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Trata de las estrategias de las manufactura
Tipo: Resúmenes
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Traduce y publica el cemla con la debida autorización del autor. M. Krueger , University of Applied Sciences Aschaftenburg. Publicado originalmente en Christian Beer, Ernest Gnan y Urs W. Birchler (eds.), Cash on Trial , suerf Conference Proceedings 2016/1, pp. 45-67.
os pros y contras del efectivo y la inminencia de una sociedad sin efectivo han sido temas objeto de debate por muchos años. El papel moneda al parecer no encaja en un mundo cada vez más digital. Ja- mes Gleick (1996) resume muy bien los motivos para no utilizar efectivo: El efectivo es sucio […] El efectivo es pesado […] El efectivo es injusto […] El efectivo es arcaico, desde un punto de vista tecnológico […] El efectivo es costoso […] El efectivo es obsoleto. En contraste, los medios electrónicos de pagos se perciben como lim- pios, tecnológicamente avanzados, supuestamente baratos y prácticos. A pesar de las presuntas ventajas de no utilizarlo como medio de pago, el efectivo sigue usándose de manera extensiva, y la cantidad de billetes en circulación está aumentando en muchas zonas monetarias. Debido a lo anterior, quienes critican al efectivo exigen leyes para limitar su uso o incluso abolirlo. Sin embargo, no todos están de acuerdo y se desató un acalorado debate sobre los pros y contras del efectivo que aborda una serie de aspectos:
- el costo de los pagos; - la economía subterránea, el lavado de dinero y el financiamien - to del terrorismo; - la privacidad y la protección de datos; - la política monetaria y el límite inferior cero.
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Varios estudios del costo relativo de los instrumentos de pago se han lle- vado a cabo en los últimos 20 o 30 años. Sin embargo, aunque algunos autores han obtenido conclusiones contundentes a partir de sus hallaz- gos, aquellas deben interpretarse con cautela. Primero, el costo de los pagos es una cuestión compleja. Algunos costos de producción del efec- tivo son puros , como la impresión de billetes, la fabricación de tarjetas, la clasificación del efectivo, el procesamiento de pagos con tarjeta, el ser- vicio a clientes, el combate a los fraudes, etcétera. Otros implican recur- sos para quienes realizan pagos, como el tiempo que toma realizarlos o acudir a un cajero automático y retirar efectivo. Por último, pudiera haber costos externos, como propiciar las actividades delictivas (un argumento que suele esgrimirse contra el efectivo). Por mucho tiempo, no se ha prestado atención a los costos del sistema de pagos. Sin embargo, durante los últimos 20 años, el número de estu- dios sobre el costo ha ido aumentando. La estimación más citada del costo de los pagos en efectivo es el del Consejo Europeo de Pagos (epc, 2003): 50,000 millones de euros para la totalidad de la Unión Europea, el cual incluye el costo para los bancos (entre ellos los bancos centrales) y los comercios. Sin duda, esta cifra es impresionante. Pero el epc también estimó el número de transacciones en efectivo: 360,000 millones. Con ambas cifras se obtiene el costo pro- medio de cada transacción en efectivo: 15 céntimos. Nada mal para un medio multipropósito de pagos que puede utilizarse en distintas circuns- tancias (P2P, P2B, B2P y B2B) y para pagos grandes y pequeños. Des- afortunadamente, el epc no proporcionó un costo comparable por cada pago con tarjeta. Sin embargo, varios estudios han intentado proporcio- nar estimaciones comparativos. Uno de los más ambiciosos es el del National Forum on the Payment System (2004), de los Países Bajos. El Foro no se contenta con estimar los costos, sino que intenta obtener funciones del costo para los distin- tos instrumentos de pago. El principal hallazgo de este estudio fue que el efectivo es relativamente barato para los pagos de monto bajo, mientras que las tarjetas de débito son relativamente económicas para montos de más de 11 euros. El costo más alto resultó para las tarjetas de crédito; el más bajo, para los monederos electrónicos.^1 El estudio holandés ha (^1) Los reguladores nunca se pusieron a averiguar porqué los pagos con monedero electró- nico tenían el costo más bajo. Más bien, el eje del debate de políticas de los holandeses fue el efectivo frente a las tarjetas de débito.
