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Este documento analiza la relación entre Nietzsche y la psicología, particularmente la psicoanalítica. Se discute cómo Nietzsche influyó en Freud y cómo se puede considerar a Nietzsche como el primer psicoanalista. Se mencionan varios escritores y filósofos que también se consideran psicólogos en el sentido filológico del término. Se examina cómo Nietzsche rechazó la moral convencional y la dicotomía naturaleza/cultura, y cómo ambos Nietzsche y Freud buscaban acceder a una ética personal. Se menciona la influencia de Nietzsche en el concepto freudiano de 'ello'.
Tipo: Traducciones
Subido el 01/03/2021
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Nietzsche, ¿el primer psicoanalista?
Leandro Drivet* Fecha de Recepción: 06/07/ Fecha de Aceptación: 08/11/ Resumen: Este trabajo indaga la obra de Nietzsche para determinar si es legítimo considerar a este pensador un “psicólogo”, y para precisar en qué sentido podemos eventualmente hacerlo, con el objeto de reponer una lectura olvidada de este autor, la de Sigmund Freud. Para tales fines, en primer lugar evaluaremos en qué medida las interpretaciones canónicas de Nietzsche han valorado la dimensión “psicológica” del autor de Así habló Zaratustra. Luego, a través de un método hermenéutico-exegético, exploraremos el sentido de la reiterada y explícita autocomprensión de Nietzsche como psicólogo, tanto como la interpretación de sus objetos de crítica como problemas psicológicos, señalando los nexos con la perspectiva psicoanalítica cada vez que lo consideremos necesario. Finalmente, realizamos una síntesis de lo investigado que se ocupa especialmente de mostrar en qué aspectos el psicoanálisis es parte del legado nietzscheano, y de indicar por qué Nietzsche puede ser pensado como el primer (proto)psicoanalista. Palabras clave: Nietzsche, freud, psicoanálisis, cuerpo, teoría social. Abstract: (^) This paper examines the work of Nietzsche with a twofold aim: first, to determine to what extent he could be deemed a “psychologist”; second, to rediscover Freud’s readings of his texts. To this end, we first assess whether canonical interpretations of Nietzsche have acknowledged the “psychological” dimensions of his work. Then,
Nietzsche, ¿el primer psicoanalista? through a hermeneutical exegetical method, we explore how Nietzsche sought self-understanding from a psychological stance, and how he framed his objects of reflection as psychological problems. Where necessary, we provide explicit ties to psychoanalytical notions. Finally, we summarize our findings to show which aspects of psychoanalysis are part of Nietzsche’s legacy, and why he can be considered the first (proto)psychoanalyst. Keywords: Nietzsche, Freud, Psychoanalysis, Body, Social Theory. Que en mis escritos habla un psicólogo sin igual, tal vez sea ésta la primera conclusión a que llega un buen lector Nietzsche, “Por qué escribo yo libros tan buenos”, 5: 70.
1. Introducción Friedrich Nietzsche ocupa una posición clave en el haz de factores que convergieron en la invención psicoanalítica. En el discurso freudiano, así como en el pensamiento de más de uno de sus discípulos, aquella influencia se proyectó, a veces reconocida con la claridad de un rayo de luz, y otras negada como una sombra innombrable (Assoun, 1984; Drivet, 2014, 2015; Gasser, 1997; Lehrer, 1995). Más allá de la ambivalencia de Freud ante la figura de Nietzsche, desde las tempranas reuniones de la Sociedad Psicoanalítica de Viena (SPV) en 1908 (e incluso desde antes), según el testimonio de Ernest Jones, Sigmund Freud declara que “el conocimiento que Nietzsche tenía de sí mismo era tan penetrante que superaba al de todo otro ser viviente conocido y acaso por conocer” (Jones, 1960: 362). No será exagerado sostener que este cumplido equivale a reconocerlo como el primer psicoanalista. Dicha inferencia encuentra verificación en las palabras del propio Freud 18 años más tarde. En una entrevista concedida a George Sylvester Viereck en 1926 en los Alpes suizos, Freud se refiere a algunas fuentes de su aprendizaje en los siguientes términos: Anacronismo e Irrupción La(s) historia(s). Origen, repetición y diferencia.
Nietzsche, ¿el primer psicoanalista?
