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Campillo texto, Apuntes de Sociología Económica

Asignatura: Sociologia General, Profesor: Miquel Fernández, Carrera: Administració i Direcció d'Empreses, Universidad: UAB

Tipo: Apuntes

2015/2016

Subido el 08/10/2016

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judith_querol_garcia 🇪🇸

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CAMPILLO, A. (1999): "Cuatro tesis para una teoría de la historia” en, El gran experimento. Ensayos sobre la sociedad global, Catarata, Madrid, 2001, pp.43-73, 1. CUATRO TESIS PARA UNA TEORÍA DE LA HISTORIA” Debo comenzar agradeciendo a los organizadores de este congreso la invitación que me han hecho para que converse con ustedes acerca de la historia, sobre todo teniendo en cuenta que yo no soy un historiador profesional sino más bien un filósofo aficionado al estudio de la histo- ría, Supongo que ésa es precisamente la razón por la que he sido invi- tado: no a pesar de ser filósofo sino precisamente por serlo, Tal vez se espera de mi que hable de la historia desde una perspectiva filosófica, más aún, que esboce ante ústedes una cierta teoría o filosofía de la his- toria. Procuraré responder lo mejor posible a esta expectativa, con la inevitable brevedad que la ocasión exige. Pero, antes de entrar en materia, o más bien para entrar en materia, quisiera precisar qué sentido tiene para mi la expresión "teoría de la his- toria”, más frecuente hoy entre los historiadores que la vieja expresión "filosofía de la historia”, a pesar de que ambas son sinónimas entre sí. Desde que Voltaire publicó en 1765, bajo pseudónimo, su Filosofía de la Historia (reeditada en 1769 como prólogo a su Ensayo sobre las cos- tumbres y el espíritu de las naciones), la expresión ha adquirido tres usos muy diferentes. 43 ANTONIO CAMPILLO En primer lugar, está el uso que le dieron Kant, Hegel, Marx y Nietzsche, un uso proseguido en este siglo por Weber, la Escuela de Franldfurt, Hannah Arendt, Michel Foucault y el pensamiento postmo- derno: a pesar de sus muchas diferencias, todos estos autores entien- den la filosofía de la historia como una crítica histórico- política sobre la propia. época y, en general, sobre el proceso de gestación y expansión mun- dial del Occidente moderno. En segundo lugar, está el uso que le dieron Comte, Stuart Mill, Ranke, Dilthey, Windelband y Rickert, un uso proseguido en este siglo por el Círculo de Viena, la filosofía analítica y la historiografía france- sa de los Annales: para todos estos autores, la filosofía de la historia debe limitarse a realizar una. reflexión epistemológica sobre el estatuto científico de la historiografía y, en general, de las llamadas ciencias huma- nas, dejando que sean éstas las que se ocupen de “explicar” y/o “com- prender” la vida de los seres humanos. Por último, está el uso que le han dado, a lo largo de este siglo, la fenomenología, la hermenéutica, el existencialismo y la desconstrucción, desde Husserl, Heidegger, Jaspers, Gadamer y Patocka, hasta Sartre, Merleau-Ponty, Levinas, Ricoeur y Derrida: todos ellos han elaborado un análisis ontológico sobre la historicidad como horizonte trascendental de la vida humana y, por tanto, como condición de posibilidad de nuestra experien- cia del mundo. Debo decir con toda claridad que no creo posible prescindir de ninguno de estos tres usos. Por tanto, me parece inaceptable la alter- nativa propuesta por autores como W. H. Walsh y A. Danto, que preten- den obligarnos a elegir entre una filosofía “especulativa” o “sustanti- va” de la historia universal, a la manera del idealismo alemán, y una filosofía “crítica” o “analítica” de la ciencia historiográfica, a la mane- ra del positivismo angloamericano. Ciertamente, la filosofía de la historia no puede hacer de la historia (y, en general, de la ciencia) una sierva de la filosofía, como pretendía la metafísica idealista, pero tampoco puede convertir a la filosofía en una sierva de la ciencia (y, en particular, de la historia), como ha pretendido de EL GRAN EXPERIMENTO. ENSAYOS SOBRE LA SOCIEDAD GLOBAL. la epistemología positivista. La filosofía de la historia debe comenzar problematizando ese falsa alternativa entre una metafísica idealista y una epistemología positivista, puesto que ambas comparten una misma concepción platónica del conocimiento y una misma concep- ción teleológica de la historia. Si queremos pensar críticamente nuestra propia experiencia his- tórica, hemos de cuestionar las viejas dicotomías: entre historia y filo- sofía, entre juicios de hecho y juicios de valor, entre el estudio del pasado y la erítica del presente. Hemos de reconocernos a nosotros mismos implicados en las contiendas sociales y en las incertidumbres del tiempo, sin renunciar por ello a entender el mundo que nos rodea y a orientar nuestra acción en él. La historia y la filosofía nacieron juntas en la Grecia antigua. Las unía el deseo de conocer empiricamente y juzgar eríticamente la pro- pia experiencia. Desde entonces, han mantenido un ambivalente vín- culo de alianza y de litigio, que ha dado lugar a muy diversas formas de hibridación intelectual. En los dos últimos siglos, las tres formas de hibridación más importantes son las que acabo de mencionar: la eríti- ca histórico-política de la propia época, la reflexión epistemológica sobre el saber historiográfico y el análisis ontológico de la historicidad humana. Por eso, yo defiendo que la filosofía de la historia debe articular entre sí las tres perspectivas: ontológica, epistemológica y crítica. Una vez hecha esta consideración introductoria, pasaré a propo- nerles las cuatro tesis que podrían servir de base a una posible teoría de la historia. Las expondré de forma muy sumaria, pero espero tener ocasión de matizarlas y discutirlas con ustedes a lo largo del coloquio. NOSOTROS Y EL MUNDO La primera tesis concierne a la historicidad constitutiva de la vida humana, es decir, a la relación ontológica que los seres humanos mantenemos con el mundo que nos rodea. Esta relación es irresolublemente paradójica. 