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ejemplos comunidad gitana, Guías, Proyectos, Investigaciones de Etnología

Ejemplos sobre conductas gitanas

Tipo: Guías, Proyectos, Investigaciones

2018/2019

Subido el 29/03/2019

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DOSSIER
Número 31 • Octubre 2005 • Revista Bimestral de la FSG 33
E
l racismo constituye un fenómeno complejo que varía según
el tiempo y el espacio en el que sea analizado. El término
racismo es bastante reciente, pues nace en el periodo de
entreguerras del siglo XX (Wieviorka, 1992), aunque no acabaría de
asentarse definitivamente hasta la revelación del genocidio nazi, tras
la Segunda Guerra Mundial. A partir de ahí, se extiende para definir
situaciones como las ocurridas en Estados Unidos o Sudáfrica.
Como puede advertirse por su raíz etimológica, hace referencia al
concepto de raza. Y es que ya desde el siglo XIX, a raíz funda-
mentalmente de las aportaciones de Darwin y Mendel y de la
expansión del determinismo biológico, se empieza a explicar la hete-
rogeneidad humana en función de las razas, cayéndose fácilmente
en la defensa «científica» de supuestas superioridades biológicas
de unas razas sobre otras. Sin embargo, esta visión simplista está
prácticamente superada. Creemos, con Wieviorka (1992), que es
preciso descartar de forma definitiva el concepto de raza como
categoría de análisis, puesto que introducir en el espacio de las
relaciones sociales una explicación biológica, aunque sea parcial,
«únicamente puede aportar confusión o malentendidos».
En cuanto a la conceptualización del racismo, puede imaginarse la
complejidad de encontrar una definición compartida por la mayoría
de los teóricos, teniendo en cuanta los múltiples intentos de definirla
realizados desde las más diversas perspectivas. Así, Katz y Taylor
(1988) aportan una breve pero precisa definición según la cual el
racismo sería el «el trato desigual de los individuos debido a su
pertenencia a un grupo particular»; Wieviorka (1992), por su parte,
define el racismo a partir de sus contenidos ideológicos: «idea de
un vínculo entre los atributos o el patrimonio –físico, genético o
biológico– de un individuo (o de un grupo) y sus caracteres inte-
lectuales y morales». Albert Memmi (1994) lo entiende como «la
valorización generalizada y definitiva de unas diferencias, reales o
imaginarias, en beneficio del que acusa y en detrimento de su
víctima, con el fin de justificar su privilegio o su agresión».
Tal vez la definición más concisa sea la de Silbony (1997): «El
racismo consiste en no aceptar la diferencia». Pero enumerando
definiciones podríamos seguir hasta la saciedad y no es esa nuestra
intención. En cualquier caso, sí podemos concluir que la mayor parte
de las definiciones de racismo se refieren o bien a la forma de
pensar de las personas o bien a su forma de actuar o bien a ambas,
describiendo actitudes, ideologías, prácticas sociales... En este
sentido, Taguieff (1988) categoriza el racismo en tres dimensiones:
1) elaboraciones doctrinales e ideologías; 2) prejuicios, opiniones
y actitudes; 3) conductas o prácticas (discriminación, segregación
o violencia).
Convenimos con Grossi (1999) en que uno de los acercamientos
más acertados al estudio del racismo es el llevado a cabo por
Wetherell y Potter (1992); un acercamiento cualitativo, realizado
desde el análisis del discurso racista, habida cuenta de que, al fin
y al cabo, el discurso está orientado hacia la acción, de tal forma
que construye y determina la realidad. Para estos autores, el racismo
ha de ser analizado en función de las prácticas y resultados
ideológicos, dejando a un lado los contenidos ideológicos, que son
caducos. Esta visión
es lo suficientemente amplia como para no reducir
demasiado el ámbito de estudio, inserta las prácticas
discursivas dentro de un orden social existente (cuya
función es legitimar) y en último término remite a las
categorías argumentativas de tipo psicosocial, como las
creencias, actitudes, etc. de las personas y los grupos,
insertas en los propios discursos (Grossi, 1999).
En general, desde la psicología social se ha estudiado el racismo
con cierta rigurosidad, pero no ha sido una línea de investigación
prioritaria;
todo lo más ha llegado a ser estudiado de forma indirecta a
través de las teorías, principalmente cognitivas y
motivacionales, elaboradas para explicar el prejuicio, los
estereotipos y la discriminación (Bourihs, 1994; Grossi, 1999).
La mayor parte de los estudios psicosociológicos iniciales
versaban sobre los prejuicios y los estereotipos (Adorno, 1950;
Allport, 1954, etc. ). El propio Allport precisará que los prejuicios son
«actitudes negativas o una predisposición a adoptar un compor-
tamiento negativo hacia un grupo, o hacia miembros de ese grupo,
que descansan sobre una generalización errónea y rígida». Tras
múltiples estudios posteriores, hoy podemos ahondar un poco más
en la definición de prejuicio, que podemos definir como un juicio
preconcebido que se hace sobre una persona o un grupo, motivado
por experiencias pasadas, a menudo basado en conocimientos
insuficientes (será, por tanto, una distorsión del conocimiento). Los
prejuicios proceden de la asunción, consciente o inconsciente,
explícita o implícita, de la superioridad de la cultura mayoritaria o
dominante (Villarreal y Wagman, 2001). En palabras de Myers (1991),
Estereotipos, prejuicios,
racismo y discriminación
1 Su introducción en los círculos académicos data de esa época, siendo Race and Racism (Benedict, 1942) una de las primeras obras que se refieren al racismo en los
términos en los cuales se entenderá después.
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E