- 1 – ¿Qué lugar ocupa la psicología a lo largo de la obra de Nietzsche? Si recorremos la historia de las lecturas más importantes del caminante de Sils Maria, hallamos voces notables que desaconsejan conceder relevancia, e incluso pertinencia, a la mirada psicológica que a menudo parece esbozarse en los textos, como si la psicología cargara con un reduccionismo irremediable. Si bien Nietzsche fue primeramente leído en una clave “literaria”, de “crítica cultural”, o incluso “psicológica” en un sentido restringido y tradicional (hoy diríamos: prepsicoanalítico), en la década de 1960 la interpretación de Martin Heidegger (2000), quien significativamente había dictado sus cursos sobre Nietzsche en el periodo que va desde el ascenso del partido Nazi hasta su caída, lo consagró como un auténtico filósofo, un pensador del Ser en quien se consumaba la historia de la metafísica. Entablando una explícita discusión con el maestro de la Selva Negra, pero manteniendo a Nietzsche en el terreno de la filosofía, sería publicada la interpretación de Gilles Deleuze (1971). El francés encontraba en Nietzsche claves de interpretación de una filosofía del devenir radicalmente opuesta a la metafísica, acusaba a Heidegger de inventar un Nietzsche más próximo a su propio proyecto que al de aquel, y reclamaba el derecho a una lectura que extrajera de esa cantera inquietante conclusiones antifascistas, y no sólo antidialécticas, antidemocráticas y antiliberales. Si bien fue la lectura heideggeriana la que tuvo un impacto más profundo en la historia de las ideas, ambas eclipsaron las interpretaciones de Nietzsche como crítico de la cultura o como “artista”, consagrándolo como filósofo. El encubrimiento o relativización de la valencia política de su pensamiento se produciría en el periodo de posguerra, en simultáneo con la estigmatización de la psicología como ciencia neutralizadora de la política por definición. No es casual que la misma preeminencia de la filosofía hubiera obturado la comprensión de Heidegger como Zivilisationskritiker, y que las lecturas metapolíticas o “historicistas” desplazaran el sentido político e histórico de su obra (Wolin, 2003: 33-35). La exclusividad de la mirada filosófica heideggeriana (de ese modo de entender la filosofía) se mostró no sólo incapaz de reaccionar ante las aberraciones del Anacronismo e Irrupción La(s) historia(s). Origen, repetición y diferencia.
Nietzsche, ¿el primer psicoanalista? Nacionalsocialismo, sino que estuvo siempre dispuesta a entusiasmarse y ensayar elevadísimas racionalizaciones para exculpar o justificar en términos metahistóricos o antihistóricos la perpetración de los crímenes más atroces. En suma, el “olvido” de la psicología fue concomitante, y no contrario, al “olvido” de la política. El ingreso de Nietzsche al panteón de los filósofos, idea que hacia principios del siglo XX hubiera sido inverosímil, se convirtió poco menos que en dogma. Esto no carecía de buenas razones, que sin embargo no alcanzaban para justificar la exclusividad de la mirada filosófica como clave de acceso al sentido de un pensamiento que hacía añicos los moldes académicos preestablecidos. Desde la perspectiva triunfante, en la cual se eclipsaba la prioridad de la praxis (incluso como objeto de reflexión filosófica), la filosofía y la psicología no eran disciplinas compatibles: el apriorismo de la primera no podía comulgar con la dependencia empírica de la segunda. Al mismo tiempo, ambas parecían necesitar alejarse de la Historia. Eugen Fink ([1960] 1986) sintetiza y representa esa tesis cuando advierte que si bien en Humano, demasiado humano el vehículo del pensamiento de Nietzsche es la psicología, al igual que en El nacimiento de la tragedia , en su modo de reflexionar esa ciencia constituye “un elemento sencillamente sofístico de su obra, aquello que, en el fondo, nada tiene que ver con su filosofía” (Fink, 1986: 54). Hacia mediados de siglo XX ya nadie duda, ante la obra de Nietzsche, de que allí se expresa un gran pensador. Especialmente quienes advierten, para decirlo con Herbert Marcuse, que hasta en la más abstrusa de las metafísicas se halla un nervio político. Las interpretaciones que destacan a Nietzsche como Filósofo Político (pensador de la “Gran Política”^1 ) desplazan comprensible pero innecesariamente en sus lecturas el interés por la psicología, y plantean serias objeciones al intento de ligar el pensamiento nietzscheano, por la vía del psicoanálisis, a una Teoría crítica con pretensiones emancipatorias de carácter universalista (Bloch, 2004; Brinton, 2003; Lukács, 1959; González Varela, 2010). No obstante, esto último nos interesa. Más allá de los alcances de dicha crítica, que impiden ceder al entusiasmo de encontrar en Nietzsche a un pensador posmoderno de la libertad y de la democracia, lo que importa (^1) No es el caso de Conway (2011) o Lemm (2010). Anacronismo e Irrupción La(s) historia(s). Origen, repetición y diferencia.
