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Apuntes de intertextualidad Apuntes de intertextualidad
Tipo: Apuntes
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La imitación de los mejores autores era una prác�ca común en la An�güedad y en el Renacimiento europeo, época en la que la imitación se prescribía en las escuelas para enseñar a los alumnos a componer textos retóricos o poé�cos. Y la imitación seguía siendo trascendental en la labor de los rétores o poetas adultos, si bien ésta tendía a entenderse no como un simple calco de la obra imitada, sino como una ac�vidad encaminada a emular o superar el espíritu de los modelos.
Mímesis e Imita�o.
Una de las cosas que le discu�eron a Aristóteles es el hecho de que la poesía deba imitar exclusivamente acciones (evidentemente, Aristóteles lo dice porque está pensando en las obras dramá�cas y en las epopeyas, los principales géneros de su época). Autores posteriores defenderán que también se puede imitar objetos, sen�mientos, pensamientos, conceptos, protegiendo la dignidad literaria de la lírica.
También se rechaza que la imitación tenga que hacerse de seres humanos. Se propugna que se imite también seres no humanos o inanimados, abstractos, incluso dios y el mundo relacionado con la divinidad. Se admite como imitable lo fantás�co.
Se recurre al principio ut pictura poesis
El concepto de imitar a otros autores ya exis�a en la época de Platón, y se puede rastrear en su obra, aunque referido exclusivamente a la educación de los niños. Pero este sen�do del término imitación se extendió sobre todo desde la cultura alejandrina hasta la romana, y sería con�nuado en la Edad Media y en el Renacimiento. En la época romana, varios autores (como el autor anónimo de la Rhetorica ad Herennium , Cicerón , Séneca, Horacio o Quin�liano) defendieron el concepto de imitación de los mejores modelos, y especialmente de los autores griegos.
Horacio habla de retracta�o para referirse a la imitación de los modelos griegos. Se recomienda la crea�vidad a par�r de los temas y materiales tradicionales, ya tratados por otros poetas. Esta imitación se veía favorecida por el hecho de que los autores imitados hubieran escrito en otra lengua, pues, al trasladar su es�lo o sus ideas a la lengua la�na, no se producía un calco exacto del modelo. No obstante, no se trataba de una simple traducción de los griegos, sino de aprehender su es�lo o su temá�ca y darles una apariencia personal.
Horacio escribe la Epístola a los Pisones para evitar que la gente confundiera Poé�ca con Retórica. Debido a la evolución de la Retórica en Roma, tanto los discursos hablados como los escritos se caracterizan cada vez más por la ornamentación ( sermo ornatus ), despreciando o abandonando (por cues�ones polí�cas) el contenido. Toda su Arte poé�ca es una llamada al equilibrio:
Serie ars — res — docere Clásico
Ingenium — verba — delectare Román�co
Petrarca acude a la imagen de las abejas de Séneca (debemos imitar a las abejas, que vagan de un si�o a otro y escogen las flores más apropiadas para elaborar la miel) para explicar que hay que obtener lo mejor de cada autor y construir después algo personal con lo obtenido, exponiendo con las propias palabras las ideas de otros. A su juicio, no se trata de imitar la letra, sino el espíritu de los modelos:
Es mi intención, lo declaro, adornar mi alma, enriquecerla, con los pensamientos y consejos de los demás, pero no mi es�lo. A no ser que lo haga citando al autor o modificando profundamente el concepto, a fin de que, a semejanza de las abejas, pueda conver�r en una la obra de muchos […]. Pretendo seguir la senda de los más egregios, pero no me agrada pisar siempre por la huella de los otros; pretendo servirme de sus escritos, pero no a escondidas sino pidiéndoselos, y, cuando fuere posible, prefiero usar los míos. Me gusta la imitación, no la copia, y una imitación que no sea servil, en la que esplenda el ingenio del imitador, no su ceguera o indigencia. Prefiero, incluso, carecer de un guía, a verme constreñido a seguirlo en todo momento ( apud García, 1992: 78).
Petrarca, en suma, defiende un �po de imitación que conlleve una aportación original y personal del imitador.
Imitación ecléc�ca (el mejor es�lo se consigue imitando a varios autores, lo mejor de cada uno. Petrarca, Erasmo) e imitación ciceroniana (imitar a un autor).
Las polémicas renacen�stas sobre la imitación, por lo tanto, se centraban en defender la imitación simple de Cicerón o la imitación ecléc�ca de todos los clásicos, pero en ningún caso se ponía en duda la necesidad de imitar los modelos, que era aceptada por todos. No obstante, la imitación servil de Cicerón llevaría a un empobrecimiento de la prác�ca imita�va, pues, lógicamente, la imitación de un solo autor había de producir obras de es�lo y temas limitados, y tendría buena culpa de que, a finales del siglo XVIII, se produjera un virulento rechazo de esas prác�cas imita�vas.
Juan Huarte de San Juan ( Examen de ingenios para las ciencias ): las ovejas y las cabras; y Fernando de Herrera , Respuesta al Prete Jacopín “ombres fueron, como nosotros”. El Manierismo.
Hay en esta época tres posibilidades:
Imitación elaborada de temas y/o es�los ajenos (ya sea de un autor o de varios): prác�ca considerada no solo legí�ma, sino la forma natural de creación literaria en la An�güedad y en el Clasicismo.
Inclusión de versos o fragmentos cortos ajenos (ya sea de un autor o de varios) en la propia obra sin citar la procedencia: prác�ca considerada legí�ma en la An�güedad y en el Clasicismo.
