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Asignatura: Antropologia cultural y simbolica, Profesor: Javier Barraca, Carrera: Relaciones Laborales y Recursos Humanos, Universidad: URJC
Tipo: Apuntes
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1. Introducción
Antropología: estudio de los seres humanos desde una perspectiva biológica, social-cultural y filosófica. La antropología se divide en tres grandes campos: la antropología física, que trata de la evolución biológica y la adaptación fisiológica de los seres humanos; la antropología social o cultural, que se ocupa de las formas en que las personas viven en sociedad, es decir, las formas de evolución de su lengua, cultura y costumbres; y la antropología filosófica, que estudia al hombre desde la perspectiva de sus principios últimos o aspectos fundamentales de su esencia o ser.
Para empezar, nos centraremos en los dos primeros campos y dedicaremos a la antropología filosófica (o filosofía del hombre) un posterior estudio.
La antropología general estudia las características físico-biológicas y socioculturales de las sociedades humanas, así como el complejo de sus producciones técnicas y artísticas comunitarias, sus creencias espirituales, y sus relaciones con su entorno humano y natural, desde una perspectiva tanto sincrónica como diacrónica, y atendiendo a las cuestiones de sus orígenes, evolución, estructura, significado y función.
El significado, las relaciones e interferencias de los conceptos ―antropología‖, ―etnografía‖ y ―etnología‖ han dado lugar a innumerables reflexiones teóricas y debates de los especialistas. En la actualidad, la concepción más extendida es la que considera la etnografía y la etnología como estudios disciplinares englobados dentro de la ciencia antropológica general, de acuerdo con las siguientes definiciones:
. Antropología: Estudia integralmente el ser humano como sujeto físico- biológico y socio-cultural. Inserta la etnografía y etnología dentro de un marco tanto sincrónico como diacrónico, y las orienta hacia la construcción de conclusiones globales y la formulación de leyes generales acerca del comportamiento cultural de las sociedades humanas. Es una ciencia general e interpretativa. . Etnografía: Disciplina cuyo objetivo es la recogida de datos, la documentación y la descripción de procesos, estados y hechos socioculturales referidos a un grupo o comunidad humanos. Es una disciplina puramente descriptiva. . Etnología: Disciplina analítica y comparativa cuyo objetivo es el estudio comparativo de los comportamientos culturales de diversas sociedades a partir de los datos obtenidos previamente a través de la labor etnográfica de documentación y descripción cultural de cada una de ellas.
La antropología es fundamentalmente multicultural. Los primeros estudios antropológicos analizaban pueblos y culturas no occidentales, pero su labor actual se centra, en gran medida, en las modernas culturas occidentales (las aglomeraciones urbanas y la sociedad industrial). Los antropólogos consideran primordial realizar trabajos de campo y dan especial importancia a las experiencias de primera mano, participando en las actividades, costumbres y tradiciones de la sociedad a estudiar.
2. Historia
Desde tiempos remotos, viajeros, historiadores y eruditos han estudiado y escrito sobre culturas de pueblos lejanos. El historiador griego Herodoto describió las culturas de varios pueblos del espacio geográfico conocido en su tiempo; interrogó a los informantes clave, observó y analizó sus formas de vida —al igual que los antropólogos modernos—, e informó sobre las diferencias existentes entre ellas, en aspectos tan importantes como la organización familiar y las prácticas religiosas. Mucho más tarde, el historiador romano Tácito, en su libro Germania (hacia el 98 d.C.), reseñó el carácter, las costumbres y la distribución geográfica de los pueblos germánicos.
En el siglo XIII, el aventurero italiano Marco Polo viajó a través de China y otras zonas de Asia, aportando con sus escritos una información muy amplia sobre los pueblos y costumbres del Lejano Oriente. Durante el siglo XV se exploraron nuevos campos de conocimiento debido al descubrimiento por los exploradores europeos de los diferentes pueblos y culturas del Nuevo Mundo, África, el sur de Asia y los Mares del Sur, que dio como resultado la introducción de ideas revolucionarias acerca de la historia cultural y biológica de la humanidad.
A lo largo del siglo XVIII, los estudiosos de la Ilustración francesa, como Anne Robert, Jacques Turgot y Jean Antoine Condorcet, comenzaron a elaborar teorías sobre la evolución y el desarrollo de la civilización humana desde sus albores. Estos planteamientos antropológicos y filosóficos chocaban con el relato bíblico de la creación y con los dogmas teológicos que afirmaban que determinadas culturas y pueblos no occidentales habían caído en desgracia divina y, por ello, habían degenerado hacia una situación denominada peyorativamente ―primitiva‖.