45 ANTONIO CAMPILLO reconocer una discontinuidad epistemológica entre las ciencias naturales y las ciencias sociales. No podemos preguntarnos por la condición humana sin tener en cuenta esta doble dirección, este doble movimiento en el que nos vemos inevitablemente comprometidos al formular semejante pre- gunta. No podemos olvidar que cuando hablamos del ser humano esta- mos hablando, al mismo tiempo, de nosotros mismos. El ser humano es a la vez un qué abstracto y general (con el que mantenemos una rela- ción de sujeto a objeto) y un quién concreto y singular (con quien man- tenemos una relación de sujeto a sujeto). Es ese algo objetivo de lo que hablamos, pero es también ese alguien subjetivo con quien hablamos. Es el homo sapiens del que se ocupa la ciencia, pero son también los hombres y mujeres singulares con quienes compartimos y confronta- mos políticamente nuestra experiencia del mundo. Esta condición paradójica de la vida humana, su doble cara obje- tiva y subjetiva, hace que sea igualmente paradójica la relación que los seres humanos mantenemos con el mundo. Por un lado, los seres humanos estamos condicionados por el mundo en el que habitamos y del que formamos parte, pero, por otro lado, ¿a qué llamamos mundo sino al conjunto de condiciones que constituyen el horizonte de nues- tra experiencia? El reverso inseparable del carácter condicionado de la vida humana es que el mundo mismo no puede ser experimentado por el viviente humano más que como condición de su propia existencia. El ser humano no se constituye más que a partir de un conjunto de con- diciones que le son dadas y que para él forman parte del mundo, más aún, son el mundo. Pero el mundo, a su vez, no llega a constituirse como tal, como un mundo, más que en la medida en que el ser humano se lo apropia, en la medida en que pasa a ser su mundo, El mundo no pro- porciona al ser humano sus condiciones de vida y éstas no pueden ser pensadas como condiciones constitutivas de su experiencia más que en la medida en que el ser humano se las apropia y hace una efectiva enpe- riencia de ellas, es decir, en la medida en que las recibe, las modela, las 48 EL GRAN EXPERIMENTO. ENSAYOS SOBRE LA SOCIEDAD GLOBAL transforma y las transmite. Tales condiciones de la experiencia huma- na no determinan, pues, la acción y el pensamiento desde el exterior, ni están dadas de una vez por todas, puesto que el propio pensamiento y la propia acción del ser humano, al tiempo que se somete a ellas, las modifica!, En resumen, toda condición es a la vez algo recibido pasivamente y algo apropiado activamente. Por tanto, las condiciones de la vida humana han de ser entendidas a un tiempo como límites y como posibi- lidades. Esta ambivalencia del concepto de condición nos permite cuestio- narla vieja dicotomía entre necesidad y libertad. Ni el orden del mundo es el reino de la necesidad, ni la vida humana es el reino de la libertad, ni la relación entre el ser humano y el mundo es la oposición dicotómi- ca entre dos reinos inconmensurables. El ser humano no está ni abso- lutamente sometido a la necesidad ni absolutamente liberado de ella. Es un ser condicionado por el mundo concreto en el que vive, pero no hay necesidad alguna que permita predecir y explicar la totalidad de sus acciones y de sus pensamientos; es un ser capaz de pensar y de actuar libremente, pero eso no quiere decir que lo haga incondicionadamen- te, sino que las condiciones de su pensamiento y de su acción no deter- minan de antemano el curso que éstos han de tomar. Ahora bien, si el concepto de condición permite nombrar a un tiempo al ser humano concreto y al mundo concreto en el que vive, la variabilidad e imprevisibilidad de las condiciones de vida no puede ser una peculiaridad exclusiva del ser humano, sino que ha de ser también una peculiaridad del mundo. En otras palabras, lo que se $n, no es un estado determinado (del nombra con el término condi mundo y del ser humano), sino más bien una relación, un proceso, por medio del cual el mundo y el ser humano no cesan de ser afectados y transformados el uno por el otro. Esto quiere decir que la relación de mutua remisión entre el mundo y el ser humano no adopta la forma del círculo, que desde el principio está cerrado sobre sí mismo, sino la forma de la espiral, que desde el 49 ANTONIO CAMPILLO principio está abierta a lo ilimitado; no da lugar a un mecanismo de repetición o reduplicación (monótono, estéril y especular), sino a un proceso de invención o variación (imprevisible, creativo y plural). Por eso, no puede ser analizado en abstracto, como un movimiento mera- mente especulativo, sino en concreto, tal y como se'ha dado en la his- toria efectiva de la humanidad. A través de ese movimiento espiral, los seres humanos hemos ido configurando y transformando sin cesar nuestra relación con el mundo, y al hacerlo hemos ido configurando y transformando también las relaciones entre nosotros, es decir, hemos ido creándonos y recreándonos a nosotros mismos. Nuestra relación con el mundo es ineludiblemente histórica, y no puede ser analizada más que en su desenvolvimiento efectivo. Decir que los seres humanos somos seres condicionados equivale a decir que somos his- tóricos; y decir que el mundo es la condición del ser humano equivale a decir que es igualmente histórico. El mundo es la condición del ser humano y el ser humano es la con- dición del mundo, pero este mutuo condicionamiento no deja de alterar al mundo y al ser humano. Por eso, no es posible hablar del uno y del otro de forma aislada, estática o dicotómica, sino de la mutua relación histó- rica que los contrapone, los entreteje y los transforma sin cesar. Ahora bien, decir que el ser humano