









Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
Asignatura: Cervantes, Profesor: , Carrera: Filología hispánica, Universidad: US
Tipo: Apuntes
1 / 15
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!










José Manuel Martín Moran
En la carpeta de los trabajos recientes hallé traspapelada, entre dos artículos sobre la autoridad del autor y uno sobre el Quijote y la lectura, una elucubración intranscendente sobre las dedicatorias cervantinas, que no he querido dejar sin destinatario. La oportunidad que me ofrecía esta insigne junta de gente ilustre y de iluminada mollera fue motivo suficiente para que me decidiera a dedicarles estas primicias de mi corto ingenio, en la seguridad de que en pago de mi servicio sabrían uds. ampararlas hoy por mí mañana por ti contra los murmuradores que nunca descansan. En las anteriores frases aparte de la captatio benevolentiae, que nunca viene mal en estos casos habrán reconocido uds. algunos de los tópicos de las dedicatorias, tal y como se suelen hallar en las obras del Siglo de Oro. Panegírico del destinatario, ofrecimiento de la obra y petición de recompensa son las tres acciones fundamentales de las dedicatorias, que, en este caso, cumplen las mencionadas frases por el mero hecho de ser enunciadas, pues al igual que una obra se dedica por medio de la dedicatoria valga la perogrullada, cada uno de sus actos se realiza, mutatis mutandis, en el momento en que se enuncia. Y con esto podemos considerar suficientemente definida la composición de la dedicatoria, tanto por lo que respecta a sus funciones como por lo que atañe a su carácter eminentemente performativo.^1
Se estarán interrogando uds. acerca de la utilidad de una reflexión sobre unos textos que merecerían más un lugar entre la correspondencia privada de un autor que en la cabecera de la obra que los incluye. Y en efecto, muchas veces las dedicatorias se presentan como cartas del autor al mecenas, que confirman y realizan el contrato previo, tácito o explícito, de intercambio mutuo de servicios. No dilato ulteriormente la respuesta a la retórica pregunta de hace un momento y les digo que, si he decidido centrar mi atención en las dedicatorias cervantinas, es porque creo que precisamente a partir de los términos del contrato firmado por Cervantes con sus mecenas, o mejor, a partir de los cambios en esos términos, podemos deducir la concepción cervantina de las instituciones literarias del periodo y de su papel de escritor.
Pero antes de emprender el análisis de la evolución de las dedicatorias cervan tinas, permítanme uds. que haga una pequeña digresión sobre los paratextos en general.
258 José Manuel Martín Moran
Digresión sobre los paratextos
Los paratextos constituyen lugares privilegiados donde rastrear las huellas dactilares del autor, el peso de su mano sobre la obra. En ellos ha de renunciar a la visión in progress del proyecto, cerrarlo definitivamente, para contemplar en la distancia lo hecho y condensar su significado, señalar líneas de lectura, ensalzar sus virtudes o tal vez criticar sus defectos y, lo que viene al caso nuestro, ofrecérsela al dedicatario. En una palabra, la preocupación del autor en los paratextos ya no es la "aumentación del texto",^2 sino la promoción del mismo; su relación agente hacia la escritura se vierte hacia afuera, hacia el canal de la comunicación, y ahí es donde comienza a requerir la presencia de un lector dispuesto a seguir sus pasos en la interpretación, pues al fin y al cabo el primer lector de la obra es él mismo. El paso del texto al paratexto conlleva la caída de la máscara del autor, que fue el narrador y es el escritor-persona, posición que ahora le interesa recuperar, si quiere detener el proceso generativo y convertir el texto en libro. En el caso de Cervantes, la recuperación de la posición de escritor no suele ocurrir sin la implicación de su experiencia personal del campo literario^3 y sus instituciones; adelanto ya, pero no necesitaba hacerlo, que la visión del entramado literario no es lo que se dice idílica. Y puestos a adelantar, les expongo a continuación, de una vez por todas, la tesis de este trabajo:
En las obras de Cervantes, o por mejor decir, en algunas de sus intervenciones directas en ellas, en el ejercicio de sus funciones de autor, se puede apreciar la consolidación, si no inclusive el nacimiento, de una nueva mentalidad autorial. En las dedicatorias y en los prólogos a sus obras, Cervantes parece evolucionar desde una posición deudora de un planteamiento clásico, en lo referente a su relación con la obra y su canal de difusión, a una posición innovadora que abandona la idea de la fama por medio de la opinión y del mecenas como protector social del autor, y se afirma en sus responsabilidades personales para con el arte en general y el texto en particular, sin olvidar el canal de emisión, con un criterio muy cercano a lo que modernamente llamaríamos "conciencia de autor". Este trabajo tiene la pretensión de hacerles asistir, por medio del análisis del carácter performativo de las dedica torias cervantinas, al nacimiento de una nueva mentalidad autorial.