Nietzsche, ¿el primer psicoanalista? sostiene el italiano, la preparación filosófica proviene en Nietzsche de una reflexión sobre las “ciencias humanas” (la historiografía y el saber que el hombre tiene de sí mismo)^2. Así, la psicología se pondría al servicio de la filosofía. Vattimo denomina “autosupresión de la moral” al programa de Nietzsche, especialmente a partir de Humano, demasiado humano , y en esa sintonía reivindica el nombre derrideano de “desconstrucción”, argumentando que es más genealógico que crítico, en el sentido de que disuelve a la tradición en sus elementos sin destruirla. Desde esa obra bisagra de Nietzsche se apostaría por una filosofía histórica no separada de las ciencias naturales: lo prueban tanto los intereses bibliográficos de Nietzsche^3 en ese periodo como la presencia de la química como metáfora y como método del propio procedimiento “genealógico”. Rüdiger Safranski (2009: 181) liga la psicología de la sospecha del Nietzsche de Humano, demasiado humano con la química de los conceptos y las sensaciones, y a ésta con la antimetafísica, y así conecta metodológicamente a la psicología con la filosofía. El filósofo y biógrafo de Nietzsche subraya como una característica neurálgica del pensamiento nietzscheano la tensa percepción de sí mismo, y la voluntad de ver y analizar su propio pensamiento. El autoanálisis es inseparable de su filosofía, incluso cuando él descubriera un singular anonimato en el fondo del pensamiento. La propia persona, el dividuum , “se convierte para él en escenario de una historia interior del mundo” que “[s]ólo logrará descubrirse mediante una mirada retrospectiva. Sólo entonces comprenderá lo que le ha determinado y guiado inconscientemente ” ( Ídem: 29-30. Cursivas nuestras). Tal como advierten Vattimo (1990) y Safranski (2009), la química designa un proceder disolutivo – analítico, podríamos decir, por contraste con la síntesis filosófica–, y condensa una metáfora que permite a Nietzsche comprender el devenir de la moral, de la metafísica y la religión. La química como metáfora, como modelo y como método, estará presente tanto en la psicología de Nietzsche como en la de Freud. En cuanto al primero, la genealogía disuelve las idealizaciones con veleidades (^2) También los biógrafos de Freud coinciden en señalar que en su temprana juventud, antes de la formación biológica, había sido marcado por el Humanismo. (^3) Si bien sus estudios sistemáticos sobre Biología y Medicina comienzan hacia 1882. Anacronismo e Irrupción La(s) historia(s). Origen, repetición y diferencia.
