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Asignatura: Aprendizaje y Condicionamiento, Profesor: Pablo Adarraga, Carrera: Psicología, Universidad: UAM
Tipo: Apuntes
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Aunque a menudo tendemos a olvidarlo, los seres humanos pertenecemos, por supuesto, al reino animal; concretamente al grupo de los primates. Es bien sabido que nuestra anatomía y fisiología presentan aspectos diferenciales respecto a otras especies, pero también son notables las semejanzas. Así, por ejemplo, nuestra estructura músculo- esquelética difiere poco (aunque en aspectos cruciales) de las de otros primates y nuestros órganos sensoriales o nuestros mecanismos termorreguladores no varían respecto a los de otras especies más de lo que éstas se diferencian entre sí. Recientemente ha causado cierta desazón el hallazgo de que nuestra dotación genética se diferencia sólo marginalmente de la de animales tan aparentemente lejanos de nosotros como los artrópodos o los anfibios. Tal desazón se debe por lo general a una idea demasiado superficial sobre el funcionamiento de los genes. Al fin y al cabo, se sabe hace mucho tiempo que coincidimos al 100% con las demás especies en los aminoácidos que constituyen nuestras proteínas, las cuales son precisamente las moléculas cuya estructura está codificada en los genes.
Como animales que somos, nuestra especie se ha desarrollado con arreglo a los mecanismos de la evolución por selección natural.
Ésta no determina sólo rasgos somáticos, sino también aspectos cruciales relativos al comportamiento individual y social. Dada una especie en su medio ambiente, algunas tendencias de conducta son más adaptativas que otras. Así, por ejemplo, puede ocurrir que los individuos más curiosos y “exploradores” de una especie concreta en un hábitat dado tengan mejores posibilidades de sobrevivir y reproducirse que los demás, o bien todo lo contrario: que la prudencia y el conservadurismo sean más ventajosos en ese ambiente. De este modo, las pautas de conducta "ganadoras" tenderán a establecerse en la población, exactamente igual que las garras fuertes o los cuellos largos. Así pues, la evolución configura no sólo el cuerpo, sino también el comportamiento de los miembros de una especie, es decir, su psicología.
En la evolución biológica no hay mesas de diseño ni planos. Una especie no puede rediseñarse drásticamente para acomodar un cambio. No puede permitirse el lujo de permanecer inerme mientras es reformada: las inexorables presiones ambientales la extinguirían inmediatamente. Una especie no puede decir “alto, un momento, no vale, que me están rediseñando”. No puede ir a dique seco para repararse; las reparaciones han de hacerse mientras se navega, es decir, mientras se sobrevive con éxito. Las especies supervivientes en la actualidad son el resultado de cambios graduales todos y cada uno de los cuales han tenido que tener éxito , porque de otro modo la especie no habría persistido. La inmensa mayoría de las especies que han poblado el planeta ya se han extinguido; las que quedan son las vencedoras de un proceso extremadamente exigente. Nosotros, los perros, las gallinas, los chimpancés, escarabajos, bacalaos, erizos, delfines, etc. constituimos el final (por ahora) de linajes triunfadores: larguísimas cadenas de padres e hijos que han ganado, por así decirlo, todas las partidas que han jugado desde el origen de la vida.
Algunos sistemas de creencias primitivos fundamentalistas defienden la idea del creacionismo o “diseño inteligente”, que afirma básicamente que las especies no evolucionaron, sino que fueron creadas tal cual las encontramos por un Diseñador Supremamente Inteligente, conforme se narra en los diversos "textos sagrados" o tradiciones orales. Sin embargo, pocos aspectos del mundo biológico parece el resultado de un genuino diseño inteligente. Incluso órganos tan supuestamente perfectos como el ojo humano no resisten un análisis de ingeniería. La disposición de los fotorreceptores retinianos, por ejemplo, colocados al revés y obligando a la existencia de
un punto ciego, es totalmente absurda, y si se supone ideada por alguien, tiene que tratarse de alguien notablemente incompetente y chapucero.