l racismo constituye un fenómeno complejo que varía según el tiempo y el espacio en el que sea analizado. El término racismo es bastante reciente, pues nace en el periodo de entreguerras del siglo XX (Wieviorka, 1992), aunque no acabaría de asentarse definitivamente hasta la revelación del genocidio nazi, tras la Segunda Guerra Mundial. A partir de ahí, se extiende para definir situaciones como las ocurridas en Estados Unidos o Sudáfrica. Como puede advertirse por su raíz etimológica, hace referencia al concepto de raza. Y es que ya desde el siglo XIX, a raíz funda- mentalmente de las aportaciones de Darwin y Mendel y de la expansión del determinismo biológico, se empieza a explicar la hete- rogeneidad humana en función de las razas, cayéndose fácilmente en la defensa «científica» de supuestas superioridades biológicas de unas razas sobre otras. Sin embargo, esta visión simplista está prácticamente superada. Creemos, con Wieviorka (1992), que es preciso descartar de forma definitiva el concepto de raza como categoría de análisis, puesto que introducir en el espacio de las relaciones sociales una explicación biológica, aunque sea parcial, «únicamente puede aportar confusión o malentendidos». En cuanto a la conceptualización del racismo, puede imaginarse la complejidad de encontrar una definición compartida por la mayoría de los teóricos, teniendo en cuanta los múltiples intentos de definirla realizados desde las más diversas perspectivas. Así, Katz y Taylor (1988) aportan una breve pero precisa definición según la cual el racismo sería el «el trato desigual de los individuos debido a su pertenencia a un grupo particular»; Wieviorka (1992), por su parte, define el racismo a partir de sus contenidos ideológicos: «idea de un vínculo entre los atributos o el patrimonio –físico, genético o biológico– de un individuo (o de un grupo) y sus caracteres inte- lectuales y morales». Albert Memmi (1994) lo entiende como «la valorización generalizada y definitiva de unas diferencias, reales o imaginarias, en beneficio del que acusa y en detrimento de su víctima, con el fin de justificar su privilegio o su agresión». Tal vez la definición más concisa sea la de Silbony (1997): «El racismo consiste en no aceptar la diferencia». Pero enumerando definiciones podríamos seguir hasta la saciedad y no es esa nuestra intención. En cualquier caso, sí podemos concluir que la mayor parte de las definiciones de racismo se refieren o bien a la forma de pensar de las personas o bien a su forma de actuar o bien a ambas, describiendo actitudes, ideologías, prácticas sociales... En este sentido, Taguieff (1988) categoriza el racismo en tres dimensiones:

  1. elaboraciones doctrinales e ideologías; 2) prejuicios, opiniones y actitudes; 3) conductas o prácticas (discriminación, segregación o violencia). Convenimos con Grossi (1999) en que uno de los acercamientos más acertados al estudio del racismo es el llevado a cabo por Wetherell y Potter (1992); un acercamiento cualitativo, realizado desde el análisis del discurso racista, habida cuenta de que, al fin y al cabo, el discurso está orientado hacia la acción, de tal forma que construye y determina la realidad. Para estos autores, el racismo ha de ser analizado en función de las prácticas y resultados ideológicos, dejando a un lado los contenidos ideológicos, que son caducos. Esta visión es lo suficientemente amplia como para no reducir demasiado el ámbito de estudio, inserta las prácticas discursivas dentro de un orden social existente (cuya función es legitimar) y en último término remite a las categorías argumentativas de tipo psicosocial, como las creencias, actitudes, etc. de las personas y los grupos, insertas en los propios discursos (Grossi, 1999). En general, desde la psicología social se ha estudiado el racismo con cierta rigurosidad, pero no ha sido una línea de investigación prioritaria; todo lo más ha llegado a ser estudiado de forma indirecta a través de las teorías, principalmente cognitivas y motivacionales, elaboradas para explicar el prejuicio, los estereotipos y la discriminación (Bourihs, 1994; Grossi, 1999). La mayor parte de los estudios psicosociológicos iniciales versaban sobre los prejuicios y los estereotipos (Adorno, 1950; Allport, 1954, etc. ). El propio Allport precisará que los prejuicios son «actitudes negativas o una predisposición a adoptar un compor- tamiento negativo hacia un grupo, o hacia miembros de ese grupo, que descansan sobre una generalización errónea y rígida». Tras múltiples estudios posteriores, hoy podemos ahondar un poco más en la definición de prejuicio, que podemos definir como un juicio preconcebido que se hace sobre una persona o un grupo, motivado por experiencias pasadas, a menudo basado en conocimientos insuficientes (será, por tanto, una distorsión del conocimiento). Los prejuicios proceden de la asunción, consciente o inconsciente, explícita o implícita, de la superioridad de la cultura mayoritaria o dominante (Villarreal y Wagman, 2001). En palabras de Myers (1991),

Estereotipos, prejuicios,

racismo y discriminación

1 Su introducción en los círculos académicos data de esa época, siendo Race and Racism (Benedict, 1942) una de las primeras obras que se refieren al racismo en los términos en los cuales se entenderá después.

la esencia del prejuicio es una actitud negativa injustificable hacia un grupo y los individuos que lo integran; este nos inclina en contra de una persona con base sólo en su identificación con un grupo particular. Las evaluaciones negativas que marcan el prejuicio pueden derivarse de asociaciones funcionales, la necesidad de justificar la conducta o de creencias negativas llamadas estereotipos.

Por tanto, cuando juzgamos a alguien basándonos en nuestra percepción del grupo al que pertenece, estamos creando un estereotipo que puede llegar a configurar un prejuicio. Aunque existen los estereotipos positivos, actualmente, en la mayoría de los casos, los estereotipos y prejuicios conllevan una actitud desfa- vorable. Las características del prejuicio estereotipado, según Lippmann (1964), son cuatro: 1) homogeneidad; 2) error antes que exactitud; 3) adquisición de segunda mano en vez de por experiencia directa; 4) resistencia a los cambios.

En general, los estereotipos más frecuentes están asociados con la raza, el sexo, la discapacidad o el lugar de procedencia. Es muy probable que el prejuicio racial sea el más habitual de todos.^2 Una buena forma de unir la definición de racismo con la de los estere- otipos ligados a una característica concreta es la que propone Serres (1995):

consiste en definir, considerar o tratar a alguien como si su persona se agotase en una de sus características, elegida o perseguida: eres negro o varón o católico o pelirrojo. El racismo se define simplemente como esta confusión, entre el principio de pertenencia o de inclusión y el de identidad.

En definitiva, no es otra cosa que el «rechazo al otro» lo que hace de un prejuicio «una forma elemental de racismo» (Wieviorka, 1992). Pero, además de a través del racismo, los prejuicios negativos y los estereotipos suelen manifestarse de otras dos formas concretas: la xenofobia y la discriminación. La primera de ellas hace referencia al odio a una persona percibida como extranjera. La discriminación,^3 por su parte, es definida por Allport (1954) como toda «conducta que niega el tratamiento de igualdad entre personas o grupos», mientras que en palabras de Wieviorka (1992) será «un trato dife- renciado en diversos ámbitos de la vida social», y, como indican Páez y González (1996), representa

una actitud diferencial con respecto a otro perteneciente a un exogrupo. Ese exogrupo a su vez es clasificado según prejuicios (evaluación que se realiza sin datos que puedan corroborarse) y estereotipos determinados (acerca de cómo es y cómo se comportará la persona).