El hallazgo de un fósil en Neandertal (Alemania) en 1856 y los restos del ―hombre de Java‖ (Homo erectus) en la década de 1890, proporcionaron pruebas irrefutables del larguísimo proceso de evolución del hombre. En la abadía Boucher de Perthes, en las proximidades de París, se descubrieron también diversos utensilios de piedra que corroboraron que el proceso evolutivo de la prehistoria humana tal vez se remontara a cientos de miles de años atrás. Desde un principio, la arqueología se convirtió en una compañera inseparable de la emergente disciplina antropológica.
La antropología surgió como campo diferenciado de estudio a mediados del siglo XIX. En Estados Unidos, el fundador de dicha disciplina fue Lewis Henry Morgan , quien investigó en profundidad la organización social de la confederación iroquesa. Morgan elaboró en su estudio La sociedad primitiva (1877) una teoría general de la evolución cultural como progresión gradual desde el estado salvaje hasta la barbarie (caracterizada por la simple domesticación de animales y plantas) y la civilización (iniciada con la invención del abecedario). En Europa, su fundador fue el erudito británico Edward Burnett Tylor , quien construyó una teoría sobre la evolución del hombre que prestaba especial atención a los orígenes de la religión. Tylor, Morgan y sus contemporáneos resaltaron la racionalidad de las culturas humanas y argumentaron que en todas las civilizaciones la cultura humana evoluciona hacia formas más complejas y desarrolladas.
A mediados del siglo XIX se crearon, además, importantes fundaciones de arqueología científica, sobre todo a cargo de arqueólogos daneses del Museo Nacional de Antigüedades Septentrionales en Copenhague. A partir de unas excavaciones sistemáticas llegaron a descubrir la evolución de los utensilios y herramientas durante la
y comenzó a funcionar una escuela de especialistas que aplicaban los últimos avances de las ciencias positivistas al estudio de las características físicas y biológicas del hombre. Ya por entonces, la confluencia o proximidad de otras ciencias (la filosofía, la física, la prehistoria, la arqueología, etc.) creó disfunciones y polémicas sobre los métodos y aplicaciones de la nueva ciencia, pero, en general, sus fronteras coincidían por entonces con lo que hoy denominamos ―antropología físico-biológica‖, y quedaba aún lejos el desarrollo de lo que actualmente entendemos por ―antropología cultural‖ o ―sociocultural‖.
Los descubrimientos de restos fósiles y de utensilios de hombres prehistóricos, el impulso de las expediciones científicas naturalistas y el desarrollo paralelo de los conocimientos de zoología y botánica posibilitaron el surgimiento de la teoría evolucionista elaborada por Charles Robert Darwin en On the Origin of Species by Means of Natural Selection (Sobre el origen de las especies mediante la selección natural) (1859). A pesar de las duras críticas iniciales, los principios básicos de la teoría evolucionista, que han sido corroborados y perfeccionado por los avances científicos posteriores, dominarían todo el panorama de la antropología físico-biológica durante el resto del siglo XIX, y lo cierto es que han seguido impregnando, de manera explícita o latente, muchas de las reflexiones e investigaciones antropológicas realizadas hasta hoy. Uno de sus más célebres y originales renovadores fue Pierre Teilhard de Chardin (1881- 1955), que intentó elaborar una síntesis entre evolucionismo y cristianismo defendiendo que la evolución de la materia siguió un proceso de complejidad y concienciación animado por el espíritu divino.
El impulso que a finales del siglo XIX y, sobre todo, a partir de las primeras décadas del XX, cobraría la antropología cultural, fue dejando en un segundo plano las investigaciones físico-biológicas que, en muchos casos, pasaron a cumplir un papel de auxiliar o simple referencia en la reflexión cultural. Por otro lado, las aberraciones y subsiguiente desprestigio de las teorías físico-biológicas de tipo eugenésico y/o racista que, durante la época de auge de los fascismos (19 20 - 1945 aprox.) dominaron buena parte de Europa, tampoco contribuyeron al desarrollo y expansión de esta disciplina. Por todo ello, la antropología físico-biológica norteamericana – y luego la europea- de las décadas centrales del siglo XX tuvieron que desplazar, en buena medida, sus objetivos de la dimensión anatómica a la dimensión ecológica del hombre. Ello posibilitó análisis de mayor riqueza y profundidad, enmarcados en horizontes históricos y sociológicos que renovaron profundamente la antropología físico-biológica, aunque también desdibujaron sus límites y metodología, que acabaron confluyendo y siendo asimilados, en gran medida, por los de la antropología ecológica. En el ámbito de esta renovada disciplina fisico-bio-ecológica se inscriben obras muy importantes que, sobre todo a partir de la década de 1980, están realizando especialistas como L.L. Cavalli- Sforza, M. Feldman, R. Boyd, P.J. Richerson, y W.H. Durham.