Por el contrario, hay sobrada evidencia de que las modificaciones, lejos de ser resultado de un plan o diseño, se acumulan como parches unas sobre otras. Los organismos supervivientes, tanto en nuestra biología como en nuestra psicología, no nos parecemos a la obra óptima de un ingeniero todopoderoso, sino a una superposición de correcciones, una sucesión de apaños (podría decirse) que, sin embargo, en virtud de la acción de la selección natural durante larguísimos periodos de tiempo, resultan funcionar muy satisfactoriamente en los ambientes donde se han gestado.
Tanto en la biología como en la psicología de las especies actuales encontramos las más diversas huellas de cómo fueron sus ancestros , y tales huellas son a veces leves restos, pero otras veces continúan estando operativas. Por ejemplo, el cóccix, hueso en que termina la columna vertebral, es en nuestra especie un vestigio atrofiado de la cola que nuestros antepasados remotos tuvieron y utilizaron para los más diversos propósitos, desde la comunicación al agarre de objetos. Por otra parte, el bien conocido poder evocativo de los olores –la potencia con que un olor nos puede transportar emocionalmente a otro momento y lugar--, debido a la fuerte conexión entre los centros olfativos del cerebro y el sistema límbico (que tiene un importante papel en las emociones) procede de un tiempo en que el sentido del olfato era para nuestros ancestros mucho más vital de lo que es hoy para nosotros. Pero esa conexión sigue estando ahí y funciona; forma parte de nuestra vida psicológica aunque sea al mismo tiempo, en cierto modo, una reliquia.
Por otra parte, la actual psicología evolutiva ( evolutionary psychology , no confundir con la psicología del desarrollo o developmental psychology ; no tiene nada que ver) ha puesto recientemente de relieve que nuestra especie evolucionó en un mundo extremadamente distinto del que hoy habitamos. Así, en realidad estamos adaptados biológicamente a la vida en pequeños grupos de cazadores-recolectores en entornos del estilo del bosque de sabana africano, en los que es difícil comer y fácil ser comido, etc. etc. No estamos biológicamente adaptados a las grandes ciudades, la abundancia de alimentos, las telecomunicaciones, el sedentarismo, las grandes organizaciones, etc. etc. Es imposible entender casi nada de la psicología humana sin tener en cuenta este hecho: nuestros cráneos modernos albergan cerebros y mentes que se forjaron en la Edad de Piedra.
Contra lo que a veces parecen sugerir las concepciones más idealistas, lo cierto es que, al igual que el cuerpo, también la psicología de un ser humano contiene una importante parte “animal”. Nuestro más reciente pasado evolutivo ha dado lugar a capacidades simbólicas, de lenguaje y razonamiento, a las artes, etc. etc., pero ello no ha eliminado de nosotros los elementos psicológicos que compartimos con otros animales. En un sujeto psicológico conviven, por así decirlo, un humano y un animal. Esta convivencia es a menudo difícil y provoca tensiones que todo ser humano experimenta. Por poner algún ejemplo:
En otras materias de la carrera se estudian mecanismos psicológicos típicamente humanos (razonamiento, solución de problemas, lenguaje, aprendizaje simbólico…) El psicólogo debe siempre decidir, dado un problema, cuál es el enfoque apropiado, y es muy importante acertar. Sería poco acertado tratar un problema de comprensión en matemáticas mediante técnicas de condicionamiento, al igual que tratar una enuresis con estrategias cognitivas. Ambos enfoques tienen su utilidad para según qué cuestiones.
Todo organismo tiene que comportarse , es decir, reaccionar sistémicamente a los objetos y sucesos que aparecen en su entorno. Su supervivencia depende de que tal comportamiento sea apropiado en cada momento respecto a la situación del entorno (retirarse, acercarse, comer, aparearse, atacar, etc). Así pues, para cualquier especie animal se plantea un problema general de cómo controlar la conducta individual de forma que resulte adaptativa, es decir, que favorezca la supervivencia y reproducción del individuo y, especialmente, la transmisión de sus genes, que es en definitiva el objetivo natural de cualquier ser viviente.
