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Asignatura: Analisis e investigacion, Profesor: Wenceslao Castañares, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 03/03/2014

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[M. BUNGE, La investigación científica. Barcelona, Ariel, 1969.] UN CUENTO PARA EMPEZAR Los cinco Sabios del Reino de *, de vuelta de una larga estancia en la República de *?, se estaban quietos y temerosos ante su soberana la Reina: estaban informando a la Reína acerca de la Cosa Kara que existe en aquella república. “Dinos, o sabia Prótos, ¿qué aspecto tiene la Cosa Rara?”, preguntó la Reina al sabio más anciano. “La Cosa Rara a la que llaman Ciencia, ob Majestad, puedo registrar y comprimir todos los hechos. En realidad, la Ciencia es un enorme Registro.” Así habló Prótos. “¡Que le corten la cabeza!”, gritó la Reina roja de ira. “¿Cómo pude- mos creer que la Cosa Rara es una máquina sin pensamiento, cuando hasta Nos tenemos ideas?” Tras de lo cual se dirigió a Deúteros, el más viejo de los sabios que quedaban. “Dinos, oh sabio Deúteros, ¿qué aspecto tiene la Cosa Rara?” “La Cosa Rara, Majestad, no es un registrador pasivo, sino un atareado molino de información: absorbe toneladas de datos en bruto y los elabora y presenta en orden. Mi decisión es que la Ciencia es un enorme Calcula- dor.” Así habló Deúteros. “¡Que le corten la cabezal”, gritó la Reina verde de ira. “¿Cómo pode- mos creer que la Cosa Rara es un autómata si hasta Nos tenemos caprichos y ilaquezas?” Tras de lo cual se dirigió a Trítos, el de media edad. “Dinos, o sabio.Trítos, ¿qué aspecto tiene la Cosa Rara?” “No hay tal Cosa Rara, Majestad. La ciencia es un Juego esotérico. Los que lo juegan establecen sus reglas, y Jas cambian de vez en cuando de un modo misterioso. Nadie sabe a qué juegan ni con qué Bn. Admitamos, pues, que la Ciencia, como el lenguaje, es un Juego.” Así habló Trítos. “¡Que le corten la cabeza!”, gritó la Reina amarilla de ira. “¿Cómo podemos creer «que la Cosa Rara no se toma las cosas en serio, cuando hasta Nos somos capaces de hacerlo?” Tras de lo cual se dirigió a Tétartos, sabio maduro. “Dinos, oh sabio Tétartos, ¿qué aspecto tienc la Cosa Rara?” “La Cosa Rara, oh Majestad, es un hombre que medita y ayuna. Tiene visiones, intenta probar que son erradas y no se enorgullece cuando no lo 14 UN GUENTO PAHA EMPEZAR consigue. Yo creo que la Cienvia —y reto a todos . que me refuten— es un Visionario Flagelante,” Así habló Tétartos. “¡Que le corten la cabezal”, gritó la Reina ruiz de ira. “Este informe es más sutil que los otros, pero ¿cómo podemos ereer que la Cosa Rara ho se preecupa de justificación ni gratificación cuando hasta Nos pode- mos hacerlo?” Tras de lo cual se dirigió a Pentós, el joven sabio. Pero Pentós, temiendo por su vida, había huido ya. Huyó sin parar durante días y noches, hasta que cruzó la frontera del Reino de * y llegó a mi oficina, en la que ha estado trabajando desde entonces. Pentós ha terminado de escribir su voluminoso Informe sobre la Cosa Rara, su Ana- tomía, su Fisiología y su Comportamiento, que yo he traducido al inglés. Aún acosado por sus dolorosos recuerdos de las rudas costumbres vigentes en el Reino de *, Pentós desea permanecer en el anonimato. Teme, acaso con razón, que esta exposición de la Cosa Rara será puco gustada, puesto que la gente prefiere sencillos credos en blanco y negro en los que pueda creer con certeza, La impresión de Pentós sobre la Cosa Rara es, en efecto, _mucho más complicada que los mudelos del Kegistro, el Calculador, el Juego o el Visionario Flagelante, aunque reconoce su deuda para con sus cuatro desgraciados y difuntos colegas. Tudo eso explicará al lector por qué el quinto informe acerca de la Cosa Rara aparece con un título distinto y hajo otro nombre de autor. Esperemos que este expediente salve a Pentós de la ira de los celosos seguidores de eredos sencillos (*). (%) Nota añadida en pruebas. Los cuatro Sabios del Reino * siguen vivos. Prótos y Deúteros sobrevivieron porque cl verdugo mo encontró en ellos cabeza que cortar. Trítos, porque tras la ejecución consiguió que le creciera un muevo cráneo por convención. Tétar- los, porque se a sn cuanta de refitaren el que tenía.