Los avances de las últimas décadas en los terrenos de la biología y de la medicina genéticas han contribuido también a devolver una parte de las reflexiones de la antropología físico-biológica actual al terreno anatómico experimental en el que dio sus primeros pasos el siglo XIX. En la actualidad, afloran cada vez más los estudios que demuestran la relación entre ―personalidad genética‖ y personalidad no sólo étnica y cultural, sino también social, o que utilizan las herramientas genéticas para analizar diversos aspectos de la psicología y de la morfología del hombre, que han tenido repercusiones verificables en su conducta individual y social, en su personalidad clínica y en su percepción de conceptos socioculturales como la salud, la enfermedad, etc.
Después de que en la década de 1970 se propusiese como nueva disciplina científica la sociobiología, que intentó, de manera abusiva, reducir y explicar muchos fenómenos socioculturales como pura predisposición genética, los últimos avances en el terreno de las biociencias y neurociencias han permitido que, en 1996, C.R. Cloninger, R. Adolffson y N. M. Svrakic hayan llegado a aportar pruebas sólidas sobre la existencia de genes conformadores de la personalidad humana. No obstante, cabe precisar que dicho hallazgo no supone un determinismo biológico, pues se trata de genes de susceptibilidad y no de condición.
a. Una de las ramas de la antropología física tiene como objetivo reconstruir la línea evolutiva del hombre. En la década de 1960 los paleoantropólogos Louis Seymour Bazett Leakey, su esposa Mary Douglas Leakey y su hijo Richard Erskine Leakey encontraron una serie de fósiles en la garganta de Olduvai, África oriental, que desencadenó una revisión profunda de la evolución biológica de los seres humanos. Los restos fósiles desenterrados a finales de 1970 y 1980 proporcionaron después pruebas adicionales, en el sentido de que el género Homo coexistió en África oriental con otras formas evolucionadas de hombre-simio conocidas como australopitecinos hace más de 4 millones de años. Estos dos homínidos son al parecer descendientes de un fósil etíope, el Australopithecus afarensis, que tiene una antigüedad datada entre 3 y 3,7 millones de años —la famosa Lucy, descubierta en 1974, es uno de los fósiles encontrados. Estos antiguos antecesores del hombre tenían las piernas y el cuerpo adaptados para caminar erguidos. lo cual dejaba sus manos libres para manipular diversos utensilios. Más tarde, investigadores de la Universidad de California descubrieron numerosos fósiles en la garganta de Olduvai, lo que reforzó aún más la tesis de la irregularidad del proceso de evolución humana. Este nuevo fósil tenía aproximadamente 1,8 millones de años de antigüedad, presentaba huesos de los brazos y las piernas que confirmaban una locomoción vertical relativamente evolucionada, pero su capacidad craneana reducida y marcadas diferencias de estatura entre hombres y mujeres no diferían demasiado de Lucy.
Algunos utensilios de piedra sin tallar, hallados con ciertos fósiles de Homo en yacimientos del este de África, demuestran que hace casi 3 millones de años ya eran capaces de fabricar herramientas. Esta habilidad técnica contribuyó al aparente éxito evolutivo del Homo habilis. En comparación con los australopitecinos vegetarianos, los antecesores modernos de los seres humanos, tipo Homo habilis, parecen haber evolucionado al incorporar la carne como parte esencial de su dieta alimenticia, a juzgar por la disposición de los dientes y la utilización de ciertas herramientas.