Una forma de resolver este problema consiste en que cada individuo nazca preprogramado con alguna serie de instrucciones genéticas que le llevan a comportarse de maneras determinadas ante situaciones preestablecidas, mediante tendencias innatas, instintos y pautas fijas de acción (PFAs).
Este “método” (predominante en muchos organismos) tiene las ventajas de la seguridad y el rodaje evolutivo : las soluciones son acumulativas de unas generaciones a otras y se han depurado a lo largo de muchísimas de ellas. El inconveniente es la rigidez, es decir, sólo sirve para situaciones ambientales “previsibles”: suficientemente parecidas a aquellas en las que se han seleccionado. Ante situaciones imprevistas, la conducta preprogramada falla, y el individuo puede morir y/o no transmitir sus genes a la siguiente generación.
Por ello, a menudo este método filogenético de control del comportamiento va acompañado de estrategias reproductoras masivas : las especies cuyo comportamiento está preprogramado en su mayor parte muy a menudo tienen gran número de descendientes, muchos de los cuales no prosperan.
Cuando, debido a las características del medio habitual de una especie, las situaciones anómalas o imprevistas son relativamente frecuentes (es decir, cuando el entorno natural de una especie es muy variable), el método filogenético resulta por tanto inapropiado. En tales casos, la selección natural favorece la aparición de mecanismos de control del comportamiento más flexibles , que permitan a cada individuo configurar su conducta dependiendo de los eventos particulares con los que se tropiece. Tales sistemas de control son, justamente, las capacidades de aprendizaje, y entre ellas, el condicionamiento.
En resumen, cuando el ambiente es inestable, cambiante, poco predecible, y la estrategia reproductiva de la especie se basa en la concentración de la energía parental en un pequeño número de descendientes, es cuando los mecanismos flexibles de control del comportamiento (como las capacidades de aprendizaje en general, y los mecanismos de condicionamiento en particular) resultan ventajosos respecto a la conducta preprogramada, instintiva.
1.2.1.- Organismo
Se utiliza este término para hacer referencia a cualquier ser vivo que se encuentre en una situación de aprendizaje, con independencia de su especie. Cuando no presuponemos que sea necesariamente un ser vivo (por ejemplo, en los sistemas de inteligencia artificial dotados de capaces de aprendizaje) se usa el término agente
1.2.2.- Conducta
Actividad macroscópica del organismo que resulta observable y medible por procedimientos objetivos. Sinónimo: comportamiento.
1.2.3.- Aprendizaje
1.2.3.1. Concepto ordinario o común : Es la concepción espontánea típica de las personas sin conocimientos psicológicos. Muy poco elaborada, informal. Varía según el tema. Gran número de creencias erróneas.
1.2.3.2. Concepto conductual : Modificación más o menos permanente y potencialmente adaptativa de los patrones de conducta en función de los sucesos ambientales. Se produce cuando en el organismo se establecen, eliminan o modifican asociaciones entre tales sucesos y la conducta; por ello, se suele hablar de “aprendizaje asociativo” para englobar estos fenómenos.
1.2.3.3. Concepto cognitivo : Modificación de las representaciones y los procesos mentales que guían el pensamiento y el comportamiento de un sujeto, de forma que las primeras reflejen (más) fielmente una situación externa determinada, y los segundos permitan actuar (más) eficazmente en dicha situación.
1.2.4.- Estímulo
Dos nociones:
En el contexto del condicionamiento usamos prácticamente siempre la noción distal.
Incidentalmente, merece la pena indicar que la relación entre ambas conceptualizaciones de estímulo constituye uno de los problemas teóricos más profundos y difíciles de la Psicología.
1.2.5.- Respuesta
Una fracción discernible, mediante algún criterio definido, del comportamiento de un organismo.
Las variables más importantes en la caracterización de una respuesta son:
Generalización : extrapolación de lo aprendido respecto a un estímulo o situación a otros estímulos o situaciones que sean suficientemente semejantes a los originales. Se puede entender como el grado de “tolerancia” del aprendizaje a variaciones más o menos ligeras en el estímulo.