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Incluso si los medios de pago diferentes del efectivo resultaran más baratos que usar billetes, ¿por qué se deberían preocupar los reguladores? Después de todo, si hay competencia entre los instrumen- tos de pago, los medios de pago ineficientes serán eliminados. Pero hay dudas de que la competen- cia ocasione esa eliminación. Los dos argumentos principales a favor de cierto tipo de regulación son:
- el efectivo tiene una posición privilegia- da (el señalamiento de la desigualdad de condiciones); - los servicios de pagos son una industria en red. Respecto al primer punto, suele decirse que el efectivo tiene una posición privilegiada por ser la moneda de curso legal. Pero, ¿qué significa mone - da de curso legal? La respuesta es complicada.^3 Sin embargo, lo que sí es claro es que no significa que todo el mundo tenga que aceptar efectivo. Esto es evidente en muchas gasolineras, por ejemplo, donde hay letreros que indican que los billetes de denominación alta no serán aceptados. De hecho, hay muchas restricciones legales para el uso del efectivo. Dado que algunas están en vigor des- de hace mucho, cuesta trabajo entender por qué se insiste tanto en que los comercios “tienen que aceptar efectivo” (Shy y Tarkka, 2002). Ya en 2003, una encuesta del Banco de Pagos Internacionales (2003) reveló que la mayoría de las leyes sobre la moneda de curso legal deja a los par- ticipantes en la transacción de pago la decisión del tipo de medio de intercambio que desean utilizar. Las leyes sobre la moneda de curso legal surten efecto sólo si los participantes del mercado no deci- den de modo explícito un medio de intercambio en particular. En este caso, la parte que paga puede (^3) Como señala el National Forum on the Payment System (2015, p. 2), de los Países Bajos: “la jurisprudencia al res- pecto es poca y, en última instancia, el Tribunal de Justicia Europeo es el que debería interpretar la disposición de que el efectivo es moneda de curso legal”. utilizar el efectivo para realizar un pago o cubrir una deuda. Además, la encuesta muestra que algunos países incluso han desalentado el uso del efectivo al disponer que los pagos por un monto superior a cierto umbral no puedan realizarse en efectivo. La cantidad de tales regulaciones se ha incrementa- do desde entonces (Häring, 2015).^4 Por lo tanto, la idea de que usamos el efectivo porque el Esta- do nos obliga a hacerlo carece de fundamento. En gran medida, las personas gozan de libertad para utilizar el medio de pago que más les convenga. Muchos economistas también argumentan que el efectivo resulta favorecido por una ineficien - te determinación de los precios. En su expresión más sencilla, el argumento se enuncia así: el uso del efectivo no cuesta nada y, por lo tanto, se usa en exceso (Van Hove, 2007, p. 29). Nada signifi- ca que los pagadores por lo general no tienen que pagar una comisión por retirar efectivo ni por pa- gar en efectivo. En algunos casos, también pudie- ra implicar que los depósitos en efectivo no tienen ningún costo. Pero según el argumento, propor- cionar y aceptar efectivo sí tiene un costo. Los pa- gadores, que son quienes normalmente eligen un instrumento de pago entre varios otros que ofre- cen los comercios, no tendrían entonces por qué pagar ese costo. Por lo tanto, están haciendo una elección ineficiente. Por lo anterior, los reguladores ven necesario intervenir y decretar que la deter- minación del precio “se base en los costos”. Esto pareciera una aplicación bastante directa de la tí- pica lección de economía. Desafortunadamente, este enfoque no toma en cuenta que muchos ser- vicios de pago pueden caracterizarse como bie- nes de mercados bilaterales o de externalidades cruzadas. En estos mercados, la intuición usual de los reguladores pudiera conducir a un resulta- do ineficiente (Wright, 2004). Por ejemplo, en los mercados de externalidades cruzadas, los precios (^4) Durante los últimos decenios, se han impuesto cada vez más restricciones al uso del efectivo. Por ejemplo, el monto máximo para transacciones en efectivo en general, o, para las transacciones comerciales, el impuesto al retiro de efec- tivo (aprobado en Irlanda).
