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economia hispana, Ejercicios de Filología hispánica

Asignatura: hispania antiga, Profesor: Ignasi Garcés, Carrera: Història, Universidad: UB

Tipo: Ejercicios

2017/2018

Subido el 10/06/2018

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ECONOMÍA DEL ARAGÓN ROMANO
por
Miguel BELTRÁN LLORIS
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ECONOMÍA DEL ARAGÓN ROMANO

por

Miguel B E L T R Á N LLORIS

Miguel Beltrán Lloris

gún se menciona en el Bronce latino de Contrebia. Las alusiones de César al trigo ilerdense y de paso al del Ebro, son ciertamente signifi- cativas y los molinos y silos de nuestros yacimientos documentan bien dicho aspecto. Más fantasía tienen, sobre un fondo de autenticidad, las dos cosechas al año que de cebada se recogían en Celtiberia, según re- lata Plinio.

En todo caso no hemos de olvidar el importante horreum de Contrebia Belaisca y las instalaciones análogas descubiertas reciente- mente en Osca que manifiestan el interés de dichos centros en el aprovisionamiento de cereal.

En lo referente tanto al vino, como al aceite, no parece que en un principio se documenten dichas producciones en nuestro ámbito. Así lo evidencia la importación masiva de vino itálico o la no menos des- preciable de aceite apulo, siendo despreciable por su carácter dudo- so la referencia al Oleum flumen (río Ebro) en la Ora Marítima de Avieno.

La fauna de los yacimientos del siglo I a. de C., nos ofrece cerdo, caballo, conejo, toro, etc., y se ha supuesto la existencia de un impor- tante complejo de tenerías en Contrebia Belaisca. En todo caso las entregas de pieles por los celtíberos a los romanos, en calidad de tri- buto, fueron constantes y muy abundantes.

Desde el punto de vista del comercio, hemos de tener en cuenta el importante papel de los negotiatores y mercatores que acompaña- ron a los ejércitos romanos desde los primeros tiempos. Este fenó- meno, junto con otros, evidencia el potente comercio con Italia, se- gún manifiesta además la abundancia de cerámica campaniense de los centros etruscos, campanos, de la isla de Ischia o de Sicilia.

Los distintos tipos de ánforas permiten trazar con seguridad áreas ciertamente significativas de procedencia del vino y aceite. A los mer- cados mencionados en Italia, hay que sumar el vino del Norte, Sur de Italia o territorio campano y posiblemente el del área de Marsella. El resto de los materiales cerámicos repite los mercados de importación, añadiéndose además las lucernas del Norte de África y los bronces de Azaila y Fuentes de Ebro, también de procedencia italiana.

No hay otras referencias útiles sobre los tributos a que fue some- tido nuestro territorio, ni sobre la existencia de monopolios, el costo de la vida u otras cuestiones relacionadas.

L A ECONOMÍA ALTOIMPERIAL

La agricultura sigue siendo el pilar más importante de la riqueza del valle del Ebro. La agricultura de regadío debió ser significativa a

Economía del Aragón romano

juzgar por la presencia de presas en numerosos puntos, tales como Muel, Almonacid de la Cuba, Sádaba, Sofuentes, Uncastillo o cerca de Huesca.

No podemos calibrar en qué medida se cultivaron el trigo, los ce- reales en general, el olivo o la vid y cómo pudo influir en esto la enorme emigración itálica al valle del Ebro.

Los cereales

Además de los hallazgos de trigo en nuestros yacimientos, hemos de señalar las referencias epigráficas en la capital del convento cae- saraugustano, como el horreario Sura o la dedicatoria al genio de los hórreos de la ciudad. Es especialmente significativo el ejemplo de Arcobriga y la importante serie de hórreos localizados en dicho yaci- miento, en número ciertamente elevado, circunstancia que no es de extrañar dada la estratégica situación de la ciudad en el camino ha- cia la Celtiberia y su evidente condición de centro de aprovisiona- miento.

