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arte babilonios, Apuntes de Historia

Asignatura: historia antigua, Profesor: fernandez ubiña, Carrera: Historia del Arte, Universidad: UGR

Tipo: Apuntes

2016/2017

Subido el 24/01/2017

eligutierrez
eligutierrez 🇪🇸

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EL PRÓXIMO ORIENTE ANTIGUO II. BABILONIOS, ASIRIOS E HITITAS
(Materiales para alumnos de Historia del Arte. Curso 2015-2016)
MESOPOTAMIA DURANTE EL MILENIO II
Aunque a lo largo de este milenio Mesopotamia conoció numerosas vicisitudes, migraciones de
pueblos y fragmentaciones políticas, también cabe destacar el poder integrador de los asirios al
norte y de los babilonios al sur. Fuera de Mesopotamia, concretamente en Asia Menor y zonas
adyacentes, se configuró en la segunda mitad del milenio el gran imperio hitita, que mantuvo en
jaque a las potencias de su entorno y a los egipcios. Mucha menos relevancia tuvo el reino de
Mitanni, que sobrevivió breve tiempo y gracias a su alianza con Egipto.
Nuevos pueblos nómadas se asentaron en Mesopotamia al inicio del milenio, destacando
los amoritas o amorreos (así llamados por venir del país de Amurru, "Occidente", por lo que
también se les denomina semitas occidentales). Estaban formados por tribus diferentes (como los
cananeos), que acabarían fundiéndose con los semitas de la zona y pergeñarían la cultura babilonia
y asiria. A pesar de esta “semitización” étnica y cultual, la lengua sumeria se mantuvo en el
ámbito cultual o litúrgico, y la cultura sumeria (incluyendo sus mitos y creencias religiosas) fue
siempre tenida en muy alta consideración. Tanto es así que a veces no es fácil saber si un texto
sumerio procede de esta época asirio-babilónica o de la cultura sumeria del milenio anterior.
Por cierto, un mito sumerio deja patente el retraso cultural de estos recién llegados
semitas: "Los amorreos, que desentierran trufas al pie de las montañas, que no doblan la rodilla,
que comen carne cruda, que en vida no tienen casa y tras su muerte no tienen sepultura" (en
Moscati, 1963, 71).
Veamos, de manea esquemática, los aspectos políticos y culturales más importantes de estos
reinos.
I. BABILONIA (Baja Mesopotamia)
La llamada Época Paleobabilónica (c. 2000-1595), que abarca desde el final de la III dinastía de
Ur (Renacimiento sumerio) en 2003
aproximadamente hasta la subida al poder de los
casitas (h.1595), se caracteriza por la
inestabilidad política, el estado permanente de
guerras y la fugacidad de las hegemonías locales,
como las de Isin, Larsa, Eshnunna, Mari (uno de
los principales centros amorreos en la zona de
Siria-Palestina, con un rico y famoso archivo
palaciego) y Babilonia. La atomización del poder
recuerda la época del Dinástico primitivo
sumerio.
Lo más interesante fue la promulgación
de códigos legales, como el de Lipit-Ishtar, rey de
Isin (h. 1934-1924), escrito en sumerio, que
habla de «liberación» de ciudades sumerias y
desconoce tanto la ley del talión (en su lugar se
habla de reparación material de daños) como el
matrimonio por compra (conceptos ambos
propios de los semitas). O el de Eshnunna,
promulgado en acadio por las mismas fechas o
acaso un poco antes.
Finalmente, hacia 1900, los reyes de
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EL PRÓXIMO ORIENTE ANTIGUO II. BABILONIOS, ASIRIOS E HITITAS

(Materiales para alumnos de Historia del Arte. Curso 2015-2016)