Pros y contras del efectivo: ¿cuál es el estado del debate? 381 El costo del efectivo
establecidos con base en los costos no necesaria- mente son eficientes (Krueger, 2009). 5 De hecho, lo que se observa en muchos de estos mercados la fijación del precio está muy sesgada (por ejemplo, las llamadas telefónicas con cargo a quien llama). A veces, también se argumenta que el atrin- cheramiento del efectivo en los pagos minoristas se debe a la participación del banco central en el proceso de producir y emitir efectivo. Por lo tanto, algunos autores piensan que el efectivo está sub- sidiado de cierta manera (Ten Raa y Shestalova, 2001).^6 Sin embargo, no es fácil ver cómo es que los bancos centrales supuestamente subsidian el efectivo. Toda esta idea parece basarse en una confusión respecto al negocio de emitir efectivo. El principal ingreso que se genera en el negocio del efectivo es el señoreaje, que en su totalidad va a parar a los bancos centrales, quienes lo utilizan para costear la producción de billetes y pagar por su participación en la distribución de efectivo. Sin embargo, estos costos representan una peque- ña parte del ingreso por señoreaje. Por lo tanto, la emisión de efectivo es un negocio muy rentable para los bancos centrales, por lo menos cuando las tasas de interés son significativamente positi - vas.^7 Los bancos comerciales también participan en el proceso de distribución del efectivo. De he- cho, son ellos quienes llevan la mayor carga por- que son los principales responsables de entregar y recibir efectivo de sus clientes minoristas. Sin (^5) Con frecuencia, ni siquiera está claro qué significa “con base en los costos”. Después de todo, un pago es un servicio pro- porcionado por dos partes. Por lo tanto, cualquier división de los costos es arbitraria en cierta medida. Un ejemplo con- creto: si una terminal lee los datos de la tarjeta y los envía al emisor para su autorización, ¿a quién se proporciona el ser- vicio, al comercio o al tenedor de la tarjeta? ¿Quién debería pagar los costos? (^6) Un punto relacionado es el argumento de Leinonen (2016) respecto a que los precios que cargan los bancos centrales por procesar los billetes de baja denominación no cubren los costos. (^7) Van Hove (2007) critica que haya un conflicto de intereses para los bancos centrales que son emisores de efectivo y el regulador, o uno de estos, del sistema de pagos. embargo, reciben sólo una remuneración mínima por sus servicios.^8 Podría decirse que una razón de esto son las restricciones legales que prohíben los cobros a los clientes por retirar efectivo. Sin embargo, los usuarios del efectivo ya están pagando una cuota (implícita) por usar efectivo y lo hacen en forma de intereses no recibidos. Esta cuota va a parar a los bancos centrales.^9 Por lo tanto, pudiera argumen- tarse que el efectivo es un negocio del banco cen- tral y que, por recibir los servicios de los bancos comerciales, debería pagar por ellos. Este mode- lo es comparable al mercado de los seguros: los agentes son pagados por las aseguradoras (las emisoras de los contratos de seguros) por sus ser- vicios de ventas. Visto desde este punto de vista, no hay ningún subsidio involucrado. Todo lo con- trario. Los bancos centrales no pagan a los bancos comerciales por sus servicios. En consecuencia, les proporcionan un gran incentivo para promover los sustitutos del efectivo. Así, los bancos centra- les han creado una estructura que disuade a los bancos comerciales de comercializar el efectivo y los insta a encontrar otras soluciones. Así que no es de sorprender que se gasten gran- des cantidades en promover las tarjetas de pagos (por ejemplo, el patrocinio de MasterCard y Visa a la copa mundial de fútbol y a los juegos olímpi- cos) y prácticamente nada en promover el efectivo. Dados estos incentivos, el argumento de Lei- nonen (2016) de que el efectivo se usa en exceso porque está exento de cuotas, y ello conduce a un uso reducido y subóptimo de las tarjetas, parece equivocado. Lo correcto es lo contrario. En la me- dida que los bancos quisieran cobrar una cuota, a lo que están impedidos por ley, esta estructura (^8) La prohibición legal a los bancos de cobrar a sus propios clientes por retiros de efectivo es bastante común. Sin em- bargo, sí les cobran cargos por servicio a los comercios y, en algunos países, cuotas por retiro de efectivo a los clientes de otros bancos. (^9) Por lo tanto, el argumento del epc de que los bancos de- berían recibir parte del ingreso por señoreaje parece bien fundamentado.
Pros y contras del efectivo: ¿cuál es el estado del debate? 383 no hubiera efectivo disponible, los delincuentes utilizarían otras reservas de valor para facilitar las transacciones delictivas (por ejemplo, oro, diaman- tes, tarjetas telefónicas de prepago, entre otras). En cuarto lugar, con frecuencia parece exagerar- se mucho el uso del efectivo con fines delictivos. Los resultados empíricos que indican que sólo se requiere una pequeña cantidad de efectivo para realizar transacciones legales suelen interpretar- se como indicio de que el resto se utiliza para ac- tividades delictivas. Por ejemplo, Buiter (2009, p.
