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Dossier de textos., Apuntes de Historia de la Edad Media

Asignatura: HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL, Profesor: Alfonso Alvarez Ossorio-Rivas, Carrera: Historia del arte, Universidad: US

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 04/11/2014

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1º DE GRADO DE HISTORIA DEL ARTE
HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL
DOSSIER DE TEXTOS y MAPAS
DEPARTAMENTO DE HISTORIA ANTIGUA
GRUPO A.
PROFESOR: ALFONSO ÁLVAREZ-OSSORIO RIVAS
El Poema de Gilgamesh.-
Los enviados de Agga, hijo de Enmebaragesi, partieron de Kish para
presentarse ante Gilgamesh en Uruk. El señor Gilgamesh, ante los ancianos de su
ciudad llevó el asunto y les pidió consejo: "No nos sometamos a la casa de Kish,
ataquémosles con nuestras armas". La asamblea reunida de los ancianos de la ciudad
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nuestras armas." Gilgamesh, señor de Kullab(*), que realizó heroicas hazañas por la
diosa Inanna, no aceptó en su corazón las palabras de los ancianos de la ciudad. Por
segunda vez, Gilgamesh, el señor de Kullab, ante los combatientes de su ciudad llevó
el asunto y les pidió consejo: "(No os sometáis a la casa de Kish! (Ataquémosla con
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1º DE GRADO DE HISTORIA DEL ARTE

HISTORIA ANTIGUA Y MEDIEVAL

DOSSIER DE TEXTOS y MAPAS

DEPARTAMENTO DE HISTORIA ANTIGUA

GRUPO A.

PROFESOR: ALFONSO ÁLVAREZ-OSSORIO RIVAS

El Poema de Gilgamesh.-

Los enviados de Agga, hijo de Enmebaragesi, partieron de Kish para presentarse ante Gilgamesh en Uruk. El señor Gilgamesh, ante los ancianos de su ciudad llevó el asunto y les pidió consejo: "No nos sometamos a la casa de Kish, ataquémosles con nuestras armas". La asamblea reunida de los ancianos de la ciudad 0 0 respondió a Gilgamesh: "Sometámo (^) 1 Fnos a la casa de Kish, no la ataquemos con nuestras armas." Gilgamesh, señor de Kullab(*), que realizó heroicas hazañas por la diosa Inanna, no aceptó en su corazón las palabras de los ancianos de la ciudad. Por segunda vez, Gilgamesh, el señor de Kullab, ante los combatientes de su ciudad llevó el asunto y les pidió consejo: "(No os sometáis a la casa de Kish! (Ataquémosla con

0 0 nuestras armas!". La asam (^) 1 Fblea reunida de los combatientes de la ciudad respondió a Gilgamesh: "(No os sometáis a la casa de Kish! (Ataquémosla con nuestras armas!". Entonces Gilgamesh, el señor de Kullab, ante este consejo de los combatientes de la ciudad, sintió alegrarse su corazón, esclarecerse su alma.

0 0 (*) (^) 1 EKullab es el nombre del templo de Inanna en Uruk.

Las hazañas de Sargón de Akkad.-

“Sargón, lugal de Kish, ganó 34 batallas, destruyó las murallas hasta el borde del mar. Amarró al muelle de Akkad los navíos de Tilmún. Sargón, el rey, se postró en adoración ante Dagan en Tutul. Dagan le dio el país superior: Mari, Yarmuti y Ebla, hasta el bosque de cedros y las montañas de la plata. Sargón, el rey a quien Enlil no dio rival: 5.400 hombres comen cada día ante él. El que destruya esta inscripción ¡que An destruya su nombre! ¡que Enlil acabe con su estirpe! ¡que Inanna...!”.