Parábola de la dedicatoria
A fin de comprender mejor la actitud de Cervantes para con la carta dedicatoria, me ha parecido conveniente echar una ojeada al canon del género, según la tradición y según el nuevo perfil que le va dando la época de grandes cataclismos culturales que le tocó vivir a Cervantes. Me sirvo, para ello, de las consideraciones de Genette y Viala, los dos autores que han estudiado recientemente el fenómeno. La dedicatoria es, en palabras de Genette^4 , "un homenaje de un autor a un mecenas remunerado en forma de protección de tipo feudal, o en modo más burgués (o proletario), con moneda contante y sonante". Para Viala,^5 la dedicatoria exhibe una relación entre el autor y el mecenas, que le sirve al primero como mecanismo de validación social de la obra: un representante del poder, cuando menos del poder económico, reconoce el talento del autor y el valor de su obra, y ofrece su nombre
260 José Manuel Martín Moran
la condición de voz alternativa a la de la visión oficial del mundo. Pero la iniciativa privada, el nuevo canal, aún necesitaba el aval del poder, por un lado, y, por el otro, la labor literaria aún debía ser reconocida socialmente para que comenzara a ser rentable. En otras palabras, aún no existía el oficio de escritor y las instituciones literarias no iban más allá del estado embrionario, lo que dificultaba la asunción por parte del autor de la libertad de su palabra; de modo que quien, como probablemente Cervantes, aceptó el desafío de los nuevos medios y se situó al margen de las vías oficiales de reconocimiento del mérito, lo hizo porque, ya fuera por el género, ya por la temática, ya por los códigos usados en las obras, no le quedaba otro remedio que asumir su diversidad respecto a la literatura vigente. A esta evolución de las implicaciones de la relación autor-mecenas para la constitución del campo literario no le faltan los circunstantes temporales he puesto tres hitos en la evolución: una genérica Edad Media, con un ejemplo del siglo XIII, para la relación de clientela; mediados del siglo XVI, para la codificación del mecenazgo en la dedicatoria; y principios del XVII, para el inicio de la emancipación del autor; le falta, en cambio, en este panorama de las relaciones del escritor con las varias formas de benefactor, la delimitación externa de su parábola global. La primera advocación de un texto a una persona es la de Las Geórgicas de Virgilio a Mecenas, o al menos es la que convencionalmente reconocemos como tal, quizás a causa de la sugestión fundante del nombre del dedicatario, que había de alcanzar, por vía de antonomasia, a todos los benefactores que en el mundo han sido. La última, también por convención, al menos para Genette,^8 es la de Balzac a Madame Hanska en la novela Le prétre catholique, en que proclama que el escritor moderno "no depende ya ni del rey ni de los nobles, [sino que] cumple su misión de Dios". A partir de entonces, podemos encontrar aún dedicatorias, pero serán las del escritor a un colega, un crítico, o en general a una persona a la que estima intelectualmente y de la que, por supuesto, no pretende amparo económico, aunque siga considerando que de algún modo ha sido inspirado por ella.
