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Apunte sobre las principales generalidades, características y proceso de desarrollo de la eutanasia.
Tipo: Apuntes
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El presente trabajo intenta abordar la temática de la muerte humana, el acto último y definitivo de toda persona; desde una ética del morir o de la muerte. Para ello organizamos el estudio en tres partes, a saber: la primera aborda el fenómeno de la muerte humana, su significado, sus implicancias para la persona; además de ofrecer un breve recorrido histórico del vocablo “eutanasia” que revela ser polisémica y ambigua. Un intento de reconstrucción del vocablo y del significado de la eutanasia y otros conceptos inseparables de ella, ayudarán a la claridad de la posterior reflexión. Presentamos tanto en esta primer sección como en el anexo los criterios científicos para la definición de la muerte clínica, de fundamental importancia para abordar las cuestiones acerca de la muerte y la vida. ¿Cuándo el sujeto se considera muerto?
En la segunda parte se ofrece una visión panorámica del magisterio de la Iglesia sobre el tema de la eutanasia desde Pío XII hasta Juan Pablo II, y las conclusiones posibles que pueden ser inferidas a partir de su lectura.
En la tercera y última parte presentamos la reflexión propiamente ética sobre el acto humano de la muerte; los diferentes ámbitos y posibilidades como son la eutanasia, la distanasia, adistanasia y la ortotanasia.
La muerte es una realidad que pone al ser humano ante el misterio profundo de la vida, de su propia vida. La muerte es una condición de la vida; no podría pensarse esta sin la vida. Según M. Vidal, a quien seguimos en este apartado, toda interpretación de la muerte supone, lleva consigo una interpretación de la vida.^1
La tanatología, un término acuñado en 1901 por E. Metchnikoff a la ciencia sobre la muerte, es un punto de interés grande en el siglo XX. Si hay una preocupación permanente para el ser humano en el transcurso de su historia, tanto personal como universal, es el hecho de morir, el acontecimiento de la muerte, que ha cobrado una importancia no menor en la reflexión actual. El discurso se ha especializado y se ha abordado desde distintas disciplinas de la ciencia: historia, antropología cultural, sociología, biología, psicología, filosofía, y también la ética.
En el campo de la ética, la reflexión sobre la muerte se aborda en dos grandes vertientes que originan una doble distinción que puede establecerse en el fenómeno humano del morir: como “morir” y como “muerte consumada”
El morir es un acontecimiento que le pertenece a la misma vida humana y puede ser interpretado, de varios modos, a saber: como final, es decir, acabamiento, como consumación, es decir, plenitud; como ruptura, es decir, como cambio y como transformación, como realización definitiva. Lo que tienen en común todas estas interpretaciones son la comprensión de la finitud de la vida humana intratemporal.
Como muerte consumada, la muerte humana es una objetivación para los que aún vivimos. De esta forma, llega a ser una representación del morir para uso de los que todavía no han muerto y ante ella surgen o acaecen varias preguntas como el para qué y el por qué de tal acontecimiento. Además, ante el morir, la pregunta básica podría ser sobre las condiciones preferibles o deseables para tal acontecimiento.
(^1) M. VIDAL, Eutanasia: un reto a la conciencia. Madrid 1994, 5.
La muerte es un acto humano que necesita de una constante reflexión ética. Así lo dijo K. Rahner:
El término del hombre como persona espiritual que decide libremente su propia suerte, ha de ser consumación activa desde dentro, situarse activamente en su perfección o imperfección, dar el postrer testimonio que resulta y como resume en general toda su vida. En este caso la muerte lleva consigo la total posesión de sí mismo por parte de la persona^2_._
Siguiendo en la línea antes mencionada, la reflexión de la ética al evento del morir se hace más que necesaria en nuestros días y debe aportar su visión específica al problema del mismo.
Veamos a continuación los aspectos generales de una ética del morir o de la muerte, y para ello seguiremos a J.R. Flecha^3 que lo presenta como sigue.
