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Asignatura: Teoria de la literatura, Profesor: manuel asensi, Carrera: Estudis Hispànics, Universidad: UV
Tipo: Apuntes
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Aristóteles es el verdadero iniciador de los estudios literarios. Su obra ‘Sobre la Poética’ es el inexcusable punto de partida de la historia de la teoría de la literatura. Esta es un conjunto de apuntes sistemático que posee la virtud de combinar una reflexión esencial sobre el hecho poético y unas pautas para escribir de la forma más adecuada con el fin de conseguir el éxito como escritor.
Aristóteles sitúa la poética en un marco distinto del de Platón, ello se debe a que su explicación de la realidad primera es también distinta de la de Platón. Aristóteles comienza reduciendo la teoría de las ideas a aporías (contradicciones lógica no superadas), acusando curiosa e ingenuamente a Platón de emplear palabras vacías y metáforas poéticas.
Aporía del tercer infinito: Si, como argumenta Platón, las entidades son tales en la medida en que son copias de las ideas, entonces las ideas tienen que ser ellas mismas realmente entidades, lo cual quiere decir inevitablemente que la entidad-idea para poder ser lo que es tendrá que ser copia de una tercer entidad-idea, y así sucesivamente en un proceso de copia infinito. Esto implicaría que una misma cosa es copia y modelo a la vez, que no existe, en definitiva, una identidad primera a partir de la cual derivan todas las entidades existentes en el mundo visible.
Aporía del movimiento: decir que las entidades del mundo visible participan de las ideas del mundo invisible no es más que una metáfora irreal. Pues cuando se dice que las entidades “provienen de” las ideas, ese “provenir” no tiene ningún sentido físico y real, se trata de una expresión vacía de sentido. El que una cosa derive de otra debe ser explicado en términos de un cambio físico y real, no a partir de una metáfora sin un sentido empírico. Lo que Aristóteles está tratando de decir es que lo que una identidad es no puede encontrarse fuera de ella misma.
Esta última afirmación nos proporciona la clave del planteamiento metafísico de Aristóteles en oposición a Platón. La metafísica ha de postular como objeto de estudio únicamente un mundo visible en el que se dan de forma conjunta la esencia de la entidad y la entidad misma. Por tanto, los modelos originales no se sitúan en un mundo invisible y anterior a la experiencia, sino en el mundo visible que depende de la experiencia.
La ciencia metafísica no estudia el ser como algo particular, sino como algo universal. Lo que esa ciencia explica es el cambio o acción en la medida en que forma parte del ser, de ahí la necesidad de una arqueología. La comprensión de la realidad depende de la capacidad de proporcionar una teoría causal, al tiempo que exige una determinación de la verdad. En todo cambio se observa que algo permanece (sustancia) y que algo se transforma (accidentes). El cambio de un estado a otro se realiza en virtud de cuatro causas:
una causa material: toda entidad cambia en una dirección porque su materialidad lo propicia. Toda materia guarda en “potencia” determinadas posibilidades de cambio que se verificarán o no.
una causa formal: hay leyes que indican que si un material es sometido a determinadas condiciones, sufre unos cambios concretos.
una causa agente: hay un punto exterior a la entidad que inicia físicamente el cambio.
una causa final: el cambio de una entidad se lleva a cabo con determinados fines.
Lo que sucede y lo que puede suceder en la realidad es explicado necesariamente por esas causas, las cuales se constituyen, por esa misma razón, en una explicación del universo. Aristóteles no se preocupa en su metafísica por cosas como el mundo invisible, sino al contrario, se preocupa por el mundo visible y perceptible mediante los sentidos, pues es ahí, y en las esencias, donde se encuentra la verdad.
1. Los principios generales de la Poética.
La Poética posee dos tipos de observaciones: unas de índole general a través de las que se define la poesía como mímesis y se diferencia de otras artes miméticas, y otras de índole particular mediante las que se estudia, fundamentalmente, el género épico y, en especial, el trágico.
El concepto fundamental a partir del que Aristóteles define y se da cuenta de la poesía es, sin duda, el de mímesis. Esta posee en Aristóteles un sentido especial y concreto. En principio, considera imitaciones tanto la epopeya, la comedia… como la aulética o la citarística. De esta manera, la mímesis parece ser el denominador común de todas las artes poéticas, las cuales se diferencian entre sí bien por el medio, bien por el objeto, bien por el modo.
valoración ontológica de la mímesis se ve reforzada por la observación aristotélica de que la tendencia a imitar es connatural al hombre desde la niñez.