A medida que han ido aumentando los descubrimientos de fósiles homínidos, al parecer fue en África, y no en Asia, donde se produjo la primera hominización. Los fósiles de Homo habilis apuntan hacia una criatura de unos 91 cm de estatura, con una capacidad craneana de unos 600 cm3. Sin embargo, se han hallado en África oriental restos de una especie mayor de Homo con capacidad craneana superior a los 800 cm3, de unos 1,5 millones de años de antigüedad. Este protohumano mayor, denominado generalmente Homo erectus, se extendió desde África hacia Europa y Asia hace aproximadamente un millón de años, y desarrolló una gama más completa de herramientas.
Los restos más conocidos del Homo erectus son el célebre hombre de Java, que antes se conocía técnicamente como Pithecanthropus, así como el igualmente famoso
obedecen a definiciones sociales que conllevan una gran mezcla de características genéticas y culturales.
Después de que los antropólogos biológicos centraran su atención en los complejos patrones de la genética humana, estudiaron la interacción de las adaptaciones genéticas y las adaptaciones (no genéticas) fisiológicas y culturales, en relación con la enfermedad, la desnutrición y la presión del entorno, así como las grandes altitudes y los climas calurosos. Los médicos y antropólogos especialistas en nutrición combinan los enfoques biológicos y genéticos con datos culturales y sociales, ya sea para estudiar enfermedades como la hipertensión y la diabetes o para investigar el crecimiento y el desarrollo en diferentes condiciones de alimentación y salud.
El médico estadounidense, galardonado con el Premio Nobel, Daniel Carleton Gajdusek, adquirió especial renombre por su descubrimiento de que el kuru (‗temblores‘), enfermedad debilitante que sólo existe entre pueblos aislados de las montañas de Nueva Guinea, estaba causada por un agente infeccioso lento denominado prión (que consiguió aislar e identificar) transmitido a través de la antropofagia. Algunos antropólogos biológicos han detectado los esquemas genéticos de otras enfermedades, como la anemia de células falciformes, talasemia y diabetes.
c. Estudio de los primates: Debido a que los seres humanos son primates emparentados genéticamente con otros simios y monos, el estudio de la conducta, la dinámica de la población, los hábitos alimenticios y otras cualidades de los mandriles, chimpancés, gorilas y primates análogos, constituye una dimensión comparativa esencial de la antropología. La etóloga británica Jane Goodall y sus colegas dedicaron años a la observación de los chimpancés en una reserva del lago Tanganica (Tanzania) y descubrieron que estos animales son capaces de usar útiles simples —sobre todo, pequeños palos para conseguir termitas y hormigas— y lanzar de forma eficaz piedras; en uno de los experimentos se observó a los chimpancés usando palos gruesos para apalear a un leopardo disecado. Además se comunican entre sí tanto vocal como físicamente.
4. Antropología social y cultural
La antropología cultural, social o sociocultural, estudia el origen, la conformación y la organización de las creencias, del comportamiento y del sistema sociocultural del hombre y de los grupos humanos. El término ―antropología cultural‖ nació en los Estados Unidos, y su utilización arraigó posteriormente en Europa. En Gran Bretaña tuvo, en principio, una aceptación parcial y ambigua, ya que algunos antropólogos prefirieron la denominación de ―antropología social‖ aplicada al mismo campo de investigación que la ―antropología cultural‖. Hoy en día pueden usarse indistintamente ambas denominaciones, así como la de ―antropología sociocultural‖, pues los especialistas suelen considerar que se han borrado todas las diferencias entre la antropología cultural y antropología social, y se ha creado una especie de disciplina sociocultural mixta que aprovecha los métodos y atiende a los objetivos de ambas.
Gran parte de la investigación antropológica se basa en trabajos de campo llevados a cabo con diferentes culturas. Entre 1900 y 1950, aproximadamente, estos
estudios estaban orientados a registrar cada uno de los diferentes estilos de vida antes de que determinadas culturas no occidentales experimentaran la influencia de los procesos de modernización y occidentalización. Los trabajos de campo que describen la producción de alimentos, la organización social, la religión, la vestimenta, la cultura material, el lenguaje y demás aspectos de las diversas culturas, engloban lo que hoy se conoce por e tnografía. El análisis comparativo de estas descripciones etnográficas, que persigue generalizaciones más amplias de los esquemas culturales, las dinámicas y los principios universales, es el objeto de estudio de la etnología.
