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Contexto cultural y filosófico del Platón Platón desarrolló su pensamiento filosófico en Atenas al final del siglo V a.C. y la primera parte del siglo IV a.C. en una época convulsa y de crisis política y económica, por lo que recordará el esplendor del imperio ateniense, pero lo que vivirá será su ocaso. Platón vive, pues, su juventud bajo los avatares de la Guerra del Peloponeso , y desarrolla su actividad filosófica tras la restauración de la democracia , una democracia que tiene que hacer frente al declive del poderío militar y económico de Atenas y en la que el aristócrata Platón verá un enemigo, al consagrar la igualdad entre los ciudadanos, que Platón consideraba contra natura. El siglo V fue un momento de apogeo cultural en Atenas , en el que ésta se convierte en la capital intelectual del mundo griego , fenómeno al que los historiadores denominan “ilustración griega”. Florecen las artes, las letras, la filosofía. El espíritu democrático ateniense promueve la participación de todo el pueblo en el progreso cultural. Se educa el gusto estético al ofrecerse obras maestras en los monumentos públicos. Se estimula al pueblo para que disfrute de las grandes obras de la poesía trágica y cómica. La Acrópolis de Atenas, que los persas destruyeron en el 482 a.C., fue reconstruida y engrandecida bajo el gobierno democrático de Pericles (del 443 al 429). Fueron los años de los grandes monumentos de la Acrópolis, como el Partenón y el Erecteión. Las esculturas del periodo clásico (s. V y IV a.C.) se caracterizan por las proporciones corporales perfectas, la idealización de las figuras, la serenidad y el equilibrio entre movimiento y estabilidad. Junto a artistas como Fidias encontramos más tarde a Praxíteles , igualados ambos a Mirón y Policleto. También el siglo V a.C. representa en Atenas la culminación de la tragedia griega y del género histórico. La tragedia se originó en torno al culto a Dionisos, cuya evolución ya con Sófocles (496-406 a. C.) y Eurípides (480-400) adquiere la forma clásica de personajes y coro con que la conocemos hoy. Además, el apogeo de la literatura dramática supuso el llevar a la escena las inquietudes personales y políticas del momento. Finalmente, Heródoto (484-420 a.C.) y Tucídides (460-400 a.C.) fundan el saber histórico como seña de identidad colectiva del pueblo. Platón tampoco fue ajeno a estos hechos ya que, por primera vez en la historia de la filosofía griega, nos encontramos con un autor que escribe admirablemente y en cuyos diálogos , repletos de mitos e imágenes poéticas y mitos, se pretende también representarla “batalla de las ideas”, es decir, los diálogos platónicos pretenden trasladar al campo de la escritura la viveza y contradicción del debate oral. En lo que respecta a las cuestiones más estrictamente filosóficas, hemos de buscar las raíces más inmediatas del pensamiento platónico en la filosofía de Sócrates , quien estuvo plenamente convencido de que era posible, y obligado, superar el relativismo de los sofistas en el ámbito de los valores éticos, y de esta
manera encontrar una respuesta adecuada a la pregunta por la naturaleza del Bien. La función fundamental de la filosofía consistirá en definir la esencia de los valores, ya que éstos, a juicio de Sócrates, debían poseer una existencia independiente de la razón humana que los concibe y conoce. Así es posible la coincidencia humana tanto en el lenguaje como en la vida social. Platón toma de Sócrates, y también del orfismo-pitagorismo , la firme convicción de que es posible conocer los principios últimos de lo real, ya que, en última instancia, conocer es despertar las verdades adormecidas que llevamos impresas en nuestra alma. Continúa Platón de este modo la crítica iniciada por Sócrates al relativismo y al convencionalismo sofístico , que abocaban a un extremo individualismo que imposibilitaba tanto el conocimiento como la comunicación. Platón estuvo convencido de la existencia autónoma, no ya de los valores, sino de las Ideas, modelos a partir de los cuales se constituye el mundo sensible y es función de la inteligencia llegar a su efectiva comprensión para acomodar a ellas nuestra vida social y moral. Del mismo modo, la dialéctica platónica procede del desarrollo de la mayéutica socrática, del intento de definición exacta y rigurosa qué son las cosas. Por otro lado, la preocupación socrática por la virtud y el intelectualismo moral es la principal vía para plantear que el conocimiento de la idea del Bien es el requisito indispensable para la vida feliz a nivel particular, y para el justo y recto gobierno de la ciudad. Este desdoblamiento de lo real en dos ámbitos, ideal y sensible, supone la síntesis que realiza Platón del pensamiento griego anterior. En efecto, toma de Heráclito ese carácter contradictorio y cambiante de la realidad para aplicárselo a la realidad imperfecta, según él, de las cosas sensibles, las cuales nunca pueden ser objeto de verdadero conocimiento, sólo de opinión. Por otro lado, la apuesta de Parménides por la vía de la identidad entre pensamiento y ser, es decir, la caracterización de la realidad como ser inmóvil, inmutable, eterno, etc. va a ser trasladada por Platón a las ideas, las cuales, como auténtica realidad, sí que constituyen objeto de verdadero conocimiento. De Anaxágoras toma la inteligencia ordenadora ( nous ), antecedente del Demiurgo, semidios que construye el Mundo Sensible imitando al Inteligible y dotándole de finalidad, al contrario de lo defendido por los atomistas, para los que la Naturaleza era simple expresión del azar y la necesidad. La repercusión del pensamiento platónico tiene como referentes inmediatos a sus discípulos de la Academia (entre ellos, Aristóteles, que elaborará un sistema alternativo al de su maestro), a gran parte de la filosofía cristiana, que, a partir de San Agustín, tomará de Platón aspectos importantes para la racionalización de su doctrina, a los neoplatónicos del Renacimiento, “culpables” de una lectura estética de las obras de Platón y de conceptos como el de “amor platónico”, a todos aquellos autores como Plotino, Tomas Moro o Tomasso Campanella, que beben de las fuentes de La República en su intento de elaborar modelos utópicos similares al platónico.