Aceite y vino

Siguen las dudas planteadas en torno a las producciones aceite- ras en el valle del Ebro, que podrían estar avaladas por el argumen- to negativo de la ausencia de ánforas olearias entre los hallazgos co- nocidos, circunstancia debida posiblemente a la producción local, cuya potenciación cabría situar a partir del reinado de Augusto, desde cuyo momento es evidente una reorientación en el terreno agrícola.

En todo caso puede parecer abusivo el atribuir a estos tiempos el estado de cosas que relata por ejemplo Prudencio (Perist. IV) a fina- les del siglo IV, cuando dice que la zona que circundaba a Zaragoza se encontraba llena de olivos.

Las pruebas arqueológicas, como el trujal para prensar aceitunas de Liédana, también corresponden a la época tardorromana y otro tanto cabe decir de las conclusiones que puedan extraerse del pre- sente enviado por Braulio al presbítero Vactato a principios del siglo VII, que detalla 90 litros de vino, 45 de aceite, 9 de aceitunas, cirue- las, etc. En todo caso si en el Alto Aragón, en estos momentos avan- zados (siglo VI), parece documentarse la presencia de vides y olivos (confirmada también por el testamento de San Vicente de Ascán), no habría problemas para suponer una implantación de estos culti- vos en un momento anterior y en las zonas privilegiadas del valle del Ebro.

Economía del Aragón romano

la urbanización de los espacios, las mejoras de la red viaria y especial- mente el desarrollo de las técnicas agrícolas, tanto por la presencia de un utillaje avanzado como por la introducción de nuevos cultivos.

En este engranaje, el papel de la villa como núcleo abastecedor ya de la ciudad o como contribución al engrosamiento de los produc- tos de exportación, tuvo que ser muy importante. Cabe preguntarse además cual fue el papel de los contingentes latinos en el desarrollo de los sistemas de explotación agrícola y contrastar esta interrogante con la supuesta abundancia de villae en los lugares de concentración de la población itálica, que en lo referente al valle del Ebro, supone- mos que fue notable atendiendo a los elementos campanos y suritáli- cos y reforzada por las poblaciones de las colonias de Caesaraugusta y Celsa.

Si la arqueología no proporciona hasta ahora la solución a los problemas planteados, hemos de acudir también a los topónimos en -ano, -eno, - o n e (muchos de los cuales son, no obstante, bajoimpe- riales), como hipótesis de trabajo. Así parece advertirse cierta con- centración en el área de Osca (de antigua romanización) y en la zona del Ebro Alto-medio.

Junto al fenómeno mencionado, las concentraciones periurbanas se plantean también con gran claridad. De todas las formas, la densi- dad de villas en el valle del Ebro se organiza especialmente en las áreas de los cursos bajos-medios del Queiles y Huecha, en la misma zona del Jalón, del Arba de Luesia, río Gállego, Alcanadre, Martín y Guadalope y por supuesto en el propio Ebro. Se registran además zonas de enorme densidad, con villae cada 2-4 km, distribución que nos recuerda sensiblemente la densidad puesta de relieve en el lito- ral mediterráneo, sin llegar a la aglomeración del Maresme, por ejemplo, pero significativa del sistema de distribución practicado en el área litoral del territorio campano en Italia.

De la extensión de las propiedades nada podemos añadir. En el área catalana y zona del Segre parece perfilarse una distribución en torno a las 25-50 hectáreas es decir, 100 ó 200 yugera. Nótese, por ejemplo, que la densidad de los valles del Queiles y Huecha, parece ser muy alta, en ocasiones cerca de las 25 hectáreas, capaces para va- rias familias y que parecen indicar la presencia de un minifundismo inicial, muy difícil de detallar no obstante.

Ganadería, pesca, caza

Las referencias son escasas. Diodoro menciona la existencia de grandes rebaños que pastaban a lo largo de la cordillera pirenaica y los asnos celtibéricos también se hicieron famosos.

Miguel Beltrán Lloris

Sólo los análisis de fauna, en Caesaraugusta por ejemplo o Celsa, Juslibol, Bilbilis, etc. permiten conocer el panorama existente.

