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Asignatura: expresion grafica, Profesor: diego diego, Carrera: Ingeniería de Organización Industrial, Universidad: UDIMA
Tipo: Apuntes
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¿Prepara el colegio a los niños para el mundo real? "Estudia intensamente y logra buenas calificaciones, así encontrarás un empleo bien remunerado y con buenos beneficios", solían decir mis padres. La meta de sus vidas era proporcionar educación universitaria a mi hermana mayor y a mí, de forma tal que tuviéramos la mayor chance de éxito en nuestras vidas. Cuando finalmente, en el año 1976, obtuve mi diploma en contabilidad en la Universidad del Estado de la Florida — graduada con honores, entre los primeros de mi clase— mis padres habían alcanzado su meta. Era el logro que coronaba sus vidas. De acuerdo al "Plan Maestro", fui contratada por una firma contable de primera línea, deseando desarrollar una gran carrera y retirarme a una temprana edad. Michael, mi esposo, siguió un camino similar. Ambos proveníamos de familias muy trabajadoras, de modestos recursos pero alta ética de trabajo. Michael también se graduó con honores, y lo hizo dos veces: primero como ingeniero, y luego en la escuela de leyes. Fue contratado rápidamente por un estudio legal especializado en leyes de patentes, en Washington D.C., y su futuro parecía brillante, con el sendero de su carrera bien definido, y una jubilación temprana garantizada. Aunque hemos sido exitosos en nuestras carreras, estas no se desarrollaron tal como esperábamos. Ambos hemos cambiado de puestos de trabajo varias veces —por razones oportunas— pero no existen planes legales de pensión establecidos a nombre nuestro. Los fondos para nuestra jubilación, crecen solamente a través de nuestras contribuciones individuales. Michael y yo tenemos un matrimonio maravilloso con tres hijos estupendos. Mientras escribo esto, dos están en la universidad, y el otro recién comenzando el ciclo superior. Hemos gastado una fortuna para asegurarnos de que nuestros hijos reciban la mejor educación disponible. Un día, en el año 1996, uno de mis hijos volvió desilusionado del colegio. Estaba aburrido y cansado de estudiar. "¿Por qué tengo que pasar tanto tiempo estudiando temas que jamás voy a utilizar en mi vida real?" protestó. Respondí sin pensar, "porque si no logras buenas calificaciones, no vas a ingresar a la universidad". "Más allá de que vaya o no a la universidad, yo voy a ser rico", replicó. "Si no completas tus estudios universitarios, no podrás conseguir un buen empleo", respondí con una ligera sensación de pánico y preocupación maternal. "Y sin un buen empleo, ¿cómo planeas hacerte rico?" Mi hijo rió desdeñoso y sacudió su cabeza lentamente con cierto aburrimiento. Anteriormente, ya habíamos sostenido muchas veces esta conversación. El bajó la cabeza y puso sus ojos en blanco. Mis palabras de sabiduría materna estaban cayendo en oídos sordos una vez más. Si bien era inteligente y determinado, siempre había sido un joven educado y respetuoso. "Mami" empezó. Había llegado mi turno de recibir una lección. "¡Ponte al día! Mira a tu alrededor; las personas más ricas no se hicieron ricas a causa de su educación. Mira a Michael Jordan, o Madonna. Incluso Bill Gates, que abandonó la universidad de Harvard, y fundó Microsoft; él es hoy uno de los hombres más ricos de los Estados Unidos, y está aún en sus 30 años. Hay un lanzador de baseball que gana más de 4 millones de dólares al año aunque su coeficiente mental ha sido etiquetado como dudoso'." Hubo un largo silencio entre los dos. Caí en la cuenta de que le estaba dando a mi hijo el mismo consejo que me habían dado mis padres. El mundo a nuestro alrededor había cambiado, pero el consejo no. Acceder a una buena educación y lograr calificaciones altas ya no asegura el éxito, y nadie parece haberlo notado, excepto nuestros hijos. "Mami" continuó, "no quiero trabajar tan arduamente como tú y papá lo hacen. Ustedes ganan mucho dinero, y vivimos en una casa enorme, repleta dejuguetes'. Si sigo tu consejo, acabaré igual que tú, trabajando más y más, tan sólo para pagar más impuestos y acabar endeudado. Ya no existe la seguridad de un empleo; ya he oído todo acerca de reducciones y reajustes empresariales. También sé que los graduados universitarios hoy en día ganan menos de lo que ganabas tú cuando
te graduaste. Mira a los doctores. No están ni cerca de ganar tanto dinero como ganaban antes. Sé que no puedo confiar en el Sistema de Seguridad Social o las pensiones de una compañía para mi jubilación. Necesito nuevas respuestas." Tenía razón. El necesitaba nuevas respuestas, y yo también. Los consejos de mis padres pueden haber funcionado con personas nacidas antes de 1965, pero pueden resultar desastrosos para aquellos nacidos en este mundo rápidamente cambiante. Ya no le puedo decir simplemente a mis hijos: "Ve a la universidad, obtén buenas calificaciones, y busca un trabajo seguro y permanente." Descubrí que tenía que buscar nuevas formas para guiar la educación de mis hijos. Tanto como madre o como contadora, he estado preocupada por la falta de educación financiera que reciben nuestros hijos en los colegios. Muchos jóvenes de hoy en día tienen tarjetas de crédito antes de terminar el ciclo superior —aunque jamás hayan asistido a un curso sobre el dinero, o cómo invertirlo— y quedan solos para comprender cómo funcionan los intereses compuestos en las tarjetas de crédito. Puesto de forma simple, sin alfabetización financiera y el conocimiento de cómo funciona el dinero, ellos no están preparados para enfrentar el mundo que los aguarda, un mundo en el cual se enfatiza el gastar antes que el ahorrar. Cuando mi hijo mayor, siendo estudiante de primer año, volvió totalmente endeudado con su tarjeta de crédito, no sólo le ayudé a destruir esa tarjeta, sino que me puse a buscar un programa que me pudiera ayudar a educar a mis hijos en temas financieros. Un día durante el año pasado, mi esposo me llamó desde su oficina. "Tengo alguien que creo deberías conocer", dijo. "Su nombre es Robert Kiyosaki. Es hombre de negocios e inversor, y está aquí solicitando patentar un producto educacional. Creo que se trata de lo que has estado buscando."
