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Asignatura: Desenvolupament en la infància, Profesor: Magda Rivero, Carrera: Psicologia, Universidad: UB
Tipo: Apuntes
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La Sensación (detección de estímulos por los receptores sensoriales y transmisión de la información correspondiente al cerebro) es el proceso en virtud del cual las neuronas receptoras detectan información y la transmiten al cerebro.
A diferencia de la sensación, la Percepción (proceso con que clasificamos los estímulos sensoriales y los interpretamos) consiste en interpretar los estímulos sensoriales.
El recién nacido está mejor preparado para la vida de lo que inicialmente se pensaba. Todos sus sentidos funcionan bien; ve y oye lo suficiente para descubrir lo que sucede a su alrededor, respondiendo adecuadamente a muchos de esos estímulos. Otros dos indicadores de su excelente adaptación para la vida son el repertorio de reflejos innatos y los patrones predecibles (o ciclos) de la actividad diaria.
Los recién nacidos poseen un juego completo de reflejos de gran utilidad. El reflejo es una reacción involuntaria y automática ante un estímulo. Se encuentran los reflejos de supervivencia porque tienen un valor adaptativo, y los reflejos primitivos que ejercen un impacto muy positivo sobre los cuidadores. Muchos de los reflejos primitivos desaparecen en los primeros meses de vida, debido a que están controlados por las áreas subcorticales más bajas del cerebro y se pierden una vez que los centros superiores maduran y empiezan a dirigir las conductas voluntarias.
Una serie completa de los reflejos infantes indica que el recién nacido está listo para responder en forma adecuada a varios retos de la vida. Su aparición y desaparición en el tiempo previsto es una señal importante de que el sistema nervioso está desarrollándose normalmente.
El recién nacido también exhibe patrones organizados en su actividad diaria que son predecibles y favorecen un buen desarrollo. En un día (o noche), presenta seis estados – o niveles de excitación-. Durante el primer mes para rápido de un estado a otro. Este patrón predecible de estados en un día ordinario indica que los mecanismos internos de regulación están bien organizados. Los recién nacidos muestran una gran individualidad respecto al promedio de la duración diaria de cada estado.
Tabla: Estados de excitación del niño.
ESTADO DESCRIPCIÓN DURACIÓN DIARIA (HORAS)
SUEÑO REGULAR El niño permanece quieto, con los ojos cerrados y sin moverse. La respiración es lenta y regular
8 - 9
SUEÑO IRREGULAR Los ojos del niño están cerrados pero se ve que se mueven bajo los párpados. El niño se sacude o hace muecas al ser estimulado. La respiración es irregular en ocasiones.
8 - 9
SOMNOLENCIA El niño se está quedando dormido o despierto. Los ojos se abren y cierran, y tienen un aspecto vidrioso cuando están abiertos. La respiración es regular, pero más rápida que durante el sueño regular.
½ - 3
ALERTA INACTIVA Los ojos están totalmente abiertos y brillantes, explorando algún aspecto del ambiente. La respiración es regular y su cuerpo permanece relativamente inactivo.
2 - 3
ALERTA ACTIVA Los ojos están abiertos y la respiración es irregular. Puede empezar a inquietarse y mostrar varias ráfagas de actividad motora difusa.
1 - 3
LLANTO El llanto intenso a veces es difícil detenerlo y se acompaña de altos niveles de actividad motora.
1 - 3
El sueño y el llanto ofrecen patrones regulares de cambio durante el primer año, aportando información valiosa referente al avance que el bebé está logrando.
Cambios en el sueño
Conforme avanzan en su desarrollo, los infantes duermen menos y se mantienen despiertos, alertas y atentos más tiempo.
Es un procedimiento simple en que se presenta simultáneamente al menos dos estímulos para averiguar si el niño prestará más atención a uno de ellos, y obtener así información sobre las capacidades perceptuales del infante. Se usaba para ver si el niño discriminaba patrones visuales.
Resultados: recién nacido prefiere mirar los estímulos bien definidos o círculos concéntricos. Capacidad de descubrir patrones es innata
Contras: Si un niño no muestra preferencia alguna entre varios estímulos, no sabremos si tan sólo le parecieron igual de manera interesantes.