Nietzsche, ¿el primer psicoanalista? de eternidad en procesos humanos contingentes. En el fondo de la autosupresión de la moral está la disolución de la idea de jerarquía, y acaso de fundamento. En cuanto al segundo, poco es necesario agregar para recordar su preferencia por el análisis respecto de las “visiones de mundo”, ya sean religiosas o filosóficas^4. La autosupresión de la moral ya mentada evoca al pensador que, parafraseando a Nietzsche en el prólogo tardío de Aurora , Lucía Piossek Prebisch (2008) ha llamado “filósofo topo”. La filósofa tucumana pone en relación la actividad excavadora con el trabajo del inmoralista y, aparejada a esta figura, también subraya la vocación “química” nietzscheana enunciada en Humano, demasiado humano (al comienzo del libro, y también en el §21 de esa obra, por ejemplo). A su entender, el trabajo del psicólogo concierne a la química (como método deconstructivo) y al lenguaje, tema este último que se encuentra en el centro de la problematización que Nietzsche hace de la metafísica. También Germán Cano vincula la “psicología nietzscheana” (en Nietzsche, [1881] 2000: 19) con el trabajo del topo que pretende exhumar el suelo virgen de la valoración moral, y hace notar que Nietzsche usa el símil de la excavación desde la parte tercera del prólogo de El nacimiento de la tragedia , y luego en el tratado tercero de La genealogía de la moral (Nietzsche [1887] 2008), casi 20 años más tarde. Esta labor subterránea no constituiría una alternativa al planteamiento moral sino propiamente su autodestrucción. Así planteada, la genealogía no se diferenciaría de un modo absoluto del proceder de la crítica , y tampoco la psicología de la filosofía. Las distancias metodológicas se acortan. En su libro sobre El nacimiento de la tragedia , Peter Sloterdijk (2000) describe en términos de una filosofía con corazón psicológico el trabajo de Nietzsche, y recurre en más de una ocasión a una semántica freudiana para explicar al “pensador en escena”. De acuerdo a su tesis, a partir del juego de máscaras de las divinidades enunciado en aquella obra inaugural, Nietzsche “se transforma en un genio del autoconocimiento como autosospecha: de manera espontánea se convierte en el primer filósofo que es psicólogo en tanto filósofo” (^4) Esta prioridad del análisis es la clave de la diferencia establecida por Laplanche (2001: 199-212), en discusión con Ricoeur, entre el método psicoanalítico y el proceder hermenéutico. Anacronismo e Irrupción La(s) historia(s). Origen, repetición y diferencia.
Nietzsche, ¿el primer psicoanalista? parece más común a visiones de una filosofía deshistorizada que a las corrientes filosóficas contemporáneas. Después del giro lingüístico y del giro pragmático (en gran medida marcados por Nietzsche y por Freud), después de que los cuestionamientos recíprocos de la filosofía y las ciencias humanas y sociales, e incluso de las ciencias naturales, han logrado al menos convivir en tensión frente a problemas comunes, o bien colaborar en su elaboración, estableciendo un diálogo tantas veces fecundo, las distancias entre las lecturas de una u otra disciplina se estrechan^6. Lo interdisciplinario es el carácter común de una ingente masa de las producciones teóricas actuales, rasgo que de ningún modo puede reclamar el título de lo novedoso: “La debilidad más prometedora de Nietzsche consiste en que él no pudo ser un especialista de nada”, resume Sloterdijk (2000: 29). Si recordamos la crítica nietzscheana a los “discapacitados al revés”, esos híper-especialistas en un objeto de estudio que los parasita (Nietzsche, [1883-1885] 2007, IV, “La sanguijuela”: 335- 338), no parecerá idílico apostar a que, del desarrollo de la lectura atenta a la psicología nietzscheana, la filosofía tenga buenas chances de enriquecerse. Simultáneamente, tampoco será trivial empeñarse en contribuir a la historización del psicoanálisis, tarea siempre dificultosa (Ben Plotkin, 2014). Hemos advertido que la presencia de la dimensión psicológica puede considerarse más o menos relevante en el polimorfo trabajo de Nietzsche, pero que no es posible silenciar sus ecos. Una vez que hemos transitado por las lecturas que pugnan por establecer el sentido del legado nietzscheano, y que por ello están presentes en su interpretación actual, resulta ineludible volver sobre las palabras que suscitaron y suscitan semejantes divergencias doxográficas. (^6) De este fenómeno da cuenta el hecho de que existe un conjunto cada vez más vasto de autores y problemas que son leídos y discutidos en la formación de carreras académicas antes tan diferentes como filosofía, sociología, antropología, comunicación, e incluso historia y psicología. Anacronismo e Irrupción La(s) historia(s). Origen, repetición y diferencia.
Nietzsche, ¿el primer psicoanalista?
