

































Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
para estudiantes universitarios de arquitectura e ingenieria civil
Tipo: Ejercicios
1 / 41
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!


































ON el título genérico “Entre los poetas míos” venimos publicando, en el mundo virtual, una colección de cuadernos monográficos con los que deseamos contribuir a la divulgación de una poesía crítica que, con diversas denominaciones (“poesía social”, “poesía comprometida”, “poesía de la conciencia,…) se caracteriza por centrar su temática en los seres humanos, bien sea para ensalzar sus valores ge- néricos, o bien para denunciar los atropellos, injusticias y abusos cometidos por quienes detentan el Poder en cual- quiera de sus formas.
Poesía ésta que no se evade de la realidad, sino que inci- de en ella con intención transformadora. Se entiende por ello que tal producción y sus autores hayan sido frecuen- temente acallados, desprestigiados, censurados e incluso perseguidos por dichos poderes dominantes. Se trata, en fin, de una poesía, rebelde, teñida por el compromiso éti- co de sus autores.
Los textos aquí incorporados proceden de muy diversas fuentes. Unos de nuestra biblioteca personal, otros de In- ternet.
La edición digitalizada de estos cuadernos poéticos carece de toda finalidad económica. No obstante, si alguien se considera perjudicado en sus legítimos derechos de pro- piedad intelectual, rogamos nos lo haga saber para que retiremos los textos cuestionados.
En el campo de la narrativa Escorza tocó en profundidad los pro- blemas del Perú profundo, con un conjunto de novelas ( Redoble por Rancas, La balada, La guerra silenciosa, etc.), muchas de las cuales han sido traducidas a más de cuarenta idiomas.
Obtuvo el premio de los "Juegos Florales de la Universidad Nacional de México" y el "Premio Nacional de Poesía Peruana" en 1956.
De su obra también deben mencionarse "Los adioses" (1959), "De- sengaños del mago" (1961), "Poesía amorosa" (1963), "El vals de los reptiles" (1970), "Poesía incompleta" (1970), "La danza inmóvil" (1983) y "Obra poética" (1990).
Su vida quedó cegada el 28 de noviembre de 1983, en accidente de aviación, al estrellarse el aeroplano en que viajaba cerca del aero- puerto madrileño de Barajas.
Alta eres, América
Alta eres, América, pero qué triste. Yo estuve en las praderas, viví con desdichados, dormí entre huracanes, sudé bajo la nieve. ¡En tu árbol sólo he visto madurar gemidos!
Alta eres, América, pero qué amarga, qué noche, qué sangre para nosotros. Hay en mi corazón muchas lluvias, muchas nieblas, mucha pena. La pura verdad, en estas tierras golpean a los hombres hasta sacarles chispas, y uno, a veces, con sólo mirar envenena el agua.
Alta, tierna, bella eres, mas yo te digo: ¡no pueden ser bellos los ríos si la vida es un río que no pasa! ¡Jamás serán tiernas las tardes, mientras el hombre tenga que enterrar su sombra para que no huya agarrándose la cabeza!
Entonces ¿de dónde trajeron los poetas la guitarra que tocaban? Te conozco: dormí bajo la luna sangrienta, despintaron mis ojos las lluvias;
América, no puedo escribir tu nombre sin morirme...
América, no puedo escribir tu nombre sin morirme. Aunque aprendí de niño, no me salen derechos los renglones; a cada sílaba tropiezo con cadáveres, detrás de cada letra encuentro un hombre ardiendo, y no puedo ni cerrar la a porque alguien grita como si se quedara dentro.
Vengo del Odio, vengo del salto mortal de los balazos; está mi corazón sudando pumas: sólo oigo el zumbido de la pena.
Yo atravesé negras gargantas, crucé calles de pobreza, América, te conozco, yo mismo tendí la cama donde expiró mi vida vacía.
Yo tenía dieciocho años yo vivía en un pueblo pequeño, oyendo el diálogo de musgo de las tardes, pero pasó mi patria cojeando, los ahogados empezaron a pedir más agua, salían de mi boca escarabajos. Sordo, oscuro, batracio, desterrado, ¡era yo quien humeaba en las cocinas!
¡Amargas tierras, patrias de ceniza, no me entra el corazón en traje de paloma! ¡Cuando veo la cara de este pueblo
hasta la vida me queda grande!
¡Pobre América! En vano los poetas deshojan ruiseñores. No verán tu rostro mientras no se atrevan a llamarte por tu nombre, ¡América mendiga, América de los encarcelados, América de los perseguidos, América de los parientes pobres! ¡Nadie te verá si no deshacen este nudo que tengo en la garganta!
De Las imprecaciones, 1955
Años de los castigos
¡Años de los castigos! ¡Años de las prisiones! ¡Años que se comieron las arañas! No tuve paz, ni dónde reclinar la cabeza. Los trenes me llevaban, entraban a las tumbas, cruzaban los infiernos, mas mi corazón salía de los hornos tiritando.
¡Años de los perseguidos! ¡Años de los flagelados! ¡Años como ratas echadas a morir! Como piedra atravesé la vida, las miserias, las prisiones, anduve por los pueblos, llegué a la comarca donde el pan sólo se viste de fantasma.
