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Asignatura: A. Clasico, Profesor: Jorge Tomas, Carrera: Historia del Arte, Universidad: UMU
Tipo: Apuntes
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El objetivo de esta asignatura es que se aprenda a reconocer las normas y los repertorios formales a lo largo de los diferentes periodos del Arte Clásico en la Antigüedad y a relacionarlos con las circunstancias históricas que los favorecieron. Con tal fin se ha insistido en la definición de los términos y en las características fundamentales de las diversas tipologías artísticas abordadas.
Como decíamos, los palacios tienen un orden interno y son fruto de proyectos previos, lo que se refleja en una unidad fija de medida que se repite. Un modelo singular de dependencia es el polythyron , de posible uso ceremonial por sus múltiples puertas y pilares. El arte minoico se constituye así en una de las primeras representaciones culturales occidentales homogéneas (aunque tome elementos ya vistos en el mundo antiguo).
Los primeros palacios se inician entre el 2000 y el 1900 a.C. y son destruidos (por causas desconocidas, quizá por terremotos) hacia el 1700 a.C. Como fueron inmediatamente reconstruidos, es difícil conocer cuáles eran sus características en esta primera etapa, aunque a partir de palacios como el de Malia, poco transformados, podemos aventurarlas. En su construcción se usaban cascotes mezclados con mortero de ladrillo y refuerzos de vigas de madera (para las plantas bajas), reservándose los grandes bloques pétreos para los lugares privilegiados y ladrillos para las plantas superiores. La madera también era usada como columnas e incluso con fines decorativos; también se decoraban con relieves bloques pétreos, pero lo más normal era usar el yeso, sobre los que realizan bellos frescos con funciones rituales.
Entre el 1700 a.C y el 1480/1450 a.C. surge el periodo de mayor esplendor de la cultura minoica, con importantes obras arquitectónicas y artísticas en pintura, escultura y cerámica. Los palacios son ahora más grandes y complejos y aparecen nuevas tipologías: palacios menores (Hagia Triada), villas nobiliarias y sencillas villas costeras (Gurnia).
Una de las pocas piezas muebles decoradas es el sarcófago de Hagia Triada, con escenas ceremoniales. Son abundantes las pequeñas maquetas a modo de exvotos representando casas, pueblos, templos o altares. En general los artesanos minoicos se especializaron en la cerámica , pero también trabajaron hábilmente el metal, el marfil o la piedra. Las abundantes muestras de cerámica demuestran que la pintura tuvo aquí una capacidad aún mayor de expresividad, de libertad de movimientos y de profusión de lo curvo. Bajo el término cerámica de Camares se engloban los recipientes del periodo de los primeros palacios pintados lujosamente en estilo polícromo de claro sobre oscuro. De entre esta cerámica destacan las refinadas copas de cáscara de huevo , llamadas así por su la delgadez de sus paredes. Durante el periodo de los segundos palacios resurge la cerámica con la ya clara producción en serie de las piezas, muy elaboradas y de evidente uso palaciego. Ahora es más visible la influencia de la pintura mural, con el añadido a los motivos geométricos y florales anteriores (más refinados ahora), la fauna marina como pulpos y peces. Y además de que aumenta el tamaño de las piezas (destacando las grandes tinajas), se invierten los colores, siendo ahora los fondos claros y las figuras oscuras. Por lo que respecta a la escultura minoica, su importancia es mucho menor. En esta época continuó la tradición neolítica de realizar pequeñas estatuillas a modo de exvoto y aparecen en el periodo de los segundos palacios las llamadas diosas de las serpientes , figuras femeninas representado a sacerdotisas de la Diosa madre. No faltan las figuras talladas en marfil, de las que muchas representan acróbatas, o las de bronce y piedra. Pero sin duda donde existe un desarrollo parejo al cerámico es en el mundo de las artes menores , con una excelente producción de joyas y sellos (usados administrativamente pero también como adornos o amuletos) en el periodo de los segundos palacios.