- 2 – La psicología tiene un lugar clave a lo largo de la obra de Nietzsche. Para bien o para mal de la aventura de nuestro pensamiento, Nietzsche tiene una alta estima de la psicología, valoración que explica que se quiera a sí mismo como psicólogo. Empero, esa definición difícilmente podía entenderse en ese tiempo que apenas era el suyo, y se prestaba a ser confundida con su sentido epistémico y moral convencional, del que es preciso desligarla. Tanto es así que los modelos que se destacan no sólo en la autocomprensión de Nietzsche como psicólogo, sino especialmente en cuanto al ideal de la propia actividad como crítico de la moral, son los moralistas franceses y unos pocos escritores, verdaderos “conocedores del alma”: Taine, La Rochefoucauld, Montaigne, Dostoievski, France y muy pocos más. Esto lleva a Robert Pippin (2010), a proponer la tesis que afirma que Nietzsche es mejor entendido no como un metafísico alemán, o el último metafísico occidental, o el destructor o consumador de la metafísica, o el creador de una nueva teoría de la naturaleza, sino como uno de los grandes “moralistas franceses”. “Que en mis escritos habla un psicólogo sin igual, tal vez sea ésta la primera conclusión a que llega un buen lector”, declara Nietzsche en su autobiografía intelectual, Ecce homo (Nietzsche [1889] 2003, “Por qué escribo yo libros tan buenos”, 5: 70), a la cual dudó en subtitular como “un problema para psicólogos”. Además, es el primero , según dice en la misma obra: “Antes de mí no hubo en absoluto ningún psicólogo” (Nietzsche [1889] 2003 , “Por qué soy yo un destino”, 6: 141). Su tarea, la del primer y más profundo inmoralista, se orienta a demostrar que la pretendida proveniencia superior o divina de ideales, sentimientos y costumbres tiene un origen animal-humano. Para ello, ejercitará una virtud que juzga inédita, ajena a la moral socrática tanto como a la cristiana: la sinceridad (Nietzsche [1881] 2000 , §456: 256 ). Él se permitirá el “lujo” de la veracidad (Nietzsche [1878] 2007: 36). Fundará incluso la veracidad radical como método , para comenzar lo que nadie jamás había siquiera intentado –a excepción de Edipo–: buscarse a sí mismo^7. “«Conócete a ti (^7) Al respecto, cf. Drivet (2015-2016). Anacronismo e Irrupción La(s) historia(s). Origen, repetición y diferencia.
Nietzsche, ¿el primer psicoanalista? identidad, la razón y las “buenas” costumbres, un incitador “a la subversión de valoraciones habituales y caros hábitos” (Nietzsche [1878] 2007: 35). Lo que pudo interpretarse como una ruptura con la filología en pos de la filosofía, puede también entenderse como una ampliación y radicalización de la mirada filológica, que deja de limitarse a la traducción de lenguas muertas, para dar voz a los sentidos callados y a las voces que han pasado a ser mudos por obra de la censura y la represión. Se tratará siempre de ver cómo el pasado vive haciéndose decir en el presente. Nietzsche ([1879] 2007: 36) no querrá ejercer este oficio desde el punto de vista de otra moral positiva, sino “extramoralmente, «más allá del bien y del mal»”. Desde las obras mencionadas en adelante, y en más de una veintena de oportunidades, Nietzsche entiende su labor como “psicología”, se entiende a sí mismo como psicólogo y se presenta como tal: el 20 de octubre de 1878 escribe a Paul Rée, agradeciendo las salutaciones de éste: “el hecho de que se acordara de mi cumpleaños y me escribiera desde su lecho de enfermo, no lo olvidaré ni como psicólogo, ni como amigo” (Nietzsche, 2009, Vol. III: 309). Las comunicaciones privadas no constituyen la excepción: en el prólogo de La ciencia jovial anota: “Un psicólogo conoce pocas preguntas tan atractivas como la que interroga por la relación entre salud y filosofía” (Nietzsche [1882] 2001: 63). El psicólogo-filósofo es aquel que se pregunta si no ha sido la enfermedad la que ha inspirado hasta ese momento la filosofía, si toda la historia de la filosofía no ha sido hasta allí un “ malentendido del cuerpo ” (Nietzsche [1882] 2001: 64). Quien realiza esta nueva vocación no quiere diferenciarse del no- psicólogo, sino, podríamos decir, del psicólogo no-filósofo, en el sentido de que éste acarrea una falsa psicología que, por obra de un fantaseo en la interpretación de los motivos y vivencias conduce, por ejemplo, al cristianismo (Nietzsche [1878] 2007, §135: 111)^8. El nuevo psicólogo no se desentiende del problema de la moral y la política, ni de la génesis de los grandes problemas filosóficos. El psicólogo-filósofo inaugura una perspectiva que no acepta a los filósofos folletinescos que miran el mundo en la medida en que éste encaje en los marcos preestablecidos: “no construyen (^8) En un fragmento póstumo de 1877 (22 [20]: 310), Nietzsche sentencia que “(...) Una falsa psicología, un fantaseo en la interpretación de los motivos es la esencia del cristianismo”. ¿Es necesario recordar aquí la tesis freudiana de El porvenir de una ilusión? Anacronismo e Irrupción La(s) historia(s). Origen, repetición y diferencia.
