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desamores”, en Alberte, M. y S. Senz, El dardo en la Academia. Barcelona, Melusina, pp. 559-578.
Silvia Ramírez Gelbes [email protected] Parte de una Santísima Trinidad – tierra sagrada, pueblo sagrado, lengua sagrada– (Fishman, 1972), la lengua parece formar con la identidad un matrimonio indisoluble. Pero ¿qué lengua? ¿La lengua de los padres, la lengua de la madre patria, la lengua de los medios o la lengua de la escuela? ¿Cómo se conforma esa lengua que es identidad, que es uno mismo, que es lo que uno hace? En el “crisol de razas” que es la Argentina, los profesionales de la palabra tienen – tal vez, como con todo– una relación dilemática con su identidad lingüística. Sueño de ultramar, esperanza de tierra americana, el ideal de lengua se ha construido en tensión entre la fuerza centrífuga de la variación y la fuerza centrípeta del monocentrismo^1. En efecto, desde los comienzos de la Nación como nación, las luchas por definir la lengua nacional se centraron en la elección de la variedad apropiada para conseguir la unidad y promover un destino de grandeza dentro del horizonte americano (Blanco, 1991). Pero la identidad no se construye de una vez y para siempre. Admitiendo que esa identidad lingüística está en constante construcción, entendiendo que es herencia pero también futuro, indagaremos en las razones de su presente para interpretar las actitudes lingüísticas de esos profesionales de la palabra – correctores, periodistas– en relación con la Institución modelo de la normativa en la Argentina: la Academia Argentina de Letras. Luego de hacer un rápido recorrido histórico para revisar la construcción del ideal lingüístico en la Argentina, caracterizaremos histórica e ideológicamente la Academia Argentina de Letras para entonces abocarnos al análisis de la función que esta Academia y la Real Academia Española cumplen en relación con la tarea tanto de los correctores de estilo editorial como de los periodistas de la prensa escrita. Al mismo tiempo, buscaremos registrar la medida en que las normativas de estas instituciones influyen en el quehacer de dichos profesionales. Para ello, llevaremos a cabo un estudio (^) El presente trabajo ha sido subvencionado por los proyectos UBACyT F 127 (Programación Científica 2004-2007) y PICT 32995 de la ANPCyT (Programación 2007-2010), que dirige la Dra. María Marta García Negroni en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Agradezco profundamente la colaboración de la Directora de los proyectos, sin cuyo aporte habría sido imposible llevar a cabo esta investigación. (^1) Adaptamos la terminología de Rosenblat (1984) cuando habla de conservación e innovación en la lengua.
desamores”, en Alberte, M. y S. Senz, El dardo en la Academia. Barcelona, Melusina, pp. 559-578. exploratorio – por medio de una encuesta de base semiestructurada– sobre las actitudes de unos y de otros frente a las academias y a la propia variedad lingüística. Representaciones y prohibiciones: qué variedad se debe usar El proceso de estandarización de una lengua suele requerir el cumplimiento de algunas etapas: la selección de una o más variedades – el modo de hablar de un grupo determinado o de distintos grupos–^2 , el uso de esa variedad en situaciones definidas, la codificación de esa variedad en gramáticas y diccionarios y la aceptación de esa variedad por parte de la comunidad (Hudson 1981, Milroy y Milroy, 1985). Como un reflejo de las mismas discusiones que tiñeron los inicios de la codificación lingüística del español, es decir, de las disputas entre formas únicas y formas dialectales (Arnoux,
desamores”, en Alberte, M. y S. Senz, El dardo en la Academia. Barcelona, Melusina, pp. 559-578. en el que comunica los resultados de la encuesta^5 del capítulo llamado “El problema del idioma”, pone de manifiesto que “ninguna de las encuestas formuladas tuvo mayor repercusión pública que la destinada a resolver la cuestión del idioma” y deja en claro la imagen desvalorizada que los propios encuestados tienen de los usos de la variedad local (Vitale, 1999: 162). Esta política de medios es, a su vez, apoyada desde la escuela. En efecto, al tiempo que el Consejo Nacional de Educación exigió durante años a los maestros de escuelas primarias y normales