Mi esposo, Mike, quedó tan impresionado con CASHFLOW, el nuevo producto educacional que Robert Kiyosaki estaba presentando, que hizo los arreglos para que nosotros dos participáramos en la prueba de un prototipo. Como era un juego educacional, también le pedí a mi hija de 19 años, quien era estudiante de primer año en una universidad local, si querría participar, y ella aceptó. En la prueba participaron cerca de quince personas, divididas en tres grupos. Mike tenía razón. Era el producto educacional que yo había estado buscando. Pero tenía una peculiaridad: su aspecto era como el del colorido panel del Monopoly, con una gigante rata bien vestida en el medio. A diferencia del Monopoly, sin embargo, tenía dos sendas: una interior, y una exterior. El objetivo del juego era lograr salir de la senda interna —a la cual Robert llamaba "Carrera de Ratas"— y entrar en la senda exterior, también llamada "Vía Rápida". Como Robert lo explicó, la "Vía Rápida" simulaba la forma en que actúa la gente rica en la vida real. Robert entonces nos definió la "Carrera de ratas". "Si miran la vida de una persona promedio, bien instruida y muy trabajadora, hay un sendero similar. El chico nace, y va al colegio. Los orgullosos padres están entusiasmados porque el niño se destaca, logra calificaciones superiores al promedio, e ingresa a la universidad. Se gradúa, puede ser que curse un postgrado, y luego hace todo tal como fuera programado: busca un empleo o una carrera protegida y segura. El chico encuentra ese trabajo quizás como doctor, abogado, o miembro de las Fuerzas Armadas o del gobierno. Generalmente, comienza a ganar dinero, empiezan a llegarle tarjetas de crédito en masa, y comienzan las compras, si no empezaron ya. "Teniendo dinero para quemar, frecuenta lugares donde se contacta con otros jóvenes como él; y ellos conocen gente, hacen citas, y a veces se casan. Entonces, la vida resulta maravillosa porque, ahora, tanto el hombre como la mujer trabajan. Dos ingresos son una dicha. Se sienten exitosos, su futuro es brillante, y deciden comprar una casa, un automóvil, un aparato de televisión, tomar vacaciones y tener hijos. Llega el feliz "paquetito". La demanda de efectivo se hace enorme. La feliz pareja decide que sus carreras tienen vital importancia, y empiezan a trabajar más arduamente, tratando de obtener ascensos y aumentos. Los aumentos llegan, como así también otro hijo, y la necesidad de una casa más grande. Trabajan intensamente, se convierten en mejores empleados, con mayor dedicación. Vuelven a la universidad para lograr capacidades más especializadas para poder
trabajo, y mira hacia la derecha y ve a su contador atascado en la misma maraña de tráfico. Mira hacia la izquierda, y ve a su banquero. Eso debería decirle a usted algo." El programador de computadoras tampoco estaba impresionado con el juego. "Puedo comprarme un software que me enseñe esto." El banquero, sin embargo, estaba movilizado. "Estudié esto en el colegio —es decir, la parte de contabilidad— pero nunca supe cómo aplicarlo en la vida real. Ahora lo sé. Necesito salir de la carrera de ratas'." Pero lo que más me conmovió fueron los comentarios de mi hija. "Me divertí aprendiendo", dijo. "Aprendí muchísimo acerca de la manera en que realmente funciona el dinero, y cómo invertirlo." Luego agregó: "Ahora sé que puedo elegir una profesión por el tipo de trabajo que quiero desempeñar, y no por la seguridad del empleo, los beneficios o lo mucho que me paguen. Si aprendo lo que enseña este juego, soy libre de hacer y estudiar lo que mi corazón desea estudiar... en lugar de estudiar algo porque las compañías están buscando ciertas habilidades para los trabajos. Si aprendo esto, no tendré que preocuparme por la seguridad de un empleo o la Seguridad Social de la manera en la que la mayoría de mis compañeros ya lo están haciendo." No pude quedarme y hablar con Roben después de haber jugado el juego, pero acordamos encontrarnos más tarde para discutir su proyecto más extensamente. Sabía que él quería utilizar el juego para ayudar a otros a ser financieramente más... ingeniosos, y yo estaba ávida de escuchar más sobre sus planes. Mi esposo y yo concertamos una cena para encontrarnos con Roben y su esposa, en el transcurso de esa semana. Aunque era nuestro primer encuentro social, sentimos como si todos nos hubiéramos conocido desde hacía años. Descubrimos que teníamos infinidad de cosas en común. Cubrimos toda la gama, desde deportes y juegos, hasta restaurantes y temas socio—económicos. Hablamos del mundo en permanente transformación. Pasamos una gran cantidad de tiempo conversando sobre cómo la mayoría de los norteamericanos tienen muy poco o nada ahorrado para su jubilación, y de la inminente quiebra de los servicios de previsión y medicina social. ¿Les será requerido a nuestros hijos pagar 75 millones de dólares para las jubilaciones de la generación post—guerra? Nos preguntamos si la gente se da cuenta de lo riesgoso que puede resultar depender de un plan de pensiones. La principal preocupación de Robert era la creciente brecha entre los que tienen y los que no, tanto en los Estados Unidos como alrededor del mundo. Siendo un empresario auto formado y autoeducado, quien viajó por todo el mundo reuniendo inversiones, Roben podía retirarse a los 47 años. Pero desistió de hacerlo porque comparte la misma preocupación que tengo yo respecto de mis propios hijos. El sabe que el mundo ha cambiado, pero la educación no. De acuerdo con Roben, los niños pasan años en un anticuado sistema educacional, estudiando temas que nunca utilizarán, preparándose para un mundo que ya no existe. "El consejo más peligroso que se le puede dar hoy a un niño es,ve al colegio, logra buenas calificaciones, y busca un empleo seguro`, le gusta decir. "Ese es un consejo antiguo, y es un consejo malo. Si usted pudiera ver lo que está sucediendo en Asia, Europa o Sudamérica, estaría tan preocupada como yo." El cree que es un mal consejo "porque si usted quiere que sus hijos tengan un futuro financiero seguro, ellos no pueden jugar con las viejas reglas. Simplemente, resulta demasiado riesgoso". Le pregunté qué quería significar con "viejas reglas". "La gente como yo juega con un conjunto de reglas diferentes de las que usan ustedes", dijo. "¿Qué pasa cuando una corporación anuncia una reducción (downsizing)?" "Despiden a la gente", dije. "Las familias son heridas. El desempleo aumenta." "Sí pero, ¿qué pasa con la compañía? ¿Particularmente con una compañía pública, con la cotización de sus acciones en la bolsa?" "El precio de la acción generalmente sube cuando se anuncia la reducción", dije. "Al mercado le gusta que una compañía reduzca sus costos laborales, ya sea por automatización o por consolidación de la fuerza laboral en general."