Nietzsche, ¿el primer psicoanalista? una filosofía a partir de su vida sino a partir de recolecciones de pruebas de ciertas tesis (…) Como psicólogo hay que vivir y esperar – hasta que el resultado tamizado de muchas vivencias haya sacado su conclusión por sí mismo” (Nietzsche, [1885- 1889] 2008, 9[64]: 252). Si Nietzsche es un maestro de la psicología, lo es intempestivamente. Cuando quiere dar una idea de sí como psicólogo, nos remite a un fragmento de Más allá del bien y del mal (Nietzsche [1886] 1992, §295: 267-269, bajo el subtítulo de “¿Qué es aristocrático?”) que cita en Ecce homo de modo incompleto (Nietzsche [1889] 2003, “Por qué escribo yo tan buenos libros”, 6: 72-73). Aludiendo indirectamente a la identidad incapturable del psicólogo, se refiere allí al “genio del corazón”, que sabe descender al inframundo de toda alma, que enseña a escuchar, que vuelve delicado al torpe. Ese genio psicológico y pedagógico, que no puede sino recordarnos a Zaratustra, es capaz de enseñar al pequeño aprendiz a soñar, a albergar lo grande y lejano espejándose en ello. Tiene el don de reconocer lo valioso en lo aparentemente estéril y yermo; enriquece y fecunda no por el poder de su Gracia, es decir, no poniendo en otro lo que a éste le faltaba hasta ese instante, sino promoviendo el desarrollo de las capacidades y potencialidades de cada uno de los imbuidos de su presencia (y sin colmar ninguna falta). Una mezcla de escrutador de enigmas y pedagogo sin recetas, más cercano a la anamnesis platónica que al adoctrinamiento positivista, el genio del corazón es, si no identificado, cuanto menos figurado como un Dioniso que admira a Ariadna, y en ella a la metáfora de los humanos, porque éstos son, a su entender, los animales que mejor se orientan en todos los laberintos. Este Dioniso está filiado al Anticristo, puesto que no odia a los hombres ni los desprecia considerándolos imperfectos, no los humilla ni los somete: por el contrario, quiere hacer a los hombres más fuertes, más malvados, más profundos y más bellos, entendiendo estos atributos como correlacionados y aun codependientes entre sí. Incluso más, este genio del corazón (¿este Eros quizá?), este partidario de lo que Freud ([1940] 2006) llamará “poseducación”, sostiene que los dioses pueden aprender de los hombres porque éstos son más humanos … Anacronismo e Irrupción La(s) historia(s). Origen, repetición y diferencia.
