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Orientación Universidad
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FUNCIONES EJECUTIVAS, Apuntes de Neurociencia

Asignatura: Neuropsicologia clinica, Profesor: José Antonio Portellano, Carrera: Psicología, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2015/2016

Subido el 23/02/2016

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ATENCIÓN PSICOLÓGICA
Neuropsicología del
área prefrontal: las
funciones ejecutivas
CORTEZA MOTORA
La corteza motora está encar-
gada de iniciar, programar y eje-
cutar las actividades motoras
voluntarias incluyendo el lengua-
je expresivo y la escritura. Se divi-
de en tres áreas anatomofuncio-
nales: Área Motora Primaria,
Cor teza Premotora y Área de
Broca.
El Área Motora Primaria
(AMP) se sitúa en la circunvolu-
ción frontal ascendente, inmedia-
tamente por delante de la cisura
de Rolando; es el origen de la vía
piramidal, que inicia los movi-
mientos voluntarios del lado
opuesto del cuerpo, a través de las
neuronas situadas en el tronco
cerebral y la médula espinal. El
AMP tiene un mayor control
sobre la actividad de los dedos de
las manos y los pies, los músculos
faciales y los fonatorios. También
alberga el Homúnculo Motor de
Penfield, que representa las efe-
rencias motoras de los órganos
del cuerpo, con la peculiaridad de
que, al ser mayor el repertorio de
movimientos que realizamos con
las manos, la cara y los músculos
fonatorios, también es mayor la
superficie en la corteza motora
primaria (Homúnculo Motor)
dedicada a su representación.
Una lesión del AMP produce
parálisis contralateral, con pérdi-
da de la movilidad voluntaria de
la zona afectada correspondiente,
con la excepción de la cara, que
tiene representación bihemisféri-
ca.
La Corteza Premotora está
situada delante de la Corteza
Mo tora Primaria y es responsable
de programar las secuencias que
JOSÉ ANTONIO PORTELLANO PÉREZ
Neuropsicólogo. Profesor Titular de la Universidad Complutense.
EL LÓBULO FRONTAL:
CENTRO DE LA COGNICIÓN
HUMANA
L
a expresión más depurada
del elevado grado de desa -
rrollo mental alcanzado
por los seres humanos a lo
largo del proceso evolutivo es, sin
duda, el lóbulo frontal. Se localiza
en el territorio comprendido
delante de la cisura central y enci-
ma de la cisura lateral y supone la
tercera parte de la superficie total
del cerebro.
El lóbulo frontal coordina la
actividad de las restantes áreas
cerebrales, programando y regu-
lando todos los procesos cogniti-
vos y de modo especial aquéllos
de mayor complejidad. Su princi-
pal función es el desarrollo de las
Funciones Ejecutivas, o funcio-
namiento ejecutivo, que permite
programar, desarrollar, se cuen -
ciar, ejecutar y supervisar cual-
quier plan de actuación dirigido
al logro de objetivos específicos.
La regulación de los procesos
atencionales también depende
–en última instancia– del buen
funcionamiento del lóbulo fron-
tal, permitiendo el control de la
atención sostenida y evitando la
distraibilidad ante los estímulos
irrelevantes procedentes del
entorno (Stusss, 1995; Porte lla no
2005a).
El lóbulo frontal es un sistema
neuropsicológico muy complejo,
que desarrolla su actividad gracias a
las conexiones recíprocas que esta-
blece con otras áreas del sistema
nervioso central: tálamo, ganglios
basales, sistema límbico, formación
reticular y áreas asociativas de la
corteza cerebral. Está dividido en
dos áreas funcionales: corteza
motora y área prefrontal (Tabla 1).
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ATENCIÓN PSICOLÓGICA