La habituación es un proceso en que el individuo se familiariza tanto con un estímulo debido a su repetición, que ya no ocurren las respuestas asociadas inicialmente a él. Es una forma simple de aprendizaje. También es llamado como “familiarización-novedad”
Para probar la capacidad de discriminar dos estímulos distintos, el investigador presenta primero uno de ellos hasta que el infante deje de prestarle atención o emita otra respuesta (se habitúe a él). Después presenta un segundo estímulo. Si el infante lo distingue del primero, se habrá deshabituado (aumento de responsividad que ocurre cuando la estimulación cambia) : le prestará mucha atención mostrando al mismo tiempo un cambio de respiración o de frecuencia cardíaca.
Los infantes muestran preferencia cuando están familiarizados con un estímulo, no así cuando no estén familiarizados con él.
Es el cambio de las ondas cerebrales, el cual indica que un individuo detecta (siente) un estímulo, registrando así el cambio de las ondas cerebrales. Los potenciales evocados pueden indicarnos incluso si el niño discrimina varios estímulos visuales o acústicos, porque dos estímulos sentidos como distintos producen patrones diferentes de actividad eléctrica.
La mayor parte de los infantes pueden ejercer suficiente control sobre la succión para mostrar con ella lo que sienten y darnos una idea de sus preferencias y aversiones. Es la técnica con que se evalúan las capacidades perceptuales del infante, el cual se basa en su habilidad para hacer que los estímulos interesantes duren modificando la rapidez con que succiona un chupón especial.
Este chupete les permite ejercer cierto control sobre el ambiente sensorial. Siempre que el niño succiones más rápido o fuerte que durante las observaciones base, descarga el circuito eléctrico en el chupón, activando así un proyecto de transparencias o algún tipo de estimulación sensorial.
En caso de que detecte esta estimulación y le parezca interesante, puede prolongarla mostrando series de succión de gran amplitud. Pero la estimulación cesa una vez que desaparece su interés y la succión vuelve al nivel base. Si el investigador introduce un segundo estímulo que intensifique la succión de gran amplitud, llegará a la conclusión de que el niño distinguió el segundo estímulo del primero.
3. CAPACIDADES SENSORIALES DEL INFANTE
Tienen una buena audición, tanto casi como la de un adulto. Aun así muestran insensibilidad a sonidos suaves debido a los líquidos que escurrieron hacia el oído interno durante el parto. Es capaz de discriminar la fuerza, duración, dirección y frecuencia. Muy pronto comienzan a asignarle significado a los sonidos.
Los infantes de corta edad prestan mucha atención a las voces, especialmente a la voz femenina aguda. Sobretodo discrimina la voz de su madre ante la voz de otra mujer desconocida. Estas preferencias se deben a la experiencia vivida del niño antes del parto.
Los bebés desde muy pronto discriminan los sonidos básicos (fonemas) del habla.
Los infantes de entre los 2 y 3 meses podían distinguir los sonidos consonánticos muy parecidos. Un niño menor de 1 semana conoce la diferencia de las vocales a e i. Se descubrió que los bebés de 3 a 6 meses perciben mejor que los adultos algunos fonemas que no forman parte del lenguaje que hablan sus compañeros. Los bebés también aprenden pronto a reconocer las palabras que escuchan con frecuencia. A los 4 meses y medio voltearán la cabeza al escuchar su nombre, pero no a escuchar otros nombres. Un recién nacido está preparado para lo siguiente:
Los niños nacen con ciertas preferencias bien definidas del gusto, así prefieren lo dulce. Los sabores producen distintas expresiones faciales en el recién nacido. Estas se vuelven más pronunciadas conforme
detectar patrones y sombras, debido a que necesitan contrastes visuales (transición de la luz a oscuridad en un estímulo visual) más fuertes que el adulto.
En síntesis el sistema visual del infante de corta edad no opera con la máxima eficiencia pero es funcional. Las funciones visuales evidentes en esta etapa de desarrollo no dependen de la experiencia generalmente. Los mecanismos dependientes o no de la experiencia favorecen el perfeccionamiento del sistema visual.