el tratamiento de tú para con sus alumnos (Kurlat, 1941), el inspector de enseñanza Arturo Cancela afirmaba por 1939 que la desviación del hablar correcto de los medios conspiraba contra la aceptación, por parte de los alumnos, de las reglas de prosodia que les eran recomendadas en las clases, reglas que tendían a imponerles las formas cultas del español “estándar” (es decir, del español de España^6 ). E, incluso, desde la Academia Argentina de Letras, se emitían juicios negativos contra los usos rioplatenses^7 , como el siguiente, escrito en 1956 por el Miembro de número Rodolfo Ragucci: El empleo de vos en lugar de tú , en la conversación familiar que se estila entre nosotros, es grave incorrección, máxime empleándolo con el singular del verbo o con las formas plurales corruptas o mutiladas ( sabés, tenés, dejás, marchés , etc., en lugar de sabéis, tenéis, dejáis, marchéis ). A este vicio se lo llama voseo. (Ragucci 1956: 162) Todo ello, desde luego, contribuyó a formar una representación de la variedad nacional como subestándar: frases del tipo de “Los argentinos hablamos un mal español” o “Nuestro castellano es una deformación del español de España” (Bein 1999: 201) o, incluso, comentarios estigmatizantes de muchos maestros y profesores, como “Los chicos emplean un vocabulario pobre”, “Si no saben hablar español, cómo querés que aprendan francés” o “Estos (chicos) escriben como hablan” (Albarracín y Alderetes,
desamores”, en Alberte, M. y S. Senz, El dardo en la Academia. Barcelona, Melusina, pp. 559-578. Aun cuando estas reglamentaciones y estos juicios parezcan un poco lejanos en el tiempo, es dable pensar que los maestros de quienes hoy son maestros fueron formados por entonces y no puede soslayarse el hecho de que la acción multiplicadora de la educación también se proyecta en los casos de “enseñanzas negativas”, como puede ser la promoción de una actitud censurante contra la variedad vernácula. Más todavía, puede postularse que el aprendizaje de los contenidos actitudinales tiende a ser más conservador (dado que activa mecanismos inconscientes o subconscientes) que el de los contenidos conceptuales. Y esto daría cuenta de la permanencia de ese juicio negativo que los propios hablantes del Río de la Plata parecen, muchas veces, manifestar hacia su propio dialecto. Como queda dicho, lo que acostumbramos llamar variedad estándar en el caso del español no es sino uno de entre todos los dialectos existentes, magnificado por la administración, la escuela y los medios de comunicación y normalmente edificado sobre las bases de un dialecto que tiene prestigio por causas ajenas a sus características lingüísticas (cf. Tusón, 1997: 90). Es decir que lo que se toma como modelo ideal al que se debe tender (el estándar) no es necesariamente la variedad usada por la mayoría de los miembros de la comunidad. Y eso provoca que, quienes no lo hablan, suelan sentirse en una situación – lingüísticamente hablando– de inferioridad. En definitiva, si entendemos que una representación social es una forma de conocimiento socialmente elaborado y compartido, que tiene un objetivo práctico y concurre a la construcción de una realidad común a un conjunto social (Bein, 1999: 200), la representación social que el hablante argentino tiene de su variedad es, en alguna medida, la propia de una lengua estigmatizada. Al decir de Taboada (2001), el análisis de las actitudes de los profesionales de la palabra en la Argentina permite constatar que: Aún hoy el estatuto de enunciación de los sujetos sociales que no han accedido a la tan mentada lengua estándar [central] […] es estigmatizado, humillado, cuando no profundamente marginado. entendiendo aquí que la lengua estándar está definida por la norma monocéntrica, es decir, por la norma propia del español de España. En lo que sigue, haremos un recorrido por la historia de la Academia Argentina de Letras y nos concentraremos en su actividad normalizadora. El modelo de norma: la Academia Argentina de Letras La academia era el jardín cerca de Atenas en el que enseñaba Platón. Por extensión, se entiende que academia es una sociedad científica, literaria o artística. Y la labor de las academias de la lengua, se sabe, es básicamente normativa y se apoya en ideales como