y la elaboRación del PResuPuesto Enfocarse sólo en los costos presupone que to- dos los pagos son iguales; o dicho de una manera más técnica, que los pagos son bienes homogé- neos. Empero, varios estudios muestran que, des- de el punto de vista de los usuarios (no sólo de los delincuentes), sí hay una diferencia (amén de los costos) entre usar un instrumento de pago u otro. De hecho, un mundo sin efectivo en el que todos los pagos fueran electrónicos proporcionaría al Estado (y posiblemente también a los delincuen- tes) la atemorizadora posibilidad de controlar al ciudadano ordinario. En palabras de Goodhart y Krueger (2001, p. 10), sería una completa pesadi- lla orwelliana. Pudiera argumentarse que un paso hacia un mundo sin efectivo no haría tanta diferencia. En el mundo moderno computarizado e interconectado, los ciudadanos ya dejan un rastro digital que cu- bre gran parte de sus actividades. Esto concierne a sus actividades en internet, vigilancia por video
384 Boletín | cemla | octubre-diciembre de 2016 en el mundo real , el uso de los teléfonos celulares y la realización de pagos electrónicos. En otras pa- labras, la privacidad ya está amenazada en gran medida.^16 Sin embargo, los datos de pagos distan de estar completos debido a que la gente sigue utilizando mucho el efectivo. En muchos casos, quieren elegir cuál instrumento utilizar y, si desean mantener su privacidad, pueden optar por el efec- tivo. Esos pagos no dejan rastro alguno. Esto tiene relevancia dada la gran cantidad de pagos en efec- tivo. En el caso de Alemania, Krueger y Seitz (2014, p. 27) estiman un volumen de 32,000 millones de transacciones en efectivo (2011). Eso implica que el alemán promedio realiza 400 transacciones al año.^17 Si todas se realizaran por medios electróni- cos, el grado posible de control se incrementaría considerablemente. No habría privacidad alguna. Kahn et al. (2005) arguyen que el “efectivo es privacidad” y que, sin privacidad y anonimato, los partícipes en la transacción estarían mucho peor. Habría menos transacciones legales (!) y, por ende, una pérdida de eficiencia (como en el caso de los impuestos distorsionantes). Como el efectivo se utiliza incluso en el comercio electrónico, salta a la vista cuán importante es la privacidad para mu- chos. El modelo “pida por Internet, pague en tien- da” es muy común. En 2002, Drehmann, Goodhart y Krueger (2002) escribieron: “Hay múltiples razones por las que las personas pudieran preferir el anonimato, muchas de ellas asociadas con un mal comportamiento ”. Pero mal no necesariamente significa ilegal. Tam- bién se refiere a ciertas debilidades de la naturaleza humana. Además, también debería considerarse la posibilidad de que los gobiernos se porten mal. Otra gran ventaja del efectivo es que facilita la elaboración del presupuesto. Si alguien quiere gastar sólo 50 dólares en cierto periodo, el uso de (^16) Birch (2014, p. 43) plantea el argumento perturbador de que, en el futuro, tal vez sería posible mantener la privacidad en el mundo virtual, pero no en el mundo real. (^17) Esta cifra debería interpretarse como un límite inferior. En el mismo periodo (2011), el número de transacciones con tarjeta por persona fue de 36. efectivo pudiera ser la manera más sencilla de lo- grarlo. Como informa Jonker (2016), este aspecto es importante para muchos usuarios del efectivo. Por supuesto, no es inconcebible que pueda crearse un medio de pago electrónico anónimo. Por el momento, el bitcóin recibe mucha atención, pero está muy lejos de ser un equivalente electrónico del efectivo. Desde el punto de vista de los usos, los productos como el bitcóin son complejos y re- sulta difícil determinar qué tan bien protegido está el anonimato. De acuerdo con Böhme et al. (2015, p. 228), el bitcóin no es tan anónimo como el efec- tivo: “Bitcóin implica ciertos riesgos de privacidad, principalmente el riesgo de que las transacciones puedan vincularse con quienes las realizaron. Las transacciones con bitcoines no son verdadera- mente anónimas; más bien son pseudónimas”.^18 Desde la óptica de los gobiernos, tales produc- tos serían peor que el efectivo: delincuentes, terro- ristas, etcétera, podrían enviar millones por todo el mundo con un solo clic. Por ejemplo, de acuer- do con notas de prensa, se han dado casos de se- cuestradores que piden que el rescate se pague en bitcoines (The Paypers, 2015). En consecuencia, los gobiernos están regulando cada vez más los servicios relacionados con la divisa.^19 (^18) Ver también Koshy et al. (2014). (^19) Algunos ejemplos son Suiza (ver finma, 2014) y el estado de Nueva York, donde se ha aprobado una nueva legislación BitLicense. Ver también eba (2014).