La discriminación racial se produce cuando no se respetan los derechos de las personas pertenecientes a una etnia determinada. El párrafo 1 del artículo 1 de la Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial (1966), define la discriminación racial como

Toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública. Tanto el racismo, la xenofobia y la discriminación conllevan actitudes y acciones de intolerancia y rechazo a lo diferente, desembocan- do, no pocas veces, en la marginación y la exclusión social […] En los últimos años, los investigadores psicosociales sostienen que se ha producido un cambio importante en las formas de expresión del prejuicio hacia grupos minoritarios, de tal forma que se considera que las actitudes prejuiciosas son menos manifiestas; se habla entonces del «prejuicio sutil». De esta forma, tal y como explica Martínez Veiga (2001), las personas se cuidan muy mucho de aparecer como prejuiciosas ante los demás e incluso entre ellas mismas, porque el prejuicio está mal visto socialmente y manifestarlo abiertamente supone una trasgresión de la norma mayoritariamente aceptada. Sin embargo, el rechazo hacia el «otro» diferente y los estereotipos negativos de ciertos grupos siguen coexistiendo con una nueva forma de expresión del prejuicio: el prejuicio sutil. Esta es la característica más relevante que define el racismo en la actualidad […]. En cuanto a la fundamentación teórica que se ha venido haciendo sobre el racismo, Grossi (1999) clasifica las diferentes teorías al respecto en cuatro grandes grupos, que van desde los planteamientos más individuales hasta los más sociales, y que resumimos a continuación:

  1. Perspectiva de corte individualista: se analiza el racismo desde el agente racista. Sus máximos representantes serían los ya mencionados Adorno (1950) y Allport (1954).
  2. Perspectiva interindividual-intergrupal del racismo: al análisis centrado en el agente racista, se añade el análisis de los efectos directos sobre las relaciones interpersonales e intergrupales de sus motivaciones individuales socialmente situadas. Las teorías más representativas de este enfoque son la de la identidad social (Tajfel, 1981, 1982; Tajfel y Turner, 1985) y la de la auto-categorización (Turner, 1987).
  3. Perspectiva grupal: se estudian los conflictos de intereses de los grupos a partir de la interdependencia de intereses. La teoría más relevante de esta perspectiva es el modelo teórico del conflicto realista de grupo de Sherif (1961, 1966).

2 Para una completa revisión de las teorías sobre los prejuicios sociales, véanse, por ejemplo, las siguientes obras: Echevarría, Villarreal y cols., 1995; Pérez y Dasí, 1996; Rueda y Navas, 1996; Brown, 1998; Morales, 1999. 3 No podemos dejar a un lado el concepto de discriminación positiva , que es una medida especial adoptada con el fin exclusivo de asegurar el adecuado progreso de ciertos grupos raciales o étnicos, por lo que no habrá de considerarse como una medida de discriminación racial o discriminación «a la inversa».

Además de estas clasificaciones, distintos investigadores han desa- rrollado sus propias tipologías para catalogar el racismo según diferentes puntos de vista; así, Jones (1988) habla de racismo individual, institucional^6 y cultural; Taguieff (1988) distingue entre racismo primario, secundario y terciario.^7 En España destacan cla- sificaciones como las de Rueda y Navas (1996) o Pajares (1998).^8

Para terminar, creemos interesante mostrar la cruda, pero acertada visión que Dworkin (2000) hace de la discriminación racial, pues formula perfectamente tanto el sufrimiento que genera como la injusticia que supone toda clase de racismo:

la discriminación racial expresa desprecio y es profundamente injusta... es completamente destructora de las vidas de sus víctimas... no les priva simplemente de alguna oportunidad abierta a otros, sino que les daña en casi todos los proyectos y esperanzas que puedan concebir.

Este texto, con el título Racismo y Discriminación forma parte del capítulo "Racismo y exclusión social: el caso de los gitanos" (pp. 37-44) incluido en la fundamentación teórica del libro Erradica- ción del chabolismo e integración social de los gitanos en Avilés: investigación, evaluación y propuestas. Asturias: Universidad de Oviedo, Ayuntamiento de Avilés, 2004, elaborado por Esteban Agulló, Jorge Cabo, Mercedes Capa, Julio Rodríguez y Carolina Sánchez.

