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Asignatura: Derecho Constitucional I: Estado Constitucional y Sistema de Fuentes, Profesor: jose miguel vidal, Carrera: Derecho, Universidad: UVA
Tipo: Apuntes
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En el Siglo XIX y sobre todo a partir de su segunda mitad, el Estado Liberal experimenta unos cambios que culminan con el desencadenamiento de una crisis de este modelo de organización política. Se evidenciará después de la I Guerra Mundial y va a provocar el surgimiento de nuevas formas de Estado.
Proceso de transformación del liberalismo como consecuencia de las contradicciones que hubo en la base ideológica de su etapa fundacional. Había postulado que la libre iniciativa económica de los ciudadanos conduciría a un orden social armónico y al bienestar general. Pero la realidad demuestra que este manifiesto era en buena medida falso:
La economía de mercado no se va a regir por un orden espontaneo, equilibrado, resultado de las interacciones individuales, ya que se observan prácticas monopolísticas dando lugar a que sean determinados grupos empresariales los que condicionen el funcionamiento del mercado. Donde también se demuestra que este manifiesto era falso es en las relaciones laborales ya que giran en torno a la figura del contrato de trabajo, los contratos en esta época eran la expresión de un compromiso adoptado entre dos partes formalmente iguales. En la práctica, esa igualdad jurídica encubre una radical desigualdad que conduce a la dominación de una parte (empresario) sobre la otra (trabajador), la libertad formal de contratación era ficción, los obreros se veían obligados a aceptar las condiciones. El contrato del trabajo se convierte en un instrumento de explotación de los trabajadores.
Los trabajadores carecían en el Estado liberal de medios de defensa o protección, por dos razones: porque las leyes no reconocían o directamente prohibían cualquier género de asociación laboral, además el liberalismo rechazaba la intromisión del Estado en las relaciones sociales, aduciendo que perjudicaría la libre competencia. Esta neutralidad de los poderes les convertía en cómplices pasivos del mantenimiento de la estructura social existente.
El bagaje ideológico liberal era una forma de enmascarar, camuflar, una situación que se caracterizaba por lo contrario de lo que se proclamaba. Pero esta contracción no tardaría en ser denunciada en el seno de la realidad social, y de esta denuncia surgirá la necesidad de que el modelo político-liberal sufra algunas transformaciones.
I.2. EL PROCESO DE DEMOCRATIZACION
Las profundas desigualdades que se estaban produciendo tras la aplicación de la política económica liberal fueron el cultivo del nacimiento de una nueva clase social: el proletariado, que comienza a tomar conciencia de que sus intereses son distintos u opuestos a los de la burguesía dirigente.
Supuso una gran aportación la elaboración de E l Manifiesto Comunista, en 1848 llevado a cabo por C. Marx y F. Engels, donde defienden la abolición de la propiedad privada y la unión de los proletarios para conseguirlo. En este año Stuart Mill constata que los trabajadores estaban empezando a tomar en sus manos la defensa de sus intereses. La presión de los trabajadores va dirigida a alcanzar un doble objetivo:
Reivindicar la extensión del sufragio para que sus intereses puedan llegar al parlamento y condicionar la política legislativa.
Reclamaran que se les reconozca la posibilidad de asociación para ser fuertes en la defensa de sus intereses.
Estos elementos son los que permitirán caracterizar el Estado democrático.
ejercer el voto todavía subsistía la discriminación por razón de sexo. El reconocimiento del sufragio femenino, del sufragio universal en sentido propio, comienza después de la I Guerra Mundial.
Tras la implantación del sufragio universal nacen los partidos políticos en sentido estricto y sus características son:
Regulación jurídica, tardíamente recibirán su consagración jurídica en las constituciones, pero no son objeto de una regulación legal general, a finales del siglo aparece una regulación fragmentaria o parcial en los Reglamentos de las Cámaras y en las leyes electorales.
A finales del Siglo XIX los representantes de los trabajadores comienzan a entrar en los Parlamentos, entran también en este órgano del Estado los contrastes sociales e ideológicos: las asambleas legislativas dejan de albergar a una clase homogénea. El protagonismo político se desplaza desde el representante individual al partido.
