamidades internas, en especial unas crecidas desastrosas, que las últimas investigaciones parecen confirmar, pudiendo las mismas también empujar a poblaciones nómadas y periféricas a buscar un lugar donde establecerse, lo que empeoraría aún más la situación de unos campos que comenzaban a estar sobreexplotados. Las cartas intercambiadas entre Ibbi-Sin y uno de sus funcionarios, Ishbi-Erra, quien llegó a ser gobernador de la ciudad de Isin, reflejan la imposibilidad que la ciudad de Ur tenía para controlar más allá de sus límites y la situación de los campos ya mencionada, así como la amenaza de los martu. Finalmente, Ishbi-Erra aprovechó la situación para alcanzar el control sobre lo que pervivía de la III Dinastía de Ur fundando la Dinastía de Isin.
LA PRIMERA MITAD DEL II MILENIO a.C.
3.1. Las dinastías de Isín y Larsa (2004-1735)
En el 2004 la ciudad de Ur fue saqueada por los elamitas, dando inicio una disgregación política en la Baja Mesopotamia en la que en un primer momento destacan las dinastías de las ciudades de Isin y de Larsa, cuyos reyes se proclaman herederos de la III Dinastía de Ur. Estos coexisten con las dinastías de ciudades como Uruk, Kish, Sippar o Babilonia, donde comienza su I Dinastía, mientras que en Assur y Mari aparecen también poderes independientes. Aunque no existe un gran reino, el dinamismo en todas estas ciudades es muy importante, no existiendo un declive de la vida urbana, pues al terminar la centralización característica en tiempos de Ur III se facilitó una mayor autonomía en todos los aspectos.
La dinastía de Isin comienza con Ishbi-Erra (2017-1985), que era un alto funcionario del último rey de la III dinastía de Ur, Ibbi-Sin, proclamándose heredero de la dinastía con posterioridad al saqueo elamita de la ciudad de Ur, aunque no fue hasta 1998 cuando Ishbi-Erra logró expulsar a la guarnición elamita de Ur, debiendo prestar durante todo su reinado una atención continua a la frontera con Elam. De tiempos de Ishme-Dagan (1953-1935), tercer rey de la dinastía, conservamos la primera amnistía fiscal, que refleja el grave problema del endeudamiento que sufría la población. Ishme-Dagan intentó extender los dominios de Isin pero fue derrotado por la ciudad de Kish, una prueba tanto del clima de inestabilidad como de la imposibilidad de que una ciudad pudiera llegar a imponer su dominio sobre el resto.
El rey más conocido de la dinastía es Lipith-Istar (1934-1924) por el conjunto de leyes que emitió, refiriendo en el prólogo que fue designado rey de Isin, así como de Súmer y Akkad, por los dioses, estando sus actuaciones encaminadas a restaurar la justicia y el bienestar de la población. Durante su reinado, sin embargo, la ciudad de Larsa inició su expansión con el reinado de Gungunum (1932-1906), que llegó a controlar la ciudad de Susa y conquistó Ur, privando así a la ciudad de Isin de los beneficios del comercio con el golfo Pérsico centralizados en esta ciudad; Gungunum se proclamó rey de Súmer y Akkad, una titulatura que no se correspondía con la realidad de su poder territorial. La I Dinastía de Larsa había sido fundada por Naplatum (2025-2005); sus reyes eran de origen amorreo, y al igual que Isin tuvo que convivir con otras dinastías, como la de la cercana Uruk, iniciándose un periodo de continuas luchas entre las ciudades que iban a alternarse como referentes políticos de la región. Hacia 1835 se produce un cambio en esta dinastía, llegando al trono Warad-Sin, cuyos orígenes, junto a los del principal rey de la dinastía, Rim-Sin (1822- 1763), se han relacionado con Elam. Durante el reinado de Rim-Sin, el más largo de toda la historia mesopotámica, logró capturar la ciudad de Isin y alcanzar así una supremacía sobre la región, que sin embargo fue breve, ya que en la segunda parte de su reinado contempló cómo iba teniendo lugar el ascenso de Babilonia bajo el reinado de Hammurabi (1792-1750); Rim-Sin no participó en la coalición encabezada por Hammurabi contra Elam, pero poco tiempo después sería derrotado por Hammurabi, quien gobernaría entonces toda la llanura aluvial.
