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Asignatura: Analisis de politicas publicas, Profesor: , Carrera: Ciències Polítiques i de l'Administració, Universidad: UV
Tipo: Apuntes
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Tema 1: los antecedentes del estado de bienestar
La conjunción del pensamiento revolucionario francés junto con la filosofía alemana marcan las coordenadas dentro de las cuales surge el Estado social. Este horizonte intelectual descansa sobre la revolución política y la revolución industrial. Las consecuencias sociales del primer capitalismo industrial que, pese a la restauración absolutista, se expandió a gran velocidad por Europa, en la que por doquier persistían ascuas incandescentes de la gran revolución francesa.
Junto al marco ideológico que han ido configurando, tanto la revolución política como la industrial, el factor decisivo en el nacimiento de los movimientos sociales que cuestionan el orden vigente, es la miseria en la que se precipitará el nuevo proletariado industrial urbano. Lo nuevo es que ahora provoque una indignación creciente en amplios sectores sociales, debida en gran parte a que la miseria que trae consigo la primera industrialización, entre 1820 y 1860, en muchos aspectos supuso incluso un retroceso considerable en relación con la vida en la Europa prerrevolucionaria. La indigencia no era un fenómeno nuevo, pero sí el empleo del liberalismo de dejar sólo al mercado la distribución de la riqueza. Con el fin de disponer de la mano de obra creciente que se necesitaba, la nueva política liberal capitalista suprimió las medidas dirigidas a paliar la pobreza. La revuelta social estalla cuando se ha producido un descenso fulminante del nivel de vida, y no tras largas etapas de miseria que sumergen a la población en una apatía muy difícil de superar.
La política social del absolutismo:
No se trata tanto de suprimirla, algo que se reputa imposible, como de aliviar a la persona en el momento que más lo necesita:
A partir del S XIV, con el rápido desarrollo de las ciudades, promovido por un capitalismo comercial incipiente, nos encontramos con las primeras instituciones no eclesiásticas de ayuda a los pobres. Ciudadanos piadosos fundan hermandades para organizar la caridad, y la pertenencia a los gremios supuso ya una primera forma de ayuda social. De esta forma, las órdenes mendicantes nacen en las ciudades. La responsabilidad social pasa de la Iglesia a las instituciones civiles, privadas o públicas, sobre las que recae el deber de organizar la economía, de forma que cada cual tenga un trabajo del que pueda vivir dignamente.
Luís Vives:
En la aurora de la Modernidad, el principal teórico de una política dedicada a paliar la pobreza es Luís Vives. Vives es el autor de un libro que se ocupa de los pobres en la ciudad de Brujas. Consta de dos partes, de las cuales en la primera trata del deber individual de ayudar a los pobres. Vives recoge la doctrina tradicional sobre la pobreza, aunque matizada ya con elementos propios de los nuevos tiempos.
domésticas. Vives propugna una educación particular para cada sexo, aunque las virtudes que la escuela debe transmitir a los pobres de ambos son templanza, docilidad y sobre todo castidad. La escuela empezó siendo obligatoria para los más pobres, en la que se educaba en una recia disciplina, que reprimiera los instintos, en primer término, el sexual.
La primera regla de una política para pobres es instruir y, como medida complementaria indispensable, castigar con dureza a los que, pudiendo trabajar, traten de librarse, recurriendo a la mendicidad o a la delincuencia. Las autoridades han de tener “potestad para obligar, compeler y aun poner en prisión” a los que se resistieren. Ayudar al que lo necesite y reprimir al que, sin tener medios de subsistencia, pretenda librarse de la disciplina social del trabajo.
La lucha contra la pobreza, además de mejorar la salubridad de las ciudades y disminuir la delincuencia, si además provee a todos del mínimo necesario, el resultado es, en suma, la concordia entre los ciudadanos. Salud, seguridad y concordia son los frutos de una política correcta con los pobres. Vives presenta sus propuestas como las idóneas de un buen gobierno que beneficia a todos, pobres y ricos.
La pobreza plantea dos dificultades:
donaciones a los pobres no se perdieran entre las manos de los que las administran, ni se desviara con tanta facilidad lo que se destina a hospitales y hospicios.
