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Ejemplos sobre conductas gitanas
Tipo: Guías, Proyectos, Investigaciones
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l racismo constituye un fenómeno complejo que varía según el tiempo y el espacio en el que sea analizado. El término racismo es bastante reciente, pues nace en el periodo de entreguerras del siglo XX (Wieviorka, 1992), aunque no acabaría de asentarse definitivamente hasta la revelación del genocidio nazi, tras la Segunda Guerra Mundial. A partir de ahí, se extiende para definir situaciones como las ocurridas en Estados Unidos o Sudáfrica. Como puede advertirse por su raíz etimológica, hace referencia al concepto de raza. Y es que ya desde el siglo XIX, a raíz funda- mentalmente de las aportaciones de Darwin y Mendel y de la expansión del determinismo biológico, se empieza a explicar la hete- rogeneidad humana en función de las razas, cayéndose fácilmente en la defensa «científica» de supuestas superioridades biológicas de unas razas sobre otras. Sin embargo, esta visión simplista está prácticamente superada. Creemos, con Wieviorka (1992), que es preciso descartar de forma definitiva el concepto de raza como categoría de análisis, puesto que introducir en el espacio de las relaciones sociales una explicación biológica, aunque sea parcial, «únicamente puede aportar confusión o malentendidos». En cuanto a la conceptualización del racismo, puede imaginarse la complejidad de encontrar una definición compartida por la mayoría de los teóricos, teniendo en cuanta los múltiples intentos de definirla realizados desde las más diversas perspectivas. Así, Katz y Taylor (1988) aportan una breve pero precisa definición según la cual el racismo sería el «el trato desigual de los individuos debido a su pertenencia a un grupo particular»; Wieviorka (1992), por su parte, define el racismo a partir de sus contenidos ideológicos: «idea de un vínculo entre los atributos o el patrimonio –físico, genético o biológico– de un individuo (o de un grupo) y sus caracteres inte- lectuales y morales». Albert Memmi (1994) lo entiende como «la valorización generalizada y definitiva de unas diferencias, reales o imaginarias, en beneficio del que acusa y en detrimento de su víctima, con el fin de justificar su privilegio o su agresión». Tal vez la definición más concisa sea la de Silbony (1997): «El racismo consiste en no aceptar la diferencia». Pero enumerando definiciones podríamos seguir hasta la saciedad y no es esa nuestra intención. En cualquier caso, sí podemos concluir que la mayor parte de las definiciones de racismo se refieren o bien a la forma de pensar de las personas o bien a su forma de actuar o bien a ambas, describiendo actitudes, ideologías, prácticas sociales... En este sentido, Taguieff (1988) categoriza el racismo en tres dimensiones:
1 Su introducción en los círculos académicos data de esa época, siendo Race and Racism (Benedict, 1942) una de las primeras obras que se refieren al racismo en los términos en los cuales se entenderá después.
la esencia del prejuicio es una actitud negativa injustificable hacia un grupo y los individuos que lo integran; este nos inclina en contra de una persona con base sólo en su identificación con un grupo particular. Las evaluaciones negativas que marcan el prejuicio pueden derivarse de asociaciones funcionales, la necesidad de justificar la conducta o de creencias negativas llamadas estereotipos.
Por tanto, cuando juzgamos a alguien basándonos en nuestra percepción del grupo al que pertenece, estamos creando un estereotipo que puede llegar a configurar un prejuicio. Aunque existen los estereotipos positivos, actualmente, en la mayoría de los casos, los estereotipos y prejuicios conllevan una actitud desfa- vorable. Las características del prejuicio estereotipado, según Lippmann (1964), son cuatro: 1) homogeneidad; 2) error antes que exactitud; 3) adquisición de segunda mano en vez de por experiencia directa; 4) resistencia a los cambios.
En general, los estereotipos más frecuentes están asociados con la raza, el sexo, la discapacidad o el lugar de procedencia. Es muy probable que el prejuicio racial sea el más habitual de todos.^2 Una buena forma de unir la definición de racismo con la de los estere- otipos ligados a una característica concreta es la que propone Serres (1995):
consiste en definir, considerar o tratar a alguien como si su persona se agotase en una de sus características, elegida o perseguida: eres negro o varón o católico o pelirrojo. El racismo se define simplemente como esta confusión, entre el principio de pertenencia o de inclusión y el de identidad.
En definitiva, no es otra cosa que el «rechazo al otro» lo que hace de un prejuicio «una forma elemental de racismo» (Wieviorka, 1992). Pero, además de a través del racismo, los prejuicios negativos y los estereotipos suelen manifestarse de otras dos formas concretas: la xenofobia y la discriminación. La primera de ellas hace referencia al odio a una persona percibida como extranjera. La discriminación,^3 por su parte, es definida por Allport (1954) como toda «conducta que niega el tratamiento de igualdad entre personas o grupos», mientras que en palabras de Wieviorka (1992) será «un trato dife- renciado en diversos ámbitos de la vida social», y, como indican Páez y González (1996), representa
una actitud diferencial con respecto a otro perteneciente a un exogrupo. Ese exogrupo a su vez es clasificado según prejuicios (evaluación que se realiza sin datos que puedan corroborarse) y estereotipos determinados (acerca de cómo es y cómo se comportará la persona).