La muerte es el gran interrogante lanzado a la vida entera de todo hombre/mujer: ¿puede el ser humano pedir y buscar para sí mismo la muerte?, ¿cuál ha de ser el ethos del ser humano ante el desafío de su propia muerte? ¿qué actitudes éticas debe intentar alimentar? Nadie muere para sí mismo, como nadie vive para sí mismo. La sociedad tiene el deber ético de organizar un servicio hospitalario y asistencial adecuado para que la muerte, como el trabajo o la sexualidad, no sea una ocasión propicia para la explotación, la discriminación o la injusticia. Aquí hay un vasto campo reservado a la ética. La muerte es la última y definitiva de las crisis a las que se enfrenta la persona. Por eso un espacio privilegiado en que resuenan los valores y temores de cada varón y mujer y de cada sociedad. También aquí la ética puede realizar un discernimiento axiológico sobre el montaje cultural en torno a la muerte y el fallecimiento; el campo de las actitudes ante la muerte puede estar produciendo una subversión utilitarista en la visión de la muerte. Considerar la responsabilidad de los médicos y su iniciativa para informar al paciente moribundo sobre la seriedad de su situación (¡!)Tal responsabilidad incumbe también al personal sanitario y asistencial, al igual que los familiares del enfermo. También le pertenece el discernimiento sobre los intentos de vencer técnicamente la muerte o el envejecimiento, mediante procedimientos como la hibernación o mecanismos de investigación electrónica.
Como se podrá apreciar este es el complejo panorama que debe afrontar la reflexión ética y el camino no parece ser para nada corto. Hoy, y desde hace un tiempo, no solo se dirigen las funciones corporales del agonizante, sino que la misma persona del moribundo es frecuentemente objeto de manejos y de manipulación, como lo expresara B. Häring en su Ética de la manipulación.
Concepto de muerte clínica^4 En opinión de moralistas y bioeticistas importantes^5 , la valoración ética sobre los conflictos entre valor de la vida humana y el derecho a morir dignamente ha de tener en cuenta los resultados de la ciencia sobre la muerte clínica.
Se considera como muerte la suspensión de toda manifestación de vida del organismo en su conjunto. Necrosis es la extinción de una determinada parte del cuerpo. La muerte es un proceso gradual, que comienza por el fallo funcional de un órgano vital. Se dice que el momento-muerte corresponde al límite más allá del cual no es posible el retorno y una revivificación; es decir, la irreversibilidad es la característica fundamental de la muerte.^6
(^2) K. RAHNER, Sentido teológico de la muerte, Barcelona 1965, 34 citado por J.R. FLECHA, Bioética, La fuente de la vid, Salamanca 2007 (^3) J.R. FLECHA, op.cit. 348ss (^4) cf. M. VIDAL, op.cit. 33ss (^5) M. VIDAL, J.R.FLECHA, D. GRACIA GUILLEN y otros. (^6) Morrison, indicaba desde el comienzo que el tema en cuestión no era un evento sino un proceso continuo, gradual y complejo que excedía la biología y la medicina y que todo acuerdo sobre este punto necesitaba, además de una intensa indagación filosófica, ética, legal y social, ser asumido y comprendido por la sociedad, quien en definitiva tendría que delinear y aceptar el nuevo concepto sobre la misma, cf. GHERARDI, Carlos R. A 40
Historia del vocablo “eutanasia”
El término “eutanasia” que significa algo muy distinto de lo que indica su etimología y el uso primero que tuvo; se ha impuesto en el lenguaje especializado, e incluso en la calle, y conlleva un notable carga de ambigüedad. Esta misma ambigüedad hace que se entienda con el mismo término cosas distintas, incluso contrarias. La cuestión es ¿qué entendemos por eutanasia? ¿nos referimos todos a lo mismo cuando decimos eutanasia?
M. Vidal^11 ofrece una historia del uso del vocablo en cuestión. Así se puede distinguir al menos dos usos, como ejemplo de lo dicho anteriormente.
