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Diversidad Funcional: Un Nuevo Término para la Inclusión, Apuntes de Terapia Ocupacional

habla sobre la diversidad funcional

Tipo: Apuntes

2020/2021

Subido el 18/05/2021

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gabriel-salinas-1 🇨🇱

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Comunicación e Discapacidades
ISBN-13 978-84-690-4140-6
JAVIER ROMAÑACH; MANUEL LOBATO
Diversidad funcional
Nuevo término para la lucha por la dignidad
en la diversidad del ser humano
Functional diversity
A new term for the fight for dignity in human diversity
INTRODUCCIÓN
Las mujeres y hombres con diversidad funcional1 constituyen un co-
lectivo que ha sido tradicionalmente discriminado de una manera dife-
rente al resto de colectivos que también han sufrido o sufren discrimi-
nación (mujeres, personas de raza negra, indígenas, inmigrantes, etc.)
Esta discriminación se ha dado incluso dentro de esos otros colecti-
vos discriminados, que también han olvidado incluir en su lucha a sus
propios miembros con diversidad funcional.
Los términos limitantes o despectivos utilizados para denominar al
colectivo de mujeres y hombres con diversidad funcional juegan un pa-
pel fundamental en el refuerzo de las minusvaloración y, por lo tanto,
en el mantenimiento de dicha discriminación.
Este artículo pretende proponer un nuevo término para denominar al
grupo de mujeres y hombres, “mujeres y hombres con diversidad fun-
cional”, que representan el 10% de la humanidad más olvidado y discri-
minado a lo largo de la historia en la casi totalidad de las sociedades
humanas.
¿POR QUÉ UN NUEVO TÉRMINO?
Sabemos que las palabras o términos llevan asociados ideas y con-
ceptos, y que esta correspondencia no es azarosa sino que representan
valores culturalmente aceptados del objeto o ser nombrado. Estos valo-
res se transmiten en el tiempo utilizando las palabras como vehículo.
1 El objeto de este artículo es la justificación de la introducción del término “di-
versidad funcional” en sustitución de otros con semántica peyorativa como “dis-
capacidad”, “minusvalía”, etc. Se utiliza desde el principio porque los autores
están convencidos de su validez.
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Comunicación e Discapacidades ISBN-13 978-84-690-4140-

JAVIER ROMAÑACH; MANUEL LOBATO

Diversidad funcional

Nuevo término para la lucha por la dignidad en la diversidad del ser humano

Functional diversity A new term for the fight for dignity in human diversity

INTRODUCCIÓN

Las mujeres y hombres con diversidad funcional^1 constituyen un co- lectivo que ha sido tradicionalmente discriminado de una manera dife- rente al resto de colectivos que también han sufrido o sufren discrimi- nación (mujeres, personas de raza negra, indígenas, inmigrantes, etc.)

Esta discriminación se ha dado incluso dentro de esos otros colecti- vos discriminados, que también han olvidado incluir en su lucha a sus propios miembros con diversidad funcional.

Los términos limitantes o despectivos utilizados para denominar al colectivo de mujeres y hombres con diversidad funcional juegan un pa- pel fundamental en el refuerzo de las minusvaloración y, por lo tanto, en el mantenimiento de dicha discriminación.

Este artículo pretende proponer un nuevo término para denominar al grupo de mujeres y hombres, “mujeres y hombres con diversidad fun- cional”, que representan el 10% de la humanidad más olvidado y discri- minado a lo largo de la historia en la casi totalidad de las sociedades humanas.

¿POR QUÉ UN NUEVO TÉRMINO?

Sabemos que las palabras o términos llevan asociados ideas y con- ceptos, y que esta correspondencia no es azarosa sino que representan valores culturalmente aceptados del objeto o ser nombrado. Estos valo- res se transmiten en el tiempo utilizando las palabras como vehículo.

(^1) El objeto de este artículo es la justificación de la introducción del término “di-

versidad funcional” en sustitución de otros con semántica peyorativa como “dis- capacidad”, “minusvalía”, etc. Se utiliza desde el principio porque los autores están convencidos de su validez.

322 y Javier Romañach; Manuel Lobato, Diversidad funcional

Con el tiempo, si queremos cambiar ideas o valores no tendremos más remedio que cambiar las palabras que los soportan y le dan vida.