desamores”, en Alberte, M. y S. Senz, El dardo en la Academia. Barcelona, Melusina, pp. 559-578. Lo cierto es que la tarea de la Academia Argentina de Letras tendió a estar orientada en la búsqueda de un equilibrio entre la unidad y la diversidad idiomáticas: una unidad que permitiera la comunicación entre los pueblos hispanoablantes, una diversidad que reconociera las identidades y sus rasgos singulares. En esa dirección, entonces, caben tres soluciones concretas al problema de la normalización:
desamores”, en Alberte, M. y S. Senz, El dardo en la Academia. Barcelona, Melusina, pp. 559-578. selección de una serie de rasgos de las hablas cultas de todos los centros urbanos de Hispanoamérica. Siguiendo a Blanco (1994, 2000, 2001), podemos hablar de una tendencia a la postura monocéntrica (centrada en la modalidad culta del centro-norte de Castilla) hasta bien entrada la década del 1970 (y quizá, también, la de 1980) y de una tendencia a la postura pluricéntrica (con aceptación de los usos locales) desde entonces^12. Esta tendencia hacia el pluricentrismo se verifica igualmente en la Real Academia Española^13. En efecto, hasta finales del s.XX, los vocablos regionales eran registrados en el diccionario de la RAE con indicación de su origen ( Arg. , Par. ), frente a los vocablos españoles, que eran registrados como estándares. Ya en el s. XXI, sin embargo, empieza a aparecer registro de la variedad peninsular como tal. Para poner un ejemplo, pueden verse los siguientes casos en los que se verifica la identificación del dialecto al que pertenecen los términos, entendiendo que Arg. hace referencia a la Argentina, Chile a Chile, Par. a Paraguay, Ur. a Uruguay y Esp .a España: caracú. 1. m. Arg. , Chile , Par. y Ur. Tuétano de los animales, en particular vacunos. (^12) Es necesario observar que, más allá de la postura elegida, el ideal de unidad y de variedad se apoyó normalmente en la lengua escrita, sin dudas, más aprehensible y más normalizable, y esto es una muestra más de la ideología imperante, que hace prevalecer lo establecido como prestigioso – lo literario– por encima de lo cotidiano. (^13) De acuerdo con Fábregas (2008), una de las causas de esta nueva actitud de la RAE es la gran cantidad de ejemplos de las distintas variedades panhispánicas que contienen los corpus de la academia. Tanto el CREA (Corpus de referencia del español actual) como el CORDE (Corpus diacrónico del español) – ambos corpus de acceso público– contienen una ingente cantidad de ejemplos españoles y americanos, lo que provoca que los fenómenos de variación se encuentren mejor documentados y, en consecuencia, se comprendan mejor. Debe reconocerse, de todos modos, que aunque estos corpus son recursos para el estudio de la lengua, se encuentran aún muy lejos de ser recursos que permitan un estudio científico y riguroso, principalmente porque la composición de ambos corpus no es representativa del estado de la lengua, ni actual (CREA) ni histórico (CORDE). Y podemos comprobarlo cuantitativamente: a) si atendemos al parámetro geográfico: — CREA: 50 % de textos procedentes de España, 50 % de textos procedentes de América; a su vez, el 50 % distribuido en seis zonas (caribeña, mexicana, central, andina, chilena y rioplatense). (La RAE reconoce que la proporción adecuada debería ser del 30 % para España y el 70 % para América: http://www.rae.es/rae/gestores/gespub000011.nsf/(voanexos)/arch71CE907A689DD114C 359736/$FILE/corpusXXI.pdf y, aun en ese caso, no sería demográficamente representativa y seguiría siendo favorable a España.), — CORDE: 74 % de textos procedentes de España, 25 % de textos procedentes de América. (El propio Departamento de Banco de Datos de la RAE reconoce esta desproporción: http://dialnet.unirioja.es/servlet/dcfichero_articulo?codigo=2210249&orden=0 ); b) si atendemos al medio de procedencia: — CREA: el 90 % corresponde a la lengua escrita y el 10 % a la lengua oral, — CORDE: 100 % lengua escrita. En relación con este último dato, debe observarse que la lengua oral es el espacio en el que más se reflejan las variedades, puesto que la lengua escrita es una lengua elaborada y muy neutralizada, donde tiende a abandonarse la variedad local. De cualquier manera, creemos que la existencia de estos corpus de procedencia heterogénea revela a las claras un cambio de actitud.