En el capítulo IX de la Poética, se establece una diferencia entre la historia y la poesía. La historia narra las cosas tal como son (mejor dicho: tal como han sucedido), mientras que la poesía las dice según podrían ser o suceder de acuerdo con la verosimilitud.
En varias de sus obras, Aristóteles identifica lo verosímil con lo probable. Lo probable es lo que podría haber sido de otra manera a como ha sido en realidad. Dice además, que lo verosímil se relaciona con aquello respecto a lo que es verosímil como lo universal respecto a lo particular. De este modo, se puede decir que lo verosímil es universal mientras que la realidad sensible es particular. Una cosa probable, y por ello verosímil, es una cosa que se ajusta a las leyes de la causalidad que gobiernan el funcionamiento de la realidad. Por tanto, que una obra poética imite la realidad de acuerdo con la verosimilitud significa que los hechos y los acontecimientos que se narran o se dramatizan se ajustan a las leyes de la causalidad que rigen el funcionamiento de la realidad.
Escojamos, a modo de ejemplo, la obra trágica en la que el mismo Aristóteles se basa para ir desarrollando en la Poética sus ideas sobre la tragedia: Edipo Rey. Porque: primero, en la naturaleza humana se encuentra inscrita la posibilidad de incurrir en esos raves errores (causa material). Segundo, hay una ley, no necesariamente escrita, según la cual el parricidio y el incesto deben ser castigados con dureza; y otra lye, que pertenece a la cosmovisión griega, según la que un oráculo de los dioses es ineludible (causa formal). Tercero, el oráculo de acuerdo con el que el hijo del rey Layo, es decir Edipo, mataría a su padre y se casaría con su madre, así como el acto físico e involuntario de Edipo matando efectivamente a Layo, son los hechos que han abierto la posibilidad de que Edipo se vaya a precipitar en la desgracia (causa agente). Y cuarto, ese cambio de Edipo desde la dicha a la desdicha se ha hecho con un fin: poner de relieve la supremacía absoluta de los dioses y la de sus oráculos contra los que el hombre nada puede hacer (causa final).
Claro está, lo expuesto no quiere decir que en toda y cada una de las obras poéticas haya que distinguir necesariamente las cuatros causas aristotélicas. Se trata sólo de un ejemplo con un fin ilustrativo. Lo único importante de verdad es que los hechos expuestos en una obra poética nos convenzan y nos persuadan de que están sucediendo de acuerdo con los mecanismos causales a través de los que
habitualmente comprendemos y explicamos la realidad sensible. Entonces parece que lo imposible y lo irracional no tiene cabida en una obra poética pero, sin embargo, si tiene cabida porque como dice Aristóteles “es preferible lo imposible convincente a lo posible increíble”.
De este modo, se da la paradoja de que admitimos como verosímiles cosas inverosímiles. O dicho más exactamente: dentro de la verosimilitud que rige y debe regir el funcionamiento de la realidad tienen cabida hechos inverosímiles. Si la obra poética imita el funcionamiento de la realidad y en ese funcionamiento tiene cabida lo inverosímil, entonces lo inverosímil también tiene cabida en la obra poética.
Por otro lado, hay cosas imposibles que nos parecen más verosímiles que otras que son posibles (ejemplo la desaparición de un avión o la película Jurassic Park). Entonces lo importante en cuanto a lo que una obra poética nos cuenta es que, independientemente de que ello sea más o menos racional, se estructure según una lógica causal, que puede ser o no autónoma respecto a la lógica causal de la realidad sensible.
3. La fábula.
A esa estructuración en la obra poética de los hechos acorde con una lógica causal virtualmente autónoma, Aristóteles la denomina “fábula”. De hecho, declara que la estructuración de los hechos o fábula es el más importante de los elementos que componen la tragedia. Porque la fábula está directamente vinculada a la mímesis, y por ello a la realidad sensible. Ya que ésta es imitación de una acción y de una vida.
Lo que la fábula quiere decir es que la obra poética debe ser un todo (algo entero) en el que los elementos que lo componen estén unidos por la necesidad que une las partes entre sí, de modo que la obra poética es como un organismo viviente en el que cada parte está referida al todo y en el que no hay nada superfluo que pueda ser separado de ese todo sin causar un daño irreparable a la obra.