Barton, G.A., Archaeology and The Bible , 3rd Ed., (Philadelphia: American Sunday-School Union, 1920), p. 310

El Código de Hammurabi.-

“Si un hombre golpea a otro libre en una disputa y le causa una herida, aquel hombre jurará “Aseguro que no le golpeé adrede” y pagará el médico”. “Si un hombre ha ejercido el bandidaje y se le encuentra, será condenado a muerte”. “Si un hombre ha acusado a otro hombre y le ha atribuido un asesinato y éste no ha sido probado en su contra, su acusador será condenado a muerte”. “Si un hombre ha reventado el ojo de un hombre libre, se le reventará un ojo”. “Si revienta el ojo de un muskenu … pagará una mina de plata”. “Si ha reventado el ojo de un esclavo de un hombre libre, pagará la mitad de su precio (del precio del esclavo)”. “Si un hombre conoce carnalmente a su hija, se desterrará a ese hombre de la ciudad”. “Si un hombre, tras la muerte de su padre, yace con su madre, se les quemará a ambos”. “Si un hijo ha golpeado a su padre, se le cortará la mano”. “Si un hombre quiere desheredar a su hijo y afirma ante los jueces “Quiero desheredar a mi hijo”, los jueces determinarán los hechos de su caso y, si él no ha demostrado las razones de la desheredación, el padre no puede desheredar al hijo”. “Si una mujer odia a su marido y afirma “No harás uso carnal de mí”, se determinarán los hechos de su caso en un juicio y, si se ha mantenido casta y sin falta en tanto que su marido es convicto de abandono y agravio, esa mujer no sufrirá castigo, tomará su dote y marchará a la casa de su padre”.

Lara, F., Código de Hammurabi , Madrid, Editora Nacional, 1982.

La llegada de los Pueblos del Mar en las fuentes diplomáticas.-

las "Puertas del Cielo", y me franquea la entrada en el horizonte. Cuando me elevo hasta el cielo como un halcón divino, contemplo su imagen secreta que está en el cielo, y rindo adoración a su majestad... Yo he visto las formas de "Aquel que Está en los Dos Horizontes" en sus caminos ocultos en el cielo. El mismo Re me ha afirmado; he sido ennoblecido por las coronas que están sobre su cabeza, quedando fijado su Uraeus en mi frente... He sido dotado con todos sus poderes. Me han hecho sabio con la sabiduría de los dioses, como Horus, que mantiene su ingenio en la Casa de Su Padre Amón-Re; he sido provisto con los honores de un dios... Él ha fijado mis coronas, y su propia titulatura ha sido grabada en mi favor. Ha establecido mi halcón sobre el cartucho; me ha hecho fuerte como un toro, y ha hecho que yo aparezca glorioso en Tebas en este mi nombre de Horus: "Toro-Potente-Que- se-Alza-Glorioso-En-Tebas". Él ha hecho que yo alze a las Dos Señoras, y ha hecho perdurar mi realeza como Re en el cielo, en este mi nombre de las "Dos Señoras", "Perdurable-De-realeza-Como-Re-En-El-Cielo". El me ha dado forma como un halcón de oro; me ha dado su poder y su fuerza, habiendo sido consagrado por medio de sus diademas en este mi nombre de Horus de Oró: "Poderoso-De-Fuerzas-Sagrado- de-Diademás". Él ha hecho que yo aparezca glorioso como rey del Alto y Bajo 0 0 Egipto; ha hecho estables mis formas, como Re, en este mi nom (^) 1 Fbre de rey del Alto y Bajo Egipto, señor de las Dos Tierras Menkhepe-rre ("La-Forma-De-Re- Permanece" (?)). Yo soy su hijo, salido de él, imagen creada como el primero de Heseret, y ha embellecido todas mis formas en este mi nombre de Hijo de Re, Tutmosis ("Thot-Ha-Na-cido"). Él ha hecho que todos los países extranjeros vengan 0 0 inclinán (^) 1 Fdose a causa de mi poder, estando el temor a mí en los corazones de los Nueve Arcos, y todas las tierras bajo mis sandalias. Él ha puesto en mis manos la 0 0 victoria, para ampliar las fronteras de Egipto... Mi pa (^) 1 Fdre Amón ha hecho esto, a causa de mi amor hacia él. Se regocija en mí más que con cualquier (otro) soberano 0 0 que haya existido en la tie (^) 1 Frra, desde que (ésta) fuera desatada. Yo soy su hijo, el bienamado de su majestad, y he hecho lo que su Ka deseaba”.