"Así es", me contestó. "Y cuando el precio de las acciones sube, la gente como yo, los accionistas, nos hacemos más ricos. Eso es lo que quiero significar con un conjunto de reglas diferente. Los empleados pierden, mientras que los dueños y accionistas ganan." Roben no estaba describiendo solamente la diferencia entre empleado y empleador, sino también la diferenció entre controlar su propio destino y entregar ese control a otra persona. "Pero, para muchas personas, es difícil comprender por qué sucede eso", observé. "Ellos simplemente piensan que no es justo." "Por eso es tonto decirle simplemente a un niño, tienes que lograr una buena educación"', dijo. "Es tonto asumir que la educación que provee el sistema educativo preparará a su hijo para el mundo que deberá enfrentar después de graduarse. Cada niño requiere más educación. Una educación diferente. Y necesitan conocer las reglas. Los diferentes conjuntos de reglas. "Existen reglas para el dinero de acuerdo con las cuales actúan los ricos, y también existen reglas con las que actúa el 95 por ciento restante de la población", dijo. "Y el 95 por ciento aprende esas reglas en su casa y en el colegio. Por eso hoy en día es riesgoso decir sencillamente a un niñoestudia esforzadamente y busca un buen trabajo'. Hoy en día, un niño necesita una educación más sofisticada, y el sistema actualmente vigente no le brinda los elementos. A mí no me importa cuántas computadoras pongan en cada clase, o cuánto dinero gastan las escuelas. ¿Cómo podría el sistema educativo enseñar un tema que desconoce? "De manera que ¿cómo enseñan los padres a sus hijos lo que la escuela no enseña? ¿Cómo enseñar contabilidad a un niño? ¿No se aburrirían? ¿Y cómo puede usted, como padre, enseñar a invertir, cuando usted mismo siente aversión al riesgo? En lugar de enseñar a mis hijos a simplemente jugar a lo seguro, decidí que era mejor enseñarles a jugar inteligentemente." "¿Entonces cómo le enseñaría a un niño las cuestiones relacionadas con el dinero y todas estas cosas de las que hemos hablado?" pregunté a Robert. "¿Y cómo podemos facilitar esto a los padres, especialmente cuando ellos mismos no lo entienden?" "Yo escribí un libro sobre el tema", me contestó. "¡¿Dónde está?!" "En mi computadora. Ha estado allí por años en fragmentos fortuitos. Ocasionalmente le agrego algo, pero nunca me he puesto de lleno como para unirlo todo. Comencé a escribirlo cuando mi otro libro se convirtió en bestseller, pero este nuevo nunca lo he terminado. Está en fragmentos." Y así estaba, en fragmentos. Luego de leer las secciones dispersas, sentí que el libro ameritaba y necesitaba ser compartido, especialmente en estos tiempos cambiantes. Nos pusimos de acuerdo para ser coautores. Le pregunté qué creía él acerca de la cantidad de información financiera que necesitaba un niño. Dijo que dependía del niño. El supo que quería ser rico a temprana edad, y fue suficientemente afortunado de tener como figura paterna a un hombre rico y deseoso de guiarlo. "La educación es la base del éxito", dijo Roben. "Y tanto como son importantes las capacidades escolares, también son importantes las capacidades financieras y de comunicación." Lo que sigue es la historia de los dos padres de Roben, uno rico y uno pobre, lo cual explica las capacidades que él ha desarrollado a lo largo de su vida. El contraste entre los dos papás aporra una importante perspectiva. El libro está respaldado, editado y compaginado por mí. Los contadores que lean este libro, supriman el conocimiento de los libros académicos, y abran sus mentes a las teorías que presenta Roben. Aunque muchas de esas teorías desafían los propios fundamentos de los principios contables generalmente aceptados, proporcionan una valiosa mirada hacia el interior de la senda que analizan los verdaderos inversores para tomar sus decisiones de inversión. Cuando nosotros como padres aconsejamos a nuestros hijos "ir al colegio, estudiar esforzadamente y conseguir un buen empleo", en general lo hacemos partiendo de un hábito cultural. Eso siempre había sido lo correcto. Cuando conocí a Roben, inicialmente sus ideas me asustaron. Al haber sido educado por dos padres, se le había enseñado a esforzarse por dos metas diferentes. Su padre instruido le aconsejó que trabajara para una corporación. Su padre rico le aconsejó que fuera dueño de una corporación. Ambos proyectos de vida requieren educación, pero los temas de estudio son
Tal y como fuera narrado por Robert Kiyosaki
Tuve dos padres, uno rico y uno pobre. Uno, era muy inteligente y altamente instruido; había obtenido un doctorado y completado cuatro años de trabajo de postgrado en un período inferior a dos años. Luego, asistió a las Universidades de Stanford, Chicago y Northwestern, para realizar sus estudios avanzados, totalmente becado. Mi otro padre, nunca completó el octavo grado. Ambos hombres fueron exitosos en sus carreras, y trabajaron arduamente durante toda su vida. Los dos ganaron ingresos substanciales; pero uno de ellos luchó financieramente toda su vida. El otro, se convertiría en uno de los hombres más ricos de Hawai. Uno falleció dejando decenas de millones de dólares a su familia, iglesia, e instituciones de caridad. El otro dejó cuentas por pagar. Ambos hombres eran fuertes, carismáticos e influyentes. Y ambos me ofrecieron sus consejos, pero no me aconsejaron las mismas cosas. Los dos creían firmemente en la educación, pero no me