MESOPOTAMIA DURANTE EL MILENIO II Aunque a lo largo de este milenio Mesopotamia conoció numerosas vicisitudes, migraciones de pueblos y fragmentaciones políticas, también cabe destacar el poder integrador de los asirios al norte y de los babilonios al sur. Fuera de Mesopotamia, concretamente en Asia Menor y zonas adyacentes, se configuró en la segunda mitad del milenio el gran imperio hitita, que mantuvo en jaque a las potencias de su entorno y a los egipcios. Mucha menos relevancia tuvo el reino de Mitanni, que sobrevivió breve tiempo y gracias a su alianza con Egipto. Nuevos pueblos nómadas se asentaron en Mesopotamia al inicio del milenio, destacando los amoritas o amorreos (así llamados por venir del país de Amurru, "Occidente", por lo que también se les denomina semitas occidentales). Estaban formados por tribus diferentes (como los cananeos), que acabarían fundiéndose con los semitas de la zona y pergeñarían la cultura babilonia y asiria. A pesar de esta “semitización” étnica y cultual, la lengua sumeria se mantuvo en el ámbito cultual o litúrgico, y la cultura sumeria (incluyendo sus mitos y creencias religiosas) fue siempre tenida en muy alta consideración. Tanto es así que a veces no es fácil saber si un texto sumerio procede de esta época asirio-babilónica o de la cultura sumeria del milenio anterior. Por cierto, un mito sumerio deja patente el retraso cultural de estos recién llegados semitas: "Los amorreos, que desentierran trufas al pie de las montañas, que no doblan la rodilla, que comen carne cruda, que en vida no tienen casa y tras su muerte no tienen sepultura" (en Moscati, 1963, 71).

Veamos, de manea esquemática, los aspectos políticos y culturales más importantes de estos reinos.

I. BABILONIA (Baja Mesopotamia)

La llamada Época Paleobabilónica (c. 2000-1595), que abarca desde el final de la III dinastía de Ur (Renacimiento sumerio) en 2003 aproximadamente hasta la subida al poder de los casitas (h.1595), se caracteriza por la inestabilidad política, el estado permanente de guerras y la fugacidad de las hegemonías locales, como las de Isin, Larsa, Eshnunna, Mari (uno de los principales centros amorreos en la zona de Siria-Palestina, con un rico y famoso archivo palaciego) y Babilonia. La atomización del poder recuerda la época del Dinástico primitivo sumerio. Lo más interesante fue la promulgación de códigos legales, como el de Lipit-Ishtar, rey de Isin (h. 1934-1924), escrito en sumerio, que habla de «liberación» de ciudades sumerias y desconoce tanto la ley del talión (en su lugar se habla de reparación material de daños) como el matrimonio por compra (conceptos ambos propios de los semitas). O el de Eshnunna, promulgado en acadio por las mismas fechas o acaso un poco antes. Finalmente, hacia 1900, los reyes de

Babilonia lograron aglutinar a las demás ciudades del sur de Mesopotamia. Su máximo esplendor militar se alcanzó bajo Hammurabi (c. 1792-1750), que convirtió esta ciudad en símbolo del pueblo semita y estableció su hegemonía -valiéndose, sobre todo, de pactos y alianzas- sobre muchas ciudades y territorios del entorno, incluyendo probablemente las asirias Asur y Nínive. No obstante, la fama de este rey se debe principalmente a su código, el más extenso y coherente de los conocidos en esta época. Nos ha llegado en una estela original (no en tablillas de barro, como los anteriores) y consta de un prólogo y un epílogo (en ellos legitima su poder por concesión de varias divinidades y expone sus intenciones), y de 282 artículos, que unas veces son meros juicios apodícticos y otras prolijas leyes casuísticas. Aunque carece de ordenación sistemática, trata aspectos muy variados (homicidio, robo, vida familiar...), como puede verse en Pritchard, págs. 163-195. Resulta llamativa la dureza de los castigos, la frecuencia de la pena de muerte y la ley del talión. Es una fuente de extraordinario valor para conocer la vida social, administrativa, económica y familiar de la época. El Imperio de Hammurabi se desplomó con sus sucesores y se extinguió hacia 1595. Su espacio político fue ocupado, hasta 1150 aproximadamente, por un nuevo pueblo, los casitas , procedentes de Oriente, cuya presencia pacífica en la zona se documenta con anterioridad. En estos siglos centrales del milenio II, antes de que Asiria se consolidara como la potencia hegemónica, también alcanzaron su máximo poder los hurrita s (principales artífices del reino de Mitanni) en la Alta Mesopotamia (sobre todo en los años 1550-1360), pero su legado cultural, al parecer poco relevante, apenas es conocido. Durante cerca de tres siglos (entre 1500 y 1200 aproximadamente), estos y otros pueblos lucharán por la hegemonía en toda Mesopotamia. Moscati 1963, 173 ss.) llamó a estas poblaciones "catalizadores de la historia" (por servir de encuentro y síntesis de fuerzas opuestas) y vio cierta similitud entre la situación de Oriente en estos siglos y la Europa medieval, tanto por su organización social (con una casta dirigente militar de la que surge un rey primus inter pares ) como por la situación de conjunto (diversidad de centros en equilibrio relativo, lo que exigió una intensa actividad diplomática y el desarrollo de un derecho internacional).