Serrano, J.M., Textos para la Historia Antigua de Egipto (Madrid 1993) 146-147.

Biografía de Khnumhotep II de Beni Hasán, un noble del Imperio Medio (XII Dinastía).-

El Noble Hereditario, el Príncipe, Conocido del Rey, amado de su dios, Superior de las Tierras Extranjeras Occidentales, Khnumhotep, hijo de Neheri, justo de voz, nacido de la hija del Príncipe, Señora de la Casa, Baket, justa de voz. Él ha hecho su monumento y su hazaña principal embelleciendo su ciudad para perpetuar su nombre por toda la eternidad y engrandecerlo para siempre en su tumba de la necrópolis. Él perpetúa el nombre de sus magistrados, promocionandolos de acuerdo con su rango, de los excelentes que están en su mansión, a los que promovió de entre su servidumbrem de todas las dignidades que él dirigió, de todos los artesanos de acuerdo con su naturaleza… Mi nobleza principal es mi nacimiento. Mi madre llegó a ser Noble Hereditariam Princesa, y como hija del Gobernador del Nomo de Orix fue al “Castillo-de-Sehetpibré-Dotado-de-Vida-Estabilidad-Y-Dominio-Como-Re- Eternamente” para ser la esposa del Noble Hereditario, Príncipe, Gobernador de las

Ciudades Nuevas… El Rey del Alto y Bajo Egipto nebkauré, dotado de vida, estabilidad y dominio de Re eternamente me asignó como hijo de príncipe para la herencia del gobierno del padre de mi padre, puesto que él ama la justicia. Él, Nebkauré, es el mismo Atón, dotado de vida, estabilidad y dominio, y alegría de corazón como re eternamente. Me nombró, en el año 19, príncipe de Menat-Khufu. Yo lo embellecí y sus riquezas se acentuaron en todos los aspectos. Perpetué el nombre de mi padre, restauré los castillos del Ka y sus mansiones; acompañé mis estatuas hasta el templo. Ajusté para ello sus ofrendas (a saber) pan, cerveza, agua, vino, incienso, y piezas de carne, asignadas al sacerdote funerario… Yo hice vivir los nombres de mis padres, que encontré destruidos sobre las puertas (de las tumbas). (Hice que quedaran) claros en la forma, exactos en la lectura, sin mezclarlos unos con otros. Mira, es un hijo excelente el que restaura el nombre de sus antepasados, Khnumhotep, hijo de Neheri, justo de voz, Señor de Veneración. Mi nobleza principal consiste en que establecí una tumba, pues un hombre ha de imitar lo que su padre acostumbraba a hacer. Mi padre se construyó una “morada del Ka”, en Mer-Neferet, en buena piedra de Anu, para perpetuar eternamente su nombre, y afirmarlo para siempre. Su nombre pervive en la boca de las gentes, perdura en la boca de los vivos, sobre su tumba en la necrópolis, en su excelente mansión para la eternidad, en su lugar de perdurabilidad, de acuerdo con su favor de parte del rey y el amor a él en la corte… Acciones del príncipe Khnumhotep: hice mi monumento en medio de mi ciudad; edifiqué la Sala de Columnas que había encontrado en ruinas. La volví a erigir de nuevo con columnas, inscritas con mi propio nombre, perpetué el nombre de mi padre sobre ellas… El Noble Hereditario, el Príncipe, Khnumhotep, nacido de Bakhet, justo de voz, señor de veneración. El Supervisor de la Tumba, el Tesorero Bakhet.

Serrano , J.M., Textos para la historia del Antiguo Egipto , (Madrid 1993) 200-203.