Dos modelos de dedicatorias en las obras de Cervantes
Contenido, pues, el fenómeno en sus líneas diacrónicas y sus límites temporales, podemos concentrarnos en su manifestación en las obras de Cervantes. No es cuestión de detenernos ahora en el perfil de los dedicatarios de Cervantes; cervantistas de más clara fama dejaron en su día excelentes retratos de los mismos y de su relación con el alcalaíno.^9 Lo que desde luego no puedo obviar en este momento es el recuerdo de sus nombres, por conocidos que sean: a Ascanio Colona [sic] dedica Cervantes La Galatea, al duque de Béjar la primera parte del Quijote como Pedro Espinosa las Flores de poetas ilustres (1605), Cristóbal de Mesa sus Rimas (1611) y Góngora las Soledades (1613), y a don Rodrigo de Tapia el Viaje del Parnaso; todas sus otras obras, es decir, la segunda parte del Quijote, las Novelas ejemplares, las Ocho comedias y ocho entremeses nunca representados y el Persiles, se publican al abrigo de la capa del conde de Lemos. En las dos primeras, repite Cervantes los tópicos más manidos del género, si bien únicamente cabe imputarle los de la primera, pues la del Quijote de 1605 es, como se sabe, un plagio perdón, he querido decir un "diálogo intertextual", de la que antepuso
Parat exfOS en contexto. La s dedicatorias cen>a l1lina s... 26 1
Fernando de Herrera a las Obras de Garcilaso de la Ve ga con al/oraciones más alguna s frases del prólogo de Francisco de Medina a la mi s ma ob ra. 10 yeso, COIllO
apócrifo. u^ E n la ~ otra s, exce pc ió n h ec ha de la qu e antep o ne al Viaje del Pamaso _ tan esc ue ta qu e se podría pe ns ar que no fucra destinada a la publicación _. d escab ala e l có digo y ter mina por crea r uno prop io. Estoy diciendo _tal vez no he sa bido cx pli ca rmc _ que en I:ls obras de Ce rvante s enconlramo s dos difercnte s modelo s de dedicatoria y que la línea divi s oria se s itúa en tre la publicación de la prime ra parte de l Quijote y la de l as Nm 'c /as eje mplar es. A fi n de percibir c larame nt e la diferencia entre los do s modelo s, va ya de sco mponer las dedicatorias en una se rie de actos pragmáticos, di stribuidos e n dos co lumnas correspond ien tes al es qu e ma 'es tímulo - respuesta', la prime ra cs dominio del autor. la seg unda del me ce nas.
En e l primcr model o, cuyo ejemplo más log rado se e ncuentra en La Ga/area. e l auto r o fr ec e s u o bra y el m ece nas la ac oge: Cervantes de c lara " ofrescer le es tas primicia s de mi co rt o in ge ni o·, ¡J y ex h orta a Colana, con un imperativo, el performativo ve rbal, a que le resc rve un "favorab le acogimiento. H ágale V.S. Ilustrís ima bueno a mi d eseo". Las co nsec uencias de este primer intercambio So n el servicio del autor y la protecc ió n del m ece nas en justo pago: el envío de la novela es califi cado por Ce rvantes c om o "e ste mi pequ eño s ervicio" , y se sobreenti ende ' a tan insigne vás tago de tan pod erosa familia', ante s de que co ncluya "debajo de cuya fu er za y s itio yo me pongo ah ora, para ha ce r esc udo a los murmuradore s que ninguna cosa pe rdon an". El paso del primer a l se gundo mo mento construye. s i tanto el autor co mo el de s tinatario han sa bido escoger su par eja , el ve hículo para la inmOltalidad, en co ntra de la opi nión del v ul go. Es de notar la diferent e po s ició n ante los pe rfonnativo s de los do s s uj etos: el autor es el s ujeto age nt e de los ve rbos, inclu so e n e l grupo de las respu es tas de l mecenas, a qui en, en teo ría. no le queda má s remedio que aceptar cuanto se le está proponiendo, pues s us do s a cc iones, 'acoger' y ' proteger ' se hallan s ub s umidas, la prim era , en e l imp e r ativo exhorta ti vo de res pon sa bilidad exclusiva del au tor (" há ga le", forma engaiiosa que podrí a ha cer pensar en que e l sujeto es e l mccenas. c uando en realidad su conte nido se mántico co rres pond e a 'ex horto a V.E. a que lo
ra zo nami ento seg uido hasta aquí está pidiendo a gr it os un esquema clarificador:
1 momellto: 11 momento: allfOI'
acciones privadas resultados sociales
desear mecenas .Jr,a~c~el¡;¡"'ii''''---------'/ii,,'ñot¡¡;e;;:ge;;,·--,,",,,