Neuropsicología del

área prefrontal: las

funciones ejecutivas

CORTEZA MOTORA

La corteza motora está encar- gada de iniciar, programar y eje- cutar las actividades motoras voluntarias incluyendo el lengua- je expresivo y la escritura. Se divi- de en tres áreas anatomofuncio- nales: Área Motora Primaria, Corteza Premotora y Área de Broca. El Área Motora Primaria (AMP) se sitúa en la circunvolu- ción frontal ascendente, inmedia- tamente por delante de la cisura de Rolando; es el origen de la vía piramidal, que inicia los movi- mientos voluntarios del lado opuesto del cuerpo, a través de las neuronas situadas en el tronco cerebral y la médula espinal. El AMP tiene un mayor control sobre la actividad de los dedos de las manos y los pies, los músculos faciales y los fonatorios. También alberga el Homúnculo Motor de Penfield, que representa las efe- rencias motoras de los órganos del cuerpo, con la peculiaridad de que, al ser mayor el repertorio de movimientos que realizamos con las manos, la cara y los músculos fonatorios, también es mayor la superficie en la corteza motora primaria (Homúnculo Motor) dedicada a su representación. Una lesión del AMP produce parálisis contralateral, con pérdi- da de la movilidad voluntaria de la zona afectada correspondiente, con la excepción de la cara, que tiene representación bihemisféri- ca. La Corteza Premotora está situada delante de la Corteza Motora Primaria y es responsable de programar las secuencias que

JOSÉ ANTONIO PORTELLANO PÉREZ

Neuropsicólogo. Profesor Titular de la Universidad Complutense.

EL LÓBULO FRONTAL:

CENTRO DE LA COGNICIÓN

HUMANA

L

a expresión más depurada del elevado grado de desa- rrollo mental alcanzado por los seres humanos a lo largo del proceso evolutivo es, sin duda, el lóbulo frontal. Se localiza en el territorio comprendido delante de la cisura central y enci- ma de la cisura lateral y supone la tercera parte de la superficie total del cerebro. El lóbulo frontal coordina la actividad de las restantes áreas cerebrales, programando y regu- lando todos los procesos cogniti- vos y de modo especial aquéllos de mayor complejidad. Su princi- pal función es el desarrollo de las Funciones Ejecutivas, o funcio- namiento ejecutivo, que permite programar, desarrollar, secuen-

ciar, ejecutar y supervisar cual- quier plan de actuación dirigido al logro de objetivos específicos. La regulación de los procesos atencionales también depende –en última instancia– del buen funcionamiento del lóbulo fron- tal, permitiendo el control de la atención sostenida y evitando la distraibilidad ante los estímulos irrelevantes procedentes del entorno (Stusss, 1995; Porte llano 2005a). El lóbulo frontal es un sistema neuropsicológico muy complejo, que desarrolla su actividad gracias a las conexiones recíprocas que esta- blece con otras áreas del sistema nervioso central: tálamo, ganglios basales, sistema límbico, formación reticular y áreas asociativas de la corteza cerebral. Está dividido en dos áreas funcionales: corteza motora y área prefrontal (Tabla 1).

componen cada una de las accio- nes motoras intencionales. Su función consiste en generar, automatizar y archivar programas motores, facilitando la ejecución fluida de los movimientos volun- tarios. Sus lesiones no producen parálisis, aunque pueden produ-

cir torpeza en la realización de movimientos, alteraciones en la marcha y apraxias. Dentro de la corteza premotora se distinguen tres áreas funcionales: Córtex Premotor, Área Motora Suple- mentaria (AMS) y Campos

Visuales de los Ojos. El Cortex Premotor se localiza en la cara externa de la zona anterior de los lóbulos frontales, mientras que el AMS se sitúa en las caras inter- nas. Ambos centros están especia- lizados en la preparación de los programas motores que permiten

realizar los movimientos volunta- rios de forma ordenada y fluida. Los Campos Visuales de los Ojos se sitúan en la cara interna de la zona anterior de cada lóbulo frontal; son responsables del con- trol de los movimientos reflejos

oculares (re flejos sacádicos), así como de los movimientos volun- tarios necesarios para el segui- miento y la búsqueda visual de objetos. El Área de Broca es el princi- pal centro del lenguaje expresivo y recibe dicha denominación en

honor al neuroanatomista Paul Broca, que identificó por vez pri- mera cuál era la zona del cerebro implicada en el lenguaje expresi- vo. Broca demostró que la lesión de dicho área producía afasia expresiva, es decir, pérdida de