y el mundo son históricos equivale a decir no sólo que son variables sino también que son plura- les. Los seres humanos somos seres condicionados: desde el momento en que venimos al mundo, nuestra vida está condicionada por el cuer- po viviente que recibimos de nuestros progenitores. por el entorno exterior en el que hemos de sobrevivir y por los otros seres humanos con los que convivimos y nos comunicamos. El mundo es para nosotros ese conjunto de condiciones que nos son dadas y que hacen posible nuestra vida. Todos los seres humanos compartimos estas tres clases de condiciones: éste es nuestro mundo común, el mundo que compar- timos y en el que nos comunicamos unos con otros, Pero estas tres cla- ses de condiciones son esencialmente plurales: cada viviente humano es único e irrepetible, porque también lo son el cuerpo, el entorno so EL GRAN EXPERIMENTO. ENSAYOS SOBRE LA SOCIEDAD GLOBAL. exterior y los otros humanos con los que se encuentra al nacer. Por tanto, no hay un solo mundo, sino tantos como seres humanos; o, más exacta- mente, nuestro mundo común es la amalgama de los innumerables mun- dos enlos que habitamos cada uno de nosotros. En otras palabras, elmundo comúnno es algo meramente dado, sino algo que no cesa de ser compuesto y des- compuesto en el curso de las generaciones, mediante las conjunciones y disyun- ciones, los amores y las guerras entre los vivientes humanos singulares. En resumen, la cara objetiva y la cara subjetiva de nuestra exis- tencia se oponen antinómicamente entre sí, pero al mismo tiempo forman una sola superficie continua, como sucede con la cinta de Moebius. Esa superficie a un tiempo interna y externa, subjetiva y objetiva, es lo que llamamos la historia. La primera tesis que qui- siera formular es precisamente ésta: considero que la vida humana es constitutivamente histórica, pero entiendo esta historicidad como una relación de mutua e incesante remisión entre los seres humanos singulares y el mundo igualmente singular en el que habitan, o, más exactamente, como una reversión sin fin entre el lado “subjetivo” y el lado "objerivo” de la experiencia humana del mundo. Además, considero que esta remisión recíproca entre lo humano y lo mundano se encuentra regida por el princi- pio ontológico de la variación espacio-temporal, que postula la diversifi- cación inagotable y la mutación imprevisible de todo cuanto acontece. LAS CONDICIONES UNIVERSALES DE LA VIDA HUMANA; PARENTESCO, ECONOMÍA Y POLÍTICA Esta relación ontológica entre el lado objetivo y el lado subjetivo de la condición humana suele ser explicada por la ciencia contemporánea como una relación entre la “naturaleza” y la “cultura”, entre lo innato y lo adquirido, entre la herencia genética y la convivencia social, especialmente desde que Darwin formulara su teoría de la evolución, que es el punto de encuentro entre las ciencias de la naturaleza y las ciencias del hombre. sl ANTONIO CAMPILLO leyes o reglas morales comunes que aseguran la cohesión, la identidad y la perdurabilidad del grupo social como tal. En tercer lugar, el ser humano se constituye como sujeto al sentirse miembro de la comunidad en la que nace y vive; al hacer de esa comunidad natal (o “natural”) y residencial (o territorial) un “nosotros” que se afirma frente a los “otros”; al establecer una frontera entre los parientes y los extraños, entre los vecinos y los extranjeros, entre los aliados y los adver- sarios, entre los amigos y los enemigos, entre aquéllos con quienes se comparte la vida y aquéllos de quienes se teme y alos que se da la muerte, Son estas tres formas de subjerivación (sujeto-objeto, yo-tú, nosotros-los otros), las que están en la base de toda experiencia humana, y por tanto las que hacen posible la diferenciación entre lo humano y lo no humano, entre la racionalidad y la animalidad, entre la cultura y la naturaleza: Pero no podemos olvidar que esa subjetiva- ción no es un estado sino un proceso, un movimiento, una relación siempre cambiante, por lo que la frontera entre el sujeto y el objeto, entre el yo y el tú, entre nosotros y los otros, en fin, entre lo humano y lo no humano, no es una frontera objetiva, determinada de una vez por todas, sino un horizonte que no cesa de desplazarse por la propia acción del sujeto humano, por su activa relación con el mundo. Insisto: el proceso histórico que conduce de la naturaleza a la cultu- ra y que permite establecer una diferenciación entre ambas, no puede ser descrito como un proceso meramente objetivo, ni tampoco como una evolución gradual, sino más bien como un movimiento de autoa- firmación subjetiva, como la instauración o institución de una frontera, por medio de la cual el serhumano se identifica a sí mismo diferenciándo- se del resto de los seres, . Lo dado naturalmente al ser humano, aquello con lo que todo viviente se encuentra al nacer, es su propio cuerpo, la Tierra que le rodea y la compañía de los otros semejantes a él. Pero esos datos “natu- rales” se convierten en condiciones de la vida humana en la medida en que el propio ser humano los modela “culturalmente”, y esta actividad de modelación, a su vez, es la que caracteriza al ser humano en cuanto 54 EL GRAN EXPERIMENTO, ENSAYOS SOBRE LA SOCIEDAD GLOBAL tal. La primera e ineludible tarea “cultural” del ser humano consiste en integrar o articular entre sí esos tres datos “naturales”: el cuerpo, la Tierra, los otros. Esta articulación se produce en función de tres impulsos primarios del cuerpo humano: el hambre, el sexo y la violen- cia. En correspondencia con cada uno de estos impulsos, la Tierra es experimentada por el cuerpo como su medio de supervivencia, como su hogar de convivencia y como su territorio de independencia. Y los otros son experimentados como colaboradores (con los que se traba- ja), como compañeros (con los que se convive) y como enemigos (con los que se rivaliza). De ahí que la