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Asignatura: Neuropsicologia clinica, Profesor: José Antonio Portellano, Carrera: Psicología, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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La corteza motora está encar- gada de iniciar, programar y eje- cutar las actividades motoras voluntarias incluyendo el lengua- je expresivo y la escritura. Se divi- de en tres áreas anatomofuncio- nales: Área Motora Primaria, Corteza Premotora y Área de Broca. El Área Motora Primaria (AMP) se sitúa en la circunvolu- ción frontal ascendente, inmedia- tamente por delante de la cisura de Rolando; es el origen de la vía piramidal, que inicia los movi- mientos voluntarios del lado opuesto del cuerpo, a través de las neuronas situadas en el tronco cerebral y la médula espinal. El AMP tiene un mayor control sobre la actividad de los dedos de las manos y los pies, los músculos faciales y los fonatorios. También alberga el Homúnculo Motor de Penfield, que representa las efe- rencias motoras de los órganos del cuerpo, con la peculiaridad de que, al ser mayor el repertorio de movimientos que realizamos con las manos, la cara y los músculos fonatorios, también es mayor la superficie en la corteza motora primaria (Homúnculo Motor) dedicada a su representación. Una lesión del AMP produce parálisis contralateral, con pérdi- da de la movilidad voluntaria de la zona afectada correspondiente, con la excepción de la cara, que tiene representación bihemisféri- ca. La Corteza Premotora está situada delante de la Corteza Motora Primaria y es responsable de programar las secuencias que
Neuropsicólogo. Profesor Titular de la Universidad Complutense.
a expresión más depurada del elevado grado de desa- rrollo mental alcanzado por los seres humanos a lo largo del proceso evolutivo es, sin duda, el lóbulo frontal. Se localiza en el territorio comprendido delante de la cisura central y enci- ma de la cisura lateral y supone la tercera parte de la superficie total del cerebro. El lóbulo frontal coordina la actividad de las restantes áreas cerebrales, programando y regu- lando todos los procesos cogniti- vos y de modo especial aquéllos de mayor complejidad. Su princi- pal función es el desarrollo de las Funciones Ejecutivas, o funcio- namiento ejecutivo, que permite programar, desarrollar, secuen-
ciar, ejecutar y supervisar cual- quier plan de actuación dirigido al logro de objetivos específicos. La regulación de los procesos atencionales también depende –en última instancia– del buen funcionamiento del lóbulo fron- tal, permitiendo el control de la atención sostenida y evitando la distraibilidad ante los estímulos irrelevantes procedentes del entorno (Stusss, 1995; Porte llano 2005a). El lóbulo frontal es un sistema neuropsicológico muy complejo, que desarrolla su actividad gracias a las conexiones recíprocas que esta- blece con otras áreas del sistema nervioso central: tálamo, ganglios basales, sistema límbico, formación reticular y áreas asociativas de la corteza cerebral. Está dividido en dos áreas funcionales: corteza motora y área prefrontal (Tabla 1).
componen cada una de las accio- nes motoras intencionales. Su función consiste en generar, automatizar y archivar programas motores, facilitando la ejecución fluida de los movimientos volun- tarios. Sus lesiones no producen parálisis, aunque pueden produ-
cir torpeza en la realización de movimientos, alteraciones en la marcha y apraxias. Dentro de la corteza premotora se distinguen tres áreas funcionales: Córtex Premotor, Área Motora Suple- mentaria (AMS) y Campos
Visuales de los Ojos. El Cortex Premotor se localiza en la cara externa de la zona anterior de los lóbulos frontales, mientras que el AMS se sitúa en las caras inter- nas. Ambos centros están especia- lizados en la preparación de los programas motores que permiten
realizar los movimientos volunta- rios de forma ordenada y fluida. Los Campos Visuales de los Ojos se sitúan en la cara interna de la zona anterior de cada lóbulo frontal; son responsables del con- trol de los movimientos reflejos
oculares (re flejos sacádicos), así como de los movimientos volun- tarios necesarios para el segui- miento y la búsqueda visual de objetos. El Área de Broca es el princi- pal centro del lenguaje expresivo y recibe dicha denominación en
honor al neuroanatomista Paul Broca, que identificó por vez pri- mera cuál era la zona del cerebro implicada en el lenguaje expresi- vo. Broca demostró que la lesión de dicho área producía afasia expresiva, es decir, pérdida de
Tabla 1 Áreas funcionales del lóbulo frontal
ÁREA ANATOMOFUNCIONAL DIVISIONES FUNCIONES
CORTEZA MOTORA
ÁREA MOTORA PRIMARIA
Incia la actividad motora voluntaria en el lado opuesto del cuerpo
CORTEZA PREMOTORA
Córtex Premotor Programa las secuencias de los Área Motora Suplementaria movimientos voluntarios. (AMS)
Campos Visuales de los Ojos
Controla la ejecución de los movimientos reflejos y volun- tarios de los ojos.