Agradecemos a la editorial y los autores el permiso para repro- ducirlo en este número de Gitanos, Pensamiento y Cultura.

Referencias:

Adorno, T.W. y otros (1950): The authoritarian personality. Nueva York: Harper and Row. Allport, G. (1954): The Nature of Prejudice. Reading: Addison-Wesley. Balibar, E. (1991): «¿Existe un neorracismo?», En Balibar, E.; Wallerstein, I. (eds.) (1991); Raza, Nación y Clase. Madrid: Iepala. Benedict, R. (1942): Race and racism. Londres: George Routledge and Sons. Bourish, R.Y. (1994): «Power, gender, and intergroup discrimination: some minimal groups experiments», en Zanna, M.P.; Olson, J.M. (eds.): The Psychology of Prejudice. Hillsdale, N.J.: Lawrence, Erlbaum and associates. Brown, R. (1998): Prejuicio: su psicología social. Madrid: Alianza. Dovidio, J.F.; Gaertner, S.L. (eds.) (1986): Prejudice, Discrimination and Racism. San Diego: Academic Press. Dworkin, R. (2000): Sovereign Virtue. The Teory and Practice of Equality. Cambridge, Massachussets: Harvard University Press. Echevarría, A.; Villarreal, M.; Garaigordovil, M.T.; González, J.L. (1995): Psicología social del prejuicio y del racismo. Madrid: Centro de Estudios Ramón Areces. Espelt, E.; Javaloy, F. (1997): Informe anual sobre el racismo en el estado español

1996. Barcelona: SOS Racismo. Flecha, R. (1994): «Racismo moderno y posmoderno en Europa: enfoque dialógico y pedagogías antirracistas», en Revista Española de Investigaciones Sociológicas (REIS) , vol, 94, pp. 79-103. Foucault, M. (1992): Genealogía del racismo. Madrid: La Piqueta.

Gómez, A.; Huici, C. (1999): «Racismo sutil y manifiesto y sus relaciones con la discriminación», en Revista de Psicología Social, vol, 14, pp. 159-180. Grossi, J. (1999): Racismo, una aproximación psicosocial. Oviedo: Eikasia, SLU. Jones, J.M. (1988): «Racism in black and white: A bicultural model of reaction and evolution», en Katz, P.A.; Taylor, D.A. (eds.) (1998): Eliminating Racism. Nueva York: Plenum Press. Katz, P.A.; Taylor, D.A. (eds.) (1988): Eliminating Racism. Nueva York: Plenum Press. Kleinpenning, G.; Hagendoorn, L. (1993): «Forms of racism and the cumulative dimension of ethnic attitudes», en Social Psychology Quartely, vol. 56, núm. 1, pp. 21-36. Lippmann, W. (1965): Public opinion. Nueva York: Free Press. Martínez Veiga, U. (2001): El Ejido, discriminación, exclusión social y racismo. Madrid: Asociación Los Libros de la Catarata. McConahay, J. (1986): «Modern racism, ambivalence and the modern racism scale», en Dovidio, J.; Gaertner, S. (eds.): Prejudice, discrimination and racism. San Diego: Academic Press. Memmi, A. (1994): Le racisme. París: Gallimard. Morales, J. (1999): «El estudio del prejuicio en Psicología Social », en Morales, J. (coord.) (1999): Psicología Social. Madrid: McGraw-Hill. Myers, D.G. (1991): Psicología social. Madrid: Panamericana. Newman, D. (1995): Sociology. Exploring the architecture of everyday life. Thousand Oaks: Pine Forge Press. Páez, D.; González, J. (1996): «Prejuicio: concepto y nociones diversas», en Blázquez Ruiz, F.S. (dir.) (1996): 10 palabras sobre racismo y xenofobia. Navarra: Verbo divino. Pajares, M. (1998): La inmigración en España. Barcelona: Icaria. Park, R. (1950): Race and culture. Glencoe, III: The Free Press. Pérez, J.A.; Dasí, F. (1996): «Nuevas formas de racismo», en Morales, J.; Olza, M. (coords.): Psicología social y trabajo social. Madrid: McGraw-Hill. Petrova, D. (2001): «La negación del racismo», en Gitanos, Pensamiento y Cultura, vol. 10, pp. 40-49. Rueda, J.F.; Navas, M.S. (1996): «Hacia una evaluación de las nuevas formas del prejuicio racial: las actitudes sutiles del racismo», en Revista de Psicología Social, vol. 11, núm. 2, pp. 131-149. Serres, M. (1994). Atlas. Madrid: Cátedra. Sherif, M. (1966): In Common Predicament: Social Phychology of Intergroup Conflict and Cooperation. Boston: Houghton Mifflin. Silbony, D. (1987): Le «racisme» ou la haine identitaire. París: Christian Bourgois. Taguieff, P.A. (1988): La Force du préjugé. Essai sur le racisme et ses doubles. Paris: La Decouverte. Tajfel, H. (1981): Human Groups and social categories. Cambridge: Cambridge University Press. Tajfel, H. (1981): «Social Psychology and intergroup relations», en Annual Review of Phychology , vol. 33, p. 1-39. Tajfel, H.; Turner, J.C. (1985): «The social identity theory of intergroup behavior», en Worchel, S.; Austin, W.S. (eds.) (1985): Psychology of intergroup relations. Chicago: Nelson Hall. Turner, J.C. (1987): Rediscovering the social group: Self-categorization theory. Oxford: Blackwell. Villarreal, F.; Wagman, D. (2001): Gitanos y discriminación: un estudio trans- nacional. Madrid: Fundación Secretariado General Gitano. Wetherell, M.; Potter, J. (1992): Mapping the Language of Racism. Discourse and the Legitimation of Exploitation. Nueva York: Harvester Wheatsheaf. Wieviorka, M. (1992): El espacio del racismo. Barcelona: Paidós.