I.3 EL PROGRESIVO ABANDONO DEL ABSTENCIONISMO ESTATAL
Se da a partir de la segunda mitad del siglo XIX otro fenómeno que representa un alejamiento respecto de las posiciones de partida del liberalismo.
A mediados del siglo, el capitalismo acelera el desarrollo en Europa y en los Estados Unidos, debido a: el perfeccionamiento de las técnicas productivas y a una expansión colonial. Los resultados se manifiestan en el último tercio del siglo, este auge va a convivir con las desigualdades sociales, que podrán ser denunciadas por amplios sectores de población que sean perjudicados, esto va a constituir una amenaza de desestabilización interna en los países de régimen liberal.
El Estado deberá actuar para mantener la estabilidad política y social, ya que la idea liberal de que la autonomía de la sociedad y la iniciativa económica llevarían a la armonía social y al bienestar se había hecho añicos. El estado debe amortiguar los efectos del antagonismo de las clases sociales. A finales del siglo se inicia una política legislativa de reglamentación en las relaciones socio-laborales y unas prestaciones públicas dirigidas a los sectores más desvalidos. Estas medidas tuvieron un doble significado político:
El proceso de transformación del Estado constitucional no consigue alterar su estabilidad y su identidad como forma de estado, hasta la I Guerra Mundial. Porque la democratización no había logrado desplazar a la burguesía dirigente de los centros de poder y porque las primeras medidas de intervención del Estado se conciben como parciales.
También coincide en el rechazo de los principios institucionales, juega un papel importante el descredito del Parlamento, institución incapaz de resolver los problemas de la crisis económica y social. Desde los sectores de las clases dominantes se reclama mano dura y liderazgo fuerte, además de un ingrediente adicional: un nacionalismo expansivo.
Se propone neutralizar, abortar, el potencial revolucionario de las reivindicaciones obreras, reconducir el malestar hacia la instauración de una nueva forma de Estado que represente una alternativa al modelo vigente, pero con objetivos diferentes. Ante el riesgo de una solución revolucionaria como respuesta a la crisis, en el periodo de entreguerras ciertos sectores minoritarios pero muy activos de la burguesía se hacen con el poder para imponer un nuevo sistema que preserve sus intereses. Se afianzan gracias a una represión implacable y además gracias a una imponente maquinaria de propaganda que trataba de persuadir a la ciudadanía. Ese instrumento de adoctrinamiento de la sociedad se pone en manos de un partido único, que se confunde con el Estado.
El Estado autoritario es una categoría que engloba aquellas experiencias no democráticas, salvo las encuadradas en el Estado socialista. En todas estas experiencias se prescinde del consentimiento de los gobernados, pero con un trasfondo ideológico reaccionario. El poder no deriva de la voluntad de los gobernados, por lo que no responde ante ellos. No se reconocen los derechos individuales.
Incluyen varios subtipos o variantes: el de las dictaduras militares y el del estado totalitario. En ambos la autoridad es un valor que se refuerza hasta sofocar, sin dejar espacio a la libertad. Desprecio hacia los principios e instituciones del Estado liberal, desconfianza en la capacidad de autogobierno del pueblo, se afirma que ciertas elites son superiores a las masas y se cultiva fe ciega en un líder con cualidades excepcionales, que conducirá a la nación a un destino glorioso. La relación de los ciudadanos con el líder es de fidelidad, no hay mecanismos de control, todo el poder se concentra en el jefe y su círculo de allegados. Se observa también en este tipo de estado el nacionalismo exasperado, asociado a la superioridad, la nación, el Estado, constituyen valores supremos a los que han de subordinarse los intereses individuales.