articulación “cultural” entre el cuer- po, la Tierra y los otros dé lugar a tres diferentes tipos de relaciones sociales: las relaciones económicas, las relaciones parentales y las relaciones políticas. Cada una de estas relaciones está regida por una pasión dominante, por una determinada actitud ante la vida: el temor (a la muerte), el amor (hasta la muerte) y el valor (ante la muerte). Estas tres grandes formas de relación son igualmente imprescin- dibles para la vida humana, por lo que cada una de ellas tiene que enfrentarse y anudarse a un tiempo con las otras, para que la vida humana sea posible. Entre ellas caben las más diversas combinaciones (y la historia de las sociedades humanas esla historia de esas combina- ciones), pero ninguna de las tres relaciones puede suprimir o subsu- mir por completo a las otras dos, por más que lo pretendan, por más que los propios seres humanos, de hecho, lo hayan pretendido una y otra vez, por más que forme parte de la condición humana esa obsti- nada pretensión de rebasar sus propios límites. En resumen, la segunda tesis que les propongo a ustedes puede formularse así: la autoofirmación del ser humano como sujeto tiene lugar poruna triple vía, que se corresponde con las tres condiciones "naturales "de su ser viviente: el cuerpo, la Tierra y la compañía de los otros; estas tres vías engendran tres tipos de relaciones sociales o “culturales” (parentales, eco- nómicos y políticas), que son a un tiempo irreductibles e inseparables entre sí; cada una de ellas hace posible el tránsito y la simbiosis entre la natura- leza y la cultura, entre la animalidad y la humanidad; de modo que no cabe 55 ANTONIO CAMPILLO hablar de una sociedad o una cultura “humana” sin la presencia simultá- nea y la mutua articulación entre estas tres relaciones sociales. Sin embargo, algunos de los autores que más lúcidamente las han analizado, han incurrido en el error de privilegiar una u otra de esas vías, ignorando o simplificando en exceso la compleja articulación entre todas ellas, Así, Adam Smith y Karl Marx han analizado y privilegiado las rela- ciones económicas como relaciones sociales básicas, y han hecho deri- var y depender de ellas el resto de las relaciones sociales. Para estos autores, el paso de la animalidad a la humanidad tiene lugar, ante todo, a través del trabajo productivo y del intercambio de bienes y servicios, es decir, a través de la reproducción y transformación material de las propias condiciones de vida. Por su parte, Sigmund Freud y Claude Lévi-Strauss han analizado y privilegiado las relaciones parentales (entre los sexos y las generacio- nes) como relaciones sociales básicas, y han hecho derivar y depender de ellas el resto de las relaciones sociales: el paso de la animalidad a la humanidad tiene lugar a través del tabú del incesto y de su reverso posi- tivo, la regla de la exogamia, ley social originaria que regula las relacio- nes sexuales y reproductivas, y que por tanto asegura los vínculos de alianza social y de filiación generacional. Por último, Thomas Hobbes y Carl Schmitt han analizado y privi- legiado las relaciones políticas (entre amigos y enemigos, pero tam- bién entre gobernantes y gobernados) como relaciones sociales bási- cas, y han hecho derivar y depender de ellas el resto de las relaciones sociales: el paso de la animalidad a la humanidad tiene lugar a través de las relaciones de hostilidad entre individuos y entre grupos rivales, una hostilidad que acaba suscitando la regulación jurídica de los conflictos, tanto en el seno de cada comunidad política como en las relaciones exteriores entre unas comunidades y otras. Los análisis de todos estos autores son de un gran valor para reco- nocer la especificidad y la ineludibilidad de cada una de las tres relacio- nes sociales básicas. De hecho, estos autores han inaugurado algunas de 56 EL GRAN EXPERIMENTO. ENSAYOS SOBRE LA SOCIEDAD GLOBAL las corrientes más influyentes de las ciencias humanas: el liberalismo económico, el marxismo, el psicoanálisis, el estructuralismo, el realismo político. Pero, al mismo tiempo, es preciso cuestionar en estos autores (y en las corrientes teóricas que de ellos derivan) la pretensión de privile- giar una u otra de tales relaciones, para establecer entre ellas una deter- minada jerarquía. La tesis que yo defiendo consiste en postular a un tiempo la especificidad y la irreductibilidad de cada una de estas tres relaciones sociales. De modo que entre ellas no cabe establecer una rela- ción de jerarquía, es decir, de derivación y de dependencia unilateral, sino más bien una relación de mutua tensión y de mutua dependenci Las sociedades humanas son entramados de relaciones sociales que se entretejen unas con otras de forma inseparable. En ese entra- mado no es posible encontrar ninguna relación social que ejerza una primacía absoluta sobre todas las otras, ningún factor único y decisivo que "determine en última instancia” la estructura de cada sociedad y el movimiento general de la historia humana. En este punto, coincido con la tesis defendida por Michael Mann en su monumental obra Las fuentes del poder social: una sociedad es una trama abierta y cambiante de múltiples redes de poder”. Mann destaca cuatro redes o “fuentes” de poder: la económica, la política, la militar y la ideológica. Pero deja fuera de su análisis a las sociedades tribales, simplemente porque en ellas no hay organizaciones ¡jerarquizadas de poder. En cambio, a mi me parece que el estudio de las sociedades tribales es imprescindible en cualquier interpretación general de la historia humana, como trata- ré de mostrar más adelante. Entre otras cosas, el estudio de las socie- dades tribales permite corroborar la tesis aquí expuesta, esto es, la existencia de tres relaciones sociales básicas: la económica, la parental (de la que Mann no se ocupa) y la político-militar (pues no creo