Uso normalizado : se define como eutanasia a la “muerte sin sufrimiento físico” y restrictivamente, la que es provocada voluntariamente. Aquí ya se puede apreciar un sentido lato, es decir, el etimológico de “muerte dulce” y otro sentido restringido, el de “muerte por acción de ayuda externa”. Usos fácticos : en este ámbito tiene una multitud de usos fácticos, convirtiéndose así en un lugar de apelación polisémico. A modo de ejemplo citamos los siguientes: sentido etimológico: muerte sin dolor, buena muerte lucha contra el sufrimiento, a cualquier precio supresión de la vida de un enfermo a petición propia o de terceros (familiares, médicos) decisión de abstenerse de medios extraordinarios, considerados “desproporcionados” en la fase terminal y vistos como “encarnizamiento terapéutico” derecho a la propia muerte, significando la muerte apropiada, denominada también “muerte digna”.
Ante esta situación, nos parece que ayudará un breve recorrido histórico de la evolución del término. “Eutanasia” fue un vocablo empleado en el occidente europeo, que tiene su raíz en el mundo grecorromano.
el.
A lo largo de la historia estos tres vocablos han recibido tratamientos distintos y no siempre indicaban la misma realidad.
EL uso inicial fue el hecho de tener un “buen morir”, en el mundo grecorromano, era objeto de deseo y petición, prescindiendo de la ayuda o no al morir. Esta idea se resume en la frase “ felici vel honesta morte mori”. Así lo ha utilizado también Cicerón refiriéndose a la muerte de Augusto. Luego el cristianismo asumió el hecho de la muerte como un “morir en el Señor”, pues Dios es el Señor de la vida y de la muerte; así surgen las ars moriendi que subrayan el sentido agónico y de sublimación de los sufrimientos con su poder de purificación de los pecados. El “morir bien”, (eutanasia) es una entrega sin condiciones, una aceptación y un ofrecimiento.
El primer uso médico de “eutanasia” se dio en el Renacimiento y se aplica al buen morir en el sentido físico, como último proceso de la salud y la vida del ser humano. F. Bacon en el siglo XVII en su Novum Organun escribe sobre ella y destaca abiertamente la acción médica eutanásica tanto externa como interna (atención del alma o al estado interior del paciente)^12 Pero el que más influencia tuvo en este tema fue Tomás Moro
(^10) Propone definir la muerte como la pérdida de la función que es indispensable para la naturaleza humana: la conciencia. La defensa de esta posición plantea que «la pérdida irreversible de las funciones corticales superiores, la conciencia y las funciones cognitivas son necesarias y suficientes para diagnosticar la muerte» Idem (^11) M.VIDAL, op.cit., 47- (^12) La función del médico es devolver la salud y mitigar los sufrimientos y dolores no solo en cuanto que esa mitigación puede conducir a la curación, sino también en cuanto que puede procurar una eutanasia: muerte tranquila y fácil. En nuestro tiempo los médicos abandonan a los enfermos cuando han llegado al final. Por el contrario deberían tener una nueva ciencia. Esta búsqueda la entendemos como la eutanasia externa, que se distingue de la otra eutanasia que tiene por objeto la preparación del alma. Citado en M. VIDAL, op.cit. 52
(1478-1535), quien en su Utopía^13 , brinda el concepto médico y moral de eutanasia. Enumeramos los pasos mencionados por T. Moro: atención esmerada a los enfermos una enfermedad incurable, intolerable que quita todo placer a la existencia de la tierra (…) legitima la muerte voluntaria y la eutanasia en Utopía tiene en cuenta los derechos de la persona: responsabilidad moral, libertad. entra en juego la sanción social y religiosa representada por los magistrados y los sacerdotes. El enfermo es miembro de la sociedad y pertenece a ella. Pero por otra parte, los sacerdotes son intérpretes de la divinidad. finalmente la clara distinción entre eutanasia y simple suicidio. La primera es calificada de “honorable” y el segundo de crimen.