Nietzsche, ¿el primer psicoanalista? informado, de que el segundo habría aprendido mucho de Nietzsche. La psicología nietzscheana es una réplica a la doctrina misantrópica del pecado original, tanto como un mentís a la mitología romántica de perfume cristiano que quiso ver en los humanos a “buenos” salvajes (corderos), negando tanto su agresividad como cualquier rasgo “constitucional” no dependiente del aprendizaje social (corderos olvidadizos). Pero también es un hueso difícil de roer para la psicología de la conciencia. ¿Qué otra cosa habría que decir del psicoanálisis? Una vez que advertimos que se destaca como un psicólogo que sembrará condiciones indispensables para el advenimiento del psicoanálisis y romperá los esquemas de la psicología clásica (como ya lo había hecho quizá menos rigurosamente con la filología), esa vieja psicología de la voluntad creada por los sacerdotes para otorgarse el derecho a imponer castigos, resulta significativo leer que el primer título de Crepúsculo de los ídolos había sido, provisoriamente, “Ociosidad de un psicólogo”, cuestión a la que Nietzsche ([1889] 2007a: 32) alude en el prólogo de la obra: “este escrito (…) es ante todo un esparcimiento, un rincón soleado, una escapada a la ociosidad de un psicólogo”. Poco antes se presenta como un “viejo psicólogo y cazador de ratas, ante el cual tiene que dejar oír su sonido cabalmente aquello que querría permanecer en silencio...” (Nietzsche [1889] 2007a: 32). A diferencia del psicólogo-moralista y del sacerdote confesor, lo que escucha el primer psicólogo, y aun lo que hace audible, es lo que se resiste a ser oído. Al definirse como psicólogo, Nietzsche se afirma en la diferencia con los tradicionales “psicólogos” (permítasenos ahora invertir el uso de las comillas) conocidos hasta el momento, y con quienes discutirá directamente en el primer tratado de La genealogía de la moral. Porque la peculiar psicología nietzscheana no sólo ofrece otra versión del humano que aquella expuesta por la psicología de las “ranas frías”, la de los psicólogos ingleses; nos obsequia además una genealogía de la psicología , o una psicología de los psicólogos: “ ¡ellos mismos son interesantes!” (Nietzsche [1887] 2008 , I: 35). Dicho freudianamente: la psicología nietzscheana es también, a su modo, metapsicología. Por ello, de un modo más extenso, interpreta no sólo al primero sino los tres tratados que comprende esa obra como “trabajos preliminares de un psicólogo para una Anacronismo e Irrupción La(s) historia(s). Origen, repetición y diferencia.
Nietzsche, ¿el primer psicoanalista? transvaloración de todos los valores. – Este libro contiene la primera psicología del sacerdote” (Nietzsche [1889] 2003, “Genealogía de la moral”: 122). Como atestigua precisamente un fragmento póstumo de 1887, Nietzsche ([1885-1889] 2008 , 5[79]) se sabe solitario en el ámbito de la penetración psicológica en una época a la que juzga carente de toda formación elemental en dicha materia. El primer disparo contra la consagrada “Verdad” –a la que alude con la voz “Ídolos” para subrayar, más que “la cosa”, la relación de subordinación y veneración que establecemos con ella–, afirma bajo el subtítulo “Sentencias y flechas”: “La ociosidad es el comienzo de toda psicología. ¿Cómo?, ¿sería la psicología un – vicio?” (Nietzsche [1889] 2007a: 33). Dentro de los esquemas de la moral convencional, tan laboriosamente hipócrita, esta psicología no puede ser otra cosa que un vicio. El segundo ataque, aproxima –lo sabemos ahora– la psicología nietzscheana al psicoanálisis: “Aun el más animoso de nosotros sólo raras veces tiene ánimos para lo que él propiamente sabe ...” (Nietzsche [1889] 2007a: 33). El traductor, Andrés Sánchez Pascual, amplía este pasaje con un fragmento póstumo de 1887 que precisa aún más la relación, no entre verdad e inteligencia, sino entre verdad y coraje^9 : El más animoso de nosotros no tiene ánimos para lo que él propiamente sabe... El grado y fortaleza de la valentía de uno mismo son los que deciden sobre en qué lugar se detiene o no se detiene todavía , en qué lugar juzga «aquí está la verdad»; lo deciden más, en todo caso, que cualquier sutilidad u obtusidad de ojo y de espíritu (en Nietzsche [1889] 2007a: 149, n. 12). La provisoria “verdad” que se busca consiste no en un elemento perfecto, concluso e inmutable, sino en el compromiso de no permanecer, por pereza y/o miedo, en la trampa de la represión y/o la renegación: en el auto-engaño más elemental. Decir la verdad no es no equivocar-se (en este sentido la “mentira” o “ficción” es para (^9) Sobre este tema, cf. Foucault, 2010a. Anacronismo e Irrupción La(s) historia(s). Origen, repetición y diferencia.