386 Boletín | cemla | octubre-diciembre de 2016 tasa de refinanciamiento (Sachverständigenrat, 2014, p. 143). Gran parte de la discusión acerca de las tasas de interés negativas se ha centrado en cómo lle- varlas ahí. Sin embargo, si el objetivo no es sólo desalentar el ahorro^21 sino fomentar la inversión, es importante bajar los costos del capital. Los costos del capital consisten en la tasa sin riesgo más una prima por riesgo. Si los bancos centrales conside- ran que bajar la tasa sin riesgo a menos de cero no es suficiente, pueden trabajar en la prima por riesgo. Esto podría hacerse otorgando créditos al sector empresarial, comprando bonos corporati- vos, descontando letras de cambio (una práctica tradicional de los bancos centrales) o aceptando valores privados como garantía. El Eurosistema ya ha avanzado un poco en esa dirección, pero para poder tener un efecto significativo en los inversio - nistas privados, se requiere más.^22 Los bancos centrales parecen renuentes a se- guir dando pasos en ese sentido porque ello entra- ña asumir más riesgos en su balance. Sin embargo, siempre han asumido grandes riesgos, por ejem- plo, al acumular grandes reservas en moneda ex- tranjera, lo que con frecuencia se ha traducido en cuantiosas pérdidas (Krueger, 2013). Asimis- mo, como nos recuerda Hellwig (2015), los bancos centrales son, después de todo, bancos. Así que su principal interés no debería ser minimizar ries- gos. De hecho, es un poco extraño que la propia institución que tiene el riesgo de incumplimiento más bajo ponga tanto empeño en limitar su expo- sición al riesgo.^23 (^21) Es debatible que el ahorro de verdad sea influido negativa- mente por las tasas de interés negativas. Un rendimiento más bajo sobre el ahorro también pudiera instar a las perso- nas a ahorrar más. Por lo tanto, parece crucial que realmen- te haya un efecto positivo sobre la inversión. (^22) Krueger (2013) también aboga por la monetización de la deuda privada más que la deuda pública. (^23) También en este sentido la crisis ha sido instructiva. Podría- mos ser testigos de bancos centrales con capital negativo. Por ejemplo, el banco central de la República Checa registró capital negativo durante un periodo bastante largo, ¡y a na- die pareció preocuparle! Por último, la situación actual bien pudiera ser una buena oportunidad para pensar, de nueva cuenta en la mezcla de políticas apropiadas. ¿De- bería toda la carga recaer en la política monetaria o la política fiscal también tiene que ver?^24 Varios economistas destacados, como Larry Summers (2014) y Carl Christian von Weizsäcker (2015), han planteado buenos argumentos a favor de un mayor gasto público. Summers aboga por más inversión pública; Von Weizsäcker desea que los gobiernos promuevan el consumo. En esencia, el señala- miento es que hoy podemos invertir demasiado, de modo que en el futuro quedaríamos varados con una reserva de capital que resultara muy cara de mantener. Así que, al final, una mayor inversión conduciría a menores posibilidades de consumo en el futuro. (^24) Por supuesto, esta cuestión merece considerarse sólo si la equivalencia ricardiana no se cumple.
Pros y contras del efectivo: ¿cuál es el estado del debate? 387
on el tiempo, parece haber ido creciendo el número de oposito- res al efectivo y abundan las propuestas sobre cómo reducir su uso. Algunas están sustentadas en el argumento del costo de los pagos; otras, en motivos macroeconómicos.
- promover las tarjetas (y otros pagos electrónicos); - establecer precios con base en el costo; - encauzar comportamientos; - emplear dinero electrónico en el banco central; - abolir los billetes de denominación alta.
- abolir del todo el efectivo; - gravar el efectivo (pérdida monetaria); - separación monetaria.
En los Países Bajos, el National Forum on the Payment System (“el Foro”), que está presidido por el banco central, ha estado coordinando esfuerzos para volver más eficiente el sistema de pagos. El Foro tenía una visión clara de lo que significa ser eficiente : Entre otras cosas, esto significa fomentar los pagos electrónicos y des - alentar los pagos en efectivo (guerra contra el efectivo). Estas iniciativas pueden ayudar a alcanzar el objetivo de una mayor eficiencia social como la que busca el Foro [National Forum on the Payment System, 2006, p. 6]. Por lo tanto, existe una fuerte tendencia a equiparar la eficiencia con menos efectivo.^25 Las medidas que prevé el Foro son:
- instar a los minoristas a aceptar pagos con tarjeta de débito sin cargo extra; (^25) Una publicación reciente del Foro parece mostrar un menor rechazo al efectivo. Ver Na- tional Forum on the Payment System (2015).
