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monografia sobre la eutanasia etica y reumen
Tipo: Monografías, Ensayos
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EUTANASIA REDACCION TECNICA Y CIENTIFICA
Función cultural de la muerte Los conceptos culturales que giran en torno al “suicidio” parecen tener una conexión directa con el afrontamiento humano hacia el sufrimiento, ya sea del tipo físico, espiritual o cultural. Es decir que la eutanasia en un principio no era únicamente una medida médica frente a las dolencias producidas por una patología o un infortunio, sino que pertenecía a los preceptos de distintas culturas y funcionaba en diversos contextos, ya sea como un martirio o cómo un mecanismo de acción política. La muerte atraviesa directamente el proceso evolutivo de la historia humana, al punto de considerarla finalmente como la esencia fundamental de la vida humana, siendo su consciencia ante la mortalidad su aspecto distintivo frente a las demás formas de vida con las que convive. “El humano es el único animal consciente de su mortalidad, y esta consciencia causa una tremenda cantidad de ansiedad” (The End of Death: Further Conversations with Jason Silva. Ian Mackenzie -6/8/2009, Matadornetwork-). Por lo que esta consciencia del humano frente a su finitud implica que se verá constantemente afectado moralmente frente a su padecimiento. Pero el concepto de suicidio es sencillamente subyacente al de eutanasia, ya que en términos generales no es socialmente aceptado que una persona decida terminar con su vida sin padecer necesariamente de una dolencia terminal, atribuyendo a este deseo como parte de un sufrimiento más abstracto el cual resulta imperativo resolver por medios menos invasivos. Debate social y moral. Por otra parte, es posible tomar una perspectiva demográfica sobre el contacto humano con la vida y la muerte, llegadas las argumentaciones utilitaristas negativas del antinatalismo, las cuales insisten en las concepciones éticas alrededor de la procreación y la prolongación de la vida. Lo cual resulta polémico en múltiples aspectos morales y religiosos en cuanto se trata de valorar la vida humana, o la vida en general en todo caso. Es por esto que la eutanasia juega un papel tan importante en el mundo clínico, ya que sus implicancias giran en torno a una perspectiva moral en la que se valora una estructura demográfica superpoblada y constantemente afectada por incontables formas de sufrimiento y carencias más que la voluntad individual de un sujeto en cesar con el sufrimiento propio. Sin embargo, esto no justifica en ningún sentido una eutanasia normalizada y arbitraria, su concepción dentro de la medicina implica que siempre que las circunstancias lo demuestren y se enfatice en el consenso del afectado terminal (o de su familia en un caso de pérdida de la consciencia), se pueda acabar con ese sufrimiento de la manera más indolora posible. Si bien esto puede ser a petición del paciente mismo o de su familia, funciona de acuerdo en la aceptación de la condición terminal de una persona y su derecho a morir, sin intención de tener que adelantar el proceso natural de la muerte del afectado. La distanasia, por otro lado, es el antónimo directo a la eutanasia, en la cual se recurren a todos los medios necesarios para prolongar la vida de un paciente artificialmente a pesar de entender su condición terminal, lo cual resulta en el empleo de medios terapéuticos extraordinarios para aliviar el dolor y retrasar el advenimiento de la muerte. Es por la existencia de estas alternativas que el concepto de la eutanasia resulta tan controversial en términos éticos, ya que a diferencia de la ortotanasia y la distanasia la eutanasia funciona de manera activa en producir una muerte artificial, contradiciendo los procedimientos estandarizados dentro de la institución de salud en relación a los pacientes terminales. EUTANASIA REDACCION TECNICA Y CIENTIFICA