ÁREA DE BROCA Articulación y fonación de laspalabras y la escritura.
ÁREA PREFRONTAL
Área Dorsolateral
Funciones Ejecutivas: Flexibilidad Mental Razonamiento Memoria de trabajo
Área Cingulada
Funciones Ejecutivas: Motivación Atención sostenida.
Área Orbitaria
Funciones Ejecutivas: Selección de objetivos Regulación emocional
esencia de nuestra conducta, sien- do el elemento con mayor valor diferencial entre el ser humano y las restantes especies (Portellano 2005b). En la zona anterior del lóbulo frontal se localiza la base de los procesos cognitivos de nuestra especie, el auténtico “cogito, ergo sum” cartesiano. El área prefrontal es el “centro de la humanidad” ya que es el responsable de gestionar la identidad de la persona y las Funciones Ejecutivas, constituyen- do el timón que dirige el barco de nuestra actividad intelectual y nuestras respuestas emocionales. Durante mucho tiempo se ha prestado mayor interés a determi- nados procesos cognitivos como el lenguaje, el aprendizaje y la memoria. La investigación de otros procesos mentales como el pensamiento, más relacionados con el área prefrontal, han sido poco estudiados e insuficiente- mente comprendidos hasta fechas recientes. Este hecho posi- blemente se debió a que resultaba más patente la pérdida de la memoria o el lenguaje como con- secuencia del daño prefrontal, que las alteraciones sobre las fun- ciones ejecutivas. De forma inde- bida la región anterior del lóbulo frontal ha sido considerada durante mucho tiempo como una “zona muda”, ya que en muchas ocasiones sus lesiones no producen trastornos sensoriales ni motores. Sin embargo, la capa- cidad para autorregular nuestras conductas, especialmente las de mayor complejidad, sólo se pue- den llevar a cabo gracias al fun- cionamiento ejecutivo regulado por el área prefrontal. Una lesión
en esta zona del cerebro puede alterar gravemente la capacidad para decidir y programar la acti- vidad voluntaria, especialmente en sus niveles más simbólicos y abstractos, aunque estén preser- vadas las funciones sensoriales y motoras. También es habitual que dichas lesiones provoquen dificultades para el control y sos- tenimiento de la atención, por lo que el binomio formado por dis- función ejecutiva y déficit aten- cional puede convertir a los lesio- nados frontales en personas sumamente dependientes, inca- paces de programar objetivos, desarrollar metas y autorregular comportamientos, provocando un grave empobrecimiento y deterioro en su proyecto de vida. El desarrollo de la Neuropsicología, las Ciencias Cognitivas y la Neurociencia, así como la creciente utilización de la neuroimagen funcional, han facilitado el interés por el estudio del lóbulo frontal, tras muchos años de desconocimiento de sus funciones. Sin embargo, todavía resulta insuficiente su estudio en la infancia, ya que el marco de referencia predominante en Neu - ropsicología hasta ahora ha sido el estudio del procesamiento cog- nitivo y el efecto de las lesiones cerebrales en los adultos. La zona anterior del cráneo, por su situación, tiene mayor ries- go de sufrir daño traumático, co- mo consecuencia de accidentes de tráfico, golpes o caídas. Por esta razón son más frecuentes las lesio- nes frontales o frontotemporales, que provocan alteraciones aten- cionales y síndrome disejecutivo.