Es una característica universal en todas las formas de aprendizaje conocidas.
1.2.9. Discriminación
Se trata del proceso contrario: en las circunstancias oportunas, un organismo puede aprender a no responder a un estímulo dado, pero sí hacerlo a otros muy parecidos a él.
1.2.10. Historial de aprendizaje
El conjunto de las situaciones de aprendizaje (habituación, condicionamiento, etc.) que un organismo ha atravesado a lo largo de su vida.
1.2.11. Repertorio conductual
El conjunto de respuestas que un organismo es capaz de efectuar junto con sus respectivas probabilidades.
Muchas personas con escasos o deficientes conocimientos de psicología sostienen algunas ideas totalmente equivocadas sobre la naturaleza y el funcionamiento del aprendizaje por condicionamiento. La literatura, el cine, etc. han contribuido a la difusión de estas ideas más a menudo, por desgracia, que de las versiones más correctas (un poco como las películas de Hitchcock, con toda su grandeza cinematográfica, han ayudado a la proliferación de algunos de los más absurdos mitos del psicoanálisis). Es muy importante, por ello, que los nuevos profesionales de la psicología conozcan este tipo de creencias y las razones por las que son incorrectas.
1.3.4. El condicionamiento no es "cosa de animales".
Muchos piensan que el condicionamiento es un mecanismo de aprendizaje esencial en animales y que sin embargo tiene una importancia escasa o marginal en seres humanos. Se trata de una versión contemporánea del idealismo espiritualista: nosotros somos seres de cultura, literatura, arte, símbolo; aprendemos mediante el pensamiento, la enseñanza, la transmisión oral...
Es indudable que nuestra especie dispone de medios evolutivamente muy recientes que nos permiten formas de aprendizaje muy poderosas y ausentes en otras especies, pero como hemos visto seguimos aprendiendo las fobias o los hábitos eficaces básicamente igual que otros mamíferos: por condicionamiento.
Por otra parte, la ciencia actual sabe muy poco sobre el funcionamiento concreto de esos otros mecanismos de aprendizaje exclusivamente humanos, de forma que las técnicas más eficaces con que cuenta el psicólogo profesional (análisis funcional, modificación de conducta, etc. etc.) están basadas precisamente en el condicionamiento.
1.3.2. Condicionamiento no es lo mismo que conductismo
El conductismo es un punto de vista filosófico sobre la psicología que atribuye al condicionamiento un papel absolutamente central, un papel desmesurado a juicio de
muchos. Según el conductismo, todo o casi todo en psicología es condicionamiento. El conductismo fue la filosofía dominante en psicología hasta los años 60 del siglo XX, y hoy en día es más bien minoritario. Sin embargo, el condicionamiento sigue constituyendo la base de las técnicas más empleadas en psicología (las llamadas técnicas conductuales, que no es lo mismo que "conductistas"). Hoy en día, la mayoría de los psicólogos que usan técnicas de condicionamiento no son conductistas; simplemente, consideran que el condicionamiento es un mecanismo muy importante, pero un mecanismo entre otros.
Es decir, cualquier psicólogo sensato y bien informado tendrá las técnicas de condicionamiento como un elemento más (aunque importante) de su "caja de herramientas" profesional. Frente a éstos, los conductistas afirman que es prácticamente la única herramienta. Existe también una minoría más o menos "espiritualista" que sostienen que "no creen" en el condicionamiento, sino (por ejemplo) en el aprendizaje cognitivo. No creer en el condicionamiento es como no creer en la gravedad: te vas a caer igual. Mientras los puntos de vista del conductismo constituyen una filosofía discutible, aunque seria, éstos otros son simple fruto de la ignorancia.
1.3.3. El condicionamiento es esencialmente inconsciente y a corto plazo
Mucha gente, al empezar a estudiar psicología, cree entender que cuando nos condicionamos lo que ocurre es que "nos damos cuenta" de que si hacemos X obtendremos Y, y entonces empezamos a hacer más X para conseguir más Y. Esto no es correcto: la inmensa mayoría de los procesos de condicionamiento ocurren sin que el individuo "se dé cuenta": suceden de forma totalmente inconsciente.
