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Asignatura: Sociología General, Profesor: Margarita Campoy, Carrera: Trabajo Social, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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Alcanzar la igualdad entre los varones y las mujeres es, al tiempo que una gran aspiración social, uno de los principales objetivos políticos del siglo XXI.
El debate a propósito de la diferencia y de la desigualdad de género es antiguo. Ya Platón, en La República , argumenta magistralmente sobre estos conceptos y nos convence de lo injusto que resulta que se excluya a las mujeres del desempeño de determinadas profesiones por arte y gracia de una exclusiva diferencia sexual. La habilidad para desempeñar una tarea no puede depender de la biología.
En el libro V se extiende a propósito de “todo lo que pertenece a la comunidad de las mujeres y de los hijos” (Platón, 1980). Aquí se pregunta a propósito de la pertinencia de la división sexual del trabajo.
Sus interlocutores, tras recordar que uno de los principios de La República es que cada uno debe limitarse al oficio que más se adecue a su naturaleza, aducen que las evidentes diferencias en la constitución física de los varones y de las mujeres son diferencias de naturaleza. Pero el maestro considera que las diferencias sexuales no son diferencias de naturaleza, sino diferencias socialmente construidas porque unos y otras no han sido educados de la misma manera. Para Platón, la capacidad para el desempeño de una tarea tiene que ver con la educación recibida.
Y, aunque como señala Platón, no existe en el mundo ningún oficio para el que las mujeres no hayan recibido de la naturaleza las mismas disposiciones que los hombres, en todos ellos los hombres tienen una “superioridad”. Esto es, no existe diferencia de naturaleza que justifique la desigualdad positiva de los hombres (superioridad) y la negativa de las mujeres (inferioridad). Los trabajos que acostumbran a realizar los varones tienen más prestigio, están mejor remunerados y gozan de mayor autonomía que aquellos en los que suelen emplearse las mujeres. Y así, hasta nuestros días.
La sociología del género surge, como disciplina científica, por la confluencia de tres movimientos simultáneos. Los fundamentos se los proporciona la producción intelectual de la teoría feminista. Los motivos proceden de las reivindicaciones del movimiento feminista. Pero el impulso definitivo viene dado por la extensión entre la ciudadanía de una conciencia social que, anhelando la igualdad, clama por un nuevo estatus para la mujer.
1. La teoría feminista
Las autoras norteamericanas Patricia Madoo y Jill Niebrugge-Brantley nos brindan un magnífico trabajo de sistematización. El propósito fundamental de la teoría feminista es dar respuesta a la pregunta sobre el lugar que ocupan las mujeres en la sociedad. Las mujeres están presentes en la mayoría de las situaciones, pero allí
donde no están presentes, su ausencia no se debe ni a su incapacidad ni a su desinterés, sino al esfuerzo deliberado que se ha hecho por excluirlas. Los roles desempeñados por las mujeres no han sido idénticos a los de los hombres. El corpus teórico lo clasifican en función de la respuesta que dan a la pregunta ¿por qué esto es como es?
Las teorías de la diferencia señalan que “la localización de las mujeres y su experiencia en la mayoría de las situaciones difiere de la de los hombres en esas mismas situaciones”. El tema central es que las mujeres tienen una visión distinta y construyen la realidad de forma diferente a los hombres, porque difieren de ellos en varios aspectos (juicios de valor, metas en la vida, etc).
Las teorías de la desigualdad interpretan que la situación de las mujeres es menos privilegiada que la de los hombres y discuten a propósito de la naturaleza de la desigualdad. Las teóricas de la desigualdad, sean socialistas o liberales, comparten la idea de que la desigualdad ancla sus raíces en la organización socioeconómica del sistema social.
Las teorías de la opresión postulan que no solo la situación de las mujeres es menos privilegiada o desigualitaria, sino que se hacen esfuerzos conscientes para mantenerlas oprimidas y subordinadas. La situación de las mujeres es la consecuencia directa de la relación de poder entre hombres y mujeres; los hombres tienen un interés activo por la sumisión de la mujer. La pauta de opresión que se denomina patriarcado está profundamente enraizada en la sociedad.
2. El movimiento de las mujeres
Hace más de 150 años del surgimiento del movimiento feminista para alcanzar el objetivo de acabar con la secular dominación masculina. En 1848 se celebró la primera convención en pro de los derechos de la mujer en los EEUU. Desde mediados del siglo XIX el movimiento de las mujeres comienza a adquirir una organización formal. Las dos primeras décadas del siglo XX son el escenario de la lucha del Movimiento Sufragista por conseguir el derecho de voto para las mujeres. Culmina en 1918 cuando se reconoce el derecho de voto a las mujeres británicas mayores de 30 años. En la década de los sesenta del siglo pasado, el movimiento feminista contemporáneo toma su forma actual. Desde EEUU llega a Europa durante los setenta, para expandirse después por el resto del mundo.