Schliemann (1822-1890) elevó la arqueología al rango de aventura épica al descubrir en 1868 las ruinas de Troya, partiendo de las indicaciones de la Ilíada y demostrando que el relato homérico reflejaba algo más que sólo unos mitos y leyendas. El arqueólogo alemán continuó trabajando con los textos homéricos para encontrar en 1874 los restos de la acrópolis de Micenas. Después de estos hallazgos fueron saliendo a la luz numerosos restos de poblaciones atribuibles a este periodo micénico, enriqueciendo el panorama de una época en la que la organización política habría adquirido un nivel superior al palacial minoico y donde el control de las rutas comerciales habría favorecido la creación de pequeños estados a modo de reinos. No existió una ruptura brusca con el mundo minoico y, como este, el mundo micénico se desarrolló en estrecho contacto con el Mediterráneo oriental y Egipto, abriendo a su vez contactos con el norte de Europa, el Mar Negro y el Mediterráneo occidental. Todo esto determinará la existencia de un arte micénico que, partiendo del legado minoico, tendrá rasgos singulares.
En el caso de Micenas, una calle amurallada conduce hasta los propileos, contando su mégaron con un hogar en el centro rodeado por cuatro columnas. En Pilos (el palacio mejor conservado), destaca su mégaron decorado (como lo debieron estar todos) con unos grifos protectores, como en Cnosos, así como la escena de la caza de los jabalíes. En general en la pintura micénica existen similitudes con la minoica, pero ahora hay nuevos motivos, al adaptarse las procesiones de oferentes a los dioses micénicos y al aparecer escenas de caza o de guerra, en un estilo más rígido y estilizado. Estos cambios reflejan los nuevos valores de la aristocracia palaciega micénica, más belicosa, y se abre la puerta a la interpretación épica y heroica de los personajes plasmados. Estilísticamente y como novedad, las escenas se encuadran ahora en marcos verticales y horizontales bien trazados, compuestos de bandas decoradas con motivos geométricos. Además de la pintura, otros elementos decorativos usados son la madera, la piedra y el bronce. En definitiva, a diferencia de la defensiva, la arquitectura palacial micénica no aporta novedades significativas , tan sólo una tipología en planta más ordenada y jerarquizada en torno al mégaron. El resto de construcciones civiles son construidas con menos calidad y entidad, destacando en Micenas sólo la Casa de las Columnas o las Casas Oeste , con un mégaron y decoraciones murales.
La arquitectura funeraria micénica continuó con las inhumaciones en espacios cerrados típicas del mundo minoico, pero ahora las tumbas se incorporan como demostración del poder pues, aunque colectivas, acogen probablemente a grupos familiares poderosos. Schlieman halló en 1876 el llamado círculo A y en 1951 se halló el círculo B de Micenas. Este último acoge 24 enterramientos datados entre el 1650 y el 1550 a.C., repartidos en fosas rectangulares con el suelo recubierto sobre el que se depositaba al difunto con una máscara de metal mortuoria tras un probable proceso ritual. La tumba se sellaba y sobre la misma se colocaba una montaña de tierra con una estela con inscripciones en lo alto. En el círculo A se encontraron seis cuerpos en la misma estructura, contando uno de ellos con la famosa máscara que Schilieman adjudicó a Agamenón, datados entre el 1600 y el 1500 a.C. A partir de esta fecha se desarrolla el otro gran modelo de enterramiento: en cámaras rectangulares o tipo tholos (circulares) , pre cedidas por un largo corredor (dromos). La
más conocida es la llamada el Tesoro de Atreo (siglo XIV a.C.) de Micenas y el Tesoro de Minias , en Orcómeno, decorado con espirales. Aunque ya existen tholoi en el mundo minoico, en el micénico se convierten en uno de los signos distintivos de su arquitectura que supuso de hecho un gran logro técnico que se suma a la monumentalidad y que redunda en la demostración de poder de las élites de la época. El Tesoro de Atreo (pues Schilieman lo creyó identificar con la tumba del padre de Agamenón) es ciertamente un enterramiento real, con una dromos que desemboca en una puerta monumental rematada como la Puerta de los Leones (el relieve fue retirado en el siglo XIX) que da acceso a una cámara de 10,5 metros de altura y 14,5 de diámetro. Este espacio diáfano no fue superado en grandeza hasta la construcción del Panteón de Roma mil años después. En el caso de las tumbas de base rectangular destaca la denominada Cámara pintada de Tebas , con toda su superficie decorada con frescos.