desamores”, en Alberte, M. y S. Senz, El dardo en la Academia. Barcelona, Melusina, pp. 559-578. Resta, entonces, por responder: ¿recurren a la autoridad de la Academia Argentina de Letras cuando tienen dudas? Formulado de otra manera: ¿reconocen, tanto los correctores en el ámbito editorial cuanto los periodistas, la autoridad idiomática representada por la Academia Argentina de Letras? Para averiguarlo, elaboramos una encuesta que administramos en editoriales y en redacciones. Un estudio exploratorio La encuesta, que constaba de 5 preguntas con opciones de respuesta en la mayoría de los casos (ver Anexo)^14 , fue aplicada a 43 personas de entre 22 y 63 años, de las cuales 22 eran editores y correctores (19 mujeres y 3 hombres) y 21 eran periodistas ( mujeres y 6 hombres). El 55% del total (con porcentajes igualados entre los correctores y los periodistas) considera que la corrección es una propiedad fundamental de los textos^15. Los correctores declaran usar bibliografía para aclarar sus dudas normativas y nombran tres textos españoles (entre los que se repiten el Diccionario de uso del español de María Moliner y el Manual de estilo de la Agencia EFE) por cada texto argentino (entre los que se mencionan – casi exclusivamente– El arte de escribir bien en español de María Marta García Negroni y el Diccionario de los usos correctos del español de Alicia Zorrilla). Los periodistas, por su parte, usan dos textos españoles (básicamente, el Diccionario panhispánico de dudas de la RAE) por cada texto argentino. El 30% de los correctores y el 75% de los periodistas recurren a Internet y tanto unos como otros presentan sus dudas (idiomáticas) a los colegas. Ahora bien, mientras el 70% de los correctores y el mismo porcentaje de los periodistas alude a su acceso al Diccionario de la Real Academia Española y a su oferta de ayuda lingüística, solo un corrector (de entre las 43 personas encuestadas) recuerda la existencia de las recomendaciones de la AAL. Ello manifiesta que casi todos desconocen, por un lado, la asistencia que – desde hace muchos años– brinda la Academia telefónicamente, con unas 9.000 consultas anuales, y, por el otro, las ediciones en CD y en papel de su Dudas idiomáticas frecuentes , parte de las cuales (^14) En la encuesta no se nombra la institución Academia Argentina de Letras ni ninguna otra para no inducir las respuestas. Además, incluimos alguna pregunta que funcionaba como distractor. (^15) En el ítem que se refiere a las propiedades textuales, los encuestados repiten algunas condiciones, además de la corrección: la cohesión, la coherencia, la precisión y la claridad. En cuanto a los errores, registran algunos verdaderamente sorprendentes: “Recientemente en esta zona hubo inundaciones. Un equipo de periodistas del diario más importante, el decano de la prensa argentina, firmó una cobertura de unas 8 ó 9 páginas en cuyos textos, al menos tres veces, se usó la palabra abnegada o abnegado en lugar de la palabra anegada o anegado. A los 10 o 15 días, volvieron las inundaciones y continuaron las ‘zonas abnegadas’. Imagínese, en la cuna de la bandera del abnegado Manuel Belgrano [creador de la bandera argentina], estar leyendo estos errores tremebundos” (EncPer4).