que sean separables entre sí la autoridad y la fuerza, la diplomacia y la guerra). En cuanto a la "ideología” (a la que yo prefiero denominar "reli- gión”, siguiendo en esto a Durkheim más que a Marx), no me parece que sea una cuarta forma de relación social, equiparable a las otras tres, sino que más bien las envuelve a todas, las articula entre sí y les s7 ANTONIO CAMPILLO esta segunda serie los muchos cambios que cada sociedad ha experi- mentado en el curso de su propia historia. Por eso, es necesario recu- rrir al inevitable y siempre problemático uso de esas construcciones conceptuales a las que Weber llamó "tipos ideales” o “tipos puros”, y a las que Durkheim llamó “tipos sociales” o “especies sociales”. En cuanto al valor metodológico y a la entidad real de estos "tipos”, me sitúo a medio camino entre el individualismo de Weber y el holismo de Durkheim, en un punto medio defendido también por Berger y Luckmann, Giddens y Foucault. Creo que los "tipos sociales” deben ser considerados como reconstrucciones ideales que el historiador hace a partir de las construcciones reales a las que tratan de someterse (u oponerse) las propias acciones intencionales de los individuos. De modo que si se producen desviaciones con respecto al tipo puro y combinaciones de dos o más tipos, éstas no conciernen sólo a la relación de (in)adecuación epistemológica entre el tipo ideal y la rea- lidad social, como creía Weber, sino también a los procesos históricos de racionalización, de conflicto y de cambio inherentes a la propia realidad social (puesto que se trata de una realidad construida por sujetos activos y reflexivos). Hecha esta breve precisión metodológica, puedo pasar a formular la tercera de las tesis que les había prometido: Alo largo y ancho de la historia humana, ha habido tres grandes tipos de sociedades, en los que la combinación de relaciones parentales, económicas y políticas (con su correspondiente legitimación o racionalización religiosa) ha adoptado formas claramente diferenciadas: la sociedad tribal, la sociedad estamental y la sociedad capitalista. Todas las sociedades tribales tienen dos rasgos en común: en primer lugar, las tres relaciones sociales básicas se encuentran super- Puestas entre sí, de modo que la tribu es a la vez grupo parental, grupo económico y grupo político; en segundo lugar, las relaciones de paren- tesco poseen una hegemonía regulativa sobre el resto de las relaciones sociales, y se encuentran regidas por el principio general de la reci- procidad. 60 EL GRAN EXPERIMENTO, ENSAYOS SOBRE LA SOCIEDAD GLOBAL Enlas sociedades estamentales, las relaciones políticas se autonomi- zan con respecto a las relaciones parentales y económicas, de modo que la nueva comunidad política, el Estado, incluye a varias tribus o grupos parentales jerarquizados entre sí. Las relaciones económicas depen- den tanto de la familia (economía doméstica y mercado local) como del Estado (economía redistributiva y comercio interestatal). Finalmente, las relaciones políticas pasan a ejercer la hegemonía regulativa y comien- zan a regirse por el principio general de la jerarquía y del dominio entre estamentos y entre individuos. En la moderna sociedad capitalista, son las relaciones económicas las que se separan tanto del orden parental como del orden político: la eco- nomía se autonomiza y se mundializa, abarcando en un solo orden de relaciones mercantiles no sólo a los diversos grupos parentales y triba- les sino también a los diversos estamentos sociales y a los diversos Estados nacionales. Además, esta nueva economía de mercado pasa a ejercer la. hegemonía regulativa sobre el resto de las relaciones sociales, primando ahora el principio del libre contrato, de la libre ecompeten- cia económica y de la mercantilización general de todas las cosas, inclui- do el dinero, las tierras y las personas. Finalmente, conviene tener en cuenta que a estos tres grandes tipos de sociedad han correspondido tres formas igualmente diferen- tes de religión o de ideología: la mitológica, la teológica y la tecnológica. Con esta tipología, pretendo oponerme al paradigma evolucionis- ta que ha dominado en las ciencias sociales durante los dos últimos siglos. En efecto, estos tres grandes tipos de sociedad no constituyen otras tantas fases o etapas de un proceso evolutivo teleológicamente orientado. No hay necesidad alguna que permita explicar el tránsito de la una a la otra, sino que ese tránsito ha sido en cada caso el resultado coyuntural e impredecible de azares naturales y de conflictos sociales, de presiones externas y de luchas internas. No hay ninguna ley históri- ca que explique y justifique el curso efectivo de los acontecimientos humanos, sino que éstos ocurren aleatoriamente, como una conjunción singular entre lo objetivamente dado y lo subjetivamente instituido. 61 ANTONIO CAMPILLO Las sociedades tribales son las formas de sociedad más antiguas, las más “primitivas” desde el punto de vista cronológico: aparecieron en África hace ahora unos 100.000 años y desde allí se extendieron al resto del mundo. Pero esto no quiere decir que sean la infancia de la humanidad, ni que deban ser necesariamente sustituidas y superadas por otras sociedades más maduras o más evolucionadas. Por el contra- rio, la mayor parte de las sociedades humanas han conservado su forma tribal durante siglos y milenios, sin que su larga historia las haya lleva- do a madurar y a abandonar su “primitiva” forma de vida. Lévi-Strauss fue uno de los antropólogos que más tempranamente y más rotunda- mente cuestionó los supuestos del evolucionismo social. Siguiendo sus pasos, Pierre Clastres caracterizó a estas sociedades como “sociedades contra el Estado”. Con una notable constancia, se han mantenido durante milenios como unidades políticas independientes, con un territorio y una población muy reducidos; pero para ello han tenido que