Así, estamos en condiciones de documentar el conejo doméstico, la gallina, el cerdo (muy abundante), la cabra doméstica, la oveja, los bóvidos y los équidos, además del gato y el perro y el corzo, ciervo, gamo y jabalí en Bilbilis.

Comercio

La época augustea significa un notable cambio en las relaciones comerciales del valle del Ebro, que refleja la misma situación que evidenciamos en el área circunmediterránea, servida por una impor- tante red de comunicaciones, acrecentada por el papel del río Ebro, en este sentido sumamente significativo como sistema de penetra- ción y de navegación fluvial.

Las producciones cerámicas presentes en todos nuestros yaci- mientos nos ofrecen un amplio panorama de áreas originarias. Así la terra sigillata itálica de los centros de Arezzo, Puteoli, Norte de Ita- lia, Pisa o bahía de Nápoles, especialmente abundante durante el co- mienzo de la primera centuria.

Pronto se suman a dichos productos las sigillatas fabricadas en el Sur de las Galias, con un predominio inicial abrumador de las vaji- llas de la Graufesenque y en menor cantidad los centros de Montans y Banassac, seguidos más tarde de Lezoux.

Asistimos también ahora al fenómeno de la creación de los pri- meros talleres de sigillata en el valle, los de Bronchales y Villarroya de la Sierra, cuya producción nos parece ante todo regional y sin que puedieran hacer frente a la avalancha de productos de Tricio sobre todo, que predominó ampliamente en los principales mercados, so- bre todo en Caesaraugusta.

A las corrientes mencionadas hay que añadir enseguida, transcurri- da la mitad del siglo I d. C., la de las producciones cerámicas de Carta- go y Túnez que se difunden con gran rapidez, repartiéndose práctica- mente el mercado con las producciones hispanas de vajillas de mesa.

Las cerámicas de paredes finas significan igualmente un interesan- te conjunto de mercados de origen, sobre todo béticos y de la costa ca- talana y además de la Italia central y Norte, Lyon en escasa medida y fabricaciones locales anecdóticas (Rubielos de Mora en Teruel).

Las ánforas aportaron grandes cantidades de vino tarraconense, escaso vino itálico y sobre todo salazones del Golfo de Cádiz en grandes cantidades y presentes en todas las mesas de los principales

Miguel Beltrán Lloris

Las más importantes cecas que emitieron en territorio aragonés, fueron sin duda Caesaraugusta, Celsa y Bilbilis, en el mismo orden de importancia, seguidas de Turiaso y Osca. Las primeras se dirigieron de forma natural en su dispersión a lo largo de todo el valle del Ebro, Meseta, Portugal y otras áreas esporádicas, mientras que el bloque segundo alcanzó su dispersión sobre todo por el litoral catalán.

El papel del Ebro en la difusión monetaria fue también notabi- lísimo como era de esperar a partir de las experiencias anteriores.

Está claro que el costo de la vida fue más bajo en Hispania que en Roma. Lamentablemente no tenemos referencias exactas alusivas al ámbito en el que nos movemos y las cifras conocidas para otros lu- gares sirven de forma muy relativa. Sólo el texto de Ateneo sobre la Lusitania permite alguna elucubración. 40 litros de vino 1 dracma, 1 cordero 3-4 óbolos, 53 litros de trigo, 9 óbolos alejandrinos, 1 buey de arar 10 dracmas, etc. Es significativo anotar que un legionario en época de Augusto, ganaba 4 ases, mientras que la entrada a los ba- ños costaba medio as y una lucerna 1 as o un escriba en la Ley de Urso, en época flavia, tenía estipulado un sueldo de 1.200 sestercios al año.

Extrapolar estos datos a nuestro ambiente se presenta sumamen- te problemático por más que nos permita una aproximación al tema.

Otros aspectos

No hay excesivos datos para averiguar la nómina de las familias que acumularon el poder en sus manos, aunque las listas de magis- trados monetarios y algunos datos epigráficos se presentan suma- mente reveladores, como evidencia la gens Atilia en el territorio cin- covillés.