desamores”, en Alberte, M. y S. Senz, El dardo en la Academia. Barcelona, Melusina, pp. 559-578. aparece en la página de la Academia con acceso en línea (en http://www.aal.universia.com.ar/nuevoAAL/dudas/index.html). Desde luego, puede interpretarse que la tradición de la RAE es mayor, que la difusión de la academia española es más abarcadora o incluso que sus servicios on line resultan más efectivos que los de su par argentina. Sin embargo, el olvido de los encuestados puede ser leído de manera diferente: la Academia vernácula no es vista por los usuarios argentinos como una autoridad idiomática representativa. Este análisis parece, además, ratificado por el hecho de que, mientras el 10% de los encuestados menciona el uso de manuales de estilo de medios españoles (como el del diario El País o el del ABC ), ninguno se refiere a la existencia de los manuales de estilo de los diarios argentinos: el Manual de estilo y ética periodística de La Nación (1997) o el Manual de estilo de Clarín (1997), entre otros menos difundidos como el Manual de principios, valores y estilos de La voz del interior (2007). ¿Cuál puede ser la razón para que los hablantes argentinos, que por supuesto usan tanto en la oralidad como en la escritura la variedad argentina, no reconozcan la autoridad idiomática de las instituciones locales? Conflictos de hegemonía y globalización: el dominio editorial/empresarial y las actitudes lingüísticas Los especialistas llaman dialecto a la lengua que se habla en una determinada región geográfica. En este sentido, es posible hablar de un dialecto español de Madrid, de un dialecto español de México y de un dialecto español de Buenos Aires. Pensados así, los dialectos ¿son objetivamente comparables? Es decir, ¿hay algunos dialectos mejores que otros? La gente cree que sí, pero lo que motiva las evaluaciones son causas plenamente subjetivas: las distancias sociales de los grupos de hablantes. En efecto, los dialectos no se evalúan positiva o negativamente por su valor inherente, es decir, en términos de sus posibilidades comunicativas (que suelen ser equiparables), sino por su valor impuesto, o sea, por el valor de los grupos sociales que los hablan (Giles et al., 1979). De allí que, como dijimos anteriormente, haya habido siempre una tendencia a seleccionar como prestigioso el dialecto hablado por los sujetos más encumbrados, socialmente hablando (los miembros de una elite económica, cultural o política, por ejemplo). Este fenómeno suele ser analizado por la sociolingüística a la luz de los estudios sobre actitudes. Básicamente, se dice que las actitudes lingüísticas contienen tres componentes, que se dividen a su vez en diferentes parámetros: el componente cognoscitivo (percepciones, creencias y estereotipos), el componente afectivo (emociones y sentimientos) y el componente conativo (tendencia a actuar y a reaccionar
desamores”, en Alberte, M. y S. Senz, El dardo en la Academia. Barcelona, Melusina, pp. 559-578. Y también es cierto que muchos especialistas consideran que aceptar la estandarización supone exclusivamente una forma de sumisión a la dominación de las estructuras de privilegio, por lo que la estandarización se corporiza en: Prácticas sociales y lingüísticas dependientes que se imponen como una malla ideológica en la conciencia y en la identidad lingüístico-cultural, gestando procesos de discriminación y de dependencia socio-histórica. (Taboada, 2001) Sin embargo, no puede decirse que esta postura sea la que impulsa a correctores y periodistas a desestimar (desconocer) la función de la Academia Argentina de Letras. En efecto, la lectura de las respuestas a nuestra encuesta demuestra que tanto correctores y editores como periodistas tienen en alta consideración la tarea de la Real Academia Española, desde el momento en que la consultan con frecuencia. ¿Por qué olvidan o ignoran la función de la Academia de su propio país? ¿Por qué olvidan o ignoran la normativa local? Seguramente, hay múltiples respuestas. La primera, como venimos postulando con St.Clair (1992) y con Blas Arroyo (1998), es que los correctores/editores y los periodistas que encuestamos, todos pertenecientes al estrato generacional intermedio (entre 25 y 60 años aproximadamente), continúan reputando la norma peninsular como el estándar de prestigio que debe ser empleado profesionalmente. Pero una segunda respuesta, quizá menos evidente, es la que puede caratularse con el rótulo de “visibilidad”. En efecto, la Real Academia Española