Es una regla, pues, el que la estructuración de los hechos organice los acontecimientos según el modelo Principio-Medio-Final. Un principio es lo que no lleva nada antes que él y que, sin embargo, es seguido por otra cosa. Un medio es lo que lleva algo antes de él y es, además, seguido por otra cosa. Por último, un fin es lo que va precedido por algo pero a lo que nada le sigue. En Edipo rey tenemos:
responsable de los actos que le conducen al sufrimiento. Por otra parte, el personaje de Edipo resulta “simpático” porque lo contemplamos en un estado de caído. En definitiva, puesto que se trata de dos sentimientos morbosos a los ojos de la cosmovisión griega, el revivirlos durante el espectáculo trágico hace que el espectador se libere de ellos. La conclusión es que, al contrario de lo que creía Platón, la tragedia posee una función social positiva pues libera a los ciudadanos de afecciones psicológicas enfermizas.
5. La metáfora.
Es otro de los conceptos claves de la teoría aristotélica sobre la poesía. Al igual que ocurre con los de “fábula” o “catarsis”, también el de metáfora es introducido a propósito del género dramático de la tragedia, pero también como aquéllos adquiere un valor general que trasciende ese género concreto. En el género trágico los personajes se expresan de un modo determinado. A veces, las palabras están empleadas en su sentido habitual; otras veces, las palabras están utilizadas con un significado que no es el habitual. Hay metáfora cuando una palabra ha cambiado su significado habitual o propio por otro no habitual o impropio, de modo que se puede decir que la metáfora es la traslación de un nombre.
En el planteamiento aristotélico no es posible cambiar el significado propio de una palabra por otro cualquiera, porque en ese caso todas las palabras podrían significar todas las cosas y ello sería, según Aristóteles, una monstruosidad. Por ello, hay unos mecanismos determinados a partir de los que es posible el proceso de traslación característico de la metáfora. En la “Poética” se describen cuatro tipos de relaciones posibles entre los significados:
hecho de que ambos significados guarden entre sí una relación de contigüidad, concretamente de continente por contenido. Posteriormente se le ha denominado metonimia.
La importancia de la metáfora en la “Poética” se debe a que, dentro del esquema de la elocución o lexis, se revela como el instrumento poético-lingüístico por excelencia y, por tanto, como uno de los elementos más propios y característicos de lo bello en el lenguaje. Aristóteles subraya que hay que utilizar las metáforas con cuidado y mesura y, además, que deben subordinarse a un principio ineludible de la locución: la expresión poética en general ha de ser clara y comprensible.
6. Los principios particulares de la Poética.
Los principales particulares de la “Poética” están formados por las descripciones formales y técnicas que Aristóteles hace del género dramático trágico y del género épico.
La tragedia es definida del siguiente modo: imitación de una acción esforzada y completa, de cierta amplitud, en lenguaje sazonado, con partes formales distintas, mediante el modo dramático y que a través de la provocación del temor y la piedad lleva a cabo la catarsis de tales afectos.
Aristóteles afirma que la tragedia está compuesta por seis elementos cualitativos:
Características de los personajes:
Lo que define el carácter o personaje es la clase de decisiones que éste toma ante una situación determinada, pues son dichas decisiones las que declaran las características psicológicas y éticas de alguien. Aristóteles dice que los personajes deben aspirar a cuatros cosas, siempre en función de la verosimilitud:
La epopeya es, como la tragedia, una imitación en verso de una acción completa, esforzada y buena, pero se diferencia de ella en que
su modo formal no es la dramatización sino la narración, en que su extensión no se circunscribe a los límites de uno o varios días, sino que son prácticamente ilimitados, en que el verso que emplea es regular, y en que puede mostrar más partes de la acción. También en la epopeya la fábula es fundamental y, por tanto, la distinción entre fábula simple y compleja.
Sin embargo, Aristóteles declara en el capítulo XVI que la tragedia es superior a la epopeya, porque agrada más la concentración de la acción en un corto espacio de tiempo, dado que el espectador aprecia mejor el proceso mimético, y porque posee todas las partes de la epopeya y otras que, como la música y el espectáculo, deleitan al público por sí mismas.