Si además la ciudad dejase de gastar en “solemnes convites, regalos, dádivas, fiestas anuales y pompa” se tendría más que suficiente.
Vives entiende que dos grupos se opongan a la política social que propone:
En Vives encontramos los elementos que integran la nueva política social en los siglos XVII y XVIII:
Desde el siglo XIV las vías que se mencionan para combatir la pobreza son trabajo y educación, no muy distintas de las que hoy se predican.
En suma, son tres los caracteres que conviene retener de la primera política social que se inicia con el despegue de las ciudades:
“policía del bienestar”, que evite los procesos de descomposición interna que traería consigo el que se tolerase la pobreza.
El fin principal del Estado, debe ser garantizar la seguridad, tanto en el exterior, como en el interior. Esto se logra cuando la población haya superado la pobreza. La política social de bienestar se revela así la más importante de las que competen al Estado.
El liberalismo arremete contra el cameralismo, subrayando los muchos recortes de la libertad que conlleva. A finales del XVIII el afán de libertad política es el argumento más convincente en contra del cameralismo. En la lucha contra el absolutismo, la libertad política pasa a un primer plano, unida a la económica, de modo que ambas se refuerzan mutuamente, aunque se bifurcan en el momento en que se constata que la libertad política favorece también a la nueva clase obrera.
La segunda mitad del siglo XIX se caracteriza por una oposición crítica al liberalismo, tanto desde la socialdemocracia obrera, que aspira a un orden social nuevo, como por los que piensan que el capitalismo con todas sus ventajas sólo podrá mantenerse a la larga, si resuelve la tan explosiva “cuestión social”, es decir, si consigue construir un Estado social.
La experiencia liberal británica
Contexto: Reino Unido se adelanta en la revolución política, y ya a finales del siglo XVII logra que prime el Parlamento sobre la Corona. Además implanta nuevas técnicas de producción en el campo, lo que ayuda a la revolución agraria.
El siglo XIX es el gran siglo inglés. Hundidas las armadas francesa y española en Trafalgar, Reino Unido domina los océanos, lo
que le permite monopolizar el comercio internacional, a la vez que consolida en tres continentes el mayor imperio colonial de todos los tiempos.
El régimen parlamentario británico había dejado un amplio margen a la libertad individual de la clase dirigente, sin cercenar por ello el poder político y económico de la aristocracia terrateniente. Con la “revolución industrial” las cosas cambiaron por completo. Por un lado, impulsa el crecimiento de una clase media, en la que un rápido enriquecimiento de sus peldaños más altos, la alta burguesía industrial y financiera, ayuda a expandir una nueva clase media de profesionales dependientes o autónomos, a la vez que fomenta una clase nueva, el proletariado urbano, acorralado en una situación de mera supervivencia. Para la aristocracia, la nueva sociedad emergente se caracteriza, tanto por la presencia de personas que acumulan fortunas enormes, como por una monstruosa miseria en los nuevos centros urbanos que brotan alrededor de las fábricas, siendo todavía en la primera mitad del siglo XIX una sociedad rural.
Los profundos cambios operados en la sociedad británica amenazaban directamente a la oligarquía aristocrática dominante, por lo que no que quedó otra opción que enfrentarse a la defensiva a unos sectores medios y proletarios que, cada día con mayor pujanza, reclamaban la ampliación del voto. Los sectores sociales más desposeídos preferían la antigua sociedad rural, con sus sistemas parroquiales de protección, a la sociedad industrial emergente que los encerraba en guetos miserables. Entre el proletariado surgió un afán de insumisión y revuelta que, sofocado de manera brutal, al final tuvo que reconvertirse en una resistencia solidaria, como la que se materializa en las “uniones profesionales”. Los cambios que se dieron al pasar de una sociedad rural a una industrial:
La nueva ley de pobres de 1834 elimina los subsidios y ayudas de los siglos anteriores, con el argumento de que cualquier apoyo al indigente le aparta del trabajo.