Pros y contras del efectivo: ¿cuál es el estado del debate? 389 Políticas p ropuestas
política monetaria (ver, por ejemplo, Rogoff, 2014; y Buiter, 2009).^28 En teoría, estas propuestas podrían funcionar. Los medios electrónicos de pago modernos pare- cen ser perfectamente capaces de manejar todo tipo de transacciones. Sin embargo, hay varios pro- blemas prácticos de gravedad. Primero que nada, abolir el efectivo en una sola área monetaria difí- cilmente lograría los resultados deseados: habría una sustitución extensiva por otras monedas que todavía subsistieran en papel. Si los billetes en eu- ros fueran abolidos, habría una fuerte demanda de francos suizos y dólares estadounidenses. Por lo tanto, la abolición del efectivo requiere de una coordinación internacional en gran escala. Incluso si tal esfuerzo de coordinación realmente lograra eliminar el efectivo, todavía faltaría ver si podrían lograrse los resultados deseados. Que no haya efectivo no significa que las perso- nas no tratarán de evitar los efectos de las tasas de interés negativas. Más bien, harían una transición a otros activos. Por ejemplo, es muy probable que la demanda de oro y otros metales preciosos au- mentara de modo considerable. De igual modo, los bienes raíces estarían muy demandados y existiría el riesgo de burbujas de precios. Otros tipos de activos también podrían pasar a un primer plano. Los pagarés o los cheques, por ejemplo. Las personas también podrían tratar de hacer pagos cuantiosos de impuestos por ade- lantado.^29 Por último, podría haber innovaciones financieras aún por descubrir. Mientras las tasas de interés se mantengan negativas, habrá incen- tivos para buscar nuevas maneras de evitarlas. (^28) Abolir los billetes de alta denominación es una propuesta menos radical que también ha sido defendida (ver Rogoff, 1998; y Van Hove, 2007). (^29) McAndrews (2015) hace hincapié en lo profundamente arrai- gadas que están las reglas y regulaciones actuales basadas en las experiencias previas con las tasas de interés positivas. 4.2.2 Una tasa negativa sobre el efectivo (pérdida monetaria) La idea de crear un tipo de dinero que produzca una tasa de interés negativa no es nueva. Silvio Gesell (1916) ha abogado por esta idea, que tam- bién ha defendido Irving Fisher (1933).^30 Algunas de las propuestas modernas son anteriores a la cri- sis financiera (Buiter y Panigirtzoglou, 2003; Goo- dfriend, 2000).^31 Pero la crisis financiera y el debate subsecuente sobre los pros y contras de las tasas de interés negativas le han dado nuevos bríos al concepto (Buiter, 2009; Agarwal y Kimball, 2015). Los detalles respecto a la aplicación difieren, pero el principio general es el mismo: la imposición de algún tipo de costo sobre la tenencia (además de los costos de almacenamiento). Goodfriend (2000) propone un “impuesto a la inmovilización del capital”. Buiter (2009) propone la idea de crear una nueva unidad de cuenta (el wim) y Agrawal y Kimball (2015) en esencia sugieren utilizar un tipo de cambio flexible entre el efectivo y los depósi - tos. Conforme a su exposición, tal sistema sería sencillo de aplicar. El banco central simplemente iría ajustando el “tipo de cambio” entre el efecti- vo y las reservas. Dejando de lado los costos de almacenamiento, si un banco central desea bajar las tasas de interés sobre depósitos a –4%, tiene que devaluar el efectivo poco a poco a una tasa del 4% al año. En este caso, un dólar depositado en una cuenta de cheques valdría 96 centavos un año después. Un acumulador de efectivo toda- vía tendría un dólar. Pero si quisiera depositar el efectivo, sólo tendría 96 centavos en su cuenta de banco. ¿Detendría esto al acumulador típico? Tal vez no. Después de todo, las personas han estado acumulando en épocas de inflación relativamente (^30) Gesell suele ser considerado un excéntrico. Pero Keynes (1936) insiste en que no lo es, y creo que tiene razón. Inclu- so si no se concuerda con la propuesta principal de Gesell, resulta una lectura estimulante. (^31) También hay cierta superposición con la discusión, defen- dida por los proponentes de la nueva economía monetaria, acerca de la posibilidad de un mundo sin dinero. Un análisis crítico se encuentra en Krueger (1999 y 2012).