Los seres humanos somos capaces de cambiar nuestra conducta a muy largo plazo para amoldarla a incentivos. Por ejemplo, uno puede estudiar hoy para aprobar dentro de meses, para sacar un título dentro de años, para alcanzar un puesto de trabajo excelente dentro de más años... Este tipo de proceso depende de que usemos facultades típicamente humanas: imaginación, planificación, etc. El condicionamiento opera a corto plazo y de forma ajena a nuestras ideas, creencias o metas. Un perro o un mono son incapaces de trabajar por un sueldo mensual (incentivo), pero aprenden estupendamente a ajustar su conducta a las consecuencias inmediatas (condicionamiento). Nosotros somos capaces de hacer las dos cosas, pero es muy importante distinguirlas, porque no funcionan igual.
1.3.4. El condicionamiento no es una maligna manipulación
No más que la cirugía o la farmacología. Ciertamente, las técnicas de condicionamiento son muy potentes, y se pueden usar para hacer daño, para controlar malintencionadamente a los demás, etc.; del mismo modo que la cirugía se puede usar para mutilar o la farmacología para intoxicar.
Al igual que éstas, y como cualquier técnica profesional seria, el condicionamiento se aplica para conseguir objetivos deseables para la persona y de acuerdo con ella (dejar de fumar, ser capaz de hablar a desconocidos sin miedo, hacer más deporte, superar ansiedades, mejorar relaciones...), y siempre dentro de los límites marcados por el código deontológico.
presa": 15-30 min.; aplysia californica : respuesta de retracción del sifón: 21 días.
La recuperación espontánea ocurre tanto más probablemente si: a) Los estímulos se presentan a intervalos breves (en este caso, la habituación ocurre rápidamente, pero es poco persistente) b) el número total de exposiciones del organismo al estímulo es relativamente reducido.
La habituación es tanto más difícil cuanto más intenso es el estímulo. Los estímulos muy intensos o bien no son habituables en absoluto, o bien lo son en escasa medida.
Para un especie dada, hay estímulos que se habitúan más fácilmente que otros. En general, las respuestas controladas por el SNA (más antiguas y "vitales") tienden a ser menos habituables que las esqueléticas (más recientes y menos "vitales")
Frecuentemente, la presentación de estímulos algo diferentes (o incluso muy distintos, pero llamativos) de aquellos que se ha empleado en el proceso de habituación, produce una recuperación de la respuesta (es decir, una pérdida de la habituación adquirida) que se denomina deshabituación.
Distinguir:
Habituación en sentido técnico (conforme se usa aquí), frente al sentido ordinario de “tomar una costumbre”.
Habituación frente a otros procesos que producen disminución de respuestas:
Saciación (ej.: comida o sexo: descenso motivacional) Adaptación sensorial (ej. imágenes fijas en la retina) Fatiga muscular (agotamiento de la energía)
En estos casos se trata de procesos fisiológicos. No es la repetición por sí misma la que produce la caída de la respuesta. En los casos genuinos de habituación, el descenso de la R no se produce por ningún agotamiento fisiológico identificable.
1.4.2.- Sensibilización
Definición : Aumento de la respuesta a un estímulo por la mera la presentación repetida de éste , sin mediar proceso asociativo.
Propiedades:
Una vez alcanzado un máximo de magnitud de la R, la continuación temporal puede variar mucho según los casos.
El factor más importante, considerado aisladamente, es la intensidad del estímulo. La sensibilización se produce más con estímulos de intensidad moderada o alta.
Hay casos en que los mismos estímulos pueden provocar o bien sensibilización o bien habituación, dependiendo de la intensidad. Ej.: en gatos con estímulos auditivos.
En bastantes casos, la sensibilización sólo ocurre a corto plazo, y posteriormente la respuesta vuelve a sus niveles originales o se produce habituación. Es decir, ambos procesos pueden aparecer concatenados.