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Libro pdf de entre visillos para leer para 2 de bach esta en pdf
Tipo: Resúmenes
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Subimos juntos al tren, pero Natalia se bajó en seguida. Era casi la hora de la salida. Julia y yo nos asomamos para verla desde el pasillo, en dos ventanillas contiguas. Estaba de pie muy quieta en el andén y nos miraba alternativamente, sonriendo. Luego bajó los ojos. El andén estaba casi desierto. Empezaba a levantar un poco el día. Sonó una campana y el tren arrancó. —Adiós —dijo Natalia, cogiendo la mano que su hermana le tendía. Yo también saqué la mano y se la di. Empezó a andar un poco con nosotros al paso del tren, siempre mirándonos y sonriendo. Me miraba a mí, sobre todo, los ojos llenos de luz en la pequeña cara, subido el cuello del abrigo. —Que tenga suerte —le dije, agitando el brazo. Ella echó casi a correr, porque el tren iba más de prisa. —Pero usted vuelve, ¿no? —Oye, a Mercedes le he dejado una carta encima de la cama —dijo la hermana, de pronto, con urgencia—. Creo que la verá, pero si no la ve, dásela tú. —Bueno... El tren ya iba a rebasar la pared de la estación. Natalia corría con cara asustada. —Vuelve usted después de las vacaciones, ¿verdad...? A ver si no vuelve —dijo casi gritando. No le contesté ni que sí ni que no. Seguí diciéndole adiós con la mano, hasta que la vi pararse en el límite del andén, sin dejar de mirarme. Se le caían las lágrimas. —Adiós, adiós... Habíamos salido afuera. Sonaban los hierros del tren sobre las vías cruzadas. Con la niebla, no se distinguía la Catedral.
Que estudie en el salón. Que por qué esa manía de estudiar en mi cuarto con lo frío que está, que ellas no me molestan para nada. Por no discutir con la tía no le he dicho que no claramente, y he pensado que ya iré escampando como pueda. En el salón no es que se esté mal. Por las mañanas, vaya. Me han puesto una camilla pequeña al otro lado del biombo, y como el biombo es grande, me puedo aislar bastante bien. Lo malo es por la tarde, cuando vienen visitas, esas horas desde que salgo del Instituto hasta que cenamos, que son tan gustosas para escribir el diario y copiar apuntes. A lo primero creía que ni me verían las personas que entrasen por lo larga que es la habitación, pero en seguida lo noto, que están mirando para la luz de mi lámpara, como si quisieran curiosear lo que hay al otro lado de la ventana desconocida. Les oigo el mosconeo de lo que hablan, y no me importaría nada, si estuviese segura de que no estaban hablando de mí, pero me entra la impaciencia de estar siendo vigilada y entonces me distraigo y me pongo a atender a lo que dicen; y resulta que sí, que casi siempre están hablando de mí, más tarde o más temprano. Cuando no acaban por llamarme, salgo yo porque no aguanto más y prefiero que me vean y se quedan tranquilas de una vez. Dice tía Concha que no ponga esa cara de mártir cuando me están hablando y preguntando cosas, que no ve ella que me vaya a pasar nada por alternar un poco con la gente. —Tú serás un pozo de ciencia, no lo dudo —me ha dicho—, pero a los dieciséis años y un buen pico, resulta que no sabes ni saludar, y, vamos, digo yo que tampoco es camino. a) ¿Quién es el narrador de este fragmento? Caracterízalo. (1) b) Identifica y define los otros narradores de la obra (1) c) Relaciona el fragmento con el título de la novela.(1) d) ¿A qué generación literaria pertenece la autora? Enumera al menos tres características de la misma y dos autores pertenecientes a la misma generación (1) e) Explica la situación de la mujer en la España de los años 50 a través de los siguientes personajes: Gertru, Julia, Elvira y Mercedes (1)