El libro de los Muertos (Selección).-

Capítulo cxxv

Lo que ha de decirse cuando se acceda a esta Sala de justicia, purificando a (X) de todo el mal que ha hecho y contemplando los rostros de los dioses:[Salve a ti, gran dios, señor de la Justicia! He venido a ti, mi señor, para que me lleves de forma que pueda ver tu belleza, porque yo te conozco y conozco tu nombre, y conozco los nombres de los 42 dioses que están contigo en esta Sala de Justicia, que viven de aquellos que aman el mal y que se tragan su sangre en este día de considerar los caracteres en presencia de Un-nefer. Mira al doble hijo de las Cantantes. Señor de Verdad es tu nombre. Mira, yo he llegado a ti; te he traído la armonía, he rechazado la falsedad por ti. Yo no cometí falsedad alguna contra los hombres. No empobrecí a mis socios. No hice daño en el Lugar de la Verdad. No he aprendido lo que no es. No hice mal. No hice diariamente que fuera excesivo el trabajo que debía hacerse para mí. Mi nombre no alcanzó los despachos de aquellos que controlan a los siervos. No he desposeído al huérfano de su propiedad. No he hecho lo que los dioses detestan. No he calumniado a un sirviente ante su señor. No he causado dolor. No he provocado hambre. No hice llorar. No he matado ni he mandado matar. No hice sufrir a nadie. No disminuí las ofrendas de alimentos en los templos. No he destruido los panes de los dioses. No he arrebatado la comida de los espíritus. No he copulado. No me he comportado mal. No disminuí los suministros de alimento. No he disminuido la arura. No he invadido los campos. No

un hijo fuera llamado de cada familia, que partieran los que estaban en la flor de la juventud y que de los demás Tereos pudiera partir cualquier de condición libre. Si los colonos mantienen el asentamiento, cualquiera de sus conciudadanos que emigre después a Libia podrá participar de aquella ciudadanía y de los honores, y recibirá por sorteo una parte de la tierra no ocupada. Pero, si no mantienen el asentamiento, y los Tereos no pueden socorrerlos, sino que se ven forzados a pasarlo mal hasta un periodo de cinco años, podrán volver de esa tierra sin miedo a Tera, a sus posesiones, y ser ciudadanos. Pero el que no quiera hacerse a la mar habiendo sido enviado por la ciudad, será condenado a muerte, y sus bienes confiscados. Y el que reciba o proteja a otro, incluso si es un padre a un hijo o un hermano a un hermano, sufrirá lo mismo que el que no quiera partir. En esas condiciones hicieron el acuerdo los que se quedaban y los que salían para la fundación, y establecieron maldiciones contra los que transgredieran esos acuerdos y no los respetaran, tanto de los que habitaran en Libia como de los que se quedara allí.

( SIG 9.3).