de la Lengua aparece en la Argentina como una institución mucho más visible, mucho más presente, que la Academia Argentina de Letras. No solo por sus publicaciones (su famoso Diccionario y su conocida Ortografía ) y por su reconocido portal electrónico sino también por el apoyo de sus auspiciantes (como es el caso de la empresa Telefónica de España, cuyo logotipo aparece en la versión en línea del DPD (http://buscon.rae.es/dpdI/) sumado a la difusión masiva de instituciones españolas (como el Instituto Cervantes o la Fundéu, Fundación Español Urgente) que suelen remitir a ella. Más aún, se sabe que: A lo largo de los años noventa, crecieron las inversiones españolas en aquel continente [el americano], y con ellas, los programas y esfuerzos puntuales de cooperación cultural. La nueva presencia española en las antiguas colonias ha dado lugar a una suerte de reedición del “movimiento hispanista”, es decir, al rescate del concepto de una comunidad hispánica de intereses basada en la existencia de una afinidad cultural. (Del Valle, 2005) Y hay una intencionalidad abiertamente difusora de la variedad y la cultura de España, como queda en claro por las palabras de Pedro Díaz, presidente de la Asociación para la Difusión del Español: Desde ADES, Asociación para la Difusión del Español, y debido a la creciente importancia del español en el mundo y la fuerte presencia económica española en
desamores”, en Alberte, M. y S. Senz, El dardo en la Academia. Barcelona, Melusina, pp. 559-578. diversos mercados americanos, pedimos apoyo para que los recursos públicos destinados a la difusión y el crecimiento de nuestra lengua se complementen con la inversión del 0,01% del beneficio de las compañías que operan en el exterior, con lo que se estaría posibilitando el desarrollo de un modelo de relaciones sociales con bases comunes en todo el ámbito geográfico de influencia e interés del español. (Díaz, 2000) Frente a esta profusión de mensajes a favor de la RAE y de “lo español” en general, la Academia Argentina de Letras aparece como más desdibujada: no suele contar con auspiciantes, sus publicaciones tienen, casi siempre, una distribución limitada y su mención en los medios tiende a ser escasa, mientras que los limitados recursos con los que cuenta tampoco le permiten plantearse un objetivo de mayor expansión. Todo ello, desde luego, se relaciona también con las concepciones de norma. Como plantea Blanco (2000), el término norma resulta, cuando menos, bisémico: por un lado refiere a la realización culturalmente establecida y socialmente válida, para un determinado momento histórico, de las posibilidades abstractas de un sistema lingüístico – lo que podemos llamar norma objetiva^16 – y, por el otro, a las ideas de corrección de los hablantes, aludiendo al modelo de uso ejemplar vigente en una comunidad, es decir, a lo que los propios hablantes consideran usos lingüísticos "correctos" – lo que podemos llamar norma axiológica–. Desde este punto de vista, no quedan dudas de que existe un quiebre claro en los profesionales argentinos de la palabra entre la realización lingüística concreta o norma objetiva y su sentido de la corrección o norma axiológica. Y ese quiebre viene fomentado por las políticas lingüísticas tradicionales, como vimos más arriba, y también por el impulso de la visibilidad fundada, por ejemplo, en la difusión mediática. En suma, en tanto la institución pública Real Academia Española ha aunado esfuerzos con instituciones privadas y logra con ello un grado de reconocimiento mayor en todo el ámbito de uso de la lengua hispana, ni la Academia Argentina de Letras como institución oficial ni los manuales de estilo de las empresas privadas de medios masivos^17 por separado han conseguido instaurarse como referentes de la codificación lingüística para los usuarios profesionales de la lengua en la Argentina. Conclusiones Tras una breve caracterización histórica e ideológica de la Academia Argentina de Letras, nos abocamos en este trabajo al análisis de la función que esta Academia y la (^16) Coseriu (1962) afirma que la norma “contiene solo lo que en el hablar concreto es repetición de modelos anteriores”, lo que implica la eliminación de todo lo que en el hablar es aspecto totalmente inédito, variante individual, ocasional o momentánea (p.95). (^17) Para un análisis de los manuales de estilo periodísticos de la Argentina y las representaciones de la prensa que ellos contribuyen a conformar en los usuarios, véase Arnoux, 1999.