Centrando la atención en el sur de Mesopotamia, esto es, en Babilonia y su área de influencia, lo más destacable no es tanto la larga dominación (casi cuatro siglos) de los recién llegados casitas como su asimilación de la lengua y cultura babilónica, con la que pronto se identificaron completamente. De hecho se asiste a una época de esplendor de la escritura cuneiforme en la que se copian y traducen múltiples textos, al igual que acaeció con la cultura romana en la Edad Media, sobre todo relatos mitológicos babilonios y sumerios. Los casitas crearon además un discurso literario propio, en el que destaca una nueva visión de la relación hombre-dios, plasmada principalmente en la figura problemática del justo y piadoso que sufre el rigor divino, lo que lleva a cierto tipo de escepticismo (textos en Hª Siglo XXI, 3, 52). Así pues, de algún modo los poco civilizados casitas fueron pronto conquistados por la vieja cultura de los pueblos que dominaron. En el plano social, entre los casitas destacó una casta guerrera trocada en nobleza (de la que nos informan algunos archivos y los llamados kudurrus o piedras límites, símbolos de propiedad que solían tener imágenes de divinidades y se conservaban en los templos), propietaria de tierras y vinculada al rey por lazos de fidelidad. Eran tropas de élite, combatientes de carros (el arma más eficaz de la época, junto al caballo), que reciben recompensas agrarias y políticas. Otros grandes beneficiados con su dominación fueron los templos, y entre los más perjudicados los antiguos terratenientes, que nunca renunciaron a recuperar sus propiedades según informan algunos kudurrus. Fue una especie de «sociedad dual», en la que, junto a las «gentes del carro», se documenta una clase de campesinos y artesanos sometida a impuestos y prestaciones personales (de ahí la importancia de la exención de cargas). En el ámbito político, su reino tuvo escaso protagonismo, debido a que en estas fechas (sobre todo en siglos XV y XIV) los asirios, hititas y egipcios vivían momentos de expansión. Por