Estas dinastías contemplaron cómo en el exterior de la Baja Mesopotamia se iban configurando otros reinos, lo que restringía aún más sus posibilidades de mantener unas relaciones con el norte; Assur cerraría en el Tigris los contactos con la Alta Mesopotamia y las vías de comunicación con la meseta de Irán, mientras que Babilonia, localizada donde el Tigris y el Éufrates están más próximos, taponaba los caminos hacia el norte siguiendo el curso del Éufrates.
3.2. El Reino Antiguo Asirio ( ca. 1950-1750)
En torno al río Tigris, en la región que los textos denominan Subartu (que en la concepción sumerio-acadia se correspondía con el norte, una de las cuatro partes en que se dividía el mundo), Asiria se alza como un nuevo poder regional, con Assur como capital y que integrará la región de Nínive, que estaba mejor dotada para la agricultura y tenía una tradición histórica más prolongada.
Mesopotamia. Babilonia convivía sin embargo con las dinastías de Isín y Larsa en el sur y con el reino asirio al norte, lo que limitó su expansión hasta la época de Hammurabi.
Cuando Hammurabi (1792-1750) accede al trono de Babilonia sucediendo a su padre, Sin- muballit, su extensión se limitaba a ciudades próximas como Sippar, Kish o Borsippa, y su poder e influencia eran muy reducidos en comparación con otros reyes y reinos, como el de Shamshi- Adad de Asiria, el de Rim-Sin en Larsa y el de Zimri-Lin en Mari. En sus primeros años de reinado Hammurabi se concentró en fortalecer su posición en el sur, estableciendo pactos con otras dinastías y conquistando ciudades como Uruk e Isin para intentar debilitar a la por entonces dominante Larsa, una política que otorgó a Babilonia una estabilidad y cierta influencia, al tiempo que estableció también relaciones con Mari y el reino de Yamhad en Siria.
En el año 29 de su reinado, Hammurabi encabeza una coalición que derrota a Elam, y tres años más tarde, en 1761, derrota a Rim-Sin de Larsa, convirtiéndose así en el poder más importante de la Baja Mesopotarnia. En 1753 Harnmurabi derrota a una Asiria en pleno declive después de la muerte de Shamshi-Adad I, lo que le permite obtener el control de las rutas comerciales que se adentraban en los Zagros; dos años más tarde conquista Mari, ciudad que destruirá más tarde, muy posiblemente como consecuencia de una rebelión. A pesar de estas victorias, Asiria y Elam permanecieron independientes, aunque en el caso de Asiria limitada a su núcleo original, y la influencia de Babilonia no llegaba más al norte de Mari, por lo que el reino creado por Hammurabi abarcaba los mismos territorios que previamente habían gobernado los reyes de la III Dinastía de Ur, utilizando Hammurabi el mismo título que sus reyes, rey de las Cuatro Regiones. Como rey de la potencia dominante, Hammurabi intervino en los problemas de las regiones sometidas, como la Baja Mesopotamia, donde algunas de sus ciudades se abandonaban o estaban convirtiéndose en pequeñas aldeas debido a los problemas de sus campos; como contrapartida, Babilonia consiguió numerosas tierras que repartió como recompensa a sus funcionarios y nobles.
A su muerte, sus conquistas y el reino que creó fueron desapareciendo, produciéndose una división política en toda Mesopotamia. Así, en tiempos de su sucesor, Samsu-iluma (1749-1712), surgió en el Éufrates central el reino de Hana (o Khana), que tenía su capital en la ciudad de Terqa, mientras que en el sur de la llanura aluvial, en la región más pantanosa, apareció el llamado País del Mar. Estos años de confusión y de crisis fueron aprovechados por los casitas, una población procedente de los Zagros, para ir penetrando en la región; en 1595, durante el reinado de Samsu- ditana, la ciudad fue conquistada y saqueada por el rey hitita Mursilis I (prueba de la ausencia de cualquier tipo de poder en la región), produciéndose el final de esta I Dinastía de Babilonia. Ante el vacío de poder, los casitas ocuparon la ciudad y fundaron una nueva dinastía.