El liberalismo se impone a mediados del siglo XIX, tanto en la teoría como en la práctica, pero, desaparecidas las medidas protectoras, la situación de la clase obrera ha empeorado muchísimo. Un mercado de trabajo, libre de cualquier restricción, lejos de garantizar un salario digno para todos, no hizo sino aumentar la miseria de los nuevos proletarios, la mayoría sin trabajo, y los que lo conseguían, por aceptar salarios que apenas permitían la supervivencia individual. Pero esta misma industrialización causante de tanta miseria, a medio plazo impulsa un crecimiento económico inusitado que, en los dos últimos decenios del siglo XIX, propicia una mejoría notable de la clase obrera. La cuestión es si el liberalismo por sí solo habría desarrollado esta dinámica, o la mejoría se habría debido, en primer término, a las luchas de las organizaciones obreras, apoyadas por la política social que pusieron en marcha los sectores más avanzados de las clases medias.
Jeremy Bentham
Pese a pertenecer a una generación posterior, tiene en común con la cameralística un mismo afán por reformar la legislación y la administración de justicia, en las que detectan un mismo fondo irracional de procedencia feudal.
Padre del utilitarismo, Bentham rechaza la existencia de un instinto moral que permita distinguir lo bueno de los malo, así como cualquier otro fundamento metafísico de la moral, con lo que no habría diferencia alguna entre la norma ética y la jurídica. El axioma fundamental en que se basa todo su sistema – la mayor felicidad del
mayor número es la medida de los justo y de los injusto – supone fusionar la ética en el derecho.
Impedir que perjudiquemos a los demás es el objetivo fundamental del derecho, pero también de la religión y de la opinión de los demás. Bentham llama sanción a estos tres procedimientos de control social:
La adaptación a circunstancias siempre cambiantes se hace con la aplicación concreta de la norma. La jurisprudencia es la vía principal que lleva a la reforma legal. Bentham huye de la vaguedad de los principios generales del derecho, con el afán de sistematizarlo en normas concretas conexas entre sí. De ahí que considere la cosificación de las leyes un paso fundamental de racionalización.
En el ámbito político, al centrar su máxima preocupación en impedir los abusos de autoridad, fue donde Bentham logró un mayor impacto. El gobierno representativo de la mayoría elimina el peligro de que se deje llevar por su interés particular, y reduce los abusos de autoridad. A este gobierno representativo Bentham le asigna cuatro fines: ocuparse de la subsistencia de los más pobres, favorecer el bienestar del mayor número, procurar la seguridad de todos y tender a la igualdad, con lo que enumera las metas que luego se van a establecer del Estado social.
Revuelta y represión
político, con la creación del partido laborista, ya a comienzos del siglo XX.
Se inicia una etapa de reformas, con el liberal Lord Grey, de la que la más demandada era una nueva ley electoral.
La nueva ley electoral no se aprobó hasta el 4 de julio de 1832. El mayor logro es haber modificado los distritos electorales que, pese a los grandes desplazamientos de población que causó la revolución industrial, habían permanecido inalterados. Una segunda modificación es el derecho al voto individualizado , que obtuvieron los varones mayores de edad, que pugnasen un alquiler anual de al menos diez libras. Hasta 1928 no se alcanza el sufragio para todos los varones mayores de edad, y hasta 1928, no se incluye a las mujeres.
El cartismo
El que la clase obrera quedase fuera del sistema político pone en marcha el movimiento social que se conoce como “cartismo”. Este movimiento desde el primer momento estuvo dividido entre una línea moderada, que puso su énfasis en las reivindicaciones laborales, y otra más política y violenta, que organizó manifestaciones multitudinarias, recurriendo incluso a la huelga general como forma de presionar a favor del sufragio universal masculino, el voto secreto, el sueldo para los parlamentarios, igualdad de los distritos y elecciones anuales. Del Estado social depende que se tenga una democracia representativa.
El estado social hasta 1914
En el siglo de desarrollo y consolidación del Estado social cabe distinguir tres etapas, la primera va desde los años ochenta del XIX hasta la primera guerra mundial; la segunda abarca el periodo de
entreguerras, incluidas las dos guerras mundiales, y la tercera, desde 1945 a finales de los años setenta.