Babilonia asumió el carácter de ciudad santa y eterna, residencia del dios universal Marduk. Cabe pensar que el Enuma Elis , donde la figura de Marduk sobresale entre todas los dioses, recibió ahora su versión definitiva. Pero ya en su época se atestiguan dos hechos que darían fin a la independencia de Babilonia: la revitalización de Asiria (Tiglatpileser I: 1117-1077) y la amenaza de unos pueblos nómadas, los arameos, que asolarían Asiria y Babilonia a mediados del siglo XI. Asiria no tardaría mucho en recuperarse, llegando incluso a dominar la Baja Mesopotamia durante largos años, pero Babilonia no resurgiría hasta finales del siglo VII, y de nuevo lo haría bajo la égida de un nuevo pueblo, los caldeos , a los que se debe su último momento de gloria militar, política, religiosa y cultural (625-539 a.C.). En efecto, a partir del siglo IX, en una Babilonia dominada entonces por los asirios, se documenta el creciente poder de los caldeos o kaldu (pueblo emparentados con los arameos), convertidos en paladines de la causa nacional y opositores de la doble monarquía de los asirios (así llamada porque los dominadores asirios se proclamaban reyes de Asiria y de Babilonia). Sus insurrecciones, si bien no lograron asentar la independencia en los siglos VIII y VII, mantuvieron en jaque constante al poder asirio y contribuyeron decisivamente a su debilitamiento. El rey más importante de estos siglos fue NABOPOLASAR (626-605), que se consagró por entero a la lucha contra los asirios. Él y su aliado medo Ciaxares tomaron Nínive en el año 612, y se repartieron el imperio asirio, a la sazón apoyado por Egipto. NABUCODONOSOR (605-562), hijo de Nabopolasar, fue el rey caldeo más prestigioso. Se impuso, tras algunos fracasos, en Siria-Palestina (zona bajo control egipcio), destacando muy especialmente la conquista de Jerusalén en el año 597, cuando el niño Joaquín era rey de Judá y el profeta Jeremías aconsejaba la rendición. Joaquín fue deportado a Babilonia con otros muchos notables (entre ellos el profeta Ezequiel), donde recibieron un trato cordial. Su sucesor en Judá, Sedecías, volvió a rebelarse contra los caldeos, lo que provocó una segunda incursión de Nabucodonosor en el año 587. Esta vez Jerusalén fue arrasada, el Templo destruido, el rey deportado y torturado, y numerosos judíos exiliados a Babilonia. Todavía hoy el pueblo judío recuerda este acontecimiento como la “abominación de la desolación”, una de las mayores tragedias de su historia. La ciudad de Babilonia, por contra, alcanzaba en estas fechas su máximo esplendor. A diferencia de los asirios, Nabucodonosor, como otros reyes babilonios, no sólo habla de conquistas, sino también de obras pacíficas. De hecho, aunque no fueran unos santos, sabemos que algunas de sus expediciones buscaban confiscar materiales para sus templos (como el Esagila, templo de Marduk, que fue entonces ampliado y embellecido) y no tanto aplastar a sus enemigos.

El más importante de sus sucesores fue NABONIDO (556-539), que no era de sangre real, sino hijo de un gobernador arameo y de una sacerdotisa del dios Sin de Harran. Nabonido logró, no obstante, legitimar su poder, como continuador de Nabucodonosor y de los reyes asirios, cuyo espíritu imperialista decía continuar. La influencia materna se dejó sentir manifiestamente en Nabonido. Marduk le ordenó en una visión reconstruir el templo de Sin en Harran. Esta ciudad estaba entonces en poder de los medos, pero el dios le anunció el fin de su dominación (cosa que ocurrió en 553 gracias a la insurrección del persa Ciro contra Astiages), y Nabonido pudo entonces cumplir el deseo divino. Pero esta advocación religiosa suscitó la indignación del clero de Marduk, que colaboraría desde entonces en su caída. Lejos de afrontar este problema, Nabonido se retiró a Arabia durante 10 años, y dejó los asuntos de Estado al príncipe heredero y al ejército. Entretanto se expandió el imperio de Ciro hasta Anatolia y Lidia, y Babilonia quedó cercada por los persas. Al poco, el año 539, el clero abría sus puertas a las tropas de Ciro, al que precedía una fama de conquistador tolerante y respetuoso con las costumbres, lenguas y religiones de todos los pueblos. Así finalizó la historia nacional de la Babilonia semítica.

El reino caldeo tuvo una administración compleja, sobre todo en su corte. Sacerdotes y jefes locales o provinciales también jugaron un papel relevante. En la organización de los templos estuvo muy interesado el propio Nabonido, quizá debido a sus ingentes propiedades (la mayoría explotadas en régimen de arrendamiento, del que el rey recibía un diezmo). De ahí que el monarca tuviera sus propios inspectores y que un elevado número de personas trabajara en ellos y para ellos. Por eso suele decirse que Babilonia fue tierra de templos y nunca es fácil dilucidar la relación Templos-Palacio. Socialmente, es llamativa la importancia de los oblatos vinculados a los templos. De condición semilibre, eran de hombres y mujeres ofrecidos al templo a perpetuidad, siendo allí alojados y alimentados. Algunos oblatos pertenecían a clases superiores y otros realizaban grandes operaciones comerciales. A Heródoto le resultaba especialmente llamativa, por ignominiosa, la práctica generalizada de la prostitución sagrada (I, 199), y, por ingeniosa, el recurso de las aldeas para concertar matrimonios entre sus jóvenes (I, 196), así como la exposición de enfermos para que aconsejaran a otros (I, 197), costumbre ésta que también atestiguan otros autores (Estrabón, III, 3, 7). Los judíos deportados a Babilonia en el año el 587 sembraron, sin saberlo, la semilla del Judaísmo moderno.