Otros factores infecciosos, meta- bólicos, tóxicos, farmacológicos o tumorales también pueden causar lesiones en el área prefrontal, pri- vando al sujeto de capacidad para resolver problemas complejos. Todas nuestras actuaciones se inician en la intencionalidad, cuando pretendemos realizar una conducta dirigida al logro de un objetivo determinado. Esta cir- cunstancia exige un plan progra- mado de actuación que incluya un adecuado control atencional, ya que es imprescindible que el nivel de alerta de la corteza cere- bral tenga la intensidad suficiente para llevar a cabo dicho plan de acción. Por esta razón, la aten- ción debe ser considerada indis- cutiblemente como la puerta de entrada del conocimiento, ya que facilita el desarrollo de nuestras acciones. No todos los planes que pro- gramamos ni las acciones que eje- cutamos tienen el mismo grado de complejidad. Cuando realizamos actividades previamente conoci- das, aprendidas y sistematizadas que se pueden realizar de un modo rutinario, la actividad metabólica del área prefrontal se incrementa de modo débil. Por el contrario, cuando se llevan a cabo tareas no- vedosas que exigen la puesta en juego una mayor tasa de recursos cognitivos, activamos más intensa- mente el metabolismo del área prefrontal. Este tipo de tareas novedosas y más complejas son las que permiten desarrollar capaci- dad de conceptualización, juicio, razonamiento, estrategias para plantear problemas, construcción de hipótesis, generación de estrate-
gias y elección de planes de actua- ción orientados hacia el futuro. Así pues, el sistema ejecutivo guarda relación más estrecha con este tipo de actividades intenciona- les, novedosas y no rutinarias, que exigen inhibir las respuestas habi- tuales, suponen la planificación y toma de decisiones y precisan la utilización de la atención cons- ciente. Para programar acciones de un modo flexible son necesarias las Funciones Ejecutivas, con una estructura supramodal capaz de organizar la conducta humana permitiendo la resolución de pro- blemas complejos y supervisando al resto de las áreas de la corteza cerebral. Podemos equiparar las Fun- ciones Ejecutivas (FE) a un con- sejo de gobierno que integra las informaciones para generar un plan de acción, decidiendo las actuaciones a seguir en cada momento y utilizando o inhi- biendo las actuaciones ina- decuadas. Así pues, el funciona- miento ejecutivo es el conjunto de capacidades que nos permiten transformar nuestros pensamien- tos en decisiones, planes y accio- nes, consiguiendo así un mejor grado de adaptación a nuestro entorno. Cuando llevamos a cabo una actuación dirigida al logro de un objetivo, es necesario poner en juego diversas estrategias, que for- man la esencia de las Funciones Ejecutivas (Portellano 2005a).
Para conseguir que se materia- lice una conducta dirigida a
metas, las Funciones Ejecutivas requieren, de modo más específi- co, la activación de varios proce- sos cognitivos: a) Abstracción, razonamiento e inteligencia fluida que per- miten realizar la adecuada selección, planificación, anticipación, modulación e inhibición de actividades. b) Flexibilidad mental, que es la capacidad para adaptar las respuestas a nuevas contin- gencias o estímulos, generan- do nuevos patrones de con- ducta, al tiempo que se realiza una adecuada inhibición de aquellas respuestas que resul- tan inadecuadas. c) Regulación de los procesos atencionales. Para facilitar las FE, el área prefrontal se res- ponsabiliza de los procesos de atención sostenida y selectiva, siendo fundamen- tal en los procesos de control voluntario de la atención. Las áreas dorsolaterales y cinguladas del área prefron- tal están más implicadas en el control y regulación de la atención. d) Activación de varias modali- dades de memoria: contex- tual, temporal, prospectiva y de trabajo. La memoria con- textual o memoria de la fuen- te es la capacidad para situar algún dato o evento en el con- texto donde se produjo su aprendizaje. La memoria temporal se define como la capacidad para secuenciar de manera ordenada en el tiem- po los distintos acontecimien- tos de la memoria, facilitando
áreas asociativas del cerebro puede producirse durante toda la vida, en proporción directa al grado de estimulación que se haya recibido. Los picos de desarrollo y cre- cimiento del cerebro humano y del área prefrontal parecen coin- cidir con los cambios cualitativos descritos por Piaget. Existe una correlación positiva entre la capa- cidad para resolver tareas de razo- namiento y el modelo de desarro- llo cognitivo propuesto por Piaget. En concreto, los niños que obtienen puntuaciones más altas en el test de categorización de cartas de Wisconsin, son los que tienen mayores capacidades de razonamiento, es decir, los que se sitúan en el estadio de las ope- raciones formales según el mode- lo piagetiano. Esta circunstancia guarda relación con un mayor desarrollo de los procesos de