En los siglos XIX y XX se produce una confrontación en el campo médico-ético-jurídico-social de la realidad del morir. La eutanasia cubre un amplio espectro de situaciones y preocupa a toda la población provocando actitudes de rechazo o aceptación.
Presentamos a continuación, algunos de los significados mas frecuentes de eutanasia o tipos de la misma: Eutanasia agónica: ayuda a morir sin dolor o como interrupción de la vida en la fase terminal. Esto estaría en la línea de los humanistas del Renacimiento. Eutanasia social o eugenésica: está propiciada por movimientos sociales, políticos, racistas, que surgieron en el siglo pasado y se concretaron en políticas reales, v.g. el nazismo. Cuanto Nietszche reclamaba la eutanasia para los “parásitos de la sociedad, para esos enfermos a los que ni siquiera conviene dejar vivir más tiempo, pues vegetan indignamente, sin noción del porvenir”, está pensando en: los niños subnormales, los enfermos mentales, los incurables, los de razas inferiores, etc. Sentido generalizado de eutanasia: actualmente bajo situaciones eutanásicas quedan incluidos, por lo menos, los siguientes: eutanasia agónica, lenitiva, suicida, homicida, negativa, positiva, directa, indirecta, adistanasia, derecho a morir con dignidad.
Al término de este breve y sintético recorrido en la historia del vocablo que nos atañe, nos encontramos ante un panorama nada fácil, complejo y una diversificación conceptual que se corresponde con la misma realidad. Muchos de los problemas se deben a esta ambigüedad y la poca clarificación a la hora de debatir y buscar consensos o simplemente reflexionar. Así tenemos la respuesta a la cuestión planteada al comienzo de esta sección: No entendemos lo mismo, ni nos referimos a la misma realidad cuando decimos “eutanasia”.
Reconstruyendo la expresión y el concepto M. Vidal propone la reconstrucción de la expresión y el concepto buscando una mayor precisión conceptual y una mayor riqueza de expresiones. Así llega a distinguir tres situaciones éticas distintas:
Eutanasia : abarcan todas las situaciones en las que no se respeta el valor de la vida humana, y por lo tanto se impone la muerte a uno mismo a otro en la fase final de la vida. Suele denominarse también “eutanasia activa” Distanasia : incluyen situaciones en las que se prolonga inhumanamente la vida y no se propicia así la posibilidad de tener una muerte digna. La situación contraria es la “adistanasia”, que coincide con el derecho a morir dignamente e identificándose con ciertos significados que se dan al término de “eutanasia pasiva”. Pero se opta por suplirlo por el término primero. Ortotanasia : se refiere a la situación ideal en la que se respeta y se realiza los dos valores indicados: respeto a la vida humana y el derecho a morir dignamente.
(^13) T. MORO, Utopía, Alianza, 161-162 citado en Ibídem, 54
acto de suicidio, por otra parte considera como una tortura inútil el hecho de imponer la “reanimación vegetativa en la fase última de una enfermedad incurable”^18
c. Entre las variadas intervenciones de Juan Pablo II basta recordar el discurso a las comadronas (obstetras?) católicas, así como el dirigido a los obispos de Canadá durante su visita ad limina (19.11.1993) del cual citamos lo siguiente: “una actitud responsable con respecto a la vida excluye absolutamente que una persona pueda tener a intención explícita de provocar su propia muerte o la muerte de otra persona inocente, sea por acción u omisión. (…) es necesario recordar a los que solicitan la legalización del llamado derecho a una muerte digna, que ninguna autoridad puede recomendar o permitir legítimamente esa ofensa a la dignidad de la persona humana”.