El Código de Hammurabi. La conocida estela de Hammurabi, en la que está grabado su código de leyes, pudo estar originalmente depositada en el templo de Shamash en Babilonia o en la ciudad de Sippar; se descubrió en 1902 en la ciudad de Susa, donde fue llevada por el rey elamita Shutruk-nahhunte que borró varias columnas para insertar su nombre. Durante mucho tiempo se afirmó que era el primer código conocido de la humanidad, pero ya sabemos que existían disposiciones legales anteriores. El código se divide en tres partes: primero, un prólogo en el que se enaltece a Hammurabi, se describen sus conquistas y el favor que disfruta de los dioses, en especial Marduk; segundo, 282 artículos legales de temática muy variada; y tercero, un epílogo en el que se formulan una serie de maldiciones, características en todos los documentos legales y diplomáticos, dirigidas a todas aquellas personas que no respetaran las leyes.
Las leyes, que no están ordenadas temáticamente ni numeradas, reflejan la existencia de tres clases sociales: los awilum (hombres libres), los mushkenum (dependientes) y los wardum (los esclavos), variando los castigos en función de la pertenencia a una clase u otra. Los awilum , ciudadanos, literalmente «hombre», eran personas que disponían de tierras y recursos suficientes para no depender de una administración o de un templo. Los muskenum , literalmente «el que dobla la rodilla», estaba compuesta por personas que eran libres pero que dependían económicamente bien de una institución (el templo o el palacio), o bien de un terrateniente, y cuya situación económica era insegura al no disponer de unos recursos propios suficientes para mantener su independencia. Los wardum se han interpretado por lo general como esclavos,
mayoritariamente prisioneros de guerra o personas compradas en el exterior, pero en ningún momento llegaron a constituir un grupo numeroso, disponiendo de derechos aunque limitados; llevaban una marca, abbuttum , un mechón de pelo que se cortaba cuando adquirían la libertad.
En líneas generales, no se trata de un código de leyes, sino de un compendio de casos que pudieran servir de modelo para una sociedad más justa. Las condenas por los delitos cometidos son duras, aplicándose en algunos casos la ley del talión , «ojo por ojo y diente por diente». Los temas principales que se reflejan son las normas básicas de convivencia, el matrimonio (así como el divorcio o las consecuencias del adulterio, tanto para hombres como para mujeres), el comercio, la propiedad, la herencia, etc.
3.4. El Reino Antiguo Hitita ( ca. 1700-1500)
Desde finales del III milenio se ha ido infiltrando en Anatolia una serie de pueblos de lengua indoeuropea procedentes de Europa oriental y Ucrania, y que convivirán y se mezclarán con las poblaciones locales; se constata la existencia de tres grupos de lenguas indoeuropeas: los luvitas en el oeste, los palaítas en el norte y los nesitas en Anatolia central y oriental (al que pertenecen los hititas). La llegada e instalación de estos grupos complicaría la situación en Anatolia en torno a 2000 a.C., con la aparición de diferentes centros de poder que compiten entre sí por el dominio en las distintas regiones. Las fuentes posteriores mencionarán, por ejemplo, la participación de un rey de Hatti, Pamba, en una rebelión de 17 gobernantes contra el rey acadio Naram-Sin.
La primera unificación de la región se atribuye Anitta ( ca. 1750), rey semi-legendario de Kussara, quien extendería su poder mediante conquistas en época de la colonización comercial asiria. Anitta destruiría la ciudad que con posterioridad será la capital del reino, Hattusa, y derrotarían al reino de Purushhatum, que era el principal centro político de Anatolia. La capital de este nuevo reino se instaló en Nesa (Kanesh), la que había sido la colonia asiria más importante en la región. A su muerte, sin embargo, se abre un periodo poco conocido debido a la carencia de fuentes, que termina con la llegada de los primeros reyes hititas históricos.