mantenerse a distancia unas de otras, mediante la incesante prác- tica de la segmentación y de la guerra. Sólo unas pocas sociedades sufrieron grandes cambios, que las llevaron a adoptar un nuevo tipo de combinación y de legitimación de las relaciones sociales. Estos cambios no sólo las llevaron a aumentar de tamaño y a concentrarse en núcleos urbanos, sino también a expan- dirse e imponerse a las sociedades tribales vecinas, obligando a estas últimas a abandonar o alterar su forma de vida y a integrarse en una forma de organización mucho más amplia y compleja. Esta nueva forma de organización es el Estado estamental, en el que diversos gru- pos sociales se especializan y se coordinan entre sí, pero no de forma segmentaria o igualitaria, sino de forma piramidal o jerarquizada. Los primeros Estados aparecieron en el Oriente Próximo, hace ahora unos cinco o seis mil años, pero poco después comenzaron a aparecer en otras regiones de la Tierra, desde China hasta América central y andina. Algunos de estos Estados se expandieron hasta convertirse en grandes “imperios”, capaces de controlar vastos territorios y de dominar a un gran número de tribus y de Estados menores. Pero estos “imperios”, 62 EL GRAN EXPERIMENTO. ENSAYOS SOBRE LA SOCIEDAD GLOBAL a pesar de su gran tamaño, permanecieron relativamente aislados unos de otros, y ninguno de ellos pudo sobrepasar un cierto límite de creci- miento. Además, una vez alcanzado ese límite, decayeron rápidamente, sin dejar más que huellas fragmentarias de su paso por la Tierra. La última gran transformación tiene lugar con la aparición de la sociedad capitalista y del moderno sistema de Estados nacionales, cuya fecha de nacimiento puede situarse en torno al siglo XVI de la era eris- tiana. Esta es la sociedad más reciente, y su aparición ha tenido lugar solamente en los llamados países occidentales, pero, en apenas cinco siglos, se ha convertido en la única sociedad “mundial”, la única capaz de abarcar toda la superficie terrestre e integrar en una sola red de relaciones a las demás sociedades. Una vez que la sociedad capitalista se impuso a todas las otras, estas otras dejaron de tener una historia propia, pasaron a integrarse en la “historia universal” e incluso llegaron a ser consideradas por Occidente como meras etapas o fases preparatorias de su propio triun- fo histórico. Esta es la concepción progresista o teleológica de la histo- ría humana que comenzó a elaborarse en Occidente a partir de los siglos XVH y XVIII, y que ha dominado en el conjunto de las ciencias sociales hasta fecha bien reciente. Sin embargo, estas supuestas “etapas” de la historia humana no se reemplazan y se superan unas a otras en la sucesión de un espacio- tiempo único, sino que los diferentes tipos de sociedades tienen su propio tiempo, su propia historia, y estas diversas historias conviven, concurren y se entretejen unas con otras en la simultaneidad de un espacio-tiempo plural. Lo que ocurre es que en ese entretejimiento hay unas sociedades que se imponen sobre las otras y las integran en su propia historia, recurriendo a jerarquizaciones temporales para justi- ficar la necesidad histórica de dicha dominación. Así lo hicieron los antiguos imperios, cuando afirmaron su superioridad sobre los "bár- baros” a los que conquistaban, y así lo hizo también la Europa moder- na, cuando afirmó su superioridad sobre el resto de los pueblos de la Tierra. 63 ANTONIO CAMPILLO Estas transformaciones no afectan sólo a la estructura familiar, que está adoptando formas cada vez más variadas y más democratizadas, sino que afectan simultáneamente al campo de las relaciones econó- micas y políticas, y, por supuesto, al universo simbólico de la socie- dad. A juzgar por los cambios ocurridos en el último tercio de este siglo, la crisis de la familia patriarcal es un movimiento sin retorno. No obstante, tienen razón muchas feministas cuando denuncian las fuer- tes resistencias de los varones a perder sus milenarios privilegios: en el hogar, en el trabajo, en la política y en la cultura. Las mujeres toda- vía no han alcanzado la igualdad con los hombres, ni en el reparto de las tareas domésticas, ni en el desempeño de la actividad profesional, ni en el ejercicio del poder político, ni en la adquisición de una autori- dad ideológica. Por eso, puede decirse que una de las grandes batallas de la sociedad global es la que enfrenta a los partidarios y los adversarios de la igualdad sexual, y una de las grandes incertidumbres con respecto al futuro depende del rumbo que acabe tomando este conflicto. La segunda gran mutación afecta al campo de las relaciones políticas. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, el proceso de descolonización de las antiguas colonias curopeas ha hecho que el moderno sistema de Estados nacionales se extienda a todo el mundo; pero, paralelamente, la traumática experiencia del totalitarismo, la invención de las armas nucleares, el desarrollo vertiginoso de las teleconmnicaciones, la mundialización de las relaciones económi- cas, la multiplicación de riesgos globales y la institucionalización de organizaciones políticas supranacionales (tanto mundiales como regionales, tanto gubernamentales como no gubernamentales) han hecho que comience a ser cada vez más cuestionada la idea misma del Estado nacional soberano. La crisis del Estado moderno y de la idea de soberanía nacional se está produciendo tanto en su vertiente exterior como en su vertiente interior: el Estado se ha hecho demasiado pequeño para enfrentarse en soli- tario a los grandes problemas mundiales y demasiado grande para centralizar 66 EL GRAN EXPERIMENTO. ENSAYOS SOBRE LA SOCIEDAD GLOBAL enun solo punto de decisión la gestión de todos los pequeños problemas loca- les y sectoriales. La complejidad creciente de las relaciones sociales, tanto a esca- la global como a escala local, hace cada vez más