"Programa" de actuación de los tiranos.-

Las tiranías se conservan de dos maneras muy opuestas. Una de las cuales es la tradicional, y según ella rigen el gobierno la mayoría de los tiranos. Muchos de estos procedimientos dicen que fueron establecidos por Periandro de Corinto, y muchos métodos parecidos pueden tomarse del poder de los persas. Son los mencionados antes para la conservación, en lo posible, de la tiranía: truncar a los que sobresalen y suprimir a los orgullosos; no permitir comidas en común, ni asociaciones, ni educación, ni ninguna cosa semejante, sino vigilar todo aquello de donde suelen nacer los sentimientos: nobleza de espíritu y confianza; no debe permitir la existencia de escuelas ni otras reuniones escolares, y debe procurar por todos los medios que todos se desconozcan lo más posible unos a otros (pues el conocimiento hace mayor la confianza mutua). Y debe procurar que los que residen en la ciudad estén siempre visibles y pasen el tiempo en sus puertas ( pues así no pasará inadvertido en absoluto lo que hacen, y se acostumbrarán a ser humildes la estar siempre sometidos); y deben emplear todos los demás medios semejantes que entre persas y bárbaros son de carácter tiránico (todos producen los mismos efectos): procurar que no pase inadvertido nada de lo que diga o haga cualquiera de los súbditos, sino tener espías, como en Siracusa las llamadas "confidentes", y aquellos que como escuchas enviaba Hierón dondequiera que hubiera una reunión o asamblea (pues así hablan con menos franqueza por temor a tales espías, y si se expresan con libertad pasan menos desapercibidos); y también que los ciudadanos se calumnien unos a otros, que los amigos choquen con los amigos, el pueblo con los distinguidos, y los ricos entre sí; también hacer pobres a sus súbditos es una medida tiránica, para que no sostengan una guardia, y, ocupados en sus trabajos cotidianos, no puedan conspirar. Un ejemplo de esto son las pirámides de Egipto, las ofrendas votivas de los Cipsélidas, la construcción del templo de Zeus Olímpico por los Pisitrátidas, y entre las obras de Samos, las de Polícrates (pues todas estas empresas producen el mismo efecto: ocupación y pobreza de los súbditos): También la imposición de tributos, como en Siracusa (...). El tirano es también un provocador de guerras para que estén ocupados sus súbditos y tengan constantemente la necesidad de un jefe. Y la realeza se conserva por sus amigos, pero es propio del tirano desconfiar en especial de los amigos, al pensar que todos quieren derribarlo, pero éstos principalmente pueden hacerlo. También las medidas de la democracia extrema son todas también propias de

la tiranía: la autoridad de las mujeres en sus casas para que delaten a los hombres, y licencia a los esclavos por la misma razón, pues ni los esclavos ni las mujeres conspiran contra los tiranos, y al vivir bien, necesariamente son favorables a las tiranías y a las democracias...

Aristóteles, Política 5.1313b.

La "revolución hoplítica".-

Entre los griegos el primer tipo de constitución surgió, después de la abolición de la monarquía, de los que hacían la guerra, en un principio de los caballeros (porque la guerra tenía su fuerza y su superioridad en la caballería, debido al hecho de que sin una formación coordinada la infantería armada resulta inútil y los antiguos no conocían ni las tácticas ni los tipos de formación de los hoplitas, de suerte que su fuerza estaba en los jinetes); pero, al crecer las ciudades y hacerse más fuertes los que tenían armas, fueron más también los que participaron en el gobierno.

Aristóteles, Política 129b.

La sumisión espartana a la ley.-

(Habla Demarato) “Yo no pretendo ser capaz de medirme con diez hombres, ni tan siquiera con dos, y si de mí dependiera, no desearía batirme ni con uno solo. Mas, si fuese imperioso o me impulsara a hacerlo un objetivo que mereciera la pena, con quien más gustosamente me batiría sería, sobre todo, con uno de esos sujetos que aseguran valer por tres griegos cada uno. Lo mismo ocurre con los lacedemonios: en combatas singulares no son inferiores a nadie, mientras que, en compacta formación, son los mejores guerreros de la tierra. Pues, pese a ser libres, no son libres del todo, ya que rige sus destinos un supremo dueño, la ley, a la que, en su fuero interno, temen mucho más, incluso, de lo que tus súbditos te temen a ti. De hecho, cumplen todos sus mandatos, y siempre manda lo mismo: no les permite huir del campo de batalla ante ningún contingente enemigo, sino que deben permanecer en sus puestos para vencer o morir.

Heródoto, VII.104.4-5.