El primero de esos reyes es Hattusili I (1650-1620), quien estableció la capital del reino en Hattusa, desoyendo la maldición de Anitta, y emprendió una fase de expansión militar que condujo al llamado Reino Antiguo Hitita. Los Anales de Hattusili , redactados en hitita y en acadio, relatan año por año las campañas militares que realizó en Anatolia y en el norte de Siria en sus seis primeros años de reinado; describen cómo consiguió dominar toda Anatolia central y así, en su segundo año de reinado, después de fortalecer su posición, atravesó el Taurus para, por primera vez, penetrar el mundo hitita en el norte de Siria, conquistando la ciudad de Alalakh, que formaba parte del reino de Yamhad. Al año siguiente, sus campañas se dirigieron contra el lejano reino de Arzawa, en Anatolia occidental, una coyuntura que sería aprovechada por los hurritas para invadir el reino hitita, resistiendo únicamente la capital, Hattussa: «A mis espaldas el enemigo de la ciudad de los hurritas entró en mi país y todas mis tierras hicieron guerra contra mí. Entonces, solamente la ciudad de Hattusa, la única ciudad, se mantuvo» ( Anales 1, 24-26). Estos acontecimientos anticipan uno de los problemas a los que el mundo hitita se enfrentará a lo largo de toda su historia: la existencia de enemigos lejanos y fronteras siempre peligrosas que obligan a dejar desprotegido el interior de Hatti, lo que será aprovechado por sus enemigos (en especial las tribus montañosas de los gasga del norte), al tiempo que los hititas deberán ejercer una actividad militar constante. Hattusili empleó los tres años siguientes en afianzar el reino, y en el año 6 realizó una nueva campaña en Siria, cruzando el Éufrates, lo que le permitirá compararse con Sargón de Akkad, aunque estas campañas no comportaron un dominio o presencia hitita en Siria.
Su sucesor, Mursili I (1620-1590), tuvo que enfrentarse a los mismos enemigos y problemas que Hattusili, pero disponemos de menos fuentes. A pesar de ello, sabemos que conquistó Aleppo y por tanto venció al reino de Yamhad, lo que permitió que los hititas alcanzaran el control del norte de Siria y de sus rutas comerciales en un momento histórico en el que existía un vacío político en la Alta Mesopotamia, lo que aprovechó Mursili para en 1595 realizar una campaña que llegó hasta la propia Babilonia, posiblemente con el apoyo de la población casita, obteniendo un importante
LA SEGUNDA MITAD DEL II MILENIO a.C.
4.1. El Reino de Mitanni ( ca. 1500-1300)
Mitanni, principal adversario de la XVIII Dinastía egipcia por el control de Siria, era un reino compuesto mayoritariamente por población de origen hurrita, que se conocía como Naharina en las fuentes egipcias, Hanigalbat en las asirias y el País de los Hurritas en Hatti. La presencia de población hurrita en la Alta Mesopotamia se conoce desde el III milenio, apareciendo en los textos de la Baja Mesopotamia en relación con Subartu; se ha confirmado la existencia de un reino hurrita en Siria oriental en el III milenio, gobernado por reyes que tenían el título de endan , y que parecen haber establecido alianzas con los reyes acadios. En tiempos de la III Dinastía de Ur, Shulgi (2094-2047) ya menciona la captura de prisioneros hurritas en el transcurso de una de sus campañas militares; encontramos menciones a hurritas en las tablillas de las colonias asirias y en el archivo de Mari, siempre en relación con pequeños reinos del norte de Siria.
Los orígenes de Mitanni siguen siendo oscuros, pero deben relacionarse con el vacío de poder creado en la región de Siria por las intervenciones militares de los reyes hititas Hattusili I y Mursili I, quienes destruyeron el reino de Yamhad pero no llegaron a controlar la región. Los hurritas, que tenían ya una cierta organización política, aprovecharían la ocasión para crear un reino propio que aglutinaría a todos los elementos hurritas que habían vivido en la región desde finales del III milenio junto a nuevas poblaciones indo-arias. Las fuentes que ilustran las primeras fases son muy fragmentarias, por lo que las listas reales no incluyen a todos los reyes y se discute quién pudo ser el primero; existe un cierto consenso en la figura de Suttarna ( ca. 1490-1470), rey que fundaría la capital, Washshukkanni, todavía no identificada arqueológicamente, iniciando este reino una expansión por la Alta Mesopotamia y el norte de Siria en el reinado de Barattarna ( ca. 1470-1450); esta expansión provocaría un rápido choque con Egipto, que también iniciaba en esos momentos su expansión por Siria (especialmente con Tutmosis I, 1504-1492, y Tutmosis III, 1479-1425), en el reinado de Parrattarna ( ca. 1450-1440). En esos enfrentamientos, Egipto avanza por Siria y se aproxima al Éufrates, mientras que Mitanni intentará coordinar la resistencia de los reinos cananeos y sirios para oponerse al avance egipcio, evitando los enfrentamientos directos con Egipto. En la batalla de Megiddo (1457), Tutmosis III afirma haber derrotado a una coalición de reinos y principados sirios y cananeos dirigidos por Mitanni.