La discriminación racial se produce cuando no se respetan los derechos de las personas pertenecientes a una etnia determinada. El párrafo 1 del artículo 1 de la Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial (1966), define la discriminación racial como
Toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública. Tanto el racismo, la xenofobia y la discriminación conllevan actitudes y acciones de intolerancia y rechazo a lo diferente, desembocan- do, no pocas veces, en la marginación y la exclusión social […] En los últimos años, los investigadores psicosociales sostienen que se ha producido un cambio importante en las formas de expresión del prejuicio hacia grupos minoritarios, de tal forma que se considera que las actitudes prejuiciosas son menos manifiestas; se habla entonces del «prejuicio sutil». De esta forma, tal y como explica Martínez Veiga (2001), las personas se cuidan muy mucho de aparecer como prejuiciosas ante los demás e incluso entre ellas mismas, porque el prejuicio está mal visto socialmente y manifestarlo abiertamente supone una trasgresión de la norma mayoritariamente aceptada. Sin embargo, el rechazo hacia el «otro» diferente y los estereotipos negativos de ciertos grupos siguen coexistiendo con una nueva forma de expresión del prejuicio: el prejuicio sutil. Esta es la característica más relevante que define el racismo en la actualidad […]. En cuanto a la fundamentación teórica que se ha venido haciendo sobre el racismo, Grossi (1999) clasifica las diferentes teorías al respecto en cuatro grandes grupos, que van desde los planteamientos más individuales hasta los más sociales, y que resumimos a continuación:
2 Para una completa revisión de las teorías sobre los prejuicios sociales, véanse, por ejemplo, las siguientes obras: Echevarría, Villarreal y cols., 1995; Pérez y Dasí, 1996; Rueda y Navas, 1996; Brown, 1998; Morales, 1999. 3 No podemos dejar a un lado el concepto de discriminación positiva , que es una medida especial adoptada con el fin exclusivo de asegurar el adecuado progreso de ciertos grupos raciales o étnicos, por lo que no habrá de considerarse como una medida de discriminación racial o discriminación «a la inversa».
Además de estas clasificaciones, distintos investigadores han desa- rrollado sus propias tipologías para catalogar el racismo según diferentes puntos de vista; así, Jones (1988) habla de racismo individual, institucional^6 y cultural; Taguieff (1988) distingue entre racismo primario, secundario y terciario.^7 En España destacan cla- sificaciones como las de Rueda y Navas (1996) o Pajares (1998).^8
Para terminar, creemos interesante mostrar la cruda, pero acertada visión que Dworkin (2000) hace de la discriminación racial, pues formula perfectamente tanto el sufrimiento que genera como la injusticia que supone toda clase de racismo:
la discriminación racial expresa desprecio y es profundamente injusta... es completamente destructora de las vidas de sus víctimas... no les priva simplemente de alguna oportunidad abierta a otros, sino que les daña en casi todos los proyectos y esperanzas que puedan concebir.
Este texto, con el título Racismo y Discriminación forma parte del capítulo "Racismo y exclusión social: el caso de los gitanos" (pp. 37-44) incluido en la fundamentación teórica del libro Erradica- ción del chabolismo e integración social de los gitanos en Avilés: investigación, evaluación y propuestas. Asturias: Universidad de Oviedo, Ayuntamiento de Avilés, 2004, elaborado por Esteban Agulló, Jorge Cabo, Mercedes Capa, Julio Rodríguez y Carolina Sánchez.
Agradecemos a la editorial y los autores el permiso para repro- ducirlo en este número de Gitanos, Pensamiento y Cultura.
Referencias:
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6 Sobre el racismo de Estado, puede consultarse el libro, ya clásico, de Foucault, Genealogía del racismo (1992). 7 No nos detendremos a analizar cada una de las clasificaciones por no ser este el lugar indicado para ello. 8 Rueda y Navas (1996), a partir de un estudio sobre el prejuicio en nuestro país, distinguen entre personas igualitarias, fanáticas y sutiles. Pajares (1998), por su parte, propone la distinción entre racismo de Estado, racismo político, racismo institucional y racismo social.
ste proyecto se desarrolla en dos sesiones formativas, de tres horas cada una, con chicos y chicas de 14 a 18 años, trabajando sobre las siguientes campañas de publicidad los estereotipos y contenidos que se denuncian en las mismas o sobre los que buscan sensibilizar: ■ Esto no es un cuento. Campaña del Instituto Asturiano de la Mujer del Principado de Asturias (www.estonoesuncuento.com) ■ Vivo en un país. Campaña de la ONCE de apoyo a la inserción de personas con discapacidad. (www.once.org)
■ Apoyo a la mujer inmigrante y Campaña de sensibilización sobre los niños soldado. Cruz Roja Española. (www.cruzroja.es) ■ Conócelos antes de juzgarlos. Campaña de la Fundación Secre- tariado Gitano. (www.fsgg.org) ■ España cada día es más diferente. Campaña de ACCEM (Asociación Comisión Católica de Migración). (www.accem.es) ■ Campaña de denuncia de la tortura y campaña de Control de armas , de Amnistía Internacional. (www.es.amnesty.org) ■ Por la diversidad, contra la discriminación. Campaña del Programa de Acción Comunitario de lucha contra la discrimi- nación de la Comisión Europea. (www.stop-discrimination.info) El profesorado y el centro trabajan previamente los conceptos que se van a tratar, realizando pequeñas dinámicas en el aula y colocando diferentes carteles y materiales de las campañas en las instalaciones educativas. En sesiones de dos horas y con los grupos previamente pactados con el centro, se aborda la discriminación desde las diferentes campañas de publicidad seleccionadas.
Rompiendo estereotipos
a través de la publicidad