3. Declaración de la Congregación para la doctrina de la Fe. Durante el mismo pontificado de Juan Pablo II existen dos documentos importantes; una declaración explícita sobre la eutanasia y una encíclica sobre la vida humana. La declaración Iura et bona del 5.5.1980 comienza vinculando la eutanasia con la defensa de los derechos y valores de la persona humana. La primera parte considera la vida humana como fundamento de todos los bienes y fuente y condición de toda actividad humana. En la segunda parte define la eutanasia como “la intervención de la medicina encaminada a atenuar los dolores de la enfermedad y de la agonía, a veces incluso con el riesgo de suprimir prematuramente la vida”, luego ofrece el principio fundamental: “Nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano, enfermo incurable o agonizante. Nadie, además, puede pedir este gesto homicida para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad, ni puede consentirlo explícita o implícitamente. Ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitirlo. Se trata, en efecto, de una violación de la ley divina, de una ofensa a la dignidad de la persona humana, de un crimen contra la vida, de un atentado contra la humanidad ”^19
En la cuarta parte acerca del uso proporcionado de los medios terapéuticos, presenta algo novedoso, siempre en palabras de nuestro autor, que responde al temor generalizado de un abuso de los medios de reanimación sobre el enfermo incurable.
“ Hasta ahora los moralistas respondían que no se está obligado nunca al uso de los medios . Hoy en cambio, (…) algunos prefieren hablar de medios . En cada caso, se podrán valorar bien los medios poniendo en comparación el tipo de terapia, el grado de dificultad y el riesgo que comporta, los gastos necesarios y las posibilidades de aplicación con el resultado que se puede esperar de todo ello, teniendo en cuenta las condiciones del enfermo y sus fuerzas físicas y morales ”^20
Luego enuncia algunas conclusiones a modo de ejemplo:
— Es también lícito interrumpir la aplicación de tales medios, cuando los resultados defraudan las esperanzas puestas en ellos. Pero, al tomar una tal decisión, deberá tenerse en cuenta el justo deseo del enfermo y de sus familiares, así como el parecer de médicos verdaderamente competentes; éstos podrán sin duda juzgar mejor que otra persona si el empleo de instrumentos y personal es desproporcionado a los resultados previsibles, y si las técnicas empleadas imponen al paciente sufrimientos y molestias mayores que los beneficios que se pueden obtener de los mismos.
Es siempre lícito contentarse con los medios normales que la medicina puede ofrecer. No se puede, por lo tanto, imponer a nadie la obligación de recurrir a un tipo de cura que, aunque ya esté en uso, todavía no está libre de peligro o es demasiado costosa. Su rechazo no equivale al suicidio: significa más bien o simple
(^18) Carta escrita en su nombre por el Card. Villot al secretario general de la Federación internacional de las asociaciones médicas católicas en DC 1738 (1978) (^19) Congregación para la doctrina de la fe, Iura et bona sobre la eutanasia , disponible en:
(^20) Ibid.
aceptación de la condición humana, o deseo de evitar la puesta en práctica de un dispositivo médico desproporcionado a los resultados que se podrían esperar, o bien una voluntad de no imponer gastos excesivamente pesados a la familia o la colectividad.
— Ante la inminencia de una muerte inevitable, a pesar de los medios empleados, es lícito en conciencia tomar la decisión de renunciar a unos tratamientos que procurarían únicamente una prolongación precaria y penosa de la existencia, sin interrumpir sin embargo las curas normales debidas al enfermo en casos similares. Por esto, el médico no tiene motivo de angustia, como si no hubiera prestado asistencia a una persona en peligro.
4. Encíclica Evangelium Vitae Este documento sigue y resume los anteriores, analiza las causas de la eutanasia (EV 64) y se repite la definición de Iura et bona y se la distingue de la decisión de renunciar al mal llamado “enseñamiento terapéutico” y aconseja el recurso a los cuidados paliativos (EV 65). No obstante llama la atención que al final, en un lenguaje solemne desacostumbrada dice “ confirmo que la eutanasia es una grave violación de la ley de Dios”
Al terminar este recorrido, obviando lo del magisterio del episcopado español que ofrece el autor, puede llegar a invadirnos un cierto sentimiento ambiguo; por una parte, se percibe una gran unanimidad y por otra parte, cabe preguntarnos si es posible continuar avanzando. De todos modos, esto hace evidente que el problema de la eutanasia es hoy más urgente que nunca, implica a muchas personas, debe ser cuidadosamente delimitado y replantea la cuestión de las relaciones entre la moral, la legislación y el derecho.