Con Artatama I ( ca. 1410-1400), sin embargo, Egipto y Mitanni llegan a un entendimiento y se firmará el primero de una serie de tratados entre ambos reinos que establecerán una larga fase de buenas relaciones, selladas con acuerdos periódicos e intercambio de esposas reales (una hija de Artatama es entregada en matrimonio a Tutmosis IV). Estos acuerdo permitían a Egipto acceder a las rutas comerciales y participar en los intercambios que tenían lugar en el Mediterráneo oriental, obtener la fidelidad de diferentes reinos y garantizarse que el principal poder próximo oriental no iba a interferir en sus intereses, mientras que Mitanni podía dedicar todos sus esfuerzos a los que eran sus verdaderos enemigos, Asiria y los hititas. El rey Saustatar ( ca. 1440-1410) llegó a conquistar Assur y a llevarse las puertas de oro y plata del templo, al tiempo que firmaba un tratado con el reino de Kizzuwatna, que servía de tapón contra los hititas en la región del Taurus, la entrada a la Alta Mesopotamia y Siria. Estos logros permitieron unos siguientes reinados tranquilos, gozando toda la región de una paz que beneficiaba el comercio y la prosperidad.
Tras un periodo de luchas dinásticas, subió al trono Tushratta ( ca. 1380-1350), contemporáneo de Amenofis IV Akhenatón (1352-1336), de Suppiluliuma I en Hatti (1344-1322) y de Assur- uballit (1365-1330) en Asiria, y por tanto protagonista del momento de máximo esplendor de las civilizaciones del Bronce Final en el Próximo Oriente. En su reinado se manifestaron ya los problemas que terminarían con Mitanni, y supone la última fase de predominio de este reino antes de su desaparición. En un primer momento, Tushratta pudo frenar los intentos expansionistas de Suppiluliuma I, que presionaba militarmente en el norte de Siria, pero las cartas de El-Amarna (archivo real de Amenofis IV) muestran las sucesivas peticiones de ayuda de Tushratta a Egipto contra los hititas, que sin embargo no encontraron respuesta. Así pues, en una nueva campaña,
Suppiluliuma I cruzaría el Éufrates y obligaría a Tushratta a refugiarse en la capital, con lo que la administración del reino se vino abajo y perdió el control efectivo de sus territorios. Poco después Tushratta moriría asesinado, y a partir de entonces se nombrarían una serie de reyes títere de los hititas, con Mitanni como un reino sometido a ellos: Artatama II sería confirmado rey de Mitanni por Suppiluliuma I, y después Shattiwaza, uno de los hijos de Tushratta que se había casado con una hija de Suppiluliuma y que se encontraba refugiado en Hattussa. Este reino, sometido y empequeñecido, sobreviviría algún tiempo presionado por las dos potencias que lo rodeaban, Hatti y Asiria, hasta que finalmente Asiria conquistará lo que quedaba del reino de Mitanni, ca. 1300 (época de Adad-nirari I de Asiria).
4.2. El Reino Medio Asirio (1391-1076)
Tras el esplendor del Reino Antiguo con Shamshi-Adad I (1796-1775), Asiria se había replegado a sus límites tradicionales y había caído bajo el control primero de Babilonia en tiempos de Hammurabi (1792-1750) y después de Mitanni en tiempos de Barattarna ( ca. 1470-1450). Una dinastía local de reyes siguió existiendo a lo largo de estos siglos, aunque Asiria representó un papel secundario como potencia. Sin embargo, hacia 1390, en el contexto del enfrentamiento de Mitanni con Egipto primero y con los hititas después, el rey Eriba-Adad I (1391-1366) comenzó a independizarse de Mitanni y a actuar de forma autónoma y más agresiva en sus fronteras; su verdadera recuperación como gran estado territorial se producirá en el reinado de Ashur-uballit I (1365-1330), quien intentó aprovechar el vacío de poder ocasionado por la derrota de Mitanni contra los hititas en época de Tushratta; en las décadas siguientes hasta ca. 1300, la relación de poder entre Mitanni y Asiria se invertirá en favor de esta última.