Existen muchas palabras ampliamente utilizadas en diferentes ámbi- tos para denominar al colectivo de mujeres y hombres con diversidad funcional. Si nos basamos en nuestra propia experiencia personal, la más utilizada en España es “Minusválido”: plazas de aparcamiento re- servados para minusválidos, lavabo para minusválidos, pensiones para minusválidos, etc. Tanto en nuestra televisión como en la radio, como en las calles, nosotros formamos parte de un colectivo “menos válido”, o que “valemos menos” que para el caso es lo mismo.

Por otro lado, en los textos jurídicos de nuestro país, persiste esta terminología y se usan términos como incapacitación, incapacidad, dis- capacidad, invalidez (parcial, total, absoluta, gran), minusvalía y de- pendencia.

Incluso en la recientísima Ley 51/2003, de 2 de diciembre, de igual- dad de oportunidades, no discriminación y accesibilidad universal de las mujeres y hombres con discapacidad, en su artículo 1 “Objeto de la ley”, en su apartado 2, se mantiene la terminología y no se hace ningún esfuerzo por modificarla 2 :

  1. A los efectos de esta ley, tendrán la consideración de mujeres y hombres con “discapacidad” aquellas a quienes se les haya reconocido un grado de “minusvalía” igual o superior al 33 por ciento. En todo ca- so, se considerarán afectados por una “minusvalía” en grado igual o su- perior al 33 por ciento los pensionistas de la Seguridad Social que ten- gan reconocida una pensión de “incapacidad” permanente en el grado de total, absoluta o gran “invalidez”, y a los pensionistas de clases pa- sivas que tengan reconocida una pensión de jubilación o de retiro por “incapacidad” permanente para el servicio o inutilidad.

Conscientes de que el lenguaje produce, modifica y orienta el pen- samiento, ciertos organismos relacionados con el mundo de la diversidad funcional han intentado acuñar nuevos términos, en busca de una nueva visión social de este colectivo.

En su último intento, la Organización Mundial de la Salud (OMS), promocionó la denominada Clasificación Internacional del Funciona- miento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF), adoptada durante la 54ª Asamblea Mundial de la Salud, que tuvo lugar en Ginebra (Suiza) entre el 14 y el 22 de mayo de 2001 (OMS, 2001), que propone el siguiente es- quema conceptual para interpretar las consecuencias de las alteraciones de la salud:

(^2) Las comillas, cursivas y subrayados son de los autores.

324 y Javier Romañach; Manuel Lobato, Diversidad funcional

En opinión de los autores, ninguno de estos términos es positivo, ni neutro, por lo que resultan un vano intento de cambiar una realidad en la que los propios autores no acaban de ver el lado cuanto menos neutro o positivo de la diversidad funcional.

HACIA UN NUEVO MODELO MÁS ALLÁ DEL

MODELO MÉDICO Y EL MODELO SOCIAL

Desde el Foro de Vida Independiente entendemos que la diversidad funcional no tiene nada que ver con la enfermedad, la deficiencia, la parálisis, el retraso, etc. Toda esta terminología viene derivada de la tradicional visión del modelo médico de la diversidad funcional, en la que se presenta a la persona diferente como una persona biológicamen- te imperfecta que hay que rehabilitar y “arreglar” para restaurar unos teóricos patrones de “normalidad” que nunca han existido, que no exis- ten y que en el futuro es poco probable que existan precisamente debi- do a los avances médicos.

Entendemos que las mujeres y hombres con diversidad funcional tie- nen que ver con sociedades que, siendo intrínsecamente imperfectas, han establecido un modelo de perfección al que ningún miembro con- creto de ellas tiene acceso, y que definen la manera de ser física, sen- sorial o psicológicamente, y las reglas de funcionamiento social. Y que este modelo está relacionado con las ideas de perfección y “normali- dad” establecidas por un amplio sector que tiene poder y por el concep- to de mayorías meramente cuantitativas.

Estas mayorías se han mantenido a lo largo de siglos y es por ello que los intentos de cambio terminológico han tenido poco resultado, ya que en su mayor parte han sido propuestos desde la niebla mental pro- ducida por miles de años de opresión, discriminación y segregación.

Los intentos de trasladar todo o parte del problema a la sociedad, proponiendo términos como “restricciones de participación” no han te- nido ningún éxito porque, en el fondo, la sociedad sigue pensando y creyendo que gran parte del problema está en el sujeto con diversidad funcional. De hecho, y en general, las propias mujeres y hombres con diversidad funcional prefieren los términos que designan directamente su deficiencia tales como sordo, ciego, tetrapléjico, etc., porque cons- tatan una realidad de su propia vida y muchos de ellos ya no le ven el valor negativo.