recomendaron el mismo camino de estudios. Si yo hubiese tenido tan sólo un padre, habría tenido que aceptar o rechazar sus consejos. Pero tener dos papás aconsejándome me ofreció la opción de confrontar puntos de vista; el de un hombre rico, con el de un hombre pobre. En lugar de simplemente aceptar o rechazar a uno u otro, me encontré a mí mismo pensando más, comparando, y luego eligiendo por mi propia cuenta. El problema fue que, el hombre rico, todavía no era rico, ni tampoco el pobre era pobre aún. Ambos estaban recién empezando sus carreras, y ellos tenían puntos de vista muy diferentes acerca del tema del dinero. Por ejemplo, un papá diría "el amor al dinero es la raíz de todo mal". El otro, "la carencia de dinero es la raíz de todo mal". Siendo un joven muchacho, tener dos padres fuertes influenciándome fue difícil. Yo deseaba ser un buen hijo y escuchar, pero los dos papás no decían las mismas cosas. El contraste en sus puntos de vista, particularmente en lo concerniente al dinero, era tan extremo, que crecí curioso e intrigado. Comencé a pensar por largos períodos de tiempo en lo que cada uno decía. Mucho de mi tiempo a solas, transcurría reflexionando, haciéndome preguntas a mí mismo tales como: "¿Por qué habrá dicho eso?", y luego aplicando la misma pregunta a las afirmaciones del otro papá. Hubiera sido mucho más fácil decir simplemente: "¡Ah, sí, él tiene razón! ¡Estoy de acuerdo con eso!". O simplemente rechazar un punto de vista diciendo "...el viejo no sabe de lo que habla...". En lugar de eso, tener dos padres a quienes amaba me obligó a pensar, y en última instancia a elegir una forma propia de pensar. Como proceso, elegir por mí mismo finalmente terminó siendo mucho más valioso, en el largo plazo, que sencillamente aceptar o rechazar un determinado punto de vista. Una de las razones por las cuales los ricos se hacen más ricos, los pobres se hacen más pobres, y la clase media lucha con las deudas, es porque lo que tiene que ver con el dinero se enseña en el hogar, y no en el colegio. La mayoría de nosotros aprendemos de nuestros padres, acerca del dinero. Y, ¿qué puede un padre pobre decirles a sus hijos sobre el dinero? Sencillamente, "continúa en el colegio y estudia intensamente". El joven podrá graduarse con excelentes calificaciones, pero con un esquema mental y una programación financiera de persona pobre. Eso fue aprendido cuando el joven era un niño. El tema dinero no se enseña en las escuelas. La escuela se enfoca en las habilidades profesionales y curriculares, pero no en habilidades financieras. Esto explica por qué banqueros, doctores y administradores que se graduaron con excelentes calificaciones, puedan estar luchando financieramente durante toda su vida. Nuestra tambaleante deuda nacional se debe en gran parte a
políticos con buena formación y oficiales de gobierno, que toman decisiones financieras con poco o nada de entrenamiento sobre el tema del dinero. A menudo, yo miro hacia adelante, más allá del año 2000, y me pregunto qué pasará cuando tengamos millones de personas necesitando asistencia médica y financiera. Ellas dependerán de sus familias o del gobierno para sostenerse financieramente. ¿Y qué va a pasar cuando los servicios sociales de salud y las cajas de jubilación se queden sin dinero? ¿Cómo podrá sobrevivir una nación si lo que debe ser enseñado a los niños acerca del dinero queda en manos de los padres —la mayoría de los cuales serán, o ya son, pobres? Dado que tuve dos padres influyentes, yo aprendí de ambos. Tuve que reflexionar sobre los consejos de cada uno de mis papás, y al hacerlo, obtuve una valiosa percepción de mi naturaleza interior en relación al poder y efecto de los propios pensamientos en la vida de cada uno. Por ejemplo, un padre tenía el hábito de decir "no puedo afrontarlo". El otro prohibió el uso de tales palabras. El insistía en que yo dijera "¿cómo puedo afrontarlo?" La primera frase es una afirmación, mientras que la segunda es una pregunta. Una nos deja fuera de combate, mientras que la otra nos fuerza a pensar. Mi padre envías de hacerse rico explicaría que, automáticamente, al decir "no puedo afrontarlo", nuestro cerebro cesa de trabajar. Al formular la pregunta "¿cómo puedo afrontarlo?", nuestro cerebro comienza a trabajar. El no se refería a comprar todo lo que uno quisiera. El era un fanático de la ejercitación de la mente, la computadora más poderosa del mundo. "Mi cerebro se pone cada día más fuerte porque lo ejercito. Más se fortalece, más dinero puedo hacer." El creía que afirmar automáticamente "no puedo afrontarlo" era una señal de haraganería mental. Aunque ambos padres trabajaban arduamente, advertí que uno de ellos, tenía el hábito de poner su mente a dormir cuando se trataba de asuntos de dinero, y el otro, tenía el hábito de ejercitar su cerebro. El resultado a largo plazo fue que, financieramente, uno de ellos se fortaleció, mientras el otro resultó debilitado. Esto no es muy diferente de alguien que asiste a un gimnasio a ejercitarse regularmente, versus alguien que se sienta en su sofá a mirar televisión. El ejercicio físico apropiado aumenta sus chances de salud, y el ejercicio mental apropiado aumenta sus chances de riqueza. La haraganería disminuye ambas, salud y riqueza. Mis dos papás tenían formas opuestas de pensar. Un papá pensaba que los ricos deberían pagar más en impuestos para ayudar a aquellos menos afortunados. El otro decía, "los impuestos