Por lo que se refiere al gasto público, centrado en el manteni- miento de la administración, el sostenimiento del ejército, la cons- trucción y mejora de las carreteras y el embellecimiento de las ciuda- des, tampoco son excesivos los datos que podemos manejar. A la etapa de Augusto hemos de llevar el trazado de la denominada vía augusta, o el tramo que unía Caesaraugusta y Pompaelo, obra ésta que fue continuada por Tiberio, así como el tramo desde Turiaso a Augustobriga y por parte de Claudio, el tramo comprendido entre Osca e Ilerda.

La intervención imperial fue pues de primer orden en el trazado y mantenimiento de la red viaria, en cuyo aspecto el papel de las le- giones fue decisivo, tanto en las carreteras como en las obras públi- cas de Caesaraugusta. Sin embargo, en este último aspecto ignoramos

Economía del Aragón romano

mos, el papel de la administración o de los mecenas posibles en el embellecimiento de las ciudades, dada la parquedad de las fuentes epigráficas en este sentido.

Las ciudades, como hemos dicho, según su condición estuvieron sometidas a distintos tipos de impuestos directos. De las colonias, só- lo Celsa (Caesaraugusta fue inmune) tributó el impuesto territorial y los numerosos centros estipendiarios, entre ellos Arcobriga, Bursao (Borja), Segia (Ejea de los Caballeros), Iaca (Jaca), estuvieron so- metidas a todo tipo de cargas. Por otra parte, ya hemos mencionado cómo las ciudades actúan durante todo el siglo I como los centros naturales de poder y movimiento económico, centralizando la vida comercial, juntamente con determinadas villae, a cuyos núcleos se añaden centros específicos como los fora, comunidades rurales surgi- das junto a una vía o en lugares estratégicos motivados por un mer- cado periódico. Foro Gallorum (entre Zuera y Gurrea de Gállego) constituye uno de estos ejemplos, de vital importancia en el proceso de urbanización del agro.

E L S I G L O II

Durante este período se puede considerar concluido el proceso de ajuste de las ciudades, al tiempo que en el campo asistimos a la reorganización de importantes territorios o propiedades.

Las villae

En este aspecto es significativo observar como se patentiza cierto auge y riqueza en las distintas villae que conocemos; así sucede en la primera fase de la Villa Fortunatus de tipo de atrio, o en la Almunia de Doña Godina, o bien en los ejemplos de peristilo central de la Dehesa de Baños de Chiprana o en el Razazol de Gallur. Más inte- resante es el ejemplo de Ortilla, en Huesca, con sistema de murallas perimetrales, por no mencionar las villas suburbanas tanto de Caesa- raugusta, como de Turiaso, etc.

No resulta posible, lamentablemente, fuera de las consideracio- nes preliminares hechas, entrar en más detalles, especialmente en los relativos a los esquemas de trabajo agrícola y al eventual empleo de colonos o esclavos en el trabajo de las mismas.

Las ciudades

Paralelamente a este estado de cosas parece que el proceso de embellecimiento de las ciudades continuó pujante, buena señal de la marcha económica de los distintos centros.

Economía del Aragón romano

E L S I G L O III

La etapa final de esta centuria se hace coincidir con una crisis que afecta a buena porción de la Península Ibérica y en la que hay que considerar las consecuencias del dominio de Póstumo en Hispa- nia, la usurpación de Próculo y la extensión del movimiento bagáu- dico, que afectó, este último, al alto y medio valle del Ebro.

No es excesiva la información que poseemos para la primera par- te del siglo III en el aspecto que ahora nos ocupa.

Son de gran interés los niveles de destrucción, entre los años 260-280 d. C. de Turiaso y Bursao, así como los de colmatación de Caesaraugusta y Jaca o el abandono de la villa de las Aguaderas de Osera, circunstancias todas ellas que dan una idea de la repercusión de la crisis del siglo III en nuestro ámbito.