Por lo tanto, los intentos de desplazar el “problema” completamen- te al individuo o completamente a la sociedad, no han tenido demasiado éxito.

Javier Romañach; Manuel Lobato, Diversidad funcional y 325

En esta propuesta, buscamos un lugar intermedio que no obvie la re- alidad. Las mujeres y hombres con diversidad funcional somos diferen- tes, desde el punto de vista médico o físico, de la mayor parte de la po- blación. Al tener características diferentes, y dadas las condiciones de entorno generadas por la sociedad, nos vemos obligados a realizar las mismas tareas o funciones de una manera diferente, algunas veces a través de terceras personas.

Así, una persona sorda se comunica a través de los ojos y los gestos, mientras que el resto de la población lo hace fundamentalmente a través de las palabras y el oído. Sin embargo, la función que realizan es la mis- ma: la comunicación. Para desplazarse, una persona con una lesión medu- lar habitualmente utiliza una silla de ruedas, mientras que el resto de la población lo hace utilizando las piernas: misma función, manera diversa.

Por eso el término “diversidad funcional” se ajusta a una realidad en la que una persona funciona de manera diferente o diversa de la mayo- ría de la sociedad. Este término considera la diferencia del individuo y la falta de respeto de las mayorías, que en sus procesos constructivos sociales y de entorno, no tiene en cuenta esa diversidad funcional.

CUESTIÓN DE MAYORÍAS QUE DISCRIMINAN

Conviene tener en cuenta que una persona “entra” en el colectivo de las mujeres y hombres con diversidad funcional cuando no puede rea- lizar las mismas funciones de igual manera que la mayoría. Si la mayoría de los seres humanos, por ejemplo, no viéramos, seríamos diferentes a lo que somos y, probablemente, tendríamos el olfato y el tacto mucho más desarrollados. Además, el entorno construido sería muy diferente: los ordenadores no tendrían pantalla, habría sólo radio y no televisión, no existiría la escritura con tinta y se habría desarrollado posiblemente la escritura en relieve, y los medios de grabación y reproducción de elementos sonoros estarían mucho más desarrollados.

Por lo tanto, la manera en que construimos nuestro entorno depende de lo que nos han enseñado que es “normal” en sentido estadístico, y esta “normalidad” va cambiando con los tiempos. No debemos olvidar que lo “normal” es una ficción estadística de carácter meramente instrumental.

En ese sentido hemos creado una sociedad en la que no ha se con- templado la posibilidad de integrar plenamente la diversidad en todos sus ámbitos (educación, trabajo, edificación, transporte, comunicación, información, ocio, etc.).

Por el contrario, en la construcción de nuestro entorno social, físico y mental, ha primado la discriminación de todo aquel que es diferente, adoptando actitudes de explotación, arrinconamiento, negación de sus

Javier Romañach; Manuel Lobato, Diversidad funcional y 327

El uso de la palabras “mujeres y hombres con” mantiene la tradición anterior de reforzar el concepto de que somos mujeres y hombres y, por lo tanto, tenemos y queremos reforzar la dignidad inherente a nuestra esencia como seres humanos que nacemos y queremos vivir con los mismos derechos y dignidad que todos los demás, tal como lo establece la ONU: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben compor- tarse fraternalmente los unos con los otros” 5.

La palabra “diversidad” viene definida en Diccionario de la Real Academia 6 de la lengua como:

diversidad. (Del lat. diversĭtas, -ātis).

  1. f. Variedad, desemejanza, diferencia. Con esa palabra queremos reflejar exactamente eso, la diferencia, la desemejanza con lo que es habitual en la mayoría estadística de la es- pecie humana.

La palabra “funcional” viene definida como:

funcional.

  1. adj. Perteneciente o relativo a las funciones

En esta palabra utilizamos la primera acepción de la palabra función:

función. (Del lat. functĭo, -ōnis).

  1. f. Capacidad de actuar propia de los seres vivos y de sus órganos, y de las máquinas o instrumentos.

Y nos referimos en concreto a los dos primeros conceptos: a las fun- ciones de los órganos o partes de nuestro cuerpo (P. Ej. ojos, oídos, piernas, cerebro, etc.) y también a las funciones que realizamos habi- tualmente los seres humanos como seres vivos (por ejemplo, desplazar- se, ver, comunicarse, etc.)