4. LA PERCEPCIÓN VISUAL EN LA INFANCIA
Recordatorio del experimento de la cámara de observación.
Percepción temprana de patrones (de 0 a 2 meses)
En el método de las preferencias mostraban el mismo interés por el rostro humano que por el rostro en desorden, debido a que ofrecían el mismo grado de contraste, curvatura y complejidad. Investigaciones posteriores indican que los infantes de muy corta edad prefieren contemplar patrones de gran contraste con muchos límites claros entre las áreas claras y oscuras, así como patrones de complejidad moderada que tienen características curvilíneas.
Los niños menores de 2 meses cuando contemplan una figura compleja apenas ven una mancha oscura debido a que sus ojos sin inmaduros y no se acomodan bastante para captar los detalles finos. En cambio, distinguen un patrón claro cuando se fijan en una imagen de complejidad moderada. Así se puede concluir que los infantes de muy corta edad prefieren observar lo que distinguen bien: objetos de moderada complejidad y de gran contraste, en especial los que captan su atención moviéndose.
Forma más perfeccionada de la percepción (de 2 meses a 1 año de edad)
Entre los 2 y 12 meses el sistema visual del niño va madurando rápidamente. Ahora ve mejor y realiza discriminaciones visuales cada vez más complejas, además de que organiza lo que mira para percibir las formas visuales.
Los infantes utilizan principalmente los estímulos móviles para identificar formas diferenciadas. Esta capacidad de utilizar el movimiento de los objetos para percibir su forma se adquiere a los 2 meses de edad. Los niños de 3 a 4 meses son capaces de distinguir los contornos subjetivos , que han de construirse mentalmente y que el sistema visual no detecta.
Hacia los 8 meses ya no necesitan de los estímulos cinéticos para percibir las figuras. A los 12 meses construyen todavía mejor la forma basándose en poca información, además de que prefieren observar objetos reales de formas diferentes.
Explicación de la percepción de formas
El recién nacido está biológicamente preparado para buscar estimulación visual y efectuar discriminaciones visuales. Estas experiencias tempranas son importantes pues mantienen las neuronas de la visión, favoreciendo además la maduración de los centros visuales del cerebro.
Entre los 2 y 3 meses, con la maduración distinguen formas visuales acumulando conocimientos que le permitirán sacar conclusiones generales sobre la importancia de formas. El desarrollo en la percepción de formas proviene de una interacción constante entre la estructura innata del niño, la maduración biológica y las experiencias visuales (o aprendizaje).
Constancia del tamaño
Un niño de 1 mes reacciona defensivamente parpadeando cuando un objeto distorsionado se acerca a su rostro. Los de 3 a 5 meses reaccionan de modo diferente a objetos o aberturas de ese tipo. Además del movimiento de cabeza hacia atrás y de los brazos hacia adelante, la intensificación del parpadeo ha sido interpretada como una previsión del choque inminente; y las frecuencias menores del parpadeo como reconocimiento de un paso inminente por la abertura.
Los infantes muestran constancia del tamaño una vez adquirida una buena visión binocular (hacia los 3 a 5 meses) que sirve para efectuar inferencias espaciales más precisas. Pero incluso un recién nacido algo sabe del tamaño real del objeto, pero no alcanza la madurez plena entro los 10 y 11 años.
Uso de señales gráficas
La sensibilidad de los infantes a las señales espaciales depende de su edad. Con una capacidad limitada para detectar la constancia del tamaño al nacer, extraen información especial de señales cinéticas (de objetos distorsionados y en movimiento) entre los 1 y 3 meses, de señales binoculares entre 3 a 5 meses y de señales monoculares (gráficas) entre los 6 y 7 meses.
Adquisición de la percepción de profundidad
Inventaron el abismo visual (plataforma elevada que crea una ilusión de profundidad y con que se prueba la percepción de profundidad en la infancia). Al administrar esta prueba a niños de seis meses y medio o más grandes, descubrieron que el 90% de ellos cruzaba el lado poco profundo, pero menos del 10 % el lado
En conclusión, los sentidos evidentemente se integran al inicio de la vida. No obstante, las respuestas emocionales negativas del infante ante estímulos sensoriales confusos poco nos dicen sobre su capacidad de utilizar un sentido para reconocer objetos y experiencias con que se familiarizó a través de otro.