Los nuevos reyes asirios adoptan el título de Gran Rey , ya no son solamente «vicarios del dios Assur» como en tiempos anteriores, y reclamarán ser «admitidos» en el grupo de los «grandes reyes», Babilonia, Hatti y Egipto: en las cartas del archivo de El-Amarna, Ashur-uballit se dirigirá a Amenofis IV como «hermano», el término que se reservaban los grandes gobernantes del Bronce Final para identificarse como iguales. El ascenso asirio, sin embargo, despertará los recelos de Babilonia, que tratará de influir en Egipto (mediante correspondencia de su rey Burna- Buriash II, 1359-1333, con Amenofis IV) contra los asirios; simultáneamente, Babilonia buscará un entendimiento con Asiria mediante un acuerdo matrimonial, pero la ruptura de dicho acuerdo impulsará a Ashur-uballit a invadir Babilonia y establecer un rey títere, Kurigalzu (1332-1308), posiblemente su nieto.
En el reinado de Adad-nirari I (1307-1275), Asiria conquistó Mitanni y, aprovechando que la atención hitita se centraba en los egipcios, fijó la frontera occidental en la ciudad de Karchemish. Su sucesor, Salmanassar I (1274-1245), integró definitivamente a Mitanni en el mundo asirio, poniendo fin a la dinastía de reyes mitanos y convirtiendo el territorio en una provincia asiria. Por tanto, Asiria se encontraba en la plenitud de su poder a la llegada de Tukulti-Ninurta I (1244- 1208), quien, tras una serie de campañas contra las poblaciones montañosas del noreste (el curso alto del Tigris y los Zagros septentrionales, necesarias para asegurar el control de estos territorios y evitar sus continuas incursiones), fortalecerá la frontera en el Éufrates con unas campañas exitosas contra los hititas. Su último frente de acción será Babilonia, que tomará y saqueará tras derrotar al rey Kashtiliash IV; aunque inicialmente él mismo asumirá la corona de Babilonia por un breve tiempo, más tarde la entregará a reyes títeres. Estos éxitos militares permitieron a Tukulti-Ninurta adoptar los títulos de rey de Asiria y de Karduniash (reino de Babilonia), rey de Súmer y Akkad, rey de Sippar y Babilonia (la ciudad), rey de Tilmun (Dilmun) y Meluhha y rey del mar Superior e Inferior, construyendo una nueva capital, Kar-Tukulti-Ninurta (el «puerto de Tukulti-Ninurta»), en las cercanías de Assur.
Sin embargo, Tukulti-Ninurta murió asesinado en el transcurso de una conspiración, dando inicio un periodo de luchas y de inestabilidad política en el interior de Asiria que fue aprovechado por Babilonia para recuperar su protagonismo, siendo incapaces sus sucesores de mantener sus conquistas, por lo que Asiria entrará en una fase de contracción a partir de ca. 1200. Esa contracción coincidirá con las convulsiones que experimentará el Próximo Oriente a lo largo del
reunificar la región, pero su autoridad no es demasiado sólida. Destaca el rey Nabucodonosor I (1126-1105), quien derrotaría a Tiglath-pileser I en una invasión asiria fallida e incluso emprendería campañas militares contra el poderoso vecino de Elam. Esta breve recuperación, sin embargo, concluye en los siguientes reinados en una profunda crisis, motivada en gran parte por la crisis económica y política generalizada en el Próximo Oriente. Aparecen varias dinastías y reyes en diferentes ciudades, que compiten entre sí, el País del Mar se escinde y la Baja Mesopotamia aparece completamente fragmentada.
