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corsby, Apuntes de Biblioteconomía y Documentación

Asignatura: Aspectes legals de la informació, Profesor: , Carrera: Biblioteconomia i Documentació, Universidad: UB

Tipo: Apuntes

2016/2017

Subido el 24/05/2017

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IMPERIALISMO ECOLÓGICO. LA EXPANSIÓN BIO- LÓGICA DE EUROPA, 900-1900. A, W. Crosby. Ed. Crítica, Barcelona 1988. 351 pp. En los últimos siglos, nuestro planeta ha sido testigo excepcional de la expansión de los europeos por gran parte de los cinco continentes. La colonización europea de América, África, Asia y Oceanía ha resutado ser un de los acontecimientos más trascendentales de la Historia Moderna. Las clásicas explicaciones sobre el «éxito» del imperialismo europeo no han satisfecho a Alfred W. Crosby, quien no cree que ni la superioridad tecnológica y militar de los colonizadores sobre los nativos ni la mejor organización político-económica de Europa sean elementos suficientes para explicar la complejidad de tales acontecimientos. Crosby recalca la decisiva aportación del factor ecológico en la historia del colonialismo europeo. Ésta es su tesis fundamental; es decir, interpreta el imperialismo en función de una variables biológicas. Tales son, en síntesis, los componentes de fauna, flora y de agentes patógenos diversos que llevaron consigo los colonos en sus incursiones lejos del Viejo Mundo. Crosby inicia su obra remontándose a la Revolución Neolítica a partir de la cual el Viejo Mundo conoció un sorprendente progreso tecnológico en contraste con el acaecido en América, ni tan apreciable ni tan espectacular. La respuesta a esta diferente evolución tecnológica se nos ofrece, fundamentalmente, en términos biológicos. Las mayores posibilidades alimenticias del trigo frente al maíz americano y la mayor variedad de fauna de Europa permitieron una agricultura y una ganadería mejor desarrolladas. De este modo el autor subraya la necesidad de comprender el pasado del hombre según sus coordenadas ecológicas, porque si bien el hombre actúa sobre el medio y lo transforma, éste, a la vez, le impone sus leyes. En lo que respecta a la historia del imperialismo europeo, cabe referirse a las primeras tentativas expansionistas del Viejo Mundo, comprendidas entre los siglos X y XV. Se trata de las incursiones normandas hacia el oeste y de las de los cruzados en Oriente Medio. Ambas fracasaron a pesar de que los cruzados llegaran a disfrutar de algunas décadas triunfales. Para Crosby, tales fracasos se debieron a obstáculos biológicos, en su mayor parte. Los occidentales han creído «que sus mayores problemas eran de tipo militar, logístico, diplomático y posiblemente también teológico, pero en realidad sus dificultades básicas e inmediatas han sido normalmente sanitarias» (p. 79). En definitiva, en un medio ecológico radicalmente diferente al europeo no podían prosperar empresas imperialistas. El hecho de que a partir del siglo XV empezaran a fructificar algunas colonizaciones de Norteamérica, Sudamérica meridional y, más tardíamente, de Australia y Nueva Zelanda se debe a que las características climáticas de estos territorios eran inicialmente similares a las de Europa y a la progresiva sustitución de la fauna y flora autóctona por la europea. Según Crosby, el mecanismo que hizo posible el dominio europeo de los hábitats de América o Australia fue la transformación ecológica de esas nuevas áreas de poblamiento creándose versiones de Europa gracias al potencial biológico 493 que consigo exportaban los colonos. En los capítulos séptimo a noveno se expone detalladamente cómo las «malas hierbas», los animales y las enfermedades que llevaron los colonizadores en sus empresas imperialistas les beneficiaron sorprendentemente. De este modo, la flora curopea invadió a gran velocidad las nuevas tierras, originándose un medio ecológico que recordaba esencialmente al europeo. Lo mismo sucedió con la fauna. Crosby escribe que «afortunadamente para los europeos, sus animales domésticos demostraron una gran flexibilidad para la adaptación, resultando muy eficaces en el inicio de dicho cambio» (p. 192). Finalmente, no debe olvidarse que los gérmenes europeos fueron «los principales responsables del arrinconamiento de los indígenas y de la apertura de las Nuevas Europas hacia el relevo demográfico» (p. 218). Los nativos de América, África u Oceanía no presentaban, en modo alguno, inmunidad contra infecciones como la viruela, el sarampión o la difteria que llevaban décadas de presencia en el Viejo Mundo. La catástrofe que se avecinó repentinamente sebre los indígenas constituyó uno de los elementos que más benefició al imperialismo europeo. En consecuencia, Europa pudo someter a otros continentes no sólo gracias a la gran capacidad adaptativa de su biota, que transformó los ecosistemas de las nuevas colonias, sino también a la falta de inmunidad de los nativos frente a las devastadoras enfermedades europeas. Por otra parte, Crosby incluye en su libro algún capítulo, como el dedicado a los vientos, en el que pone en evidencia que el hombre y sus hazañas no son ajenas al medio, En esta línea, el autor explica que el dominio de los océanos no pudo lograrse en fechas previas a la década de 1490 debido, fundamentalmente, al desconocimiento de los vientos y las corrientes marinas. Sin duda alguna, en Cuanto se solventó este obstáculo la humanidad se vio abocada «hacia la mayor aventura que había emprendido desde el Neolítico» (p. 125). En conclusión, Crosby, que en su obra nos ofrece un vasto material histórico y científico, explica que la expansión europea pudo darse, esencialmente, gracias a un conjunto de ventajas de tipo biológico. Por ello nos habla de un «imperialismo ecológico» al referirse a la colonización de los últimos siglos. Ante todo, debe comprenderse la intención de Crosby, que no es la de interpretar unos acontecimientos exclusivamente a la luz de un único factor (el ecológico), sino descubrir que éste tuvo un papel específico que no debe ignorarse como en tantas ocasiones ha sucedido. Finalmente, cabe referirse a las reflexiones humanísticas e ideológicas que suscita una obra que trate sobre el imperialismo o el dominio de unos pueblos por parte de otros. No es éticamente justificable que la superioridad tecnológica, política, económica o, incluso, ecológica justifiquen el sometimento o exterminio de pueblos, etnias o mentalidades. No son aceptables los postulados evolucionistas de Darwin en cuanto se apliquen a la realidad cultural del hombre; esto significa que la variabilidad de expresiones humanas debe ser respetada al límite y no seleccionada estúpidamente, ya que, si no, se entraría en planteamientos en los que el racismo no estaría muy lejano. En este comentario a la obra de Crosby no hemos entrado a fondo en los componentes ideológicos que la conforman, ni a evaluar las posibles consideraciones sobre la superioridad de unos humanos respecto a otros. Simplemente hemos procurado exponer los elementos ecológicos que Crosby estudia. Su punto de vista, como hemos indicado, no ahonda en un pasado en el que los europeos se volcaron impunemente sobre otras civilizaciones. Es más, algunas apreciaciones serían inadecuadas si presuponen que una raza (la europea) es