6 Sobre el racismo de Estado, puede consultarse el libro, ya clásico, de Foucault, Genealogía del racismo (1992). 7 No nos detendremos a analizar cada una de las clasificaciones por no ser este el lugar indicado para ello. 8 Rueda y Navas (1996), a partir de un estudio sobre el prejuicio en nuestro país, distinguen entre personas igualitarias, fanáticas y sutiles. Pajares (1998), por su parte, propone la distinción entre racismo de Estado, racismo político, racismo institucional y racismo social.

E

ste proyecto se desarrolla en dos sesiones formativas, de tres horas cada una, con chicos y chicas de 14 a 18 años, trabajando sobre las siguientes campañas de publicidad los estereotipos y contenidos que se denuncian en las mismas o sobre los que buscan sensibilizar: ■ Esto no es un cuento. Campaña del Instituto Asturiano de la Mujer del Principado de Asturias (www.estonoesuncuento.com) ■ Vivo en un país. Campaña de la ONCE de apoyo a la inserción de personas con discapacidad. (www.once.org)

Apoyo a la mujer inmigrante y Campaña de sensibilización sobre los niños soldado. Cruz Roja Española. (www.cruzroja.es) ■ Conócelos antes de juzgarlos. Campaña de la Fundación Secre- tariado Gitano. (www.fsgg.org) ■ España cada día es más diferente. Campaña de ACCEM (Asociación Comisión Católica de Migración). (www.accem.es) ■ Campaña de denuncia de la tortura y campaña de Control de armas , de Amnistía Internacional. (www.es.amnesty.org) ■ Por la diversidad, contra la discriminación. Campaña del Programa de Acción Comunitario de lucha contra la discrimi- nación de la Comisión Europea. (www.stop-discrimination.info) El profesorado y el centro trabajan previamente los conceptos que se van a tratar, realizando pequeñas dinámicas en el aula y colocando diferentes carteles y materiales de las campañas en las instalaciones educativas. En sesiones de dos horas y con los grupos previamente pactados con el centro, se aborda la discriminación desde las diferentes campañas de publicidad seleccionadas.

Experiencias

Rompiendo estereotipos

a través de la publicidad

Completamos este Dossier con una interesante iniciativa que está desarrollando el equipo

de Juventud de la FSG en Asturias con la colaboración del Gobierno del Principado: un

proyecto de sensibilización en centros escolares de Secundaria, cuyo principal objetivo es

atajar los estereotipos y prevenir conductas de rechazo y discriminación.

Para ello utiliza como medio el soporte gráfico de diferentes campañas de publicidad de ONG

y entidades del ámbito social (entre ellas, la campaña "Conócelos antes de juzgarlos" de la

FSG).

  • El profesorado y el centro

trabajan previamente los

conceptos que se van a tratar,

realizando pequeñas dinámicas

en el aula y colocando diferentes

carteles y materiales de las

campañas en las instalaciones

educativas