Las medidas de Clístenes.-

(Clístenes) primeramente dividió a todos en diez tribus en lugar de las cuatro, con la intención de mezclarlos, para que participase mayor número en el gobierno. Por eso se dice que no atiendan a las tribus los que quieran investigar los linajes. Después, formó el consejo de quinientos miembros en lugar de cuatrocientos, cincuenta de cada tribu, hasta entonces habían sido cien. (...). Dividió también el país por demos (...) e hizo conciudadanos de demo a los que habitaban en cada uno, para que no quedaran en evidencia los nuevos ciudadanos al llevar el nombre de familia, sino que llevasen el nombre de los demos (...). Respecto a las estirpes, las fratrías y los sacerdocios dejó que cada uno los conservase según la tradición. A las tribus les dio como sobrenombre, de entre cien héroes fundadores elegidos de antemano, los diez que la Pitia designó.

Constitución de los atenienses 21 (extractos).

hados el mando sobre todo el orbe; el adivino, dispuesto a la adulación, le hizo saber que se convertiría en el dueño y señor de la tierra. Tras esto, el rey insistió en saber si todos los asesinos de su padre habían recibido su castigo. El sacerdote contestó diciendo que su padre no podía ser ultrajado con ningún crimen, pero que en cuanto a los asesinos de Filipo, todos habían recibido su merecido, y añadió que él, Alejandro, no conocería la derrota hasta que ascendiera al lado de los dioses. Después, tras haber ofrecido un sacrificio, el rey hizo regalos tanto a los sacerdotes como al dios y permitió a los amigos que también ellos hicieran sus consultas a Júpiter; ellos se contentaron con preguntar si le parecía bien al dios que rindieran honores divinos a su rey. El sacerdote respondió que también esto sería del agrado de Júpiter. El que hubiera sopesado la fe en el oráculo con una mente acertada y recta, habría encontrado sus respuestas como indudablemente inconsistentes; pero la Fortuna a los que ha obligado a no confiar más que en ella por lo general los hace más ávidos de gloria que aptos para sobrellevarla. En consecuencia, no sólo consintió Alejandro en ser llamado "hijo de Júpiter", sino que incluso lo exigió, y, al tratar de aumentar con tal denominación el renombre de sus hazañas, lo que hizo fue deteriorarlo.

Quinto Curcio Rufo, Historia de Alejandro Magno 4.7.25-30.

Visión negativa de Alejandro: La muerte de Clito.-

(Clito dijo a Alejandro) "...es con la sangre de estos macedonios y gracias a sus heridas como tú has llegado a ser lo que eres, hasta el extremo de hacerte pasar por hijo de Amón, después de renegar de Filipo". Exasperado, pues, Alejandro, le replicó: "Acaso, mal persona, crees que hablando siempre así de mí y fomentando la discordia entre los macedonios vas a quedar impune?" "No -dijo Clito-. ¡Si ya ahora lo estamos pagando bien, Alejandro, al tener que recibir estas recompensas por nuestros esfuerzos! Dichosos consideramos a los que ya han muerto, antes de tener que ver a los macedonios vapuleados por los bastones de los medos, y obligados a pedirles audiencia a los persas para podernos acercar a nuestro rey". (...) Alejandro se dio la vuelta hacia donde estaba Jenódoco de Cardia y Artemio de Colofón y les dijo "¿No creéis que los griegos que andan entre los macedonios lo hacen como semidioses entre bestias?". Pero Clito no se callaba, sino que invitaba a Alejandro a que le dejara decir abiertamente lo que quisiera, o que no invitara a su cena a hombres libres que gozan de libertad de palabra ( parresía ), sino que se fuera a vivir entre bárbaros y esclavos, que se postrarían ante su cinturón persa y su túnica totalmente blanca. Ya no pudo Alejandro soportar más tiempo su rabia, por lo que tomó una manzana de su lado y con ella le alcanzó al tiempo que echaba manos a su puñal. Se lo había retirado disimuladamente Aristófanes, uno de su guardia personal, adelantándose a los acontecimientos. Los demás le rodearon suplicándole calma, pero él, poniéndose en pie, dio un grito llamando en lengua macedonia a los hispaspistas, lo cual era un exponente del gran alboroto. Ordenó al corneta dar la señal, y le propinó un puñetazo por creer que se retrasaba y no quería obedecerle. (...). A Clito, que no quería marcharse, unos amigos lo sacaron a duras penas del salón, mas él volvió a entrar por otra puerta, entonando aquellos yambos de la Andrómaca de Eurípides, con no poca displicencia y osadía: ¡Ay de mí. Qué mala costumbre hay en la Hélade! Y así, después de coger Alejandro una lanza atravesó con ella a Clito, que venía a su encuentro tras haber descorrido la cortina de delante de la puerta. Cayó a