La s do s co lumna s acogen las do s se rie s temporal es de ac cione s: en la de la izq uierda hallumos e l prime r momento, e l qu e c lImple la dimen s ión pri vada del co ntrato: en la de la dere cha, e l seg undo momento, e l de la dimen s ión soc ial de l
Paratextos en contexto. Las dedicatorias cervantinas.. 263
El segundo modelo de dedicatoria cervantina
El segundo modelo descabala completamente el sistema del primero. Su primera manifestación la hallamos en la dedicatoria de las Novelas ejemplares, 28 años, pero solo dos publicaciones, más tarde de La Calatea. En ella no encontramos ni la alabanza del mecenas, ni la petición de protección; la explicación la da el propio Cervantes cuando dice, a modo de advertencia inicial:
En dos errores, casi de ordinario, caen los que dedican sus obras a algún príncipe. El primero es que en la carta que llaman dedicatoria, que ha de ser breve y sucinta, muy de propósito y espacio, ya llevados de la verdad o de la lisonja, se dilatan en ella en traerle a la memoria, no sólo las hazañas de sus padres y abuelos, sino las de todos sus parientes, amigos y bienhechores. Es el segundo decirles que las ponen debajo de su protección y amparo, porque las lenguas maldicientes y murmuradoras no se atrevan a morderlas y lacerarlas. [Novelas ejemplares]
Hay en estas declaraciones una conciencia del género dedicatorio, que el autor revierte sobre el texto mismo, en notable alarde metadiscursivo; lo que me hace pensar que el destinatario ideal de estas frases no es el conde de Lemos -aunque también él, por supuesto-, sino el lector; es decir, de las dos posibles síntesis de cualquier dedicatoria: a) "digo al conde de Lemos que le dedico esta obra", b) "digo al lector que digo al conde de Lemos que le dedico esta obra", en este prototipo del segundo modelo, y por ende en todos sus ejemplos, el autor parece preferir la segunda. Bien es verdad que a renglón seguido, tras haber manifestado su inco modidad con el tópico de las dedicatorias, valiéndose de la preterición, es decir, del "imaginario sacrificio de un argumento", como la definen Perelmann y Olbrechts- Tyteca,1 3 enuncia la existencia de esas mismas hazañas que antes no quería ponderar: Yo, pues, huyendo destos dos inconvenientes, paso en silencio aquí las grandezas y títulos de la antigua y Real Casa de Vuestra Excelencia, con sus infinitas virtudes, así naturales como adqueridas, dejándolas a que los nuevos Fidias y Lisipos busquen mármoles y bronces adonde grabarlas y esculpirlas, para que sean émulas a la duración de los tiempos. [Novelas ejemplares]
Con todo, es conveniente no perder de vista que la forma elegida por Cervantes para decantar tanta grandeza es la preterición, es decir, la figura retórica que permite dejar a un lado un elemento de importancia menor y pasar adelante; éste es, por cierto, el significado etimológico de praeterire, y ésta es la estructura semántica del período, en el que, tras haber denunciado los errores habituales de los dedicadores, evita incurrir en ellos con la acostumbrada elegancia:
Yo, pues, huyendo destos dos inconvenientes, paso en silencio [...]
Y luego:
Tampoco suplico a Vuestra Excelencia reciba en su tutela este libro,
264 José Manuel Martín Moran
para terminar por exponer el argumento que no puede pasar por alto, para el que nunca utilizaría la preterición:
Sólo suplico que advierta Vuestra Excelencia que le envío, como quien no dice nada, doce cuentos, que, a no haberse labrado en la oficina de mi entendimiento, presumieran ponerse al lado de los más pintados.
El argumento hacia el que conducen las dos pretericiones anteriores es el de que, sin tanto adorno de dedicatorias y panegíricos y favores y capas y abrigos y murmuradores, lo que de verdad cuenta es la calidad literaria de la obra; punto éste sobre el que el autor no parece albergar duda alguna, como revela el tópico de la falsa modestia, que en mi maldad interpretativa leo como una suerte de negación freudiana que descubre más que encubre la meta final del párrafo: sus cuentos pueden "ponerse al lado de los más pintados".