4.4. El Reino Nuevo Hitita ( ca. 1430-1178)
Situación en Anatolia. Las fuentes hititas, muy fragmentarias, presentan una situación política muy compleja en Anatolia en el Bronce Final. Una serie de reinos y entidades políticas se reparten diferentes regiones y luchan entre sí; el reino hitita subsiste tras el reinado de Telepinu entre esos peligrosos vecinos con su poder e influencia muy mermados. En el norte, en la costa del Ponto, se encuentran los gasga y los azzi, tribus montañosas muy belicosas que amenazan constantemente Hattusa, la capital del reino, mientras que hacia el este, en la frontera con Siria, existen una serie de principados hurritas aliados de Mitanni que lanzan también campañas periódicas hacia el interior de Anatolia; el más importante de ellos es el reino de Kizzuwatna, situado en una región estratégica clave de comunicación entre Anatolia y Siria. En la costa occidental surgen una serie de entidades políticas en torno a grandes ciudades comerciales costeras, como Troya (Ilio), que pudo ser el centro del reino que en las fuentes hititas se denomina Wilusa, así como los reinos interiores de Asuwa y Arzawa, que mantienen relaciones conflictivas con los hititas (alianzas y enfrentamientos intermitentes). Por último, algunas ciudades de la costa, como Millawanda y Abasa, se encuentran dentro de la órbita del reino de Ahhiyawa, una misteriosa entidad política que posiblemente hace referencia a los micénicos, y que interviene en las luchas de poder del occidente de Anatolia.
Desarrollo histórico. Los primeros reyes de esta nueva fase son mal conocidos. Se atribuye a Tudhaliya I ( ca. 1430) la consolidación del reino tras la fase de crisis en una serie de campañas militares que se enfrentaron a diversas coaliciones enemigas, principalmente Asuwa y Arzawa; consiguió repeler a los gasga y cerrar un tratado con Kizzuwatna, lo que dio a los hititas un respiro por primera vez en décadas. Sus sucesores, Arnuwanda I y Tudhaliya III, continuarán esa política expansiva, sometiendo a tributo a los reinos de Assuwa y Arzawa y repeliendo las frecuentes invasiones de los gasga. En esta época incluso se emprenden campañas hacia Siria que chocan con Mitanni y alcanzan ciudades de la costa, como Aleppo.
El reinado de Suppiluliuma I ( ca. 1375-1322) supone un punto de inflexión definitivo. Accede al trono como consecuencia de la muerte de su hermano, Tudhaliya, y desde el principio combina una incesante actividad militar con una intensa actividad diplomática, con el resultado de convertir a Hatti en la principal potencia de Anatolia. Suppiluliuma derrota primero a los gasga, y luego se dirige a la frontera oriental, cerrando un tratado con el reino de Hayasa (en la alta Armenia) y asegurándose mediante una serie de campañas militares el control de los reinos de Kizzuwatna e Issuwa, ambos fundamentales en la comunicación con Siria. Una vez afianzada su posición, Suppiluliuma se lanza contra Mitanni; en la primera campaña, Tushratta consigue rechazar la invasión, pero los hititas se apoderan de gran parte del territorio occidental de Mitanni y someten a muchos de sus aliados (Amurru, Ugarit, Qadesh), con los que firmará tratados de sumisión; en la segunda campaña, unos años después, Suppiluliuma derrota a Tushratta y le obliga a refugiarse en la capital; tras la muerte de Tushratta, permitirá que siguiera existiendo un reino de Mitanni dependiente de la corte hitita. Para consolidar el control hitita en la región, Suppiluliuma entregará dos importantes reinos a dos hijos suyos, Karkemish para su hijo Piyassili y Alepo para su hijo Telepinu, que actuarán prácticamente como “virreyes” del rey de Hatti.
La intervención hitita en Siria alertará a Egipto, que recibe llamadas de auxilio de sus aliados, pero el rey Amenofis IV no toma ninguna medida por el momento, hecho que se ha relacionado con los efectos de su reforma religiosa. Tampoco se produce reacción durante el breve reinado de Tutankhamon, pero a su muerte tendrá lugar uno de los episodios más insólitos de toda la historia
del Bronce Final: la viuda de Tutankhamón, Ankhesamón, escribe a Suppiluliuma para que le envíe uno de sus hijos como esposo para fundar una nueva dinastía; la reacción del rey hitita fue de sorpresa y recelo, citando sus Hazañas la siguiente frase: «Jamás en toda mi vida me había sucedido una cosa como ésta», pero finalmente decidió enviar a uno de sus hijos, Zannanza; la corte egipcia no podía permitir esa situación, por lo que el príncipe hitita moriría asesinado en el transcurso de su viaje a Egipto, lo que desencadenaría una nueva campaña de Suppiluliuma en Siria en la que consolidó sus recientes conquistas. Los prisioneros de dicha campaña, sin embargo, provocaron una epidemia de peste que asolaría a Hatti y acabaría además con la vida del propio Suppiluliuma y de su hijo Arnuwanda.