II. ASIRIA (Alta Mesopotamia)

1) El Reino Antiguo Asirio (1950-1750) mantuvo desde el siglo XIX unos contactos económicos tan intensos con Capadocia que ha podido hablarse de «imperialismo económico» sobre la zona, donde habría diversas colonias o enclaves asirios. De este modo, Asiria pudo ser una fuerza civilizadora en esa región. El máximo poder asirio se alcanzó con el rey Shamshi Adad I (h. 1815-1782), que realizó numerosas conquistas de territorios vecinos (hasta Mari y Alepo) con poderosos ejército (hasta 60.000 hombres). Pero sus hijos () y sucesores no pudieron mantener estas conquistas, lo que permitió a la ciudad de Mari recuperar su independencia y conocer años de singular actividad comercial centralizada en su palacio (sus archivos son una fuente fundamental del siglo XVIII en toda Mesopotamia, aunque no hay referencias a Egipto). () En los archivos reales de Mari se ha conservado una carta de este rey lamentando la indolencia de uno de sus hijos: "¿Hasta cuándo tendremos que guiarte? ¡Sigues siendo un niño, no un hombre, no tienes barba en el mentón! Hasta cuándo seguirás sin administrar tu casa? ¿No ves cómo tu hermano dirige grandes ejércitos? gobierna, pues, por ti mismo tu palacio y tu casa" (Moscati, 1963, 72).

2) Asiria volvería a recuperar la hegemonía durante el llamado Reino Medio (1392-912), sobre todo bajo Tiglat-Pileser o Teglatfalasar I (1117-1077), que conquistó Anatolia con los métodos brutales que ya caracterizaban a los asirios (¿sólo a los asirios?): la sangre de sus muertos

  • dice un texto- «cubría las cimas de las montañas y los valles» y las cabezas decapitadas se acumulaban «como montones de grano». También extendió su dominio por el N. y NW (antiguo imperio hitita) y por las regiones antes ocupadas por Mitanni, y llegó a recibir tributos de Biblos y Sidón (cf. texto en Moscati, 1963, 75). Los arameos eran entonces el mayor peligro, pero no logró vencerlos, sino que éstos actuarían como árbitros de la larga pugna entre asirios y babilonios. El poder arameo iba en imparable aumento, sus ejércitos llegaron a las puertas de Nínive y finalmente dominaron Babilonia e impusieron aquí un rey propio. Paralelamente, se acentuaba la decadencia asiria debido a su agotamiento humano y material. El Estado Medio Asirio se caracterizó por su militarismo, preludio del Imperio Nuevo, que hacía de la guerra un recurso económico habitual, lo que explica su temida crueldad y disciplina. El principal propietario era el rey (que tenía poderes absolutos y se consideraba designado por los dioses) y los altos funcionarios reclutados de familias poderosas, a menudo unidas por lazos
  • Construyó la nueva capital, Dur-Sharrukin, actual Khorsabad (a 16 km de Nínive), que inauguró en 706. De hecho, ya antes había mostrado sus preferencias por Nínive en detrimento de la vieja capital, Assur. SENAQUERIB (705-
  • Nacionalismo asirio como reacción a la arameización y mezcla de pueblos.
  • Sublevaciones de Babilonia, duramente reprimidas (en especial la del año 689: hasta las estatuas de dioses fueron destruidas), y en otras zonas fronterizas. Ezequías de Judá se rebeló instigado por Egipto (la «caña rota») y fue derrotado en 701, aunque Jerusalén y Egipto se salvaron milagrosamente, quizá por una epidemia en el ejército asirio.
  • Obras internas en Nínive, la nueva capital, a la que embelleció con gusto exquisito. En 694 inauguró su nuevo palacio.
  • Problema sucesorio entre hijos de diversas esposas, logrando la corona el más joven, que asegura contar con el apoyo de «grandes» y «pequeños» (Texto en Cassin, p. 64).