Como podemos observar, el término es semánticamente correcto en la lengua castellana y recoge todos los conceptos que queremos expre- sar, a excepción de la discriminación. No obstante, la tradicional vincu- lación entre la diversidad humana y la discriminación social, hace que no resulte necesaria la inclusión de este aspecto en la definición del término, ya que luchamos por que llegue un tiempo en el que la discri- minación desaparezca y la diversidad funcional sea aceptada como una riqueza más dentro de la diversidad de la especie humana.

(^5) Declaración Universal de los Derechos humanos. Adoptada y proclamada por la

Resolución de la Asamblea General 217 A (III) del 10 de diciembre de 1948. Art 1. (^6) Diccionario de la Lengua Española. Vigésima segunda edición. .

328 y Javier Romañach; Manuel Lobato, Diversidad funcional

Se podría argumentar, como hace Carlos Egea 7 , al respecto del or- den en que deberían aparecer los términos diversidad y funcional. :

En lo que ya no estoy tan de acuerdo es en el orden en que se utilizan los dos siguientes términos: "diversidad" y "funcional". Está claro que los promotores del uso de esta terminología querían resaltar el hecho de que existen mujeres y hombres que "funcionan" (actúan, realizan actividades, interactúan, se relacionan, etc.) de manera "diversa" (dis- tinta, diferente, de otra manera, etc.). En el fondo de la idea estoy absolutamente de acuerdo: hay un grupo de mujeres y hombres en esta sociedad que tienen un funcionamiento distinto. O, hilando más fino, todos, absolutamente todos, funcionamos de forma distinta. El problema es que nos hemos olvidado de la lección de gramática so- bre los nombres (o sujetos) y los adjetivos (o calificadores). En el tér- mino que se intenta implantar "diversidad" es el nombre que expresa, como nos recuerda el Diccionario de la Real Academia, la variedad, de- semejanza o diferencia. Y la palabra "funcional" es el adjetivo que, pa- ra lo que nos interesa, expresa (también según el DRAE) la pertenencia o relación con las funciones biológicas o psíquicas. Es decir, en la aplicación de "persona con diversidad funcional" estamos expresando que lo sustantivo se encuentra en la distinción que se apli- ca a las funciones biológicas o físicas. Casi parece que estemos tirando piedras a nuestro propio tejado. Pero si le damos la vuelta (yo ya he utilizado en algún mensaje esa vuelta) a los términos estaremos atinando más en la intención del cam- bio propuesto. Si hablamos de "mujeres y hombres con funcionalidad diversa" (parece lo mismo pero cambia lo sustantivo y lo adjetivo) es- tamos poniendo el acento en que lo sustantivo es el funcionamiento (funcionalidad sería el nombre que expresa la cualidad de lo relativo a las funciones biológicas o psíquicas) y lo adjetivo es lo diverso (expre- sando la distinta naturaleza o forma de la funcionalidad que adjetiva).

No obstante, nosotros, aceptando como plenamente válidas sus ra- zones, disentimos de este reconocido experto por tres motivos funda- mentales:

ƒ Sí queremos resaltar nuestra diferencia, porque es una realidad inherente en nuestras vidas, estamos orgullosos de ella y en- contramos la plena dignidad en esa diferencia, que no nega- mos. ƒ A la hora de acuñar un nuevo término, su facilidad de pronun- ciación y la velocidad de asimilación son muy relevantes. A nuestro entender, “mujeres y hombres con funcionalidad diver-

(^7) Mensaje nº 12.400 dell Foro de Vida Independiente. Vid.

.

330 y Javier Romañach; Manuel Lobato, Diversidad funcional

CONCLUSIÓN

A lo largo de este artículo hemos identificado tres elementos que definen como diferentes a los miembros de un colectivo que lucha por sus derechos:

ƒ Cuerpos que tienen órganos, partes del cuerpo o su totalidad que funcionan de otra manera porque son internamente dife- rentes. ƒ Mujeres y hombres que por motivos de la diferencia de funcio- namiento de su cuerpo realizan las tareas habituales, (despla- zarse, leer, agarrar, vestirse, ir al baño, comunicarse, etc.) de manera diferente. (Podríamos decir, mujeres y hombres que funcionan de otra manera) ƒ Colectivo discriminado por cualquiera de las dos razones arriba expuestas

La manera en la que desde el Foro de Vida Independiente propone- mos denominar a ese colectivo, al que pertenecemos, es mujeres y hombres con diversidad funcional, ya que entendemos que es la primera denominación de la historia en la que no se da un carácter negativo ni médico a la visión de una realidad humana, y se pone énfasis en su dife- rencia o diversidad, valores que enriquecen al mundo en que vivimos.