En las artes decorativas es más difícil distinguir el mundo micénico del minoico, donde sólo en el trabajo del metal se introducen nuevas técnicas. En la cerámica toda la producción del periodo del Bronce en el Egeo presenta una gran homogeneidad, hasta el punto de que se afirme que la mayor parte de la producción corrió a cargo de un solo centro o de unos pocos ubicados en Micenas. Como la minoica, la cerámica micénica consagra el uso del torno y comparte también la decoración dispuesta en registros horizontales. Los motivos son mayoritariamente geométricos, con escasez de elementos florales o marinos. Las figuras humanas sólo aparecen en un tipo de crátera en la que se representan procesiones en carro. Las formas, también heredadas de lo minoico, incluyen formas cerradas en los palacios y abiertas sin decorar fuera de los mismos o en sus áreas de almacenamiento y producción, destacando la llamada copa de champán micénica. En la escultura las figuras de arcilla o terracota son características. Se producen en serie pero con una decoración cuidada, siendo la forma más habitual la figura de mujer de pie con los brazos en distintas posiciones, llamadas en phi o en psi por recordar a las letras del alfabeto griego. Recientemente se han encontrado figuras más grandes como ídolos o grandes cabezas de yeso con formas animales (aparte del relieve de la Puerta de los Leones). El marfil es un elemento también recurrente en recipientes y muebles. El trabajo en metal, con altas muestras de calidad, es una de las claves que ha permitido entender la jerarquización de las sociedades micénicas. El oro es el metal predilecto, con el se fabrican vasos metálicos para las tumbas (en contextos
El Arte Griego, que se extiende desde España y Francia hasta las costas de Anatolia y el mar Negro, pasando por el norte de África e Italia, tiene su base en una particular estructura sociocultural que colocaba al hombre y no a los dioses y reyes, como medida del universo. Esta cosmovisión determina un arte sin colosalismo y sin el nivel de abstracción y complejidad iconográfica que caracterizaba a las culturas de Próximo Oriente. Aunque muchas de las mejores obras del Arte Griego se perdieron, a partir del legado de cultura romana ha sido posible que se hayan conservado informaciones y copias de ellas. Actualmente las investigaciones interdisciplinares nos posibilitan un conocimiento más objetivo de este arte, en el que se vinculan los procesos culturales con las personalidades de sus excelentes artífices.
Poco se conoce de las construcciones de la etapa formativa (1100-900 a.C.), que se desarrollaban dentro de las futuras polis con un urbanismo planificado. La religión griega no buscaba la recreación de espacios de culto aislados, sino al aire libre y en un marco de participación colectiva; es por ello que los templos se colocaron ya desde esta época en los centros de las ciudades, junto al resto de edificios necesarios para los encuentros de la colectividad. Sin embargo, dado que la liturgia no se fundamentaba en la relación directa del individuo con los dioses, sino en la vinculación de la colectividad con ellos, lo que se potenció fue la creación de entornos sagrados públicos ( témenos) alrededor de los templos, quedando estos últimos concebidos como la morada de la divinidad , a la que sólo tenían acceso los oficiantes religiosos.