Tabla 1 Áreas funcionales del lóbulo frontal

ÁREA ANATOMOFUNCIONAL DIVISIONES FUNCIONES

CORTEZA MOTORA

ÁREA MOTORA PRIMARIA

Incia la actividad motora voluntaria en el lado opuesto del cuerpo

CORTEZA PREMOTORA

Córtex Premotor Programa las secuencias de los Área Motora Suplementaria movimientos voluntarios. (AMS)

Campos Visuales de los Ojos

Controla la ejecución de los movimientos reflejos y volun- tarios de los ojos.

ÁREA DE BROCA Articulación y fonación de laspalabras y la escritura.

ÁREA PREFRONTAL

Área Dorsolateral

Funciones Ejecutivas: Flexibilidad Mental Razonamiento Memoria de trabajo

Área Cingulada

Funciones Ejecutivas: Motivación Atención sostenida.

Área Orbitaria

Funciones Ejecutivas: Selección de objetivos Regulación emocional

esencia de nuestra conducta, sien- do el elemento con mayor valor diferencial entre el ser humano y las restantes especies (Portellano 2005b). En la zona anterior del lóbulo frontal se localiza la base de los procesos cognitivos de nuestra especie, el auténtico “cogito, ergo sum” cartesiano. El área prefrontal es el “centro de la humanidad” ya que es el responsable de gestionar la identidad de la persona y las Funciones Ejecutivas, constituyen- do el timón que dirige el barco de nuestra actividad intelectual y nuestras respuestas emocionales. Durante mucho tiempo se ha prestado mayor interés a determi- nados procesos cognitivos como el lenguaje, el aprendizaje y la memoria. La investigación de otros procesos mentales como el pensamiento, más relacionados con el área prefrontal, han sido poco estudiados e insuficiente- mente comprendidos hasta fechas recientes. Este hecho posi- blemente se debió a que resultaba más patente la pérdida de la memoria o el lenguaje como con- secuencia del daño prefrontal, que las alteraciones sobre las fun- ciones ejecutivas. De forma inde- bida la región anterior del lóbulo frontal ha sido considerada durante mucho tiempo como una “zona muda”, ya que en muchas ocasiones sus lesiones no producen trastornos sensoriales ni motores. Sin embargo, la capa- cidad para autorregular nuestras conductas, especialmente las de mayor complejidad, sólo se pue- den llevar a cabo gracias al fun- cionamiento ejecutivo regulado por el área prefrontal. Una lesión

en esta zona del cerebro puede alterar gravemente la capacidad para decidir y programar la acti- vidad voluntaria, especialmente en sus niveles más simbólicos y abstractos, aunque estén preser- vadas las funciones sensoriales y motoras. También es habitual que dichas lesiones provoquen dificultades para el control y sos- tenimiento de la atención, por lo que el binomio formado por dis- función ejecutiva y déficit aten- cional puede convertir a los lesio- nados frontales en personas sumamente dependientes, inca- paces de programar objetivos, desarrollar metas y autorregular comportamientos, provocando un grave empobrecimiento y deterioro en su proyecto de vida. El desarrollo de la Neuropsicología, las Ciencias Cognitivas y la Neurociencia, así como la creciente utilización de la neuroimagen funcional, han facilitado el interés por el estudio del lóbulo frontal, tras muchos años de desconocimiento de sus funciones. Sin embargo, todavía resulta insuficiente su estudio en la infancia, ya que el marco de referencia predominante en Neu - ropsicología hasta ahora ha sido el estudio del procesamiento cog- nitivo y el efecto de las lesiones cerebrales en los adultos. La zona anterior del cráneo, por su situación, tiene mayor ries- go de sufrir daño traumático, co- mo consecuencia de accidentes de tráfico, golpes o caídas. Por esta razón son más frecuentes las lesio- nes frontales o frontotemporales, que provocan alteraciones aten- cionales y síndrome disejecutivo.