ASARHADDON (681-669)

  • Paz y e intentos de reconciliación con Babilonia, que no contó con unanimidad entre los asirios. La ciudad fue reconstruida y devueltos algunos dioses (no Marduk). También se reconcilió con otras ciudades antes reprimidas.

  • Mantenimiento de las fronteras, frente a cimerios, árabes, sirios e iranios.

  • Problemas sucesorios similares a los de su padre. Se designó al fin a Asurbanipal, pero sin unanimidad.

  • La unidad era aparente en todos los campos: político, lingüístico (dominio del arameo), religioso (culto extendido a dioses no asirios), étnico (numerosos extranjeros) y militar.

  • Conquista del delta de Egipto el año 671, con la colaboración de algunos jefes locales. Aunque los disturbios fueron permanentes y la ocupación duró menos de 20 años, esta conquista suponía la máxima expansión territorial asiria y la primera dominación de un imperio mesopotámico sobre el milenario Egipto. De este modo, por vez primera todo el Oriente Próximo se hallaba unido en un solo Imperio y se hacía realidad el dominio sobre "las cuatro partes de la tierra" (cf. texto en Moscati, 1963, 77).

ASURBANIPAL (669-c. 630) logró imponerse como sucesor, si bien dejó a su hermano el trono de Babilonia.

  • Intervino en Egipto, acabó con la dinastía etíope (XXV) y consolidó su dominio por algunos años, pero no pudo impedir que Psamético I recobrara la independencia.
  • Luchas en todas las fronteras (medos, cimerios elamitas) y en Babilonia (encabezada por su hermano y con amplios apoyos externos). Asurbanipal logró imponerse en todos estos frentes.
  • Figura contradictoria: infatigable conquistador según las crónicas de su reinado, afeminado y voluptuoso para los griegos. Destaca su gusto por la cultura, como él mismo dejó escrito ( Texto en Cassin, 78-79) y atestiguan las más de 25.000 tablillas de la biblioteca de Nínive, en cuyo

mantenimiento y enriquecimiento él mismo se interesó. Una pasión por los «libros» que estuvo acompañada de otra similar por el arte y los artistas. Relieves como los del monarca cazando leones, la leona herida o los asnos salvajes muestran la exquisitez y altura estética del entorno real.

EL INESPERADO

FIN DEL IMPERIO

ASIRIO

Las causas últimas son discutibles, pero durante siglos se vio como un «escándalo histórico» la caída imprevisible y vertiginosa de tan poderosa maquinaria militar. A manera de hipótesis, se ha señalado la debilidad y divisiones internas, a las que se unieron las incursiones de medos, arameos y caldeos. Lo cierto es que en el año 614 los medos, dirigidos por Ciaxares, saquearon Asur y dos años después, en el 612, aliados con el babilonio Nabopolasar, hicieron otro tanto con Nínive. El Estado asirio, dirigido por el débil ASSUR-UBALLIT II (612-609), se desmoronó en los años siguientes.

LA ESTRUCTURA RELIGIOSA DE BABILONIOS Y ASIRIOS

(según Moscati, 1963, 79 ss) En sus panteones reaparecen tres grandes divinidades sumerias con los mismos nombres (An, Enlil, Enki) y la tríada astral (luna, sol, venus) con nombres diferentes: Sin, Shamash, Ishtar. Esta última sigue siendo patrona de la fecundidad (junto a Tammuz, forma semita de Dumuzi), pero comporta además un carácter guerrero que no tenía en Súmer.