390 Boletín | cemla | octubre-diciembre de 2016 elevada. Sin embargo, para los intermediarios fi- nancieros, la conversión de sus fondos a efectivo no les produciría beneficios.^32 Por lo tanto, es bas- tante obvio que los mayoristas del mercado pueden adentrarse definitivamente en territorio negativo. La pregunta es cómo reaccionarían los inversionis- tas minoristas. McAndrews (2015) menciona la ad- versa reacción visceral de muchos inversionistas minoristas a las tasas de interés negativas. Tales reacciones dificultan que las instituciones finan - cieras trasladen las tasas negativas mayoristas a los depositantes minoristas. Esto pudiera afectar la salud de las instituciones financieras. En las actividades minoristas en general, podría observarse un problema similar. Si el periodo es- perado de intereses negativos sobre el efectivo es relativamente corto, los minoristas probablemen- te mantendrían los precios. En otras palabras, no cobrarían más por los pagos en efectivo. Por ende, tendrían que absorber el descendente tipo de cam- bio del efectivo. Supóngase que un minorista tiene ventas por dos millones de dólares, de los cuales un millón se paga con efectivo y un millón con tar- jeta. Si el tipo de cambio baja con el tiempo a una tasa del 4% anual, este minorista habrá pagado un impuesto implícito del 2% sobre el efectivo recibi- do.^33 Dadas las comisiones actuales por manejo de tarjetas, los minoristas tienen que pagar más por aceptar algunas de ellas. Así que, por lo menos por cierto tiempo, los comerciantes pudieran estar preparados para mantener las cosas como están y el efectivo se utilizaría como medio de pago, igual que antes. Sin embargo, si el periodo de depre- ciación del efectivo durara bastante tiempo o si la tasa de depreciación fuera más elevada, el sistema de pagos resultaría muy afectado. Resulta intere- sante que en algunos países se daría una transi- ción hacia medios de pago con menos efectivo y, en otros, hacia el efectivo. En los países donde los (^32) Agarwal y Kimball (2015) también explican cómo puede po- ner a la par el tipo de cambio en las épocas de normalidad. (^33) Suponiendo que todo el efectivo se haya depositado diaria- mente en un banco, el minorista recibirá usd 980,000 por un millón de dólares en efectivo. medios de pago electrónicos se usan mucho, los minoristas tendrían un incentivo para disuadir a sus clientes de pagar en efectivo. Incluso podrían considerar ya no aceptar efectivo. Pero en los paí- ses donde sigue utilizándose mucho el efectivo, incluso entre empresas, la reacción podría ser el uso del efectivo a mayor escala. Por ejemplo, los pequeños minoristas en Polonia también utilizan el efectivo cuando realizan sus compras (Górka, 2014, p. 95). Así que, si depositar efectivo implica aceptar un descuento, estarían tentados a gas- tar más del efectivo recibido con la esperanza de que sus proveedores también acepten efectivo en igual medida. Esto significa que en una economía más orientada al efectivo, este pudiera ser el ins- trumento que defina el medio de cuenta. En este caso, los depósitos serían una rareza que se acep- taría a cambio de una prima.^34 Si el periodo de tasas de interés negativas fuera breve, serían pocos los efectos sobre el sistema de pagos y el sistema financiero en conjunto. Pero si durarán más, el sistema de pagos podría sufrir grandes cambios. Otra posible consecuencia sería la desintermediación y un aumento en la inversión sin intermediarios de los inversionistas minoristas en activos supuestamente estables. (^34) La importancia del efectivo se ha vuelto evidente después de la introducción del euro. Los precios se expresaron en euros sólo a partir de 2002, el año en el que se introdujeron los billetes en euros.
392 Boletín | cemla | octubre-diciembre de 2016 solución totalmente en línea podría ser demasiado costosa. Por ende, el sistema tendría que ser sen- cillo y también utilizable fuera de línea. También se requeriría algún tipo de privacidad. Tal combi- nación ha sido proporcionada sólo por el efectivo. Los intentos de crear un equivalente electrónico del efectivo han fallado hasta ahora. Los bitcoines, por ejemplo, no son fáciles de utilizar y son lentos. La confirmación de los pagos puede tomar algunos minutos.^35 Asimismo, han surgido dudas respecto al grado de anonimato que proporciona bitcóin (Koshy et al ., 2014). El bitcóin también ha demostrado que la seguri- dad de la tecnología subyacente no es lo único que cuenta. También puede darse el caso de hurtos, como con el efectivo (Reißmann, 2014). Y prote- ger los bitcoines pudiera ser más complicado que proteger el efectivo. Hay que confiar en el equipo (computadora de escritorio y portátil, tableta, te- léfono inteligente), en los programas instalados y en los proveedores del servicio de almacenamien- to de bitcoines.