El crecimiento económico vertiginoso con el emerger de grandes sociedades anónimas, que junto a una segunda revolución tecnológica, química y eléctrica, inauguran una nueva etapa del capitalismo. De 1850 a 1882 el número de obreros industriales pasa en Alemania de 800.000 a 6 millones.
Junto a la unificación de Alemania en el segundo Reich, con el desarrollo cultural y económico que la precede y que luego impulsa, hay que mencionar en política exterior la preocupación de Bismarck por mantener la paz, manejando con destreza el riesgo de una coalición de Inglaterra, Francia, Austria y Rusa. Y por lo que respecta al interior hay que mencionar que se están sentando las bases del primer estado social.
A partir de 1873, una fuerte depresión económica entierra la euforia y puso a prueba, tanto la creencia liberal de que el mercado se regula a sí mismo, como la socialdemócrata de que el obrero pudiera salir de la explotación por sus propias fuerzas. La política se polariza entre los defensores de la libertad económica, y los que se inclinan por distintas formas de intervención estatal. Esta última opinión era la que prevalecía entre los terratenientes, que exigían aduanas altas para competir con los cereales rusos, pero también entre una parte creciente de la industria, que reclamaba también gravámenes para el acero y la maquinaria de origen británico.
Friedrich List
Defiende las tesis de que el librecambio y proteccionismo son variables que deben aplicarse según la fase en que se encuentre la economía, al principio de un proceso de industrialización, o ya en
el Estado el que intenta ahora supervisar a las iglesias. La reacción de la iglesia católica fue resoluta y contundente, en connivencia estrecha con el Estado prusiano. Para poner fin a la “lucha por la cultura” no hubo otro remedio que reconocer de facto la autonomía de la iglesia católica. Así mismo Bismarck estaba interesado en poner fin al enfrentamiento, tanto porque se convenció de que no podría conseguir más de lo obtenido, como por estar planeando una operación de gran envergadura contra la socialdemocrácia, enemigo que a la larga temía mucho más que a la iglesia católica, y cuyo apoyo necesitaba para llevarla adelante.
Bismarck defendía a ultranza que el Estado es la única fuente de hacer derecho, principio básico al que debe también estar sometida la iglesia, mientras que ésta, de ningún modo, estaba dispuesta a renunciar a su idea del derecho natural, al que el derecho positivo habría de supeditarse.
En el fondo, domeñar al partido católico “centro” que empezaba a desempeñar un papel crucial entre el partido conservador que Bismarck dirigía, y el liberal en la oposición, era el objetivo que de verdad le importaba en el combate con la iglesia. Había que contrarrestar la influencia política de un partido confesional, que a diferencia de los establecidos, no representaba a una clase. El centro católico tenía la peculiaridad de incluir personas de todas las clases sociales, desde la aristocracia al proletariado, unidas únicamente por una misma creencia. El “centro” católico fue el inventor del partido interclasista de nuestro tiempo.
Bismarck alcanzó el primer objetivo, remozar las relaciones con la iglesia, pero no el segundo, desgastar al partido católico.
Esta revisión de la “lucha por la cultura” deja constancia de que la educación en Alemania no forma parte de la política social,
cuestión en líneas generales resuelta antes de que Bismarck emprendiese la ardua tarea de sentar las bases de un estado social. Los gastos de educación en Alemania no se considera, como en otros países, parte del gasto social.
Lassalle
Lassalle, agitador social y organizador del movimiento obrero, funda la Asociación General de Trabajadores Alemanes, embrión de lo que será el partido socialdemócrata alemán (SPD). Lassalle fue elegido presidente por 5 años para aquella primera asociación obrera a escala nacional.
De Marx tomó la mayor parte de sus ideas, la índole contradictoria del capitalismo, la lucha de clases, el empobrecimiento progresivo del proletariado, el destino emancipador de la clase obrera que, al ser la última en el eslabón, su liberación implicará la de toda la humanidad.