Notas diferenciales del Estado autoritario como contrapunto al Estado liberal:
Hay un subtipo especial de Estado autoritario, que es el Estado totalitario, el Estado interviene en la vida social de forma más intensa: es un Estado omnipresente que controla y dirige cualquier actividad o iniciativa social. El Estado totalitario, además de las notas comunes a todo Estado autoritario, se caracteriza por algunos rasgos específicos:
Para los enemigos del Estado liberal el Parlamento es una institución inútil, en esta valoración influyo la obra del autor Carl Schmitt, que denuncia las contradicciones del modelo liberal. Analiza los valores que llevaron al fracaso a la República de Weimar y del Estado Liberal de Derecho. Esta crítica puede descomponerse en dos estratos: como forma de gobierno y como forma de Estado, se achaca al parlamentarismo la inestabilidad de los gobiernos y la excesiva supeditación de estos al Parlamento. Schmitt no pretende corregir defectos sino acabar con él. A su juicio el régimen parlamentario genera gobiernos inestables, propugna una dictadura presidencial, porque no se limita a criticar al parlamentarismo como forma de gobierno, sino que tiene como punto de mira a la propia institución del Parlamento, critica la democracia parlamentaria. Esta crítica se articula en tres planos: el primero, se refiere al significado de la propia democracia, que según Schmitt no se basa en la libertad, sino en la homogeneidad, por lo que la democracia representativa solo es posible cuando la entidad representada es homogénea, el Parlamento no servirá para representar a todos, sino para que la clase dominante se imponga. El segundo plano al que ataca es al Parlamento-legislador, como institución que elabora y aprueba las leyes, en el SXIX la ley era producto de la razón, de la verdad que se abría paso tras un debate libre entre parlamentarios que representan intereses homogéneos, en el parlamento en el SXX, es imposible la discusión porque se representan intereses contrapuestos y la ley seria fruto de la imposición de unos intereses contra otros. El último plano de la crítica de Schmitt gira en torno a los procedimientos de la democracia parlamentaria, si es ley lo que decide la mayoría, entonces la democracia es el dominio total de la mayoría parlamentaria.
Este punto cobra gran interés en la defensa que Kelsen hace por estas fechas del parlamentarismo, para él no hay más democracia posible que la democracia representativa, parlamentaria, cuya esencia es: la “formación de la voluntad decisiva del Estado mediante un órgano colegiado elegido por el pueblo en virtud de un derecho de sufragio general e igual, o sea, democrático, obrando a base del principio de mayoría”. La ley emana de abajo a arriba, a través de un Parlamento, integrado por representantes del pueblo.
Un parlamento de partidos, la democracia solo es viable con ellos, los partidos son los mediadores naturales entre ciudadanos y Estado: convierten la voluntad popular en voluntad política. Kelsen llega a justificar el mandato imperativo de los partidos respecto de los diputados miembros de los mismos, defiende que los partidos sean reconocidos en la constitución como órganos del Estado, que servirá para exigirles que la democracia impere en su interior.
La democracia es un método de adopción de decisiones, que se funda en el relativismo. Todas las opiniones valen lo mismo, son estimables. La relatividad del valor de cualquier doctrina o programa político obliga a renunciar al absolutismo en política, obliga a negociar, a transigir. Kelsen es consciente de que tanto la extrema izquierda como la derecha luchan por motivos políticos, porque no quieren compartir el poder, sino ejercerlo de forma absoluta. Schmitt denuncia los riesgos de una democracia procedimental, los derechos de los ciudadanos quedan en manos del legislador. Se plantea el problema de los límites del propio legislador, Kelsen da una respuesta sobre la necesidad de los Tribunales constitucionales, de una jurisdicción concentrada que resida en un órgano ad hoc.
Schmitt discreta de la postura de Kelsen. Para el ningún tribunal puede ser guardián de la constitución, la justicia constitucional no sería verdadera justicia, no sería posible transferir a los jueces una decisión política. La crisis política se saldo en Alemania con el triunfo del antiparlamentarismo totalitario y el aplastamiento de la democracia.
En Alemania e Italia (tras la derrota de la II Guerra Mundial) supuso el retorno del parlamentarismo, pero con correcciones derivadas de la experiencia. Estas afectan a elementos importantes del sistema: se reconoce el papel protagonista de los partidos políticos, se refuerza la posición del Gobierno, se implanta en Europa una constitución normativa que contiene clausulas que se imponen al legislador, el Parlamento sigue siendo el centro o el eje del sistema.