Esta idea prevalecerá a lo largo de los distintos periodos de la historia griega determinando su sentido arquitectónico, es por ello que a diferencia de los templos egipcios o mesopotámicos, los griegos tienen proporciones humanas. Del siglo X a.C. procede el yacimiento de Lefkandi , donde se construyó un monumental edificio quizá dedicado al culto de algún héroe (cuyas tumbas se identificaron muchas veces con las de los monarcas micénicos). Tiene un peristilo de postes cuadrados de madera, un remate absidal y mide casi cuarenta y cinco metros de largo. Sin embargo no es hasta los siglos VIII y VII a.C. cuando se determina claramente la estructura y función de los templos, de la mano de la definición de toda la cultura y sociedad griega clásica. Surgen ahora pequeños santuarios cuya estructura se fundamenta en la tradición del mégaron micénico, aunque ahora se colocan fuera del entorno urbano y por tanto palacial anterior. Estos edificios, cuyos modelos pervivirán con variantes hasta la desaparición de la cultura helena, se conocen fundamentalmente al hallazgo de dos pequeñas maquetas de terracota. Estos exvotos reproducen edificios de planta rectangular con una única habitación rematados en una cabecera recta o absidada, no aparece columnata entorno a ellos pero sí un techo a dos aguas que prefigura el espacio que ocuparán los frontones de los templos futuros. En el caso del Heraion de Argos, aparece un pórtico con dos columnas in antis , que anticipa para algunos el modelo de templo próstilo (de una fachada) posterior.
A comienzos del siglo VIII a.C. se observan en Esparta templos construidos en ladrillo sin cocer sobre un zócalo de piedra, con una fila de columnas centrales para sostener la techumbre. A partir de entonces la idea de templo se concreta en la erección de un edificio de forma alargada construido con una medida sagrada de cien pies, como por ejemplo se ve en santuario de Hera en Samos construido hacia el 800 a.C. Aquí aparece la perístasis , puesto que está rodeado por columnas por sus cuatro lados. Entre el 750 a.C. y el 650 a.C. evoluciona la técnica de la talla de la piedra, que posibilita un mayor tamaño y monumentalidad. El siguiente paso fue la extensión de la perístasis y la inclusión de otra fila de columnas interiores, que permitieron construir edificios más anchos de tres naves, colocándose ahora la estatua divina en el centro. Así se refleja en Termón , donde existe una serie de templos de los que el más antiguo tiene perístasis en los lados, el
Además de los cántaros, cuencos, enócoes, píxides, etc., destacan las grandes ánforas y cráteras funerarias (las primeras destinadas a mujeres y las segundas a hombres). Estas últimas piezas, halladas en abundancia en las necrópolis del Dípylon y el Cerámico atenienses, se colocaban sobre las tumbas de la aristocracia a modo de estela, sirviendo también para efectuar libaciones para el difunto. Hechas a torno, ostentan una profusa, armónica y ordenada decoración bícroma, ejecutada en color oscuro sobre fondo claro, trazada mediante regla, compás y pincel múltiple. Destacan en los primeros tiempos una ornamentación exclusivamente geométrica dispuesta en bandas donde predominan las líneas rectas, que forman esvásticas, ajedrezados, rombos, triángulos y zig-zags, aunque también motivos curvilíneos (heredados de la tradición minoica) aunque esquematizados. A mediados del siglo VIII a.C. (de la mano de la mayor jerarquización y complejidad social) continúa creciendo el número de formas cerámicas, pero también aparecen las primeras figuraciones animales, que se disponen dentro de frisos en ordenadas hileras. También ahora surgen escenas con figuras humanas, que aluden al contexto de los rituales funerarios y a temas heroicos. Según avance el siglo el predominio de la decoración figurada acabará con el estilo. Desde lo iconográfico , los temas del estilo geométrico son muy simples debido a la esquematización y la abstracción de su decoración: sólo con el tiempo las figuraciones adquieren tamaño y complejidad (dejando atrás el esquematismo de los torsos triangulares). Entre las obras más importantes de este estilo que ya evidencia la búsqueda de la proporción ideal tan anhelada en el arte griego, destacan las piezas del denominado Maestro del Dípylon y concretamente algunas como la Gran ánfora del Dípylon , que incluye en el cuello dos filas de pequeños animales y en el cuerpo una escena del ritual funerario con exposición del cadáver y plañideras. En la Crátera de Atenas aparecen dos frisos con el ritual funerario que incluye la representación de los juegos funerarios con guerreros montados en carros y la escena del traslado al cementerio del fallecido en su carro rodeado de familiares y amigos. A finales de este estilo comienzan a aparecer nuevos diseños, como se constata en la Jarra del taller de Atenas , con una escena femenina de danza ritual y un friso de ciervos. En otras piezas aparecen ya las representaciones de las tareas de Heracles.