Como seguramente no habrán dejado de notar uds., en el desmantelamiento de la maquinaria dedicatoria, Cervantes prescinde de uno de los dos resortes funda mentales: el de la columna de las acciones del mecenas. El prototipo del segundo modelo, la dedicatoria de las Novelas ejemplares, únicamente presenta las acciones correspondientes a la columna del autor, es decir, el 'ofrecer' del primer eje semántico y el 'servir' del segundo, sin tener en cuenta para nada la respuesta del destinatario. Y es que, al parecer, Cervantes no necesita ni la aceptación ni la protección del mecenas, que empieza a convertirse en poco más que una figura necesaria para la existencia del paratexto. Si se están preguntando uds. por los motivos de tamaño desprecio, no se quiebren la cabeza: los había dejado bien claros el propio Cervantes en la segunda de sus pretericiones:
Tampoco suplico a Vuestra Excelencia reciba en su tutela este libro, porque sé que si él no es bueno, aunque le ponga debajo de las alas del Hipogrifo de Astolfo y a la sombra de la clava de Hércules, no dejarán los Zoilos, los Cínicos, los Aretinos y los Bernias de darse un filo en su vituperio, sin guardar respecto a nadie.
¡Qué diferencia con la posición de casi 3 décadas antes, cuando, embargado por el miedo reverencial, se acercaba a su benefactor con la ayuda de todo el armamento típico de las dedicatorias! Quien aquí habla está convencido de la excelsitud del texto que publica de otro modo, no se hubiera atrevido a darlo a la estampa y sabe que no debe nada al mecenas, si no es en el aspecto económico. El orgullo del autor, libre de las ínfulas teológicas que hacían del poeta medieval el rey de la palabra a la vez que lo ataban indisolublemente al rey de las cosas, le permite desligarse del poder material, prescindir de la plusvalía social de la obra y concentrarse exclusivamente sobre su valor literario. De ahí que el servicio haya dejado de ser abstracto e inaferrable como en La Galatea, donde equivalía a la fama postuma, el honor, la gloria, etc., y se haya reducido a la materialidad del libro que contiene la obra: "advierta Vuestra Excelencia que le envío, como quien no dice nada, doce cuentos". El servicio se rebaja tanto que casi se identifica con un
266 José Manuel Martín Moran
[...] este mi pequeño servicio. [La Calatea ]
En el segundo, es poco menos que un honor para el destinatario que el autor haya querido dedicarle la obra:
Sólo suplico que advierta Vuestra Excelencia que le envío, como quien no dice nada, doce cuentos, que, a no haberse labrado en la oficina de mi entendimiento, presumieran ponerse al lado de los más pintados. Tales cuales son, allá van, y yo quedo aquí contentísimo, por parecerme que voy mostrando en algo el deseo que tengo de servir a Vuestra Excelencia como a mi verdadero señor y bienhechor mío. [Novelas ejemplares ]
[...] V. E., a quien ofrezco el destas Comedias y entremeses, no tan desabridos, a mi parecer, que no puedan dar algún gusto. [Ocho comedias]
El ofrecimiento, el envío de la obra, llega a identificarse en la segunda parte del Quijote con su publicación, con lo que la hipotética evaluación del mecenas, necesaria antes de otorgarle su aval, ha sido cancelada:
Si él [don Quijote] allá llega, me parece que habré hecho algún servicio a Vuestra Excelencia, porque es mucha la priesa que de infinitas partes me dan a que le envíe para quitar el hámago y la náusea que ha causado otro don Quijote [...], y el que más ha mostrado desearle ha sido el grande emperador de la China. [Quijote II]
Pero no sólo el mecenas ha sido privado de una de sus prerrogativas, también el público y su capacidad de evaluación de la obra han sido completamente ignorados por el autor, en favor de un círculo restringido de lectores. Cervantes parece consi derar irrelevantes las opiniones del mecenas y el gran público; tanta es su confianza en el gusto de sus allegados y en el mérito artístico de una obra que ha de salvar las letras patrias del mefítico dominio de los usurpadores. La protección requerida del mecenas es genuina en el primer modelo; el autor la da por concedida, por lo que ni siquiera la solicita:
Los famosos hechos del tronco y ramos de la real casa Colona, debajo de cuya fuerza y sitio yo me pongo ahora, para hacer escudo a los murmuradores que ninguna cosa perdonan. [La Galatea ]
En el segundo sistema, en cambio, no la solicita; evidentemente no la considera necesaria; ahora, para él, el único elemento capaz de protegerle de la murmuración es la bondad del libro, y ya sabemos que por ese resquicio se cuela el orgullo del autor y aquí hubiera sido un acto de cortesía por mi parte hacerles gracia de la repetición de la cita, pero el interés porque retengan uds. la nueva fisonomía del vulgo me impide demostrar mi buena crianza; en fin, allá va:
Tampoco suplico a Vuestra Excelencia reciba en su tutela este libro, porque sé que si él no es bueno, aunque le ponga debajo de las alas del Hipogrifo de
Paratextos en contexto. Las dedicatorias cervantinas.. 267
Astolfo y a la sombra de la clava de Hércules, no dejarán los Zoilos, los Cínicos, los Aretinos y los Bernias de darse un filo en su vituperio, sin guardar respecto a nadie. [Novelas ejemplares ]
Podemos ver en estas últimas citas cómo ha cambiado, en el paso del primer al segundo modelo, la consideración del vulgo, que antes era ignorante y tal vez pobre, y ahora podría ser rico y seguramente es culto,1 4 si puede llevar tan ilustres nombres. Y cultos, sin duda, habían de ser los farsantes en el mejor sentido de la palabra que rechazaron sus comedias, comportándose en ello como el vulgo que no entiende la verdadera belleza:
No van manoseados [las comedias y los entremeses] ni han salido al teatro, merced a los farsantes, que, de puro discretos, no se ocupan sino en obras grandes y de graves autores, puesto que tal vez se engañan. [Ocho comedias y ocho entremeses nunca representados]
El deseo que, como hemos visto, es el reactivo que transforma los estímulos en respuestas, ayudando a la realización del carácter performativo de las acciones, en el primer modelo es deseo del autor de ofrecer y ser acogido y protegido por el mecenas:
No he querido perder la ocasión de seguir esta guía, pues sé que en ella y por ella todos hallan seguro puerto y favorable acogimiento. Hágale V.S. Ilustrísima bueno a mi deseo, el cual envío delante. [La Galatea]
En el segundo modelo es poco más que una fórmula, que contribuye a rebajar la importancia del servicio ("deseo que tengo de servir" [Novelas ejemplares]), cuando no un simple deseo de recibir mercedes, que no excluyen obviamente la dimensión económica ("me sustenta, me ampara y hace más merced que la que yo acierto a desear" [Quijote II]). El deseo se va depurando de las incrustaciones retóricas y va manifestando su verdadera faz, la de fundamento de la dedicatoria, cuya eficacia depende únicamente de la voluntad del autor. Es revelador que esa voluntad ocupe todo el espacio de la dedicatoria en el Persiles, donde es voluntad de servicio, voluntad de los cielos y, ya sin mediaciones posibles, voluntad de vivir, en un desesperado intento por conseguir que toda su eficacia alquímica transforme la palabra en vida, esa vida que inexorablemente se le escapa:
Aquellas coplas antiguas, que fueron en su tiempo celebradas, que comienzan "puesto ya el pie en el estribo", quisiera yo no vinieran tan a pelo en esta mi epístola [...]. Ayer me dieron la Estremaunción y hoy escribo ésta. El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir, y quisiera yo ponerle coto hasta besar los pies a Vuesa Excelencia [...]. Cúmplase la voluntad de los cielos, y por lo menos sepa Vuesa Excelencia este mi deseo, y sepa que tuvo en mí un tan aficionado criado de servirle que quiso pasar aun más allá de la muerte, mostrando su intención [...]. Y, con estas obras [acaba de anunciar tres], continuando mi deseo, guarde Dios a Vuesa Excelencia como puede.