Nietzsche, ¿el primer psicoanalista? 354), en el que el problema filosófico del conocimiento es forzado a reconocer la comodidad y cobardía que supone su asociación con la búsqueda de lo “familiar”, lo “habitual”, lo “natural”. Más adelante, en Crepúsculo de los ídolos , Nietzsche invita a integrarse a un “nosotros” a todos aquellos valientes y veraces que se atrevan a emprender la dolorosa y enaltecedora aventura del conocimiento, paradójica y audaz tarea que combinará sin miramientos la entrega más desgarradora con el único cuidado de sí^11 posible: aquel que no se basa en la quietud de una vida mortificante que sólo quiere la conservación en la autocomplacencia narcisista. “Hay casos en que nosotros los psicólogos somos como caballos y nos ponemos inquietos: vemos nuestra propia sombra oscilar hacia arriba y abajo delante de nosotros. El psicólogo tiene que apartar la vista de sí para llegar a ver algo” (Nietzsche [1889] 2007a, 35: 39-40). Poner en juego la identidad “propia”, tomar distancia de ella tanto como de sus proyecciones, equivale a abandonar la supuesta seguridad del hogar, moverse aguas adentro de un mar que no ofrece garantías, infinitud en la que “uno” se pierde en el éxtasis dionisíaco del juego, la risa y el baile: fiesta en la que difícilmente falte la crueldad. No es casual que en la búsqueda de ese estar fuera de sí, la metáfora del viaje (el caminar, la navegación) sea cara a Nietzsche, y que ésta refiera una y otra vez a la cuestión de la identidad. La distancia del narcisismo es un correlato de la distancia respecto de la moral con la cual las identidades convencionales, pero también las explicaciones científicas, se autocomprenden y confunden. Al poner en perspectiva no sólo a la psicología tradicional sino su propia mirada psicológica, Nietzsche ([1886] 1992, §23: 45-46) escribe: La psicología entera ha venido estando pendiente hasta ahora de los prejuicios morales: no ha osado descender a la profundidad. Concebirla como morfología y como teoría de la evolución de la voluntad de poder , tal como yo la concibo – eso es algo que nadie ha rozado siquiera en sus pensamientos: en la medida, en efecto, en que está permitido reconocer en (^11) Cf. Foucault (1990 y 2003). Anacronismo e Irrupción La(s) historia(s). Origen, repetición y diferencia.
Nietzsche, ¿el primer psicoanalista? lo que hasta ahora se ha escrito un síntoma de lo que hasta ahora se ha silenciado (…) Una fisio-psicología auténtica se ve obligada a luchar con resistencias inconscientes que habitan en el corazón del investigador (…) Nunca antes se ha abierto un mundo más profundo de conocimiento a viajeros y aventureros temerarios: y al psicólogo que de este modo «realiza sacrificios» – no es el sacrifizzio dell'intelletto [sacrificio del entendimiento]^12 , ¡al contrario!, – le será lícito aspirar al menos a que la psicología vuelva a ser reconocida como señora de todas las ciencias, para cuyo servicio y preparación existen todas las ciencias. Pues a partir de ahora vuelve a ser la psicología el camino que conduce a los problemas fundamentales. Esta consideración epistémica y metodológica no se aleja en lo sustancial de Freud, quien propondría en 1901 la traducción de la metafísica en metapsicología, y que para determinar la singularidad de su creación, la “nueva psicología”, señala el yerro esencial de la psicología ingenua o escolar: bloquear el análisis de lo inconsciente por considerar que todo lo anímico es consciente. De aquí que a ésta pueda llamársele una mera “fisiología de los sentidos” (Freud, [1926] 1998: 179 y 184-185). Añade Freud que una psicología que no puede explicar el sueño ( vía regia para comprender ese dominio extranjero interior que desde entonces llamamos “inconsciente”) es inutilizable también para explicar la vida normal, y no tiene derecho alguno a llamarse ciencia. Como ya hemos analizado en otro trabajo (Drivet, 2014a), también para Nietzsche la auténtica psicología comienza con una interpretación de los sueños, esbozada con total lucidez en Humano, demasiado humano (Nietzsche, [1878] 2007, §5, §12 y §13: 45 y 48-50), y no sólo allí. Es notable aún para no iniciados que el filósofo del martillo anuncia con sorprendente similitud el análisis freudiano de dichas producciones psíquicas, cosa que confirma un exquisito lector de Freud como Jean Laplanche (2001). Pero en Nietzsche el (^12) Las traducciones entre corchetes son siempre del traductor al castellano de las obras de Nietzsche; en este caso, Andrés Sánchez Pascual. Anacronismo e Irrupción La(s) historia(s). Origen, repetición y diferencia.