problemático el recur- so a una fuerza centralizada e imperativa (militarista hacia fuera y autoritaria hacia dentro) y obliga a la resolución o gestión negociada de los conflictos de intereses (tanto en el exterior como en el inte- rior). Esta pérdida de protagonismo del moderno Estado nacional es paralela al surgimiento de una conciencia política cosmopolita. Por encima de las fronteras nacionales, se multiplican los actores sociales transnacionales. Estos nuevos actores transnacionales están contribu- yendo a la formación de una sociedad planetaria que se sabe cada vez más tejida por una sola red de relaciones sociales y comprometida en un destino común. La globalización no consiste sólo en la creciente interdependencia objetiva entre todos los pueblos de la Tierra, sino también en la creciente autoconciencia o percepción subjetiva por medio de la cual esos pueblos se experimentan a sí mismos como miembros de una sola comunidad global. Esta nueva conciencia de comunidad es lo que confiere a la globalización su específica dimensión política. Es cierto que, junto a este proceso de globalización política, se están dando fenómenos contrarios de reactivación del nacionalismo, a veces con una virulencia extrema. Estos fenómenos de renacionali- zación de la política ponen de relieve que el proceso de globalización es ambivalente, que está teniendo efectos contrapuestos en los distintos países y en los distintos grupos sociales, y, sobre todo, que está provo- cando profundas fisuras y tensiones entre los “incluidos” y los “exclui- dos” en dicho proceso. Manuel Castells ha insistido en esta dualización de la sociedad global y en los movimientos de respuesta que está provo- cando, orientados a preservar la “identidad” de las distintas comunida- des locales o sectoriales; no obstante, considera que el proceso de globa- lización es irreversible y que está creando un nuevo tipo de sociedad!, 67 ANTONIO CAMPILLO Queda por ver si esta nueva sociedad hará posible la formación de una “democracia cosmopolita”, como la que propone David Held?, o si más bien acentuará la dualización de la sociedad capitalista entre una pequeña élite de países y grupos sociales poderosos, enriquecidos y fuertemente integrados entre sí, y una amplia franja de países y gru- pos sociales débiles, empobrecidos y excluidos de la toma de decisio- nes. Queda por ver si un orden político democrático a escala planetaria hará posible la pacificación de las relaciones políticas o si ura dualización igual- mente planetaria engendrará nuevas tensiones sociales y nuevos conflictos militares de consecuencias catastróficas. La tercera mutación afecta al campo de las relaciones económicas. Desde su origen, el capitalismo moderno se caracterizó por ser una economía “mundial” en un mundo políticamente fragmentado, en el que las grandes potencias europeas rivalizaban por la hegemonía; esto proporcionó a los agentes económicos un amplio margen de maniobra para escapar al control político de sus respectivos Estados, o bien para obtener de ellos el apoyo político que había de permitirles la imposi- ción de unas abusivas condiciones de explotación económica. Por tanto, la novedad de la sociedad global no consiste en la liberalización y mundialización de la economía, sino en el nuevo tipo de articulación que está estableciéndose entre la economía y la política. Es cierto que la liberalización y la mundialización se han acentuado cada vez más, sobre todo tras la caída del bloque comunista y la irrupción de las nue- vas tecnologías de la comunicación, pero lo han hecho en una comuni- dad internacional cada vez más interdependiente y poliárquica, cada vez más integrada políticamente, cada vez más orientada hacia la nego- ciación pacífica y la toma colectiva de decisiones. Este es un rasgo dis- tintivo de la naciente sociedad global. En la sociedad global, disminuye el poder imperativo de cada Estado nacional, incluso el de los más hegemónicos, pero al mismo tiempo aumenta el poder concertado de las grandes coaliciones regionales (como la Unión Europea), de los países más ricos del mundo (como el Grupo de los Siete) y de los grandes organismos 68 EL GRAN EXPERIMENTO. ENSAYOS SOBRE LA SOCIEDAD GLOBAL internacionales (como el FMI, el Banco Mundial, la OMC y las distin- tas agencias de la ONU), Todas estas instituciones se están viendo cada vez más forzadas a ejercer un cierto gobierno político de la economía mun- dial, es decir, a establecer unas reglas de juego a escala global, dados los catastróficos efectos que ya ha provocado y que puede seguir provo- cando el libre juego del mercado en la era de la comunicación global. Paradójicamente, el proceso de globalización promovido por el capitalismo es el que ha traído consigo esta necesidad de control político, dado que los efectos catastróficos del libre mercado pueden afectar, por un movimiento en cadena, a las potencias económicas dominantes y al conjunto de la econo- mía mundial. Estos catastróficos efectos son de dos tipos. Por un lado, está el problema del desempleo y de la pobreza. Por otro lado, está el problema. de los recursos naturales y de la contaminación de la biosfera. En cuanto al desempleo y la pobreza, no han cesado de aumentar en las últimas décadas, a pesar del enorme crecimiento de la produe- ción y del comercio mundiales. Con la expansión del capitalismo, no ha disminvido sino que ha aumentado de forma alarmante la diferen- cía entre riqueza y pobreza. Uno de los fenómenos más sorprendentes de la naciente sociedad global es que el crecimiento de la riqueza mone- taria va asociado a un crecimiento del desempleo y de la pobreza. Es lo que ha dado en llamarse el “capitalismo sin trabajo”. Las empresas se enri- quecen no porque produzcan más sino porque reducen los “costes” laborales (mediante la innovación tecnológica, las fusiones entre ellas y la segmentación transnacional de la