La vitalidad y la fuerza del movimiento feminista, sostiene Castells, reside tanto en su diversidad como en su capacidad para adaptarse a distintas culturas y épocas. Encontramos tres criterios: las señas de identidad del movimiento, el adversario frente al que movilizarse y el objetivo que se espera alcanzar. Describe varios tipos:
El Feminismo cultural se opone a las instituciones y valores patriarcales tratando de encontrar espacios de libertad. El objetivo es lograr una autonomía cultural efectiva construyendo valores alternativos a los del sistema patriarcal. Luchar por los Derechos de la mujer significa reivindicarla como ser humano. El Feminismo esencialista es una variante del feminismo de la desigualdad que pretende revertir la situación a través de la discriminación positiva para la mujer.
aplicada orientada al análisis de los roles y de las identidades de las mujeres y de los varones, y de las relaciones sociales entre ellos, no adquirió cierta entidad hasta mediados de la década de los ochenta.
1. El género en la teoría sociológica clásica
La sociología clásica y la tradición intelectual feminista surgen a mediados del siglo XIX, y alcanzan una segunda fase de expansión a principios del siglo XX. A pesar de compartir generación, la sociología clásica no se interesó especialmente por las cuestiones que reivindicaba el feminismo, por haber vivido de espaldas al problema de las mujeres, por razones como circunstancias de carácter ideológico y porque los pocos sociólogos que se preocuparon por esta desigualdad de género lo hicieron desde los márgenes.
A) La construcción social de la voluntad, de Ferdinand Tönnies
En Comunidad y Sociedad , Tönnies analiza los fundamentos psíquicos de las relaciones sociales. Su punto de partida es la existencia de dos tipos de voluntad:
La voluntad natural reviste tres formas: el deseo, el hábito y la memoria. La memoria “denota la capacidad de reproducir impresiones recibidas; en su sentido científico, constituye la capacidad de repetir actos apropiados para la obtención de los objetivos deseados”. La voluntad racional se presenta como deliberación, discriminación y concepto.
Ambos tipos de voluntad son el fundamento de dos tipos de moralidad: una de carácter mecánico, fundada en el hábito y la repetición, y otra de naturaleza conceptual, basada en la deliberación.
Aunque puedan distinguirse distintos tipos de personas, según cuál sea la voluntad dominante, esta no depende de la inteligencia, sino del contexto social en la que se adquiere.
B) La cultura masculina como cultura universal, de Georg Simmel
En 1911 Simmel publicó, bajo el título de Cultura filosófica. Ensayos reunidos , un conjunto de artículos en el que estudiaba los fenómenos característicos y las tendencias de cambio de la sociedad moderna. Tres versaban sobre los problemas derivados de la “distinción sexual”: “Lo relativo y lo absoluto en el problema de los sexos”, “La coquetería” y “La cultura femenina”.
Destacamos tres aportaciones importantes. Primero determina que la pretendida cultura neutral no es sino cultura masculina. La exclusión de las mujeres explica así que estas aparezcan como cultural y moralmente inferiores. La cultura masculina se elevará a cultura humana y las mujeres aparecerán como desviadas del patrón cultural impuesto.
Segundo, que existen motivos de desigualdad y motivos de diferencia que explican que la cultura se haya configurado desde una perspectiva masculina. Simmel subraya las relaciones históricas de poder y las diferencias psicológicas.
Tercero, existen diferencias psicológicas que se traducen en dos modos de razonamiento moral. Sus diferentes pautas cognitivas, esto es, que en los hombres predomine el componente lógico sobre el ético y que las mujeres identifiquen el ser con el deber ser, explica que pueda hablarse de la construcción social de lo masculino y de lo femenino.
Simmel avanza lo que constituirá el punto de partida del análisis de las teóricas del feminismo post-estructuralista Kristeva e Irigaray; el que la cultura, el lenguaje y la realidad cotidiana, se configuran mediante conceptos derivados de las experiencias masculinas.
C) La incompatibilidad estructural, de Talcott Parsons
Parsons en su análisis de la estructura de la familia norteamericana diagnosticó el “delicado estado de equilibrio e integración en el que se encontraba la familia con el resto de la estructura social, especialmente con la estructura ocupacional”. Dice que existe un grave problema de incompatibilidad estructural entre la estructura laboral y la familiar, y señala que en EEUU han resuelto el problema a base de que un solo miembro de la pareja se incorpore al mercado del trabajo.