Otros factores infecciosos, meta- bólicos, tóxicos, farmacológicos o tumorales también pueden causar lesiones en el área prefrontal, pri- vando al sujeto de capacidad para resolver problemas complejos. Todas nuestras actuaciones se inician en la intencionalidad, cuando pretendemos realizar una conducta dirigida al logro de un objetivo determinado. Esta cir- cunstancia exige un plan progra- mado de actuación que incluya un adecuado control atencional, ya que es imprescindible que el nivel de alerta de la corteza cere- bral tenga la intensidad suficiente para llevar a cabo dicho plan de acción. Por esta razón, la aten- ción debe ser considerada indis- cutiblemente como la puerta de entrada del conocimiento, ya que facilita el desarrollo de nuestras acciones. No todos los planes que pro- gramamos ni las acciones que eje- cutamos tienen el mismo grado de complejidad. Cuando realizamos actividades previamente conoci- das, aprendidas y sistematizadas que se pueden realizar de un modo rutinario, la actividad metabólica del área prefrontal se incrementa de modo débil. Por el contrario, cuando se llevan a cabo tareas no- vedosas que exigen la puesta en juego una mayor tasa de recursos cognitivos, activamos más intensa- mente el metabolismo del área prefrontal. Este tipo de tareas novedosas y más complejas son las que permiten desarrollar capaci- dad de conceptualización, juicio, razonamiento, estrategias para plantear problemas, construcción de hipótesis, generación de estrate-

gias y elección de planes de actua- ción orientados hacia el futuro. Así pues, el sistema ejecutivo guarda relación más estrecha con este tipo de actividades intenciona- les, novedosas y no rutinarias, que exigen inhibir las respuestas habi- tuales, suponen la planificación y toma de decisiones y precisan la utilización de la atención cons- ciente. Para programar acciones de un modo flexible son necesarias las Funciones Ejecutivas, con una estructura supramodal capaz de organizar la conducta humana permitiendo la resolución de pro- blemas complejos y supervisando al resto de las áreas de la corteza cerebral. Podemos equiparar las Fun- ciones Ejecutivas (FE) a un con- sejo de gobierno que integra las informaciones para generar un plan de acción, decidiendo las actuaciones a seguir en cada momento y utilizando o inhi- biendo las actuaciones ina- decuadas. Así pues, el funciona- miento ejecutivo es el conjunto de capacidades que nos permiten transformar nuestros pensamien- tos en decisiones, planes y accio- nes, consiguiendo así un mejor grado de adaptación a nuestro entorno. Cuando llevamos a cabo una actuación dirigida al logro de un objetivo, es necesario poner en juego diversas estrategias, que for- man la esencia de las Funciones Ejecutivas (Portellano 2005a).

  • Planificación y organización de una conducta dirigida a metas, programando cuáles deben ser las secuencias nece- sarias para lograr el objetivo. - Capacidad para realizar selec- ción de objetivos adecuada- mente. - Utilización de estrategias necesarias para iniciar un determinado plan de acción. - Capacidad para mantener dicho plan en la mente mien- tras se ejecuta. - Inhibición de la distracción, evitando la interferencia de los estímulos irrelevantes. - Programación de las activida- des que son necesarias para alcanzar un objetivo. - Monitorización de la puesta en marcha del plan de acción, para comprobar su ajuste al objetivo y a las estrategias ini- cialmente propuestas. - Flexibilidad para corregir errores e incorporar conduc- tas nuevas en función de los estímulos del entorno. - Capacidad para mantener un pensamiento alternativo que permita el cambio de estrate- gias de modo flexible si la situación lo requiere, para ase- gurarse el logro de la meta pro- puesta. - Capacidad prospectiva, valo- rando qué consecuencias ten- drá nuestra actuación y cómo influirán dichos cambios en nuestra conducta. - Capacidad para regular la intensidad, el costo energético y el tiempo empleado en el transcurso de la actuación (“timing”). - Capacidad para valorar el cumplimiento de metas.