tierra entre suspiros y un rugido de dolor, y al punto le abandonó a Alejandro su ataque de ira. Al volver en sí y ver cómo sus amigos estaban en silencio puestos en pie, se adelantó a extraer del cadáver la lanza, dispuesto a darse un tajo en su cuello, pero fue impedido por su guardia personal (...).

Plutarco, Vida de Alejandro 50.11-51.

Los cónsules romanos.-

Los cónsules, mientras están en Roma y no salen de campaña con las legiones, tienen competencia sobre todos los negocios públicos. Los magistrados restantes les están subordinados y les obedecen, a excepción de los tribunos; también corresponde a los cónsules presentar las embajadas al senado. Además de lo dicho, deliberan, asimismo, sobre asuntos urgentes, en caso de presentarse, y son ellos los que ejecutan íntegramente los decretos. Igualmente, las cuestiones concernientes a tareas del estado que hayan de ser tratadas por el pueblo, corresponde a los cónsules atenderlas, convocar cada vez la asamblea y ejecutar los decretos aprobados por la mayoría. Su potestad es absoluta en lo que concierne a preparativos bélicos y a la dirección de las campañas: pueden impartir las órdenes que quieran a las tropas aliadas, nombrar los tribunos militares, alistar soldados y escoge a los más aptos. Además, en campaña, tienen la potestad de infligir cualquier castigo a sus subordinados. Disponen a su arbitrio de los fondos públicos: les acompaña siempre un cuestor, presto a cumplir las órdenes recibidas. Si se considerara sólo este aspecto, no sería inverosímil decir que esta constitución es simplemente monárquica o real.

Polibio, VI. 12.

El Senado romano.-

La atribución principal del Senado es el control del erario público, porque ejerce potestad sobre todos los ingresos y sobre la mayor parte de los gastos. Aparte de lo que abonan a los cónsules, los cuestores no pueden disponer de los fondos públicos sin la autorización del senado. Éste dispone también el dispendio mayor, el más costoso, que ordenan cada cinco años los censores para restaurar y reparar los edificios públicos; los censores deben recabar la autorización del senado. De modo semejante, caen bajo la jurisdicción del senado los delitos cometidos en Italia que exigen una investigación pública, como son traiciones, perjurios, envenenamientos, asesinatos. También en Italia, si la conducta de un individuo o de una ciudad reclama un arbitraje, un informe pericial, una ayuda o una guarnición, de todo esto cuida el senado. Es incumbencia de éste enviar embajadas a países no italianos, cuando se necesita ya sea para lograr una reconciliación, para hacer alguna demanda o, ¡por Zeus!, para intimar una orden, para recibir la rendición de alguien o para declarar la guerra. Cuando llegan embajadores a Roma, el senado decide que debe contestárseles y el comportamiento que debe seguirse con cada uno. En todo lo que se ha relacionado hasta ahora, el pueblo no tiene participación alguna, de modo que a quien llegue a Roma en ausencia de los cónsules, la constitución romana le parecerá perfectamente aristocrática. Esta convicción la tienen muchos griegos, y algunos reyes, porque han tratado sus asuntos con el senado. (...) Con todo, al pueblo al pueblo no le falta su parcela, que es precisamente la más pesada. En la constitución romana, el pueblo y sólo el pueblo, es el árbitro que concede honores o inflinge