Según J. R. Flecha la moral tiene que preguntarse cómo actuar, aquí y ahora, para que el acto humano del morir sea realmente un “acto”, una real actuación y no un simple padecimiento; para que sea realmente humano y no angelical ni vegetativo, para que sea realmente una muerte, no un suicidio ni un asesinato. Una muerte humana, y humanizadora para el moribundo, para su familia y para la sociedad.
Nuestro autor hace una crítica de la metodología tradicional para pensar la eutanasia y propone criterios o rasgos para una nueva forma de abordar la cuestión. Presenta como una posible opción las ideas R. McCormick que incluyen la realidad del conflicto de valores, la calidad de vida, sobre la cantidad, etc.
Analizamos a continuación las distintas situaciones con la dialéctica del conflicto de valores, seguimos la presentación del autor.
Conflicto de valores y situaciones eutanásicas La eutanasia activa, por la que eventualmente se decidiera el enfermo en casos límite o la que él mismo pudiera pedir a los demás, ha de considerarse como una capitulación frente a la tarea auténticamente ética de la aceptación y realización del valor de su vida y aun de su muerte. Quienes plantean la legitimidad de tal opción fundándose solamente en el principio de autonomía del paciente, demuestran una carencia ética lamentable. Porque en realidad, imponer una particular teoría del bien, ya fuera basado en la libertad individual o en la santidad de la vida, no haría más que violar la autonomía de los que no compartieran tal teoría (J. P. Safranek). La decisión por cuenta ajena ha planteado serios problemas éticos, ¿quiénes? ¿En qué casos? ¿Cómo? Un mejor planteamiento antropológico de los principios de la vida y la muerte y una más humana organización asistencial haría que el enfermo deseara con menos frecuencia la muerte (Regan).
Conflicto de valores y situaciones anti-distanásicas (adistanasia) Ofrecen gran variedad de planteamiento, no obstante, se lo puede ubicar dentro de un afán desmesurado de prolongar la vida humana, reducida a veces a niveles puramente vegetativos. El conflicto de valores entre el valor de la vida humana y el derecho a morir dignamente admite algunas conclusiones. Creemos que entra dentro del derecho a morir humanamente, no
tanto de algo recibido gratuitamente nos invita a agudizar la mirada y discernir en todas las situaciones y evitar, en lo posible, los dos polos; ni la eutanasia ni la distanasia.
Queremos terminar con una reflexión de J. R. Flecha: Para el cristiano, morir es aceptar la vida como camino, nunca completo y siempre perfectible, nunca abandonado en desesperación pero nunca dejado con desprecio. (…)es haber recibido la vida como un don que se recibe en gratuidad y se restituye con gratuidad en la soberana libertad de la pobreza. (…)es haber realizado la vida como una tarea, en la alegría de haber colaborado en la creación del mundo y en la felicidad del descanso merecido. (…)es haber construido la vida como un encuentro personal de comunión y hacer de la partida el último gesto de comunicación. (…)es encontrarse con Alguien^23
(U.S. Guidelines) Defining death: medical, legal, and ethical issues in the determination of death. President´s Commission for the study of ethical problems in Medicine and Biomedical and Behavioral Research, US Government Printing Office, 1981^24.
