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Este documento caracteriza la poesía testimonial, analizando definiciones sobre el testimonio y la problemática de la poesía como testimonio. Se recopilan perspectivas teóricas y literarias sobre el testimonio a lo largo de la historia. Se discute la dificultad de institucionalizar el género testimonial debido a su relación con otros géneros literarios. Se mencionan las características del testimonio propuestas por diferentes autores y la importancia de estudiarlo desde su contexto sociohistórico, económico y cultural. Se analiza la evolución del género testimonial y su relación con el género novelístico. Se discute la hibridación del género testimonial con otros y su inclusión en el canon literario.
Tipo: Apuntes
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Capitulo 1. Hacia una caracterización teórica de la poesía testimonial 1.1 DEFINICIONES SOBRE EL TESTIMONIO En este capítulo realizaremos una caracterización teórica de la poesía testimonial, para ello partiremos de encontrar algunas definiciones sobre el testimonio y discutiremos la problemática de la poesía como testimonio. Posteriormente, trataremos la problemática de la poesía testimonial desde las escrituras del yo, para finalmente establecer algunos rasgos propios de la semiótica de esta. Por consiguiente, en este apartado recogeremos algunas perspectivas teóricas y literarias sobre diferentes definiciones sobre el testimonio que han construido críticos literarios a través de sus obras y textos críticos, difundidas en diferentes periodos históricos, algunos antecedentes nacen desde el texto teórico Anatomía del testimonio (1987) de John Beverley, en donde hace un acercamiento y lo define a partir de varios factores literarios y teóricos. Así, para Beverley el testimonio es una narración corta contada en primera persona (testigo-protagonista) que relata sus propias experiencias, por ejemplo una situación política, económica o represiva que busca por medio de la palabra denunciar un hecho que lo convierte en víctima, hay diferentes factores que influyen para que se denomine como un testimonio, primero la popularidad de la historia que se cuenta, la recepción a nivel político y literario, además el testigo comparte su experiencia con otros y siendo estos los receptores que establecen una empatía con el afectado.
Otro ejemplo de ello, es la definición que hace en el prólogo Miguel Barnet, en su obra Biografía de un cimarron de 1966, siendo esta la primera definición oficializada que se conoce sobre lo que es un testimonio. De tal manera, esta hace alusión a un relato contado en primera persona que se recoge a través de una entrevista directa que se realiza a un sujeto. En este sentido, se mencionarán varias acepciones sobre lo que es el testimonio y cómo este al conformarse de elementos extraliterarios y otros géneros como el documental, el periodismo, la crónica y la autobiografía se convierte en un genero híbrido y controversial a la hora de definirlo. Por ello, es importante rescatar desde diferentes puntos de vista el proceso de evolución que ha tenido el testimonio, desde su producción y recepción en América Latina y Cuba, siendo los principales contextos donde emergieron sus primeras raíces y se dieron a conocer las primeras obras consideradas testimoniales. Por esta razón, el género testimonial al ser un puente de criticas desde distintos ámbitos como el político, el económico, el cultural e ideológico, no llegó a ser bien recibido en la academia y la esfera social de manera positiva, ya que para ciertos críticos norteamericanos y latinoamericanos al ser un género que ha estado sujeto a otros como la autobiografía, las memorias, el diario, el documental, la etnografía, la novela y la crónica se convierte en una colcha de retazos que recoge varios aspectos y, por ello, se vuelve difícil de institucionalizar.