castigan a quienes producen y premian a quienes no lo hacen". Un papá recomendaba, "estudia mucho, así encontrarás una buena compañía en la cual trabajar". El otro recomendaba, "estudia mucho, así encontrarás una buena compañía para comprarla". Un papá decía, "la razón por la que no soy rico es porque los tengo a ustedes, niños". El otro decía, "la razón por la que debo ser rico es porque los tengo a ustedes, niños". Uno alentaba a hablar de negocios y dinero durante la cena. El otro prohibía que el tema dinero fuera discutido durante la comida. Uno decía, "cuando se trata de dinero, juega sobre seguro, no corras riesgos". El otro decía, "aprende a manejar el riesgo". Uno creía, "nuestro hogar es nuestra mayor inversión y nuestro más grande activo". El otro creía, "mi casa es un pasivo, y si tu casa es tu mayor inversión, estás en problemas". Ambos papás pagaban sus cuentas a tiempo, pero uno las pagaba en primer término mientras que el otro lo hacía en último. Un papá creía en que una compañía, o el gobierno, cuidaran de uno y sus necesidades. Siempre estaba interesado en aumentos, planes de retiro, beneficios médicos, licencias por enfermedad, vacaciones y otros ornamentos. El estaba muy impresionado con dos tíos que fueron miembros de las fuerzas armadas y obtuvieron una jubilación y acreditaciones de por vida, luego de veinte años de servicio activo. Amaba la idea de los beneficios médicos y otros beneficios que el ejército brindaba a sus retirados. También amaba el sistema de puestos inamovibles accesible a través de la universidad. La idea de un trabajo protegido de por vida, y sus beneficios, parecía a veces más importante que el trabajo en sí. A menudo él decía, "he trabajado duro para el gobierno, y eso me da derecho a los beneficios".
dudé si alguna vez debería regresar. Y estaré diciendo esto con una visión, en alguna parte, de aquí a épocas por venir; Dos caminos se bifurcaban en un bosque, y yo, yo tomé el menos transitado, y eso ha hecho toda la diferencia.
Roben Frost (1926)
A lo largo de los años, he reflexionado a menudo sobre el poema de Frost. Elegir no escuchar el consejo y la actitud de mi padre altamente instruido fue una decisión dolorosa, pero fue una decisión que moldeó el resto de mi vida. Una vez que decidí a quién escuchar, comenzó mi educación acerca del dinero. Mi padre rico me enseñó por un período de 30 años, hasta que tuve 39. Cesó cuando se dio cuenta que yo sabía y comprendía plenamente lo que él había tratado de introducir repetidamente en mi, a menudo duro, cráneo. El dinero es una forma de poder. Pero lo que es más poderoso aún, es la educación financiera. El dinero viene y va, pero si usted cuenta con la educación acerca de cómo funciona el dinero, gana poder sobre él y puede comenzar a generar riqueza. La razón por la cual el pensamiento positivo por sí solo no basta, es porque la mayoría de la gente fue al colegio pero nunca aprendió cómo funciona el dinero, de manera que pasan sus vidas trabajando por él. Dado que sólo tenía 9 años cuando comencé, las lecciones que mi padre rico me dio fueron simples. Y cuando todo estaba expresado y realizado, quedaron definidas tan sólo seis lecciones principales, repetidas a lo largo de 30 años. Este libro trata acerca de esas seis lecciones, expresadas de la forma más simple posible, al igual que mi padre rico las expuso para mí. Estas lecciones no pretenden ser respuestas sino pautas indicadoras. Pautas que lo asistirán a usted y a sus hijos a incrementar su riqueza, sin importar lo que esté sucediendo en este mundo de crecientes cambios e incertidumbre.
"Papá, ¿puedes decirme cómo hacerme rico?" Mi padre dejó a un lado el periódico. "¿Por qué quieres hacerte rico, hijo?" "Porque hoy la mamá de Jimmy apareció conduciendo su nuevo Cadillac, y ellos se fueron a pasar el fin de semana a su casa en la playa. El invitó a tres amigos, pero Mike y yo no fuimos invitados. Y nos dijeron que no nos invitaban porque éramos `niños pobres'." "¿Ellos dijeron eso?" preguntó mi padre incrédulo. "Sí, lo dijeron." Contesté con tono herido. Papá sacudió su cabeza silenciosamente, empujó sus anteojos sobre el puente de su nariz y volvió a leer el periódico. Me quedé esperando una respuesta. Comía el año 1956. Yo tenía 9 años. Por algún giro del destino, concurría a la misma escuela pública a la cual la gente adinerada enviaba sus niños. El nuestro era un pueblo principalmente azucarero. Los gerentes de la plantación y otras personas influyentes del pueblo, tales como doctores, dueños de negocios y banqueros, enviaban sus niños a esa escuela, de primero a sexto grado. Después del sexto, sus hijos eran enviados generalmente a escuelas privadas. Dado que mi familia vivía sobre uno de los lados de la calle, yo concurría a ese colegio. Si hubiera vivido sobre el lado opuesto, hubiera ido a una escuela diferente, con niños de familias más parecidas a la mía. Después del sexto grado, esos niños y yo, iríamos a la escuela intermedia y al ciclo superior en un establecimiento público. No habría escuela privada para ellos ni para mí. Mi padre bajó el periódico, al fin. Se diría que estaba pensando. "Bien, hijo", comenzó lentamente. "Si quieres ser rico, tienes que aprender a hacer dinero." "¿Y cómo hago dinero?" pregunté. "Bueno, usa la cabeza hijo", respondió sonriendo. Lo que realmente significaba era "eso es todo lo que voy a decirte", o "no sé la respuesta, no me pongas en aprietos".