La transformación de la familia de los cincuenta se mueve en la dirección de un mayor aislamiento y autonomía. La familia conyugal se estaría separando tanto de la familia de orientación (en la que uno nace), como de la política (de orientación del cónyuge). Una vez concluido el proceso de diferenciación estructural de la sociedad iniciado con la modernidad, el empleo poco tiene que ver con la relación de parentesco, mientras el sostenimiento económico de la familia y el estatus siguen dependiendo del estatus ocupacional del marido. Trabajo y familia se habrán separado definitivamente.
Los niños y las niñas se socializan de forma distinta: mientras las niñas suelen imitar a las madres, los niños, en ausencia del padre que les sirve como modelo, lo imaginarán en sus desempeños laborales. Si en la familia son los valores particularistas (a cada uno según sus necesidades) los que ordenan las relaciones entre sus miembros, los valores propios del mundo del trabajo son los valores universalistas (a cada uno según su capacidad y eficiencia). Esta es la causa del difícil equilibrio estructural. El sistema se reequilibrará funcionalmente solo si existe una estricta división sexual del trabajo.
Menciona dos motivos adicionales por los que la división tradicional de roles es garantía de estabilidad: porque facilita la movilidad geográfica por motivos laborales, y porque impide que los cónyuges compitan entre sí en la esfera laboral.
2. El género en la teoría sociológica contemporánea
Se presentan ahora algunas teorías seleccionadas en razón de su importancia y del impacto que tuvieron en el momento en el que se publicaron.
A) El futuro del matrimonio, de Jessie Bernard
Jessie Bernard es la socióloga pionera en el análisis científico del género. Su análisis de la institución matrimonial se fundamenta empíricamente en las investigaciones sobre salud mental realizadas por distintas instituciones,
Para Smith el origen de la desigualdad femenina radica en muy diferentes posiciones de explotación derivadas de su implicación en la procreación y crianza de los hijos, de la participación de las tareas domésticas, o del apoyo emocional que dispensa a los suyos. El feminismo socialista considera a la mujer como creadora y mantenedora de la vida humana.
La teoría de la dominación es activista, porque se propone desvelar públicamente cómo funciona el sistema de dominación para que las personas conozcan cómo sus vidas están siendo organizadas.
D) Con una voz diferente, Carol Gilligan
En su investigación Gilligan se apoya en tres tipos de entrevistas: las mantenidas con mujeres durante el lapso de tiempo en el que estaban barajando la posibilidad de abortar, las realizadas con varones y mujeres estudiantes universitarios, y las llevadas a cabo con niños y niñas de nueve años, y su conclusión es que las mujeres hablan en un tono diferente al de los hombres.
Para llevar a cabo estas investigaciones se basa en la teoría del desarrollo moral de Kohlberg, que describe un proceso de aprendizaje moral secuencial, estructurado en seis etapas. Al aplicar el modelo de estadios del desarrollo moral a las mujeres, comprobó que estas puntuaban sistemáticamente en niveles más bajos que los varones.
Gilligan concluyó entonces que el hipotético subdesarrollo podía deberse a que su maestro solo había incluido varones en sus análisis empíricos, y sugirió que la teoría de Kohlberg tan solo explicaba el proceso de desarrollo moral masculino.
La autora revisó el paradigma teórico para dar cabida a los que consideró que eran unos resultado anómalos, para Gilligan, las mujeres se orientan por una ética del cuidado y la responsabilidad, mientras que los hombres tienden a resolver los dilemas en términos de derechos y justicia.
E) El segundo turno, de Arlie Russell Hochchild
Hochchild investiga cómo se distribuyen el trabajo que se realiza en el hogar las parejas en las que los dos miembros trabajan. La base empírica para describirlo, la proporcionan las entrevistas con una decena de parejas en la que ambos trabajan y se completan con un profundo trabajo de observación.
A partir de estos datos, Hochchild reconstruye las estrategias de género de los individuos, y de las historias que cuentan las parejas emergen diferentes creencias sobre los roles matrimoniales: estos tres tipos ideológicos son: el matrimonio tradicional, el igualitario y el transicional, este último surge como tipo ideológico, de la revolución social que supone la incorporación de las mujeres a la vida activa y se caracteriza porque las mujeres se identifican con su doble rol en el trabajo y en el hogar.
El diagnóstico que hace la autora es que existen signos evidentes de que la revolución social abanderada por las mujeres se ha paralizado y permanece inconclusa y detalla como los miembros de la pareja tienen que hacer algo distinto a lo
que dicta su ideología para poder alcanzar un consenso, para tolerarse y para dar sentido a su matrimonio.
3. Sociología del género: perspectivas, objetos y debates públicos
Exponemos algunos elementos clave para conocer el estado de la cuestión de esta disciplina.