y sin este Un aspecto importante que ha recibido poca aten- ción hasta ahora es la función del efectivo en épo- cas de crisis financiera y la falta de confianza generalizada en el sistema financiero. Durante tales periodos, la demanda de efectivo por lo gene- ral aumenta. Por ejemplo, tan sólo el Bundesbank proporcionó 11,400 millones de euros en efectivo en octubre de 2008 (el mes de la quiebra de Le- hman). Gran parte de los billetes entregados al público fueron de alta denominación (Deutsche Bundesbank, 2009, pp. 56-57).^36 Tal corrida bancaria por lo general se conside- ra una amenaza grave que pudiera ocasionar el colapso de la banca. Sin embargo, la experiencia (^35) El tiempo promedio que tarda un pago con bitcoines en confirmarse puede encontrarse en internet en . (^36) Ver también Negueruela (2014) y Cusbert y Rohling (2014) en su análisis del efecto de Lehman en España y Australia. demuestra que la capacidad de retirar efectivo de los bancos también pudiera tranquilizar al público. En cuanto la gente se da cuenta de que su dine- ro sigue en el banco, la confianza se recupera.^37 Por lo tanto, la capacidad de sacar dinero del sis- tema pudiera ser una válvula de seguridad (Ne- geruela, 2014), la cual no existiría en un mundo sin efectivo.^38 En un sistema basado totalmente en un medio de pago electrónico, es imposible que quienes no son bancos retiren fondos de los bancos a menos que estos cooperen y les vendan activos. Por lo (^37) Por supuesto, hubo otros factores en juego. El gobierno ale- mán, por ejemplo, declaró que los depósitos son seguros. El público de inmediato interpretó este señalamiento como una garantía gubernamental. (^38) En este punto, un economista entrenado podría objetar que el efectivo es un pasivo del banco central y que el tenedor de efectivo aún estaría atado al sistema. Pero no es así como la gente lo ve, y con razón, diría yo. Para el valor del dinero, es relativamente poco importante qué tiene el banco central en el lado del activo de su balance. Para quien tiene dinero, lo importante es que otros acepten dinero por los bienes y los activos. Gráfica 1 EL EFECTO LEHNMAN Fuente: Base de datos del BCE. 640 660 680 700 720 740 760 780 Mar 2008May 2008Jul 2008Sep 2008Nov 2008Ene 2009Mar 2009 Miles de millones de euros
Pros y contras del efectivo: ¿cuál es el estado del debate? 393 anterior, pudieran darse compras y ventas frenéti- cas, las cuales sólo desplazan las exigencias con- tra la banca de una institución que no es banco a otra. Es improbable que esto devuelva la confian - za en la banca en el corto plazo y pudiera distor- sionar considerablemente los precios del mercado financiero. Tiene similitudes con la hiperinflación, cuando todo el mundo trata de librarse del dine- ro lo antes posible, pero la totalidad de quienes lo tienen en su conjunto son incapaces de reducir su tenencia (nominal) de dinero.
Los bancos parecen ver el efectivo básicamen- te como una carga. Pero a ojos de sus clientes, el efectivo tal vez es el factor fundamental que diferen- cia a los bancos de las instituciones financieras no bancarias. Willie Sutton, el destacado teórico del dinero y la banca,^39 hizo este famoso comentario: “un banco es donde está el dinero” (ley de Sutton). Obviamente, Sutton se refería al efectivo. Eso no es inusual. Para la mayoría de la gente, dinero significa efectivo.^40 Pero si el efectivo fuera aboli- do, no habría más dinero en el banco. Esto susci- ta la pregunta incómoda: si el dinero ya no está en el banco, ¿el banco sigue siendo un banco? ¿Qué sería del maravilloso modelo de negocios de emitir pasivos con cero intereses? A ojos de los clientes, ¿qué distinguiría a un banco de los otros interme- diarios financieros? En el mundo de tecnología de la información moderna, cada 10 a 15 años se dice que la banca se extinguirá, que los bancos serán reemplazados por Microsoft, por los operadores de telefonía celular, por Apple, por el financiamiento colectivo, etcétera. Hasta ahora, ninguna de estas predicciones se ha vuelto realidad. Pero podrían, si los billetes fueran eliminados. (^39) En realidad, era más un practicante que podía recordar su larga y distinguida carrera como asaltabancos. Ver Wikipe- dia (2015). (^40) El jardín de la cerveza ( Hofgarten ) en Aschaffenburg es un punto al caso. En su menú, los comensales encuentran el siguiente enunciado: “Como pago, aceptamos dinero, ¡no plástico!”
l efectivo es una institución antigua que ha servido bien a la hu- manidad. Prueba de ello son las distintas cuestiones relaciona- das con el efectivo y su posible abolición. Abolir el efectivo no es sólo una cuestión técnica que pueda decidirse con la ayuda de un análi- sis costo-beneficio relativamente sencillo. Un mundo sin efectivo podría ser radicalmente diferente del mundo actual. Por tanto, no deberíamos apresurar nuestra decisión de dar ese paso. Y, tal vez, no debería darse tal decisión. Si realmente podemos arreglárnoslas sin el efectivo, este desaparecerá tarde o temprano.
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