Imitación servil ( copia , hurto ), o reproducción literal de fragmentos largos o composiciones métricas extensas (ya sea de un autor o de varios) sin indicar la procedencia: prác�ca considerada é�camente ilegí�ma, pero que no era perseguida por la ley, en la An�güedad y en el Clasicismo.
El Clasicismo valora la imitación. El Roman�cismo la desprecia, valorando por encima de todo la originalidad crea�va y rechazando la imitación, que casi llega a iden�ficar con el simple plagio. Esta concepción peyora�va sobre la imitación que se instauró en el Roman�cismo ha determinado la aparición de algunos nuevos términos en la teoría literaria contemporánea , que ha rebau�zado los an�guos términos que se usaban en la An�güedad o en el Clasicismo para referirse a las formas de imitación, por lo que es preciso establecer una correlación entre las concepciones y las terminologías an�gua y contemporánea.
El germen del concepto de intertextualidad lo hallamos en la teoría literaria de Mijail Baj�n , formulada en los años treinta del siglo XX, en la que concibe la novela, en par�cular las de François Rabelais, Jonathan Swi� y Fedor Dostoievski, como polifonías textuales donde establece relaciones dialógicas esenciales con ideas ajenas. En el caso de la novela, el escritor sabe que el mundo está saturado de palabras ajenas, en medio de las cuales él se orienta. Fue Julia Kristeva quien, a par�r de las intuiciones baj�nianas sobre el dialogismo literario, acuñó en 1967 el término intertextualidad. Para esta autora " todo texto es la absorción o transformación de otro texto ". Por su parte, Michel Riffaterre considera la intertextualidad como la percepción por parte del lector de la relación entre una obra y otras que la preceden. Lucien Dällenbach, por su parte, citando trabajos de Jean Ricardou, propone establecer la diferencia entre una intertextualidad general o entre varios autores, una intertextualidad restringida entre los textos de un solo autor, y una intertextualidad autárquica de un texto consigo mismo. Conceptos afines serían la diseminación y el injerto de Derrida, la architextualidad y la transtextualidad de Gérard Gene�e, la influencia de Harold Bloom, etcétera.
Por otra parte, pronto se ha visto la u�lidad y per�nencia de la aplicación del concepto a otros dominios semió�cos, en primera instancia a la semió�ca esté�ca (Jan Mukařovský, Yuri Lotman, Ernst Gombrich, Schapiro), y más tarde a toda la semió�ca de la comunicación de masas (Umberto Eco, Lamberto Pigno�, el propio Roland Barthes). Cesare Segre ha llamado interdiscursividad a la relación de un texto literario o que u�liza el lenguaje humano de la palabra con otros lenguajes humanos de naturaleza ar�s�ca, ya que no sólo hay textos -y por lo tanto intertextos- escritos, sino que en el contexto más amplio de la semiología existe también transtextualidad y la textualidad se hace coextensiva a toda la trama comunica�va humana; a este �po de relación Heinrich F. Ple� prefiere denominarla más bien intermedialidad.
Gérard Gene�e , en su obra Palimsepstos. La literatura en segundo grado (1989), sostuvo que el objeto de la poé�ca no debía ser el texto, sino la transtextualidad o transcendencia textual del texto, y propuso cinco �pos posibles de relaciones transtextuales:
la intertextualidad : relación de copresencia entre dos o más textos, que incluye la cita, el plagio o la alusión;
la paratextualidad : relación que el texto man�ene con su paratexto: �tulo, prólogo, notas al pie, epílogos…;
la metatextualidad : relación de un texto con otro que habla de él, como ocurre en la crí�ca literaria;
la hipertextualidad : relación de un texto con otro anterior del que deriva —llamado hipotexto— por transformación simple o indirecta, y
la architextualidad : conjunto de categorías generales o trascendentes de las que depende todo discurso —�pos de discurso, modos de enunciación, géneros literarios…—.
De las categorías establecidas por Gene�e, la intertextualidad y la hipertextualidad se relacionan estrechamente con el concepto clásico de la imitación. La intertextualidad, según Gene�e, incluye la cita , la alusión y el plagio , mientras que la hipertextualidad atañe a la imitación elaborada y a la con�nuación de otras obras.
Pero el concepto es amplísimo y se puede proponer otra clasificación, más amplia, como hace José Enrique Mar�nez Fernández en La intertextualidad literaria , Madrid, Cátedra, 2001:
Tu presencia y tu voz lo invaden todo, constantemente, ya no te escucho pero aun así te oigo, ese sonido discordante conver�do en la música de fondo de mi vida, esa masa compacta de ruidos de la que por momentos mi mente extrae algún sen�do, en la que me muevo pesadamente, como un buzo agobiado por las muchas atmósferas que presionan su cuerpo contra el fondo del mar. Tal vez por eso, amor mío, me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas.
Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.
De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada. (Canción Penélope de Serrat)
Finalmente, es importante dis�nguir tres conceptos relacionados con la intertextualidad:
Intertextualidad: Relaciona en forma crea�va un texto con respecto del otro, genera así un texto totalmente nuevo.
Plagio: Imitación totalmente intencional de un texto sin hacer referencia bibliográfica del mismo. Falta crea�vidad.
Influencia: Es el resultado de lecturas previas, observación del trabajo de otro autor. Retoma la temá�ca planteada en el texto y lo transforma en algo nuevo. Existe la crea�vidad.