Se forma una sociedad A la mañana siguiente, le dije a Mitre, mi mejor amigo, lo que había dicho mi padre. Hasta donde yo sé, Mitre y yo éramos los únicos niños pobres de la escuela. Al igual que yo, Mitre estaba en esa escuela por accidente. Alguien había trazado una muesca cuadrada en la línea que marcaba el distrito escolar, y de esa manera nosotros terminamos adosados a una escuela con los hijos de los ricos. Nosotros no éramos realmente pobres, pero nos sentíamos como si lo fuéramos porque todos los demás chicos tenían guantes de baseball nuevos, bicicletas nuevas, y ¡todo nuevo! Mamá y papá nos proveían de las cosas básicas, como comida, vestimenta y vivienda. Pero eso era todo. Papá solía decir, "si quieres algo, trabaja por ello". Queríamos cosas, pero no había demasiado trabajo disponible para niñitos de 9 años. "Entonces, ¿qué haremos para hacer dinero?" preguntó Mitre. "No lo sé", dije. "Pero ¿quieres ser mi socio?" Y así, en la mañana de ese sábado, Mitre se convirtió en mi primer socio comercial. Pasamos toda la mañana generando ideas sobre cómo hacer dinero. Ocasionalmente hablábamos de cómo se estarían divirtiendo los "niños mimados" en la casa de Jimmy, en la playa. Nos dolió un poco, pero ese dolor fue bueno, porque nos inspiró a seguir pensando acerca de las maneras de hacer dinero. Finalmente, esa tarde, un destello de iluminación atravesó nuestras cabezas. Se trataba de una idea. Mitre la obtuvo de un libro de ciencias que había leído. Entusiasmados, estrechamos nuestras manos, y entonces la sociedad ahora tenía un negocio.
Nos pidió que dejáramos todo y nos sentáramos con él en el escalón de acceso a nuestra casa. Con una sonrisa, nos explicó el significado de la palabra "falsificación". Nuestros sueños estaban quebrados. "¿Quieres decir que es ilegal?" preguntó Mike con un temblor en la voz. "Déjalos", dijo el amigo de mi padre. "Puede que estén revelando un talento natural." Papá le clavó la mirada. "Sí, es ilegal" dijo con delicadeza. "Pero ustedes, muchachos, han mostrado gran creatividad y originalidad de pensamiento. Sigan así. No desistan." Disgustados, Mike y yo nos sentamos en silencio por alrededor de veinte minutos antes de comenzar a limpiar nuestro desorden. El negocio acabó en su día de apertura. Mientras barría el polvo, miré a Mitre y dije, "creo que Jimmy y sus amigos tienen razón. Somos pobres." Mi padre se estaba yendo cuando dije eso. "Chicos", dijo, "sólo sor pobres si se rinden. Lo más importante es que han hecho algo. Estoy muy orgulloso de ambos. Lo diré otra vez. Sigan adelante. No desistan.' Mike y yo permanecimos allí en silencio. Esas fueron lindas palabras pero aún no sabíamos qué hacer. "Y, ¿cómo es que no eres rico papi?" pregunté. "Porque yo he elegido ser maestro de escuela. Los maestros de escuela realmente no pensamos en ser ricos. Simplemente nos gusta enseñar. Desearía poder ayudarte, pero la verdad es que yo no sé cómo ganar dinero." Mike y yo nos dimos vuelta y continuamos con nuestra limpieza. "Ya lo sé", dijo mi padre, "si ustedes quieren saber cómo ser ricos, no me pregunten a mí. Hablen con tu papá, Mike." "¿Mi papá?" preguntó Mike con gesto sorprendido. "Sí, tu papá", repitió mi padre sonriendo. "Tu padre y yo tenemos el mismo oficial de cuentas en el banco, y él se deshace en elogio: sobre tu padre. Me ha dicho varias veces que tu papá es brillante cuando se trata de ganar dinero." "¿Mi papá?" preguntó nuevamente Mike, incrédulo. "Y entonces ¿cómo es que no tenemos un buen auto y una linda casa como los niños ricos de la escuela?" "Un buen auto y una linda casa no significan necesariamente que uno sea rico o que sepa cómo hacer dinero", replicó papá. "El padre de Jimmy trabaja para la plantación de azúcar. El no es tan diferente de mí. El trabaja para una compañía, y yo para el gobierno. La compañía le compró el automóvil. Esta empresa azucarera está en problemas financieros, y el papá de Jimmy pronto puede quedarse sin nada. Tu padre es diferente Mitre. Parece que él está levantando un imperio, y sospecho que en unos años será un hombre muy rico." Con eso, Mike y yo nos entusiasmamos otra vez. Con nuevo vigor, comenzamos a limpiar el desorden causado por nuestro primer fenecido negocio. Mientras ordenábamos, hicimos planes acerca de cuándo y cómo hablar con el papá de Mitre. El problema era que él trabajaba largas horas y a menudo no llegaba a casa hasta tarde. Su padre era dueño de depósitos, una compañía constructora, una cadena de almacenes, y tres restaurantes. Estos últimos eran los que lo mantenían fuera hasta tarde. Mike tomó el autobús hacia su casa luego de que terminamos de limpiar. Iba a hablar con su papá cuando él llegara a casa esa noche, y le preguntaría si nos podría enseñar cómo hacernos ricos. Mitre prometió llamarme bien hablara con su papá, aunque fuera tarde. El teléfono sonó a las 8:30 p.m. "O.K." dijo. "El próximo sábado." Y colgó. El padre de Mitre había accedido a reunirse con nosotros. El sábado por la mañana a las 7:30 hs., tomé el autobús hacia el lado pobre de la ciudad.