El principal punto de desavenencia entre Marx y Lassalle, que dividió al movimiento obrero durante largos decenios es la opuesta valoración del Estado. Lassalle permanece fiel a la tradición Hegeliana y considera el Estado el principal valedor en la reivindicación de los derechos de la clase obrera, de modo que sin su apoyo no podría integrarse social ni políticamente. De ahí que el objetivo de ningún modo pueda consistir en destruir al único aliado posible, sino que, la tarea principal sería conquistarlo. Para esto el proletariado dispondría de una sola arma, el sufragio universal. Una vez logrado, ya sería cuestión de tiempo llevar a delante por medios legales las reformas sociales y económicas que transformasen al capitalismo en un nuevo orden social, mas igualitario y eficiente.
socialismo “el Estado no puede ser otro que la dictadura revolucionaria del proletariado”.
Dentro de las exigencias concretas del programa aprobado en Gotha, la reivindicación principal es el “sufragio secreto y obligatorio de todos los mayores de 20 años” en todas las elecciones estatales y municipales. A esta siguen otras exigencias: eliminación de todas las leyes especiales que limiten la libertad de expresión, asociación o reunión; educación pública obligatoria y gratuita en todos los niveles; “consideración de la religión como una cuestión privada”; un impuesto progresivo sobre la renta que sustituya a los diversos impuestos indirectos; una jornada laboral “de acuerdo con las necesidades de la sociedad”; prohibición del trabajo infantil y el que resulte nocivo a las mujeres; leyes protectoras de la vida y la salud de los trabajadores; inspección de minas, fábricas y talleres por inspectores elegidos por los trabajadores.
La política de palo y zanahoria
La propuesta revolucionaria de la socialdemocracia inspirada por Marx, por una parte daba coherencia teórica y una identidad sólida al movimiento obrero, por otra, movilizaba a las demás clases sociales, en particular, a las más ligadas al orden social establecido, que percibían a la política obrera como una amenaza que había que eliminar a cualquier precio. La comuna parisina de 1871, que hubo que aplastar con la fuerza de las armas, servía de aviso de lo que podía significar una rebelión proletaria. Bismarck está convencido de que la solución consiste en incluir a la clase obrera en el Estado nacional, pero en los partidos políticos advierte un fuerte rechazo a cualquier política activa de integración de la clase obrera. Una vez que comprueba que no se avanza en la integración de la clase obrera en el Estado nacional, decide cortar por lo sano ante la rápida expansión de un partido obrero que ha conseguido fusionar las dos
facciones enfrentadas. En octubre de 1878 lleva al parlamento las “leyes antisocialistas” que ilegalizan al partido socialdemócrata y demás asociaciones vinculadas a él. El brazo político del movimiento obrero alemán sobrevive en la clandestinidad sin grandes dificultades, máxime cuando no se disolvió el grupo parlamentario socialista al no poder ser removidos los diputados, sin llevar a cabo modificaciones sustanciales en la Constitución. Ello tuvo una consecuencia: las “leyes antisocialistas” trasladaron la dirección de los órganos democráticos internos al grupo parlamentario, eliminando la anterior prohibición de que pudiera tener contacto con la base. El poder quedaba en una minoría, instalada en el parlamento al margen de la militancia, que fortalecía su posición en la medida en que en sucesivas elecciones aumentaban los votantes.
Un partido en la clandestinidad, además de radicalizar el mensaje, fortalece jerarquías autoritarias internas a costa de los órganos democráticos. Las “leyes antisocialistas” parecían aniquilar la tesis lassalliana de que a la larga el Estado seria el mejor aliado de la clase obrera.
Para frenar la expansión de las ideas socialistas, además de la represión, Bismarck propone una amplia política social, iniciativa que contaba con el apoyo entusiástico de la gran industria. Por fin podía poner en marcha la política de “palo y zanahoria”. En 1881, el emperador Guillermo I anuncia en el parlamento el proyecto de un Estado social. Esto fue un gran triunfo que se aceptase que el estado impusiera la obligatoriedad del seguro de enfermedad o de vejez. En 1883 se establece el seguro de enfermedad obligatorio para los obreros, financiado a medias por ellos y por los patronos, cuyas prestaciones se orientan, no por las necesidades, sino por las contribuciones que hubieran hecho, todo ello gestionado por las compañías autónomas. En 1884 siguió el seguro de accidente en el trabajo, que impulsó la gran industria con el fin de librarse, después