Para conseguir que se materia- lice una conducta dirigida a

metas, las Funciones Ejecutivas requieren, de modo más específi- co, la activación de varios proce- sos cognitivos: a) Abstracción, razonamiento e inteligencia fluida que per- miten realizar la adecuada selección, planificación, anticipación, modulación e inhibición de actividades. b) Flexibilidad mental, que es la capacidad para adaptar las respuestas a nuevas contin- gencias o estímulos, generan- do nuevos patrones de con- ducta, al tiempo que se realiza una adecuada inhibición de aquellas respuestas que resul- tan inadecuadas. c) Regulación de los procesos atencionales. Para facilitar las FE, el área prefrontal se res- ponsabiliza de los procesos de atención sostenida y selectiva, siendo fundamen- tal en los procesos de control voluntario de la atención. Las áreas dorsolaterales y cinguladas del área prefron- tal están más implicadas en el control y regulación de la atención. d) Activación de varias modali- dades de memoria: contex- tual, temporal, prospectiva y de trabajo. La memoria con- textual o memoria de la fuen- te es la capacidad para situar algún dato o evento en el con- texto donde se produjo su aprendizaje. La memoria temporal se define como la capacidad para secuenciar de manera ordenada en el tiem- po los distintos acontecimien- tos de la memoria, facilitando

áreas asociativas del cerebro puede producirse durante toda la vida, en proporción directa al grado de estimulación que se haya recibido. Los picos de desarrollo y cre- cimiento del cerebro humano y del área prefrontal parecen coin- cidir con los cambios cualitativos descritos por Piaget. Existe una correlación positiva entre la capa- cidad para resolver tareas de razo- namiento y el modelo de desarro- llo cognitivo propuesto por Piaget. En concreto, los niños que obtienen puntuaciones más altas en el test de categorización de cartas de Wisconsin, son los que tienen mayores capacidades de razonamiento, es decir, los que se sitúan en el estadio de las ope- raciones formales según el mode- lo piagetiano. Esta circunstancia guarda relación con un mayor desarrollo de los procesos de

maduración neurobiológica del lóbulo frontal y sus conexiones, gracias al aumento de la mielini- zación y la sinaptogénesis. El control emocional también corre paralelo con la maduración del lóbulo frontal y así, los niños de 20 meses empiezan a incre- mentar su actividad electroence- falográfica cuando perciben emo- ciones. Entre 6-8 años los niños adquieren la capacidad para auto- rregular su conducta, siendo capaces de programar metas y anticiparse a las posibles conse- cuencias de sus acciones, sin depender de las instrucciones externas, aunque a esta edad todavía persisten dificultades para el autocontrol y manifesta- ciones de impulsividad. A esta edad también se desarrolla la capacidad atributiva metacogniti-

va, que permite mantener un adecuado autoconcepto, así como evaluar los acontecimien- tos que suceden a nuestro alrede- dor, discriminando en qué medi- da sus consecuencias se deben a factores externos o internos. A partir de los 12 años la estructura cognitiva del niño se aproxima a la del adulto, según se pone de manifiesto en las pruebas de neuroimagen funcio- nal, evidenciándose que el meta- bolismo cerebral es similar en ambos. El proceso de consolida- ción de las Funciones Ejecutivas continúa, y a los 16 años se encuentra suficientemente con- solidado. Aunque algunos auto- res sugieren que en la pubertad el desarrollo del lóbulo frontal es completo, cada vez existe mayor evidencia de que el proceso de desarrollo del cerebro asociativo

PRUEBA FUNCIONES

Pruebas de Clasificación de Cartas de Wisconsin (WCST)

  • Formación de nuevos conceptos.
  • Capacidad para el cambio de estrategia cognitiva.
  • Razonamiento abstracto. — Flexibilidad mental. — Capacidad para adaptarse a eventuales modificaciones ambientales. — Atención sostenida. — Atención alternante.