Comienza la lección: “Les pagaré 10 centavos por hora. " Aún para los estándares de pago de 1956, 10 centavos era bajo. Michael y yo nos reunimos con su papá esa mañana a las 8 hs. En punto. El estaba atareado, y ya había estado trabajando por más de una hora. Su supervisor de construcciones se estaba yendo en su camioneta justo cuando yo llegaba caminando a su pequeña, simple y pulcra casa. Mike me recibió en la puerta. "Papá está hablando por teléfono, y dijo que esperáramos en el porche trasero", dijo Mitre, mientras me abría la puerta. El viejo piso de madera crujía mientras yo cruzaba el umbral de esta antigua casa. Había una alfombra ordinaria al cruzar la puerta. Estaba allí para disimular los años de uso de incontables pisadas soportadas por el piso. Aunque estaba limpia, necesitaba ser reemplazada. Sentí claustrofobia al entrar a la angosta sala de estar, sobrecargada de viejos y enmohecidos muebles que hoy serían piezas de colección. Sentadas en el sofá, había dos mujeres un poco mayores que mi madre. Frente a ellas estaba sentado un hombre en ropa de trabajo. Vestía pantalones y camisa caqui, planchada prolijamente pero sin almidón, y botas de trabajo bien lustradas. Era unos diez años mayor que mi padre diría, alrededor de 45 años. Nos sonrieron a medida que pasamos entre ellos hacia la cocina, que llevaba al porche que se abría al patio trasero. Les devolví tímidamente la sonrisa. "¿Quiénes son esas personas?" pregunté. "Ah, trabajan para papá. El hombre más grande lleva adelante los depósitos, y las mujeres son las gerentes de los restaurantes. Y ya viste al supervisor de construcciones, que está trabajando en el proyecto de una carretera a 50 millas de aquí. El otro supervisor, que está construyendo un grupo de casas, se había retirado antes dé que tú llegaras." "¿Y esto sucede todo el tiempo?" pregunté. "No siempre, pero bastante a menudo", dijo Mitre sonriendo, mientras empujaba una silla para sentarse junto a mí. "Le pregunté si nos podría enseñar a hacer dinero", dijo Mitre. "Ah, y ¿qué respondió a eso?" pregunté con cautelosa curiosidad. "Bueno, al principio, mostró una expresión divertida en su rostro, y luego dijo que nos haría una oferta." "¡Oh!", dije, empujando mi silla mecedora hacia la pared; me había sentado allí encaramado a las dos patas traseras de la silla. Mitre hizo lo mismo. "¿Sabes cuál es la oferta?" pregunté. "No, pero muy pronto lo averiguaremos." De repente, el papá de Mitre irrumpió a través de la desvencijada puerta mosquitero. Mitre y yo saltamos sobre nuestros pies, no por respeto sino porque nos asustamos. "¿Están listos chicos?" preguntó mientras traía una silla para sentarse con nosotros. Asentimos, apartando nuestras sillas de la pared para sentarnos frente a él. Era un hombre grandote, como de 1.80 metros de alto y 100 kilos de peso. Mi padre era más alto, como del mismo peso, y cinco años mayor que el padre de Mitre. Tenían un aspecto algo parecido, pero no el mismo tipo étnico. Quizás su energía era similar. “Mike dice que quieres aprender a hacer dinero, ¿es correcto eso, Robert?" Asentí rápidamente, pero algo intimidado. El hombre tenía mucho poder detrás de sus palabras, y sonreía. "OK, aquí está mi oferta. Les enseñaré, pero no lo haré al estilo de un salón de clases. Ustedes trabajan para mí, yo les enseño. Ustedes no trabajan para mí, yo no les enseño, y estoy perdiendo mi tiempo si sólo quieren sentarse y escuchar, como lo hacen en el colegio. Esa es mi oferta. Tómenla, o déjenla." "Mmm... ¿Puedo hacer una pregunta primero?" pregunté.
Esperando mi turno el sábado Estaba listo. Estaba preparado. Incluso mi padre verdadero estaba enojado con él. Mi papá real, el que yo llamo mi padre pobre, pensaba que mi padre rico estaba violando las leyes laborales infantiles y debería ser investigado. Mi educado padre pobre dijo que yo debía reclamar lo que merecía. Por lo menos 25 centavos por hora. Mi papá pobre me dijo que si no obtenía un aumento, debería renunciar inmediatamente. "De todas maneras, tú no necesitas ese condenado trabajo", dijo con indignación. El sábado a las 8 de la mañana en punto, yo atravesé la misma desvencijada puerta de la casa de Mike. "Toma asiento y espera tu turno", dijo el papá cuando entré. Se dio la vuelta y desapareció dentro de su pequeña oficina cercana a su dormitorio. Miré alrededor pero no vi a Mike por ningún lugar. Me sentí entorpecido, y cuidadosamente me senté junto a las mismas dos mujeres que habían estado allí cuatro semanas atrás. Me sonrieron, corriéndose un poco para hacerme lugar en el sofá. Transcurrieron cuarenta y cinco minutos, y yo ya estaba echando vapor. Las dos mujeres se habían entrevistado con él y se habían retirado treinta minutos antes. El hombre mayor había estado adentro por veinte minutos, y también se había retirado ya. La casa estaba vacía, y yo allí sentado en su mohosa y oscura sala de estar, en ese bello y soleado día hawaiano, esperando para hablar con un tacaño que explotaba niños. Podía oírlo en actividad alrededor de la oficina, hablando por teléfono, e ignorándome. En un momento, estuve listo para irme, pero por alguna razón, me quedé. Finalmente, quince minutos más tarde, a las 9 hs. en punto, padre rico salió y sin decir nada, me hizo señas con su mano para que entrara a su deslucida oficina. "Entiendo que quieres un aumento, o renunciarás", dijo papá rico mientras giraba en la silla de su escritorio. "Bueno, usted no está cumpliendo su parte del trato", dije sin consideraciones, casi con lágrimas. Para un muchachito de 9 años, era realmente atemorizante enfrentar a un adulto. "Usted dijo que me enseñaría si yo trabajaba para usted. Bien, lo he hecho. He trabajado esforzadamente. He dejado de lado mis partidos de baseball para trabajar para usted. Pero usted no mantuvo su palabra. No me ha enseñado nada. Usted es un tramposo, como piensa todo el mundo en esta ciudad. Es un insaciable. Quiere todo el dinero sin tener en cuenta a sus empleados. Me hizo esperar y no me ha demostrado respeto. Soy sólo un chiquillo, y merezco ser tratado mejor." Padre rico se inclinó hacia atrás en su silla giratoria, se llevó las manos a la barbilla, apenas mirándome fijamente. Parecía estar estudiándome. "No está mal", dijo. "En menos de un mes, ya suenas como la mayoría de mis empleados." "¿Cómo?" pregunté. Y continué con mis agravios, sin entender lo que él me estaba diciendo. "Pensé que usted iba a cumplir su parte del trato y enseñarme. En lugar de eso, ¡quiere torturarme! Eso es cruel. Eso es realmente cruel." "Te estoy enseñando", dijo papá rico calmadamente. "¿Qué me está enseñando? ¡Nada!" agregué enojado. "Ni siquiera me ha hablado una sola vez desde el momento en que accedí a trabajar para usted por maníes. Diez centavos la hora. ¡Ah! Debería notificar al gobierno sobre usted. Tenemos leyes laborales infantiles, ¿sabe? Mi padre trabaja para el gobierno, ¿sabe?" "¡Guau!" dijo papá rico. "Ahora suenas igual que la mayoría de la gente que solía trabajar para mí. Gente que, o bien yo despedí, o renunciaron." "Entonces, ¿qué tiene para decir?" demandé, sintiéndome demasiado embravecido para ser un niño pequeño. "Usted me mintió. He trabajado para usted, y no mantuvo su palabra. No me ha enseñado nada." "¿Cómo sabes que no te he enseñado nada?", me preguntó padre rico con calma. "Bueno, usted nunca me ha dirigido la palabra. He trabajado por tres semanas, y usted no me ha enseñado nada", dije casi lloriqueando. "¿Acaso enseñar significa hablar o disertar?" me preguntó padre rico.