A) Perspectivas teóricas
La sociología del Género al igual que otras ramas de la sociología suele adoptar dos enfoques alternativos. La perspectiva macrosociológica acentúa la influencia de la estructura social y de la ideología, antes que las percepciones de la realidad de los individuos. Considera que la ideología desempeña un papel crucial para el mantenimiento de este sistema de dominación social.
Adoptan un enfoque macro las teorías de la dominación de corte marxista. La microsociología del género tiene características específicas que contrastan con los postulados más clásicos de la teoría de la acción intencional. Las teorías de la acción suponen que los individuos tienen intenciones que tratan de alcanzar en la medida de sus posibilidades y siguiendo cursos lineales de acción.
Según Bernard, las mujeres en su vida cotidiana presentan trayectorias erráticas y según muestra Gilligan, lejos de perseguir sus propias metas, tratan continuamente de responder a necesidades y a demandas de otros.
Por último el método ortodoxo de acción internacional supone que entre los actores se dan relaciones de igualdad, pero la propia institución del género revela que hay desigualdades, la subordinación se concreta en algunas características fundamentales de la sociedad como en la división sexual del trabajo.
Los tres estudios de Ferre y Hall, Manza y Van Schindel y Puentes y Gougherty coincidieron en destacar la exacerbada vinculación entre la desigualdad de género y la socialización diferencial, lo que lleva a considerar, sobre todo, los aspectos no problemáticos de la misma.
Actualmente, la perspectiva teórica con mayor potencial explicativo es aquella que combina, o integra, ambas perspectivas.
B) Objetos de investigación
Desde la perspectiva microsociológica, en la medida que explica la existencia de la desigualdad a partir de las diferencias que se establecen en el proceso de socialización, se evita hablar de los aspectos más problemáticos y conflictivos de la situación de las mujeres, tales como la violencia de género y el reparto de tareas domésticas.
El reducido número de trabajos sobre género publicados antes de los años setenta versaba, bien sobre la actividad laboral de las mujeres vinculada con el crecimiento económico, bien sobre la identidad sexual. Hasta 2015 uno de cada cuatro trabajos es teórico, y se interesan más en investigar si varones y mujeres construyen diferentes
1. Instrumentos de medida de la desigualdad de género
En los últimos años se han logrado muchos avances en hacer estadísticas según los géneros a la vez que se han realizado informes de género utilizando diferentes indicadores sociales.
En 1995 se crearon dos índices sintéticos; el Índice de Género y Desarrollo (GDI) y la Medida del Empoderamiento del Género (GEM).
En 2004 la organización Social Watch creó el Gender EquityIndex (GEI) y en 2006 el World Economic Forum introduce un nuevo índice llamado Global Gender Gap (GGG). Todos estos índices miden la desigualdad en el ámbito político.
Estos avances suelen estar motivados por ver la relación entre el desarrollo económico y la igualdad de género.
La ONU tiene como uno de los objetivos del milenio el “promover la igualdad entre sexos y el empoderamiento de la mujer”. Para poder medir si se alcanza el objetivo se han desarrollado 3 indicadores:
En 2012 el profesor Bericat publicó el Índice Europeo de Igualdad de Género considerando 3 indicadores: la desigualdad educativa, laboral y de poder.
Siguiendo este índice en el año 2000 España se situaba en el puesto 16 del ranking europeo mientras que en 2011 se alzaba hasta la novena posición.
Analizando este indicador de forma individual se aprecia como en la mayoría de los países europeos la tasa de educación es la más elevada mientras que en el ámbito laboral se hace presente una brecha mucho mayor y que, esta brecha, alcanza su punto máximo en el indicador del poder.
Desde las políticas públicas, se están llevando a cabo medidas con el fin de terminar con la igualdad de género.
1. Orientaciones y principios de las políticas públicas
La conciencia política se empieza a manifestar a partir de mediados del siglo pasado y las acciones políticas, en un primer momento, se dedicarán casi exclusivamente a terminar con la desigualdad a nivel jurídico.
La UE ha promovido desde 1982 hasta el 2000, cuatro programas de Acción para la igualdad de oportunidades que hacen adoptar una estrategia que continúe desarrollando planes específicos contra la desigualdad integrando la perspectiva de género en todas las políticas públicas.
El cambio por el que están pasando las sociedades desde el siglo XX hasta el actual es debido principalmente al movimiento de las mujeres, al feminismo y al cambio cultural en defensa de las oportunidades entre géneros.
El cambio cultural que consiguió el reconocimiento de la igualdad de derechos ya no es suficiente, es necesario un cambio más profundo que permita seguir avanzando en materia de igualdad.