Hay aquí una espec ie de fe de v id a de l embri ó n de una de las in s li tuc ione s qu c
paso de l prime r mod e lo de dedi ca toria al segundo y ti e ne la pre te nsió n de hacer visi bl e gráfi ca me nt e el ca mbio:
Actos pelfOnl1Otivos ObráS ofrecer aceptal servir proteger Des eo
Ofros e/elllemos de las dedil:atorias
modestia de aUlor obras Cerval/feS
rallan los actos pe rformat ivo:, 'ace ptar' y ' prot ege r" de l m ece nas. No debe se r cas ual que. casi simultán ea me nt e. d es apare Lca la refe renc ia a l v ul go ~ a s í sea en la visió n se mi cu lt a q ue he mos visto_ y que desa parezc a tambié n, l! 1l lóg ica c orres pon-
Seña lada del Viaje del PlIma so y la ló gica exce pc ión de la dedi catoria de l Persiles,
prese ncia del propio Ce rvan tes, hasta ll ega r ,1 la e pifanía final de su deseo de vivir, y que parale lamente vay a aume ntando s u org ull o de aul Or. al que acompaña. de sde la de di catoria de las Ocho comedias. e l anuncio de sus rUlUnl S obras:
Don Quijote de la Mancha queda c al/.adas las es puelas en su Segullda pane
.H! /I/WW S del j(jfy/íll. Y lu ego la segunda pa rt e de UI Ga/mell , si tan ta carga pu eden ll ev ar mi s anc iano,'.> ho mbr os. lO cho comedias y oc/¡a ellfr emeses I/III/ca rep resellradosl
270 José Manuel Martín Moran
Con esto le despedí, y con esto me despido, ofreciendo a Vuestra Excelencia los Trabajos de PersUes y Sigismundo, libro a quien daré fin dentro de cuatro meses, Deo volente. [Quijote II]
Todavía me quedan en el alma ciertas reliquias y asomos de las Semanas del jardín, y del famoso Bernardo. Si a dicha, por buena ventura mía, que ya no sería ventura, sino milagro, me diese el cielo vida, las verá, y con ellas el fin de La Galatea, de quien sé está aficionado Vuesa Excelencia. [Persiles y Sigismundo]
Conclusión
El análisis de las dedicatorias de Cervantes revela la existencia de una doble noción de las instituciones literarias del momento, de la relación del autor con el ambiente de las letras, el mecenas, el público, el canal de difusión, etc. Esa doble concepción se debe a una evolución en su idea de la labor del escritor que lo acerca a la visión moderna del intelectual. La causa prima de la nueva concepción del trabajo intelectual tal vez se pueda hallar en la vivencia cervantina del mundo de las letras, no precisamente pródigo a la hora de reconocerle sus méritos, en un momento de su vida y su carrera recuérdese que la primera manifestación de esta nueva mentalidad la tenemos en 1613, con la dedicatoria a las Novelas ejemplares en que ya nada puede esperar, después de haberlo hecho largamente. Los premios, las prebendas, los privilegios, el favor del público, poco cuentan para quien comienza a sentir la sombra de la muerte a su alrededor. El no necesita alimentar fidelidades, mantener cariños, sustentar vínculos; su único compromiso, a su edad, es con la literatura y, en último término, con la vida.
En las dedicatorias cervantinas asistimos a una evolución del sistema de actos performativos que ha sido interpretada por mí como el indicio del nacimiento de una nueva mentalidad autorial. A medida que el mecenas va perdiendo sus prerrogativas, en el segundo modelo de dedicatoria, se va debilitando el sistema clásico de validación social de la obra; el mecenas ve recortadas sus atribuciones, hasta quedarse simplemente en el dispensador de fondos para la subsistencia del autor; esto es posible porque el autor ha desarrollado tal confianza en las cualidades literarias de sus obras, que no necesita protección contra los murmuradores; su compromiso ya no es con el buen nombre, con el prestigio del vate inspirado, profeta del poder, sino con la literatura y sus instituciones, identificables aquí con el círculo de amigos. El pertenece a un mundo aparte, fuera de las lógicas del dominio, donde el señor supremo es el propio autor y la única ley su satisfacción personal con el trabajo realizado; el anuncio de nuevas obras y la dificultad en esconder el orgullo de autor revelan la conciencia de la soberanía sobre su personal coto del campo literario.
Notas (^1) Cfr. Gérard GENETTE, Soglie. 1 dintorni del testo, [Ia ed. francesa 1989], Torino,
Einaudi, 1989, p. 13. (^2) Esa es la función fundamental del autor, según Edward W. SAID, Beginnings. Intention