1. Cese de todas las funciones cerebrales valorables clínicamente. Coma profundo Ausencia de los siguientes reflejos cerebrales: Reacción pupilar a la luz Reflejos oculocefálicos Reflejos oculovestibulares Reflejo corneal Reflejos orofaringeos Reflejos respiratorios: test de apnea Test de confirmación en caso de duda 2. Cese irreversible de todas las funciones cerebrales Se conoce la causa del coma y es suficiente para que se pierdan las funciones cerebrales Exclusión de posibilidades de recuperación de las funciones cerebrales, descartar: Intoxicación metabólica o por drogas Hipotermia Shock El cese de las funciones persiste tras un adecuado período de observación El período de observación depende del juicio clínico Cuando el EEG es plano: observación clínica durante 6 horas Cuando no se cuenta con EEG: observación clínica durante 12 horas En la anoxia cerebral: observación clínica durante 12 horas (menos si se hace alguna otra prueba) Pruebas de confirmación: EEG Diagnóstico del cese del flujo cerebral Angiografía Gammagrafía Doppler
(^23) J.R. FLECHA, El derecho a morir dignamente en Colligite 22 (1976) 136 citado en J.R. FLECHA,op.cit., (^24) http://www.uninet.edu/criterios/F501.html
Diagnóstico de Muerte Encefálica
Existe actualmente cerca de 30 criterios para definir el diagnóstico de muerte encefálica. Todos estos, sin embargo, se basan en la pérdida de las funciones corticales y de tallo cerebral, así como en la pérdida de respuestas estructuradas e integradas por arriba del agujero magno. La base anatómica para definir la muerte encefálica es la ausencia de funciones por arriba del agujero magno11,12. Sin embargo, una lesión intracraneal que se traduzca en muerte encefálica (ME), puede dejar zonas intactas o funcionando anormalmente, de tal manera que ciertas respuestas puedan ser integradas. Se ha demostrado que actividad del EEG a 2.5 μV (cerca del umbral ruido/actividad del EEG), pueden ser falsas positivas de vida cerebral, cuando esta se define desde el punto de vista de sapiencia, conciencia, lucidez etc.13-15. Además de que esta actividad puede relacionarse con estructuras cerebrales aún funcionado pero en un estado tal que su recuperación no es probable. Por otro lado, la ausencia de funciones por arriba del agujero magno, con la presencia de una médula espinal teóricamente intacta, representa una preparación humana cuadripléjica muy parecida a una preparación animal espinal. Aunque para el diagnóstico de muerte encefálica no es estrictamente necesario la demostración de un EEG isoeléctrico, y puede realizarse sobre bases clínicas, desde el punto de vista legal este diagnóstico debe de sustentarse por la presencia de un EEG isoeléctrico repetido en un plazo de 6 horas y sin respuesta a estímulos externos. En hospitales donde no sea posible realizar un EEG, el diagnóstico de muerte encefálica debe hacerlo un profesional con experiencia (neurólogo, neurocirujano, anestesiólogo, intensivista), ajeno al equipo médico a cargo del paciente y ajeno al equipo médico encargado de la extracción.
Cuando se cumplen satisfactoriamente todos los requisitos necesarios para realizar la extracción de un donador cadavérico, el equipo quirúrgico y especialmente el Anestesiólogo, deberá corroborar que los criterios se cumplen en el 100%, que no hay discrepancias entre los familiares y que se ha firmado el certificado de defunción. Durante la fase de identificación del donador y establecimiento de la ME, el candidato a donador deberá recibir en la Unidad de Cuidados Intensivos el tratamiento específico, sin reparar en costos, destinado a evitar el deterioro somático, como si el sujeto estuviera vivo y en estado crítico potencialmente recuperable.
Con respecto a la prueba de la apnea, esta deberá realizarse siempre en presencia de oxigenación apneúsica. Una prueba de apnea sin oxigenación pasiva no es recomendable, porque además de sus efectos potencialmente peligrosos para un cerebro en mal estado pero potencialmente recuperable, la hipoxemia resultante podría ocasionar movimientos complejos de las extremidades y del tronco, probablemente como consecuencia de isquemia medular, que podrían confundirse con movimientos de origen cerebrales.
(^25) http://www.fma.org.mx/Educaci%C3%B3n/PAC/Muerteencefalica/Donaci%C3%B3ndeorganos/tabid/142/Default.aspx