"Bueno, sí", repliqué. "Así es como te enseñan en el colegio', dijo él sonriendo. "Pero esa no es la forma en que la vida te enseña, y diría que la vida es el mejor de todos los maestros. La mayor parte del tiempo, la vida no te habla. Es como que te va empujando. Cada empujón es la vida diciendo, `despierta; hay algo que quiero que aprendas'." "¿De qué está hablando este hombre?" me pregunté silenciosamente. "¿La vida empujándome es la vida que me está hablando?" Ahora sabía que tenía que renunciar a mi trabajo. Estaba hablando con alguien que debía ser encerrado. "Si aprendes las lecciones de la vida, te irá bien. Si no, la vida simplemente continuará empujándote. La gente, hace dos cosas. Algunos sencillamente dejan que la vida los empuje. Otros se ponen bravos y devuelven el empujón. Pero empujan contra su jefe, o su trabajo, o su esposo o esposa. Ellos no saben que es la vida quien los está empujando." Yo no tenía idea acerca de lo que él estaba hablando. "La vida nos empuja a todos. Algunos se rinden. Otros luchan. Unos pocos aprenden la lección y avanzan. Los empujones de la vida son bienvenidos por ellos. Para estas pocas personas, esto significa que necesitan y desean aprender algo. Ellos aprenden y avanzan. La mayoría abandona, y unos pocos, como tú, luchan." Padre rico se puso de pie y cerró la vieja ventana de crujiente madera que necesitaba ser reparada. "Si tú aprendes esta lección, crecerás como un joven sabio, rico y feliz. Si no lo haces, pasarás la vida culpando a tu trabajo, tu bajo salario o tu jefe por tus problemas. Vivirás la vida esperando ese gran golpe de suerte que resuelva todos tus problemas." Papá rico me examinó para ver si yo aún estaba escuchando. Sus ojos se encontraron con los míos. Clavamos la vista uno en el otro, formando corrientes de comunicación entre nosotros a través de nuestros ojos. Finalmente, yo me aparté una vez que había absorbido su último mensaje. Sabía que él tenía razón. Le estaba echando la culpa, y era yo quien le había pedido que me enseñara. Yo estaba luchando. Papá rico continuó. "Por otra parte, si tú eres la clase de persona que no tiene agallas, te rendirás cada vez que la vida te presione. Si eres esa clase de persona, vivirás toda tu vida apostando sobre seguro, haciendo todo lo correcto, reservándote para alguna ocasión especial que nunca sucederá. Finalmente, te mueres siendo un hombre aburrido. Tendrás una gran cantidad de amigos a quienes realmente les caes bien por haber sido un muchacho que ha trabajado con tanto esfuerzo. Pero la verdad es que, dejaste que la vida te empuje hasta la resignación. Muy dentro de ti, estabas aterrorizado de correr riesgos. Realmente deseabas ganar, pero el miedo de perder era más grande que el entusiasmo por ganar. En lo profundo de tu ser, tú, y sólo tú, sabrás que no te jugaste a ir tras ello. Elegiste apostar sobre seguro." Nuestros ojos se encontraron nuevamente. Por diez segundos, nos estuvimos mirando, apartando la mirada sólo cuando el mensaje fue recibido. "¿Ha estado poniéndome a prueba?" "Algunos podrán decir eso", dijo sonriendo. "Yo simplemente diría que te di a probar el sabor de la vida." "¿Qué sabor de la vida?" pregunté, aún enojado, pero ahora curioso. Y así mismo, listo para aprender. "Ustedes, niños, son las primeras personas en solicitarme que les enseñe cómo ganar dinero. Tengo más de 150 empleados, y ni uno solo de ellos me ha preguntado qué es lo que yo sé acerca del dinero. Ellos me han solicitado un empleo y su correspondiente retribución, pero nunca que les enseñe acerca del dinero. De manera que la mayoría pasarán los mejores años de su vida trabajando por el dinero, sin entender realmente qué es eso por lo que están trabajando." Me senté allí, escuchándolo atentamente. "Así que, cuando Mike me habló de que ustedes querían aprender cómo ganar dinero, decidí diseñar un curso que se asemejara a la vida real. Podría haber hablado hasta que mi cara se pusiera azul, pero ustedes no hubieran podido escuchar ni una sola cosa. Así que, decidí dejar que la vida los presionara un poco, para que entonces pudieran escucharme. Por eso les pagué sólo 10 centavos."