Una vez determinada la voluntad del paciente en relación a su situación de salud, se recurre a un “derecho a morir” por parte de un expreso deseo propio del mismo hacia su vida. En este mismo derecho se especifica que en casos de racionalidad el paciente tiene derecho a elegir la manera en que se pueda continuar o no dicho tratamiento, es decir su voluntad de autodeterminación influye directamente en las concepciones hipocráticas de sus doctores. Asumiendo en un principio que el deber-ser de la institución de salud en este tipo de casos consistiría en favor de una supuesta ortotanasia, existen diversos contextos en los que la persona afectada, al ser dueña de su cuerpo como propiedad, exige o insiste en el uso desmedido de los recursos con la intensión de una distanasia u eutanasia, dependiendo el caso. Son estos contextos extremos en los que el concepto de un derecho a la vida en contraste a la propuesta del derecho a la muerte entra en conflicto, debido a que se ponen en tela de juicio los valores humanos respecto a las extensiones de la voluntad personal dirigidas a las percepciones sobre el sufrimiento y los padecimientos patológicos y terminales. La eutanasia, ya sea como concepto o como práctica médica, sigue sujeta a debate desde mediados del siglo pasado hasta la actualidad. Esto se debe a que en un principio la eutanasia activa se contradice directamente con aspectos fundamentales del juramento hipocrático, en el que se especifica que el cuerpo médico jamás deberá acceder a implementar tratamientos letales de ningún tipo incluso si el mismo paciente lo suplica. Si bien esta falta de sugerencia a decisiones terminales sobre la condición de una persona respecto a su salud desalienta la percepción del mismo en relación a su proceso de no-rehabilitación, el juramento hipocrático demuestra ser flexible en cuanto se trata de adaptarse a las corrientes histórico-políticas y su correspondiente evolución. Es decir que el mismo no tiene obligación como tal de fomentar o normalizar la eutanasia, pero eso no implica una falta de consideración del contexto a casos específicos en los que la terminación del sufrimiento de una persona resulta éticamente óptimo una vez manifiesto el deseo del paciente hacia su propia muerte. Estos casos específicos giran en torno a una serie de evidencias clínicas que aclaran que la prolongación de la vida de una persona sólo producirá dolores y padecimientos que objetivamente llevarán a una conclusión agonizante, es por esto que junto a estas evidencias también influye la percepción del afectado sobre esa creciente agonía y su derecho a elegir voluntariamente el procedimiento que tomará la institución a raíz de ello. EUTANASIA REDACCION TECNICA Y CIENTIFICA
Procesos históricos y religiosos. La eutanasia pasiva como tal solamente se rige por un carácter legal y funcional, ejerciendo una especie de auto-negligencia por parte del paciente con “deseo a morir”, lo cual marca una diferencia notable con el ritual de salekana, el cual toma como una de sus transgresiones cualquier tipo de deseo, incluido aquel hacia la muerte. Por otro lado, la practicidad de la ortotanasia únicamente implica una libertad a morir en la que los doctores y enfermeros se desvinculan ante todo tipo de responsabilidad frente la vida de un paciente, respetando cierto curso natural del proceso de muerte y la libertad del sujeto. Pero este desapego no marcaría más que otra contradicción con el juramento hipocrático, en el que se especifica un especial respeto hacia la vida humana. Si bien la contradicción no lo es todo en el proceso de ortotanasia, donde hay un claro respeto hacia la libertad del ser humano y en lo inevitable de la muerte, bajo las mismas condiciones la eutanasia activa tendría el mismo valor en considerar este respeto hacia el paciente, ya que no viola en sentido alguno la concepción moderna del juramento hipocrático. Controversias destacables. Expuesto anteriormente se aclara como la ortotanasia aparenta ser el punto medio entre eutanasia y distanasia, pero en cuanto se refiere a condiciones de legalidad la distanasia es un procedimiento estandarizado mientras que la eutanasia activa se encuentra bajo el prejuicio de la moralidad y apenas se roza con la legalidad. Si un doctor pretendiese ser objetivo respecto a la libertad de un paciente en estado terminal, quedaría bajo el criterio de permitirle elegir entre esas tres opciones, ya que, para poder ejercer el adecuado respeto hacia el paciente, resulta necesario informarle y educarlo respecto a estos procedimientos siempre y cuando la ley lo permita. Por lo que el problema con la eutanasia no consiste en el desafío que presenta ante la moralidad del cuerpo clínico, sino a lo que el gobierno le conviene respecto a la libertad de sus ciudadanos. Porque en el juramento hipocrático está claramente especificado lo incorrecto de la práctica médica de manera clandestina e ilegal. Esto se refiere directamente al dilema de la libertad humana respecto a la propiedad de la vida, no es únicamente la contradicción de la eutanasia como procedimiento médico más que su vínculo con el