Fluidez Verbal — Hemisferio izquierdo.— Área de Broca

Torre de Hanoi

  • Capacidad de secuenciación, planificación y previsión de conductas.
  • Flexibilidad mental — Habilidad para desarrollar y mantener estrategias de solu- ción de problemas adecuadas al logro de un objetivo. — Capacidad para descomponer un problema global en dife- rentes submetas. — Capacidad para descubrir las reglas de transformación — Capacidad de estructuración y orientación espacial. — Capacidad de abstracción — Memoria prospectiva.

puede continuar durante todo el ciclo vital. La afirmación realiza- da por nuestro eximio neuro- científico Santiago Ramón y Cajal: “cada uno se deteriora según como ha vivido”, parece ser bien ilustrativa de esta afir- mación, ya que las personas que tienen una mayor reserva cogni- tiva, porque han adquirido mayores conocimientos a través del aprendizaje y la experiencia, en general, tienen un menor

riesgo de sufrir deterioro cogni- tivo. Cuanto mayor sea la reser- va cognitiva de la que dispone- mos, menor riesgo existe de que se produzca deterioro mental, y cuando éste se produce, tiende a retrasarse más su aparición en el tiempo (Sohlberg et al, 1993). El desarrollo del área prefrontal y las Funciones Ejecutivas guarda estrecha relación con la función reguladora del lenguaje, más con- cretamente con el lenguaje interior,

así como con la aparición de las operaciones lógicas formales y la maduración de las zonas prefronta- les del cerebro, lo cual ocurre en el periodo final de la infancia. Un parámetro que guarda estrecha relación con el proceso de maduración del lóbulo frontal es el control de la atención, ya que a medida que se desarrolla, se incre- menta la capacidad para seleccio- nar estímulos relevantes, inhibien- do la atención de otros estímulos

Go-No go

— Capacidad de inhibición.

  • Control de la impulsividad — Atención sostenida
  • Resistencia a la interferencia — Flexibilidad mental.

Stroop

— Atención sostenida.

  • Atención selectiva. — Capacidad de inhibición.
  • Resistencia a la interferencia.

Potenciales Evocados (PE) — Procesamiento atencional. — Atención sostenida.

Construcción de Laberintos

  • Estrategias de programación, selección de objetivos y anticipa- ción. — Flexibilidad mental. — Memoria prospectiva.
  • Capacidad de inhibición. — Monitorización de la conducta.

Construcción de un sendero (TMT)

— Percepción espacial. — Hemisferio derecho. — Eficiencia visomotora. — Rapidez perceptiva

  • Razonamiento lógico
  • Capacidad para inhibir
  • Capacidad de anticipación y previsión
  • Flexibilidad mental
  • Memoria de trabajo

Fluidez de Diseños

— Hemisferio derecho

  • Creatividad
  • Pensamiento divergente

Tabla 2 Significado funcional de las pruebas empleadas para evaluar el área prefrontal

número de palabras producidas dentro de cada categoría en el periodo de tiempo establecido para la realización de la prueba.

  • Tareas “ Go-No go” Las pruebas “Go-No go (acción-inhibición) fueron pro- puestas inicialmente por Alexan- der Luria como un método rápido y relativamente fiable para cono- cer el funcionamiento del área prefrontal. Consisten en la pre- sentación de estímulos frente a los que el sujeto tiene que realizar una determinada acción (tarea “go”), junto con otros (tareas “no go”), ante los que debe inhibir la res- puesta. Los niños sólo empiezan a tener éxito en este tipo de tareas a partir de los 5-6 años. Hay varias modalidades de tests “Go-no go”: a) Tapping: el sujeto debe gol- pear dos veces sobre la mesa cuando el examinador golpee una, y no golpear cuando lo haga dos veces. b) Golpeteo: cuando el exami- nador golpea con su puño, el sujeto golpea con su palma y viceversa. c) Presentación de dedos: cuando el examinador presenta un dedo de su mano, el sujeto debe enseñar dos, pero cuando el examinador presenta dos, el sujeto no debe enseñar ningu- no. d) Tareas noche-día: cuando apa- rece una lámina con estrellas, el sujeto debe decir “día”, pero si se le presenta un dibujo con sol brillante, debe decir “noche”. También se pueden realizar las mismas actividades con otro tipo de dibujos, o presentando

láminas con las palabras-estí- mulo.