En Roma y fuera de ella, reformó Claudio, o restableció o instituyó, muchos usos relativos a las ceremonias religiosas, a las costumbres civiles o militares, a los derechos de los diferentes órdenes del Estado; nunca añadió un miembro nuevo al Colegio de los pontificios sin prestar al mismo el juramento acostumbrado. Cuando ocurría en Roma algún terremoto, se preocupaba siempre de hacer anunciar por el pretor, a la multitud reunida, fiestas expiatorias: si aparecía en la ciudad o en el Capitolio un ave de mal agüero, ordenaba preces públicas, como pontífice máximo, desde lo alto de los Rostros y en presencia de todo el pueblo convocado, después de haber hecho alejar a los esclavos y operarios, pronunciaba él la primera fórmula.

Suetonio, Vida de Claudio , XXII.

Las medidas de Diocleciano.-

En efecto, dividiendo la tierra en cuatro partes hizo a otros tres emperadores partícipes de su poder. Paralelamente multiplicó el ejército, pues cada cual contendía por disponer de un ejército mayor que el que cada uno de los emperadores anteriores había tenido cuando uno estaba solo al frente de todo el Estado. Se llegó al extremo de que era mayor el número de los que vivían de los impuestos que el de los contribuyentes, hasta el punto de que, al ser consumidos por la enormidad de las contribuciones los recursos de los colonos, las tierras quedaban abandonadas y los campos cultivados se transformaban en selvas. Para colmo, a fin d que el terror llegase a todas partes, las provincias fueron subdivididas hasta el infinito. En consecuencia, numerosos gobernadores y negociados oprimían a cada una de las regiones, incluso a cada una de las ciudades. Igualmente eran numerosos los funcionarios del fisco, magistrados y vicarios de los prefectos del Pretorio cuya actividad en el orden civil era escasa, pero intensa, por el contrario, a la hora de dictar multas y proscripciones (...). Llevado de su insaciable avaricia, no quería jamás que disminuyese el tesoro, sino que exigía constantemente impuestos y donaciones extraordinarias, a fin de mantener íntegras e intactas las reservas. Asimismo, tras haber provocado una enorme carestía con diversas maldades, intentó fijar por ley los precios de los productos de los mercados. En consecuencia, se derramó mucha sangre por causa de productos despreciables y de escaso valor, el miedo hizo desaparecer los productos del mercado y la carestía aumentó mucho más, por lo que la ley, por la fuerza misma de los hechos, terminó por caer en desuso, pero no sin haber provocado previamente la perdición de muchos.

Lactancio, Sobre la muerte de los perseguidores , 7.

Las medidas de Constantino.-

Cuando hubo dividido de esta manera la prefectura del pretorio, se aplicó a menoscabarla por otros medios. Pues si todas las tropas tenían sobre sí no sólo a los centuriones y tribunos, sino también a los llamados duces , que desempeñan en las distintas guarniciones la función de general, al instituir el cargo de comandante de caballería y comandante de infantería y trasladar a dicho cargo la potestad de formar tropa y castigar las faltas, arrebató también esta prerrogativa a los prefectos. Cual fue el daño que con ello inflingió tanto a la administración en tiempos de paz como a la conducción de la guerra, lo expondré a continuación: los prefectos, puesto que eran

quienes efectuaban a través de sus subalternos la recaudación tributaria en todo el territorio y quienes extraían los presupuestos militares de esa recaudación, tenían a los soldados en sus manos, en tanto que éstos habían de someterse a la apreciación que el prefecto hiciese de sus faltas; en razón de los cual, y como es lógico, los soldados, teniendo presente que quien los proveía de víveres se encargaba también de salir al paso de cualquier rebeldía, no se atrevían a hacer nada que fuese contra sus deberes, y ello por temor tanto a que se les cortase el aprovisionamiento como al castigo inmediato. Pero ahora, al ser uno el que reparte los víveres y otro el encargado de entender las faltas, obran en todo según su voluntad, admás de que el avituallamiento, en su mayor parte, va a parar en ganancia para el general y sus subalternos.

Zósimo, Nueva Historia , II.33.