Durante la segunda mitad del siglo XX, la etnología (que hoy se suele conocer como antropología cultural) comenzó a relacionar su campo de estudio con el de la antropología social, desarrollada por los científicos británicos y franceses. En un breve periodo se debatió intensamente si la antropología debía ocuparse del estudio de los sistemas sociales o del análisis comparativo de las culturas. Sin embargo, pronto se llegó a la conclusión de que la investigación de las formas de vida y de las culturas casi siempre están relacionadas, de donde procede el nombre actual de antropología sociocultural.
Parentesco y organización social : Uno de los descubrimientos importantes de la antropología del siglo XIX ha sido que las relaciones de parentesco constituyen el núcleo principal de la organización social en todas las sociedades. En muchas de ellas, los grupos sociales más importantes comprenden clanes y linajes. Cuando la pertenencia a dichas corporaciones de parentesco se asigna a las personas sólo por la línea masculina, el sistema se denomina de descendencia patrilineal. Antes del desarrollo del comercio y de la urbanización a gran escala, muchos pueblos europeos estaban organizados desde el punto de vista económico y político como grupos de filiación patrilineal.
Las sociedades matrilineales, en las que el parentesco se transmite por línea femenina, son menos comunes hoy día. Herodoto fue el primer erudito en describir este tipo de sistema social, que detectó entre los habitantes de Licia, en Asia Menor.
La organización de parentesco bilateral, en la que se tiene en cuenta la parte materna y la paterna, es la que predomina en las sociedades más sencillas de cazadores- recolectores (tales como los pueblos san en el sur de África o los inuit de las regiones ártica y subártica). El antropólogo británico Robert Stephen Briffault defendió un concepto relacionado, el matriarcado, y afirmó que este tipo de organización social se encontraba latente en gran parte de las sociedades más primarias.
En las sociedades basadas en el parentesco, los miembros de un linaje, clan o demás grupos afines suelen ser descendientes de un antepasado común. Este concepto es un factor unificador, pues dota a grandes masas de individuos de cierta cohesión para afrontar actividades guerreras o rituales, lo que les hace sentirse diferentes de sus vecinos y enemigos. Por ejemplo, entre las hordas centroasiáticas que durante siglos atacaron a las sociedades europeas, o entre los aztecas o mexicas del continente americano, la compleja organización militar se sustentaba en el parentesco patrilineal.
La evolución de los sistemas político-sociales : Las sociedades humanas que, en principio, se consideraron más simples son los grupos de cazadores-recolectores, como los inuit, san, pigmeos y aborígenes australianos. En estos pueblos se agrupa un pequeño número de familias para formar bandas o grupos nómadas de 30 a 100 individuos, relacionados por parentesco y asociados a un territorio concreto.
Desarrollo de los sistemas religiosos : Los sistemas religiosos de las sociedades cazadoras-recolectoras pueden ser muy complejos en relación con el mundo sobrenatural, las fuerzas de la naturaleza y el comportamiento de los espíritus y los dioses. Estas sociedades pequeñas, relativamente igualitarias, suelen carecer de los recursos necesarios para mantener una clase sacerdotal. Sin embargo, todos los grupos humanos, ya sean grandes o pequeños, poseen en un momento determinado de su evolución algún tipo de especialización similar a los chamanes o curanderos, hombres o mujeres de quienes se cree mantienen contacto directo con los seres y fuerzas sobrenaturales, y que reciben poderes especiales para solucionar problemas como las enfermedades. El chamán es muchas veces la única persona con un papel religioso especializado en este tipo de sociedades.
Por ejemplo, en las sociedades pequeñas que practican la agricultura, los sistemas religiosos comunales implican al pueblo en prácticas rituales complejas, y con frecuencia se produce una rotación de las responsabilidades sacerdotales. Cuando los grupos de parentesco constituyen los elementos principales de la solidaridad social, las ceremonias religiosas tienen como centro la familia y el parentesco.
El auge de los sistemas sociales centralizados, con un sistema de clases estratificado, casi siempre ha ido acompañado del desarrollo de los sistemas religiosos que implicaban la existencia de sacerdotes dedicados únicamente a las funciones religiosas, rituales para toda la población y una mayor tendencia a legislar tanto en el plano moral como político. Estos sistemas religiosos casi nunca eliminaban las prácticas del chamanismo individualizado (sobre todo para curar las enfermedades).
Las pruebas arqueológicas de las primeras ciudades-estado corroboran los estrechos vínculos que existían entre los dirigentes religiosos y los dirigentes comerciales y políticos, poniendo de relieve el aspecto conservador de la religión. Por otro lado, los movimientos de reforma social radical han sido religiosos y en las sociedades con niveles cambiantes de desarrollo tecnológico aparecen con regularidad nuevas formas religiosas. Por tanto, la religión unas veces está al servicio de la situación establecida y otras actúa como fuerza de un cambio radical.