cadena productiva). El otro gran problema que ha puesto al descubierto los límites de la economía capitalista es la crisis ecológica global. El capitalismo hasta ahora vigente se ha desarrollado a costa de una devastación masiva y ver- tiginosa de los recursos naturales, que hace imposible su renovación, y a costa de una contaminación igualmente masiva y vertiginosa de los sue- los, las aguas y el aire, que pone en peligro la supervivencia de las plan- tas, de los animales y de la propia especie humana. Es evidente que semejante modelo económico no puede ser emulado por todos los 69 ANTONIO CAMPILLO del parentesco, de la economía y de la política, por lo que hemos de encon- trar el modo de cultivar estas tres actividades a un tiempo, combatiendo cualquier forma de (des)articulación patológica que obligue a los seres humanos a una especialización “funcional” por razones de sexo, de clase social, de nación o de cualquier otra índole, Esta exigencia de equilibrio antropológico supone el reconocimien- to de que las relaciones económicas, políticas y familiares son irreduc- tibles entre sí, por más que sean, al mismo tiempo, inseparables e interdependientes; supone también el reconocimiento de que esas tres relaciones sociales han ido diferenciándose y autonomizándose mutuamente en el curso de la historia humana, por más que en cada tipo de sociedad haya sido una de ellas la que haya ejercido un predo- minio regulativo; supone, en fin, la crítica a toda reducción unidimen- sional y a toda (des)articulación patológica de la experiencia humana (es decir, la crítica a todo economicismo, todo politicismo y todo fami- Liarismo) y el consiguiente esfuerzo por articular de forma equilibrada esas tres dimensiones, en un nuevo tipo histórico de sociedad. NOTAas * Ponencia presentada en el II Congreso Internacional “Historia a debate”, celebra- do en Santiago de Compostela durante los días 14. a 18 de julio de 1999. Las tesis expuestas en esta ponencia han sido ampliamente desarrolladas en mi libro Variaciones de la vida humana. Una teoría de la historia, Akal, Madrid. 3001. 1. Esta ambivalente relación entre el mundo y el ser bumano ha sido analizada por Martin Heidegger en El ser y el tiempo (FCE, Madrid, 1971) y por Hannah Arendt en La condición humana (Paidós, Barcelona, 1993). 2. — Michael Mann, Las fuentes del poder social, Í. Una historia del poder desde los comien- zos hosta 1760 d. C.. Alianza, Madrid, 1991, pp- 13-58. 3. — Esta concepción durkheimiana de la religión como "universo simbólico” de la sociedad ha sido defendida por Peter L. Berger y Thomas Luckmann en La cons- trucción social de la realidad (Amorrortu, Buenos Aires, 2968) y por el mismo Luckmann en La religión invisible. El problema de la religión en la sociedad moderna (Sígueme, Salamanca, 1973). 4 GX.F. Hegel, Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, Alianza, Madrid, 1986. La distinción hegeliana entre repetición de la naturaleza y progresión de la historia es típicamente moderna: se funda en la dicotomía cartesiana entre res exten- sa y res cogitans. Pero esta dicotomía ha sido cuestionada tanto desde las ciencias ve PA EL GRAN EXPERIMENTO. ENSAYOS SOBRE LA SOCIEDAD GLOBAL. naturales como desde las ciencias sociales: unas y otras recurren cada vez más al principio de variación, como un principio común tanto a los procesos físico-quími- cos y biológicos como a los procesos históricos y culturales. Para este cambio de paradigma, remito a mi libro Adiós al progreso. Una meditación sobre la historia, Anagrama, Barcelona, 1985 (2? de. 1995) y a mi artículo "Historia y naturaleza, De la idea de progreso a la idea de variación”, en La(s) otra(s)s historia(s), m2 1, junio 1987. pp. 93-124. Immanuel Walerstein, El moderno sistema mundial, 3 vols., Siglo XXI, Madrid, 1979-1984-1988; El copitalismo histórico, Siglo XXI, Madrid. 1988; "Análisis de los sistemas mundiales”, en Anthony Ciddens y otros, La teoría social, hoy, Alianza, Madrid, 1990. Wallerstein distingue tres grandes tipos de sistemas sociales: los “minisistemas”, los "imperios-mundo" y la "economía-mundo” o el “moderno sistema mundial”. Karl Polanyi, Le gran transformación. Crítica del liberalismo económico, La Piqueta, Madrid, 1989; (en colaboración), Comercio y mercado en los imperios antiguos, Labor. Barcelona, 1976; El sustento del hombre, Mondadori, Madrid, 1994. Este autor distingue tres tipos de organización económica (“reciprocidad”, “redistribución” e “intercam- bio”), que se corresponden con los tres tipos de sistema social descritos por 'Wallerstein y con la tipología que yo mismo propongo. Elisabeth Badinter (El uno es el otro, Planeta, Barcelona, 1987) considera que en las sociedades tribales predominan las relaciones de “complementariedad” y de igual dad entre hombres y mujeres; en los Estados estamentales, prevalecen las relacio- nes “patriarcales”, en las que los hombres dominan a las mujeres; estas relaciones jerárquicas han perdurado también durante la primera fase de desarrollo del capi- talismo; sólo en las últimas décadas, tras la incorporación de las mujeres al merca- do de trabajo y ala ciudadanía política, comienzan a surgir relaciones igualitarias entre los sexos, no basadas ya en el principio de "complementariedad” sino en el de “semejanza”. La antropóloga norteamericana Helen E. Fisher ha defendido un esquema histórico muy similar en un libro de orientación neodarwinista: Anatomía del amor. Historia natural de la monogamia, el adulterio y el divorcio, Anagrama, Barcelona, 1992, especialmente pp. 268-304. Manuel Castells, La era de la información: economía, sociedad y cultura, 3 vols.. Alianza, Madrid, »997-98 (vol. 1: La sociedad red,. 1997; vol. 2: El poder de la identi- dad, 1998; vol. 3: Fin de milenio, 1998). David Held, La democracia y el orden global. Del Estado moderno al gobierno cosmopo- liza, Paidós, Barcelona, 1997- 3