El mayor cambio se da en los dioses nacionales: Marduk en Babilonia, donde era la cima de la jerarquía celestial, y Assur en Asiria. Y también se documentan divinidades, y potencias demoníacas, hasta entonces desconocidas. Respecto a Súmer hay además diferencias cuantitativas, entre otras razones porque los testimonios históricos son más numerosos. Algo original es la atribución a los demonios de los dolores humanos (dolor de cabeza incluido), a menudo como consecuencia de un pecado. Por eso se les expulsa mediante exorcismos cuyas fórmulas conocemos y prácticas mágicas apenas diferenciadas de la medicina (cf. Moscati, 1963, 82). Otras veces se recurre a sustituir al enfermo por un animal para engañar a los demonios. La abundancia de textos mágicos desvela su importancia. Otro tanto cabe decir de la adivinación, a menudo mediante el examen del hígado de animales (se han conservado varios modelos de hígado en arcilla, divididos en sectores con su significado escrito). Pero otras veces cualquier cosa podía servir a estos efectos, por ejemplo si un perro se paraba ante un hombre o a su lado o se echaba en algún sitio o entraba en un templo... (cf. Moscati, 83). La adivinación será decisiva en el desarrollo de la astronomía babilónica, pues la posición de los astros en el momento del nacimiento o sus movimientos se estimaban hechos decisivos en

Ambas culturas se diferencian en sus expresiones artísticas. La asiria es una cultura más reciente, una civilización menos evolucionada, pero que supo asimilar los modelos babilonios, de manera similar, también en este caso, a lo que hizo Roma con Grecia. Los asirios, por otra parte, tienen predilección por temas guerreros y en cierto modo la historia de su arte está por escribir. En arquitectura destacan los palacios, con diversos patios y múltiples cámaras, y algunos con santuarios incorporados. Todos los grandes reyes asirios tuvieron en sus capitales palacios de este tipo. La piedra es el elemento constructivo básico y con frecuencia se emplean columnas. La estatuaria asiria y babilónica es igualmente relevante (estatuas de dioses, reyes y altos funcionarios), si bien lo más representado son animales y temas fantásticos. A menudo se trata de estatuas insertadas en muros (ortostatas), como leones o toros, con frecuencia alados y con cabeza humana. Son figuras de alcance religioso, protectoras. Pero la cima del arte babilónico se alcanzó en el relieve, sobre todo en estelas conmemorativas y relieves murales que ilustran las empresas del soberano (relieves de Asurbanipal cazando): caza, banquetes, sacrificios. También nos han llegado testimonios de pintura, si bien suele estar integrada en el relieve. Destaca, en fin, el dinamismo de las artes menores: joyas, marfil, lapislázuli...

En suma, se asiste a una simbiosis fecunda y milenaria de la cultura acadia y sumeria que dio origen a una de las civilizaciones más ricas y singulares de la humanidad. Su elemento unificador fue la religión, si bien no se llegó a descubrir la autonomía del individuo, ni germinó un pensamiento filosófico, estético o científico independiente.

III. HITITAS Es arbitraria la división de su historia en Reino Antiguo (1650-1500), Medio (1500-1400) e Imperio Nuevo (1400-1200), al que seguiría una llamada época neo-hitita. La escasa documentación existente no avala esta periodización, ni tampoco otras propuestas por diversos especialistas. Sabemos con certeza que la máxima expansión imperial se alcanzó bajo SUPPILULIUMA ( ca .1380-1346). Llegó al poder por aclamación popular y, sirviéndose sobre todo de carros de guerra, conquistó Anatolia, Siria (donde selló acuerdos con importantes ciudades) y Mitanni. La viuda de Tutankhamon le pidió la mano de uno de sus hijos, pero el enviado fue asesinado en el camino. Así se reavivó una larga y costosa guerra con Egipto, en la que la peste hizo estragos durante decenios y quizá por ella muriera el propio Suppiluliuma. Durante su reinado la monarquía se contaminó de ideas egipcias, el título real cambió (se llamó "Mi Sol”) y se produjo cierta divinización del monarca. Pero los anales hititas continuaron exponiendo motivaciones, causas y efectos mundanos para explicar los acontecimientos, si bien en absoluto son comparables a los mejores textos históricos bíblicos, ni mucho menos a la historiografía clásica. Sus sucesores mantuvieron continuas guerras para asegurar las fronteras del Imperio y se enfrentaron en diversas ocasiones a Egipto. El enfrentamiento más célebre (y el más representado en relieves y pinturas egipcias) fue la batalla de Qadesh (h. 1278), donde los ejércitos hititas, dirigidos por Muwatalli II (h. 1295 a. C.-1272 a. C), tendieron una emboscada al faraón Ramsés II y a punto estuvieron de acabar con su vida. Las pérdidas humanas por ambos bandos fueron tan cuantiosas que se vieron obligados a negociar un acuerdo de paz del que nos han llegado diversas versiones. Años después la alianza sería reforzada por el matrimonio de una hija del rey nuevo hitita, Hattusil III, con Ramsés II. Hattusil III (h.1265 a. C.-1237 a. C.), que era un usurpador, nos ha dejado un testimonio singular, su Autobiografía , donde justifica su llegada al trono (Texto en Moscati, 185). Aunque en estos años el peligro mayor parecía ser el Estado asirio, la caída final del Imperio Hitita la provocarían los Pueblos del Mar en torno al año 1200. De la debacle se libraron algunos pequeños estados hititas constituidos en la región del Tauro y la alta Siria, pero entonces