pro de crear una espacio para el nuevo género siendo el testimonial. (Ochando, 1998, p.32) En este sentido, una de estas características consistió en que este debía ser estudiado desde su contexto sociohitórico, económico y cultural, de tal manera esto permitiría que el género testimonial llegará a visibilizarse y empezara a reproducirse en otros países y recepcionarse en casas editoriales. Por otra parte, como ya se había mencionado, algunas de las perspectivas sobre la definición sobre el testimonio fueron, por ejemplo, la de Ochando, que considera que el testimonio no pertenece a un autor; la de Achugar que opina que el testimonio surge por una doble identidad letrado-subalterno, y otros críticos como Beverley, Sklodowska y Ferro consideran que aquel emerge desde ideas políticas e ideológicas que reflejan una resistencia que permitieron que este tomara mayor auge en el campo literario (Picornell, 2011). Así, de esta manera, en sus comienzos de institucionalización el género testimonial al empezarse a popularizar desde una mirada cultural y política desde concursos o denuncias en los diferentes contextos, se convirtió en un género controversial que desde diferentes miradas de escritores y críticos empezaría a deconstruirse y evolucionar con mayor fuerza a mediados de los noventa, puesto que, para la época, ya eran varios los autores que habían escrito obras que cumplían con los parámetros necesarios para ser consideradas testimoniales. Por consiguiente, surgieron otras visiones sobre la definición del testimonio. Una de estas es expuesta por Sklodowska y Roberto Ferro, quienes
analizan la evolución del género testimonial en paralelo con el novelístico, diferenciando ambos géneros, y encontrando el testimonio como una representación política que desestabiliza los parámetros genéricos convencionales de la literatura^1 para privilegiar la enunciación de la voz de los silenciados, algo que no es una constante de la novela u otros géneros narrativos. Así, Noemi Alonso (2017) afirma que el género testimonial se ha ido nutriendo de otros desde las mismas críticas que se le han hecho y la legitimidad con que se presenta ante otros géneros muy cercanos a su taxonomía, por ello, desde la perspectiva que toma Noemi a partir del teórico Derrida sobre lo que implica revisar la ley del género testimonial, quiere aclarar que el género testimonial al igual que otros tienden a la hibridación. En este sentido, Noemi (2017), sugiere que al presentarse el género testimonial como una forma de resistencia, la crítica latinoamericana intenta incluir algunos textos testimoniales a pesar de su hibridación, ya que conviene revisar la forma en como están constituidos algunos textos que han surgido de otros a causa de la evolución que ha sufrido el género testimonial hasta nuestros tiempos. (^1) Estos parámetros genéricos convencionales se corresponden con la tripartición genérica clásica, la cual estipula cuatro macrogéneros literarios a saber: Lírica, épica y dramática, tripartición en la que se evidencia en la que el testimonio y otras escrituras del yo no están presentes, ya que la existencia de una ley de la ley del género desde la concepción de Derrida, se define como la forma en que el testimonio es un género contaminado de otros y por ende tiende siempre a la transgresión, la cual implica que el género testimonial se nutra de otros sin necesidad de pertenecer a ninguno creando sus propias normas.
cubano del latinoamericano, ya que considera que estos se distancian porque en Cuba se intenta rescatar por medio de la cultura la memoria de un pueblo y en Latinoamérica se fijan ideales fundamentados en la denuncia por la opresión que dejan las dictaduras (Ochando, 1998). En consecuencia, los textos que fundaron los primeros testimonios por lo general directamente se dieron a raíz de las dictaduras y épocas de posguerra que atravesaban diferentes países latinoamericanos y centroamericanos como Cuba, Argentina, Ecuador, el Salvador, Colombia, Nicaragua, entre otros, desde este punto de vista fueron varios los escritores y testigos que encontraron en el género testimonial una forma de refugio y resistencia frente a la opresión que se sufrió durante estos procesos. Por ello, aun quedan muchos estudios por realizar sobre las transgresiones y divergencias que suscita el género testimonial, puesto que las clasificaciones y taxonomías genéricas que se conocen de la escritura testimonial siempre tienden a hibridarse a partir de otros géneros como la novela, crónica y reportaje. Así, aunque el género testimonial se nutra de otros sin tener necesidad de pertenecer a ninguno, también tiene sus reglas y normas que lo definen como la existencia de un contexto histórico, la voz de un testigo (víctima) y la denuncia que hace un grupo marginado. Por ultimo, el género testimonial sugiere aun varias revisiones criticas como las que ya se han hecho por teóricos y literarios como Sklodowska, Margarett Randall, Miguel Barnet, Carmen Ochando, John Beverley, Víctor Casaus, Mabel Moraña, Hugo Achugar, Noemi Alonso, Roberto Ferro, Jara y
Vidal entre otros. En este sentido, el género testimonial se ha puesto de manifiesto a través de la política, las ciencias sociales y la literatura como parte de la recepción y producción que ha tenido durante diferentes periodos históricos. Siendo así, la literatura testimonial ha permitido la creación de la poesía testimonial como un subgénero del cual surgen diferentes investigaciones que permiten se reconozcan algunos textos testimoniales que se han hecho visibles dentro del canon. En este sentido, los poetas testimoniales comienzan a tener la necesidad de plasmar una realidad social que escape a cualquier sistema hegemónico, “Ellos, más bien simpatizantes con el socialismo cristiano, no expresan un desaforado sectarismo ni bandería, sino que se limitan a proclamar la verdad" (Urbanski, p.643). Puesto que para ellos es importante proclamar la verdad y la injusticias que han surgido de la violencia instaurada por revoluciones y dictaduras. En consecuencia, la poesía testimonial ha ido teniendo auge a través de la mirada de diferentes poetas más sobresalientes, uno de los más representativos es Ramiro Lagos de Colombia con su Antología de Testimonio de las horas grises , entre otros como Ernesto Jerez Valero de Venezuela, Miguel Ángel Zambrano del Ecuador, Elvio Romero del Paraguay y Ernesto Cardenal de Nicaragua.