De forma paralela a la tradición geométrica ática se detectan objetos claramente influenciados por el arte del Próximo Oriente y que, a finales del siglo VIII a.C. hacen surgir el Periodo Orientalizante. Imbuidos de un exotismo antes inexistente, las cerámicas parecen reflejar una nueva forma de concebir el arte. Motivos vegetales y animales procedentes de los repertorios iconográficos egipcios y mesopotámicos inundan, reinterpretados, los vasos de sobre todo los talleres de Corinto, que se convierte en un centro artístico que el resto de ciudades imitan.
Se representan leones, panteras, esfinges, sirenas, grifos; entre los motivos vegetales (que como los geométricos cubren toda la superficie) aparecen rosetas, palmetas y árboles de la vida. Además aparecen las primeras escenas claramente mitológicas, como en la Crátera de columnas. Los motivos se desarrollan también en frisos superpuestos, pero sustituyéndose las líneas rectas por unos dibujos curvilíneos muy característicos. La austeridad tonal anterior se enriquece con novedosas tonalidades blancas y rojas y aparece el uso de la incisión para siluetar las figuras. Entre los ejemplares destacados está el Olpe Chigi , que muestra dos grupos compactos de atléticos y bien dibujados hoplitas, tras de los cuales aparece un personaje tocando la doble flauta. En el segundo friso aparece un grupo de jinetes cabalgando en fila (las incisiones destacan sus crines) y en un tercero motivos vegetales. El Olpe corintio cuenta con seis frisos con abigarrada y brillante decoración que incluye leones, panteras y esfinges aladas, además de una imagen femenina en la parte superior (de iconografía mesopotámica) y bajo ella otro friso con mujeres en actitud de danza. Cabe mencionar por último el célebre Oinócoe Lévy , obra maestra decorada con seis frisos de motivos reticulados rellenos con delicadísimas figuraciones monócromas y complejas (uno superior con esfinges y grifos y otros cinco con cabras salvajes) y variados temas vegetales y geométricos entre los anteriores. El comercio corintio sufre a partir del segundo cuarto del siglo VI a.C. un descenso radical de sus productos; a partir de entonces se inicia el desarrollo de una nueva etapa dentro de la creación alfarera que derivará en la fabricación de los insuperables vasos áticos del siguiente periodo.
Originario del Peloponeso, es el más antiguo, pues surgió a comienzos del siglo VI a.C. Como los otros dos órdenes se compone de elementos sustentantes (pedestal y columnas) y sustentados (entablamento y tejado normalmente a dos aguas). El pedestal ( krepis) está formado por tres escalones: dos inferiores ( esteróbato ) y uno superior ( estilóbato) ; sobre ellos descansa una columna sin basa. El fuste de la columna suele ser más ancho por abajo que por arriba y presenta un engrosamiento central denominado éntasis , apareciendo acanalado con estrías cortadas en arista viva. Sobre el fuste se desarrolla un capitel formado por el equino (en forma de tronco de cono invertido) y el ábaco (pieza en forma de prisma cuadrangular). Bajo el equino suele aparecer una fina moldura anular denominada collarino. El entablamento se subdivide en el arquitrabe , el friso y la cornisa. El primero carece de decoración y sobre él, separado por una moldura fina llamada tenia , se sitúa el friso, dividido en triglifos y metopas (lisas o decoradas). La cornisa sobresale del friso formando un alero decorado con hileras de gotas ( mútulos) y de una moldura cóncava muy decorada y aún más saliente llamada cimacio. El frontón, triangular, se adorna con acróteras en forma de palmeta en los vértices.