Al llegar al trono, Mursili II (1321-1295) tuvo que hacer frente a las rebeliones generalizadas que estallaron aprovechando la epidemia de peste; dedicó sus dos primeros años de reinado a luchar contra los gasca y realizar una campaña contra Arzawa, que en esta ocasión contaba con el apoyo de otras entidades (Hapalla, Mira, Kuwaliya, el País del río Seha y Ahhiyawa); marchó sobre Millawanda y después de unas campañas victoriosas en las que sometió a sus enemigos a vasallaje, destruyó de forma definitiva el poderoso reino de Arzawa, cuyos territorios serán repartidos y divididos entre diferentes entidades. Nuevos ataques de los gasga afectaron a la capital, Hattusa, que fue atacada. En su décimo año de reinado, Mursili II hizo una campaña en Siria para sofocar una rebelión instigada por el faraón Horemheb (1323-1295) y complicada por la muerte de sus hermanos, los virreyes de Aleppo y Karkemish, y por la intervención del rey asirio Assur-uballit, pero los hititas consiguieron restablecer el control de la región. A pesar de tener que sofocar una nueva revuelta en el oeste y a los gasca, en líneas generales la última parte de su reinado fue relativamente tranquila.
Su sucesor, Muwatalli II (1295-1272), tuvo que hacer frente a la inestable situación en Anatolia occidental, donde Piyamaradu, un noble que había caído en desgracia posiblemente a causa de sus ambiciones políticas, encontró el apoyo de Ahhiyawa y de Millawanda y llegó a controlar Wilusa y atacar Lazpa (Lesbos); Muwatalli envió un ejército que expulsó a Piyamaradu y le obligó a refugiarse en Ahhiyawa. La principal preocupación de los hititas, sin embargo, estaba en Siria: los reyes de la Dinastía XIX de Egipto reanudaron sus actividades en la región, lo que condujo a un enfrentamiento directo con los hititas; esta situación fue aprovechada por Asiria, cuyos reyes Adad-nirari I (1307-1275) y Sa1manassar I (1274-1245) consiguieron el control de lo que aún pervivía del reino de Mitanni, expulsando a los hititas de la zona y convirtiendo a Karchemish en la frontera entre ambos reinos. En este contexto, Muwatalli trasladó la capital a Tarhuntassa, en las proximidades de Siria y en la costa, posiblemente para estar más cerca del frente sirio, y se enfrentó a Ramsés II en la famosa batalla de Qadesh (1274), que tuvo un resultado indeciso, aunque a la larga el verdadero vencedor fue el reino hitita ya que Egipto no recuperó ninguno de los territorios que había perdido con anterioridad y la influencia hitita siguió siendo firme en la región, recuperando además el control de Amurru.
Tras el breve reinado de Mursili III (1272-1267), que llevó de nuevo la capital a Hattussa, una revuelta llevará al poder a Hattusili III (1267-1237), quien desarrolla una intensa actividad diplomática para aislar a su principal enemigo, Asiria: busca primero el apoyo de Babilonia, firma un nuevo tratado con Amurru que garantizará su lealtad y reforzará la posición hitita en la región y, especialmente, firma un importante tratado con Ramsés II (1259), que sancionaba el reparto territorial y las áreas de influencia de ambas potencias e incluía cláusulas en las que ambos se comprometían a no invadir el territorio del otro e incluso a ayudarse en caso de necesidad militar. Se inicia así un periodo de relaciones estables con Egipto.
Fue sucedido por su hijo Tudhaliya IV (1237-1209), en cuyo se detectan ya los primeros indicios de agotamiento y crisis, fundamentalmente las incesantes luchas por el trono (es posible que uno de los hijos de Muwatalli, Kurunta, pudiese haber alcanzado el trono temporalmente) y la creciente pérdida de control sobre los estados aliados y vasallos (Karchernish, sede de uno de los virreinatos, actúa cada vez con mayor independencia; Ugarit se niega a enviar tropas para las campañas contra Asiria). La situación en Siria se inclina cada vez más en favor de Asiria, cuyo rey Tikulti-ninurta derrotaría a Tudhaliya; la reacción hitita sería decretar un embargo comercial