Evolución de la cultura : Los esquemas más bien simples de evolucionismo cultural propuestos durante el siglo XIX han sido objeto de discusiones elaboradas y modificadas a la luz de los nuevos datos arqueológicos y etnológicos. Destacados antropólogos de principios del siglo XX, como el germano-estadounidense Franz Boas y el estadounidense Alfred Louis Kroeber, adoptaron puntos de vista bastante antievolucionistas, ya que mantenían que los procesos culturales y sociales han sido tan dispares en todo el mundo que es difícil discernir algún proceso o tendencia general.
Existen dos posturas radicalmente diferentes para explicar la evolución cultural. Los evolucionistas del siglo pasado defendían que en las distintas sociedades se producen procesos muy similares de desarrollo cultural debido a la unidad psíquica fundamental de toda la humanidad. Así, los procesos paralelos hacia la estratificación social y las minorías gobernantes se explican como efectos de las cualidades psíquicas y mentales de los individuos. Claude Lévi-Strauss fue un defensor tardío de este enfoque, sin hacer hincapié en el carácter evolucionista.
La postura contraria encuentra la clave en las condiciones materiales de vida: en las fuentes de energía, las tecnologías y los sistemas de producción de los grupos humanos; además, resalta las influencias ambientales en el desarrollo de los complejos
sistemas culturales, ya que se han visto favorecidos por determinadas características geográficas y climáticas. Por ejemplo, el Oriente Próximo prehistórico era rico en animales de caza y plantas silvestres que resultaron especialmente aptos para su domesticación y aclimatación.
5. Métodos y aplicaciones
Los métodos de investigación en antropología son tan variados como los distintos temas de estudio.
. Investigación arqueológica:
Para los arqueólogos resulta fundamental establecer esquemas cronológicos a partir de los restos y fósiles que descubren en sus excavaciones. Entre los modernos métodos de datación arqueológicos, la técnica del carbono radiactivo tal vez sea la más utilizada. Este método se basa en que las plantas y los animales vivos contienen unas proporciones fijas de una variedad radiactiva del carbono, denominada carbono 14, que se va degradando a ritmo constante hasta convertirse en carbono no radiactivo. La medición de los restos del radiocarbono en madera carbonizada, restos de plantas, fibras de algodón, madera y otras sustancias, permite determinar con bastante precisión edades de hasta 60.000 y 70.000 años de antigüedad.
La edad de los antiguos yacimientos fósiles en África oriental, que datan de hace varios millones de años, se ha podido fijar con ayuda de otra potente herramienta radiológica: el método del potasio-argón —el potasio radiactivo, potasio 40, se degrada con enorme lentitud para convertirse en argón 40.
Las secuencias temporales de los restos arqueológicos se determinan todavía de forma bastante primaria mediante la observación meticulosa de la estratigrafía, depósito secuencial de sustancias terrestres orgánicas y de restos de la actividad humana. Estos depósitos van creciendo poco a poco y cubren cada una de las fases previas de cualquier asentamiento humano. Las técnicas utilizadas para determinar las secuencias estratigráficas incluyen el análisis del suelo, los estudios geológicos y el estudio de restos animales y vegetales, así como la laboriosa tarea de unir restos de suelos, fosas de almacenamiento y demás construcciones.
. Investigación social y cultural:
En la antropología social y cultural, la investigación se ampara en la idea fundamental de la observación participante dentro del seno de una comunidad o sistema social. El antropólogo se introduce primero en la vida de la comunidad y, a través de los contactos y las observaciones cotidianas, es aceptado por ella. Esta primera fase de la investigación de campo requiere semanas, incluso meses, sobre todo si hay que aprender la lengua local. Los primeros etnógrafos obtenían los datos a partir de entrevistas en profundidad con algunos informantes clave, personas expertas en la cultura y en el sistema social local. Estos datos se verificaban y cruzaban con los de otros informantes y con las observaciones directas del propio trabajador de campo.
Sin embargo, la investigación de las distintas sociedades y pueblos exige hoy otras herramientas metodológicas. Las entrevistas estructuradas (con muestreo) se utilizan de forma rutinaria para la obtención de una información; por ejemplo, el