Desde casas vacías, desde catres solteros, desde trajes gastados y pálidos deudores, desde domingos sin nadie con quien pasear, vengo diciendo que los hombres sufren, las aguas sufren, las camas sufren.
A verme vienen quejándose las tardes, las piedras quieren que cuente las pisadas, el túnel tiene hinchado su único ojo, toca el gallo su corneta lastimera. ¡Oscura es la vida, la tierra sólo sirve para enterrarnos!
De Las imprecaciones, 1955
Canto a los mineros de Bolivia
Hay que vivir ausente de uno mismo, hay que envejecer en plena infancia, hay que llorar de rodillas delante de un cadáver para comprender qué noche poblaba el corazón de los mineros.
Yo no conocía la estatura melancólica del agua, hasta que una tarde, en el otoño, subí a El Alto, en La Paz, y contemplé a los mineros ascendiendo al porvenir por la escalera de sus balas fulgurantes. ¡Cómo olvidar a los obreros luchando por la vida en los fusiles! ¡Cómo olvidar a los ausentes combatiendo, de memoria, en los suburbios!
Miré sus casas edificadas sobre el trueno, entré a sus vidas como al carbón ardiendo, toque sus cuerpos capaces de contener odio y relámpagos, cuando era todavía la edad inclinada de sus frentes
Yo fui a Bolivia en el otoño del tiempo. Pregunté por la Felicidad. No respondió nadie. Pregunté por la Alegría. No respondió nadie. Pregunté por el Amor. Un ave cayó sobre mi pecho con las alas incendiadas. Ardía todo en el silencio. En las punas hasta el silencio es de nieve.
Era otoño. Velad por los mineros -recordadlos-.
La sangre derramada -era otoño- es el oído secreto de la tierra -en el otoño- y a través de su silencio -era otoño- descifra la raíz el idioma futuro de las flores -en el otoño- y el aire siente que su cuerpo -era otoño- acaba en verde campanada. Recordadlo.
Ya lo veis desde la altura. Aquí empieza la dinastía sucesora del rocío. A mi patria rota me voy. Mas antes de partir, decidme, mineros: ¿Cuándo veré esta luz en los ojos de América? ¿Hasta cuándo jugarán los dados la túnica sangrienta de mi patria?
Oh, hermanos, ruiseñores verdaderos del metal, ¡prestadme vuestra muerte para edificar la vida!
De: “Poesía de América” México, abril, 1952.
El desterrado
Cuando éramos niños, y los padres nos negaban diez centavos de fulgor, a nosotros nos gustaba desterrarnos a los parques, para que viéramos que hacíamos falta, y caminaran tras su corazón hasta volverse más humildes y pequeños que nosotros.
¡Entonces era hermoso regresar!
Mas con el tiempo encallan de verdad los barcos de juguete atravesamos túneles, deudas, años. y son las tres de la tarde y el sol no calienta la miseria.
Un día, un impresor misterioso pone la palabra “tristeza” en la primera plana de los periódicos. y caminando comprendemos que estamos en una cárcel de muros que se alejan...
Y es imposible regresar.
De “Las imprecaciones, 1955
El rey
No eres nada, vives oscuro, en una ciudad perdida. Pero, de pronto, un día, al despertar, eres Rey.
Arden musicales remotos países avasallados por tu valentía. Poderoso monarca: todo lo que tocas es resplandor, y en tu honor cambian los arcos iris de plumaje.
Y cuando Ella sonríe, brota agua en la remota infancia adonde se asoma, tu pequeña vida ansiosa, rapaz distante de todo.
Mas viene el Viento y lo derriba todo: cristal roto es tu monarquía; vives en una ciudad malvada; el tiempo sólo significa que tus zapatos ya no resisten otro invierno.
Eras Rey pero ya no te sonríe esa Mujer.
De "Los adioses" 1960
Elegía de los desconocidos
Ya no nos conocemos, ya no nos entendemos, ¿qué pasa?
Nuestro amor como los árboles daba pájaros. ¿Qué está pasando?
El viento del mar desesperado agita pañuelos de musgo en las esquinas.
Me voy. Pañuelo de llorar: mejor me voy.
Al atardecer los pájaros también se van, viajan a las torres buscando picos tiernos.
A los reptiles, yo. Al fondo del agua a vivir ardiendo.
Porque para esta sed el agua está vacía, vacía está el agua para mi corazón sediento.
de su cárcel de ceniza. El poeta encenderá la hoguera donde se queme este mundo sombrío.
De Las imprecaciones, 1955
La casa vacía
Voy a la casa donde no viviremos a mirar los muros que no se levantarán.
Paseo las estancias y abro las ventanas para que entre el Tiempo de Ayer envejecido.
¡Si vieras! Entre las buganvillas cansadamente juegan los hijos que jamás tendremos.
Yo los miro. Ellos me miran. Mi corazón humea. Éste es el sitio donde mi corazón humea.
Y a esta hora, en el balcón, callada, yo sé que tú también te mueres y piensas en mí hasta ensangrentarte, Yo también pienso en ti.
Óyeme donde estés: por esta herida no sale sólo sangre: me salgo yo.
De "Los adioses" 1960