  • Stroop Se trata de una de las pruebas más clásicas para evaluar las Fun- ciones Ejecutivas, utilizándose de un modo amplio para evaluar el lóbulo frontal en niños y adultos (Golden,1995). Consta de tres par- tes: la primera consiste en la deno- minación del color en que están dibujadas unas figuras. La segunda parte consiste en la lectura de pala- bras (nombres de colores), que están escritas en tinta negra. La ter- cera parte, denominada tarea de interferencia, consiste en la lectura de una lista de palabras (nombres de colores), que están impresas en un color diferente, sin que exista coincidencia entre el nombre del color y la tinta con que está impre- so. Así, si aparece escrita la palabra “rojo”, el color de la tinta en el que está impresa dicha palabra nunca será el rojo, sino verde, negro, o azul. La prueba no puede ser apli- cada a analfabetos ni a niños que no tengan cierto nivel de lectura automatizada.
  • Potenciales Evocados (PE) Los potenciales evocados (PE), son el registro neurofisiológico de la respuesta que emite el encéfalo frente a un estímulo sorpresivo presentado visual, auditivamente o somatosensorialmente. Los PE de latencia tardía, especialmente la P300, son un tipo de ondas que aparece a partir de los 300 msg. que reflejan la fluidez de los proce- sos de atención sostenida, exis- tiendo diferencias interindividua- les significativas, en función del

grado de activación del cerebro asociativo, especialmente en el área prefrontal. Un retraso en la aparición de la latencia de la onda P300 suele ser indicativa de algún tipo de disfuncionalidad en el área prefrontal.

  • Resolución de laberintos Tanto los subtests de laberintos incluidos en la prueba de inteli- gencia de Wechsler para escolares (WISC-R), como la prueba de La- berintos de Porteus, ideados en 1913, son un método muy útil para evaluar el área prefrontal y las Funciones Ejecutivas,.
  • Construcción de Senderos (TMT) El Trail Making Test (TMT) o test de Construcción de Senderos inicialmente formaba parte de la batería neuropsicológica de Hal- stead-Reitan, diseñada tras la Segunda Guerra Mundial. A pesar de su sencillez, el TMT permite conocer la integridad de las Funciones Ejecutivas de un modo global y relativamente fiable. La prueba consiste en unir consecuti- vamente varios números que están distribuidos aleatoriamente en una hoja de papel con una línea, o varios números y letras. Consta de dos partes, A y B. La parte A con- siste en unir consecutivamente los números. La parte B es de mayor complejidad, y consiste en unir alternativamente letras y números situados de manera aleatoria sobre el papel.
  • Fluidez de diseños Se trata de una prueba de crea- tividad y fluidez visomotora que

consta de dos partes; en la prime- ra se le pide al sujeto que dibuje el mayor número de figuras posible durante tres minutos y en la segunda parte se establecen res- tricciones, dándole cuatro líneas y permitiéndole que haga el mayor número posible de figuras sin sen- tido durante tres minutos. Se pun- túa el número de figuras logradas correctamente, el número de erro-

res y el número de perseveraciones (figuras repetidas).

  • Otras pruebas Para evaluar el funcionamien- to ejecutivo y la atención tam- bién se pueden utilizar otras pruebas como: percepción de diferencias entre caras, tests de tachado, identificación de seme- janzas y diferencias entre figuras.

Igualmente se pueden utilizar ciertas actividades de cálculo mental, como contar de 20 hasta 0, o restar de 4 en 4 a partir de un número dado. También repeti- ción de dígitos en orden directo o en orden inverso, deletreo de palabras en orden directo o inver- so (PRADO= ODARP), nom- brar los meses del año en sentido inverso, etc.

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