maduración neurobiológica del lóbulo frontal y sus conexiones, gracias al aumento de la mielini- zación y la sinaptogénesis. El control emocional también corre paralelo con la maduración del lóbulo frontal y así, los niños de 20 meses empiezan a incre- mentar su actividad electroence- falográfica cuando perciben emo- ciones. Entre 6-8 años los niños adquieren la capacidad para auto- rregular su conducta, siendo capaces de programar metas y anticiparse a las posibles conse- cuencias de sus acciones, sin depender de las instrucciones externas, aunque a esta edad todavía persisten dificultades para el autocontrol y manifesta- ciones de impulsividad. A esta edad también se desarrolla la capacidad atributiva metacogniti-
va, que permite mantener un adecuado autoconcepto, así como evaluar los acontecimien- tos que suceden a nuestro alrede- dor, discriminando en qué medi- da sus consecuencias se deben a factores externos o internos. A partir de los 12 años la estructura cognitiva del niño se aproxima a la del adulto, según se pone de manifiesto en las pruebas de neuroimagen funcio- nal, evidenciándose que el meta- bolismo cerebral es similar en ambos. El proceso de consolida- ción de las Funciones Ejecutivas continúa, y a los 16 años se encuentra suficientemente con- solidado. Aunque algunos auto- res sugieren que en la pubertad el desarrollo del lóbulo frontal es completo, cada vez existe mayor evidencia de que el proceso de desarrollo del cerebro asociativo
PRUEBA FUNCIONES
Pruebas de Clasificación de Cartas de Wisconsin (WCST)
Fluidez Verbal — Hemisferio izquierdo.— Área de Broca
Torre de Hanoi
puede continuar durante todo el ciclo vital. La afirmación realiza- da por nuestro eximio neuro- científico Santiago Ramón y Cajal: “cada uno se deteriora según como ha vivido”, parece ser bien ilustrativa de esta afir- mación, ya que las personas que tienen una mayor reserva cogni- tiva, porque han adquirido mayores conocimientos a través del aprendizaje y la experiencia, en general, tienen un menor
riesgo de sufrir deterioro cogni- tivo. Cuanto mayor sea la reser- va cognitiva de la que dispone- mos, menor riesgo existe de que se produzca deterioro mental, y cuando éste se produce, tiende a retrasarse más su aparición en el tiempo (Sohlberg et al, 1993). El desarrollo del área prefrontal y las Funciones Ejecutivas guarda estrecha relación con la función reguladora del lenguaje, más con- cretamente con el lenguaje interior,
así como con la aparición de las operaciones lógicas formales y la maduración de las zonas prefronta- les del cerebro, lo cual ocurre en el periodo final de la infancia. Un parámetro que guarda estrecha relación con el proceso de maduración del lóbulo frontal es el control de la atención, ya que a medida que se desarrolla, se incre- menta la capacidad para seleccio- nar estímulos relevantes, inhibien- do la atención de otros estímulos
Go-No go
— Capacidad de inhibición.
Stroop
— Atención sostenida.
Potenciales Evocados (PE) — Procesamiento atencional. — Atención sostenida.
Construcción de Laberintos
Construcción de un sendero (TMT)
— Percepción espacial. — Hemisferio derecho. — Eficiencia visomotora. — Rapidez perceptiva
Fluidez de Diseños
— Hemisferio derecho
Tabla 2 Significado funcional de las pruebas empleadas para evaluar el área prefrontal
número de palabras producidas dentro de cada categoría en el periodo de tiempo establecido para la realización de la prueba.
láminas con las palabras-estí- mulo.
grado de activación del cerebro asociativo, especialmente en el área prefrontal. Un retraso en la aparición de la latencia de la onda P300 suele ser indicativa de algún tipo de disfuncionalidad en el área prefrontal.
consta de dos partes; en la prime- ra se le pide al sujeto que dibuje el mayor número de figuras posible durante tres minutos y en la segunda parte se establecen res- tricciones, dándole cuatro líneas y permitiéndole que haga el mayor número posible de figuras sin sen- tido durante tres minutos. Se pun- túa el número de figuras logradas correctamente, el número de erro-
res y el número de perseveraciones (figuras repetidas).
Igualmente se pueden utilizar ciertas actividades de cálculo mental, como contar de 20 hasta 0, o restar de 4 en 4 a partir de un número dado. También repeti- ción de dígitos en orden directo o en orden inverso, deletreo de palabras en orden directo o inver- so (PRADO= ODARP), nom- brar los meses del año en sentido inverso, etc.
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