Al parecer los niños de apenas 1 mes de esas tienen la capacidad de reconocer por la vista algunos objetos que succionaron antes. Prueba de succión, resultados: Presentación de dos cilindros, uno rígido y otro blando. Los niños podían “visualizar” el objeto succionado y ahora les parecía menos interesante que el nuevo cilindro (otro estímulo) nuevo para ellos.
De este experimento no se puede concluir que la percepción intermodal es innata (con niños de 30 días) porque han tenido mucha experiencia succionando tanto objetos esponjosos como rígidos. La capacidad de correlacionar las sensaciones táctiles con las visuales aparece entre los 4 y 6 meses de edad. La correlación intermodal entre la vita y el oído hace su aparición hacia los 4 meses, precisamente cuando el niño empieza a voltear a voluntad la cabeza en dirección de los sonidos. A esa edad ya correlaciona ambos tipos de señales para calcular la distancia.
Los bebés de 4 meses como los de 8 meses distinguen entre la presentación habitual del mismo orden de objeto-sonido y su presentación en otro orden. Pero cuando los pareamientos están separados y el orden de presentación de una modalidad se manipula en forma independiente, los niños de 4 meses ya no descubren la diferencia entre la presentación habitual y aquellas en que los sonidos u objetos se muestran sin ordena. Por el contrario, los niños de 8 meses sí logran detectar las diferencias individuales de modalidad. En los niños de más corta edad el pareamiento de objeto-sonido provoca una respuesta perceptual intermodal que atrae la atención de la relación serial.
La detección amodal de un estímulo contribuye al desarrollo y la diferenciación de los sentidos. Las múltiples modalidades sensoriales de un objeto atraen la atención del infante; a medida que él presta atención al objeto interactúa con él, obtiene información comparativa que refina las modalidades sensoriales. En consecuencia, su sistema perceptual pasa de un estado amodal, en el cual varios estímulos son percibidos como un todo, a un estado intermodal. Conforme a la hipótesis de redundancia intersensorial, el hecho de prestar atención a estímulos multimodales facilita la diferenciación perceptual. Al ir aprendiendo a ver y oír, a oler, gustar y sentir, logran distinguir y reintegrar luego las modalidades sensoriales que cada vez van diferenciándose más y más.
6. INFLUENCIAS CULTURALES EN LA PERCEPCIÓN DEL INFANTE
La cultura ejerce efectos sutiles pero importantes en la percepción, aunque los individuos de varias culturas rara vez se distingan en capacidades perceptuales tan básicas como discriminar formas, patrones y grados de brillantez o sonoridad.
Caso concreto: diferentes idiomas. Nacemos con la habilidad de poder aprender cualquier idioma. Pero al adquirir nuestra lengua madres, no volvemos especialmente sensibles a los patrones sonoros importantes para ese idioma. Por ejemplo lo chinos ni los japoneses adultos harían distinción entre r y l.
Se pueden observar dos aspectos importantes del desarrollo:
La forma de percibir el mundo se basa no sólo en la detección de los aspectos objetivos de los estímulos sensoriales (aprendizaje perceptual), sino también de las experiencias del aprendizaje cultural que crean el marco para interpretarlos.
7. PROCESOS BÁSICO DEL APRENDIZAJE EN LA INFANCIA
En general los psicólogos lo conciben como un cambio de conducta (o potencial de conducta) que reúne los tres requisitos siguientes:
Consiste en aprender a desinteresarse de los estímulos con los que estamos familiarizados y que son de poca importancia para nosotros. Sabemos que un infante deja de responder a un estímulo conocido simplemente por fatiga porque cuando se ha habituado a un estímulo, también se deshabitúa: presta atención a un estímulo un poco distinto y hasta reaccionan ante él.
El condicionamiento operante en la infancia
Un condicionamiento exitoso en los infantes de muy corta edad se reduce generalmente a unas cuantas conductas de importancia biológica que pueden controlar. Los infantes mayores asocian más pronto la conducta a sus consecuencias. Es un progreso en el procedimiento de la información que al parecer explica una mayor susceptibilidad al condicionamiento operante en los primeros meses de vida.