Caesaraugusta

Parece que el interior de Caesaraugusta no sufrió el efecto direc- to de las incursiones bárbaras, puesto que salvo el abandono de la necrópolis Norte no se aprecian otras influencias. La ciudad constru- ye ahora sus murallas de piedra, con una gran densidad de torreo- nes, sin disminuir su perímetro y reutilizando numerosos materiales amortizados de edificios varios, además de monumentos señalados, como, muy posiblemente, del puente de piedra sobre el Ebro, que impedía uno de los accesos importantes desde el Norte.

Fuera del ambiente urbano el final del siglo II y la tercera cen- turia son básicos para entender el proceso de ruralización y la for- mación de los latifundia. Las villas del Pilaret de Santa Quiteria en Fraga, María de Huerva, Campo Real en Sos, Urrea de Jalón, Urrea de Gaén, etc., pese a su conocimiento parcial y falta de datos coherentes permiten apreciar el fenómeno mencionado.

Ciertos miliarios evidencian reparaciones de importancia en el ámbito de las Cinco Villas y las ampliaciones en las residencias de campo dan a conocer además cierta concentración de la población, en cuyo detalle todavía no podemos entrar.

E L S I G L O IV

La correspondencia de Paulino y Ausonio nos permite conocer la prosperidad de la Tarraconense, destacando entre sus ciudades más florecientes Barcino, Tarraco y Caesaraugusta. El abandono del tea- tro en esta última ciudad se debe más a la influencia del cristianismo, que condenó dichos lugares, que a circunstancias de tipo económico.

Miguel Beltrán Lloris

Caesaraugusta sigue detentando un puesto privilegiado en el con- cierto económico, aunque los ejes de relación comiencen también a tejerse en torno a importantes villae. La ciudad así recibe mercancías de lujo de todo tipo, muchas de ellas a demanda de las clases más privilegiadas, como los sarcófagos de Caesaraugusta, Osca o Turiaso y muchas de ellas siguieron siendo importantes centros de distribu- ción, como Zaragoza lo fue de las vajillas de terra sigillata clara afri- cana para el área del Ebro.

Latifundia

Resulta difícil definir a partir de qué extensión se puede hablar de latifundia en sentido estricto, máxime teniendo en cuenta las va- riaciones que manifiestan entre sí las propiedades según se sitúen en ámbitos cerealistas o de otro tipo y cuando los datos sobre nuestras villae siguen siendo deficitarios debido a excavaciones parciales, cen- tradas ante todo en el estudio de los mosaicos.

Las villas de Sádaba, Artieda, Albalate de Cinca, Chalamera, Calanda o la de Fraga son buena muestra de los casos máximos de latifundios restringidos, con bases cerealistas, de cultivos mixtos y tierras de ganado. No podemos concretar si la producción fue de monocultivo o hasta qué punto se alternaron cereales, vides, olivos y otros productos, además de los aspectos agropecuarios, como pa- recen sugerir los hallazgos fuera de nuestras fronteras.

Así en Liedena se conoce la fábrica de aceite, consistente en tres estancias para la prensa y depósitos de aceite. Y análogas instalacio- nes se han descubierto en las villas catalanas de Sentromá (Tiana, Barcelona), Can Sans (San Andreu de Llavaneres, Barcelona) y otros ejemplos del campo de Tarragona.

Especialmente ilustrativa es la de Fraga, de la que conocemos el nombre de su possesor, Fortunatus. Los mosaicos que pavimentan la parte noble, con decoraciones alusivas a los cultivos y meses agríco- las, son el mejor reflejo de las preocupaciones del latifundista: febre- ro, la cava de las viñas, la siembra de algunas especies; marzo, dedi- cado a Baco como principio vivificador; abril, evocado por la llegada de la primavera; mayo con el crecimiento de los cereales; junio los trabajos agrícolas relacionados con la vid; julio como recogida de las cosechas y representación de moras; septiembre, el mes de la vendi- mia; noviembre, de entornos agrestes y vuelta a la naturaleza tras los ciclos agrícolas y diciembre con la recogida de la oliva.

No conocemos escenas de caza, cuyos espacios debían compartir las ocupaciones y ocio de los señores aunque sí otras representaciones

Miguel Beltrán Lloris

BIBLIOGRAFÍA

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