ya estaban muy mezclados cultural y étnicamente con otros pueblos. De ahí que se hable de Estados neo-hititas. PUERTA DEL LEÓN EN HATTUSA El rey hitita, con caracteres teocráticos similares a los de otras culturas orientales, tenía poderes religiosos, militares y judiciales. La reina ocupaba un lugar excepcionalmente destacado y no siempre era la esposa del rey. Para los hititas eran enemigos aquellos con quienes no tenían tratados, bien como aliados o como protegidos o vasallos. La nobleza poseía grandes dominios y solía servir al rey con sus carros de guerra, pero las provincias eran administradas por gobernadores nombrados por el rey, y éstos tenían atribuciones religiosas, económicas, judiciales y fiscales. De hecho la mayoría de carros pertenecía al rey y muchos eran entregados como impuestos, y también los templos y las poblaciones sufragaban los gastos de guerra. Algunas tierras estaban asignadas a los llamados «hombres de la herramienta» u «hombres del arma», quizá artesanos de condición poco elevada que dependían de las autoridades locales. Otras categorías sociales (pastores, portadores de agua...) parecen ser inferiores incluso a los esclavos, pues si una mujer libre se casaba con un esclavo mantenía su condición, pero no así si lo hacía con algún pastor, etc. (entonces perdía temporalmente su libertad). Los trabajos más pesados eran realizados por deportados y esclavos de guerra. Aunque el sistema presente rasgos que recuerdan al feudalismo europeo, mejor es calificarlo, como proponía Paul Garelli (1974, 290), de palaciego, pues el palacio constituía el armazón de todo el sistema de explotación económica y política. La legislación hitita se desarrolló en fases diversas y quedó plasmada sobre todo en dos grandes colecciones halladas en sendas tablillas de Hattusa, con un centenar de disposiciones cada una. Inicialmente contemplaba penas muy severas (descuartizamientos, autocastigos...), que posteriormente se sustituyeron por ofrendas expiatorias y multas. Refleja una sociedad patriarcal donde existía el matrimonio por rapto y por compra.

Sobre la estructura religiosa , Moscati (187 ss.) señala que, como su civilización, no tiene un común denominador, sino que incorpora estratos e influencias diversas. Por eso se ha hablado de un "federalismo espiritual", paralelo al federalismo político de su civilización. Esto explica que lo hititas tuvieran varios dioses de las tormentas y que la tríada mesopotámica (An, Enlil, Ea) gozara de popularidad. Pero no existió un panteón jerarquizado reconocido, si bien se trató de un esfuerzo estatal apenas alcanzado. En este intento la diosa solar Arinna estaría en la cima junto al dios de la tormenta, y su hijo sería Telepinu, dios de la tormenta y del sol. Sabemos de prácticas mágicas para solventar conflictos familiares mediante el sacrificio de un animal (que en realidad actúa como sustituto del hombre), como también hacía asirios y babilonios. Y también hay datos sobre adivinación protagonizada por los sacerdotes del templo y sobre festividades, en algunas de las cuales parece aludirse a sacrificios humanos (al parecer con carácter no oficial). Otro rito propio de los hititas es la cremación de sus reyes, pero las creencias en el más allá parecen muy poco importantes.