Surgido a finales del siglo VII a.C., se expande durante el VI a.C. y ofrece algunas diferencias respecto al anterior que le confieren un carácter más decorativo y alargado. Las columnas descansan sobre una basa circular que, con variaciones, cuenta con tres elementos moldurados denominados plinto, toro y escocia. El fuste carece de éntasis , es más esbelto y se suele unir al capitel mediante un collarino decorado y un pequeño equino decorado con ovas, sobre el que se dispone una especie de almohadilla circular con los extremos enroscados en espiral formando dos volutas. Además, en las columnas angulares se colocan volutas en los cuatros ángulos del capitel. El conjunto se remata con un estrecho ábaco decorado con hojas y dardos. El entablamento cuenta con un arquitrabe liso que se divide en tres bandas horizontales cuya profundidad aumenta según se alzan una tras otra. El friso es continuo y puede ser liso o estar decorado con relieves. La cornisa tiene un saledizo y molduras, siendo el frontón idéntico al dórico.
De origen incierto, mantiene el fuste jónico, variando tan sólo las proporciones al ser algo más alargado. El capitel tiene forma troncocónica invertida que se decora con dos filas de hojas de acanto superpuestas y cuatro volutas en los ángulos superiores ( caulículos). Se
remata con un fino ábaco sobre el que se dispone un entablamento, cuyo friso liso y corrido suele decorarse con motivos de guirnaldas y bucráneos.
En este periodo los templos se construyen ya en materiales imperecederos y aislados dentro del témenos sin aparecen conexión visual entre ellos. Su planta la conforman dos espacios contiguos y comunicados, uno llamado pronaos precedido por un pórtico con columnas in antis y otro denominado naos , donde se sitúa la estatua del dios. A estas estancias se añadió posteriormente otra aislada y opuesta al naos denominado opistodomos y que albergaba el tesoro y estaba precedida también de un pórtico in antis. Normalmente (salvo en la Basílica de Paestum ) se sitúan siempre dos filas de columnas interiores, a la que se añaden otras en el exterior formando un pórtico ( peristilo) que si lo rodean por sus cuatro lados se llama períptero y, si están embutidas en los muros, seudoperíptero. Si la columnata fuera doble se denomina díptero y si estuviera separada del muro a la distancia de dos intercolumnios seudodíptero. Atendiendo al número de soportes que se sitúen ante ambas fachadas se llama dístilo si tiene dos, tetrástilo si cuatro, hexástilo si tiene seis columnas, etc. Sin embargo no todos los templos tuvieron esta columnata exterior, por lo que si sólo las tienen en la fachada principal se denomina próstilo y si en las dos fachadas anfipróstilo. Si sólo tiene dos columnas enmarcando las antas (las pilastras cuadradas que encuadran la puerta de acceso) se nombra in antis.
En la Grecia continental el templo dórico más antiguo es el Templo de Hera en Olimpia (600 a.C.), edificio in antis , períptero y hexástilo con planta tripartita (con una naos muy alargada). Construido en adobe sobre zócalos de piedra, tiene una doble columnata interior que forma pequeñas capillas laterales y que aunque en origen era de madera, se fue sustituyendo por piedra con el tiempo. El Templo de Artemis en Corfú , in antis , pseudodíptero y octástilo, tiene gran interés por la decoración de sus frontones y por la anchura que separa su perístilo de las paredes. Los Templos de Apolo en Corinto , de mediados del siglo VI a.C., destacan por tener una cella dividida en dos partes desiguales e independientes. También son interesantes el Templo de Apolo en Delfos (hexástilo) y el Viejo templo de Atenea en Atenas , que introduce rasgos jónicos. En la Magna Grecia las plantas son más libres, la fachada principal es mucho más relevante que la posterior, se sustituye el opistodomos por