desamores”, en Alberte, M. y S. Senz, El dardo en la Academia. Barcelona, Melusina, pp. 559-578. Anexo ENCUESTA APLICADA EN EDITORIALES Estimados editores y correctores: A continuación les hacemos llegar una pequeña encuesta. Desde ya, les agradecemos su gentileza y su disponibilidad. Edad:…… Sexo: …………
desamores”, en Alberte, M. y S. Senz, El dardo en la Academia. Barcelona, Melusina, pp. 559-578. Sí No En caso afirmativo, ¿a quién o a qué recurre, según los distintos casos? Dudas ortográficas: Dudas acerca del uso de mayúsculas: Dudas acerca del uso de preposiciones: Dudas acerca del uso de palabras extranjeras: Dudas acerca del uso de “malas palabras”: Dudas acerca de tiempos y modos verbales: Dudas acerca del uso de gerundios: Puntuación (uso de comas, puntos y comas, dos puntos, etc.): Precisión léxica:
desamores”, en Alberte, M. y S. Senz, El dardo en la Academia. Barcelona, Melusina, pp. 559-578. García Negroni, María Marta y Silvia Ramírez Gelbes (2008). “Acerca del voseo en los manuales escolares argentinos (1970-2004)”, en Hummel, M. et al. (eds.), Formas y fórmulas de tratamiento en el mundo hispano , México, Colegio de México, en prensa. Giles, Howard y Robert St. Clair, eds. 1979. Language and Social Psychology. Oxford: Blackwell. Hudson, Robert (1981). La sociolingüística , Barcelona, Anagrama. Kurlat, Frida Weber de (1941), “Fórmulas de tratamiento en la lengua de Buenos Aires”, Revista de Filología Hispánica, Año III, Número 2, pp. 105-139. La Nación (1997). Manual de estilo y ética periodística. Buenos Aires, La Nación-Espasa. La voz del interior (2007). Manual de principios, valores y estilos. Córdoba, El emporio Ediciones. Malanca, Alicia et al. 1981. "Actitud del hablante frente a su lengua. Resultado de una encuesta realizada en la ciudad de Córdoba (Argentina)". Lingüística Española Actual 3: 33-47. Milroy, James y Lesley Milroy (1985). Authority in Language. Londres/Nueva York, Routledge. Mitre, Bartolomé (1870) Discurso en el Senado de la Nación de 16 de julio de 1870 (citado por Blanco 1999:79). Nebrija, Antonio [1492] (1980). Gramática de la Lengua Castellana. Madrid, Editora Nacional. Ragucci, Rodolfo (1956). El habla de mi tierra. Buenos Aires, Ediciones Don Bosco. Ramírez Gelbes, Silvia et al. (2005). “Las malas palabras y la prensa escrita: un cambio de campo léxico” en Actas del VI Congreso de la Asociación Argentina de Semiótica “Discursos críticos”, Instituto Universitario Nacional de Artes. Rosenblat, Ángel [1967] (1984). “El criterio de corrección lingüística. Unidad o pluralidad de normas en el español de España y América”, en Estudios del español de América , III, Caracas: 301-377. Solé, Yolanda 1987. "El porteño ante los acentos extranjeros en su medio". Thesavrvs 42. 2: 285-319. St. Claire, Robert 1992. "From social history to language attitudes" en Bouchard Ryan, Ellen y Howard Giles.(eds.) Attitudes towards Language Variation: Social and Applied Contexts. 164 - 174. Taboada, María (2001). “Política, conciencia y prácticas lingüísticas dependientes” en Unidad en la diversidad en http://www.unidadenladiversidad.com/historico/opinion/opinion_ant/2001/julio_ 01/opinion_040701.htm (visitado el 29/02/2009). Tusón, Jesús (1997) Los prejuicios lingüísticos. Barcelona, España: Octaedro Universidad. (Citado por Albarracín y Alderetes, 2005). Valdés, Juan de ([1536] (1964). Diálogo de la Lengua. Madrid, Espasa-Calpe. Vázquez Villanueva, Graciana (1999). “Orden y norma de una lengua, orden y norma de una nación: el discurso del Centenario” en Arnoux, E.N.de y R.Bein (comp.). Prácticas y representaciones del lenguaje. Buenos Aires, Eudeba: .117-134. Vitale, Alejandra (1999). “El problema de la lengua en la radiofonía argentina (1934-1946)” en Arnoux, E.N.de y R.Bein (comp.). Prácticas y representaciones del lenguaje. Buenos Aires, Eudeba: 157 - 174.