¿Recuerdan los infantes lo que aprendieron?
Inclusive los niños de 2 a 3 meses de edad pueden retener información importante durante semanas si no es que más tiempo. Pero difícilmente recuperan lo que aprendieron a menos que les den recordatorios explícitos. Esos recuerdos dependen mucho del contexto: si a un infante de corta edad no se le aplican pruebas en las mimas condiciones que se cumplió el aprendizaje original, retienen poca información adquirida. Por tanto, sus primeros recuerdos son frágiles en extremo.
La importancia social del aprendizaje operante temprano
Como hasta un recién nacido es capaz de relacionar su conducta con los resultados, debería aprender pronto que puede producir respuestas positivas en los demás. Sabe que con ciertos signos o expresiones puede captar la atención de los cuidadores. Por otra parte los cuidadores están aprendiendo a lograr reacciones positivas de él; así que las interacciones sociales poco a poco fluyen mejor y son más satisfactorias para ambos. Conviene, pues, que los bebés aprendan porque al hacerlo tienden a ser más responsivos ante los otros y éstos ante ellos.
El aprendizaje observacional es que se obtiene observando el comportamiento de la gente. Casi todo puede aprenderse observado a otros (o escuchándolos) Es un aspecto esencial en la teoría de Bandura. Esta modalidad cognoscitiva ocurre cuando un observador mira con atención el modelo y construye representaciones simbólicas del comportamiento. Después guarda en la memoria esos símbolos mentales y los recupera más tarde para basar su desempeño en lo que acaba de ver. Un aprendizaje observacional exitoso no sólo requiere la capacidad de imitar, sino también la de codificar (proceso en virtud del cual los estímulos externos son transformados en una representación mental) las acciones del modelo y acudir a símbolos mentales para reproducir lo visto.
Imitación por parte del recién nacido
Los niños menores de 7 días parecían ser capaces de imitar varios gestos faciales del adulto. Para algunos significa que la limitada capacidad de imitación entre los recién nacidos puede ser un esquema reflejo
involuntario en su mayor parte que desaparece con la edad, sólo para ser sustituido después por reacciones imitativas voluntarias.
Otros investigadores aseguran que las dos expresiones más confiables (sacar la lengua y abrir la boca) no son en absoluto respuestas de imitación, sino que reflejan simplemente los primeros intentos de explicar con la boca los estímulos visuales de gran interés.
Andrew Meltzoff afirma que se trata de respuestas imitativas voluntarias, porque el niño a menudo reproducirá la expresión facial de un adulto tras un breve lapso, aun cuando la expresión haya desaparecido del rostro de este. Se trataría de una imitación intermodal: los niños reproducen en su rostro los movimientos faciales que ven en el rostro del modelo.
Sin embargo los críticos replican que no desaparecería con la edad sino que se fortalecería si se tratase de una correspondencia intermodal.
La capacidad del infante para imitar respuestas nuevas que no formen parte de su repertorio se torna mucho más evidente y confiable entre los 8 y 12 meses de edad. En un principio el modelo ha de estar presente y seguir emitiendo la respuesta antes de que el niño logre imitarla. Pero hacia los 9 meses algunos niños imitan acciones muy sencillas hasta 24 horas después de haberlas visto. Esta imitación diferida (la capacidad de reproducir las acciones de un modelo en algún momento futuro) se adquiere rápidamente en el segundo año.
En el segundo año el niño es capaz de adoptar procedimientos más eficientes que los observados. Muchos de los cambios de conducta que vemos a lo largo del desarrollo infantil se deben al aprendizaje. Los niños a esa edad no prestan demasiada atención a los estímulos con que están familiarizados (habituación). Con el tiempo llegan a sentir atracción, rechazo o miedo prácticamente por cualquier cosa, siempre que su encuentro con ella haya ocurrido en circunstancias agradables o desagradables (condicionamiento clásico). Se forman hábitos asociando varias acciones a sus consecuencias reforzadoras o punitivas (condicionamiento operante). Y adquieren hábitos y conductas observando la conducta de modelos sociales (aprendizaje observacional).