debate ético de considerar los límites y extensiones de la voluntad humana respecto a su albedrío. Con lo cual siempre se llegarán a conclusiones superfluas en las que prevalecerá un constante desacuerdo que excede a la disposición de la institución sanitaria de hacer lo correcto, encontrando constantes obstáculos legales respecto a la voluntad de un paciente en participar en su propio tratamiento. Estos obstáculos existen más que nada por una serie de prejuicios respecto a la salud mental y el “problema de la muerte”, en los que no existe garantía tal para prevenir un suicidio de la manera adecuada. La gran mayoría de las personas que son tratados por deseos autodestructivos son personas que fallaron en su intento de quitarse la vida. Por otro lado, la muerte clínica es un caso relevante para detallar, ya que en repetidas ocasiones las personas se cuestionan la eficiencia de una institución clínica a raíz de su porcentaje de óbitos intra-hospitalarios. Sin embargo, la muerte clínica es un proceso preferible a un accidente de tráfico o un asesinato premeditado, por lo que sería un error considerar negativamente los óbitos de un hospital. Llegado al caso, la falta de moralidad no es excepcionalmente del espacio público, el punto central de la polémica de las muertes clínicas se basa en los registros de mala praxis y homicidios intencionales como lo es en el caso de los “Ángeles de la muerte” en Uruguay. En estas situaciones hay una diferencia notable entre eutanasia y “cacotanasia” u homicidio, la cual consiste en la distinción de una premeditación voluntaria por parte del paciente en su estado terminal y la falta de consenso o la clandestinidad legal en la que sucede la muerte. EUTANASIA REDACCION TECNICA Y CIENTIFICA
Dichos sean los motivos para lo cual la muerte digna funcione como el primer paso para revaluar los conceptos morales de la salud y la medicina, apartándonos de la superstición religiosa y enfocando nuestra perspectiva desde un lugar lógico y realista. Siempre que se hable de la vida, cualquier vida, estamos defendiendo su derecho exclusivo de suceder. Pero cuando introducimos a la racionalidad de por medio podemos reconocer que la vida carece de fundamento para “nacer”, por lo que en primera instancia cualquier ser humano tiene, en su derecho de vida, la libertad de elegir cómo morir, dado que no eligió (o no hay forma de confirmarlo en caso contrario) nacer en primer lugar. Y esto no se basa exclusivamente en justificar la muerte y el suicidio como tal, cualquier acto impiadoso y violento se opone directamente a los derechos naturales en cualquier sociedad. Pero el argumento, en su simpleza, determina los valores que tiene uno para con su propia vida, como bien se dijo anteriormente: de todo lo que posee un ser humano, su vida es lo primero y lo último de su propiedad. Y si bien como médicos y enfermeros tenemos el deber de preservar y defender esa propiedad, el paciente siempre tendrá la última palabra en cuanto se trata de su salud y, más importante, su vida. No siempre que un paciente exija la muerte se le deberá “matar”, pero hay casos en los que el mismo, en su plena razón de ser, ya sea en estado terminal o en plena salud y “hastío de vida”, debería poder tener a quién recurrir en caso de recibir a la muerte de manera voluntaria. Este proceso de eutanasia, suicidio asistido o defunción pacífica y voluntaria se encuentra como el aspecto más retorcido de la moralidad, porque una persona siempre tendrá más razones para “desear morir” que las que podamos ofrecer para persuadirlo de seguir viviendo. En términos utilitaristas, una vida innecesariamente prolongada produce más sufrimiento que una muerte voluntaria, y este hecho es la base fundamental de la gran mayoría de los argumentos a favor del suicidio asistido. Los argumentos en contra, por otro lado, simplemente se alejan de la visión de los que quieren “irse” para reforzar el derecho a la vida a modo de “obligación”. Por otro lado, si bien el poder de quitarle la vida a alguien no debería estar en manos de ninguna persona, es parte de la responsabilidad de un profesional de la salud, cuya labor principal es tener el poder de defenderla y sustentarla, poder asistir en un proceso mucho más complejo: el ejercicio de la libertad individual. Defender la eutanasia no es fomentar la muerte o el suicidio, defender la eutanasia es defender la libertad y afrontar las consecuencias de esta. La muerte no es un “tabú” para los doctores y los enfermeros. EUTANASIA REDACCION TECNICA Y CIENTIFICA